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XVIII PREGÓN DEL CARGADOR a la Semana Santa de San Fernando Organizado por la Asociación "Jóvenes Cargadores Cofrades" J.C.C. bajo el lema "cuando el Cargador se hace pregonero o el Pregonero cargador" a cargo de

D. José Rodríguez Valverde pronunciado en el Salón de Actos del Colegio de las Hermanas Carmelitas de la Caridad SAN FERNANDO 15 de abril de 2000 Sábado de Pasión


XVIII PREGÓN DEL CARGADOR A la Semana Santa de San Fernando José Rodríguez Valverde

PRESENTACIÓN DEL PREGONERO a cargo de

D. José Miguel Velázquez Núñez Excmo. Sr. Alcalde de esta Ciudad, Sr. Presidente del Consejo Local de Hermandades y Cofradías, Sr. Presidente y miembros de la Junta Rectora de la J.C.C., Hermanos Mayores y Cofrades de las distintas Hermandades de San Fernando, Jóvenes Cargadores Cofrades, Señoras y Señores, amigos todos: A las puertas de la Semana Mayor del 2.000 y fiel a nuestra costumbre, hoy Sábado de Pasión como viene siendo habitual desde 1.983 y con este ya son 18, vamos a dar paso a nuestro Pregón, Pregón que adquiere importancia por dos motivos fundamentales: En primer lugar por ser el último del milenio y en segundo lugar por que este año alcanza su mayoría de edad. Para tal evento, una nueva voz, una nueva voz cofrade y cañaílla, una voz que cambiara esta noche su pértiga por almohá; su venera por faja; su capirote por caídas y su lugar en la procesión por este atril que hará de palo; desde aquí llevará la voz, voz que ha sido asignada por nuestra querida Asociación para que pregone a los cuatro vientos y hoy en especial a uno, de cómo la Isla se transforma estos días; en esta ocasión la responsabilidad de la voz ha recaído en la persona de D. José Rodríguez Valverde, de todos conocidos como Pepe Valverde. Pepe Valverde ha tenido a bien, aceptar nuestro ofrecimiento de ocupar el puesto de orador en un pregón que trata de ensalzar la Semana Santa de la Isla desde el prisma del cargador. Como me ha comentado esta será la primera vez y la última que dará un pregón, me consta, por que lo he vivido, con qué afán lo ha preparado, con el amor que lo ha realizado y el tiempo que ha invertido en confeccionarlo. En su haber se encuentra la glosa de la presentación del cartel que edita nuestra Asociación en el año 1.998, que tuvo como escenario la Iglesia de San Servando y San Germán. Pepe Valverde es, ante todo, un hombre maduro e integro, dedicado a su familia y a su Cofradía, como he podido comprobar en todos estos años de relación familiar y de amistad; es en definitiva una persona con gran valía cofrade y mejor talla humana. Cofrade desde niño, realiza sus estudios en el colegio del Liceo del Sagrado Corazón, donde toma conciencia de Hermandad y abnegada vocación y devoción por nuestra Patrona la Santísima Virgen del Carmen. Pepe es también hermano desde temprana edad de la Hermandad del Santo Entierro, de cuya Junta de Gobierno entra a formar parte en el año 1.973, permaneciendo vinculado a ella hasta 1.985; durante ese periodo de 13 años desempeña los cargos de tesorero y mayordomo entre otros.

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XVIII PREGÓN DEL CARGADOR A la Semana Santa de San Fernando José Rodríguez Valverde Pepe Valverde sirve desde 1986 fielmente entregado a la vida diocesana en la parroquia de San Servando y San Germán en nuestro barrio de la Ardila; realizando una intensa y fructífera labor como miembro de la comisión de Liturgia; en Cáritas en el despacho de ayuda a los numerosos necesitados de esa barriada isleña; en el arreglo y mantenimiento de la Parroquia y por ultimo como Animador Sinodal del Sínodo Diocesano. Es en este año de 1986 cuando Pepe junto a su amigo intimo e inseparable Pedro Burgos, reúnen a un grupo de personas para fundar la Venerable Hermandad y Cofradía de Penitencia del Santísimo Cristo de Humildad y Paciencia y María Santísima de las Penas, lo que hoy es nuestra querida HP. Desde su inicio hasta el año 1990 desempeña el cargo de 2º Hermano Mayor; es en el cabildo celebrado ese año cuando es nombrado Hermano Mayor de la Hermandad, cargo que ostentaría hasta después de la Semana Santa de 1999. es durante este periodo cuando tiene lugar el despegue y asentamiento definitivo de la Hermandad de Humildad y Paciencia, consiguiendo numerosos logros, logros que se ven rubricados por un estreno de lujo a las puertas del año 2000 y en las postrimerías de su mandato; la 1ª salida procesional de María Santísima de las Penas en su completísimo e impresionante paso de Palio, con una dignidad y elegancia dignas de encomio. Salida que tiene el honor de realizar nuestra Asociación. Solo me queda reseñar, la enorme satisfacción que me ha producido que en tu estreno como cargador me hayas dado la voz de cola, o mejor dicho, la voz de maniobra, en esta tu primera experiencia en el mundo de la carga y encomendarte a María Santísima de las Penas, y a tu Santísima Virgen del Carmen. Pepe fija bien el amarre; enfájate lo preciso y espera atento este tercer toque de llamador y ese grito de todos conocidos: ¡Cuándo quieras... pregonero!

