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Ăšltima Parada


Ăšltima Parada


Última Parada

La “última parada” del día: Sofá, algún tentempié para picar, mando a distancia en la mano y tu serie favorita en la Televisión. Seguro que te has visto en este mismo caso. Si es así y te gustan tanto las series como a nosotros, este primer número del fanzine te encantará. Análisis, crónicas, aspectos curiosos y locuras varias es lo que te ofrecemos en estas páginas. Recuéstate en tu sillón, tírate en la cama o lo que gustes y disfruta de “Última parada”.

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Ăšltima Parada

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Última Parada Texto: Tamara

González y Álvaro García

Ilustración: Alberto

T

Gómez

he Newsroom, una serie del creador de El ala oeste de la Casa Blanca, Aaron Sorkin, trata el día a día de la redacción de unos importantes informativos de televisión pertenecientes a una

poderosa cadena televisiva estadounidense, la ACN. La trama principal de la serie se basa en un grupo de periodistas, encabezados por Will McAvoy, que luchan por un periodismo puro, de calidad, y de raza en la situación actual. En la que predomina el periodismo de masas, los beneficios por encima de la información, y el intento de control de los medios por el poder político y socioeconómico. Una de las características más importantes de la serie, y que por ello la hace de tanta calidad, es la capacidad de pasar a la ficción temas que sucedieron en la realidad como: el tratamiento que recibió la muerte de Bin Laden en las cadenas estadounidenses; el escándalo de la CNN en 1998

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Última Parada con la operación Tailwind, que sirve como argumento principal de la segunda temporada; o el escándalo que se formó tras la publicación de unas fotografías íntimas de una de las actrices protagonistas, Sloan Sabbith, justo después de terminar una relación sentimental. Esta serie se presenta con diversos problemas y dilemas morales que se plantean dentro del mundo periodístico. Sin embargo ¿Cómo es la redacción? ¿Qué papel tienen los hombres y las mujeres en ella?

Los hombres El enfoque del papel masculino en la redacción sigue un hilo muy coherente con los prototipos varoniles dentro de este tipo series. Sin ir más allá, Will McAvoy es el líder, un jefe justo, experimentado y con grandes aptitudes, pero con problemas personales que reflejan cierta actitud infantil hacia su vida personal, incapaz de superar una relación amorosa con su mano derecha Mackenzie y que terminó en engaño. Algo que se retrata en otras muchas series como en House, eso sí, careciendo del tono ácido del médico estadounidense.

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Última Parada Por otro lado, también aparecen los periodistas de nueva generación, jóvenes, apuestos y sobradamente preparados. Eso sí, mostrando dos perfiles diametralmente opuestos ya que Don Keefer puede considerarse el periodista de raza, agresivo y con fama, mientras que Jim Harper es el talento, en la búsqueda de un periodismo responsable y de calidad. Es decir, se muestra las dos caras de una moneda llamada éxito. Además, no puede faltar la juventud e inexperiencia, mostrada en un joven hecho a sí mismo, humilde y con gran talento como Neal que según avanza la serie va teniendo un papel más protagonista y más alejado del retrato caricaturizado del principio. Por último no puede faltar el polo opuesto, la experiencia que lo representa Charlie Skinner, jefe de Will, aunque más que jefe puede verse como su mano derecha y persona que lo complementa para dotar de más cordura y reflexión a cada decisión que se toma en la redacción.

Las mujeres El equipo de periodistas que está al frente del noticiario más importante de la ACN lo componen un total de 8 personas, sin embargo solo 3 de ellas son mujeres. Como vemos existe un importante predominio masculino, sobre el femenino. Las protagonistas son: la veterana Mackenzie McHale; la inteligente

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Última Parada Sloan Sabbith; y la novata Maggie Jordan. Estos personajes tienen algún rasgo común con algunos de los hombres: la experiencia y consagración en el mundo del periodismo de Will y Mackenzie; la torpeza inicial de Neal y Maggie; o la tenacidad, y carácter de Sloan y Don. A pesar de esto, en la serie se puede ver fácilmente como las mujeres salen perdiendo. En el caso de Mackenzie, vemos a una mujer que ha triunfado en el mundo del periodismo trabajando como cronista de guerra durante muchos años, y con la verdad y la ética como pilares principales. Pero como no se puede tener todo, Sorkin nos presenta a una mujer neurótica, muy insegura de sí misma y que todavía no ha podido dejar de sentirse culpable por el fracaso de su relación con Will. Mac además tiene serios problemas para controlar sus nervios y pequeños ataques de histeria. Por otro lado está Maggie Jordan, la última en llegar a la redacción, su personaje es uno de los que más evoluciona a lo largo de la serie. Al principio conocemos a una chica inexperta con muy poco carácter y muy inocente. Aprenderá a imponerse y madurará a base de vivir situaciones difíciles y experiencias realmente duras, tanto en lo profesional como en lo personal.

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Última Parada Para acabar vamos con Sloan Sabbith. Se trata de una periodista especializada en temas económicos, y sobradamente preparada. El prototipo de chica guapa que trabaja en televisión por su cara bonita está personificado en ella, en ocasiones son incluso sus compañeros los que lo hacen patente. Esto hace que continuamente esté demostrando a los de su alrededor sus conocimientos en distintos temas, e inteligencia. Lo mejor de su personaje es su carácter fuerte, personalidad definida y que nunca deja que nada le amedrente. En general, el principal defecto que tienen todas las figuras femeninas de la serie, es que en algún momento necesitan ser rescatadas por alguno de los hombres para seguir adelante: Maggie por sus problemas de ansiedad; Sloan cuando su carga por ser la chica guapa supera el campo profesional y Mac cuando no sabe cómo actuar ante Will. En The Newsroom encontramos una lucha quijotesca en pleno S. XXI por la búsqueda de un periodismo de calidad, con mucha carga opinativa, y con un gran aroma reformista republicano. Además, esto se presenta con personajes que continuamente quieren vencer sus pequeños traumas personales, haciendo que estos no afecten en su trabajo.

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Última Parada Texto: Jorge

Antonio Espada

Ilustración: Marcos

Abad

Cada sentencia, una historia

“P

rométeme que no verás Mad Men sin mí.” Porque hoy en día el ser humano no puede vivir sin sus series favoritas. En la cárcel hay muchas cosas de las que pueden privar

a alguien, y la dosis semanal que suponen algunos shows de televisión es casi insustituible. Cuando esta frase suena en” Orange is the New Black”, el espectador no puede hacer otra cosa que verse reflejado en cierta medida con la protagonista de la escena. Piper Chapman es el personaje principal de esta serie tan original que ha llegado en el último año. No es la primera con mujeres como principales actores de la acción, pero sí quizás la que más acerca todo los temas del mundo femenino sin quedarse ningún tema sin tocar. ¿Y cómo lo hace? Encerrando en una celda al espectador de una cárcel de mujeres.

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Última Parada De género a medio camino entre el drama y la comedia, poco tiene que ver con series como “Sexo en Nueva York”,” Mujeres Desesperadas”, “Gossip Girl”… donde también hay féminas como protagonistas. Quizá con “Weeds”, la otra serie creada por Jenji Kohan, cuyo punto de partida tiene cierto grado de paralelismo con su nueva obra. Si Nancy Botwin se metía de lleno en un campo ajeno como es el de la venta de la marihuana, Piper se ve presa en un lugar que rompe con su vida que parecía ir sobre ruedas. Con un negocio de venta de jabones por internet y con una boda en camino, se ve obligada a ingresar en un sitio donde la pueden matar de hambre, robar un colchón, o incluso meterla en una lavadora. La personalidad del personaje de Taylor Schilling, engancha por el caos que se percibe en su mente. Aunque al comienzo parezca una rubita que nunca ha roto un plato en su vida no tardará en sorprender a todo el personal, y su particularidad de ser una bocazas sin filtro a la hora de hablar le dará más de un dolor de cabeza. Hay que mencionar que está encerrada por culpa de su pasado amoroso con otra chica, Alex Vause (interpretada por Laura Prepon), y la relación de ésta con el tráfico de drogas. El vínculo entre los dos personajes es el círculo central de la serie y son la metáfora perfecta para indicar que los polos opuestos se atraen.

