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V TEMÁTICA SOBRE LA SOCIEDAD

«Como la monarquía es lo mejor, el régimen de un tirano es lo peor. Opónese la democracia a la policía [demagogia] si, como de lo anterior se deduce, hay un gobierno que se ejerce por muchos; a la aristocracia se opone la oligarquía, si se ejerce por pocos; la monarquía a la tiranía, si se ejerce por uno solo. Hay que demostrar en principio que la monarquía es el mejor régimen. Luego si a lo mejor se opone lo peor, es necesario que la tiranía sea lo peor […] (Santo Tomás de Aquino: La monarquía [1265-1267], Barcelona, Altaya, 1994, pág. 17) «El hombre que se guía por la razón es más libre en el Estado, donde vive según leyes que obligan a todos, que en la soledad, donde sólo se obedece a sí mismo» (Baruch de Espinosa: Ética demostrada según el orden geométrico, Ed. de V. Peña, Madrid, Editora Nacional, 1980, IV, prop. LXXIII) «El comunismo hará que el gozo supremo del trabajo libre y creador deje de ser privilegio de unos pocos para convertirse gradualmente en patrimonio de todos. Y con el correr de los días, el tiempo invertido en el trabajo, que para millones de seres fue durante largos siglos tiempo robado a la vida, pasará a ser tiempo que enriquece la vida. Ello constituirá una gran victoria del humanismo comunista. Sus resultados se dejarán sentir en todas las esferas de la vida social, haciendo apare cer nuevas relaciones entre las gentes, creando las premisas para un florecimiento sin precedentes de la personalidad y asegurando las condiciones para implantar la nueva forma, comunista, de distribución » (O. Kuusinen (Dir.): Fundamentos de marxismo-leninismo. Manual, Moscú, Ed. Progreso, 1964, pág. 859)


1. El ser humano: animal social. 1.1 El animal político 2. La sociedad natural 2. 1. De la sociedad natural a la sociedad política 2. 1.1. Cabecillas, jefes y reyes 2.1.1.1 Tres enfoques materialistas 3. La sociedad política 3.1. Sociedad política frente a sociedad natural 3.2. De la cultura bárbara a la cultura civilizada 3.3. Historicidad de la sociedad política 3.4. El poder en la sociedad política 3.5. Partes de la sociedad política

3.6. Dinámica interna del poder en la sociedad política 4. La eutaxia de la sociedad política 4.1. Eutaxia y justicia 4.1.1 «Justicia política» y «justicia social» 4.1. 2. Tránsito entre la eutaxia y la justicia 5. Sistematización de las teorías sobre el poder: el poder es bueno, es malo, es «regular» 5.1. Política y moral: divergentes. 5.2. Política y moral: convergentes. 5.3. Política y moral: el juego de las convergencias y divergencias.


¿Puede el ser humano concebirse sin sociedad?, ¿hay un individuo humano al margen de la sociedad?, ¿cómo han evoluc ionado o no las d istintas sociedades históricamente?, ¿qué hemos de entender por política?, ¿es buena, mala, necesaria, prescindible? La argumentación central de las respuestas la organizaremos desde los enfoques del materialismo filosófico. (Act. III.1 y/o III.3) 1. El ser humano: animal social

Conducta normada Las normas son formas de conducta característica del ser humano que surgen de rutinas exitosas y que implican un lenguaje articulado y operaciones artificiosas o prudenciales guiadas por programas (cocinar...) a través de los cuales se organiza la vida humana como tal. En la conducta animal en general ha de hablarse, solamente, de conductas pautadas (cortejo...). Las conduc tas normadas recubren el ámbito de las ciencias humanas al modo como las leyes naturales rigen las ciencias físicas. La ceremonia es un ejemplo de conducta normada.