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XVIII PREGÓN DEL CARGADOR A la Semana Santa de San Fernando José Rodríguez Valverde

XVIII PREGÓN DEL CARGADOR a cargo de D. José Rodríguez Valverde “¡Hosanna al Hijo de David; bendito el que viene en el Nombre del Señor, Hosanna en las alturas!” Aquella multitud de gentes sencilla desentrañaron y expresaron su entusiasmo por Jesús. Sus palabras fueron el comienzo de la realidad que sería la de entregar su vida por los demás, en una entrega generosa de amor. Cristo como único salvador, ayer, hoy y siempre, Cristo aclamado por la multitud, Cristo aclamado hoy por mí, en esta tierra que es la mía, en este pregón de Semana Santa. No se da en mi persona el don de poeta, ni el de pregonero. Si acepté este encargo, que no es nada fácil, si acepté estar hoy aquí, fue porque muchos de los que estáis sentados aquí, me animasteis, demostrándome vuestro afecto y cariño, y depositando en mí toda vuestra confianza. Han sido largos meses, días y horas las que he invertido en este pregón, si así lo catalogáis. Para mí mas bien, emocionado en el corazón, es expresar, gritar y declarar como veo la Semana Santa de esta bendita tierra. Un pregón quiere decir, aclamar, gritar de forma clara y sencilla las cosas. Si bien solo podré expresar lo que en mi infancia percibí y viví, y lo que en mi madurez sigo viviendo como integrante y amante de nuestras Hermandades y Cofradías. El lema con el que este pregón se define “el cargador se hace pregonero y el pregonero se hace cargador”, quien me conoce y como decía al principio ni soy pregonero ni tampoco cargador, así pues me vais a permitir que lo transforme hoy y diga que es el cofrade que sin ser pregonero va a intentar transmitiros lo que siente por nuestra querida Semana Santa. Quiero dedicar este pregón a mi hijo, y a mi mujer, a él que siendo tan pequeño ya es lo que su padre no, cargador de la J.C.C. y a mi mujer para que me siga ayudando y comprendiendo, y pedirle perdón por las veces que por amor a las Hermandades y en especial a mi Hermandad la dejo sola. Desde niño he recibido en mi casa las vivencias y costumbre de mis mayores, en especial la devoción a la Stma. Virgen del Carmen, a quien me encomendé cuando empecé a escribir este pregón. A mi madre del Carmen le doy las gracias, porque gracias a Ella conocí al niño pequeño que lleva en brazos, y que más tarde conocería la cruda realidad que ese niño tendría que vivir. A Ti, Madre del Carmen vaya mi corazón y mi alma que se hacen voz para decirte:

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XVIII PREGÓN DEL CARGADOR A la Semana Santa de San Fernando José Rodríguez Valverde “Sea este mi primer canto. Mi primera poesía. Sea toda para Ti Para Ti Virgen María. Recuerdo yo de mi infancia. Del Zuazo a Gallineras. Salineros y pescadores, Subiendo las callejuelas. Tú que me enseñaste a amar, Al niño que hay en tus brazos. Sea para ti este cantar, Que me lleve a tu regazo. Luz del mar, puerta del cielo Patrona de San Fernando, guía de los marineros Tú eres la Madre de Dios La Reina del Monte Carmelo” Excmo. Sr. Alcalde de esta Ciudad, Sr. Presidente del Consejo Local de Hermandades y Cofradías, Sr. Presidente y Junta Rectora de la J.C.C., Hermanos Mayores y cofrades de nuestras queridas Hermandades de San Fernando, Hermanos de mi querida Hermandad de Humildad y Paciencia, Jóvenes Cargadores Cofrades, Señoras y Señores: Gracias querida Asociación de los Jóvenes Cargadores Cofrades por la confianza que habéis depositado en mi. Gracias por vuestro apoyo y por pensar que yo era el indicado para ofreceros este pregón. Ruego me perdonéis si al final del mismo no era lo que esperáis de él. Gracias querido amigo y cuñado José Miguel. Me consta con qué afán has preparado mi presentación, si bien no merezco tanto elogio. Has cumplido perfectamente con tu misión, has pegado una primera y buena levantá a este pregón. Gracias a todos vosotros por estar hoy aquí, y que me honráis con vuestra presencia y compresión. Vivimos en nuestra Diócesis un momento en el cual buscamos entre todos caminar juntos. Estamos viviendo el Sínodo Diocesano del año 2000. Sínodo que ha sido preparado y estudiado por todos los que componemos la vida Diocesana. Y en estas fechas nunca nos podría venir mejor lema de este Sínodo: “JESÚS CAMINA CON NOSOTROS”. Y en estas fechas de Semana Santa es Jesús el que sale a nuestro encuentro. Queridos amigos, vivir la Semana Santa no es vivir un día ni siete, vivir la Semana Santa es vivir todo un año.

