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Lazarillo de Tormes, y de sus fortunas y adversidades An贸nimo An谩lisis de la obra

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1. GÉNERO AUTOBIOGRAFíA El Lazarillo se nos presenta como una narración autobiográfica. Ello no significa necesariamente que fuese un pregonero de Toledo el autor de la obra. Al decir que se trata de una obra autobiográfica partimos de la convención de que el personaje que protagoniza la novela es, realmente, el autor del texto. Poco importa que esto sea cierto o no. Lo que cuenta, a nuestros efectos, es que el autor se sirve de la forma autobiográfica para sus fines literarios, y mantiene en todo momento esta convención. Autobiografía y verosimilitud La forma autobiográfica es una convención estilística, un procedimiento literario adoptado por el autor en aras de la verosimilitud de su relato. Esta fórmula estilística refuerza, en efecto, la verosimilitud general de la narración al ponernos en contacto con hechos que el autor afirma haber vivido. Ello contribuye a que consideremos tales hechos como verídicos. Como iremos viendo, una de las grandes preocupaciones del autor del Lazarillo es la de dotar de verosimilitud a su relato, con el fin de asegurar su eficacia artística. Para ello se sirve de una gran variedad de recursos, entre los cuales el de mayor importancia estructural es el empleo de la fórmula autobiográfica. Punto de vista y perspectivismo Esta fórmula implica el que, por razones de coherencia narrativa, se mantenga la unidad del punto de vista a lo largo de todo el relato. Manteniendo, pues, esta unidad del punto de vista, el autor del Lazarillo nos presenta diversas facetas de una misma realidad social. La vida de Lázaro se presenta como un viaje por diferentes lugares, junto a diferentes amos -que encarnan otros tantos estamentos sociales-, ejerciendo diferentes oficios... Los dos Lázaros Otra consecuencia de la adopción de la forma autobiográfica es la identificación entre autor y personaje. Pero, en nuestro caso, podemos hablar de la existencia de dos distintos personajes en Lázaro de Tormes: e! Lázaro niño, de un lado; y, del otro, e! Lázaro adulto que narra los acontecimientos: e! Lázaro autor. El Lázaro niño está inmerso en un proceso en el que se ve arrastrado por los acontecimientos, que van dejando en él su impronta. El Lázaro adulto, el narrador, es el resultado de aquel proceso: e! hombre maduro que ha culminado su formación -o deformación- y que se presenta como resultado de las experiencias vividas por Lazarillo. LA FORMA EPISTOLAR La obra reviste forma epistolar, como queda de manifiesto por el siguiente pasaje del prólogo: Suplico a Vuestra Merced reciba el pobre servicio de mano de quien lo hiciera más rico si su poder y deseo se conformaran. Y pues Vuestra Merced escribe se le escriba y relate el caso muy por extenso parecióme no tomalle por el medio, sino el principio, porque se tenga entera noticia de mi persona...

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Lázaro da, pues, su respuesta por escrito, en forma de carta o epístola dirigida a un interlocutor que no es otro que el tantas veces mencionado «Vuestra Merced». El hecho de que la obra revista forma epistolar no es relevante desde el punto de vista formal, puesto que los rasgos estilísticos de dicha fórmula afloran en muy contados pasajes Tratados primero y séptimo, en el que el autor vuelve a apelar al desconocido «Vuestra Merced»-. Sí lo es, por el contrario, respecto a la interpretación de la obra, por cuanto la relación entre Lázaro y el denominado «Vuestra Merced » constituye el punto de partida para una interpretación global del relato.

2. CARACTERIZACIÓN DE LOS PERSONAJES Presentación de los personajes Los personajes del Lazarillo cobran vida a través de sus actos. No se da una presentación o introducción formal. El autor, sin seguir una norma fija, los presenta siempre mediante procedimientos no directos: por sus virtudes o vicios, a través del diálogo, mediante sus ademanes. • En el caso del ciego se nos habla de sus habilidades y saberes; y, de forma dispersa en diferentes pasajes se nos dice: que es un viejo; que es avariento, astuto y sagaz; que tenía la nariz luenga, etc. • El escudero es descrito por su porte externo, sus ropajes y sus ademanes. • El fraile de la Merced por su escasa afición por los asuntos del convento y su atención a los asuntos del siglo. • Respecto a Lazarillo, el ciego ve en él a un muchacho de buena disposición; el clérigo a un endemoniado; el Arcipreste a un hombre de habilidad y buen vivir. No existe pues otra norma para la introducción de los personajes que la que en cada momento le dictan al autor sus necesidades expresivas. Relación de antagonismo Los personajes se emparejan con el protagonista en una relación de antagonismo. En las sucesivas escenas Lázaro se enfrenta a un único antagonista, que es el amo de turno (salvo en el caso del Arcipreste y la mujer de Lázaro que parecen obrar de común acuerdo). Con ello se nos presentan dos perspectivas encontradas de una misma realidad. Se da por tanto un enfrentamiento constante de perspectivas: la encarnada por Lázaro y la encarnada por su antagonista. Los personajes como arquetipos El autor caracteriza a sus personajes como arquetipos de una clase o grupo social. Ello es congruente con la intención humorística y crítica de la obra. Pero si el ciego, el clérigo de Maqueda, el escudero o el buldero son personajes arquetípicos, no así Lazarillo. Éste no es un personaje acabado, y por ello no es un arquetipo. Va evolucionando a lo largo del relato. Los personajescolectivos Los personajes aislados actúan como feroces individualistas. Consideran la vida como una lucha por la supervivencia. Y en esta lucha está admitido el engaño, la simulación, el hurto, el fraude, la avaricia... Por contra, el personaje colectivo del pueblo llano -el público del mesón que recrimina al ciego el mal trato que da a Lázaro; los habitantes de la villa que en la iglesia ruegan al buldero que perdone al alguacil; las gentes que acuden a socorrer al

