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Encuentros y desencuentros entre Neoclásico y Romanticismo: Exploración de la dicotomía Amor- Dios en las obras del Romanticismo Macías de Larra y El Trovador de García Gutiérrez a través de sus personajes primarios en comparativa meta-literaria con la Poesía Neoclásica de Juan Meléndez Valdés Batilo ____________________________________ Artículo publicado en el número 40 de la Revista digital Literaria Remolinos © 2009 ISSN 1997-3489

Por José M. Pérez Sánchez (JM.Persánch)

Como queda establecido en el encabezado del presente escrito, exploraré los textos Macías de Larra y El Trovador de García Gutiérrez en comparativa con la poesía de Meléndez Valdés para contrastar sus discursos de amor partiendo de un marco teórico general de ambos periodos histórico-literarios y, así, señalar sus encuentros y desencuentros o, en otras palabras, similitudes y discrepancias respecto a la temática propuesta. A un lado de la balanza situamos los supuestos neoclásicos de Juan Meléndez Valdés, que se inició en un estilo rococó y llegaría a representar la máxima expresión del mismo con varias de sus siempre personalísimas anacreónticas. Batilo reviste el rococó con una estructura sencilla, un ornamento complejo, un contenido ambiguo, unas formas despreocupadas y galantes; canta a la alegría de vivir, a los amores gozosos, los placenteros 1


banquetes, los bailes y las danzas en ambiente pastoril, que rememora la tradición antigua, con la lectura atenta de los autores clásicos -sobre todo de Horacio- y de nuestra lírica renacentista -en especial Garcilaso, Herrera, Rioja y Fray Luís de León-. No obstante, la creación poética de Meléndez maduró con rapidez hacia el neoclasicismo, que busca la moderación y la armonía expresiva. Además, Batilo se materializa en como hilo conductor hacia el nuevo movimiento romántico, ya que fue considerado un autor prerromántico por muchos hacia el final de su obra, donde después de observar los dolorosos versos de Meléndez, se hace palpable que su supuesto prerromanticismo hace hincapié en su sentimentalismo. Uno de ellos es José María de Cossío quien cataloga a Meléndez Valdés como precursor del Romanticismo por sus temas y por su actitud efusivo-sentimental.1 Segura Covarsí insiste también en el sentimentalismo y añade algunos aspectos formales: formas enfáticas, epítetos, uso del romance, así como los temas nocturnos.2 Al incluir a Meléndez en el prerromanticismo, casi todos los críticos coinciden en ver en él un poeta sentimental. Al otro extremo de la balanza situamos el movimiento romántico, para ello tomo como fuente de mi estudio y como referencia -para configurar el marco del amor romántico -a Javier Herrero y sus palabras al respecto: A pesar de que el amor comienza como un deseo por poseer la belleza del cuerpo, la satisfacción de tal deseo constriñe el espíritu del amante, provocando el incremento del cuerpo sobre el alma, donde se busca por un nuevo modelo de belleza, sabiduría y virtud por medio de sus propias ideas, el amante, encuentra lo divino en el alma humana y se desplaza entre ellas. 3 Por consiguiente, entenderé por Amor romántico la sublimación del alma humana como resultado de las emociones nacidas o evocadas a raíz de deseos y sensaciones físicas y, además, en consecuencia, el aprecio espiritual entre los 1

de Cossío, José M.ª . En torno a la poesía de Meléndez Valdés, Boletín de la Biblioteca Menéndez y Pelayo, 1923, VII, pp. 65-75 2 Peers, E. Allison. Historia del movimiento romántico español, Madrid, Gredos, 1954, pp. 55-61. Alfonso Armas Ayala también se deja llevar por un excesivo extremismo cuando quiere colocar el inicio del período romántico «algo más allá de 1750». («Algunas notas sobre el prerromanticismo español», El Museo canario, 1960, XXI, n.º 73-74, pp. 79-92). Véase también Melchor Fernández Almagro, «Meléndez Valdés clásico y romántico», Clavileño, 1954, n.º 27, pp. 1-7; A. Juretschke, «El Neoclasicismo y Romanticismo en España: su visión del mundo estética y poética», Arbor, 1969, LXXIV, pp. 5-20. 3 Herrero, Javier. Romantic Theology: Love, Death and beyond en Resonancias románticas: Evocaciones del romanticismo hispánico en el sesquicentario de la muerte de Mariano José Larra. P-1 2