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Última Parada El resto de personajes y sus personalidades son mundos aparte. Cada personaje y sus motivos para estar en la cárcel, darían para una serie por sí sola. Cada una de las reclusas está relacionada con algún tema particular. De entre las más destacadas están: Nicky Nichols (Natasha Lyonne) está muy ligada al lesbianismo, que es casi el pan de cada día en prisión, a la amistad y al consumo de drogas. Red (Kate Mulgrew) sería la persona que representa el liderazgo, la guía y la madre de las demás reclusas. Claudette, compañera de dormitorio de Piper, es el misterio, la disciplina, y también la ira. Daya Díaz (Dascha Polanco) se verá sumergida en el embarazo, la relación con su madre que también está en prisión y el amor secreto. Sophia Burset (Laverne Cox) es una transexual con una mujer y un hijo fuera. Gracias al hermano gemelo de la actriz se puede ver en el tercer capítulo (dirigido por Jodie Foster) la transformación de un transexual y lo difícil que puede llegar a ser su vida. Quedan muchas otras, por ejemplo la llamada Ojos Locos, y es que será de las pocas series de televisión que aborda personalidades de mujeres tan dispares e interesantes. Aunque la mayoría de los personajes son mujeres y éstas llevan la voz cantante en la trama, también hay personajes masculinos. Secundarios en cierta medida y lo curioso es que vienen a representar los aspectos más negativos de la serie. Larry Bloom (Jason Biggs) es pura desconfianza, y llega

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Última Parada a usar la historia de su prometida en su propio beneficio. Cabe destacar que Orange is the New Black está ambientada en un libro de una historia real, la de Piper Kerman, cuyo novio, Larry Smith hizo algo similar (aunque 10 años después de salir su mujer de la cárcel). Sam Healey (Michael Harney) es uno de los funcionarios de la prisión y viene a ser el intolerante con prejuicios (odia a la lesbianas). Mendez (Pablo Schreiber), representaría la corrupción, maldad, lujuría… queda claro desde el primer momento que es el malo de la película. Trafica, abusa de las internas y hace todo lo que esté en su mano para salirse con la suya. John Bennett (Matt McGorry) sería el único chico bueno e inocente, parece que cree que la vida es un camino de rosas, aunque tiene una particularidad que nos indica que no es así. Otro de los chicos buenos sería Cal Chapman (Michael Chernus), el hermano de la protagonista. Aparece muy poco, casi siempre en compañía de Larry para darle consejos sobre su vida. Parece que se lo toma todo con filosofía en su caravana en medio de la nada. Así es “Orange is the New Black”, una serie que nos encierra en el día a día de una cárcel de mujeres. Al principio todo da vueltas y es caótico, por momentos la normalidad y la rutina hacen acto de presencia, pero siempre hay algo ahí que le da un giro a la historia. Aparte de los nombrados temas que toca

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Última Parada la serie, no hay que olvidar los clásicos de la cárcel: la lucha por mantener la cordura, los peligros como las rivalidades raciales, las intolerancias, el temido aislamiento, las duchas… Todo ello tiene una gran presencia en cada capítulo. “Orange is the New Black” es llamativa, te atrapa, hay momentos en los que parece demasiado normal y de repente te coge más fuerte. En junio volvió de nuevo con la segunda temporada, la cual casi se queda sin Laura Prepon, aunque menos mal que al final la actriz volvió a estar entre rejas. Tras un gran final de la primera temporada, seguro que esta segunda no se queda atrás y este mundo de mujeres tan cautivador deja de nuevo boqueabiertos a los fans.

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Última Parada Texto:

Ana Bueno

Ilustración: Antonio

Gómez

Atención, frikis en pantalla

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ichos raros, geeks, pitagorines o quizás simplemente diferentes. Nuestros amigos de “The Big Bang Theory” han conseguido que millones de personas sean adictas a sus teoremas, sus

deducciones y sus excentricidades. Quién no cantaría la canción de la tabla periódica de Sheldon, quién no se sentaría en su sitio en el sofá, sin duda el mejor situado especialmente. Quién no les observaría horas y horas asistiendo con la cabeza sin entender sus teorías y alegrándonos al oír un razonamiento que comprendamos. Jim Parsons, en su papel de Sheldon Cooper hace una actuación soberbia cuando se trata sin duda de un personaje tan espectacular como complejo. Pero ninguno de los demás actores desmerece ni una pizca el de este último. Leonard, el papel más involucrado sentimentalmente en la serie

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Última Parada se establece como el sol en la vía láctea, el centro de la trama sin el que el grupo no tendría cohesión. Howard y Raj son los amigos con problemas para relacionarse con el género femenino, uno tan pedante y el otro tan tímido hacen que las mujeres pasen a su lado sin apenas verles. Pero este grupo de mentes privilegiadas con sus propias inquietudes y problemas al margen de la sociedad tiene una base que les conecta con el resto del mundo, su vecina Penny. Una rubia guapa y simpática que, muy al contrario que ellos, no tiene ningún conocimiento científico, pero sabe integrarse en el grupo y aportar esa parte de realidad que ellos sobrepasan. Lo realmente atractivo de esta serie es que no manipula al espectador con personajes supremos y perfectos, no crea una fea que luego se convierte en guapa, ni un fracasado que al final resulta ser un triunfador, ni una sirvienta que se transforma en princesa. Por fin llega una serie que muestra a la raza humana como es, con sus rarezas y sus extravagancias, con los límites del conocimiento y su magnífica sabiduría. Aquí nadie es perfecto, si Penny no sabe lo que es la banda de Moebius, quizás Sheldon desconozca quiénes son Radiohead. Los problemas del día a día se mezclan con problemas científicos y una simple discusión sobre la comida se puede convertir en un conflicto molecular.

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Última Parada Los frikis en la pantalla son un reclamo, un éxito rotundo, y es que, podemos o no identificarnos con ellos, pero más allá de sus chistes complicados, siempre está la lógica de la vida diaria, de resolver una discusión entre compañeros de piso, de buscar novia, de comprar o de lavar la ropa. Nos damos cuenta de que la ciencia se ha convertido en una buena y diferente manera de mostrar la verdadera humanidad de una persona. Investigadores que estudian el universo pero que se sitúan como los seres más raros dentro de él. Al fin y al cabo han sido personajes que no siguen el patrón habitual televisivo los que han convertido una serie distinta, en la mejor comedia de situación de la actualidad, un verdadero caso de estudio.

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Última Parada Texto:

Juan Carlos Castro

Ilustración: Chema

Costas

La banda sonora de The Wire

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l acecho en una furgoneta blanca, en Las Torres los camellos cambian el alijo todos los días, a los policías les pueden engañar. A ellos no. Un pelirrojo y dos negros, el primero un novato en

estos tipos de golpe, pero eso da lo mismo, va con el mejor, si es que se puede considerar un oficio el vivir del robar droga a los amos de Baltimore. Una cicatriz que le divide la cara, piel más oscura que el carbón, una tres cuartos como abrigo, ninguna mala palabra en su vocabulario y en la mano una recortada. Si aún alguien no lo ha adivinado estamos hablando de Omar Devone Little, uno de los personajes más destacados de la serie “The Wire”. Incluso cojo y sin munición preferirías que este hombre estuviera en tu bando, aunque eso no es posible, su mundo es distinto y él se rige por sus propias reglas.

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Última Parada Omar (interpretado por Michael K. Williams) es el hermano pequeño de No Heart Anthony, un traficante de los años 90 que al verse atrapado por la policía en un atraco se apuntó con una 44 al pecho y sobrevivió, aunque acabó en la cárcel, motivo principal del intento de suicidio y de la leyenda que aún flota en las conversaciones de policías y traficantes. Aunque eso es lo de menos, el hombre de la cicatriz en la cara es un rompe clichés, el personaje más cinematográfico de la serie y para más inri uno de los que está basado en un hombre tan real como la vida misma, aunque la precuela que se hizo sobre sus orígenes no tuvo continuidad. La calle en el oeste de Baltimore es un mundo distinto para quien se cría en ella. Drogas y gente honrada conviven con los yonkis que se pelean por un gramo más de Spider, Black Poison o cómo llamen para la ocasión a la heroína. En ese mundo y cuidado por su abuela creció el pequeño Omar y descubrió su potencial junto a su hermano, sin embargo a diferencia de éste, la madre de sus difuntos padres le inculcó unos fuertes principios morales y le enseñó que “todo se queda en el juego” y lo ajeno a este debe mantenerse siempre separado. El juego para el que no haya oído hablar antes de “The Wire” es la compra-venta de drogas.

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Última Parada “The Wire” es una serie coral en la que las drogas y las posturas que cada personaje mantiene sobre este tema es amplio y variado por lo que Omar no podría destacar por sus ideas respecto al tema, aunque la condición dota al personaje de un cierto carácter amable para el espectador, pese a pincharse y vivir a golpe de pistola. De hecho, su respeto hacia las personas que no están en el juego, cosa que los traficantes ven como un síntoma de debilidad, no evita que estos corran al escuchar su canción.

