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Es innegable que el año pasado logramos cosas increíbles. A punta de esfuerzo, despertamos de un largo letargo a nuestra legendaria Escuela de Injeniería de la Universidad de Chile, quien fuera actor principal durante las movilizaciones de los ‘80. Fuimos más de dos mil los beauchefianos que salimos a las calles de Santiago, nos tomamos las alamedas y formamos parte activa de la movilización más importante desde que el término de la dictadura. Sin embargo, más importante que el orgullo y los lindos recuerdos sobre lo ocurrido el año pasado, es importante pensar por qué a pesar del apoyo, de la determinacion de nuestros compañeros, de lo justo de nuestras demandas y de la fuerza de nuestros argumentos, no logramos concretar la fuerza que logramos movilizar en cambios tangibles. Los mercenarios siguen lucrando con la educacion de nuestros jóvenes. Seguimos hipotecando nuestra identidad cultural y el futuro de nuestro país, con verdaderos ghettos educacionales. Y seguimos adoctrinando autómatas, sin crítica ni pensamiento, en vez de educar hombres libres. En esa reflexión, todos debemos ser protagonistas. Es fundamental que este año logremos mantener los niveles de concientización y de politización alcanzados el 2011, para que podamos entre todos construir y no seguir delegando las discusiones y decisiones que nos afectan a todos. En ese sentido, el objetivo de este documento es nutrir los procesos de discusión colectiva que se están dando en Beauchef y que nos dictarán qué hacer. Hoy se levantan movimientos sociales en muchos sectores del país, sin embargo todos terminan teniendo poca capacidad para transformar en forma importante nuestro país. Esto no pasa sólo por la brutalidad de FFEE o por la mitomanía del gobierno, aunque ciertamente son factores relevantes. Sino que el como los movimientos se plantean y las acciones que llevan a cabo van dirigidas al fracaso, como en el caso de casi todo movimiento social de los últimos 20 años en Chile, o por lo menos al estancamiento, como es el caso del movimiento estudiantil, a menos que se corrija el rumbo. Como la mayoría de las fuerzas de izquierda se han dado cuenta, como movimientos aislados no lograremos nada. Sin unidad entre los movimientos en la acción y en los fines, no lograremos crear la fuerza suficiente para hacer los cambios que cada uno busca individualmente. Sin embargo, hay que tener cuidado con cada paso que damos, la suma de las partes no necesariamente hace un todo y no basta el marchar juntos ni que los dirigentes salgan juntos en la TV. Si queremos articulación real, esta debe basarse en objetivos políticos comunes, que nos permitan la discusión conjunta y la acción coordinada frente a raíces que son también comunes, como el abandono del Estado de sus deberes básicos y la profunda concentración del poder político y económico en Chile. Debemos avanzar hacia la creación de un movimiento social con cabeza propia, mandado desde el mismo movimiento, intelectualmente fuerte y con suficiente masividad para lograr pasar sobre la Constitución del 80 y los bloqueos que impone la institucionalidad y sus partidarios. No podemos depender de los partidos (ni de la Concertación ni de la otra derecha) ni de algunas personas “iluminadas”. Debe ser el propio movimiento el que, una vez acumulada la fuerza suficiente, a través de la acción colectiva haga los cambios.