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XVIII PREGÓN DEL CARGADOR A la Semana Santa de San Fernando José Rodríguez Valverde Y estamos ya en las puertas de esta Semana Santa y estamos todos aquí sentados inquietos pensando en mañana. Mañana, ese día tan fabuloso que todo cofrade espera para ver, sentir y expresar su devoción, su amor, su cariño, su entrega. Y aun así, somos muchas veces maltratados por el que nos mira, por el que no nos quiere, y nosotros seguimos año tras año haciendo lo mismo sin importarnos el que dirán. Es mañana cuando empezamos a hablar de nuestra Semana Santa. ¿Qué esta ocurriendo?... ¿ qué bullicio es ese?... tanta gente en la calle, el traje nuevo, el alboroto. Y por primera vez se abren las puertas de un templo, y detrás de ellas la primera cruz de guía, seguida de los más pequeños vestidos a la usanza hebrea, con palmas que anuncian que viene Cristo Rey, Rey de la Isla. Se hace presente en la Isla, para decir estoy aquí, soy yo, siempre he estado con vosotros y ahora voy a buscaros. No es menester que vengáis a verme. Jesús va feliz rodeado de niños... ¡ Ya ha salido de San Francisco! Cristo se da y no espera nada ya. A partir de aquí, la Isla se convierte por unos días en Jerusalén isleño, por que es Cristo el que nos visita es Cristo el que nos llama, ese Cristo al que yo un día maté, y al que hoy vuelvo a recordar conmemorando su pasión, muerte y resurrección. Cristo sale a las calles de la Isla con su realeza para todos, creyentes y no creyentes, para el que va a la iglesia y el que no va. Es Cristo hoy el que sale a tu encuentro a darte lo que muchas veces en nuestras vidas olvidamos darte: la experiencia del amor para unos, a darte una tradición para otros, para los cofrades el mensaje de fe de que Cristo viene a salvarnos y viene a salvarnos a todos. Jesús avanza lentamente por la calle Real buscando la Alameda para poder llegar a la entrada de la Carrera Oficial, y busca a todos aquellos que le conoce en su corazón y no han venido. A todos aquellos que les quitaron la posibilidad de venir porque truncaron su vida, siendo pequeños. A todos aquellos que no podrán sonreír viendo a Jesús en medio de ellos. Pero Jesús sigue, pues en su corazón, los tiene y los lleva. Detrás, como siempre, sin lágrimas en los ojos, sino como queriendo pasar inadvertida, su Madre, la Virgen de la Estrella. Estrella que ilumina nuestros corazones con la esperanza puesta en sus hijos que somos nosotros. Estrella que inunda nuestras vidas con el resplandor ardiente del corazón. Estrella que todos veremos más tarde transformarse en Penas, Amargura o Soledad. Ya esta Cristo en la calle, en el centro, buscando cada rincón de su barrio de las siete revueltas, buscando pasar por la Salle. Pero la deja a un lado, la mira con el cariño de haber permanecido allí muchos años, con la nostalgia de no poder salir de su interior, con la ilusión de volver a estar entre sus paredes de nuevo, como siempre, como todos la hemos conocido, como a todos gustaría volver a verlo. Cristo está en la calle y son muchos los que lo miran como le miraron entonces, y son muchos los que le gritan como le gritaron entonces, y son muchos los que le dan la espalda como se la dieron entonces. Bonito es ver a la madre con el niño en los brazos diciéndole: “mira, el