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amantes. Asimismo, es importante recordar como otro factor esencial que, de acuerdo a José Escobar Arronis, en todos los casos, el conflicto dramático se configura como una lucha revolucionaria entre la burguesía y la nobleza desde una perspectiva ideológica propia del siglo XIX .4 Al mismo tiempo, la génesis del romanticismo español, de acuerdo a García Salvador, hunde sus raíces en los fundamentos cristianos, incluso restringiendo y limitando su posterior desarrollo en tiempos conflictivos sobre la naturaleza del amor romántico y las doctrinas cristianas .5 Por tanto, en lugar de la relación anterior, sería absolutamente necesario adoptar una teología de la fe cristiana que responde a la estructura mental de: juicio, sufrimiento y recompensa o castigo. No obstante, el romanticismo pretende suplantar dicha concepción de fe por los ideales previamente mencionados a través del amor. La importancia de éste paralelismo quedará plasmada de forma evidente en el estudio progresivo de las obras seleccionadas por las cuales se discernirá un lazo intrínseco entre ambos.

Mariano José de Larra en su drama el Macías despliega el tema amoroso y lo elabora de forma entrelazada para alcanzar una mayor profundidad, y enfatiza la divergencia de su interpretación sobre el asunto, que resulta en la evolución de un amor eminentemente romántico-teológico. Macías es descrito por Larra como un hombre que ama y nada más 6. Conservando esta definición en mente, abordaremos el enfoque del amor manifestado por el personaje primario de la obra. De la misma forma que Rugiero 4

Escobar Arronis, José. Anti-romanticismo en García Gutiérrez. extraído del Campus Virtual de la UCA en la asignatura Literatura Espanola s.xviii-xix (II), Cantos Casenave, M. 2007 5 García, Salvador citado en Spanish Romantic Theory and Criticism de Derek Flitter. University Press, Cambrigde. 1992. P-114 6 Larra, Mariano José, Macías, Edición con notas e introducción de Luís Lorenzo-Rivero y George P. Manssur. P-7 3

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era ciego, por su amor por Laura, en Macías percibimos una mayor pérdida de vista, -asociada a la razón, cuya asociación metafórica no es causal ya que dicho valor era esencial en la concepción literaria del periodo neoclásico y que el romanticismo supuso una ruptura con la corriente anterior y un rechazo a sus convicciones. Por ello mismo, el protagonista da muestras de su irrefrenable egoísmo amoroso que eclipsa cualquier otro aspecto, como de ello muestra la próxima cita extraída del mismo: Si en la tierra, asilo no encontramos, juntos ambos moriremos de amor

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De ello se extrae una conclusión: si no puede conseguir su

amor, nuestro hombre prefiere morir: lo cual muestra una obstinada meta en la que el amor establece los patrones de su vida, y sin ello no encuentra un motivo para seguir viviendo. Metafóricamente se podría utilizar la ceguera como símbolo de la muerte de la razón provocada por unos deseos que apaciguan el espíritu a través de los deseos mundanos. En cambio, contrastándolo con lo anterior, Meléndez Valdés aboga por cultivar la virtud, que conducirá a encontrar la verdad y así llegar a Dios, por el camino de la razón y no por el amor mundano. Esto se revela como influencia de Pope que manifiesta un deseo de profundización en el corazón del hombre, en su propia identidad y la ascensión hacia Dios. Como resultado de dicha influencia - entre otras- la búsqueda de la virtud acaba dando a la poesía de Meléndez un sentido religioso y transcendental.

Por otra parte, retomando Larra, Macías se enfrenta al juicio de valor de una jerarquía social que, al existir, deniega su unión conyugal con Elvira como resultado directo de su pertenencia a un bajo estrato social; -en un contexto histórico en el cual los matrimonios son el resultado de pactos familiares, relegando el amor a un plano inferior- Sin embargo, esto no afecta un ápice la resolución que adopta 7

Ibid. (1258) 4

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Macías de casarse con la mujer a la que ama, en la creencia de que su amor es suficiente para obtener la mano de su amada, Elvira. Así, Larra expresa a través del amor de Macías un deseo de romper con los códigos sociales y convenciones de la época. Aquí está Elvira señor, y aquí, como caballero mi juramento primero me llamaba y el amor. no el hombre

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En consecuencia, es el amor quien gobierna la vida de Macías,

tanto es así que no atiende a consideraciones y razonamientos de

nadie que no sienta igual que él: Dígalo vuestra esposa, que a una ciega ambición inmoláis, ¿Cómo apiadaros del grito del amor? Vos ni sois capaz de amar

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El amor

romántico en Macías es de carácter absolutamente subjetivo y rechaza la imposición artificial de las estructuras vigentes y códigos de comportamiento o convenciones sociales de su momento histórico.

