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Camilo Torres Restrepo Breve estudio introductorio

Por: Jaime Caycedo Turriago


Camilo Torres es un punto de referencia absoluto y un mito popular de la revolución

latinoamericana. Su vida transcurre en un medio social de la burguesía media alta, en un círculo culto de pensamiento laico, libre, ajeno a un apego religioso particular. Su adolescencia

marca un cambio con su ambiente familiar al asumir como una elección personal la vida sacerdotal. Este giro muestra un temprano y atípico, para su medio, acercamiento con inquietudes éticas de evidente preocupación social. Tal vez por eso, la maduración de esta preocupación no fluye en dirección a un compromiso exclusivo con la caridad y los solos valores del catolicismo tradicional. Busca una fundamentación profunda y racional de la justicia social en el conocimiento científico, en la exploración de la apabullante desigualdad que caracteriza a la sociedad colombiana. Y postula como un reto la actitud de la religión y su capacidad de conmoverse ante la miseria, el desarraigo y la violencia, realidades que pueden y deben ser removidas como condición para hacer posible el reino de este mundo.

Su vida pública, es decir, su incursión directa en la actividad de la lucha social y

política, transcurre velozmente. Entre 1963 y 1965 su actuar sigue una secuencia de eventos que muestran la maduración de sus convicciones en una perspectiva de compromiso revolucionario. Los trabajos aquí recopilados transparentan, más que una trayectoria simple, un proceso que encaja en la hipótesis de que Camilo perfiló un proyecto de vida sólido dirigido a la práctica política transformadora de la consciencia y del mundo, con una perspectiva de victoria o de sacrificio. Utopía, podrá decirse. Pero utopía estratégica, en las condiciones de Colombia a finales de los años 50 y comienzos de los 60.


¿En qué contexto se funden las líneas diversas que caracterizan la personalidad de Camilo?

En América Latina ocurren cambios. Una oleada de derrocamientos de dictaduras

militares traduce el creciente inconformismo sociopolítico y la crisis de los regímenes antidemocráticos. Colombia salía, entonces, de una dictadura militar, depuesta por lo alto, mediante maniobras que convocaron desde el empresariado capitalista al paro civil, y lo condicionaron con medidas de contención y apaciguamiento social para que el pueblo no tuviera protagonismo ninguno en ese proceso. El estudiantado cumplió un papel importante, sacrificado y combativo, pero no hizo parte de la fuerza dirigente, pese a su popularidad y la instrumentación que de él hizo la burguesía como ícono antidictadura. Un fuerte sentimiento contra el militarismo influye la consciencia social del momento. Se fortalece la tendencia a cobrar culpas exclusivamente a los militares, pese a que una parte sustantiva de la burguesía había sido instigadora, usufructuaria y soporte del poder militar.

Tal sentimiento reflejaba un rechazo al nuevo papel asumido por los altos mandos

del ejército, bajo la influencia de la doctrina Truman de la seguridad nacional (el llamado “Punto IV”), que había frustrado las expectativas de sectores del Partido liberal, ilusionados con el golpe de Estado de 1953 como una posible solución a la violencia creciente en regiones agrarias y a la represión antipopular de los sucesivos gobiernos conservadores de Mariano Ospina, Laureano Gómez y Rafael Urdaneta, desde 1946.

El 9 de abril de 1948, junto con el asesinato del líder popular y dirigente de la

oposición Jorge Eliécer Gaitán, es aplastada la explosión de ira popular que repudió aquella cruel provocación. En el “bogotazo”, miles de ciudadanos fueron asesinados por las armas del Estado. Una parte de la policía, simpatizante de Gaitán, se negó a masacrar a la población. La tarea fue encomendada por Ospina a los mandos del ejército. Durante semanas, meses y años, la oposición liberal, comunista y sindical fue sometida a durísima persecución. Numerosos intelectuales huyeron del país. El 13 de junio de 1953, un golpe


militar encabezado por el general Gustavo Rojas Pinilla, derroca el gobierno conservador de Laureano Gómez, calificado como “el monstruo”, por su extremado sectarismo y su política de “sangre y fuego”. La oligarquía liberal respaldó el golpe, pero las ilusiones duraron poco. Rojas ilegaliza el Partido Comunista, a instancias del embajador estadounidense, reasume la guerra anticampesina y masacra estudiantes en las calles de Bogotá. La burguesía conservadora y liberal se une en el Frente civil, preámbulo del Frente Nacional, que depone a Rojas y establece un régimen monopolizado por los dos partidos, durante los 16 años que siguen.