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XVIII PREGÓN DEL CARGADOR A la Semana Santa de San Fernando José Rodríguez Valverde Señor de la Borriquita“. Y el niño, que por primera vez lo ve y le suena a chino la historia que la madre le cuenta, se queda enamorado de aquella estampa inolvidable que es Cristo Rey. Desde otro punto de nuestra Isla, desde otro lugar, otra cruz de guía empieza a desfilar. Es Cristo pero esta vez agotado, enfrentado ya a la muerte, aceptando lo más importante, el cáliz, soportando hasta el último momento el peso de la cruz, que es el camino de la salvación, tendiéndote la mano para ayudarte y que ayudes. Es Cristo de Humildad y Paciencia, es el Cristo de la Ardila como le llaman todos, Cristo que viene esde la Ardila hasta el centro. Y se escucha una marcha y se oye una voz que dice: ¡quieto! ¡vámono! ¡a las bandas! Y en lo más inesperado una voz surca el aire; la primera saeta: “Que con la cruz en el hombro cumpliendo con tu sentencia vas a morir por el hombre Cristo de Humildad y Paciencia” Y ese Cristo me pregunta: - ¿Dónde vamos?, ¿otra vez en la calle?, ¿para que?... - Señor es otro año, es otro Domingo de Ramos. - ¿Y que?... no me comprendes que el mejor Domingo de Ramos que me puedes ofrecer es estar conmigo todos los domingos, no comprendes que la mejor salida procesional es la que me mires con tu corazón y con tu alma. - Bueno Señor, perdona. Si quieres nos quedamos aquí. - ¿Ves como me sigues sin entender? No es eso, pues nunca he dudado en buscar la oveja perdida; así que prosigamos y ya veremos; ya veremos a todos aquellos que por cobardía, por desinterés, por no querer complicarse la vida, escogieron la forma más fácil, la de verme desde las aceras, la de murmurar a mi paso sin que yo les haya hecho nada. Sigamos. Sigamos y empieza el largo recorrido de esta Hermandad. Tremendo sacrificio el de sus cargadores para poder realizar ese recorrido que a veces es apresurado y agotador, para poder llegar desde su barrio hasta el centro. Y se va adentrando en el centro de la Isla para ser visto por todos. No quiere perder ni un momento, no quiere que nadie se quede sin que tenga un mínimo de amor hacia él. ¡Qué bien vas Cristo mío! Y es Cristo el que me vuelve a preguntar: - Oye, y mi Madre, que es la tuya ¿dónde está? - Viene detrás Señor, nos acompaña también. Su madre le acompaña transmitiéndonos la inmensa pena que siente. Viene con San Juan, a quien Cristo se lo dio como hijo, y a él como madre. Detrás, el palio de las Penas, palio azul como el mar, ojos cargados de lágrimas, acompañada por San Juan y María Magdalena, que dan consuelo a la pena que la embarga. La Virgen contenida busca y busca al hijo que vio partir delante de Ella desde el barrio de la Ardila. Será

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XVIII PREGÓN DEL CARGADOR A la Semana Santa de San Fernando José Rodríguez Valverde este el segundo año que le acompañe. Antes lo dejaba en las manos de sus hijos, ahora es Ella quien lo acompaña desde el principio hasta el fin. Bello es verlos pasar por la Alameda buscando apresurados su barrio, el callejón de las monjas o, como dicen los cargadores, el callejón de los gritos, pues solo se escuchan saetas, marchas, quietos, a las bandas, al cielo. Y adentrándose en el barrio, en su barrio de la Ardila, cuando desemboca por San Juan de la Cruz, donde le espera una multitud de gentes para verle mecer delante de su mosaico y escuchar las saetas que le cantan, o ver la lluvia de pétalos que alfombran el monte de claveles dándole un color distinto, todos te queremos tirar flores a tu regreso, todos queremos ser los cantores de tus saetas, todos estamos pendientes de ti Señor de Humildad y Paciencia. Y en la tarde noche del domingo sentimos sonar campanas ¿qué campanas son esas que con toque señorial anuncian algo? Anuncian que Cristo es flagelado y atado a la columna, maltratado, humillado y ensangrentado. La gente corre, la plaza de la Iglesia es un hervidero de ojos que miran las puertas de la Iglesia Mayor. Ahí esta, es Jesús atado a la columna con los ojos puestos al cielo, como pidiendo al Padre el perdón de aquellos que lo flagelan, como buscando en su mente el delito que ha cometido para recibir ese martirio. Pero con cara serena, con cara de saber por que ocurre lo que esta ocurriendo, con cara de conocer la dura realidad que tiene que vivir detrás, como un ascua encendido y bajo palio, la Virgen de las Lágrimas, el rostro contrito de dolor, como madre llorosa y lacrimosa, buscando el camino más cercano para poder ver al Hijo de frente, buscando la forma de poder llegar a Él, y preguntarle qué esta ocurriendo, buscando la calle Almirante Cervera, Amargura, San Nicolás, apresurada pero con señoriales mecíos que acunan a la Madre de Dios. Bajo palio Ella conoce y sabe que al final lo tendrá de frente. ¿Qué le preguntará la Madre al Hijo? ¿Qué le dirá la Virgen? ¿Qué dolor experimentará cuando vea a su Hijo atado a la columna? Ya no es el mismo bullicio de la tarde, ya todo se va centralizando junto al paso. La gente que queda en las calles sólo quiere consolar a la Madre. Quieren acompañarla en ese caminar, en ese encuentro, en ese conversar con el Hijo. En este primer día ya todo parece más tranquilo. Si bien en la recogida las miradas puestas en las imágenes derraman alguna lágrima, otras un pitido. Y me pregunto y contesto yo solo. Señor, como hace dos mil años, unos lloraban y oraban (que eran pocos), otros te pitaban y vitoreaban (que son más) y no podemos callar esas voces ni esos pitos. Sólo Tú, Señor, sabes cuantas almas habrás salvado esta noche. El cofrade vive, empieza a vivir la semana. Semana que quisiera parar el reloj, que el tiempo pasara mas lento. Pero el tiempo pasa, y pasa quizás más rápido que nunca, y nos veremos en el lunes sin darnos cuenta de lo que realmente ocurrió el Domingo de Ramos. Y veremos a Cristo Cautivo con lágrimas en las mejillas, vestido de púrpura, sólo, pensativo, dolorido, Cristo cautivo, apresado. Y veremos a su Madre como reúne lo más grande en su nombre, Trinidad, la Santísima Trinidad. La Madre, que siempre estará presente en la pasión del Señor, quiere sentir la Trinidad en su persona. Y veremos a Jesús de Medinaceli cómo busca el consuelo llegando a las Hermanas Capuchinas; y como se muestra hacia ellas; y con qué respeto es recibido; y cómo las monjas, desde dentro, detrás de los ventanales que dan a Constructora Naval, le rezan. Y Cristo recuerda cuando las monjas le cuidaron el tiempo que duraron