Su canción Omar viene con banda sonora incorporada y no está compuesta por Ennio Morricone pese a los parecidos que guarda con el hombre sin nombre de la Trilogía del Dólar. La canción de Omar es menos pretenciosa e inspira más terror sin ser molesta para el público, dicho en otras palabras, es una canción infantil que nunca deja de sorprender, diferencia lo bueno de lo malo, evita lo que solo las formas contemplan como útil y tiene cierta propensión hacia la venganza en forma de rabieta incontenible. La melodía de “The Farmer in the Dell” silbada. La música es lo que hace a Omar un personaje digno de una de las mejores series de la historia, donde el total de su vida se registra cómo sólo

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Última Parada puede ser, porque la verosimilitud es enorme, tanto que Donnie Andrews el hombre que inspiró la leyenda murió el 9 de diciembre de 2012 (después de que se diera por finalizada la serie) durante una operación de corazón, para ello se tuvo que reformar. Aunque esto es mejor verlo ya que una cosa es inspirar y otra dictar y Donnie Andrews dejó una viuda, algo imposible para un homosexual confeso como Omar. No se trata de hablar culto o de mantener las formas, nadie resulta grato cuando una cicatriz le divide la cara. Omar tiene una virtud y un defecto: siempre actúa impulsado por su sentido de la justicia, aunque el diccionario debiera recoger una acepción propia para Baltimore en esta palabra. Comodín y verdugo, sin quererlo se convierte en la policía más efectiva del oeste de Baltimore que llega donde los polis de verdad no pueden acceder limitados por las leyes y la Justicia que dictan los tribunales. Si el narco se desvincula de las actividades delictivas, pese a seguir organizándolas y pasa a ser indestructible, ahí está Omar por encima del bien y del mal estableciendo una especie de equilibrio natural que mantiene a la corrupta sociedad de la ciudad más poblada de Maryland. Es imposible no amar a este hombre cuyas patologías psicóticas están influenciadas por un insalvable determinismo social, guía y motor de la serie de David Simon.

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Última Parada Texto:

Daniel Vega

Ilustración: David

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Buceta

a historia de Breaking Bad como producto ha sido la de una revolución silenciosa. Una revolución en el ámbito de las series dramáticas, dejando de lado las tramas mafiosas y policíacas y

utilizando los ingredientes más inesperados para su elaboración. Nunca se buscó llamar la atención ni captar espectadores; el título y la sinopsis no son especialmente atractivos, pero una vez empiezas a verla descubres que nada tiene que ver con la imagen que sobre ella habíamos formado. Toda documentación es en vano. Incluso si se novelase de forma brillante, la historia perdería su esencia. Para sentirla, hay que vivirla a través de sus personajes. Sin imagen no tendría sentido este peculiar drama, y eso es lo que hace que sea tan buena. Como ya sabréis la mayoría, Breaking Bad cuenta la historia de Walter White, un profesor de química en un instituto de Albuquerque, que “despierta” de su letargo vital tras serle diagnosticado un cáncer mortal de pulmón. Tras la

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Última Parada terrible noticia, Walter decide fabricar y vender metanfetamina para salvaguardar económicamente a su familia una vez haya muerto. Para ello, se asocia con un antiguo alumno reconvertido en camello de barrio, Jesse Pinkman. Y por supuesto, todo el proceso ha de realizarlo de forma clandestina y a espaldas de su familia, especialmente de su cuñado Hank, que es agente de la agencia antidroga (DEA). A partir de este original argumento, el cerebro de la producción, Vince Gilligan, nos sumerge con el paso de los capítulos en la absorbente y peligrosa dinámica que inician Walter y Jesse. Casi sin darnos cuenta, gracias al sosegado ritmo de la serie, los espectadores asistimos a un proceso de conversión escalofriante del personaje principal, que interpreta Bryan Cranston. Walter White, el amable y poco resolutivo profesor de química termina convirtiéndose en el temido rey del narcotráfico Heisenberg. En un plano menos secundario de lo que parece, tenemos la figura de Jesse Pinkman (Aaron Paul), un joven trapichero que ha echado su vida a perder. Abandonados los estudios y con el rechazo de sus padres, Pinkman reside en la casa de su difunta tía, y gasta sus días buscando cualquier forma para conseguir droga. No obstante, con el paso de los capítulos queda claro que Jesse es un personaje muy complejo. Pese a lo que aparenta ser en un

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Última Parada principio, demuestra ser un chico muy inteligente, con una gran creatividad y multitud de inquietudes, que junto con la falta de cariño en su vida acabaron por destinarle a su realidad. A través de él los espectadores experimentarán el progresivo poder que va adquiriendo el señor White, y sufrirá en sus carnes los abusos derivados de la transformación del químico. Otro personaje clave en la serie es Hank Schrader. El tipo se quiere mucho; es muy bueno en su trabajo, la vida le sonríe y todo el mundo aplaude a su paso. Justo lo contrario que el protagonista. Ambos se llevan bien, pero en su interior, Walter detesta la elocuencia vital de su cuñado. Ese odio, nacido de la impotencia y la envidia derivadas de la incapacidad de ser tan resolutivo en el día a día, es la mecha que terminará por hacer estallar el espíritu de Heisenberg, oculto en lo más profundo de su alma. Hank, por el contrario, parece ser el único personaje en la serie que mantiene en todo momento su integridad ética. El único que no se corrompe y trata de hacer lo correcto en todo momento. Todas las pistas que nos da la serie desde el inicio nos llevan a señalar el futuro bienestar de la familia de Walter como principal objetivo de su actividad delictiva, pero desde el primer capítulo, Gilligan nos muestra sutilmente esa aversión y odio/envidia de Walter hacia su cuñado. En definitiva, esas ganas de querer ser un triunfador como él, camufladas bajo una aparente resignación.

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Última Parada El papel de las mujeres en la serie queda relegado al tópico sexual. Cumplen simultáneamente la labor pasiva de sufrimiento y dolor, y la faena de sacar de quicio tanto a los personajes en la serie como a los espectadores en casa. Skyler y Marie, hermanas y respectivas parejas de Walter y Hank, son las dos mujeres encargadas de dotar al drama de un punto de vista femenino con sus manías, traumas, malicias y sentimientos en definitiva, provocados por el cambiante carácter de sus cónyuges. Importante es también el corrupto abogado del que echan mano Walter y Jesse para resolver los entresijos legales que se van derivando de su actividad camellesca. Saul Goodman es un letrado cuya inteligencia sólo es comparable a su falta de modales. Carente de toda ética, Goodman aprovecha sus conocimientos legales para conseguir clientes criminales y llevarse parte del botín que generan a cambio de asesoramiento jurídico. Pese a parecer una aparición/recurso de guion un tanto forzada al principio (pues era realmente necesario explicar y solventar legalmente ciertas situaciones requeridas en muchas escenas de la serie), el pintoresco abogado termina afianzándose como uno de los personajes más queridos de la serie. Tanto es así, que muy pronto verá la luz una precuela de Breaking Bad basada en las ‘aventuras’ de Saul Goodman antes de conocer a Heisenberg.

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Última Parada También cabe mencionar a los rivales a los que ha de hacer frente Walt en su ascenso a la cima criminal, y de los que no daré nombres para no desvelar datos a aquellos que no hayan visto (y quieran ver) la serie aún. Sólo destacar su progresivo aumento de peligrosidad, y sirviendo a Walter de inspiración para su transformación. Gracias a esto, sin darnos cuenta, se van desdibujando las barreras entre los personajes, y el señor White, que en un principio se escondía tanto de la Ley como de sus rivales, pasa a encarnar el papel de enemigo total, sólo y contra todos. Por último destacar los detalles técnicos y de montaje. Es admirable la maestría con la que están montados los capítulos, ofreciendo primero un breve adelanto de 5 minutos, cuya tensión va ascendiendo hasta un clímax culminado con la ya mítica cabecera verde y los arpegios de guitarra de Dave Porter. La canción temática, de apenas dos minutos de duración, define por sí sola a la serie en el plano sonoro pese a que la introducción dura unos segundos, y alcanza la maestría en uno de los capítulos finales de la quinta y última temporada, cuando suena por primera vez completa en su escena final. Breaking Bad es la última serie en engrosar las listas de productos audiovisuales de culto. Finalizó por completo el año pasado, pero su legado ya está patente: precuela programada, acaparamiento de premios, merchandising

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Última Parada temático por las calles, aumento exponencial de niñas bautizadas en EE.UU con el nombre Skyler… Una locura derivada sólo al alcance de muy pocas obras de este tipo. De todos modos, cualquier fenómeno fan o calificativo se queda corto para definirla. Como dije al principio de este artículo, hay que verla para admirar toda su dimensión. Mientras tanto, Heisenberg ya es leyenda.