La juventud del medio siglo en búsqueda de un cambio

Tal es el país en el que transcurren la niñez, adolescencia y primera juventud de

Camilo. A mediados de los años 50, la oportunidad de estudiar en el exterior reúne a jóvenes colombianos, sinceramente motivados por la situación interna de su país. Camilo concluye el seminario y parte a Europa, con el apoyo de Crisanto Luque, primer cardenal colombiano.

Jaime Quijano, figura progresista y testigo participante de ese período, explica el

itinerario de Camilo Torres, estudiante en Lovaina, en la formación de grupos de jóvenes


investigadores que se proponen rastrear a fondo la realidad colombiana para poner su conocimiento al servicio del cambio social, por encima de las ideologías. Es, sin duda, un empeño en el que se manifiesta la sensibilidad de una reducida capa de intelectuales de esa generación, que tiene la oportunidad de mirar la tragedia de un país sumido en la violencia, atravesado, además, por las más calamitosas desigualdades, el analfabetismo, la miseria y una creciente población urbana, proveniente del desarraigo y la persecución en los campos. Esa unión de propósitos y ese deseo de actuar por la salvación de una sociedad presa en el atraso reclama un conocimiento fundado en la ciencia para superar la intolerancia de los enfrentamientos que se camuflan en las diferencias entre liberales y conservadores, en el más típico sabor decimonónico y, al mismo tiempo, poner a prueba un compromiso social con los oprimidos, que luego tomará un rumbo inspirado en el entonces naciente democratismo cristiano y su ulterior variante de izquierda, la teología de la liberación. De hecho, tal fracción de la élite burguesa, reúne laicos y jóvenes sacerdotes, todos ellos estudiantes entonces, y cuenta, además, con el apoyo benevolente de sectores influyentes del establecimiento, después del derrocamiento de la dictadura en 1957.7

Camilo vive con intensidad en Lovaina la influencia de maestros y condiscípulos

inmersos en los cambios que ocurren en el mundo y en el interior de la iglesia católica de la postguerra, en un ambiente marcado por la guerra fría. Su compañero de estudios Gustavo Pérez Ramírez describe esos influjos decisivos, inspirados con el viento aperturista del Concilio Vaticano II (1962 – 1965) y tamizados por las contradicciones y tendencias en la iglesia. Las corrientes existencialistas (Jean Paul Sartre, Albert Camus, Simone de Beauvoir, Maurice Merleau-Ponty), la gravitación del pensamiento de Teilhard de Chardin, S.J., sobre el ambiente católico y, especialmente, el libro “Los condenados de la tierra”, de Franz Fanon, fueron 1. Por pedido de monseñor Germán Guzmán el profesor Jaime Quijano hizo un testimonio escrito sobre un período de la actividad de Camilo, entre 1954 y 1960, que narra momentos de su permanencia en Lovaina y luego en Colombia, a donde promueve lo que más adelante devendrá en la denominada acción comunal. El equipo colombiano de Investigación socio-económica, ECISE, y el equipo colombiano pro-estudio y progreso, ECEP, son iniciativas características de la búsqueda de caminos para el estudio colectivo de los problemas nacionales que existieron efímeramente entonces. Quijano transcribe la conclusión de la reunión en París del primer equipo, en septiembre de 1956: “Se reiteró el deseo de que el movimiento siguiera centrado sobre la investigación y el estudio científico de la realidad nacional, como medio indispensable de cualquier actuación real y objetiva, y como base de unión entre elementos de ideología diferentes” (Boletín N° 2). Guzmán Campos, Germán, Camilo Torres, Siglo XXI editores, sexta edición, 1973, México.


elementos clave “en la ruptura intelectual vivida por Camilo con relación a su formación estrictamente religiosa”. Un hecho de extraordinaria incidencia es el triunfo de la revolución cubana, del que tuvo noticia durante su permanencia en los Estados Unidos.8