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ciego tras la calabazada que éste recibe contra el pilar de piedra, en Escalona; las personas caritativas del pueblo que permiten a Lázaro, y aun al escudero, vivir de limosna (aunque éste llegue a decir que «ya la caridad se subió al cielo» -el personaje colectivo del pueblo llano es presentado como inocente, crédulo y solidario. Los miembros de los estamentos rectores La actitud y proceder de los miembros o representantes de los estamentos rectores de la sociedad -iglesia, justicia, nobleza- son reflejados críticamente por el autor. Detentan el poder directo y también el indirecto derivado del linaje, la situación económica y la cultura. Pero su comportamiento es antisocial. Frente a ellos los desheredados, que carecen de honra y de fortuna, se ven obligados a delinquir y padecen la persecución de la justicia. EL PERSONAJE DE LÁZARO Ya hemos señalado que en la obra se reflejan un Lázaro niño -Lazarillo-, y un Lázaro adulto. Veamos a continuación cuáles son sus principales características. 1. LAZARILLO: EL PERSONAJE FRENTE AL MUNDO Deshonra hereditaria Lazarillo se nos muestra como el hijo de un hombre condenado por ladrón y de una mujer que comete adulterio con un caballerizo y es también condenada. El personaje aparece, pues, marcado por una ascendencia en la que se aúnan delincuencia, deshonor y pobreza. Como consecuencia de estos orígenes, Lazarillo parece quedar abocado a la práctica de la mendicidad, e! engaño, e! hurto, etc. Soledad y desarraigo Alcanzada su mocedad es entregado por su madre a un ciego para que le sirva de guía. La despedida de la madre es elocuente: «Hijo, ya sé que no te veré más. Procura ser bueno, y Dios te guíe. Criado te he y con buen amo te he puesto, válete por tí». Lazarillo se ve desarraigado y entregado a su propia suerte. En adelante su única familia será él mismo. Su relación sentimental con el mundo quedará subordinada a las vicisitudes de su lucha por la supervivencia. El ciego le abrirá los ojos -«me alumbró», dice Lázaro- a la realidad de un mundo en el que es necesario ser más astuto -valerse por uno mismo- que e! prójimo para poder sobrevivir. La carencia de un proyecto personal Roto el cordón umbilical, Lazaro se enfrenta al mundo sin tener idea de qué hará de su vida. Aunque las experiencias vividas por Lázaro hagan que paulatinamente tome conciencia de su lugar en el mundo, la falta de proyecto personal se mantendrá hasta el final del Tratado sexto. Lázaro consigue entonces comprar ropa de segunda mano, con sus ahorros de cuatro años y, al verse en «hábito de hombre de bien», cree que puede aspirar a algo más y abandona su oficio de aguador con el capellán. Lázaro ha hecho ya, ciertamente, sus planes, cuando decide buscar un oficio real, haciéndose, finalmente, pregonero. Hasta entonces Lázaro había ido a la zaga de los acontecimientos. Su único afán era acallar el hambre acuciante. Se limitaba a vivir en el presente, llegando a pensar, incluso, en el suicidio, como medio para remediar de una vez sus males.

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2. EL PROCESO DE APRENDIZAJE DE LAZARILLO El rito de iniciación Lazarillo comienza sus andanzas pasando por un rito iniciático al que le obliga el ciego. La calabazada contra el toro de piedra es la ceremonia por la que se le inicia al mundo. El ciego oficia la ceremonia dando al muchacho una primera lección que éste asimila en toda su profundidad: Parescióme que en aquel instante desperté de la simpleza en que como niño dormido estaba. Dije entre mí: "Verdad dice éste, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues sólo soy, y pensar cómo me sepa valer.»

Lazarillo cae en cuenta de su soledad y la asume. Ha pasado su bautismo de fuego. Ha sido iniciado. Su aprendizaje continuará a lo largo de sus andanzas con el ciego. El mal trato que Lázaro recibe del viejo, le decide a separarse de él. Y cuando finalmente lo abandone, lo hará dando muestras de haber sido un alumno aventajado que paga al mezquino amo en la misma moneda: con otra calabazada en la que ya no es víctima sino verdugo. Es uno más entre los sutiles paralelismos de la novela. El proceso de Lázaro Lázaro continuará su camino junto a diferentes amos. Los acaecimientos, los episodios que vivirá con ellos, están trabados de tal forma que van dejando su impronta en el muchacho. Y vemos cómo su conducta varía paulatinamente. La situación del muchacho se hace crítica con e! clérigo, de cuyo servicio no se despide por la debilidad en que ha caído y por temor de encontrarse en una situación todavía peor. Para mantenerse, Lázaro depende en todo de! clérigo. Y puesto que éste no le da los medios para subsistir, se verá obligado a servirse de su astucia, tratando de ganar con ella la partida a la avaricia del mísero eclesiástico. Con el escudero la situación varía. Mediante la limosna, Lazarillo es capaz de vivir por sí mismo, e incluso de alimentar a su señor. Es, por tanto, independiente. Y podemos pensar que si permanece con el escudero es únicamente por el afecto que le ha cobrado. A pesar de ello e! escudero abandonará a Lazarillo y huirá de él. El énfasis con que se describe el abandono es elocuente: Así, como he contado, me dejó mi pobre tercero amo, dó acabé de conoscer mi ruin dicha, pues, señalándose todo lo que podría contra mí, hacía mis negocios tan al revés, que los amos, que suelen ser dejados de los mozos, en mí no fuese ansí, más que mi amo me dejare y huyese de mí.

El bagaje humano del aprendizaje de Lazarillo Lazarillo «hubiese deseado asentar su corazón» y perdonar al ciego. Pero el «maltratamiento», de que éste le hacía objeto no lo permitió. El clérigo al despedirse del muchacho se santigua, como si éste estuviese endemoniado. Y, finalmente el escudero, al que había alimentado y en el que había depositado su afecto, le abandona y huye de él. Éste será e! bagaje humano de Lazarillo cumplido su aprendizaje.