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XVIII PREGÓN DEL CARGADOR A la Semana Santa de San Fernando José Rodríguez Valverde las obras en su templo parroquial y con qué cariño le trataron a Él y a su Madre. Y el repiqueo de unas campanas contestarán ese agradecimiento de Cristo. Son las campanas de las Madres Capuchinas, que anuncian que el Cristo de Medinaceli, el que ellas tuvieron en casa, está en la puerta, que ha vuelto como cada año a visitarles, a darles ánimo a su vida, vida entregada a Él. Pero no nos detengamos contemplando la procesión, no nos conformemos con lo que hacemos, sigamos acompañando a Cristo mientras tengamos fuerzas, completemos lo que nos falta de su Pasión. Más tarde, en otro pasaje de tu pasión, Señor, te veremos junto al delincuente. Y el pueblo volverá a pedir la liberación del mismo, y a Ti Jesús, que te maten. Y no nos dará pena verte humillado y desnudo delante de todos, y que Pilatos se lave las manos. Nos dará igual pues nosotros también muchas veces nos lavamos las manos, para no ser los que acusan ni los acusados, para que no nos tachen de defensor ni defendidos. Y veremos a tu Madre con San Juan buscándote. Tu Madre, que lleva por nombre lo que todos pronunciamos cuando nos preguntan: “tú ¿cómo estas?” “Yo bien, lo único que quiero es Salud.” Claro, que la salud que pedimos es salud física, sin pensar, Señor, que Tú, sin embargo, quieres y ofreces con tu Santísima Madre la salud de nuestro corazón. Así somos Señor, así somos y Tú nos conoces. Y te veremos pasear por nuestras calles y plazas, por revueltas de Capitanía, al lado de un palacio quizás como en el que fuiste condenado, buscando la calle real para tu entrada en Carrera Oficial; o, ya de recogida, por la calle Manuel Roldán, donde la multitud se empieza a aglomerar para acompañarte. Y escucharemos el repiqueo de las campanas de la Pastora contestar a las de la Iglesia Mayor, que la cofradía del Ecce-Homo se está recogiendo. Y en esa misma tarde te veremos Afligido, cuando veas a tu Madre salir a tu encuentro en la calle de la Amargura. Amargura el nombre de la Madre, Amargura la que sintió cuando te vio con la cruz a cuestas. ¿Qué se dirán el Hijo y la Madre? ¿Qué diálogo tendrán? Mas bien las miradas que se cruzan en ese encuentro encierran el misterio de Nuestro Padre Jesús de los Afligidos. Detrás, las mujeres lloran como llora la anciana de tu barrio al verte salir de tu templo. Y pasas majestuoso por la calle Ancha buscando Manuel Roldán para meterte en Murillo, la Herrán. Parece que el paso no entra por la estreches, pero sí, pasas. Y pasas majestuoso por delante de la Iglesia Mayor, y las campanas de la Iglesia repican en tu presencia, ya de vuelta a tu barrio. En un lento y solemne procesionar por la calle Churruca, buscas la salida para llegar a tu templo. Pocos quietos y muchas bandas te dan el empaque señorial de tu procesión por las calles de la Isla. Difícil maniobra la de tus cargadores que, cansados y al son de Nuestro Padre Jesús y de rodillas, te recogen en tu Templo del Santo Cristo. Y te dejamos en el interior. Más tarde volverás a tu altar y hasta el año que viene. Y volveremos a casa comentando las recogidas y pensando en el martes, sin pensar en lo más importante, que es que Jesús me está esperando.

