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JOEL SONNENBERG EN COLOMBIA


"Muchas veces, en el hospital, deseé estar muerto. Las quemaduras producen los dolores más difíciles de soportar". La voz de Joel es fuerte y decidida, pero amable a la vez. Las palabras de este amante del fútbol, deporte que aún hoy practica a pesar de que desde hace casi 28 años solo tiene un dedo en los pies -el chiquito del pie derecho-, son las de un sobreviviente que ha tenido que madurar mucho más temprano que la mayoría de las personas.


Ya a los 5 años, y con quemaduras de tercer grado en más del 85 por ciento de su cuerpo, Joel sabía que era distinto. Tenía apenas 22 meses cuando sufrió un accidente del que no quedan rastros en su memoria, pero que literalmente marcó su vida. Aquel fin de semana de septiembre de 1979, Joel iba con su familia a pasar unos días en la playa, en el nororiente de Estados Unidos. El carro en el que viajaban los Sonneberg se había detenido en un peaje cuando un camión de 18 ruedas y 36 toneladas golpeó la fila de automóviles. El vehículo de sus padres se incendió mientras Joel, atrapado en la silla para bebés, fue consumido por las llamas durante algunos segundos antes de ser rescatado por uno de los conductores que habían parado en el sitio. Joel estaba casi completamente carbonizado y los médicos estimaban en 90 por ciento sus posibilidades de morir. De alguna manera sobrevivió, pero luego vendría la otra pesadilla. "Solo recuerdo que crecí en el hospital. Siempre tuve el temor de ser diferente porque cuando entraba a un lugar todos se me quedaban viendo",


dice Joel, que no tenía pelo e iba al colegio con un casco blanco. Los años de las preguntas Fue por esa época cuando comenzó a pensar en su existencia y a hacerse preguntas que, según él, la mayoría de las personas solo se hacen cuando se están retirando o cuando algo malo les sucede. "Me preguntaba quién era yo y para qué estaba en el mundo. Si estás en una situación dolorosa en tu vida, quieres saber para qué es y qué propósito tiene". Entonces, tenía unos 6 años y recuerda que le ayudó mucho haber visto la película 'ET, el Extraterrestre'. "Me parecía mucho a él, y todo el mundo lo amaba, aunque no pudiera hablar. Yo me identificaba con él, él parecía un poco quemado y yo estaba realmente quemado. Esa película fue clave en mi vida". Hoy, luego de 45 cirugías, de pasar años entre dolorosos injertos de piel, cicatrices y tratamientos para cerrar sus heridas, además de incontables sesiones de fisioterapia.


Hijo de profesores universitarios, Janet, quien dicta enfermería, y Mike, que da clases de biología, Joel recibió una educación cristiana que desde hace unos nueve años lo ha llevado a dar conferencias por Estados Unidos y el mundo. Ha viajado a países como Argentina, Botswana, Bolivia y Suráfrica, y en sus charlas habla, entre otras cosas, del perdón (en 1998, Joel perdonó al camionero canadiense que causó la tragedia). Graduado en Comunicaciones, a Joel le encantan los deportes y los practica casi todos, especialmente el fútbol. Incluso, afirma que el no tener dedos en los pies le da más velocidad. "Los dedos de los pies están sobreestimados -dice con una carcajada-, casi siempre me apoyo en la parte de adelante de mis pies y estoy como listo para correr". Eso sí, del béisbol se aleja. "Me gusta verlo, pero no soy tan bueno. Cuando trato de pegarle a la bola, el bate sale volando de mi mano". La mano a la que se refiere es la derecha, en la que tiene dos dedos. La izquierda le falta desde el accidente.


Sin embargo, no hay mucho que no pueda hacer. Maneja un carro y se viste sin ayuda. Solo le pide a alguien que le amarre los zapatos y que no los deje muy apretados para, así, ponérselos y quitárselos con los pies. Lo más difícil -admite- es lo emocional y lo mental. "Muchas veces es levantarme cada mañana y entrar a un mundo que me ve como un discapacitado, cuando en realidad puedo hacer más cosas y de una mejor manera que ellos. La percepción de la gente y sus estereotipos me hacen sentir discapacitado". En todo caso vive agradecido, y recuerda sus momentos de dolor. "Habría sido más fácil morir, pero no habría sido lo mejor"


JOEL SONNENBERG  

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