Las características específicas del animal social humano son el lenguaje articulado, la conducta normada, la realización de ceremonias, la tradición como transmisión cultural, y, al pasar de la sociedad natural a la sociedad política, la articulación de su vida social en la historia. El ser humano es un animal social, animal político (zoon politikon) en expresión de Aristóteles. Pero es animal social no porque partiendo de una esencia personal vendría a desarrollarla plenamente entre las demás personas, sino porque sin sociedad ni siquiera sería persona (tema 12). El homo sapiens sin sociedad, aislado totalmente, no puede ser sino una «fiera» con una inteligencia peculiar, como lo demuestran los casos de niños ferinos. Como una hormiga que ha de vivir fuera de un hormiguero pierde sentido o como una abeja sola no podría fabricar miel, un ser humano recluido en su individualidad perdería su humanidad. No basta sólo la conformación biológica en el caso de muchos animales sociales. Pero la diferencia entre los animales sociales, en general, y el ser humano reside en determinados componentes exclusivos que caracterizan la vida en sociedad humana: el lenguaje articulado (segunda articulación), la conducta normada y no meramente pautada, y la vida social donde se desarrollan no ya sólo ritos zoológicos estereotipados (apareamiento…) sino ceremonias (la caza cooperativa, la cocina según recetas, un funeral…) que se transmiten en una tradición y finalmente en forma histórica. Los animales no tienen historia y aunque utilizan algún tipo de lenguaje, éste no llega a alcanzar la segunda articulación que es la que permite un lenguaje y un pensamiento capaz de «universalidad semántica», por la que podemos transmitir información sobre aspectos, propiedades, lugares o acontecimientos del pasado, presente o futuro, reales, posibles o imaginarios, y sin que se agote la capacidad de productividad lingüística. 1.1 El animal político

El poder político es trascendental al ser humano en cuanto vive en sociedades de una determinada complejidad, y no hay que confundirlo con el «poder etológico», del que evolutivamente nace. De la sociedad natural a la sociedad política Las relaciones de poder político propias de las sociedades humanas tampoco cabe reducirlas a los modos de poder de las sociedades animales. La estructura jerarquizada y los comportamientos de dominación los comparte genéricamente el homo sapiens con los animales sociales, especialmente con los primates más próximos, sin embargo, el poder político humano no se constituye exclusivamente desde rasgos compartidos con los animaSecuencia de operaciones humanas con un principio y un final les (rasgos cogenéric os). Aunque el poder político utiliza la delimitados: un funeral, una boda, un discurso político. Las acciones fuerza física que actúa por contacto y poco tiempo (golpear...), desarrolladas dentro de la ceremonia están sujetas a normas y, frenno puede basarse en ella como elemento fundamental exclusite a los simples rituales que comparte con los demás animales, la vo, y debe sustituirla por la autoridad o «fuerza» a distancia y estructura de la ceremonia es característica exclusiva del ser humano de larga duración, sustentado en el lenguaje, en una tradición e incluye momentos prohibitiv os, además de una finalidad precisa. histórica y en normas estructurantes del conjunto social. Para Pueden ser ceremonias circulares, radiales o angulares. ello el poder político actúa a través de planes y programas, que

Ceremonia


La política de los chimpancés «Poder» etológico: En la vida grupal de los chimpancés , puede reconocerse la estructura del siste ma económico humano, con sus transacciones recíprocas y la centra lización del poder. Sin embargo, los chimpancés prefieren interc ambiar favores sociales en lugar de regalos o bienes, y su apoyo desemboca en un individuo central, que utiliza el prestigio que este apoyo le propor c iona para asegurar el bienestar social. Esta es su responsabilidad y, si falla en la labor de distribuir conve nientemente el apoyo que le prestan, puede ver perjudicada su propia posición. (Frans de WAAL: La políti ca de los chimpancés, Alianza, 1993, pág. 310)

