Issuu on Google+

Ge

r m a n

Ca

s t r o

Cay

c e d o

13


Ge

Fundaciòn Universitaria Los Libertadores Facultad de Ciencias de la Comunicaciòn Programa: Comunicaciòn - Periodismo Areà de Diagramaciòn y Contextualizaciòn Visual Realizado por: NELSON PARDO Noviembre de 2010 Bogotà, D.C., Colombia

14

r m a n

Ca

s t r o

Cay

c e d o


Ge

G er m

an

r m a n

C

Ca

s t r o

Cay

c e d o

as t ro

C

a y cedo

15


Ge

16

r m a n

Ca

s t r o

Cay

c e d o


Ge

r m a n

G

Ca

ermán Castro Caycedo nació en Zipaquirá, una ciudad cercana a Bogotá, en 1940. Actualmente es el escritor colombiano de literatura no-ficción más leído en su país. Sus libros alcanzan tirajes que hoy sobrepasan un millón de libros acogidos por el público colombiano. La sólida credibilidad con que goza el autor sumada a la calidad literaria de su trabajo son parte del resultado. Sus historias cortadas de la realidad son tejidas con base en investigaciones minuciosas y vivencias propias en los lugares donde acontecen los hechos.

s t r o

Cay

c e d o

Escribe utilizando la misma técnica de la novela en cuanto a estructura, manejo del tiempo dramático, equilibrio en los clímax y todos aquellos factores de la gran narrativa, pero rechaza crear situaciones ficticias. “Cuando se escribe ficción se juega con la imaginación. Cuando se trabaja sobre la realidad, con la precisión. Se trata de contar de tal manera que la realidad se lea como si fuera ficción, lo cual es característico de Colombia”, dice. Luego de 38 años como periodista ha sido distinguido con doce premios nacionales de periodismo y seis internacionales. Los últimos fueron el Rodolfo Walsh que señaló a El Karina como el mejor libro de narrativa no- ficción publicado en España en 1999, y en el 2005 el Premio de Periodismo Planeta, por su libro Que la muerte espere. Trabajó diez años en El Tiempo, el diario más importante de Colombia como cronista general. Durante veinte años dirigió el exitoso programa de televisión Enviado Especial que introdujo el periodismo moderno en la televisión colombiana. Ha escrito 18 libros. Siendo cronista de El Tiempo, sufrió un accidente aéreo cerca de Bogotá, saliendo ileso. Terminando la ambientación de su libro Candelaria y en vísperas de viajar 520 kilómetros al norte del Circulo Polar Ártico, (Rusia), en busca de una aldea siberiana llamada Muiscámenni, (1999), resbaló en el hielo y se fracturó la base del cráneo. Fue trasladado a la clínica Bódkina de Moscú. A raíz del accidente perdió el gusto y el olfato, pero seis meses más tarde logró visitar el Artico y redondear la historia que buscaba.

CONFERENCIAS FRACCIÓN German Castro Caycedo en una entrevista revista Cromos.

Pienso que así como para hacer la historia de una porción la tierra el geólogo necesita consultar los conocimientos de mineralogistas,