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XVIII PREGÓN DEL CARGADOR A la Semana Santa de San Fernando José Rodríguez Valverde Y llega el Martes, y maniatado, Señor, te prenden en el Huerto de los Olivos con antorchas, palos y espadas, como si de un delincuente se tratase, Y veremos cómo eres maltratado y cómo tus más fieles seguidores se quedan sin hacer nada; igual que yo cuando veo hacer alguna injusticia a mis hermanos. Y tu Madre siempre contigo, anunciando con su nombre el sentido que tiene todo este padecer: Buen Fin. María Santísima del Buen Fin, Madre que busca la explicación del apresamiento de su Hijo, Madre que para todos nos dará el Buen Fin de nuestros días, como corredentora y coheredera de la Gracia. Y un cortejo más fúnebre parte de la Iglesia Castrense de San Francisco. Y seguimos sin afligirnos cuando en brazos de la Madre vemos el cuerpo de Jesús sin vida. La Madre, mirando al cielo, pide a Dios Caridad. Caridad por el Hijo que lleva en sus brazos, Caridad para todos los que lo han matado. Y busca el consuelo sin encontrarlo. Busca explicación a la muerte de su Hijo, sin encontrarla. Y camina lentamente por la calle Real, o delante del Ayuntamiento, arrastrando tu pena, transmitiendo tu pena a la Isla. Bello es verte, Señora, entrar en las sietes revueltas. Es como un laberinto donde buscas la salida para llegar a tu calle Comedias, donde todo un barrio te espera para consolar tu pena. Y en el silencio de la noche, se oye un suspiro, un ¡ay Dios mío! Es la señora que te vuelve a ver después de un año, es aquella anciana que te pidió volverte a ver el año pasado, pues no puede verte en tu templo, es la madre que comprende tu dolor, porque ella también perdió un hijo. Y suena otra marcha, y otra saeta. Y los cargadores te acunan para aliviarte, para consolarte, para sentirte sobre sus hombros ya doloridos, hasta recogerte en tu templo. En otro barrio de la Isla, Cristo muere de agonía en el Huerto de los Olivos. Cristo ora al Padre y pide que le sea apartado el cáliz, mientras un Ángel lo consuela y le ayuda a recuperar las fuerzas perdidas. Y preguntarás ¿dónde están todos? ¿dónde estáis? Y nos habremos dormido, como se durmieron tus discípulos. Y nos quedaremos al margen, como se quedaron tus discípulos. Y nos buscaras y nos encontraras desconectados, ausentes, sin preocuparnos de lo que está pasando, de lo que estás pasando, Señor. Y sólo nos quedaremos con la estampa incomparable de verte metido en calle Ancha, entre la multitud, con los naranjos alrededor, que parece que se confunden con el Huerto de tu paso. Sonará otra marcha, otro quieto. Detrás el saetero entona su oración, el poeta su poesía mejor, hecha para ese momento, donde te pide por los suyos, donde te dice que eres el Rey de la calle. Es raro el cofrade que no te espera en la noche del Martes Santo, en ese punto de nuestra Isla. Detrás, bajo palio verde, Tu Santísima Madre, controlando su pena, una pena que le ahoga. Colores blanco y verde que le dan nombre: Gracia y Esperanza. Gracia y Esperanza puesta en nosotros. Y vuelve a sonar otra marcha, otro mecío, otra saeta que incontrolable sale de la voz del saetero, interrumpiendo la marcha que acaba de comenzar. Y, de fondo, se escucha ya hace tiempo un repiqueo de campanas que anuncian que la Cruz de guía ya se ha recogido. Y sigue tu Madre repartiendo Gracia a nuestros corazones y Esperanza a nuestras vidas. Los naranjos parecen darle abrigo para confundirse con las bambalinas del palio. El azahar para darle color al vestido que lleva. Las miradas de la gente caminando de espaldas frente a ella le dan cobijo en su peregrinar de recogida.