Con la Universidad Pública y el movimiento estudiantil

Camilo se orienta, desde su regreso al país, en 1959, al trabajo comunitario desde

grupos de estudio de espíritu desarrollista, pero de inclinación social reformista. Su papel como sociólogo lo convierte en consultor de proyectos que instaurarían en Colombia la denominada Acción comunal. Sin embargo, Camilo alimenta una idea del papel de la Universidad, de su compromiso con el conocimiento al servicio del pueblo, parte también del compromiso cristiano. 9 8 Pérez Ramírez, Gustavo, Camilo Torres Restrepo en el contexto de los años 50 – 60 del siglo XX, discurso de ingreso a la Sección académica de Historia y Geografía de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, abril 13 de 2004, pg. 11. 9 “Las tesis sostenidas a raíz de su participación en el conflicto que produjo la expulsión de 10 estudiantes y la postulación de Camilo como rector de la Universidad por parte de estos (1962, N. de J.C.), además del retiro forzoso, posterior a la misma (por exigencia de la jerarquía católica, N. de J.C.), tiene mucha similitud con los planteamientos de su padre (antiguo rector de la Universidad Nacional, N. de J.C.), años atrás, frente al problema educativo: necesidad de la formación de técnicos, selección de la planta de profesores, mayor presupuesto para la investigación, entre otros”. Villanueva Martínez, Orlando, Camilo, Pensamiento y proyecto político, Fondo de publicaciones, Universidad Francisco José de Caldas, Bogotá, 2007, pg. 92.


Como capellán de la Universidad Nacional empieza a perfilar su quehacer universitario.

En 1961 es vinculado como profesor asistente en la por entonces recién creada Facultad de Sociología. El movimiento estudiantil expresaba hondos resentimientos con el Frente Nacional, por su negativa a romper con la herencia antidemocrática de las dictaduras civiles y militar de los años 50. Persistía el estado de sitio permanente. Se reprimía a los movimientos campesinos y a los trabajadores. El estudiantado era consciente de haber sido cruelmente utilizado en la lucha antidictadura y, a la vez, se sentía defraudado en sus aspiraciones de restablecer una educación pública como proyecto prioritario del Estado. Se vivía un momento de creciente radicalización estudiantil.

Conocí a Camilo en los procesos en que se formó la Federación Universitaria Nacional,

FUN, en 1963. Ese año, en el congreso estudiantil de Medellín, un sector mayoritario se aglutinó en torno de la ponencia presentada por el estudiante de sociología de la Universidad Nacional Francisco Correa Gregory (q.e.p.d.). Allí se reivindicaba con datos estadísticos y argumentos sólidos la defensa de la Universidad pública frente a la política oficial que apuntalaba a las poderosas universidades privadas de corte confesional (en manos de la iglesia católica) y los proyectos en curso de universidades de élite. Ese propósito condujo a la creación, en octubre del 63, de la FUN.

Dos cosas nos acercaron: el entusiasmo en torno a la naciente organización estudiantil,

con la idea de fortalecer la Universidad pública, de una parte; por otra, la aproximación crítica de Camilo a los espacios de la lucha social, su posición consecuente frente a la agresión militar al campesinado en Marquetalia y el comienzo de sus diferencias con la jerarquía católica, en concreto con el cardenal Luís Concha Córdoba. A través de sus amigos próximos, María Arango y Álvaro Marroquín, del filósofo, profesor Juan Mora Rubio, integramos una tertulia que era, a la vez, uno de los grupos de apoyo a la organización estudiantil, en este caso el que reunía activistas de la juventud comunista. Me asombró su abierta disposición al intercambio franco, su carencia de prejuicios y su respeto por nuestras ideas, que incluía una sincera admiración por la lucha histórica de los comunistas, especialmente su arraigada tradición en el movimiento agrario. Pude observar, desde mis tareas en el comité ejecutivo de la FUN su acelerada evolución hacia la política, la creación del Frente Unido, la enorme


simpatía que despertó en sus giras por el país, sus escritos en el periódico, sus entrevistas. El efecto de la transformación en su indumentaria, la cesación de su función sacerdotal y el distanciamiento con la jerarquía fueron dándole forma a un dirigente distinto en el campo de la política de la izquierda, una conjunción nueva, por entonces, entre cristianismo e izquierda, un acercamiento a la izquierda y a las ideas revolucionarias desde un planteamiento fuerte y radical de los propios valores cristianos.

La Plataforma del Frente Unido

Camilo no es un explícito admirador de la Revolución cubana. Es sobre todo el

contenido de los temas que Cuba plantea como logros revolucionarios lo que Camilo traduce en su ideario. Tal es el hilo esencial que recorre la Plataforma del Frente Unido del Pueblo. No puede hablarse de “calco ni copia”, más bien se trata de soluciones análogas a problemas comunes en la realidad latinoamericana del momento.