17


Ge

r m a n

Ca

s t r o

Cay

c e d o

químicos, matemáticos, físicos, paleontólogos, botánicos, zoólogos, Una vez con esta información viajé a la zona. Allí hablé con cada uno de topógrafos, meteorólogos, oceanógrafos, etcétera, el periodista debe ellos en sus casas durante un par de días. Al final escogí a los más locuaces y fui tener contacto con personas de cuanta disciplina exista para consultarlas. con ellos a la caverna. En el camino tomé nota de las frutas que se cultivan No se debe escribir un reportaje o una crónica sin haberse cerciorado de en la región, de la cercanía de hatos de vacas o atajos de mulas, temperatura detalles en torno al  mundo al cual se penetra en cada trabajo. media exterior, temperatura permanente dentro de la caverna, altitud, Si se hace así, el resultado será una información con gran eficiencia. orientación, régimen de lluvias, plagas e insectos, etcétera. Una respuesta Ahí está el secreto de la a lo que había investigado credibilidad.   Allí está parte de anteriormente. la calidad periodística. Estos nuevos materiales Para rehacer la historia de me permitirían, no solamente cinco jóvenes que quedaron describir la atmósfera atrapados dentro de una subterránea, sino precisar el tipo caverna en la zona de Zapatoca, de murciélagos que habitaban Santander, y permanecieron allí en la zona en la cual quedaron diecisiete días sin comer, luego atrapados. de lo cual fueron rescatados casi Pero también, preguntarle sin vida, el trabajo de campo a los protagonistas si se habían comenzó, desde luego, por familiarizado con ellos de localizarlos en su pueblo. acuerdo con el tipo de vuelo Antes de ir allí, consulté que captaban cuando aquellos con un espeleólogo (experto muy cerca de sus caras. En ese en cavernas), con un biólogo momento y logré establecer especialista en murciélagos. que además de los frigívoros, Como en los primeros contactos allí habitaban básicamente telefónicos dos de ellos dijeron chupadores de polen y cazadores que al final todos alucinaban, de insectos. escuché a un neurosiquiatra. En esta forma, cuando hablé Como el tiempo del relato con ellos, les escuché decir que abarcaba un arco de diecisiete siempre les cayeron sobre la German Castro Caycedo en su hogar. días en la oscuridad total, calculé cabeza y los hombros  residuos que bien podrían ser escenas del de guayabas. Eso me permitió teatro negro de Praga que ya había visto. No obstante, consulté con un director establecer, por ejemplo, que habían quedado atrapados en una zona de teatro que estudió en Checoslovaquia y él me explicó la técnica. habitada por una comunidad de murciélagos frigívoros. También me asesoré de un montañista. Quería saber qué equipos deben Y, ¿por qué nunca los mordieron los vampiros? Porque los jóvenes llevarse a una caverna para transitar por allí. Los jóvenes, desde luego no lo permanecían más allá de la zona habitual ocupada por aquellos que chupan sabían, pero el detalle era importante. sangre.

18


Ge

r m a n

Ca

Pero, además, en la caverna surgieron las secuencias más dinámicas de cada relato: cuando se logra llevar a los personajes hasta los lugares donde ocurrieron los hechos, allí ya no están recordando sino viviendo intensamente. Pero, además, bien hacer en periodismo es saber contar. Cuando uno estructura una noticia está contando una historia. Está narrando. Para contar bien, entre otras cosas, hay que tener abundancia de información. Si hay superávit no es necesario inventar nada. De eso se trata el periodismo. Visto desde otro ángulo, un reportaje debe registrar el ambiente del lugar donde ocurren los hechos. Ese ambiente también tiene que ver con el mundo de las sensaciones que capta el ser humano a través de los órganos de los sentidos. Por eso acostumbro a acoger en los relatos, colores, sabores, olores, texturas, sonidos.  

s t r o

Cay

c e d o

bajando la vista, la luminosidad empobrece gradualmente y entonces la sinfonía va decreciendo: verde musgo, verde oliva, verde montaña”.

COLORES En El Hurakán uno de los lugares donde fue escenificada parte importante de la historia, es la selva pantanosa de El Darién, entre Colombia y Panamá. Como resulta fundamental tener una vivencia personal en cada escenario, viví una semana en aquella selva. De regreso, hablé con un ornitólogo especialista en la zona, con un botánico, con un médico historiador para establecer qué enfermedades encontraron allí los conquistadores y cuáles llegaron posteriormente a América. Después hablé con un médico salubrista. La descripción de síntomas y signos de cada enfermedad me permitirían colarme dentro de los enfermos. A la vivencia personal agregué una entrevista con el pintor David Manzur. Se trataba de “vestir” el relato y comencé por indagar acerca de colores, tonalidades, coloraciones, efectos. En el primer caso se trataba del verde.  En la selva había paseado la mirada de arriba abajo por la vegetación para registrar en mi memoria los cambios de luces y tonalidades a las diferentes alturas. Combinando la experiencia personal con las enseñanzas del maestro, escribí: “La gran vegetación es verde. Arriba, en el contraluz, verde manzana, verde lechuga, verde turquesa, verde sabia, pero a medida que uno sigue