En contraste con un tozudo Macías, se erige la figura del personaje de Elvira de carácter y construcción más equilibrada y, aún así, en absoluto menos apasionada y también amante del amor. En éste papel de la mujer presenciamos una evolución con respecto al personaje de Laura, que ahora llega a manifestarse de forma virulenta en su amor: ved este llanto amargo y doloroso, ved si os amé, y si aún amo más que mi propia vida; con violencia

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Habla de una forma

sorprendente, en absoluto esperada dentro de los márgenes establecidos dentro de los confines de una mujer, y contrasta sobremanera con Brígida que articula un discurso mucho más conservador y tradicional. Por otro lado, es bien cierto que Elvira manifiesta su deseo por proceder con el mismo individualismo subjetivo que queda reflejado en Macías, sin embargo, ella se muestra algo más considerada y responsable, siendo éstas dos características normalmente asociadas a la 8

Ibid. (990) Ibid. (1386) 10 Ibid. (1830) 9

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moralidad del género femenino, de forma que, ahora, queda anclada dentro de los arquetipos de género, así pues, limitada por su propio código de honor. Un triste ejemplo de ello lo encontramos en el momento que ella intenta salvar la vida de Macías, en el que él Macías- malinterpreta su acto como un consentimiento o mera aprobación a sus planes y de huir de sus obligaciones morales respecto a su ya esposo Fernán: ¿Vida y compasión solo arriesga una mujer?11 Esto es una muestra de que Elvira es una mujer que piensa con su corazón y también con su cabeza, estableciendo un crudo contraste con su altanero o desdeñoso Macías. A este respecto, cabe resaltar que Batilo por su parte subvierte esa dicotomía simbólica y la resuelve afirmando que es mejor pensar con el corazón y sentir con la cabeza .

El amor de Elvira es de innegable sufrimiento y queda avocada a pasar por un auténtico tormento psicológico. Nunca se le permite decidir su propio futuro en ningún aspecto relevante que le brinde la oportunidad de buscar una felicidad personal, debido a que cuando no está gobernada por códigos sociales y familiares, queda igualmente confinada por su amor hacia Macías: Mira mi corazón, débil juguete de una pasión Tirana, inextinguible.

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Como consecuencia de este amor,

Larra es capaz de valerse de forma prodigiosa de todos los valores de una heroína romántica, incluso cuando Elvira es forzada a casarse con Fernán, se siente obligada a tolerarlo debido a que sus creencias religiosas le usurpan su deseo de dar respuesta al amor que siente: Eso fuera hacer ofensa a mi esposo, estoy casada.

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Aún siendo así, ella no permitirá que su amor trasgreda los códigos que

la constriñen, a pesar de expresar un profundo deseo melancólico. Más aún, Macías, en su uso de la arrogancia, incluso podría acusar a Elvira de ser pérfida con 11

Ibid. (1830) Ibid. (1455) 13 Ibid. (11170) 12

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respecto a su amor. Él se muestra santurrón en la creencia de su superioridad moral y en su obstinación de reivindicar a Elvira como propia, un rasgo compartido por muchos de los personajes masculinos románticos, que se muestran incapaces de ver las diferentes aflicciones morales y sociales ejercidas sobre los amantes. Quizá, un buen ejemplo de ello lo encontramos cuando Macías llega demasiado tarde, aún cree que él y Elvira pueden estar juntos a pesar de haber contraído matrimonio ella; Elvira queda impresionada por su audacia para situar su deseo personal por encima de la palabra de Dios para lograr el amor: Los amantes están solos, las esposas su lazo de amor ¿Cual hay más santo? Su templo el universo.

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Destaca la peculiaridad de esta pieza Macías-, que contrasta tanto con la de su predecesor como con sus sucesores: la patente creencia en la religión y en la vida después de la muerte, especialmente por parte de Macías. Por su parte, Elvira es quien busca refugio en Dios, rogándole su apoyo y fuerza, demuestra un sentimiento dolido en su rechazo a deshacer su matrimonio, indicando que ambos ella y la audiencia- podían ser conscientes de la condena de su alma a los infernos por sus actos cuando se suicida, al sentir que no le queda ninguna otra opción: Yo encontré un asilo impenetrable en donde salvo del traidor me ponga

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Así, el Dios

de Elvira se presenta al lector como un Ente que le deniega despiadado al negarle su consuelo celestial.

idea que será llevada aún más lejos en El Trovador de

García Gutiérrez.