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3. LA VISIÓN DE LAZARILLO El desdoblamiento del personaje: actor y espectador Uno de los rasgos más peculiares de Lazarillo -favorecido por la coincidencia narradorpersonaje- es su tendencia a juzgar la acción desde el exterior. Y ello incluso cuando él mismo se ve envuelto en la acción como protagonista. El distanciamiento de Lazarillo le permite vivir los hechos y al mismo tiempo observarlos situándose fuera de ellos. Un buen ejemplo de lo que afirmamos es el episodio del buldero; pero quizá el mejor de todos sea la risa que le causa a Lazarillo e! modo en que el ciego cuenta sus hazañas al auditorio de! mesón; Lazarillo ríe porque «con tanta gracia y donaire recontaba e! ciego mis hazañas, que aunque yo estaba tan maltratado y llorando, me parecía que hacía sin justicia en no se las reír». El muchacho, convaleciente de su aventura con la longaniza, todavía es capaz de reír. Con ello da muestras de un peculiar sentido del humor que le permite distanciarse de los acontecimientos y juzgarlos desde el exterior. 4. EL LAZARO ADULTO Lázaro de Tormes, el adulto, es el resultado de las experiencias vivida por Lazarillo. Si éste nos inspiraba ternura, el personaje adulto del último Tratado nos parecerá cínico y oportunista. Este Lázaro ha hecho ya planes sobre su futuro. Deja su puesto de aguador, por pensar que puede, ahora que va «en hábito de hombre de bien», aspirar a algo más. Decide buscarse un oficio real. Determina «arrimarse a los buenos». Por no contrariar al Arcipreste y perder su favor, hace oídos sordos a las habladurías que corren sobre su mujer. Y prefiere que nadie le hable del «caso», con lo que logra mantener la «paz» de su casa y se considera a sí mismo «en la cumbre de toda buena fortuna», disfrutando de su «prosperidad». EL CIEGO El ciego se erige como arquetipo del marginado. Su función es la de servir a Lazarillo como iniciador en «la carrera del vivir». Las cualidades del ciego Se nos presenta como un personaje de gran astucia y sagacidad. «En su oficio era un águila», se nos dice, y se extiende Lázaro en explicarnos las oraciones que sabía -ciento y tantas-, el modo que tenía de rezadas -en tono grave y reposado que hacía resonar la iglesia donde rezaba-, o cómo componía el rostro -sin hacer gestos ni visajes con boca ni ojos, como otros suelen hacer- ... Personaje taumatúrgico El ciego se nos muestra como un personaje taumatúrgico. Aparte del valor simbólico de que sea precisamente un ciego el iniciador de Lázaro, el autor dota al personaje de otros saberes reservados: conocía la jerigonza, lenguaje secreto que enseñó a Lázaro; pronosticaba a las mujeres encinta el sexo del hijo que traían; dominaba los remedios para diversas enfermedades -presumía de que «Galeno no sabía la mitad que él para muelas, desmayos y males de madre»-. Y, finalmente, se nos dice que tenía «espíritu de profecía». La relación entre amo y criado La relación entre Lázaro y el ciego aparece llena de matices y varía a lo largo del Tratado.

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Antona Pérez encomienda a Lázaro al anciano, rogándole que le trate bien y mire por el muchacho, pues es huérfano. Solemnemente le promete el ciego hacerlo así, afirmando tomar al muchacho no por criado sino por «hijo». El anciano introducirá al muchacho en la dureza de la vida, en la «carrera del vivir». Le inicia con la calabazada contra el toro de piedra del puente de Salamanca, y le avisa: «Necio, aprende que el mozo de un ciego un punto ha de saber más que el diablo». Y más adelante: «Yo oro ni plata no te lo puedo dar; mas avisos para vivir muchos te mostraré.» Lázaro da muestras de ir asimilando las enseñanzas del viejo. Así lo apostilla el autor tras cada episodio, y así se resume en la siguiente frase de Lázaro, que aprecia la paradoja de que fuera un ciego quien le abrió los ojos a la vida: «y fue ansí que, después de Dios, éste me dio la luz, y siendo ciego me alumbró y adestró en la carrera del vivir.» Las diferencias entre Lázaro y el ciego surgen por la mezquindad de éste, que no da al muchacho lo necesario para mantenerse. Así se activa el ingenio de Lázaro que pretende remediar su hambre a base de «sotileza y buenas mañas» y llega a hacerle al viejo burlas endiabladas de las que no siempre sale el chico bien parado. El ciego contesta con astucia, pero también con golpes, coscorrones y repelones, con burlas, y ,contando a cuantos quieran oírlas las andanzas del muchacho. Tras el episodio del jarro de vino, se inicia el distanciamiento entre ambos: «Desde aquella hora quise mal al mal ciego, y aunque me quería y regalaba y me curaba, bien vi que se había holgado del cruel castigo.» El muchacho está aún dispuesto a perdonar al viejo, pero la actitud de éste no lo hace posible: Aunque yo quisiera asentar mi corazón y perdonalle el jarrazo, no daba lugar el maltratamiento que el mal ciego dende allí en adelante me hacía, que sin causa ni razón me hería, dándome coscorrones y repelándome.

El ciego, como ser sin honra, es un personaje independiente y veraz, que no se preocupa de las apariencias. Vive de su ingenio, aun cuando sea a base del engaño y de la credulidad de las gentes. Más adelante, Lázaro se referirá a él en términos afectuosos, agradeciéndole el haberle enseñado, y afirmando haberse arrepentido de los sinsabores que le causó. LOS PERSONAJES RELIGIOSOS Cinco de los nueve amos a los que sirvió Lázaro eran religiosos: el clérigo de Maqueda, el fraile de la Merced, el buldero, el capellán y el Arcipreste de San Salvador. Respecto a la opinión que al narrador le merece el estamento eclesiástico, son suficientemente elocuentes estas lapidarias muestras: •

tras el castigo de Zaide y Antona por su adulterio comenta el narrador: No nos maravillemos de un clérigo ni fraile porque el uno hurta de los pobres, y el otro de casa, para sus devotas y para ayuda de otro tanto, cuando a un pobre esclavo de amor le animaba a esto.

y refiriéndose a la avaricia del clérigo de Maqueda: o digo más sino que toda la lacería del mundo estaba encerrada en éste (no sé si de su cosecha era o lo había anejado con el hábito de clerecía).

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El clérigode Maqueda El primero de los eclesiásticos, el clérigo de Maqueda, es un ser más tacaño -por lo que de caricatura hay en el personaje- que avaricioso, junto al cual el ciego se transforma ante los ojos de Lázaro en un «Alejandro Magno», por su generosidad. Es como el escudero, un devoto de la falsa apariencia. Mientras que, por no gastar más de lo suyo, afirmaba que los sacerdotes debían ser templados en el comer y beber, nos dice Lázaro que «a costa ajena comía como lobo y bebía más que un saludador». El clérigo es un tacaño ensimismado, egocéntrico y lleno de desconfianza que no llegará a comprender el porqué de la malicia de Lazarillo. Al despedirlo se santigua como si el muchacho estuviera «endemoniado». La relación entre ambos es de total antagonismo. En ningún momento llega a darse la corriente de afecto que sí es apreciable, en cambio, entre el ciego o el escudero, y Lazarillo. El fraile de la Merced El segundo de los eclesiásticos es el fraile de la Merced que acoge a Lázaro tras ser éste abandonado por el escudero. El autor nos lo relata en pocas pero expresivas líneas, mostrándolo más amigo de los negocios civiles que de permanecer en el convento: Gran enemigo del coro y de comer en el convento, perdido por andar fuera, amicísimo de negocios seglares y visitar. Tanto que pienso que rompía él más zapatos que todo el convento.