Castro Caycedo momentos antes de una conferencia

En otra fase del trabajo de campo, me embarqué en el buque escuela Gloria de la Armada Nacional durante un mes, tiempo que duró su travesía por el Caribe. La ruta era la misma que hacían los buques a la vela que

19


Ge

r m a n

Ca

venían de España en el Siglo Dieciséis. En el Gloria buscaba aprender de velas, de mástiles, de jarcia, de cubierta, de amuras... Pero también, sentir la sensación de soledad y lejanía para entender mejor las vivencias de los Cronistas de Indias. Los colores cambiantes del mar día tras día me permitirían manejar conceptos como el tiempo y la distancia en algo tan desconocido para mí como ciertas intimidades del mar. La fecha en que zarpamos de Hamilton, Bermuda, el día era gris. El maestro Manzur me había enseñado que el gris es la neutralización de tres colores: amarillo, azul, rojo. Algo indefinible. --- ¿Quienes lo manejaron con maestría? --- Rubens, Zurbarán, Velázquez, Murillo... Finalmente, a mí el gris me entristece. “Día gris. Hacia las once, el color del cielo se había regado totalmente sobre la superficie de la mar, sin ondas, reposada y caliente. Era un gris luminoso e imponderable como los que manejaban Velázquez y Murillo. Así, un gris total. (¿Rubens? ¿Zurbarán?) Un gris salido de la gran paleta de la naturaleza que ahora no solamente neutralizaba los colores sino los sentimientos”. Cuando comienzo a escribir, experimento algo parecido a los instantes  en que revelo un rollo fotográfico, o miro en el visor de la cámara la impresión de la fotografía captada: allí vuelvo a vivir las sensaciones del trabajo de campo: la emoción, el miedo, la soledad, y eso es lo que finalmente uno transmite a través de cada escrito. Con este fin, antes de comenzar a escribir colgué frente a la computadora un trozo de lienzo con la degradación de azules hecha por una pintora caribeña. Allí identifiqué la coloración del Mar de los Zargazos. El siguiente paso era, entonces, averiguar cuanto más pudiera sobre el azul. Manzur me había explicado, por ejemplo, que el azul irradia en la medida en que se le mezcle con el blanco. Dijo también que el azul ultramarino fue utilizado en la Edad Media por los Hermanos de Limburgo para pintar las capas de los Luises de Francia En una enciclopedia del color encontré que aquel es el mismo que aflora en los Libros de Horas y en el del Duque de Berry.

s t r o

Cay

c e d o

Finalmente busqué en un diccionario de sinónimos, y para complementar,  consulté en una enciclopedia de heráldica otros nombres que se dan al azul. “Tercer día: el mar amaneció azul. Un azul tan profundo como  no lo había visto en mi vida. Allí comprendí por qué a ese tono concentrado le dicen azul ultramarino, que es el mismo que utilizaron los hermanos de Limburgo para darle vida a las capas de los Luises de Francia. Es el de las ilustraciones medievales de los Libros de Horas y el del célebre libro del duque de Berry: azul oscuro, transparente, que mezclado con el reflejo del blanco de algunas nubes bajas que flotaban a esa hora, empezó a irradiar tanto que terminó por inundarlo todo. Entonces la cubierta lustrosa dejó de ser gris y pareció adquirir ese sabor a índigo, a azur, a añil que contagió a las cortes francesas...”. En otra secuencia me apoyé en el manejo de los colores para darle al relato un tinte político. Durante la navegación, el Capitán de Navío Sigifredo Velandia me explicó algo acerca del espectro solar. Luz y colores. Descomposición de la luz en el agua y su longitud de onda. En el siguiente orden, los colores van desapareciendo a medida que el mar se hace más profundo: rojo – amarillo – naranja – verde – azul – violeta - morado Y los colores antípodas: azul - naranja rojo - verde Por su parte, Elvira Alvarado, una bióloga marina, me había enseñado que la coloración verdosa del Mar Caribe, obedece a que allí las aguas azules están invadidas por una especie de polen amarillo que viene de la vegetación en tierra. Polen que significa el primer eslabón de la cadena de alimentos en el mar. Lo llaman “planton”. “Buceando a tres metros de profundidad, Hamir González, un teniente de fragata, se cortó una mano. Su sangre se veía verde, era verde, fluía verde. Pensé por un momento que si en el Caribe se puede asociar al amarillo con la vida, la muerte debe ser verde como sus aguas,