se instituyen victoriosamente y consiguen una cierta estabilidad. El poder político resulta del poder zoológico o etológico, pero queda convertido en algo diferente cuando los elementos antiguos se transforman en los nuevos en el interior de una nueva estructura que los dota de otra naturaleza (transformación por «anamórfosis»). Por ello aunque se puedan distinguir elementos compartidos (cogenéricos), el poder político es específicamente humano (transgenérico), y en esa medida transcendental a la especie humana. Pero además de trascendental, el poder político se ha constituido en la «naturaleza social humana» históricamente. Antes de que apareciera el tipo de sociedad que llamamos sociedad política, los seres humanos vivieron en sociedades menos complejas: la sociedad natural. El poder político, como forma de dominación humana procede por «anamórfosis» de las formas de dominación animal, pero aquél se ha ejercido bajo dos grandes modalidades: primero, en un contexto de sociedad natural, después, en la sociedad política propiamente dicha. (Act. I, texto 1) 2. La sociedad natural La sociedad natural es previa a la sociedad política y se caracteriza porque su estructura interna (intraestructura) es convergente o con capacidad de neutralizar las divergencias internas. El materialismo filosófico entiende que una sociedad natural humana es un conjunto formado por sujetos cuya organización interna no ha alcanzado todavía las características de una sociedad política. No se debe falsamente idealizar, dentro de esta sociedad natural, un individuo convertido en «buen salvaje» como idearon algunos filósofos ilustrados, entre ellos Rousseau. El individuo no vive más independiente ni más «libre» en una sociedad natural, sino integrado de otra manera. El ser humano natural se comporta siguiendo patrones rutinarios adquiridos por aprendizaje y fuertemente impuestos por el grupo. El sistema de regulación social viene establecido por el funcionamiento de los grupos de parentesco y las reglas de filiación, la determinación de las familias, los linajes y los clanes, con residencia matrilocal, patrilocal, avunculocal…, y las normas de casamiento, habitación, de iniciación al mundo adulto y por el respeto a los tabúes y las costumbres del grupo. Los enfrentamientos violentos en el seno de esta sociedad existen pero quedan fundamentalmente neutralizados por el ordenamiento convergente global del grupo. La sociedad natural no está compuesta simplemente por individuos, porque en su seno encontramos subgrupos (familias, división de sexos, grupos dirigentes, &c.) unidos por el cumplimiento de las normas, que están sustentadas por uno o varios de esos subgrupos dentro de una estructura global que permite la convergencia entre todos. El subgrupo imperante consigue articular todas las partes dentro de una sociedad compactada, cuyas normas tienden a mantener el equilibrio interno y a un desarrollo equilibrado con relación a los recursos vitales existentes. La estabilidad de un grupo en el estadio histórico de sociedad natural viene dada por la capacidad de utilizar el entorno natural de forma exitosa dentro de su sistema cultural. Estos grupos son también capaces de desarrollar patrones de conducta característicos con los númenes que resultan globalmente integradores. Lo característico de la sociedad natural es que su estructura interna o «intraestructura» se organiza de manera convergente. 2. 1. De la sociedad natural a la sociedad política

Coronación de Napoleón

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Tema 17

Las sociedades naturales organizadas en bandas y aldeas evolucionaron hacia la sociedad política de las jefaturas, reinados e imperios. La constitución de las ciudades se halla en un punto de inflexión entre la sociedad natural (sin Estado) y la sociedad política (en general, con protoestado o con Estado) Hace unos 50.000 años el Homo neanderthalensis comenzó una progresiva desaparición del planeta que finaliza hace unos 25.000 y dejó paso a la única especie que había coexistido con él en los últimos miles de años: el Homo sapiens, es decir, nosotros. El Homo sapiens aparece en África, por evolución de especies anteriores de homínidos, entre 200.000 y 150.000 años y se extendió posteriormente a los cinco continentes del planeta (véase el tema 8). El hombre del paleolítico vivió de la recolección y de la caza en el seno de grupos de varias familias, habitó las cavernas, desarrolló el arte rupestre, la talla, el grabado, los objetos decorativos… y el perfeccionamiento de las armas líticas. Hace unos 30.000 años la humanidad vivía en bandas cazadoras y recolectoras de unos 50 individuos. Una buena parte de estas bandas se constituyeron en aldeas de unos 150 individuos, que vivían al principio de la caza y la recolección pero que con los asentamientos de la vida agrícola y ganadera (revolución neolítica) [véase el tema 14] se fueron generalizando y creciendo en densidad de población, hasta que aparecieron los primeros núcleos como el de Jericó, hace 8.000 años a.n.e. con unos 2.000 habitantes. A partir de aquí data el inicio de las ciudades: Chatal Hüyük (6.000 a.n.e, Turquía, 6.000 habitantes), Sumer (sur de Irán-Irak, 3.500-3.200 a.ne.), Uruk (Irak, 3.500 a.n.e.). Estas ciudades y otras como Lagash, Eridu, Ur, Nippur, Tell-esSultan, Babilonia… florecerán a partir del 3.200 a.n.e como reinos independientes.