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Última Parada Texto:

Beatriz Martín

Ilustración: Francisco

Javier Garrido

Cada capítulo, un mundo

B

lack Mirror es una serie británica creada por Charlie Brooker, quién explicó su nombre al periódico también británico The Guardian, en el que es columnista. Sus palabras fueron: “Si la

tecnología es una droga -y se siente como una droga- entonc

es, ¿cuáles

son los efectos secundarios? Este área -entre el placer y el malestar- es donde Black Mirror, mi nueva serie, está establecida. El “espejo negro” del título es lo que usted encontrará en cada muro, en cada escritorio, en la palma de cada mano: la pantalla fría y brillante de un televisor, un monitor, un teléfono inteligente.” Brooker ya había hecho una serie en la que combinaba realidad y ficción llamada Dead Set, ambientada en el Gran Hermano británico. En Black Mirror sigue esa línea, con la tecnología y lo que ella implica, eje común en las

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Última Parada historias. No se trata de una serie continuada, sino de capítulos independientes y completamente distintos entre sí. Cada uno te atrapa de una forma diferente y especial, con tramas realmente elaboradas y que hacen reflexionar a cualquiera que las visiona. Y esa es la clave principal de la serie, personajes nuevos encarnados por actores distintos, en una ubicación diferente y con una nueva historia, en el que cada director innova, haciendo que el ritmo no decaiga. La serie se compone de dos temporadas, con tan solo tres capítulos cada una, de aproximadamente cincuenta minutos de duración, aunque por suerte se estrenará una tercera. Cada episodio posee un tono diferente, un entorno diferente, incluso una realidad diferente, pero todos tratan acerca de la forma en que vivimos en la actualidad, aportando un contenido moral, social o político. Black Mirror va más allá de la mera trama que pretende entretener al espectador y consigue algo mucho más difícil e importante: hacerle reflexionar sobre lo que visiona, con una aplicación a la vida real. El tema sobre el que giran sus capítulos es la tecnología, la nueva era que Internet y las redes sociales han implantado y la gran influencia de la televisión. Todo ello ha transformado el mundo y la percepción que tenemos de él, donde los teléfonos inteligentes, tablets, portátiles y pronto relojes con

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Última Parada sus mismas características conviven a diario con nosotros. Las redes sociales recrean nuestro mundo, condensado en una red, convirtiendo la vida en algo digital, lo que da lugar a la sátira en la que poseen especial importancia esas consecuencias de la evolución tecnológica, social y psicológica. El primer capítulo es una muestra de todo ello, con una historia retorcida que lleva a cualquier espectador a contener el aliento, atrapado en el juego. Una princesa inglesa, Susannah, es raptada y los secuestradores exigen para su rescate que el primer ministro tenga relaciones sexuales con un cerdo. Lo desagradable del posible acontecimiento y las también poco apetecibles consecuencias si no llega a realizarse generan una tensión constante hasta los minutos finales. Este primer episodio se desarrolla con un ritmo trepidante, con diferentes puntos de acción que se van sucediendo simultáneamente pero que el director logra encajar. A pesar de lo extraño de la premisa, lo cierto es que el guión propone un planteamiento creíble dada la situación extrema que genera, con un detonante claro que atrapa al espectador y ayudado por unos actores que aportan una gran sensación de realismo en la historia. El éxito de este primer capítulo no asombra dadas sus características, sin embargo, sí lo hace la sátira que engloba, y más si se tiene en cuenta que la serie fue estrenada en la televisión

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Última Parada pública británica. En general, esa sátira aparece como tono general de la serie, con una ironía pesimista y mordaz, situada en el plano moderno y que emplea la obsesión por la tecnología como impulsor y pretexto a la vez. Brooker pretende explorar las posibilidades en las que la tecnología llegue a un nivel superior al que nos tiene acostumbrados, un extremo que roza los límites del ser humano, donde realidad y ciencia ficción se unen. Todo parece posible en un mundo en el que ésta y las redes sociales se perfilan como la obsesión de la masa y adquieren mayor protagonismo, con un uso incontrolado en manos de una sociedad cada vez menos crítica. La categoría de thriller puede servir para casi todos sus capítulos, con un suspense palpable de principio a fin. También existen grandes cualidades dramáticas y de ciencia ficción, ya que se crean mundos y situaciones complejas, en las que los comportamientos sociales poseen relevancia. Por otro lado, la imagen no tiene nada que envidiar al sólido planteamiento, ya que lo acompaña con planos impactantes e imágenes muy cuidadas, que son el claro complemento del guión en el éxito cosechado. Además, el reparto es sublime en cada historia, con actores ya curtidos en cine y televisión, pero sin un reconocimiento excesivo a nivel mundial. Los papeles que interpretan se perfilan difíciles por sus múltiples matices, enredados en sus comportamientos,

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Última Parada pero realmente trabajados y con cualidades que los conforman de manera exclusiva. La banda sonora sin duda acrecienta cada uno de los momentos en sus respectivos capítulos, adaptándose al ritmo y temática con gran acierto. En definitiva, Black Mirror posee todas las características para triunfar, combinando la acción con el drama y la sátira, así como la ciencia ficción en capítulos diferentes en los que siempre aparece presente la crítica y el enfoque más formal, pero que encubre un humor un tanto sombrío.

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Última Parada Texto:

Leyre Magdaleno

Ilustración: Marcos

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Abad

achel estaba muy enamorada de Finn a pesar de que le puso los cuernos, y ahora este ha muerto. Puck limpia piscinas...o algo así. Santana dejó la universidad y Brittany ahora es camarera del

Spotlight Diner, donde conoció a Dani, su actual novia. Kurt se comprometió con Blaine, quien quiere un solo en los nacionales, como Tina. Will y Emma están intentando tener un hijo, lo que incomoda a Sue y “Unique” cada día se cree más diva. Esto es lo que te perdiste en... ¡GLEE! 7:30h. (Habitación de Rachel Berry, apartamento de Nueva York, suena el despertador) “Don’t tell me not to fly, I’ve simply got to. If someone takes a spill, It’s me and not you. Who told you you’re allowed to rain on my parade?” Después

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Última Parada de tantos años esa maravillosa canción de Barbra Streisand sigue siendo su as en la manga. -Parece que huele a tortitas...-Piensa Rachel mientras se levanta de la cama y se pone sus zapatillas rosas, perfectamente alineadas. (Rachel se acerca a la cocina, donde Kurt está haciendo el desayuno) -Buenos días, ¿qué tal te encuentras hoy? He preparado tortitas, tu desayuno favorito- Le dice Kurt según la ve llegar. -Gracias Kurt, pero no debo coger peso, ya sabes cómo es esto de ser estrella de musical. Al director de Funny Girl no le gustará que no entre en los vestidos. -Vamos Berry, desde lo de Finn no paras de adelgazar, hasta tu preciosa carita judía está empezando a perder color. Come algo, por favor. (Rachel se emociona al escuchar el nombre de Finn, Finn Hudson, su gran amor. Todo iba bien cuando el murió de manera repentina y, desde entonces, ella no es la misma)

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Última Parada 8:30h. (Santana se levanta corriendo de la cama, se arregla, se calza sus infinitos tacones, se cepilla su larga melena negra herencia de sus padres y se dirige corriendo a la cocina, coge una tortita y sale por la puerta) -Que pases un buen día S- dice Kurt, que ha observado toda la escena desde el sofá. 10:00h. (Sala de ensayos del Glee Club, Instituto William McKinley, Lima, Ohio). -¡Buenos días a todos!- saluda William Schuester, el director del coro. -Estamos cada vez más cerca de los campeonatos nacionales y necesitamos prepararnos a fondo para patear unos cuantos culos. Por eso, la tarea de esta semana será encontrar una canción cada uno que saque lo mejor de vosotros mismos para ir con mucho ánimo al campeonato. ¿Estáis todos conmigo? -¡Síííí!- Contesta al unísono toda la sala menos “Unique” Adams. -Señor Schuester, yo ya soy única, yo ya saco lo mejor de mí misma en el escenario. Creo que no necesito hacer la tarea de esta semana y puedo demostrarlo.

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Última Parada -Adelante “Unique”, canta. Luego juzgaremos todos tu actuación. (“Unique” se levanta de su silla y se pone en el centro de la sala) “I’m a, (Yeah Diva!) a diva. I’m a, I’m a, a diva. I know you read the paper, the one that they call a queen. Every radio round the world know me, ‘cause that’s where I be, a diva...” (Cuando acaba de cantar la famosa canción de Beyoncé nadie aplaude en la sala. Tina se levanta enfadada, seguida por Blaine). -Señor Schuester- dicen Tina y Blaine a la vez- Nosotros estamos en último curso, apenas nos quedan unos meses para graduarnos y nos merecemos los solos en los nacionales, por muy diva que pueda llegar a ser “Unique”. -Chicos, tenéis razón, merecéis tener vuestro momento ahora que Rachel, Quinn, Kurt, Santana, Brittany y Puck no están, pero no olvidéis que tenéis más compañeros y quiero que en el campeonato se vea que somos un equipo. Ahora id todos a clase.

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Última Parada 14:00h. (Sala de profesores del William McKinley. Sue Sylvester, la directora y entrenadora del equipo de animadoras del instituto se acerca a Will y a Emma, psicóloga y mujer de Will) -Sois repugnantes, sois un atajo de asquerosos adolescentes hormonados. ¿Se puede saber qué os pasa? ¡Un comportamiento así es intolerable!- grita Sue a la pareja. -Como ya sabes Sue, Will y yo estamos intentando tener un hijo, y hay ciertos momentos del día en los que la fecundación es más probable- dice Emma con gesto tímido. -¡Cállate, por favor! No quiero saber más de este horror. No permitiré un comportamiento así ni una sola vez más, ¿entendido? -Tranquila Sue, con un poco de suerte si ahora pongo las piernas hacia arriba en mi despacho durante un par de horas... (Sue interrumpe a Emma bruscamente) -¡Calla esa boca de pelirroja maniática, y fuera de esta sala de profesores!