Cada uno de mis libros es una película de la fantasía popular.

20


Ge

r m a n

Ca

colmadas con la sangre que empezó a mancharlo el amanecer del 12 de octubre de 1492”. En “La noche de las lanzas”, parte de los escenarios son la selva amazónica, zona ecuatorial, donde el sol cae absolutamente vertical. En algunas secuencias utilicé la luz y el color para manejar el tiempo dramático del relato, puesto que en el Ecuador se ve perfectamente cómo se va descomponiendo la luz a medida que transcurre el día. Por otro lado, los indios amazónicos, como los maestros de la academia, saben que no existe el negro sino el azul. Visto desde esta perspectiva es posible comprobar como el día está determinado por la manera como se alejan, o se acercan el azul de la noche  y el rojo del sol, por lo cual, para determinar las horas del día, los indígenas no miran la posición del sol sino el color de las nubes y las aguas de los ríos. Es decir, conocen tan bien como Goethe el espectro solar, a pesar de no saber quién fue aquel personaje. Resultado: “¿Qué hora es? Las cinco de la mañana porque el cielo es azul. Un poco después serán las seis: el azul va desapareciendo y el río se ve azul verdoso. A las siete es amarillo verdoso, y a las nueve, amarillo. Al mediodía, la luz blanca hiere la vista. A esa hora el sol cae a plomo sobre la selva. A la una de la tarde el aire es amarillo naranja. A las dos, naranja. A las tres, rojo, y se mantiene así hasta las cuatro y media, casi las cinco, cuando cambia a naranja rojizo ----arreboles---. A partir de allí comienza a acercarse la noche azul que va mezclándose con el rojo. Por eso, después de las cinco el espacio es rojo violáceo. A las seis, violeta. A medida que crece el azul, el violeta palidece, y un poco después de las seis desaparece, y nuevamente todo se ve azul. Es la noche. “Una mañana, más arriba de las nubes amarillas se escuchó el ronquido de un avión. Dio vueltas y se perdió nuevamente. El avión regresó al día siguiente y flotó allí encima, yendo y viniendo, desde el amarillo verdoso hasta el amarillo”.

s t r o

Cay

c e d o

SONIDOS: Como muchas vivencias personales correspondían a selvas diferentes a la del Darién, tomé una grabadora Nagra 5, sonido brillante y limpio, viajé a la zona y allí e intenté captar el ambiente,tanto de día como de noche. Al regresar, consulté con el ornitólogo Bernardo Ortiz, experto aves de la zona. Corolario: nada es igual a nada, aún cuando se parezcan. No es lo mismo la selva amazónica que la del Darién. Los sonidos de la selva durante el día son unos y por las noches, otros. Resultado: “La selva es una caja de sonidos persistentes. Todos nuevos, todos extraños y diferentes de día y de noche. La mayoría son el idioma de los pájaros que, por ejemplo, dicen de día “pichí” o de noche “currucutú”. “.... y se escucha de golpe el tuto-tuto” permanente de un pájaro que se llama...¡Tuto!. Otros dicen, “priprá-priprá”, “ajaiajaja”, “tirotiroé”, “cratucráaa”, “tuíii - tuíii”, “petué”, “guaco-guaco”, sonidos elementales ante los de virtuosos como el Sinsonte, pero de todas maneras, sonidos extraños porque allí cantan o graznan al tiempo, hormigueros, soledades, pavas, guacharacas, halcones, paujiles, pericos, guacamayos, martínpescadores, corretroncos, horneros, atrapamoscas, loros, cacambras, cucaracheros”. En este caso, el sonido no solamente es producido mediante la utilización de la onomatopeya del canto de los pájaros, sino ese acerbo, esa cantidad de nombres que al recopilarlos parecen tener una métrica, una rima... Una musicalidad. Musicalidad   que proviene del mundo de las palabras. Es que, me parece que en algunas áreas del reportaje se trata de lograr una especie de unidad melódica, una especie de curva melódica que marque el son, que gobierne la cadencia. De la musicalidad lograda mediante la repetición de palabras que se recalcan con la intención de amplificar, tanto su sonoridad como su significado, posiblemente equivalgan a alguna melodía.