En Macías, el amor romántico es aún un amor condenado al fracaso en ambos mundos, éste y el que viene después de la muerte. La relación entre éste amor y la muerte es aparente, y toma como vehículo su relación con Dios. Es por 14 15

Ibid. (1250) Ibid. (1868) 7

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ello que parece ser inexistente una resolución a los juicios humanos y sufrimientos de los amantes. Mientras, a pesar de todo, Macías se contenta con morir habiendo amado y haber sido amado. ¿Quién más dichoso que aquel que vive y muere amado?

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A nosotros, como lectores

o audiencia- nos queda una sensación y un

deseo por dar con una conclusión que satisfaga completamente nuestras emociones y expectaciones sobre el amor romántico retratado, cosa que, obviamente, no sucede; dejándonos con una sensación de abatimiento y desconsuelo que nos lleva hacia una reflexión en busca de algún atisbo de esperanza.

En el caso de El Trovador de García Gutiérrez se va más allá, pues las fronteras de la teología religiosa y romántica vienen a fusionarse en cierta medida con un movimiento audaz que reemplaza a Dios por los ideales del amor romántico, en el que el artista romántico emerge como nueva deidad, de los que ambos amantes son devotos por completo. Las equivalencias trazadas entre la religión cristiana y el amor romántico son aparentes a lo largo de la obra. Así, el talento artístico de Manrique se convierte en un rasgo perteneciente a este innovador sistema. Esta religión de amor se revela en la herbicida de los protagonistas para captar la atención de Leonor por sus habilidades musicales, lo que ella describe en términos místicos como revelación: Era tu voz, tu laúd era el canto seductor de un amante trovador lleno de inquietud. Turbada perdí mi calma, se estremeció el corazón, y una celeste ilusión me abraso de amor el alma

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Ella habla en términos

Ibid. (1263) García Gutiérrez, Antonio. El Trovador, Edición de Carlos Ruíz Silva. Cátedra, Madrid. 1997. (135) 8

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similares a san Juan de la Cruz en un diálogo religioso espiritual, una vez más, la forma más cercana de la expresión de los sentimientos del alma removidos e inspirados por un amor romántico.

Antes de que Leonor tenga su momento epifánico del amor romántico, en un escenario propicio de significancia religiosa: una celda de monja, desprovisto de todo adorno, donde nos encontramos con una Leonor perturbada, desgarrada por sus recientes votos de matrimonio y su deseo de consumar su amor por su amor Manrique. Sus palabras una vez más replican aquellas de los místicos, por ejemplo: el uso de la palabra extasiaba en el siguiente extracto, que a su vez demuestra como Manrique y su arte están de forma constante en su mente, y no la imagen religiosa de Cristo que se encuentra justo frente a ella: Cuando en el ara fatal eternal fe te juraba, mi mente ¡ay Dios! Se exagiaba en la imagen de un mortal. Imagen que vive en mí, hermosa, pura y constante separable de aqua

No, tu poder es bastante a

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Más aún, las direcciones de escena recrean también una imagen de transposición mística: en el fondo a la izquierda habrá un reclinatorio

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imágenes

de epifanía religiosa aparecen inmediatamente la mente de la audiencia y lector de forma análoga. El arte y amor de Manrique, y el nivel tan profundo que evocan, ejercen un mayor poder sobre Leonor que Dios. El amor romántico ha abrumado a nuestra heroína sin dejarle una salida y resulta subyugada. El hecho de que Leonor es ciertamente esclava de sus pasiones no viene a significar, en forma alguna, que es más fácil para ella romper los votos hechos a la institución del matrimonio -en consecuencia religiosos- y, en última instancia, con Dios. Presenciamos una

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Ibid. (III:IV 21) Ibid. p-150 9