Cansado de los «trotes» del fraile «y por otras casillas que no digo» -Lázaro prefiere callarlas y la crítica ha querido ver en ello la alusión a una presunta sodomía del eclesiástico- le abandonó. El buldero El buldero es el tercer amo religioso que Lázaro tuvo. En el Tratado dedicado a este personaje Lázaro no interviene en los acontecimientos narrados, manteniéndose como mero espectador. El buldero se nos presenta como un hombre lleno de sutileza y de experiencia que defrauda la credulidad de la «inocente gente» con mil y un recursos y argucias. Carece en el texto de una función precisa, como no sea la de cargar las tintas sobre los vicios del estamento religioso. En nada influye, al menos explícitamente, en la evolución de Lázaro, quien se limita a reírse de los hechos desde el exterior. El capellán de la Catedral de Toledo El cuarto de los amos eclesiásticos de Lázaro es un capellán de la Catedral de Toledo que le proporciona los aperos para trabajar como aguador. Tras cuatro años de trabajo, logra Lázaro ahorrar lo suficiente para adquirir ropa vieja y vestirse honradamente, tras lo cual abandona al capellán. Nada más sabemos del personaje. El Arciprestede San Salvador Finalmente, también llama Lázaro señor al Arcipreste de San Salvador, cuyos vinos pregona para su venta. El Arcipreste casa a Lázaro con una criada suya y le presta su favor y ayuda con dádivas y consejos, invitando a Lázaro y a su mujer a su mesa los domingos y festivos. El Arcipreste se dirige a Lázaro en relación con las habladurías que corren por la ciudad sobre su mujer:

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Lázaro de Tormes, quien ha de mirar a dichos de malas lenguas nunca medrará. Digo esto porque no se maravillaría alguno, viendo entrar en mi casa tu mujer y salir della. Ella entra muy a tu honra y suya, y esto te lo prometo. Por tanto, no mires a lo que puedan decir, sino a lo que te toca, digo, a tu provecho.

Una vez mas vemos la ambigüedad del texto que se presta a ser entendido textualmente o a ser leído entre líneas. Es de resaltar que si el adulterio es real el Arcipreste no es castigado por ello, mientras que sí lo fueron el negro Zaide y la madre de Lázaro. EL ESCUDERO En su calidad de hidalgo, el escudero encarna al estamento de la nobleza. Natural de Castilla la Vieja, dejó su tierra por una disputa de falso honor con un vecino, que sólo saludaba a nuestro escudero quitándose el sombrero si el escudero lo había hecho antes. Sus bienes son un palomar, que «si no estuviera derribado daría cada año más de doscientos palominos», y un solar de casas «que de estar en pié y bien labradas valdrían más de docientas veces mil maravedís». No es de extrañar que con este patrimonio diga a Lázaro: «Eres muchacho y no sientes las cosas de la honra, en que el día de hoy está todo el caudal de los hombres de bien.» Pero basa su honra en la pura apariencia. El escudero se cuida únicamente de la apariencia externa. Lázaro nos hace una minuciosa descripción de su porte y apostura. El personaje sale a la puerta de la casa escarbándose los dientes para dar a entender que ha comido. Consiente vivir del fruto de la mendicidad de Lazarillo, pero le ruega que evite decir que es su criado. Prefiere pasar hambre, vivir míseramente y salir a las calles a «papar aire», antes que prestar sus servicios a canónigos, señores de la Iglesia y caballeros de media talla, porque no le parecen bastante para él. En su monólogo sobre el servicio de los señores reproduce los vicios de una sociedad que da más importancia a la apariencia externa que a la realidad. El escudero encarna tales vicios, pero es persona de buena condición. Si no da a Lázaro con qué sustentarse es porque nada tiene. No obstante, y aunque llegó a cobrar afecto a Lázaro, terminará abandonándole. El escudero es un iluso. Pero, como tal, es el único personaje que encarna valores no estrictamente materiales, aun cuando se trate de valores mal entendidos.

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3. APECTOS TEMÁTICOS TEMA CENTRAL El tema central de la obra es la historia del proceso vital de Lazarillo; la historia de un muchacho de origen humilde que alcanza, tras pasar por mil fatigas y vicisitudes como criado de muchos amos, cierto grado de prosperidad. Lázaro escribe su propia historia como ejemplo de quienes, con su esfuerzo, han llegado «a buen puerto» superando su condición humilde. Pero si Lázaro alcanza la prosperidad, lo hace a costa de su degradación moral: prefiere que sus convecinos le consideren cómplice del adulterio de su mujer antes que perder el favor del Arcipreste de San Salvador. Lázaro alcanza la prosperidad cuando consigue «arrimarse a los buenos» -los miembros de los estamentos rectores de la sociedad- pero ello no quiere decir que se convierta realmente en uno de ellos. Parece, pues, obvio que el autor abriga una intención irónica al proponer la vida de Lazarillo como un ejemplo de quienes, siéndoles la fortuna adversa, «con fuerza y maña remando salieron a buen puerto». LOS CASOS O EPISODIOS La trama o argumento se desarrolla a través de sucesivos episodios, «casos» para el autor. Éstos se presentan como una cadena de acontecimientos vividos por Lázaro, -como protagonista o como espectador- que explican la evolución de su actitud ante la existencia. Los episodios pueden dividirse en dos grandes grupos: 1. Episodios sin incidencia en el proceso de Lázaro: son episodios de carácter cómico y humorístico que cumplen la función de mantener la amenidad del relato, pero no influyen sobre la actitud de Lázaro ante la existencia y en los que está presente como espectador de estos hechos, sin intervenir para nada en ellos. Como ejemplo podemos citar: el episodio del racimo de uvas, que tiene la exclusiva función de evidenciar la astucia del ciego; y el episodio de buldero y el alguacil. 2. Episodios que influyen en el proceso vital de Lázaro o determinan una modificación de sus circunstancias. Además de contribuir a la tensión humorística del texto, estos episodios sirven para trazar, por medio de experiencias vividas realmente, el proceso de Lázaro y la evolución de su actitud ante la vida. Entre ellos podemos citar: - el episodio del toro de piedra, como consecuencia del cual Lázaro comprende que ha entrado en un mundo hostil y que, en adelante, deberá aprender a valerse por sí mismo, por lo que decide obrar en consecuencia; - el episodio del golpe con el jarro de vino, como consecuencia del cual afirma Lázaro que desde aquella hora quiso mal al ciego, por lo que decidió abandonarle aun afrontando una suerte incierta; - el episodio con el clérigo de Maqueda, que abandona a Lázaro a su suerte tras descubrir quién era el ratón que roía los panes del mísero eclesiástico. TEMAS SECUNDARIOS En la obra aparecen de forma constante una serie de temas secundarios a través de los cuales se pone de manifiesto la escala de valores humanos vigentes; valores que componen el caldo de cultivo social en el que Lazarillo se ve inmerso, y por cuya influencia se explica el sentido negativo del proceso del personaje, desde la inocencia a la degradación. Estos temas son el delito, el desarraigo, la soledad, la pobreza, el