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XVIII PREGÓN DEL CARGADOR A la Semana Santa de San Fernando José Rodríguez Valverde Y pasamos el meridiano de nuestra Semana Santa. Y no nos afligimos cuando te vemos, Cristo, cargando con la Cruz, la Cruz de nuestros pecados. Con vestidura blanca y entre tus manos la Cruz del Gran Poder te da nombre. Y veremos a tu Madre caminar detrás, afligida, repartiendo Amor a aquellos que te mandan a crucificar, a aquellos que te martirizan. ¡Qué Amor tan grande! Y verte por nuestra Estación, buscando la forma de llegar a la Carrera Oficial. ¡Qué agotador recorrido! Y Tú, Señor, seguirás firme hasta el final, pues sabes el sentido que tiene el padecer tuyo. Bello es verte pasar por el puente buscando tu barrio, con la misma fuerza sujetando la cruz. Tú lo sabes, Señor, y nos lo dijiste: que nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Y llegas a tu barriada, donde todos te esperan ansiosos de volver a verte después de tan largo recorrido. Todos están contigo, Señor del Gran Poder; y contigo, Señora del Amor. Y te piden ,y te rezan, y ven como te vas recogiendo en tu templo, repartiendo Amor con Gran Poder. Recuerdo, hace ya mucho tiempo, que, en otro de nuestros barrios, en este día Miércoles Santo, unas campanas volteaban al viento desde la mañana a la tarde. Eran las campanas del Cristo viejo, las que sonaban anunciando que Cristo el de la Vera Cruz salía a la calle. Y te vemos muerto en el madero, en calvario, preparándote la mortaja, recogiendo la sangre derramada en el cáliz de la salvación. Y como tu Madre te mira ¿Habrá Mayor Dolor? ¡Con qué solemnidad, Señor de la Vera Cruz, bajas la calle Ancha para buscar la Real! ¡Y con qué majestuosidad entras en la Iglesia Mayor! Lento procesionar de tu Hermandad, que le da la sobriedad necesaria a tu muerte. Y vemos la penitencia que llevas, y cómo los hermanos que pertenecieron a tu junta de gobierno te acompañan año tras año detrás de tu paso. ¡Qué seriedad! ¡Qué funeral mas perfecto! Y, mientras pasas por nuestras calles y plazas para llegar a tu Capilla, habrá gentes que te mirarán sin importarles tu muerte, Señor. Pero lo que ellos no saben, es que Tú los sigues llamando amigo, hermano, y que sin saberlo están a tu lado al lado de tu Cruz. Antes, cuando todavía no habías entrado en la Iglesia Mayor, salías de ella llevado por nuestros hermanos, anunciado por una campana y flanqueado por cuatro faroles que le dan luz y paso al cortejo de tu Buena Muerte. Sin banda, sin tambores, solo Tú y siempre Tú. Tu Madre detrás, soportando sin acusar a nadie, aguantando, amando, en paso de templete sobrio, con música suave de capilla, que consuela sus Dolores. Y, aun sabiendo que somos nosotros los que le hemos matado, calla y nos llama hijos. ¿Habrá Madre más Amable? Y queremos parar el tiempo que se nos escapa, que se nos agota nuestra semana. Y nos encontramos con el rostro de Jesús en un pañuelo, el de la Verónica, mujer atrevida que mereció tener la primera imagen de Ti, mujer valiente que salió a tu encuentro. Y no tenemos Misericordia, ni de Ti, ni de nuestros hermanos, mientras te vemos cargado con la cruz ayudado por el cirineo. ¡Cuántas veces podemos ser cirineos de los demás! y nos apartamos, nos alejamos, nos da igual que sufran.

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XVIII PREGÓN DEL CARGADOR A la Semana Santa de San Fernando José Rodríguez Valverde Excepto cuando me toca a mí sufrir. Entonces sí pido un cirineo. ¡Qué bella estampa, Señor, es verte subir la calle Real, como Rey repartiendo Misericordia! Y detrás, tu Madre, bajo palio, repartiendo lo que muchas veces nos falta: Piedad. La Madre nos llama y le damos por respuesta nuestro silencio. La Madre nos recuerda que nos quedamos dormidos en el huerto, y seguimos callados. La Madre nos recuerda que cambiamos de parecer y que vendimos a su Hijo al mejor postor. Pero, oye, escucha, yo sigo dando y teniéndote Piedad. - ¡Oye!, ¿qué ocurre allí donde nadie normalmente va? - ¿Dónde? - En la Casería - Dicen que están clavando en el madero a Jesús. Y echas a correr, y la gente no te deja llegar a la primera fila. Desde lejos, sólo se ven unos brazos de guardabrisas y un monte de claveles rojos. Y, cuando menos lo espero, empieza a levantarse Cristo en el madero, mirando al cielo, pidiendo perdón por los que le han crucificado. Cristo mira al cielo, y en su cara se refleja la Paz que su madre le dio al partir de su templo. Y empieza el camino de la CRUZ hasta llegar al puente buscando la plaza del Cristo, donde tendrá una de las estaciones, y donde se verá Él mismo muerto en la cruz. ¿Qué pensamientos tendrá mi Cristo? Y yo sigo metido en mí, sin salir de mí, sin darme a Él ni a los demás. Y recuerdo que es el día del amor fraterno. Y, fíjate, yo, en vez de dar amor, te crucifico, Jesús mío. Y pasa Carrera Oficial, y ya de vueltas añoras el recorrido que antes hacías por el interior del hospital de marina, donde muchos te pedían, donde Tú dabas tu nombre: Perdón, donde todos preguntaban y te pedían Paz. Las luces se han apagado. ¿Qué está pasando? Ya no hay remedio. Cristo está expirando en la Isla. Y le vemos salir de donde saliste, subido en el pollino. Te vemos salir mirando al cielo, clavado en la cruz y expirando. Los cargadores te llevan sin querer darte ni una sola levantá, como para aliviarte, Señor, el dolor de lo clavos que te atan a la cruz. Tu Madre, que te acompaña detrás, sigue teniendo la Esperanza puesta en lo que venías predicando y demostrando desde antes. Después de tu paso por delante del Ayuntamiento, cuando has dejado la Carrera Oficial, detrás, tu Madre, acunada por los cargadores que le quieren aliviar su pena, seguirá teniendo Esperanza en el Silencio.