Mis protagonistas son agonistas: gente del riesgo real.

21


Ge

r m a n

Ca

En la narrativa no-ficción, es necesario trabajar en función de cierta musicalidad, para lo cual es definitivo el manejo de la sintaxis: la puntuación, la utilización de signos, de manera que sea posible desentrañar estados anímicos de ciertas entonaciones al hablar.

OLORES La selva es un mundo de olores temprano en la mañana y al atardecer. Al regreso de un viaje investigué con un experto en aromas quien confirmó cómo al comienzo los olores tienen fuerza, pero a medida que transcurre el tiempo va bajando la intensidad, aunque persiste el cuerpo de cada perfume. Luego ese olor comienza desaparecer. Se llama desenlace, pero lo hace pasando nota por nota con una gran armonía, desde lo más concentrado hasta lo tenue. Igualmente que los olores tienen carácter. En la selva había asociado los olores a cosas identificables por mi, como el de algunas iglesias (incienso), una dentistería, una carpintería. Al fin y al cabo parte de los productos químicos y farmacéuticos vienen de la síntesis de elementos de la naturaleza. Resultado: “Vinieron épocas de sequía y se fueron, y después lluvias y lluvias, y ríos inmensos, perfume de plantas que florecen con la humedad que deja la borrasca. “Cuando florecen, aumentan las mariposas y al comienzo del día se concentran en la selva todos los olores. A las cinco de la mañana se siente la fuerza: perfume de flores que huelen a frutas, a citronela, a canela, a artemisa, a nuez moscada, a comino, a coriandro, a ámbar, a anís, a vainilla, a estragón, a laurel, a orégano, a menta, a bergamota. Perfumes verdes, espumosos, cálidos, frescos, carrasposos. Olores grasosos, olores polvosos como el talco, picantes como la pimienta. Según el carácter de cada aroma, a las cinco y media la selva parece oler a musgo, a hierba dulce, a carpintería, a dentistería, a iglesia, a funeraria, a gelatina de fresas... a  colorete de mujer.    “Sobre las seis y media baja la intensidad pero persiste el cuerpo de cada perfume y, diga usted, a las ocho, empieza a desaparecer. Es el desenlace de las fragancias que han pasado, nota por nota, desde lo intenso

22

s t r o

Cay

c e d o

hasta lo volátil, decreciendo con una armonía que solo logra la sabiduría de la naturaleza. “A las nueve no hay olores. Ellos regresan con el mismo vigor a eso de las cinco de la tarde, cuando aquí ya es de noche. A las seis el indio se cuela en su casa de hojas de palma y comienza a cabecear y luego a soñar con la relación pasional de las flores y las mariposas, en esta selva que, definitivamente, es lujuria.