Sus puntos son los de una propuesta de revolución democrática: las mayorías deben

acceder al poder articuladas en un aparato político con amplio apoyo de masas, constituido alrededor de principios de acción, no de caudillos, y debe actuar mediante una “planeación técnica”, por lo que Camilo entiende una orientación racional de las alternativas, construidas con una base científica.

Diez objetivos principales informan la Plataforma: la reforma agraria, la reforma

urbana, la planificación económica, la política tributaria, con base en el impuesto progresivo; la nacionalización de bancos, hospitales, transportes, radio y televisión, la explotación de los recursos naturales; educación gratuita y obligatoria hasta terminar la secundaria o la técnica; explotación del petróleo por el Estado y condiciones exigentes para la inversión extranjera en este campo; relaciones internacionales en equidad y mutuo provecho; seguridad social y salud pública gratuitas y para toda la población; política de familia para proteger la mujer y los hijos; defensa de la soberanía a cargo del pueblo, fuerzas armadas limitadas; igualdad de mujeres y hombres en todos los campos de actividad.


El discurso de Camilo guarda coherencia con la sencillez de la Plataforma. Si las

reivindicaciones más elementales no forman parte del horizonte de las clases dominantes, el cambio político es necesario e inevitable. Si las buenas razones no bastan, hay que recurrir a otros instrumentos de presión. En un país aún predominantemente campesino, con una densa tradición de rebeldía, la lucha armada puede crear las condiciones del cambio democrático. La antigua idea radical, duramente golpeada con la derrota de los revolucionarios avanzados en la guerra civil, llamada Guerra de los Mil Días, en 1902, revive en el nuevo contexto latinoamericano inaugurado por la Revolución cubana. Para el momento histórico, las cosas encajan adecuadamente. Los horrores del período de la Violencia colombiana aún están vigentes. Entre 1948 y 1958 el país vive distintos episodios de una guerra civil de envoltura inter partidista, liberal – conservadora, cada vez más como un enfrentamiento social del viejo y nuevo latifundismo, de fuertes vínculos con el poder, en alianza con los mandos de las fuerzas militares del Estado, y el campesinado en creciente despliegue de resistencia y rebeldía. El golpe militar de junio de 1953 fue un intento de salida de este conflicto por lo alto, sin producir cambios democráticos y, por el contrario, con el endurecimiento de los términos de la represión y la continuidad a la Violencia.7 La crisis de la dictadura y su derrocamiento, orquestado por la oligarquía, el alto mando militar y la embajada de los Estados Unidos, dio paso al Frente Nacional que introdujo, mediante plebiscito, una reforma antidemocrática que entregó el poder, durante 16 años, a los dos partidos hegemónicos, liberal y conservador, mediante las figuras de la alternación presidencial y la paridad en el parlamento y los cargos públicos. 8

7 Esta categoría ha adquirido, para la realidad histórico-política colombiana, una característica tan expresiva de una realidad conflictual que ha generado hasta una mirada especializada: la violentología. En realidad, detrás del vocablo subyacen diversas acepciones, desde la descripción cronológica de un período del medio siglo XX hasta el intento ideológico de englobar ángulos muy diversos de los conflictos sociales, intrafamiliares, la contrainsurgencia, el paramilitrismo, etc. (n. del A.) 8 Durante 16 años, entre 1958 y 1974, rigió el régimen de transición del Frente nacional. La alternación presidencial consistió en que los dos partidos, liberal y conservador, asumió, cada uno en su turno, la presidencia de la república. En complemento, la paridad hacia obligatoria, por mandato constitucional el reparto milimétrico de los cargos púbicos exclusivamente entre esos mismos partidos (n. del A.).