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turbulenta lucha interior en la psique de nuestra heroína entre la razón y las emociones, lo divino y lo mundano, tema de larga tradición lamentativa herencia del petrarquismo curiosamente una de las influencias poéticas de Meléndez ValdésElla es bien consciente de las implicaciones morales de sus acciones y sus deseos, un adulterio ciego: ya que a pesar de sus luchas internas, Leonor elige fugarse con su amante Manrique, siguiendo los dictados de su amor. Un amor sublime en este mundo que derrota el deseo del amor eterno posterior a la muerte. No sólo como acto profano explícito, sino que va incluso más allá al cometer suicidio, ya que, con ello, rompe también con la ideología cristiana. No importa si es en el intento de salvar a Manrique en un acto desinteresado de amor, pues es plenamente consciente de que al hacerlo rechaza toda posibilidad de reconciliación con Dios. Por tanto, el Dios de Leonor no es, al menos, benevolente, ella reconoce esto, de ahí que Leonor muera, y sea Manrique quien llore su muerte y guarde su luto. En un momento conmovedor, Manrique canta a las virtudes de su amada muerta. Coloca una corona de flores que dibuja un paralelismo con la corona de la vida en el libro de las revelaciones, no temas ninguna de estas cosas por las que sufrieres, contemplado y el Diablo arrojará parte de ti a una prisión será el intento y tribulación en diez días; se creyente hasta la muerte, y yo te otorgaré una corona de vida

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Es

lógico por tanto que sea Manrique quien alabe sus virtudes en muerte, debido a que, a los ojos de Dios, ella ha pecado como para tener el favor y acceso al paraíso, el cual ella decidió abandonar desde el momento que decide quedarse con otro tipo de paraíso: el mundano, materializado por el amor de Manrique. Aunque, tal y como nosotros lo presenciamos, dada la naturaleza sublime y espiritual de este amor, éste es incompatible e inapropiado con la existencia humana. 20

Flitter, Derek; F. Diaz, Luís; Zaragoza, Georges. Capítulo II de The book of revelations, citado en Don Alvaro et la Drame romantique espagnol de Derek Flitter. P-7 10

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El trovador ha sido convertido en deidad, y mientras Leonor es incapaz de mantener juramento a Dios, en cambio puede actuar fiel a la promesa que contrae con Manrique. En otras palabras, ha prestado juramento a ambos y es Manrique quien sale vencedor una vez se demuestra la incompatibilidad para cumplir ambos votos; así pues, lo el voto mundano se presenta superior al divino. ¿No me juraste amarme eternamente por el Dios que gobierna el firmamento? Ven a cumplirme, ven a tu juramento.

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Habiéndose convertido un icono de amor romántico en su mente

mi corazón te idolatraba

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Manrique es feliz al alcanzar el role de Dios y se auto-

concederá el amor verdadero. En su mente no hay nada más grande que el amor que comparten y, al igual que Macías era un hombre que ama y nada más

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, el

amor del trovador se presenta igual de potente, pues Leonor también viene a representar enteramente el sentido de su existencia:

Ella es mi amor, mis

esperanzas, tú para mi eres todo ángel hermosa .24 Ambos amantes son fieles a su interpretación romántica del amor, de su relación con Dios, y la fe cristiana. Llegados a este punto, religión y amor romántico se influyen el uno al otro, como ejemplo evidente de esto: aunque en términos de amor romántico la mujer haya sufrido igual o más que el hombre y haya sido puesta a prueba de forma extrema, se le niega ascender a un estado espiritual, como recompensa, debido a que, aún, se presenta conflictiva la doctrina cristiana respecto al género al que se adscribe ella. El pensamiento romántico en España permanece en la línea tradicional, en concordancia con lo que escritores españoles siempre han querido que sea lo que el romanticismo represente: una literatura espiritual que fue el producto 21

García Gutierrez, Antonio. El Trovador. Edición de Carlos Ruíz Silva. Cátedra, Madrid, 1997. (III:II 172) Ibid. (138) 23 Larra, Mariano José, Macías, Edición con notas e introducción de Luís Lorenzo-Rivero y George P. Manssur. P-7 24 García Gutierrez, Antonio. El Trovador. Edición de Carlos Ruíz Silva. Cátedra, Madrid, 1997 (162) 22

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de creencias cristianas y que fue justo lo opuesto a lo racional y lo material .25