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Última Parada ¡Idos, los dos, de inmediato! 20:00h. (Restaurante Spotlight Diner, Nueva York. Dani, novia de Santana, recoge la mesa 17. Santana prepara dos vasos de refresco para el grupo de la mesa 3. Rachel entra corriendo por la puerta para servir el turno de cenas). -Otra vez tarde señorita Berry, la próxima se lo diré al encargadoAmenaza Santana desde la barra. -S, ya sabes lo duro que son los ensayos. Te prometo que no volverá a pasar- responde Rachel mientras se pone el uniforme de camarera. -Te toca la mesa 25, Berry. Quieren que les cantes “Taking Chances”, así que no les defraudes o lo haré yo después, y mejor. (Rachel mira a Santana, quien cada vez parece estar más celosa de su éxito, y se acerca a la mesa 25) -Diganme señores, ¿qué desean?- Pregunta Rachel sin mirar a los comensales.

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Última Parada -Primero una sonrisa, hija, luego una Burguer doble para mí y una ensalada para papá. (Rachel mira atónita a los dos hombres, Hiram Berry y Leroy Berry, sus padres, a los que no ve desde hace meses) -Pero... ¿VOSOTROS QUE ESTÁIS HACIENDO AQUÍ?

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Ăšltima Parada

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Última Parada Texto:

Diego Alonso

Ilustración: Nacho

Menéndez

Sher-locked

N

ueve episodios, tres temporadas y dos años de separación entre cada una. Esas son las cifras de Sherlock, la serie de la BBC más vista en la última década.

Se trata de una adaptación del clásico de Sir Arthur Conan Doyle al siglo XXI de la mano de los conocidos guionistas Steve Buffat, quién ha trabajado en Doctor Who y Mark Gatiss, que ya había adaptado con éxito otra novela victoriana en 2007 con la serie Jekyll.

Los protagonistas Sherlock

Holmes

es

interpretado

por

Benedict

Cumberbatch,

quién hasta el estreno era prácticamente un desconocido para el público

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Última Parada internacional pero que desde su aparición en la serie ha participado en Star Trek, 12 years a slave, War Horse y en Fifth State, interpretando al enigmático Julian Assange. Participó también dando movimiento a Smaug en The Hobbit, película protagonizada por su compañero en la serie Martin Freeman. Dentro de las fronteras británicas Cumberbatch tiene una dilatada trayectoria sobre las tablas de los más prestigiosos teatros de Reino Unido. Su mayor éxito en el teatro ha sido su interpretación del doctor Frankenstein y de su criatura en la obra homónima escenificada en el Royal National Theatre durante el año 2011. En la serie, al igual que en los libros, se muestra a Holmes como un detective privado que basa su método en la observación. Sin embargo, los guionistas se han permitido añadir su propio toque a la serie creando el “mental palace” (Palacio mental). Se muestra como una capacidad de Holmes para aislarse del mundo y analizar rápidamente todos los datos que tiene en su mente, lo que le permite en ocasiones resolver puntos clave del caso o en ocasiones salvar su propia vida. Su personalidad fría, sus comportamientos extravagantes y su aparente falta de sensibilidad respecto a los sentimientos del resto de los humanos han permanecido más allá de las páginas de Doyle y son las bases de un personaje que tres temporadas después sigue resultando enigmático.

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Última Parada El doctor John H. Watson guarda también muchas similitudes con su homólogo literario. Ambos son veteranos de guerra en Afganistán, el victoriano durante la segunda guerra angloafgana (1878) y el del siglo XXI de la guerra iniciada en el año 2003. Conoce a Holmes en el Saint Bartholomew’s Hospital y comienzan a vivir juntos en el número 221 de Baker Street. Watson, impresionado por las capacidades de Holmes crea un blog en el que va narrando sus aventuras con el detective, lo que sería comparable al diario que el Watson original escribía en las novelas de Doyle. Es interpretado por Martin Freeman, quién también ha visto su carrera ascender tras su paso por la serie. Fue seleccionado por Peter Jackson para el papel de Bilbo Bolsón en la triología de The Hobbit que junto al éxito de la serie le ha dado un éxito mundial. Antes de su paso por Sherlock, formó parte del elenco de la serie británica The Office y era un actor recurrente en películas de humor como Ali G Indahouse, Hot Fuzz, Shaun of the Dead y The World’s End, las tres últimas dirigidas por Edgar Wright. En la serie se presenta a Watson como un hombre valiente e inteligente, admirador número uno de las habilidades de Sherlock Holmes. Se deja entrever también la fustración que le causa la frialdad de su compañero, sorprendiéndose por ejemplo la primera vez que Holmes se refiere a él como “amigo”.

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Última Parada Villanos Con la dupla de personajes definida, es turno de hablar de los villanos. Y la por excelencia némesis del Holmes clásico es el profesor James Moriarty, que en esta adaptación es magistralmente interpretado por Andrew Scott durante las dos primeras temporadas. Inteligente, psicótico, calculador y con una única meta en la cabeza: destruir la figura de Sherlock. Para ello recurrirá a la manipulación, chantaje y a la amenaza. El personaje de la BBC difiere del clásico en la edad y en anteponer una aparente locura enfermiza a los demás aspectos de su personalidad. Meticuloso en sus planes, llegará a poner a Holmes al límite de sus capacidades en The Reichenbach Fall (Episodio 2x03). En la tercera temporada, con un peso mucho menor que el de Moriarty, el enemigo de Sherlock es el magnate de la prensa Charles Augustus Magnussen. La gran arma de Magnussen es una biblioteca llena de datos personales que utiliza a placer para chantajear a quién se proponga. En la serie es llamado “Napoleón del chantaje”, lo que recuerda al sobrenombre que recibía el James Moriarty literario: “Napoleón del crimen”. Si bien solo aparece en un episodio, es responsable de varios de los sucesos a lo largo de toda la temporada.

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Última Parada Amores No son pocos los rumores que tiene que soportar una pareja de hombres que viven juntos en pleno siglo XXI. Y es que, durante toda la serie hay varias referencias a una posible homosexualidad de Watson y Holmes, infundidos en muchas ocasiones por su casera, la señora Hudson. Sin embargo, Watson tiene varias citas durante las primeras temporadas y llega a contraer matrimonio durante la tercera con Mary Morstan, un personaje secundario que da mucho que hablar. Por su parte Holmes en una muestra más de sus pocas habilidades sociales es incapaz de detectar que Molly, la enfermera del Saint Bartholome’s Hospital está enamorada de él. Sólo muestra interés por Irene Adler (A scandal in Belgravia, episodio 2x01), una enigmática dominatrix que causará varios dolores de cabeza al famoso detective. Si bien no hay pruebas de una relación explícita, se deja intuir que Holmes tenía algún tipo de sentimiento hacia ella.

La trama Cada episodio ha sido escrito basándose en alguno de los relatos clásicos de Holmes. A lo largo de la serie, hemos podido ver adaptaciones de

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Última Parada “Un estudio en escarlata”, “El signo de los cuatro”, “Escándalo en Bohemia”, “El sabueso de los Baskerville” y “El problema final”. A pesar de la dificultad inicial que pueda plantear adaptar las obras clásicas al mundo actual, tecnologías como las redes sociales o los móviles han entrado en el universo de Holmes con naturalidad, lo que ha supuesto una de las claves del éxito de esta nueva versión.

¿Cuarta temporada? Visto el éxito de la serie y la pista al final de la tercera temporada, es lógico pensar que habrá continuación. Así lo ha expresado Steve Buffat que sin embargo ha desalentado a los seguidores dejando entrever que pueden pasar otros dos años hasta que se emitan las nuevas aventuras de Holmes. Hasta entonces, los fans del detective podrán seguir alimentando su afición con las películas de Robert Downey Jr. o la serie de la CBS Elementary.

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Última Parada Texto:

Pablo Hierro

Ilustración: Maite

Atutxa

Aromas clásicos y cómicos en un enigmático cóctel

“L

os misterios de Laura” brindan un homenaje al género policiaco entremezclando misterio, humor y la vida personal de la atolondrada y a la vez perspicaz inspectora Lebrel.