Las sociedades preestatales formadas por bandas y aldeas fueron dando paso a la sociedad política, a través del desarrollo de formas de poder y organización social que abarcaba grupos poblacionales constituidos por varias aldeas y por un número creciente de habitantes. Algunas de las sociedades pasaron a ser gobernadas por jefes y por reyes. Algunos de estos reinos dieron lugar a los primeros imperios, babilonio, asirio, hicso, egipcio, persa, chino, inca…, por un proceso de asimilación de los territorios colindantes con una organización social más pimitiva. Los que fueron evolucionando más aprisa marcaron tarde o temprano el ritmo general de todos los demás con los que entraban en relación. 2. 1.1. Cabecillas, jefes y reyes El «materialismo cultural» defendido por Marvin Harris analiza cómo pudo ir constituyéndose el actual p oder polít ico de nuestras sociedades modernas desde las sociedades naturales h asta la aparición de los estados. Para ello se apoya en el estudio de distintas sociedades prim itivas que han llegado hasta nuestros días (Introducción a la antropología general, 1985; Nuestra especie, 1989; Jefes, cabecillas y abusones, 1993). Diferencia entre sociedades preestatales y sociedades estatales. Las sociedades preesta tales son la s sociedades de bandas y de aldeas, que basan su econom ía cazadora y recolectora en el intercambio recíproco, con una organiz ación de mando m uy poco jerárquica guiada por cabecillas, a los que se consulta y respeta pero a los que no se obedece necesariamente; los cabecillas ejercen una función igualitaria más que de mando. A su lado, los chamanes introducen funciones mediadoras en el grupo que sólo son constrictivas en la medida que ejercen de eco de la «opinión públic a». Harris ve ejemplos de estos modos de vida en los !kung San (África: desierto del Kalahari, entre Bostwa na y Namibia), los esquimales (Alaska), los semais (Malasia) , los indios mehinacus (Brasil), &c.. Los tsembaga ma ring (Nueva Guinea), estudiados por Roy Rappaport, son un clan que se alimenta del cultivo de ñames, batatas, mandioca, ca ña de azúcar, que, al contrario de las bandas de vida itinerante (como los !kung), pueden dejar ya la vida nómada, salvo en las desbandadas provocadas por las guerras. Los yanomamis (Amazonia: entre Brasil y Venezuela) , estudia dos por Kenneth Good, representan un modo de vida con una agricultura deficiente y que depende del éxito improbable de la caza, lo que les obligaría a ser belicosos frente a otras tri-

Los cabecillas de los !kung: Cuando Lee preguntó a los !kung si tenían «cabecillas » en el sentido de jefes poderos os, le respondieron: «Naturalmente que tenemos cabecillas. De hecho somos todos cabecillas... cada uno es su propio cabecilla» (Marvin HARRIS: Nuestra es pec ie, Madrid, Alianza, 1991, págs. 339-340).

Los jefes kwakiutl La jactancia fue llevada a su grado máximo por los kwakiutl, habitantes de la isla de Vancouver, durante los ban quetes competitivos llamados «potlatch» [...] los jefes redistribuidores decían cosas como éstas: «Soy el gran jefe que avergüenza a la gente [...] Hago que las gentes se cubran la cara al ver lo que continuamente hago en este mundo [...] Tribus, regalando propiedades soy el primero» (M. HARRIS: Nuestra especie, Madrid, Alianza, 1991, pág. 347-348)

Etnias y razas

bus, y a practica r un aborto selectivo de niñas que rebaje la presión demográfica. En todo caso, la subsistencia y la evolución de e stas sociedades de menor a mayor complejidad depende de la relación que se da entr e el aumento de la pobla ción (presión demográ fica) y la disponibilidad de rec ursos de supervivencia. La a menaza de ruptura en e l e quilibrio de esta relación lleva al grupo a defenderse con medidas com o la práctica del aborto o del infanticidio (muertes por negligencia...) o bien, a introducir métodos de intensificación de los recursos alimentarios. Esta segunda vía puede conducir a un continuo progreso en la introducción de técnicas, que permiten el incremento de la población sobre un te rritorio domina do m ás amplio. De esta manera, de las bandas y aldeas preestatales se transita a sociedades gobernadas por jefes, prim ero «jefes igualitarios» y después jefes hereditarios convertidos en r eyes, que ejercen ya un poder coactivo. A pa rtir de las jefaturas hereditarias vemos ya poblaciones entre 10.000 y 30.000 habitantes. Estas jefaturas constituyen el nexo entre las sociedades preestatales y las estatales cuando se conjugan dos circunstancias: una población numerosa que supere los 10.000 habitantes y unas condiciones de poblamiento que cierre la expa nsión geográfica ilimitada, es decir, una población «circunscrita». El estudio de M. Harris viene a sugerir que del cabecilla de la banda y del jefe de la tribu se forma , por una progresiva ac umula ción de poder, los «grandes hombr es» o mumis (así se les llama en Bougainville, una de las islas Salomón, en el Pacífico Sur). Mientras que en aqué-