Al ser fruto de las creencias cristianas, rinde un premio imposible a los amantes, especialmente si son incapaces de superar las pruebas y el sufrimiento al que serán expuestos mediante la fe y en la creencia que al final su amor los unirá en la otra vida. En el texto, sin embargo, los deseos mundanos de unión de nuestros protagonistas se demuestran más fuertes, sin hacer reflexión sobre el precio último a pagar ante Dios, por lo que el amor romántico queda encapsulado dentro la doctrina cristiana, sin minusvalorar su matiz revolucionario pues, desde este prisma, se revela contra ella. Para Juan Meléndez Valdés la religión y Dios

también junto al amor- se

llegan a convertir en la razón de su existencia, con Dios establece una relación muy personal, como queda reflejado en su Oda VIII

de las sagradas- Al ser

incomprensible de Dios: Santo Jehová, cuya esencia adoro, mas no entiendo cuando su influjo y celestial presencia dichoso estoy sintiendo. Mientras más te contemplo y con más ansia te sigo, más te alejas, y tu bondad inmensa y mi ignorancia tan sólo ver me dejas. 26 Meléndez acaba por hacer positivo el sufrimiento a través de la verdad y la virtud. En la expresión de todos estos pensamientos hay dos fuentes principales a las que acude Batilo: Fray Luis, en su motivación; y a Pope en muchas de las ideas que expresa. El poeta inglés gozó de las preferencias del magistrado; en una carta de 1778 dirigida a Jovellanos, leemos: 25

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Flitter, Derek. Spanish Romantic Theory and Criticism. University press. Cambridge. 1992. P-129

http://www.poesia-inter.net/

-- Sección Juan Meléndez Valdés "Batilo" (1754-1817) -12

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Pope en este verano me ha llenado de deseos de imitarle, y me ha puesto casi a punto de quemar todas mis poesías; he visto en él lo que tantas veces Vuestra Señoría me he predicado sobre el estilo amoroso; más valen cuatro versos suyos del Ensayo sobre el hombre, más enseñan y más alabanzas merecen que todas mis composiciones 27 En ella encontramos respuesta a la que Jovellanos envió a la Academia poética de Salamanca en 1776: epístola I

Carta de Jovino a sus amigos

salmantinos , en la que les invitaba a olvidar los temas amorosos para que la poesía se convirtiera en vehículo del ideario ilustrado. Muy receptivo, ésta será la fecha en la que Meléndez Valdés inicie una poesía de estilo neoclásico, enriquecida con reflexiones morales. En la misma línea de pensamiento de Jovellanos, Batilo afirma: la poesía debe ponerse al servicio de esta «reforma radical», que traiga «la ilustración y cultura». Es preciso dar a los que necesitan mayor formación (pueblo e infancia) unas «composiciones que no respiren sino noble honradez y sensibilidad oficiosa, que inspiren dulcemente las virtudes sociales y domésticas, y formen sin sentirlo los ánimos a la rectitud, al heroísmo y al amor de la patria y a nuestros semejantes. La literatura se convierte en regla de la sociedad; que es preciso transformar. En cierta manera se compromete con un sistema, el ilustrado, que pretende producir con sus presupuestos una nueva manera de entender la vida, y la poesía se hace de este modo social, humana y política. 28 No obstante, la trayectoria de Meléndez demuestra ser pendular pues se inicia con una poesía amorosa y concluye inclinándose hacia una tendencia prerromántica, marcado por acontecimientos desgraciados de su vida que le hacen escribir con pasión a un amor articulado de diferentes formas. Las composiciones de la primera etapa pintan en las anacreónticas a una mujer dominada por las pasiones amorosas, frívola o del tópico del amor cortés en las que escribe bajo el estilo neoclásico. Poco a poco la fémina va adoptando una nueva identidad. Ya en las explicaciones anteriores hemos visto cómo la dama era objeto de crítica por sus usos sociales: la aristócrata era víctima de numerosos vicios en el ámbito cortesano (lujo, frivolidad, lujuria, ociosidad) mientras que la campesina adoptaba rasgos positivos. En el romance XXII la hermosa del alma jamás se acaba, y es la mejor belleza (1814) el poeta rechaza que el físico sea el único atractivo para el hombre, 27

Palacios Fernández, Emilio Juan Meléndez Valdés, Poeta social (UCM)

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Palacios Fernández, Emilio. Evolución de la poesía en el siglo XVIII, en Historia de la literatura española e hispanoamericana, coordinada por E. Palacios, Madrid Ediciones Orgaz, 1981 13