El cómo lograr esto puede tomar diversas formas, no existe una receta mágica para vencer al sistema y lograr transformaciones, pero sí podemos aprender de la historia para no pisar las mismas trampas que nos tendieron en el pasado. En primer lugar, es claro que necesitamos la movilización para ser actores relevantes en el país, y porque solamente al calor de procesos de movilización logramos crecer en conciencia y organización a nivel masiva, factores claves para triunfar. En la práctica creemos que esto significa que debemos seguir concentrando parte importante de nuestras energías en el conflicto educacional, porque es uno de los pilares de este sistema injusto, porque es una herida que sigue abierta después del año pasado y porque es un conflicto que es capaz de convocar y de despertar las conciencias de cientos de miles, de hacer notar que las injusticias que viven diariamente no son cuestiones naturales sino consecuencias de un sistema. En el caso que decidamos entrar a disputar el poder en las instancias políticas oficiales, no podemos permitirnos la impaciencia. No tiene sentido disputar cargos de representación si no existe realmente una base social a la que respondamos y con la que construyamos nuestra fuerza. Hacerlo es caer en el peor vicio de la democracia puramente representativa: buscar nosotros decidir cuáles son las mejores políticas para las mayorías, en lugar de la construcción (y de la consecución) de las mismas junto a ellas. De la misma forma, sabemos que no existe movimiento capaz de durar para siempre, debemos ir estableciendo hitos (avances) en el camino, librar batallas estratégicas que nos permitan ganar la guerra e ir sumando fuerzas en el camino. Hacer retroceder al mercado en la educación, aunque no sea ganar todo lo que estamos pidiendo, significa por primera vez en muchos años asestarle un golpe real al neoliberalismo, y precisamente en uno de sus puntos más sensibles: la educación. Significa de a poco abandonar la lógica del endeudamiento y del bien de consumo para avanzar en un sistema que integre e iguale. No podemos seguir pidiéndole al gobierno y al parlamento que hagan los cambios que queremos, ya que nuestras demandas entran en contradicción directa con sus intereses (ellos se enriquecen con este sistema educativo) y los intereses de quienes financian sus campañas. Debemos ser capaces de proponer nosotros mismos las soluciones que buscamos, y así hacer concreta la consigna de “generar cabeza política propia”. Por último, hay que darse cuenta que en esta pelea existe un nuevo actor, que el año pasado marchó junto a nosotros, pero cuyas demandas no fueron parte de nuestro petitorio: los compañeros de CFT’s, IP’s y Universidades privadas. Ya 4 Ues privadas entraron al CONFECH, lo que constituye una excelente noticia, pero debemos seguir bregando para democratizar todos estos espacios y en unidad dar esta lucha, en la cual ellos son los más precarizados. Su organización es clave para que toda Universidad cumpla el rol que nuestro país necesita. En este último punto, es importante partir por casa. Hoy en dia como facultad nos jactamos de ser la facultad de ingenieria de mayor excelencia de Chile y de albergar a la elite intelectual de


nuestro país. Sin embargo, somos la guinda de una torta podrida. La enseñanza en nuestra Facultad nos convierte en excelentes profesionales para el mercado y para hacer andar la maquinita que hoy rige Chile, en lugar de buscar utilizar la ingeniería para ayudar a nuestro país a alcanzar un desarrollo armónico e inclusivo. Una Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas realmente que realmente oriente todo su quehacer en función de Chile puede hacer una gran diferencia. Tenemos que terminar con el mito de la objetividad de la técnica, darnos cuenta que detrás de todo hay ideologías y que la ciencia no escapa de esto. Debemos preocuparnos y tener voz en el rumbo que esta tomando nuestra Facultad; hoy el Decano y el Consejo de Facultad concentran las decisiones más relevantes, donde los estudiantes y funcionarios no tenemos derecho a voto. No somos clientes de un servicio, somos estudiantes de una universidad pública y estatal, y para poder cumplir nuestros roles a cabalidad, necesitamos una Facultad realmente democrática. La lucha en el ámbito nacional solamente tiene sentido en la medida que se replique en cada espacio local. Chile no se transformará solamente con ganadas “por arriba” (que son necesarias): un verdadero cambio significa cambiar también nuestra cotidaneidad y eso implica dar luchas también donde nos desenvolvemos día a día, siempre con una perspectiva coherente y constructiva con la lucha que llevamos como movimiento estudiantil a nivel país. Finalmente, debemos siempre recordar que podemos construir un mundo perfecto en nuestros discursos y en nuestras mentes pero que esto tiene sentido solamente cuando se pasa a la acción. Solamente mediante la acción política podremos realmente aportar en la transformación de nuestro país, y seremos capaces de ir aprendiendo de los errores de los planteamientos que hacemos. Aprovechemos que tenemos las condiciones de incidir en la política, en el destino inmediato y trascendental de nuestro país a través de ella. Que ésta se realice, depende exclusivamente de nuestra propia convicción e iniciativa, y que rinda frutos, sucederá sólo en tanto sea a través de la acción colectiva y de la determinación de las grandes mayorías.

Que dejamos y debemos hacer  

Reflexion sobre el pasado, presente y futuro del movimiento estudiantil

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