No compremos la incertidumbre y el repudio que en muchas ocasiones nos suscitan las producciones españolas. No al menos con esta serie, por favor. Con un público fiel y un share más que aceptable, y a pesar de los recortes presupuestarios de TVE, “Los Misterios de Laura” han demostrado que una idea brillante vale tanto o más que un cheque en blanco y una pluma de plata esterlina. Ha sido capaz de retomar el género negro televisivo, que ya es mucho; un tipo de serial que tuvo sus momentos estelares con obras maestras como “Se ha escrito un crimen” pero que había cambiado de traje en televisión. Se venía apostando por las más que recalentadas temáticas de acción dura y

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Última Parada por el empacho que supone gente con bata blanca en un laboratorio tomando huellas: un enfoque policiaco-científico que ya ofrece síntomas de saturación en la parrilla. Sin embargo, ese denominador común que se mueve como hilo conductor a través de toda la literatura negra llevaba años en el cuarto de las escobas, acumulando polvo. Hablamos de las tramas enrevesadas e ilógicas, la variedad de sospechosos, los personajes de gabardina y sombrero de pico, los espacios cerrados y enigmáticos, la estética retro de hace 60 años y la lustrosa solución de una detective con problemas cotidianos en casa, en el trabajo y con su ex pareja. Todo ello con mucho, mucho humor. La inspectora Lebrel (protagonista de la serie) representa esa vida rutinaria con el añadido dolor de cabeza que supone educar a dos gemelos revoltosos. Y es precisamente eso lo que crea vínculos con el espectador y lo que lo separa de ese ente resolutivo, frío e impasible que aúna piezas y desvela el misterio mientras mira a los sospechosos con cara de hormigón, fuma pipa y nos demuestra con sutileza que, en efecto, estábamos equivocados. Cuenta con la interpretación de una María Pujalte brillante y obtusa, cálida y fría, feliz e infeliz; y es ese tornado de sentimientos y contradicciones la que hace genial a la despistada y resolutiva inspectora Laura Lebrel. La alienta un reparto solvente: una Beatriz Carvajal que da mucho aire a las tramas con la interpretación de una madre meticona y cotilla; un Oriol Tarrasón en clave de

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Última Parada policía ligón, un Fernando Guillén Cuervo que hace el papel de comisario y ex pareja de la inspectora mezclando la trama del misterio con la personal (que ha ido perdiendo importancia según ha transcurrido la serie) y otros personajes que respaldan de manera acertada las motivaciones de la protagonista y también las subtramas. “Los misterios de Laura” cuentan con una estructura más o menos cerrada, con capítulos autoconclusivos que refuerzan la idea de trama blanca, donde el espectador juega un Cluedo en vivo desde el sofá en busca de la pieza que resuelva el puzzle, lejos de sucesos escatológicos basados en sangre y violencia. La serie conjuga el drama y la comedia con una rapidez vertiginosa. Tiene un guion solvente, con gancho y que homenajea a los clásicos: guiños a afamados libros de la literatura negra clásica, como Diez Negritos o Muerte en el Nilo de Agatha Christie u obras de Conan Doyle como El perro de los Baskerville. Queda en el debe imaginar una serie con mayores recursos económicos, aunque satisfaremos en parte la duda con el remake que se hará de la serie en EEUU, una versión americana de Los Misterios de Laura.

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Última Parada Texto:

Beatriz Carbajo

Ilustración:

Dr. Juanpa

“Friends”, el impulso de las “Sitcoms”

T

odos somos conscientes de la importancia que tiene la música en nuestras vidas. En cualquier ámbito, por extraño que parezca, la música juega un papel fundamental. Cuando dejamos de ser

niños para entrar en esa edad en la que ni nosotros mismos sabemos quién somos o qué queremos es cuando empezamos a decidir qué música nos gusta escuchar. Es cuando dejamos de escuchar la música de nuestros padres y comenzamos a familiarizarnos con otros estilos hasta entonces desconocidos. Todos reconocemos que hay ciertas canciones que, por un motivo u otro, se han vuelto parte de la banda sonora de nuestra vida. Las cabeceras de los dibujos animados que escuchabas cuando apenas levantabas un palmo, las que cantabas con tus amigos en el patio del colegio o durante las excursiones, algunas que escuchabas por tus padres y acababas odiando y

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Última Parada otras que te aprendías de memoria. Quiero hablar de la sintonía de una serie que ha marcado un antes y un después en la historia de éste género y que al mismo tiempo es un claro ejemplo del uso de la música para transmitir sentimientos y, por qué no, actitudes. ‘I’ll be there for you’ es una canción que interpreta el grupo The Rembrandts y que fue escrita en 1994 especialmente para la exitosa serie de la NBC, “Friends”. Lo más curioso es que quizá su nombre o el grupo que la interpreta no sean especialmente conocidos pero cuando escuchas los primeros acordes de la canción tu mente la identifica rápidamente. “Friends”. Aquella serie norteamericana en la que seis amigos neoyorquinos compartían sus distintas formas de ver la vida llenos de humor ácido e ironía. Esta canción transmite una idea muy clara, la del poder de la amistad. El ritmo es divertido y pegadizo, la letra simple pero con mucha fuerza. Transmite ganas de vivir, fuerza de voluntad ante las adversidades, el caerse para volverse a levantar, la importancia de contar con personas que desean lo mejor para ti, que te apoyan pase lo que pase. Que están ahí para ti.

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Última Parada “Friends” ha hecho historia y su sintonía no podía ser menos. Ambas son mundialmente famosas y su particular sentido del humor ha calado hondo en muchos de sus espectadores. Actualmente vivimos rodeados de series que surgen de todas partes y con todo tipo de tramas pero las denominadas como Comedias de Situación o ‘Sitcom’ en su abreviatura en inglés (Situation Comedy) son claramente predominantes. Estas series se caracterizan por una duración de entre 20 y 30 minutos y su acción principal suele desarrollarse en estudios decorados, es decir, en espacios limitados. Además el número de actores es reducido pero forman un grupo de protagonistas; la trama principal no recae sobre uno o dos, sino sobre todos. El humor que se utiliza está basado en la broma verbal y visual y el humor de situación en el que es muy importante la personalidad de los personajes y sus reacciones. Además, y como signo inequívoco de que nos encontramos ante una ‘Sitcom’ tenemos las risas, generalmente enlatadas, aunque también pueden ser en vivo. Ejemplos muy famosos de éstas series son desde “Friends”, que impulsó éste tipo de comedia tan peculiar, hasta iconos actuales como ‘How

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Última Parada I meet your mother’, ‘Two and a half men’ o ‘The Big Bang Theory’. Éstas son las actuales pero tampoco hay que olvidarse de otras como ‘Alf’ o ‘Sabrina, the teenage girl’. O españolas como “Aída”, ‘7 vidas’ o ‘Farmacia de guardia’. ¿Por qué tienen tanto éxito? Es una buena pregunta y probablemente haya decenas de respuestas posibles. Lo cierto es que actualmente el género ‘Sitcom’ está en auge y que esto se debe en gran medida a la increíble “Friends” de la que todos recordamos el eterno ‘I’ll be there for you’ de Ross, Rachel, Phoebe, Joey, Chandler y Monica.

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Última Parada Texto:

Sergio Fernández

Ilustración: Amelia

Navarro El concepto de familia

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anto si buscas en foros como si lo recuerdas de tu propia infancia, las SitCom familiares tuvieron su apogeo en las décadas de los ochenta y de los noventa. Pero, ¿qué es esto de las SitCom

familiares? Son las comedias televisivas que tienen por tema central situaciones cotidianas, o no tan cotidianas, de una familia. En todas ellas existe una familia a la que le ocurren cosas y se enfrentan a ellas con su foco o estilo personalizado. Por ejemplo en Alf, el giro a los acontecimientos de la serie los marca un alienígena. En Cosas de Casa encuentras a Steve Urkel, El príncipe de Bel Air tiene el humor particular de Will Smith… Estos tópicos o clichés, acaban siendo la seña de identidad que los diferencia del resto de comedias. El humor está en todos ellos pero se remiten a un mismo patrón de familia con su característica particular.

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Última Parada Modern Family sigue utilizando los mismos recursos que estas comedias. La serie no utiliza las risas metidas con cuña tras cada chiste para reforzar el humor pero emplea un breve silencio para “pillar” el chiste. Otro recurso es la interacción con el espectador ya que el formato de la serie es un falso documental. La narración se divide en dos presentes. En primer lugar se observa el desarrollo de la historia mientras que al mismo tiempo los propios personajes realizan anotaciones o explicaciones de sus actos. Los personajes miran a cámara o realizan confesiones directas en un paréntesis de la historia. Esta práctica, conocida como “romper la cuarta pared o barrera”, ya se empleaba en otras series como Malcolm In The Middle, sin embargo en Modern Family llega a su máximo exponente al ser vital para transmitir el mensaje final que engloba la idea de cada capítulo. Modern Family revoluciona estos conceptos. Pero, ¿no se trata de otro caso más de humor en torno una familia con su característica particular? Cierto. Pero la diferencia está en que la seña de identidad de esta comedia es la propia familia: Por un lado están los Dunphy donde Phil y Claire son los padres de tres hijos (Haley, Alex y Luke). Es la típica estructura de familia americana de un matrimonio con hijos, como la serie Married… with Children de 1987 (donde

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Última Parada aparecía el actor Ed O`Neill que en Modern Family interpreta al abuelo Jay), aunque después cada personaje tenga sus disparatadas peculiaridades. El hermano de Claire, Mitchell, es la pareja de otro hombre, Cameron, y ambos tienen por hija una niña adoptiva. Es un formato familiar cada vez más común aunque muchos lo sigan considerando atípico. Y por último están los Pritchett que son el abuelo de la familia, Jay, casado con una joven y atractiva colombiana, Gloria, que tiene por hijo a Manny, que es de todo menos un niño. Hasta aquí, estas familias tampoco presentan nada nuevo. Ya existen series de familias tradicionales con problemas, de gays que mienten o desmienten tópicos de sus relaciones o de matrimonios divorciados que encuentran su media naranja en personas de diferente edad. ¿Pero cuántas comedias engloban estos formatos de familia en una gran familia? Ahí reside el éxito de esta comedia, en que desmontan la definición clásica de familia demostrando al espectador que los tiempos han cambiado. Se podrán repetir las mismas situaciones o problemas y podrán superarse de la misma manera. Sin embargo el entorno familiar ha cambiado y los retos