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quien por contra aprecia en ella la amable inocencia , el pensar divino , la amistad, las sencillez, la modestia, y concluye que, en su madurez, aunque sus sienes estén canosas, su alma jamás envejece . En el romance la ternura maternal (1814) el poeta describe una emotiva estampa de la madre jugando con su hijo, de amor inocente ( no el grosero que se bebe/del vicio en la amarga copa ) Le aconseja que le alimente con sus pechos, frente al comportamiento de los nobles que alquilaban amas 29 Conjuntamente, desde mi punto de vista, dos parecen ser los ejes que mueven al Poeta en relación al amor, paradójicamente siempre provocadas por el dolor: ejemplo de ello son las elegías como la dedicada a la muerte de Filis -tal vez un amor desconocido del poeta- o las que poetizan el fallecimiento de su hermano Esteban. Alguna de sus Elegías morales describen la situación de tristeza de su vida. En la II, «El melancólico a Jovino», Meléndez emplea la mejor imaginería lúgubre: «Tú me juzgas feliz... ¡Oh si pudieras / ver de mi pecho la profunda llaga, / que va sangre vertiendo noche y día30!» Ni el recuerdo de la amistad de Jovino sirve de consuelo. Se ha anidado la angustia en su corazón, hasta convertirse en merecedor de piedad: Sí, amigo, sí; mi espíritu, insensible del vivaz pozo a la impresión suave, todo lo anubla en su tristeza oscura, materia en todo a más dolor hallando, y a este fastidio universal que encuentra en todo el corazón perenne causa. 31 Otras elegías de estas fechas recuerdan temas amorosos con espíritu nostálgico. En ellas, el amor ya no tiene un sentido dichoso y de regodeo, como en versos anteriores, sino el tormento del amor irrealizable o de la partida. Nada tienen que ver éstas con las Elegías morales de la edición póstuma de sus obras, mucho más austeras y reflexivas con multiplicidad de rasgos autobiográficos. El segundo hecho capital que transfiere a su vida sones entristecidos tiene lugar en marzo de 29

Palacios Fernández, Emilio. Juan Meléndez Valdés, Poeta social (UCM) http://www.poesia-inter.net/ - Sección Juan Meléndez Valdés "Batilo" (1754-1817) 31 Ibid. 30

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1786 con el fallecimiento de Cadalso, el maestro que le introdujo en la poesía y en el pensamiento. Lamentos amargos por el sufrimiento ante la pérdida del amigo, así, la oda XXIII -de las filosóficas y sagradas- acopia sus impresiones y emociones ante esta desgracia y retoma el uso de una escenografía fúnebre: ¡Silencio augusto, bosques pavorosos, profundos valles, soledad sombría, altas desnudas voces, que solo precipicios horrorosos mostráis a mi azorada fantasía! 32 Ciertamente, tras su boda, el sentido de la poesía amorosa vuelve a mudar de aires, ya en declive desde la Didáctica de Jovellanos. El poeta se deja de lado a Filis, casada con Licidas, de la rotunda Rosana y de la pasajera Fany. Ahora, los devaneos siguen los poemas a Clori, si bien es cierto que no es fácil confirmar cuáles son, pues en varias ocasiones unos versos concebidos para una sujeto hallaron otro receptor con únicamente retocar el nombre de uno por otro. Más aún, entusiasta con este enamoramiento, la elegía IV «El retrato»: «Clori, amor, vida, esposa...» Festivo observando el sueño de Clori, mientras el céfiro bullicioso juega con su cabello (silva V, «Al céfiro, durmiendo Cloris»). Destaca de manera especial el romance XXII, «La hermosura del alma jamás se acaba, y es la mejor belleza», en el que el poeta nos hace un bosquejo preciso de las virtudes físicas y morales de Clori: Ojos alegres, mejillas de grana y nieve, nariz agraciada, blanca frente, dulce boca, senos de jazmines; una clara alusión al amor y al deseo, que por encima de todo esto encarna otros dones como inocencia, dulzura, ternura, sensibilidad, humanidad, sencillez, modestia... «Que los encantos del cuerpo / son vanos frágiles bienes, / flor de un día, que a la tarde / su pompa y matices pierde».Y esto es, sobre todo, lo que Meléndez admira de su esposa, porque «el alma, Clori, jamás

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Ibid. 15

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envejece».

