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EL MUNDO EN PEDAZOS: CULTURA Y POLÍTICA EN EL FIN DE SIGLO El texto tiene tres divisiones; el mundo en pedazos, ¿Qué es un país sino es una nación?; ¿Qué es una cultura sino es un consenso? El mundo en pedazos. La mejor manera de comprender a lo „político‟ es a partir de la particularidad antes que de una visión global, si y sólo si, si está „visión global‟ sea una totalidad uniforme y no una suma de las particularidades. Ya Heráclito en la Grecia Arcaica menciona estos asuntos, en sus fragmentos alude a lo „común‟1, no obstante en su fragmento B1292 „Pitágoras, hijo de Mnesarco, practicó la investigación más todos los hombres, y escogiendo de estos escritos, creó una sabiduría para sí, mucho aprendizaje, un arte del mal” eso es finalmente una visión única y global, el arte del mal, en tanto que cae en un estado de incomunicación. Es la afirmación en todo caso del mundo desde siempre desmembrado. Es cierto que debemos reconocer la diferencia como una suma de mentalidades para la constitución de lo universal, y en este sentido la diferencia no es la negación sino un proceso de unión que abarca, localiza, concreta y da forma a diversos elementos constitutivos de la conciencia humana como la identidad. Pero partiendo del inicio, dice Geertz que la teoría política es respuesta específica a circunstancias inmediatas, porque es compromiso de los intelectuales con las situaciones políticas en que las están inmersos, en este tenor, cada autor ha respondido a las vicisitudes de su tiempo de diferente formas: Platón respondió con el idealismo, Aristóteles con el moralismo, Maquiavelo con el realismo, Hobbes con el absolutismo, etc. Es decir, existe un sentido de dispersión, ya desde cuando se habla de teoría política, que no recae en el sentido de un nuevo orden mundial porque hay complejidad y particularidad en cada evento humano. „Europa‟ o „Asia‟ no son expresiones de una unidad de espíritu y valor contrapuestas o otras supuestas unidades, sino como un conglomerado de diferencias profundas y radicales siempre reacias a cualquier forma de resumen, esto dice el autor, pero no es algo novedoso, porque es cierto que hay profundas diferencias, incluso en el mundo arcaico de la Grecia, existían, al menos tres grandes divisiones: Magna Grecia, Grecia, Jonia. ¿Qué fue la Grecia arcaica? ¿un estado, país, nación o pueblo? Fue en realidad no la convivencia de hombres unidos por consaguineidad, sino la convivencia de grupos nativamente separados, pero además, dicha convivencia fue obligada, esta obligación, no obstante, no refiere a una violencia manifiesta como tal, sino que supone un proyecto iniciativo. Lo mismo sucede con todos las colectividades humanas; todas las expresiones de unidad, trabajadas en el texto, en realidad no son ni de consanguineidad, ni lingüísticas o territoriales, sino que la unidad es un ente dinámico y una voluntad de hacer algo en común; por eso la idea de unidad, cualquiera que sea la forma en que se exprese (estado, país, nación, etc.) no se limita por término físico o fisiológico alguno. Aunque a veces pareciera que dicha unidad está fundada por algún atributo material, llámese sangre, idioma, frontera, etc., esta unidad está siempre haciendo algo, conquistando, fundando, confederándose, es decir, siempre está superando a lo que parecía ser su principio material que daba sustento a su unidad. Las colectividades humanas siempre están superando la unidad establecida, por ello la naturaleza misma de las unidades son dinámicas, cuando el impulso del dinamismo cesa, todo sucumbe y los caracteres como raza, idioma y cultura no sirven de nada. 1

Lo común, no en el sentido normal de la palabra, entendida como expresión jurídica, sino lo común, en referencia al elemento metafísico constitutivo de todo ordenamiento. 2 de la clasificación de Diels y Kranz.