ALGUNAS CRITICAS RECIBIDAS POR SUS OBRAS COLOMBIA AMARGA La publicidad, la crítica, los premios, la evidencia misma, ya consagraron la obra de Germán Castro Caycedo como uno de los máximos logros de nuestro periodismo. Pero muy pocas veces ---todas con mi firma--- se ha hecho énfasis en que esa misma obra tiene notables valores literarios, muy superiores en los resultados a las narraciones de ficción colombianas ---novelas y cuentos--publicadas después de 1970 con la única excepción de las de García Márquez. El viejo prejuicio de considerar que el periodismo es un género inferior a la ficción ha prevalecido en quienes se han referido a la literatura narrativa colombiana de los últimos doce años: Angel Rama y Raymond Williams. La incidencia de este prejuicio es la única explicación posible de que hayan omitido en sus recuentos el más valioso libro de textos narrativos cortos, por mucho, entre los publicados en el país en estos años, como es Colombia Amarga de Germán Castro Caycedo (por la calidad de sus historias, por la economía, la eficacia, la claridad, la desnuda belleza de su prosa, por la manera como muestra que en este país la excepción es degradante regla general). Y que no tengan en cuenta en sus críticas de novelas, a la mejor de todas ellas, un libro testimonio de la realidad, el único ---casi--- en que suceden cosas, esa prodigiosa aventura, tan lineal, tan apasionante, tan certera como Perdido en el Amazonas, también de Germán Castro Caycedo. En los dos primeros libros de este autor hay una formidable lección de sabiduría literaria. Y esa lección se corrobora, todavía con más fuerza en


Ge

r m a n

Ca

su tercer libro, Mi alma se la dejo al diablo: no hay autocomplacencia en la prosa de Castro Caycedo, no hay alardes formales. Interesan la historia, el contenido, los hechos desnudos. En la maestría de su prosa, las palabras surgen impuestas por valores como la claridad y el ritmo narrativo. Esta es su lección, la misma que dejaron otros periodistas como Defoe, como Stevenson, como Graham Green. Germán Castro Caycedo, ya se sabe, es un gran periodista, un excelente investigador. Pero Germán Castro Caycedo es, también, para la literatura, el narrador más importante surgido en Colombia después de García Márquez. Rogelio Echavarría, Diario El Tiempo Marzo 31 de 1982

MI ALMA SE LA DEJO AL DIABLO No vacilo en afirmar que Mi alma se la dejo al diablo un libro que conduce la curiosidad del lector, está llamado a perdurar como una de las obras más descriptivas y auténticas de la literatura colombiana. Sin alcanzar la categoría literaria de La Vorágine de José Eustasio Rivera, yo lo encuentro más realista, justamente por menos retórico. Ojalá algún crítico emprenda el análisis documentado de un fenómeno que está resultando característico de nuestra época: la influencia del periodismo sobre la literatura, y de la literatura periodística sobre la novela. Porque resulta evidente que la técnica periodística  que prefiere la realidad a las reacciones subjetivas del relator, ha descubierto cuan novelesca es la realidad. Mi alma se la dejo al diablo es un libro formidable. Enrique Caballero Escovar, Diario El Espectador Mayo 5 de 1982

EL KARINA El Karina es un horado ensamblaje de testimonios en el cual cada pieza de la historia es textual. Quienes van de las ciudades alemanas a la selva amazónica, a los arenales guajiros, a los puertos del Caribe, al Canal de Panamá y por último a las aguas colombianas del Océano

s t r o

Cay

c e d o

Pacífico, son los que fueron entre junio y noviembre de 198. Quienes hablan son los que vivieron a su propia consta los hechos agónicos, no los episodios de esta historia.   Protagonistas literales. Protagonista equivale a primer agonista. Guerrilleros, marinos y militares, aventureros, hampones, hombres del pueblo, alguna mujer joven. Gente del riesgo real que no se deja nimbar de gloria. Gente que sabe cuánto miedo cabe en el coraje, y lo contrario. Cada trozo de este relato se ha cortado de la verdad. Sin embargo, el lector preso en su trama, comprueba que para llegar a esta madurez de la forma literaria, se ha puesto en juego un don creador equivalente al de cualquier gran narrador de ficción. Gonzalo Mallarino Botero, Diario El Espectador Agosto 6 de 1985