La acción en medio de la crisis

La crisis del Frente Nacional se va a manifestar tempranamente en todos los ángulos: continuidad del modelo económico, remedo de reforma agraria, estado de sitio permanente, consejos de guerra para civiles, represión a las huelgas de cementeros, petroleros, corteros de caña, maestros, ruptura de relaciones con Cuba, etc. Un momento especial de este recorrido es la agresión militar a la región campesina de Marquetalia, en el centro sur del país, en mayo de 1964. Diez y seis mil soldados adelantan el copamiento de lo que los dirigentes de los terratenientes calificaban de “repúblicas independientes” en desarrollo del llamado Plan Laso, orientado por el Comando sur de los Estados Unidos. 7 Camilo Torres y un conjunto de personalidades académicas e intelectuales intentan mediar para evitar la operación militar. La jerarquía eclesiástica desautoriza su presencia en la comisión voluntaria y, en definitiva, el gobierno de Guillermo León Valencia desencadena el nuevo embate que inaugura el fenómeno de guerra contrainsurgente actualmente vigente en Colombia. Sin duda, esta circunstancia contribuye a afianzar en Camilo la idea del cierre de las vías legales, aun cuando para entonces apenas empieza su actuación en la agitación política. 7 El denominado Plan Laso (latin america strategic operation), entre 1962 y 1964, es una de las más crueles operaciones de guerra preventiva ideada y puesta en práctica bajo la dirección del Comando sur y el entonces Ministerio de guerra, de Colombia.


El auge del Frente Unido

El año de 1965 es decisivo en la proyección política y agitacional de Camilo. Las

giras por el país devinieron en verdaderos acontecimientos populares de región a región. Gilberto Vieira anota una realidad paradójica del Frente Unido. Se convierte, rápidamente, en un movimiento de masas, crea una expectativa enorme a nivel nacional y provoca la adhesión de miles de personas. Los comunistas y representantes de otros sectores de la izquierda acompañan esas giras. Es precisamente en esos momentos cuando irrumpen en la izquierda las diferencias en el movimiento comunista internacional, fenómeno que, en sana lógica, Camilo no logra comprender, del cual advierte sus negativas implicaciones.7 Es quizá ésta una de las razones por las que insiste en la organización por aparte de los que denomina “no alineados” en el marco del Frente Unido. 7 “Camilo murió sin entender lo que estaba pasando con los chinos, los soviéticos … Eso no figuraba en su cabeza”, Vieira, Gilberto, Combinación de Todas las Formas de Lucha, Entrevista por Marta Harnecker, Ediciones Suramérica, Bogotá, 1988, pg. 30.


El crecimiento vertiginoso del Frente Unido, el lenguaje de los “mensajes” dirigidos a

todos los sectores de la sociedad, que reflejan una visión coherente vinculada a la necesidad de un gran cambio político democrático en el país; la idea de Camilo de mantener una amplia unidad de todas las fuerzas que le acompañan, en permanente relación política con todos los sectores de la izquierda, independientemente de las simpatías de estos con los polos del debate en el Movimiento Comunista internacional de entonces, contrastan con su decisión de partir a la lucha armada y concebir una prosecución de su proyecto desde esa forma de lucha.

Para comprender mejor este giro hay que tomar en cuenta un ángulo, característico para

la época, de las discusiones en la izquierda colombiana. El tema de las vías de la revolución era el telón de fondo de una preocupación más local y particularmente colombiana de diferenciación entre distintos sectores: la contraposición entre el aprovechamiento de las condiciones de legalidad, limitadas y condicionadas por el esquema ya descrito del Frente nacional, la alternación y la paridad, de un lado y la inevitabilidad de la lucha armada como vía revolucionaria, con un corolario inseparable, el abstencionismo electoral resultado de la descreencia en las instituciones y reglas de la democracia restringida, que se suponía debería acompañar un proceso insurreccional. En este contexto Camilo toma partido. No es una decisión discutida con todos sus aliados. De hecho, solo un círculo estrecho del ELN, en obligatoria compartimentación, conoce de la decisión.

Como lo explica dos décadas después Gilberto Vieira en su conocido reportaje con

Marta Harnecker:

“Tú me preguntas por qué Camilo se va para el ELN y no para el Partido Comunista. Ese

es un misterio. El tenía excelentes relaciones con los comunistas. Sin embargo, me han dicho que él va a la ciudad de Bucaramanga, capital de departamento de Santander, donde está actuando la guerrilla del ELN y que los guerrilleros se lo llevan a visitar uno de sus campamentos. Esto lo emociona enormemente y comienza a ligarse a ellos”. Prosigue Vieira: “El ELN sostiene que lo que determina su abandono de la vida pública y su integración a la guerrilla es la caída de un


correo de la Organización en poder de los militares con correspondencia muy comprometedora de Camilo. En vista de esto le recomiendan pasar a la clandestinidad e integrarse a la guerrilla. Así fue como, un buen día, estando el movimiento del Frente Unido en pleno auge ( … ) Camilo desaparece; se había ido a la guerrilla. Finalmente se dio a conocer un manifiesto firmado por él declarando que estaba en la guerrilla porque consideraba cerrados todos los caminos políticos en Colombia y afirmando que solo quedaba la vía armada, planteamiento que el Partido Comunista no aceptó.”