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hambre, la mendicidad, la avaricia, la insolidaridad, la honra -entendida como apariencia externa-, y el comportamiento antisocial de los miembros de los estamentos rectores de la socidad -clérigos y representantes de la justicia. Veamos el desarrollo de dos de estos temas: 1. El proceso del hambre de Lázaro corre paralelo a su proceso vital. Las variaciones del hambre del protagonista explican el sentido de su evolución. El hambre es una circunstancia constantemente presente que le mediatiza e influye sobre sus afectos, el grado de su dependencia respecto a sus amos, o su capacidad para tomar la iniciativa. En un primer momento Lázaro nos dice que tomó cariño al negro Zaide sólo cuando comprendió «que con su venida mejoraba el comer». Más adelante, como criado del ciego, Lázaro no logra alcanza la mitad de la ración que le es necesaria; pero el ciego resulta generoso en comparación con el clérigo, porque con éste Lázaro no come; y, finalmente, al escudero le da de comer el propio Lázaro. Desde entonces, aun pasando muchas fatigas, la situación de Lázaro va mejorando paulatinamente. Y si, finalmente, Lázaro consigue vencer al hambre será a costa de su degradación. 2. El modo en que Lázaro se separa de sus amos es una de las manifestaciones de su desarraigo. Así, es Lazarillo quien deja al ciego, por pensar que lejos de él alcanzará mejor fortuna. Es abandonado a su suerte y despedido por el clérigo. Si Lázaro no le abandonó antes, fue por el temor de caer en una situación peor. El escudero, al que Lázaro ha cobrado afecto, y al que no deja, pudiendo hacerlo, -dado que es él quien lo alimenta-, le abandona y huye de él.. En suma, Lázaro se ve obligado al desarraigo y termina por renunciar a su vida afectiva, subordinándola a los valores materiales. LOS MOTIVOS Término que designa aquellas frases que se repiten de forma recurrente y sobre las cuales se estructura la obra. Sirven para introducir determinadas situaciones o actitudes de los personajes y que constituyen otras tantas claves para la interpretación de conjunto de la obra. Mediante los motivos se establece una serie de paralelismos que sirven como nexo entre diferentes partes de la obra, y dotan de unidad a su contenido: - “Los que padecen persecuciones por justicia”: en el Tratado I se nos dice que padre de Lázaro, «padeció persecución por justicia» por sus robos en el grano. En el Tratado VII vemos que Lázaro, pregonero de Toledo, tiene atribuido por su oficio «acompañar los que padecen persecuciones por justicia» declarando a voces sus delitos. -

“Arrimarse a los buenos”: tras enviudar, la madre de Lázaro, viéndose sin marido y sin abrigo determinó «arrimarse a los buenos por ser uno dellos», por lo que se traslada a vivir a la ciudad donde se pone a guisar, lavar y coser para estudiantes y mozos de cuadra. En el Tratado VII Lázaro afirma ante el Arcipreste que él había determinado «arrimarse a los buenos», para, acto seguido, pasar a justificar su mansa actitud ante el presunto adulterio de su mujer.

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La madre, la mujer y el adulterio. Lázaro ve cómo las mujeres que le han sido más cercanas, su madre y su propia mujer cometen adulterio. La diferencia está en que mientras el de Antona con el caballerizo Zaide es castigado, no lo es el de su mujer y el Arcipreste, dado el poder social de éste. El autor sitúa estos tres motivos en contraposición irónica. En su primera formulación actúan para mostrarnos, a través de sus antecedentes familiares, la

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deshonra del linaje de Lázaro. En su formulación final nos enseñan que sólo a través de la deshonra es capaz Lázaro de escapar a su pobreza. -

Un último motivo es el de las «calabazadas». La primera de ellas la recibe Lazarillo, por mano del ciego, contra el toro de piedra del puente de Salamanca. Con el golpe, el muchacho toma conciencia de su soledad y de la dureza del mundo que le rodea. El niño deja de serlo tras este doloroso -aunque cómico- rito de iniciación. Dado el primer paso de su aprendizaje, Lazarillo devolverá el golpe. Con ello se cierra el ciclo de la iniciación del muchacho: demostrada su aptitud, puede ya enfrentarse a la vida.

4. ESTRUCTURA ESTRUCUTRA EXTERNA La obra se compone de un prólogo y siete Tratados. Podemos afirmar que su estructura es poco frecuente y no uniforme. La estructura es anómala por dos razones: en primer lugar por la peculiar significación del prólogo para la interpretación global de la obra y en segundo término por la falta de uniformidad -física y significativa- de los diferentes Tratados. - El prólogo es una pieza que modifica el sentido de la narración. Más que aclararlo, introduce ciertos elementos - especialmente la alusión «caso»- que sumen al texto en la ambigüedad y hacen posible la validez de distintas interpretaciones del mismo. Es importante para establecer: (a) las peculiaridades sus genéricas -es una epístola, a la par que una narración autobiográfica-; (b) la intencionalidad artística del autor; (c) su conciencia de haber escrito una obra que se presta a diversas lecturas; y (d) la ambigüedad de las intenciones del autor. -

Los Tratados, que corresponden a la parte narrativa, tienen muy diferente extensión, e incluso muy diferente relevancia dentro de la obra. La presencia del personaje en la narración tiene tres variantes: a) Lázaro es protagonista de la acción en los Tratados primero, segundo, tercero, y séptimo; justo los de mayor importancia y extensión. b) Se mantiene como mero espectador, sin intervenir en los acontecimientos, en el Tratado quinto; y, c) Finalmente, en los Tratados cuarto y sexto, actúa como mero narrador, puesto que, aunque Lázaro protagoniza los hechos, éstos no son desarrollados. Las distintas fases de la vida del protagonista no están tratadas de modo uniforme, ni con igual extensión y detalle. En los últimos Tratados es muy acusada la desproporción entre el amplio lapso de tiempo en que transcurren los acontecimientos narrados y la corta extensión del texto que los refiere. En consecuencia, podemos considerar que los Tratados cuarto, quinto y sexto -aunque éste en menor medida- son tratados de transición, pues parecen tener la única función de quemar etapas para acercarnos al Lázaro maduro.