Raza, lengua, sangre, etc. son pura y simplemente expresiones de intimidad y solidaridad, únicamente sirven como elementos o fuerzas de consolidación, no como fundamentos de la unidad. Los seres humanos no son estáticos, siempre están haciendo o deshaciendo. Si no hay narrativas dominantes sobre la identidad, la tradición, la cultural, o sobre cualquier otra cosa, como dice el texto, es porque la cultura y la tradición no son los ejes fundamentales de la cohesión social, y el choque cultural, del que habla refiriéndose al libro de Huntington se debe precisamente al intercambio de las sociedades, a la penetración de una sociedad sobre otra, penetración que no interfiere en lo ideológico ni en lo económico, en primera instancia. Si la próxima guerra mundial sea, como dice Huntington, entre agregaciones masivas de religión, lengua, raza, etc., sería en todo caso, cuando cualquier de estos elementos se estructure como proyecto de vida. Y es que ninguna expresión de identidad es una expresión ordenada y estructurada rígidamente, es decir, un asiático puede estar unido consanguíneamente con un africano y hablar francés. El mundo está repleto de bloques discontinuos de pensamiento y emoción, algunas veces, la imagen del mundo se asemeja entre unas y otras culturas y esto se debe a que los ordenamientos de la identidad se basa en las diferencias y similitudes con los demás, es decir, un peruano se define peruano siempre que se vea contrastado con todo lo que está a su alrededor y que no sea propiamente peruano; sin embargo este carácter compactado en lo territorial para definir la identidad, está determinado por una noción de que el orden de la diferencia debe de ser mantenido, sin embrago, esta ordenanza de la diferencia responde también a una situación vital. No es fortuita la maraña de diferencias que generan los matices de orgullo y odio, hacia otras culturas; éstas existen porque se suman a un proyecto, por ello existen movimientos políticos que no solo admiten estas condiciones de vida, sino que incluso, desde diferentes putos de vista, las justifican, pero la existencia de estas diferencias depende del crecimiento y desarrollo de determinado plan de vida. Puede suceder que un plan de vida no se comprenda como tal desde otras posiciones, y no se apruebe e incluso se le enfrente. En cualquiera de los casos anteriores, hay un elemento dominante: el consenso. El consenso determina el tipo de proyecto a seguir, es decir, si en este punto, a partir del consenso de determinar realizar una limpieza étnica, entonces, se está avalando la adopción de elementos culturales para lograr la limpieza étnica, de igual manera si nos sumáramos a un plan imperialista, sabríamos bajo que líneas, se va a estructurar el actuar y ésta determinación, será tomado como consenso de la identidad colectiva, es decir, no es necesaria una reunión como tal para tomar las decisiones sobre las cosas que se deben hacer. Si en un determinado momento, el plan se cambia, no es que se adopte un sentido de vida contrario sino que la dinámica, hace que se construya y de adapte un nuevo sentido, aunque a primera instancia pareciera radicalmente distinto en tipo y manera; a partir de este ejemplo, podríamos decir que es efecto, la formación cultural está determinada por el consenso, a través del cual, diría Geertz, emergen los experimentos; es así que no es posible establecer en ninguna parte ni la heterogeneidad total ni una colección de formas y maneras de actuar que abarquen y trascienda fronteras. Esto nos trae otro asunto por resolver: a pesar de que los proyectos tengan una homogeneidad en lo general, en lo particular son siempre heterogéneos, dice el autor: el lenguaje, la religión, la raza y la costumbre confluyen desde todos los ángulos a todos los niveles y escalas, lo que sucede es que ninguna expresión cultural es homogénea.