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Última Parada deberán plantearse desde otra perspectiva. Aunque en apariencia su estructura sea atípica y sus relaciones poco comunes se enfrentan a situaciones similares a las que se enfrenta cualquier familia en el día a día. La serie contiene un mensaje moral sobre el concepto de la familia del siglo XXI. Y qué mejor manera de transmitir ese mensaje que a través del humor y de la interacción con el espectador en un formato cómico televisivo. Toda serie es reflejo de la actualidad de su tiempo, y Modern Family es otro ejemplo de ello. La definición de familia ya no abarca el formato de unos padres con sus hijos y abuelos. Ahora tus padres pueden ser una pareja de homosexuales y tu abuela política puede ser más joven que tu madre. Esta comedia hubiera sido un disparate en la “Edad Dorada” de las SitCom. Sin embargo en la actualidad no son inverosímiles estos formatos de familia (aunque si en tu familia se reflejan todos y cada uno de los personajes de la serie seguro que las cenas familiares dan para tu propio cortometraje).

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Última Parada Texto:

Jaime Suárez

Ilustración: Daniel

Bravo

¿E

n realidad aquellos maravillosos 70 eran tan maravillosos? Puede que fuera así porque las maxifaldas y los pantalones campana estaban siendo desterrados, y es que el

movimiento hippie tenía taras, es cierto, pero sus ecos seguían filtrándose en la juventud de aquellos años, el rock estaba en auge después de Woodstock, pero la música disco buscaba su lugar. El viejo truco de utilizar un tema pegajoso siempre funciona, para el recuerdo queda uno de los mejores “openings”, de Big Star a Cheap Trick, “Hello Wisconsin”. La idea de mezclar historia y ficción está de moda, sobre todo en la televisión española. “That 70’s show” vio la luz con esos trazos y sus guionistas optaron por ambientar la serie en unos Estados Unidos que afrontaban la segunda mitad de los 70, una época donde las posiciones políticas estaban definidas, la agitación era menos intensa y en la que afloraron grandes cuestiones sociales que continúan siendo actualidad como la lucha por los

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Última Parada derechos de la mujer, el descontento ciudadano hacia la clase política o las dificultades de clase obrera consecuencia de la recesión económica ¿a quién no le suena todo esto? Acontecimientos controvertidos exagerados hasta rozar el ridículo, narrados desde el punto de vista de unos personajes bien definidos con personalidades desbordantes. La identidad inconformista de esa generación también queda reflejada. El regurgitar en favor de la igualdad de oportunidades fue el germen de otras formas de descontento. Aquellos jóvenes, enfundados en pantalones de mezclilla y camisetas deportivas, se negaban a seguir las pautas de vida establecidas en la clase media, que había sido construida por su progenitores en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Algunos optaron por el activismo político. Eric Forman desafiaba a su propia autoridad, enclenque y débil, en ocasiones reunía valor para enfrentarse a su padre, nada anormal si no fuera porque el papel de Red Forman lo interpretaba Kurtwood Smith, hasta ahora el único que le ha derrotado en la ficción ha sido Robocop, palabras mayores. Si bien más difícil hubiera sido plantar cara a Chuck Norris, primer elegido para ocupar papel como padre de Eric, un alivio que aún estuviera filmando “Walker, Texas Ranger”.

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Última Parada El espíritu y los anhelos de la aquella década se ven plasmados en el vestuario, la fotografía y las actitudes de un grupo de adolescentes que ingenuamente empieza a descubrir la vida. El progresivo desarrollo de la sexualidad y el interés que despierta experimentar con las primeras sustancias alucinógenas eran elementos presentes en esos años. El consumo de drogas comenzaba a normalizarse aunque no llega a hablarse directamente de ellas, son inolvidables las charlas ahumadas alrededor de la mesa del sótano de Forman, quedaba claro que no era incienso. Ya fuera la pasión de Forman por su Vista Cruiser, el estrambótico cardado de Bob Pinciotti o los magníficos bailes al más puro estilo fiebre del sábado noche de Fez, estudiante de intercambio del que nunca se supo su origen, las referencias a los 70 siempre estuvieron presentes. Sin embargo, el gran debe de la serie reside en la pérdida de perspectiva. El carácter histórico se difumina a lo largo de las temporadas, los acontecimientos sociopolíticos no tienen el mismo peso en la trama de la serie, su idiosincrasia mutaba y con ello el reconocimiento recibido. La década quedó como un simple marco en el cual tenían lugar los dramas y aventuras de media docena de adolescentes. La amistad se enfoca como elemento principal, argumento guía de un buen puñado de series. La época en la que tiene lugar la desmarca del resto pero el espíritu acaba siendo parecido. Ese elemento diferenciador se escapó, aunque

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Última Parada los guionistas supieron mantener la acidez y el sarcasmo al menos hasta la quinta temporada, que no es poco. No siempre cualquier tiempo pasado fue mejor, los años 70 en Estados Unidos eran complicados sobre todo para unos preuniversitarios que veían como sus padres seguían creyéndose modernos y se horrorizaban escuchando heavy metal. Aquellos maravillosos 70 puede que no fueran tan maravillosos pero la serie sí lo era, ideas poco complejas y humor de primer nivel que sirve como vehículo para mostrar las preocupaciones e inquietudes de una América que en aquella década distaba mucho de una España en plena transición.

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Última Parada Texto:

Iván Tomé

Ilustración: Iván

Merino

Carta nunca escrita de Ted Mosby a “la madre”

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s complicado comenzar esta carta sin saber nada de tu apariencia: si serás alta, baja, gorda, delgada, de pelo moreno, castaño, rubio… no puedo si quiera imaginarte. No tengo intención, prefiero

llevarme una grata sorpresa. A pesar de ello tú, la futura madre de mis hijos, sé que estás por ahí, en alguna parte, y que tras todas nuestras decisiones tomadas, ya fuesen acertadas o equivocadas, llegará ese momento correcto en el lugar correcto y todo cobrará sentido. Quiero dejar de dar tumbos de aquí para allá, quiero dejar mi particular “prueba y error” que me ha dado momentos muy buenos y momentos muy malos. Durante estos años he conocido muchas mujeres, pero solo unas pocas fueron muy importantes para mí y me influyeron sobremanera. Es como si eso tuviese que pasar para encontrar mi final feliz, ¿entiendes?

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Última Parada Con Victoria tuve una de las noches más divertidas de mi vida. Fue una noche en la que todo fue perfecto. Decidimos no decir nuestros nombres y que al final no hubiese beso, con la simple teoría de tener un momento imborrable en nuestras mentes y que lo mejor de los besos no es el beso en sí, sino el acercamiento justo antes del beso: esos nervios que sientes en el estómago y esa sensación indescriptible al desearlo con tanta ansia. Al final, las ganas pudieron con nosotros y tuvimos una relación bonita e intensa, pero se desmoronó al irse ella a Alemania y yo quedarme en Nueva York… aunque bueno, yo también tenía la cabeza en otra persona. Tras unos años sin saber el uno del otro, nos reencontramos y pasó algo de lo que no estoy orgulloso, pero esta historia no te la contaré por ahora. La historia con Stella. Mmm… realmente no sé por dónde empezar. Quizá lo mejor sería explicarte nuestra primera cita: duró exactamente dos minutos. Debido a su trabajo y a cuestiones de familia, no tenía tiempo para más. Y fue perfecta, a pesar del corto tiempo de la misma. Decidimos tener una relación y todo iba sobre ruedas. Tanto que llegué a pensar en que ella era “la elegida”. Hasta que todo acabó. Me abandonó y fue, probablemente, el golpe más duro de mi vida.