EL HUECO Con esa misma tenacidad apasionada con que siguió a través de la selva los pasos de un desaparecido y de un muerto en Perdido en el Amazonas y en Mi alma se la dejo al diablo; con el mismo rigor profesional con que reunió en una inolvidable nunca antes contada del recorrido de las armas de El Karina (el mejor libro de la década), Castro Caycedo ha dejado al descubierto la intensa y dolorosa historia de los emigrantes clandestinos a los Estados Unidos. Son descubrimiento que sólo saben hacer los mejores de este oficio del periodismo que son quienes redimen este quehacer de la transitoriedad. Esta forma de periodismo va al fondo, obliga al lector a vivir el fenómeno real, entrega elementos fiables y válidos a los científicos sociales y notifica a la sociedad sobre un hecho que requiere un tratamiento. Son crónicas que trascienden su momento y quedan ahí en el libro como trozos vivos de la historia. El periodista desborda su condición de historiador del instante y se convierte en cronista de una época. Con El Hueco Germán Castro Caycedo nos acaba de entregar un documento en el que se reúnen el rigor y la precisión del historiador, junto con el dinamismo y frescura vital de un formidable narrador. Javier Darío Restrepo, Diario El Mundo Marzo 13 de 1989.

23


Ge

r m a n

Ca

EL CACHALANDRÁN AMARILLO Germán Castro Caycedo se lanza ahora como narrador de tradición oral. El Cachalandrán Amarillo (Cachalandrán, traducción popular de Challenger a legua local vallenata), es el título de 25 narraciones cortas , resultado de un proceso de búsqueda por todo el país y de decantación. El autor ha tomado narraciones populares y las ha vertido a un magnífico trabajo literario. Los textos tienen la grandeza de lo simple. Esto es, ni más ni menos, las visiones profundas de la cosmovisión de las personas  que aún tienen la cualidad del deslumbramiento. El escritor, como es su costumbre, las trabaja con un acento literario sin que las narraciones pierdan su esencia. Es un libro para ser leído de una tirada: agradable, conciso y rico en posibilidades de interpretación según cada cultura ancestral allí abocada. Matilde Libreros, Diario El Espectador Noviembre 13 de 1989

EL HURAKÁN El primer libro que se ha publicado para la conmemoración de los quinientos años del descubrimiento de América es El Hurakán de Germán Castro Caycedo. La comisión colombiana de historiadores podría recomendarlo como un fresco bien logrado de lo que se presentó como la cultura europea a los ojos de los indios en la empresa colombiana. Nos decían caídos del cielo, hijos de Dios escribía el Almirante a los reyes y al Papa. Nosotros decimos ahora que ocurrió el encuentro de dos culturas. Iban a difundir la cultura de Dante, Aristóteles, Platón, Santo Tomás... Analfabetos guerreros sin oficio hechos unos vagos después de las guerras contra los moros, labriegos sin tierra, y en el tercer viaje, criminales que salían de la cárcel a cambio de un puesto en la aventura... Espadachines y criados llegaban a liberarse de la miseria de España donde no habían tenido escuela que la pobreza. El libro de Castro Caycedo no hace otra cosa que recoger testimonios directos de Colón y de los cronistas de Indias, tras lo cual visita y vive algunos sitios donde ocurrió la historia: desde Sevilla por el Guadalquivir hasta Cadiz, el Museo Náutico de Barcelona, un mes a

24

s t r o

Cay

c e d o

bordo del velero Gloria de la Armada colombiana siguiendo los mares que navegaron los barcos de la conquista, Quisqueya (Dominicana, Haití, la isla de la Tortuga), la selva de El Darién donde se levantó la primera ciudad en tierra firme, Panamá, Jamica, la desembocadura del Orinoco en Venezuela. Los relatos que hace Castro Caycedo en El Hurakán nos estremecen de horror, y pueden compararse con lo que se ve en el museo Rotemburgo en Alemania. Germán Arciniegas (historiador), Diario El Tiempo Enero 20 de 1992


NELSON LIBRO