Con respecto al noción del consenso, dice el autor: no hay al menos, en la mayoría de los casos, por no decir en todos, un punto partir del cual se pueda decirse que el consenso concluye o comienza, el consenso en un elemento primordial de la acción vital, incluso en los mitos cosmogónicos mesoamericanos hay consenso, particularmente en el mito de la creación del sol; en fin, que en el fondo, el consenso, articula una anatomía de la cultura. Esta anatomía de la cultura se determina en un momento consensuado, y, en un momento también consensuado, se dice que cada uno de estos elementos articulan lo que se llama identidad, dentro de este mismo consenso se determina el marco político, ideológico, histórico, religioso, a partir de los cuales se apuntan ciertos fundamentos para estructurar esta unidad; pero no son precisamente lo que mantiene unida a una sociedad, son datos como fichas que se acomodan en el tablero para una determinada estrategia. En este punto es importante determinar que la variedad cultural no constituye la identidad particular, es decir la identidad no es consensuada, aunque sea un elemento cultural, aquí hay una diferencia radical entre nación y cultura; la nación, es una proyecto de vida, dinámico, colectivo, donde operan los individuos en una empresa cooperativa; una cultura es una consenso en efecto, que tiene que ver sobre las prácticas que se van a llevar a cabo para cumplir el proyecto de la nación. El caso emblemático es Estado Unidos, es un organismo multiétnico, multirracial, multireligioso, multilingüístico y sin embargo, hay quienes se suman creando nuevas variedades culturales, buscando un bienestar. Toda la reflexión, converge en lo que debería ser la teoría política, debería, dice al autor3, ser un compromiso intelectual, móvil, exacto y realista con los problemas; y no un imaginario de arquitecturas en las que nadie podría vivir; Alcmeón, en la Grecia Arcaica, ya había establecido una analogía entre el „cuerpo humano‟ y el „cuerpo político‟ “un contraste entre la acción natural de varios poderes abandonados a sí mismos y el armonizarte efecto de la krasis que los convierte en una mixtura orgánica. El inicio de un contraste tal puede ser trazado hacia atrás, más allá de Heráclito, hasta los poemas del legislador ateniense Solón en los primeros años del siglo VI, y también está implícito en la cosmología de Anaximandro, donde los opuestos en guerra son regulados y compensados mutuamente por una Justicia que les es a la vez externa y superior” ¿Cómo considerar posible esta última reflexión „de‟ Geertz? A partir de la ontología de la persona; y como análisis, de los significados más profundos y existenciales del ser humano, es decir, metafísica que llega a su culminación cuando ofrece una ontología o metafísica de la persona, que esclarece los componentes esenciales del ser humano y los manifiesta en las relaciones que tiene con los demás seres. Esta concepción tienen sus fundamentos en la concepción del hombre, de otra manera construiríamos una ética irreal, no para el hombre, sino para un producto de nuestra imaginación. Kant lo vio claro cuando escribía una ‘Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres.’ También Levinas propone la metafísica y no la ontología fundamental como hace Heidegger porque mientras la ontología busca totalidades, la metafísica busca el infinito, en el que se encuentra la raíz de la eticidad, pues Levinas basó toda su ética en cosas tan metafísicas como el rostro del otro 4 es decir, se busca un fundamento después de haberlo rechazado tanto, y no haber podido convencernos a nosotros mismo que

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Cfr. Husey, Edward „La época de los sofistas‟ en Los Sofistas y Sócrates, México, UAM-Iztapalapa, 1991, p. 31. También el semiólogo colombiano, Armando Silva, apunta que la ciudad está viva y cono tal debe entenderse, analizarse y reconocerse; como una construcción subjetiva “de este modo la ciudad puede proyectarse como un cuerpo humano, con sexo, corazón, miembros, pero también como sentidos: huele, sabe, mira, oye y se hace oír” (Silva, Armando, „Imaginarios: Estética Ciudadana‟ en Vergara, Abillo (coord.) Imaginarios: horizontes plurales. Conaculta-Inah-Buap. México 2001 p. 110 4 Levinas, E. Totalidad e Infinito, Ed. Sígueme, Salamanca, 1987, pp. 57-8 y 74


no existe ninguno, sobre todo para la ética. Es de suma importancia la cuestión de la autonomía de la moral porque al no acudir para estructurarse en la naturaleza del hombre, se habla de una moral descarnada, abstracta, y que no corresponde a la condición humana. Concluyendo: cuando Geertz habla de „la obligación moral de la esperanza‟, se debe entender una metafísica como fundamento de la ética, que quiere decir sencillamente eso: la ética, tiene que tomar en cuenta esa metafísica que es la filosofía del hombre, para poder dar al hombre una ética a su medida y no una construida con independencia de él, y que no conoce sus carencias y sus ilusiones.5

5

Cfr. Beuchot, Mauricio. La relación tormentosa pero necesaria entre ética y metafísica. en Herrera Guido (coord.) Hacia una nueva ética, Siglo XXI editores, México, 2006, pp.97-110.

El mundo en pedazos  
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