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El segundo eje amoroso de Meléndez Valdés es España, la amada patria, especialmente una vez que se ve forzado a exiliarse en Francia. Su vida en el exilio está llena del recuerdo nostálgico de su patria, apenas la lectura y sus versos pueden distraerle de su desgracia. Solo le mantiene aferrado a la vida la esperanza del retorno, su vista se dirige constante a la patria, y recorre su extensa geografía: «Tú eres todo a mis deseos: / tú, si enconos me persiguen, / tú, si envidias me oscurecen, / todas mis penas redimes»33 Ama España y la concibe como un bien superior que está por encima del odio y la calumnia, y que vendrán días en que el desdichado desterrado será recuperado: Vendrá un día, en que imparciales la razón y la justicia me honrarán, cual hoy me infaman la impostura y la perfidia; en que los gritos falaces con que hoy el vulgo alucina, la verdad los enmudezca la religión los proscriba [...]34 Un amor desgarrado y rencoroso que muestra su recelo y amargura por la incomprensión de sus propios compatriotas hacia las motivaciones que llevaron a Meléndez a convertirse en afrancesado y jurar lealtad al rey invasor José I. En pro de un bien superior anteriormente citado, Meléndez Valdés parece sacrificar sus propios ideales de nación en pro del bien de España, con la plena convicción que las ideas ilustradas vendrán por un camino más fácil de manos de los afrancesados. Aún así, muestra su reticencia a abandonar su identidad española -incluso cuando se reconoce afrancesado- como ejemplo de ello se postula en contra de las injerencias francófonas en la lengua castellana. 33 34

Ibid. Ibid. 16


Otro ejemplo de este amor herido o despechado por la patria lo encontramos en la oda XXVIII «Afectos y deseos de un español al volver a su patria»: Todos en uno unidos todos en santa paz, todos hermanos, lejos ya los partidos, lejos los hombres vanos, que enconos atizaron tan insanos. Así, españoles todos, lo fuimos siempre en el amor, lo fuimos bien que en diversos modos, allí do a España vimos allí a salvarla crédulos corrimos. 35 El dolor y el llanto fueron unas constantes en la vida de Meléndez y con ellas alcanzamos la apoteosis de su crecimiento y su expresión amorosa. Como hemos visto, las desgracias personales propiciaron una profundización en el sentimiento que brotó constante por múltiples heridas. Por eso no debe extrañarnos que con frecuencia eche mano de una imaginería luctuosa, influencia de Young, a través de Cadalso, de corrientes de moda cultural europea o de mano de la poesía herida de Fray Luis. Es por todo ello que en Meléndez se da un acrecentamiento del sentimiento, del dolor y su expresión fúnebre en gran parte de su literatura. Pero esto no es casual, ya que su vida gira en torno a un azar caprichoso, desdichas y persecuciones. En definitiva, el amor fue para él un veneno dichoso en la vida de Batilo, a través del cual expresó su vida y sus ideales a través del cultivo de la virtud que le lleva a la verdad y, en consecuencia, a Dios.

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Ibid. 17

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Bibliografía

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ESBOZO BIOGRÁFICO CURRICULAR: José M. Pérez Sánchez (JM.Persánch) Licenciado en Filologías Inglesa e Hispánica por la Universidad de Cádiz; comenzó su Doctorado en el Bienio 2004-2006, en el que registró y entregó un trabajo de investigación en el departamento de Historia de América, previo a la tesis, bajo el nombre de La Creación del Latino en la Sociedad Norteamericana a través del Cine: Sus Estereotipos y Memoria Colectiva, en 2006; publicó su primera novela bajo el nombre El Espejo, en 2006. Antesala de olvido / Prelude to Oblivion supuso la publicación de su primer poemario, en 2007, donde recoge una selección de poemas escritos durante su estancia en Birmingham, Reino Unido, mientras cursaba estudios en la University of Birmingham como estudiante de intercambio, año académico 2005-2006, quizás, por ello decide llevar a cabo la publicación a través de una edición bilingüe. En el mismo año publicó su segundo poemario Poesía del agua, demos voz al agua. El Centro Poetico de escritores noveles (Madrid) seleccionó un poema suyo como semifinalista de su concurso literario "Palabras Indiscretas" y lo publicó en una antología poética bajo el mismo nombre en el verano 2008. Recientemente fue Profesor EFL en Cavendish School of English (Bournemouth, UK) y actualmente es director fundador del Grupo Literario Palabras Indiscretas y responsable de la sección de Estudios Hispánicos en la Revista Sarasuati.

Abierto a proyectos, propuestas, colaboraciones. e-mail de contacto Jm.persanch@live.com Sitio oficial del autor http://jmpersanch.webs.com

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Encuentros y desencuentros entre Neoclásico y Romanticismo: exploración de la dicotomía amor-dios.  

Remolinos, n.40. Lima, Perú. (2009)

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