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XVIII PREGÓN DEL CARGADOR A la Semana Santa de San Fernando José Rodríguez Valverde El Silencio ha pasado, pero esa luz ¿qué es? Recordamos que Cristo, el Nazareno, el Rey de los judíos, el Rey de la Jerusalén de la Isla, el que carga con los pecados del mundo, nos visita. Es un hervidero de corazones y ojos la plaza de la Iglesia, pendientes del cañón de luz que a la puerta de la Iglesia Mayor alumbra. Y ahí esta el Nazareno, y lo vemos cargando con el madero como lo vimos el Miércoles Santo. Y, detrás, la Madre siente una espada que le atraviesa el corazón, el dolor de los Dolores que Simeón le anunciaba cuando presentó a Jesús en el templo. Y empieza una larga madrugá, con un tremendo bullicio en la calle. Parece como si todos quisieran estar contigo, Señor, pero la realidad es otra. Algunos te acompañan como verdaderos seguidores tuyos, otros aprovechan la noche para convertirla en fiesta particular, pasando de lo que realmente esta ocurriendo, como hace dos mil años Señor. Y al clarear el día, cuando vienes desembocando por Capitanía, y has bajado calle Ancha, se vuelve a ver delante de tu templo al pueblo que espera tu recogida, al pueblo que no te vio por la noche salir, al pueblo que te pide, te reza y ofrece, al pueblo que se unirá a tu penitencia el año próximo en la medida que le sea concedido su petición. Y ya estamos contentos. Ya volvimos a matar a Cristo. Ya se nos fue de las manos nuestra Semana Santa. Y en la tarde de este Viernes Santo, te acompañaremos, Señor, en tu Santo Entierro. Pero pasaremos de todo, y le diremos a tu Madre con voz entrecortada: “yo lo hice, Señora, con mis pecados, con mi ambición.” Y entonces nos damos cuenta del Mayor Dolor en su Soledad que siente tu Madre, que es la mía por la herencia dada en la Cruz. Y te veremos en tu cortejo, en el cortejo de tu Santo Entierro como todos, desde el más alto poder político o militar, hasta el pobre que te acompaña para, en cierta medida, justificar ante tu Madre lo que hemos hecho contigo. Y te veremos, Cristo mío, muerto en la Cruz, sólo, sin nadie, salir de donde muchos ancianos vivieron los últimos años de su vida. Y nos encontraremos como tu Madre de los Desamparados. Sin darme cuenta que el que está ahora desamparado soy yo. Pero para poder un poco justificarme, me ofrezco sin que nadie me vea a ayudar al traslado de tu cuerpo sin vida al sepulcro. Pero cuando creo que nadie me ve, me encuentro con mi interior, que me grita con voz silenciosa, como tu Madre, una inmensa Soledad. Y busco a tu Madre por las calles de detrás de tu templo, y la veo subir por San Nicolás, bajo un palio de estrellas, como Estrella fue ella el Domingo de Ramos, acunada, mimada por todos hasta el final. Y cuando creo que todo a terminado, que el tiempo se me ha ido, que no lo he podido parar, en mi regreso a casa vuelvo a ver a tu Madre, Señor, sola, sin música, sin tambores, pidiendo al cielo explicación, esperándote, buscándote y llamándote en las puertas del cementerio. Y me doy cuenta que mi Semana Santa solo ha sido un Rosario en sus misterios Dolorosos.

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XVIII PREGÓN DEL CARGADOR A la Semana Santa de San Fernando José Rodríguez Valverde Ya es sábado y todo ha pasado. Todo esta en silencio. ¿Dónde están las gentes? Te busco, Señor, y no te encuentro. Y recuerdo cuando me decías que el mejor Domingo de Ramos era el estar contigo todos los domingos. Descansaré y esperaré. Mañana es Domingo. Y, cuando estoy preparado para ir a verte, escucho sonar de nuevo trompetas y pregunto: ¿qué trompetas son esas y qué anuncian? Echo a correr y veo lo que estaban anunciando: Anunciaban que el Cristo Rey El Humildad y Paciencia El Atado a la Columna El que Cautivo y Rescatado El que estaba Afligido por su Presentación al pueblo El que buscaron en el Huerto de los Olivos Con antorchas y espadas El que yo vi consolar por el Ángel del Señor El que vi muerto en los brazos de la Madre Cargado con la Cruz del Gran Poder De la vida, la Buena Muerte de esa Cruz La Veracruz dolorosa Aquel Cristo que era Misericordia Y Perdón en su Expiración Aquel Jesús Nazareno de la noche Aquel Cristo de la Sangre Derramada por todos nosotros al que yo asistí a su Entierro y Traslado ese Cristo HA RESUCITADO. HE DICHO. Real Isla de León, 15 de abril de 2.000, Sábado de Pasión José Rodríguez Valverde

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XVIII PREGÓN DEL CARGADOR  

bajo el lema "cuando el Cargador se hace pregonero o el Pregonero cargador" pronunciado en el Salón de Actos del Colegio de las Hermanas Car...