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ESTRUCUTRA INTERNA La historia de Lázaro se nos narra linealmente a través de una introducción, de un desarrollo central, y de un desenlace. - En la parte inicial del Tratado primero, se nos narran los antecedentes del personaje: su linaje y las vicisitudes de su vida familiar hasta que es entregado como guía al ciego. - El desarrollo del proceso de Lazarillo abarca la segunda parte del Tratado I -la vida con el ciego-, y de los Tratados II al VI. Constituye el núcleo de la vida de Lázaro y las andanzas que sigue acompañando a sus distintos amos. - Finalmente en el Tratado séptimo se nos da cuenta de la vida y circunstancias presentes de Lázaro. Su vida quedará abierta, por cuanto es él mismo quien la narra. Los antecedentes y la parte final reciben un tratamiento paralelo. Veámoslo: - Lazarillo hereda la «deshonra» (T.I); en el Tratado VII Lázaro se nos presentará como un ser deshonrado, pues consiente el adulterio de su mujer; - El padre de Lazarillo sufre «persecución por la justicia» (T. I); Lázaro acompañara, pregonando sus delitos, a los que «padescen persecución por la justicia» (T. VII); - La madre de Lazarillo determina «arrimarse a los buenos» (T. primero); Lázaro dará cuenta al Arcipreste de haber tomado análoga determinación (T. séptimo); - La madre de Lazarillo comete adulterio con el negro Zaide, siendo ambos castigados por su delito (T. I); la mujer de Lázaro cometerá adulterio con el Arcipreste, aunque esta vez el delito no sea castigado; - Lazarillo es entregado al ciego, y a partir de entonces se enfrenta con su soledad (T. I); Lázaro se encontrará solo frente a su propia mujer y frente a sus convecinos (T. VII). El núcleo de la obra nos refiere el proceso vital de Lazarillo. Este proceso tiene su origen en los antecedentes expuestos en la primera parte y su motivación próxima en las experiencias de su vida como mozo de muchos amos. Cada uno de los Tratados se refiere a su vida con un amo distinto. El esquema de desarrollo de los Tratados es, a grandes rasgos, el siguiente: - en primer lugar se nos presenta al amo; para ello se seguirán procedimientos distintos en cada caso: descripción de sus habilidades y saberes, de su lacería, de su porte y ademanes ... ; - a continuación se expone la situación de Lazarillo, mediante ejemplos, juicios o comentarios; - se desarrollan los episodios -uno o varios- que actúan como causas en el proceso del personaje; - tras cada uno de los episodios se nos da nueva cuenta de cómo se ha modificado la situación o las circunstancias de Lazarillo y del sentido en que la experiencia en que se concreta el episodio vivido, ha influido sobre el personaje; el autor se sirve aquí de reflexiones de Lazarillo, comentarios sobre su actitud o la de su amo, etc.; - continúa: o bien (a) el desarrollo de un nuevo episodio -en cuyo caso se nos dará, al final, nueva cuenta del modo en que ha influido sobre Lazarillo-; o bien (b) la separación entre aquél y su amo, y los comentarios finales del personaje. Esta síntesis estructural es válida -a grandes rasgos- para los Tratados primero, segunclo, tercero y quinto. La estructura de los Tratados cuarto y sexto, dada su corta extensión, está esquematizada hasta el límite.

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ESTRUCUTRA TEMPORAL El Lazarillo presenta dos planos temporales perfectamente definidos: -

El plano temporal del Lázaro-narrador (presente desde el que se narran los hechos). Sabemos por el Prólogo que el autor, sirviéndose del presente, dirige su obra -su epístola- a un desconocido «Vuestra Merced». En el Tratado séptimo Lázaro vuelve a apelar a este desconocido, dándole cuenta final de su vida y circunstancias actuales -del famoso “caso” - utilizando para ello nuevamente el presente.

-

El plano temporal del Lázaro-personaje (que es el pasado de los hechos narrados): los hechos de la biografía del Lázaro-personaje son narrados retrospectivamente, desde el presente del Lázaro-narrador. El proceso del Lázaro-personaje sigue, pues, una secuencia temporal lineal y progresiva, a través de los sucesivos tratados. Únicamente dos rasgos formales alteran esta linealidad: el primero de ellos es la rememoración que, en diversos pasajes, hace Lázaro de la vida con sus anteriores amos, y especialmente con el ciego, con ello apela Lázaro al valor y al significado de la experiencia en su proceso personal; el segundo rasgo, éste de progresión en el tiempo, es la profecía del vino que formula el ciego en el Tratado primero, que se ve cumplida en el Tratado séptimo, en el que Lázaro oficia de pregonero en las ventas de vinos que se hacen en Toledo.

5. EL ESTILO ECONOMÍA Uno de los grandes principios ordenadores de la obra es el principio de economía, entendida como la eliminación de lo superfluo y de lo redundante tanto en la estructura como en el estilo de la obra; el recurso a formas y procedimientos sintéticos; y la selección de procedimientos y temas en atención a su funcionalidad dentro del contexto. En este sentido el autor se limita a usar de los elementos imprescindibles para que la narración resulte verosímil. - Una formulación peculiar de este principio es el recurso a procedimientos que exigen el concurso del lector, para completar el sentido de la narración. Así debe entenderse el que no se haga mención del cumplimiento de la profecía del vino en el pasaje en que se ve cumplida; el que sea el lector quien deba relacionar entre sí los motivos; o la utilización de la ironía y de la antífrasis, que exigen un acto de interpretación por parte del lector. - El léxico y la sintaxis responden también a criterios económicos.. Podríamos decir que en el estilo del autor del Lazarillo hay más ideas que palabras. Las figuras más relevantes son: - la perífrasis: "queriendo asar al que de ser cocido por sus dernéritos había escapado” - la antítesis: «el día que enterrábamos yo vivía», «matábalos por darme a mí la vida» - los zeugmas: «porque verá la falta el que en tanta me hace vivir», «se fue muy contento, dejándome más a mí» - las paranomasias: «hará falta faltando», “en fin yo me finaba de hambre”. - las similicadencias: «preñada de mí, tomóle el parto y parióme allí» - y, en fin, el empleo constante de la ironía.