Pregunta Marta Harnecker “¿Por qué no aceptó el Partido Comunista Colombiano

el planteamiento de Camilo? ¿No consideraban cerrados los caminos políticos?” Responde Vieira: “Porque nosotros considerábamos que la vía armada existía por la realidad nacional, pero que la vía de la lucha política seguía abierta y que había qué transitarla. No polemizamos con la posición de Camilo, pero no estuvimos de acuerdo con él. El documento llamaba a la abstención electoral y aunque nosotros no teníamos derecho a presentar candidatos participábamos activamente en las campañas electorales y en las elecciones en alianza con el Movimiento Revolucionario Liberal”. 8

La actitud de Camilo refleja una ruptura con el orden recién constituido del Frente

nacional, solución burguesa en la transición post dictadura militar. Es el desenmascaramiento de la hipocresía acerca de la existencia de una democracia. Es una aceptación renovada de la antigua visión del cambio súbito, revolucionario, en este caso forjado desde abajo, desde los humildes, la salida popular a la prolongada crisis nacional que había sido frustrada por las maniobras del poder. Por eso, para Camilo, no hay espera posible. Actuar con el ejemplo, es parte de esa ruptura.

Carlos Lleras Restrepo, quien alcanzará la presidencia en 1966, ya muerto Camilo,

había estimulado las guerrillas liberales de los primeros años cincuenta frente a los gobiernos dictatoriales del Partido Conservador, sin untarse las manos. Desde la ciudad, los dirigentes 8 Op. Cit., pags. 30 a 32.


liberales habían pretendido gerenciar la resistencia popular, principalmente agraria, sin un compromiso personal que ahora Camilo destacaba como primordial.

El objetivo de Camilo es interponerse con una táctica de abstención electoral

y de lucha armada guerrillera al proyecto de consolidación del Frente nacional. Su desaparición temprana corta demasiado pronto esa posibilidad. Cuarenta y tres años después el cuadro estructural de las contradicciones se ahondó mucho más en lugar de resolverse. La guerra civil colombiana a fuego lento no ha alcanzado aún una solución política, pero tampoco pudo instalarse hasta ahora la solución militar en la denominada “seguridad democrática”. Lo actual del pensamiento de Camilo es que está por hacerse. Los documentos que se recogen en esta publicación son una muestra ilustrativa de su evolución y cristalización creadora.

Jaime Caycedo Turriago Bogotá, mayo del 2009


Bibliografía

Fals Borda, Orlando, 2008 La subversión en Colombia, el cambio social en la historia, Fica – Cepa, cuarta edición actualizada, Bogotá. LaRosa, Michael J., 2000 De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporánea, Editorial Planeta Colombiana S. A., Bogotá. Medina Gallego, Carlos, 2001 ELN, una historia de los orígenes, la historia de los primeros tiempos (1958 – 1978), primer volumen, Rodríguez Quito editores, Bogotá. Pérez Ramírez, Gustavo, 2004 Camilo Torres en el contexto de los años 50 – 60 del siglo XX, Discurso de ingreso a la sección académica de historia y geografía de la Casa de la Cultura ecuatoriana, Quito, abril 13. Torres, Camilo 1972 Cristianismo y revolución, prólogo, selección y notas de Oscar Maldonado, Guitemie Olivéri y Germán Zabala, Ediciones Era, segunda edición, México. Umaña Luna, Eduardo, 2003 Camilo y el nuevo humanismo, Paz con justicia social, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Derecho y Ciencias Políticas y Sociales, Unibiblos, segunda edición, Bogotá. Vieira, Gilberto, 1988 Combinación de Todas las Formas de Lucha, Entrevista por Marta Harnecker, Ediciones Suramérica, Bogotá. Villanueva Martínez, Orlando, 2007 Camilo : pensamiento y proyecto político, Fondo de Publicaciones, Universidad Francisco José de Caldas, Bogotá.

Camilo Torres - Breve estudio introductorio  

Estudio introductorio a la figura de Camilo Torres Restrepo, el cura guerrillero colombiano. Hecho por Jaime Caycedo en el 2009.