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Última Parada Pero todos tenemos un apoyo en estos momentos de flaqueza y mis verdaderos amigos me ayudaron a salir de ese mal momento. Sabes, muchas personas van y vienen, pasan por tu vida dejando huella o sin aportarte nada. Lo que es algo seguro es que si realmente te importa alguien, si de verdad quieres conservar a esas personas especiales, siempre, y digo SIEMPRE, harás algo para que se queden a tu lado. Eso es lo que ocurre con mis mejores amigos. A Marshall y Lily los conozco desde la universidad. Con ellos he vivido momentos increíbles: desde viajes eternos en el “Fiero” sonando el I´m gonna be de “The Proclaimers” a todo volumen hasta beber Tantrum llegando al punto de no poder tener más cafeína en las venas. Siempre han estado a mi lado, me han aconsejado de la mejor manera posible y se lo agradeceré eternamente. Los dos se conocieron el primer día de llegar al campus y se aman hasta la saciedad. Como en todas las parejas, han tenido sus buenos y malos momentos, pero supieron sobreponerse a todos los imprevistos y es una de las parejas más alucinantes que he visto. Quiero lo que tienen ellos, es lo más claro que he tenido en mucho tiempo. Barney… como explicarte sin que te asustes… según él, su vida ha sido alucinante: cobraba mucho, trabajaba poco, llevaba traje y se acostaba con una chica diferente cada vez que podía (y han sido más de 200, no lo juzgues…). A

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Última Parada Barney le quiero como a un hermano. A pesar de inventarse anécdotas, crear falsas estadísticas y engañarme para hacer planes “legendarios” como ir al club de striptease o a jugar a las pistolas láser, siempre ha sido un buen amigo y nunca me ha abandonado. Me alegro de que por fin haya sentado la cabeza y más con la persona que lo ha hecho. Y finalmente Robin. Podría decirte cantidad de cosas que han pasado con ella, pero no hay tiempo ni papel suficiente. Si te soy sincero, a pesar de nuestras diferencias, como que sea canadiense, el temor al compromiso, que no le gusten los niños o su amor incondicional a las armas, siempre he estado enamorado de ella. Y quizá es la razón por la que la mayoría de relaciones que he tenido no hayan cuajado. Al final, he tenido que tomar una decisión dura e ir hacia delante. Creo que era la única solución que tenía para superarlo. Necesito que aparezcas, que corras hacia mí lo más rápido posible. Que llegue ese momento justo en el lugar indicado. Creo que he esperado suficiente. Un amigo alemán me dijo una vez: “Lebenslanger Schicksalschatz. La traducción más parecida es “para siempre tesoro del destino”. El sentimiento que produce la Lebenslanger Schicksalschatz no es algo que se vaya desarrollando con el tiempo. Es algo que sucede instantáneamente, y pasa a través de ti como el agua de un río después de la tormenta. Llenándote y dejándote vacío a la vez.

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Última Parada Lo sientes por todo tu cuerpo: en las manos, en el corazón, en el estómago, en la piel… si tienes que pensar si lo has sentido, es que nunca lo has sentido. Todos la encontramos con el tiempo, pero no sabemos ni cuándo ni dónde” Y estoy seguro de que tiene razón. No sé el cuándo ni el dónde, pero sucederá. Quiero sentir de una vez por todas esa sensación. Hasta entonces, seguiré esperando impaciente por ese primer encuentro, por ese primer beso y por todas esas primeras veces que nos quedan por vivir. Siempre tuyo, Ted Mosby.

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Última Parada Texto:

María Gozalo

Ilustración: Pol

Cunyat

“¿Soy una buena persona haciendo cosas malas... o una mala persona haciendo cosas buenas?”

E

sa puta sierra eléctrica y su jodido sonido. Eres incapaz de oír otra cosa; ni sus huesos rompiéndose en mil pedazos ni su piel abriéndose en canal. No gritos, no llanto. Sólo ella; la sierra. Y

para cuando se detiene, tu vida es otra. Primero notas el olor. Repulsivo y asfixiante. Casi no puedes respirar. Te coge, te envuelve, te llena de náuseas los pulmones. Anulación de los sentidos y sensación a caballo entre el vómito y el mareo. Pero hay más; las paredes del contenedor han pasado del gris al rojo y tú estás muy húmedo (demasiado como para haberte hecho sólo pipí). Miras hacia abajo y tus pupilas se vuelven rojas. Estás en medio de un charco enorme de sangre que cubre por completo

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Última Parada el suelo del contenedor. Es su sangre; tu sangre. El cuerpo mutilado se ahoga a escasos metros de ti. La puta sierra eléctrica. Tienes dos años. “Mi madre fue asesinada frente a mis propios ojos. El único recuerdo que tengo de ella es cuando estaba cubierta de sangre... Sangre. A veces me pone nervioso. Otras me ayuda a controlar el caos”. Dexter Morgan nace de la muerte. Y de la más brutal. -¿Amigos? +Amigos -dice la de la guadaña. Y se ponen a jugar-. Psicópata, características (leer con voz de Jorge Ordóñez): riesgo, sensaciones nuevas, impulsividad, actos delictivos. Egocéntricos, manipuladores, arrogantes, sin capacidad de empatía, astutos, crueles. Disfrutan con la extorsión y el abuso. Emociones superficiales. Comportamientos antisociales. No vínculos significativos, no remordimiento, no sentimiento de culpa. Desprecio del bienestar y los derechos del otro.

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Última Parada No es tan sencillo. Hablamos de necesidad. De ansia y de adicción. Algo totalmente fuera de control. Hablamos de él; su Oscuro Pasajero. “He vivido mucho tiempo en la oscuridad. Poco a poco mis ojos se fueron adaptando hasta que la oscuridad se convirtió en mi mundo y podía ver en ella” (Dexter). Como una cadera más desnuda que vestida se acerca poco a poco, provocando, el Oscuro Pasajero envuelve sus sentidos, absorbe, chupa y lame. Es tanta pasión de golpe que Dexter se deja hacer. Saboreándolo...abandonándose. La fuerza desgarradora nubla su mente de vida hasta que la erección fatal es insoportable. Entonces ¡pum! Cuchillo en el esternón. Explosión de placer. Desmesurado. No puedes imaginártelo. O sí. Un cabrón menos. -¿Un cabrón menos? ¿Pero tú te estás oyendo? ¡Joder, que le ha matado! ¡Es un jodido asesino! ¡ASESINO! +Mata a ASESINOS para salvar vidas. Perdona, pero es un puto héroe. Y así comienza la discusión del domingo a media tarde. Moralidad y Ética VS. tus amigos y tú. El pistoletazo de salida lo da la segunda cerveza. ¡Ya!

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Última Parada “Matar no está bien y punto”. “Pero todo es relativo; muchas veces las cosas no son negras o blancas...esto ya lo hemos hablado”. “Ni tú ni mucho menos Dexter sois nadie para quitar la vida a otra persona”. “Si alguien está a punto de matar a tu hermano por ejemplo, ¿no intentarías acabar con él antes (con el asesino, me refiero)?”. “Yo soy incapaz de matar a una mosca. No tengo valor”. “Tendríamos que analizar las circunstancias que han llevado a esa persona a hacer lo que ha hecho. A lo mejor ha tenido una vida de mierda”. “Tíos, ¿otra ronda?”.”No hay tiempo de analizar nada, o matas o mata. O salvas vidas o ayudas indirectamente a quitarlas”. “Yo no lo mataría, simplemente ¡pum! lo heriría”. “Esa es otra opción, si señor”. “No es una opción. Lo hieres. Lo juzgan. Lo encarcelan. Lo liberan. Y vuelta a las andadas: asesinar, violar, torturar, abusar... ¿Qué habrías conseguido? Nada». «Chicos, ¿os habéis fijado que Debra Morgan está buenísima?” Falta de sexo nubla la mente. Filosofía finiquitada. “Mi hermana pone un escudo para no mostrar su vulnerabilidad, yo lo hago para que no se note mi invulnerabilidad” Dexter (personaje y serie) son, en mi opinión, de paso obligatorio. No sólo se trata de cincuenta minutos de auténtico entretenimiento sino que

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Última Parada además uno encuentra espacio en ellos para experimentar cualquier sensación/ sentimiento que les pueda venir ahora mismo a la cabeza (siempre y cuando no sean ustedes unos malditos psicópatas, claro está). Ocho temporadas; trama central y diferente en cada una de ellas. Buenos diálogos, mejores actores. Planos espectaculares y una intro que quita el hipo. En cuanto a Dexter...“No agrado a los animales, sobre todo a los perros; creo que no aprueban lo que a veces les hago a sus dueños”. Díganme si no es adorable. Podría seguir pero discúlpenme, hay un hombre cubierto de plástico en mi cocina que está a puntito de despertarse. Que tengan un “killer day”, amigos. Y pórtense bien. Apenas duermo. Que es la sangre mi tesoro, que es mi dios el código letal, mi ley, matar asesinos, mi única patria, la mar.

Versión de andar por casa (bastante deformada)

del poema de Espronceda “Canción del Pirata”.

Para más información, vean la serie, ¡copón

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รšltima Parada

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Juan Carlos Castro

Ana Bueno

Tamara Gonzรกlez

Jorge Antonio Espada

Leyre Magdaleno

Beatriz Carbajo


Última Parada

Beatriz Martín

María Gozalo

Diego Alonso

Daniel Vega

Pablo Hierro

Álvaro García

89


Última Parada

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Nacho Menéndez

Maite Atutxa

Javier de Castro

Daniel Bravo

Francisco Javier Garrido

Antonio Gómez


Última Parada

Alberto Gómez

Amelia Navarro

Chema Costas

Iván Merino

Marcos Abad

María Fernández

91


Última Parada

Sergio Fernández

Iván Tomé

David Buceta

Dr. Juanpa

Dirección y coordinación: Iván Tomé Edición y maquetación: María Fernández

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Ăšltima Parada

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Ăšltima Parada

Última parada - Series de TV  
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