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Se trata de figuras que responden a una concepción económica de la obra y su composición. FORMAS DE ELOCUCIÓN La obra se sirve fundamentalmente de la narración y del diálogo, y, ocasionalmente, de la descripción, utilizándose en cada caso fórmulas diversas, en función de las necesidades expresivas de cada pasaje. 1. La narración En el Lazarillo coinciden narrador y protagonista. Pero dentro del cuerpo general de la narración se establece una distinción nítida entre las intervenciones de uno y otro, en razón de los procedimientos estilísticos utilizados. - El cuerpo narrativo en sentido estricto viene constituido por los pasajes en los cuales se recrea la acción y por los pasajes en los cuales aflora lo que denominamos voz del narrador. - El autor narra los acontecimientos en pasado. Su narración puede referirse: - a la descripción estricta de los hechos -a la recreación de los hechos-, - a la descripción de las circunstancias que rodearon los hechos: características de los personajes, situación de Lázaro, etc. -recreación de las circunstancias-; - o bien a la síntesis narrativa de las opiniones, juicios o deseos propios del personaje central en el momento de ocurrir los hechos -recreación de los sentimientos del personaje-. Y decimos recreación, que no transcripción, de los sentimientos. - La transcripción literal de las reflexiones del personaje central constituyen un procedimiento distinto, más cercano al monólogo que a la narración, como veremos enseguida. Los casos o episodios tiene especial relevancia. En ellos se combinan narración, descripción y diálogo. Son textos presididos por una gran economía expresiva. El autor consigue la verosimilitud a través de recursos estilísticos de gran variedad y efectividad, logrando una acabada descripción. Nos referimos con la expresión voz del narrador a aquellos pasajes de la obra en los que aflora el pensamiento presente del narrador. En ellos éste formula comentarios o reflexiones mediante las cuales se expresan sus opiniones, juicios o deseos actuales. Para expresarles se utiliza, en consecuencia, el presente verbal. En estas intervenciones del autor, aflora, con frecuencia, su vena crítica. Recordemos, como ejemplo, las lapidarias frases con que el autor juzga ciertas actitudes del estamento eclesiástico. 2. La expresión de Lázaro: el monólogo Las intervenciones orales de los personajes o bien son diálogos de transición, o bien constituyen, de hecho, formas monologales. Así deben interpretarse ciertas intervenciones del ciego -las burlas que hace de Lázaro, la profecía del vino- del clérigo -cuando se dirige a los ratones o comenta que nunca los hubo antes en su casa, o del escudero -en su intervención sobre el servicio de los altos señores-. Lázaro se limita a escuchar lo que dicen sus antagonistas sin intervenir, por lo que no llega a entablarse el diálogo. Por su parte, Lázaro se expresa fundamentalmente a través del monólogo. El autor se sirve muy frecuentemente de fórmulas orales, no narrativas, para manifestar el pensamiento real del Lázaro personaje -en especial del Lázaro niño- y su actitud ante el mundo. En este caso el autor transcribe literalmente pensamientos, reflexiones opiniones, juicios o deseos de Lázaro. En estas intervenciones del personaje aparecen

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fórmulas de introducción en pasado, pero están transcritas en el presente del personaje. -

Las reflexiones o monólogos de Lazarillo pueden dividirse en: monólogos o reflexiones sobre su situación; por ejemplo, la reflexión de Lázaro tras la calabazada: “Dije entre mí: «Verdad dice éste, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa valer.»”

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monólogos o reflexiones que se concretan en juicios generalizadores que la observación del comportamiento ajeno le sugiere a Lázaro; por ejemplo, Su reflexión ante el pavoneo del escudero: “Quedé yo diciendo: ... «¡Oh, Señor, y cuántos de aquestos debéis Vos tener por el mundo derramados, que padescen por la negra que llaman honra, lo que por Vos no sufrirán!»”

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El diálogo mudo. El autor se sirve de él para evidenciar el choque de perspectivas que se produce entre Lázaro y el amo de turno. El antagonista de Lázaro adopta una determinada actitud o se manifiesta oralmente en un determinado sentido. Lázaro pone de manifiesto la falsedad o la inconsistencia de la actitud y opinión de su antagonista, pero, prudentemente –por temor al castigo-, lo manifiesta o bien en voz tan baja que no puede ser oído, o bien mediante una respuesta interior que no llega a exteriorizarse. Así con su respuesta. El antagonista de Lázaro desconoce su respuesta, que sí conoce, en cambio, el lector. De esta forma se establece un principio de complicidad entre personaje y lector. Veamos algún ejemplo.

Lázaro en conversación con el escudero le ha dicho que no suele preocuparse mucho del comer y que fue por ello alabado de sus amos anteriores: ESCUDERO: -Virtud es ésa -dijo él- y por eso te querré yo más: porque el hartar es de los puercos, y el comer regladamente es de los hombre de bien. LAZARO: -.¡Bien te he entendidos -dije yo entre mí-. «Maldita tanta medicina y bondad corno aquestos mis amos que yo hallo hallan en la harnbre!»

3. Diálogo y monólogo en los personajes Tanto el ciego como el clérigo se sirven de la expresión oral en contadas ocasiones. Estas intervenciones -las burlas del ciego, las afirmaciones enfáticas del clérigo sobre la buenasuerte de Lázaro- a las que éste no responde, tienen un valor cómico. Es de resaltar la economía verbal y el casticismo con que se expresan los personajes. Dice el ciego mientras limpia con vino las heridas que causó a Lázaro con el jarro: “¿Qué te pasa Lázaro? Lo que enfermó te sanará la salud.”

Y luego, en situación similar: “A lo menos Lázaro en más cargo eres al vino que a tu pdre, porque él una vez te engendró, más el vino te ha dado la vida”.

El escudero tiene dos intervenciones extensas que constituyen de hecho, dada su función y la escasa participación de Lázaro, sendos monólogos. Tales intervenciones sirven para introducir el tema de la honra entendida como mera apariencia externa. Una versa sobre su linaje y patrimonio, el motivo de su venida a Toledo y el saludo debido a las personas de posición. La segunda sobre las virtudes que han de tener los servidores de señores de alta alcurnia para contentarlos. Ambos textos están tratados en clave irónica.

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No puede hablarse, en consecuencia, de que se dé un predominio cualitativo de la narración, o procedimientos estilísticos del diálogo. Cada una de estas formas tiene un valor significativo análogo, y ello en función de la economía estilística que preside la obra. El autor opta por atender eficazmente a las necesidades expresivas de cada momento, antes que mantener unas normas fijas o convencionales de composición.

6. SENTIDO E INTERPRETACIÓN AFIRMACIONES DEL AUTOR El prólogo, además de ayudarnos a situar genéricamente el relato, nos introduce en los propósitos e intencionalidad del autor. - Junto al propósito particular de dar respuesta a la petición de aquel «Vuestra Merced» que pedía ser informado sobre el «caso», el autor abriga otro más general de que su obra se difunda públicamente, como lo demuestra el párrafo inicial del prólogo: “Yo por bien tengo que cosas tan señaladas y por ventura nunca oídas ni vistas venga a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido...” - Este propósito es también manifiesto en el párrafo que a continuación transcribimos, en el que el autor deja también constancia de su conciencia literaria, al decirnos que quienes se toman el trabajo de escribir: “quieren, ya que lo pasan, ser recompensados, no con dineros, mas con que se vean y lean sus obras, y, si hay de qué, se las alaben”. - El autor sabe que su obra posibilita diferentes interpretaciones. A este respecto es elocuente el párrafo con el que se inicia el prólogo: “Yo por bien tengo que cosas tan señaladas y por ventura nunca oídas ni vistas vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido, pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y a los que no ahondaran tanto los deleite”. - Un último aspecto a resaltar es la indudable intención irónica del autor. El calificar los hechos que va a narrar como cosas «señaladas», y «nunca oídas ni vistas», o el considerar como «buen puerto» quese traduce en un puesto de pregonero en Toledo y en la interesada protección del Arcipreste, no puede ser sino una manifestación más de la ironía del autor. El autor sume sus propósitos en la ambigüedad: al componer la obra viene a dar respuesta al «Vuestra Merced» anónimo, pero abriga, al propio tiempo, la intención de que su obra se difunda públicamente; manifiesta su clara conciencia literaria al adelantarnos que la obra tiene o hace posibles diferentes lecturas; y finalmente abriga una intención irónica al proponer la vida del protagonista como ejemplo. La ambigüedad que tiñe, en suma, las intenciones del autor descarta cualquier posibilidad de interpretación exclusiva y, al propio tiempo, cierta de la obra. A esta ambigüedad viene a sumarse el hecho del anonimato, del desconocimiento de la filiación del autor, que ha preferido ocultar su nombre. Este ocultamiento, en autor de manifiesta conciencia literaria, sólo puede deberse a dos causas: el temor a la censura y a la persecución que el contenido crítico del libro podría acarrearle, y la de que por afianzar la verosimilitud de su obra, haya preferido renunciar al reconocimiento público al autor de obra tan acabada. OBRA DE HUMOR Quizá el mayor acierto del Lazarillo es haberse servido de la clave humorística como vehículo de intenciones críticas o polémicas más ambiciosas. Toda la selección argumental responde a la intención de hacer una obra divertida, amena, humorística. Todos los episodios, las reflexiones del narrador, las reflexiones de Lázaro, son legibles

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desde el humorismo. Se trata, por tanto, de una clave compositiva y estilística que impregna toda la obra. Humorismo entendido en sentido amplio. En la obra hay ejemplos de todas las formulaciones de lo humorístico: ironía -monólogos del escudero-, parodia -el arcaz como sagrario-, ingenio -el demostrado por el ciego en el episodio de las uvas-, comicidad o humor de situación -el episodio de la longaniza-, equívoco -episodio de la casa lóbrega y oscura-, caricatura -el clérigo como caricatura del tacaño-, e incluso lo que modernamente llamamos humor negro -la disquisición de la comida en los mortuorios. La lectura textual del relato nos conduce a su interpretación como obra humorística: el desarrollo argumental y compositivo y la necesidad del concurso del lector para restaurar el sentido de la obra -procedimiento peculiar de numerosas obras humorísticas -nos hacen ver el Lazarillo como una obra cómica o humorística, de singular calidad. VISIÓN DEL MUNDO Pero como casi todas las obras señeras del humorismo, su materia encierra otras interpretaciones: -

Lázaro desarrolla un viaje por varias localidades castellanas. Pero lo importante es que este itinerario real tiene su paralelo en la presentación literaria de su vida como viaje. La vida se nos muestra como un camino que no será de perfección sino de degradación. Cada uno de los Tratados constituye una nueva y completa etapa en el camino que es la vida de Lázaro; etapa marcada por la modificación de varias de sus circunstancias: cambio de amo -hasta nueve-; de oficio -guía de un ciego, monaguillo, criado de un escudero, aguador, pregonero...-; de ciudad; de estado económico -entre el hambre, en diverso grado, y la prosperidad-; de la actitud de Lázaro ante la vida -desde la inocencia a la degradación. Al variar en cada etapa el ambiente que lo circunda, Lázaro tiene acceso a diferentes estamentos sociales: el mundo de la mendicidad profesional, el mundo de la clerecía, el mundo de la nobleza. En contacto con esta realidad cambiante, la personalidad y la actitud de Lázaro ante la vida se irán modificando paulatinamente.

-

Nuestro personaje es un ser marcado desde su origen por la deshonra hereditaria, el desarraigo, la soledad y el hambre, que en el transcurso de su vida debe enfrentarse a la avaricia, a los castigos corporales, a las burlas, a la necesidad de mendigar, a la incomprensión, a la falta de caridad y de solidaridad, al imperio de la falsa apariencia y de la honra aparente, y, finalmente -no lo sabemos con certeza-, a la difamación. En un preciso momento de su vida, Lázaro toma la determinación de “arrimarse a los buenos por ser uno dellos”. Los «buenos» vendrían a ser aquellos que lo parecen: los miembros de las clases rectoras de la sociedad, que constituyen el paradigma de la honra, de la limpieza de sangre, del éxito social, en definitiva. Pero desde el punto de vista del autor, y según lo que Lazarillo ve del mundo, el comportamiento real de los buenos es un comportamiento vil y degradado. Se sirven de los grandes ideales a los que dicen servir -la religión, la justicia, la honra y la aristocracia- y se muestran insolidarios y faltos de caridad: cometen fraudes, son adúlteros, abusan de su autoridad o amparan la vileza. Y ello a pesar de que, por su posición, se encuentran al abrigo de vicisitudes. Mientras Lázaro vivió como un desharrapado mantuvo su inocencia. Su proceder quedaba justificado por la inmediatez de sus necesidades. No entraba en el juego de las apariencias y de las simulaciones, sino que lo observaba con mirada crítica, y mantenía la independencia de su juicio. Cuando Lázaro se nos muestra en hábito de “hombre de bien” se hace cómplice de los buenos. Ante los valores de la

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honra, la caridad, la nobleza o la justicia, vacíos de contenido para quienes más obligados están en mantenerlos, él opone los valores de la «paz de su casa», y de su «prosperidad», y se siente «en la cumbre de toda buena fortuna». Lázaro sigue siendo el mismo ser solo, deshonrado, desarraigado que a los ojos de los demás era. Pero, ignoramos si a costa de su propia estima, ha conseguido arrimarse a los buenos y vivir al amparo de adversidades. Desde su cumbre, perdida la inocencia, solo, desarraigado, Lázaro contempla, irónicamente, el mundo.

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Lazarillo de Tormes: análisis de la obra (1º Bachillerato)  

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