El rey Bunyoro La diferencia entre un Estado y una jefatura puede ilustrarse con el caso de Bunyoro, reino situado en Uganda [...] El poder supremo... rec aía s obre el Mukama, [quien computaba su filiación hasta el princ ipio de los tiempos y de quien dependían las concesiones de las tierras cultivables; a cambio recibía tri butos (alimentos, artesanía y s ervicios de trabajo) que s e canaliz aban a los cuarteles generales y a las empresas estatales] (M. HARRIS: Introducción a la antropología general, pág. 332, -texto adaptado)

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Karl Marx

1818-1883 Defensor del socialismo frente a la economía burguesa c apitalista, pero distanciado también de los socialistas utópicos y de los anarquistas. Entiende el socialismo como la última etapa histórica en la evolución de los modos de producción, que ha de advenir tras la revolución del proletariado, dentro de una teoría de la historia conocida como «materialismo histórico». La historia del género humano avanz a determinada por las contradicciones surgidas en el seno de las relaciones de producción, pero finalmente será posible la superación de la lucha de clases mediante la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción. Su aportación más destacada en economía política: Contribución a la crítica de la economía política (1859), El Capital (1867)

Marvin Harris

1927-2001 Antropólogo que se inscribe dentro de lo que él mismo denomina «materialismo cultural». Éste trata de explicar el comportamiento de los grupos humanos (etnias primitivas y sociedades actuales) atendiendo sobre todo a las limitaciones a que están sujetos en su entorno natural y biológico: alimentarse, abrigarse, producir útiles y reproducirse... Entre otras obras: Vacas, cerdos, guerras y brujas (1974), Caníbales y reyes (1977), Antropología cultural (1998), El materia lismo cultural (1979)

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llos el poder se ejercita en una soc iedad que vive sin grande s r eservas alimentarias dentro de relaciones igua litarias, en los «grandes hombres» el poder que ejer cen, el poder r edistribuidor, procede de una socie dad que ha debido iniciarse en la práctica de la s reservas alimentarias para pe riodos prolongados. Del «gran hombre» sin poder coa ctivo, sólo redistribuidor, se avanzará hacia el gran jefe, que al convertirse en hereditario, podrá constituirse en rey. El «gran hombr e» o mumi tiene la misión de asegurar la supe rvivencia en las époc as de carestía a la vez que tie nde a una concentración de poder cada vez mayor, lo que posibilita rá que pueda convertirse en rey. En las jefatura s hereditarias y en los reinos encontramos ya una organización que introduce sirvientes y guerreros, y una distancia progresiva con relación al resto de los pobladores. Pasa do el tiem po, e stos reyes llevarán al extremo su diferencia y entroncará n su linaje con el de los dioses, como puede verse en los reina dos antiguos del Pe rú, China, Japón o Egipto. El tránsito entre los protoestados y los estados discurre en el mismo proceso en que algunas jefaturas van convirtiéndose en reinados, a la vez que se transforma el modo de poblamiento característico: de la vida en un territorio distribuido en una diversidad de aldeas que reúnen linajes y clanes diferentes surgirán núcleos de población muy numerosos que conoceremos como ciudades. 2.1.1.1 Tres enfoques materialistas El «materialismo histórico» y el «materialismo cultural» plantean interpretaciones de la evolución de las sociedades asumibles en su sentido general, pero deberán ser completadas con la aportación del «materialismo filosófico» que introduce una reorganización de estas interpretaciones. El «materialismo histórico» de Kar l Marx (Contribución a la Crítica de la Economía Política, 1859) interpretó la historia de las socie dades guiadas por un proceso e volutivo basado en los distintos «modos de producción», que iba desde la sociedad primitiva «comunista» ha sta el socia lismo del futuro (que ac abaría con la lucha de clases de la historia), pasando por los modos de producción asiático, e sclavista, feudal y burgué s-capitalista. Esa sociedad primitiva de la que habla Marx, donde no hay todavía m ás que una división natural del trabajo (edad, sexo, fuerza…) sería la que c orresponder ía a la estructura convergente de la sociedad natural. Por su parte, el materialismo cultural de M. Harris no pone la clave tanto en las relaciones de producción en sí, cuanto en el equilibrio que resulta de la presión demográfica y los recursos disponibles en la relación que se establece entre el hombre y su entorno natural; la ruptura de este equilibrio ha de ser controlada por las prácticas de control de la natalidad o mediante la intensificación de las técnicas que permitan extraer mayores recursos del trabajo. En ese engranaje cobran sentido la agricultura y la ganadería, la constitución de las ciudades y la aparición de la esclavitud. El mat erialismo filosófico propone que la tra nsic ión de unas socie dades en otras, desde la sociedad natur al a la sociedad política, desde la s sociedades pre estatales (que pueden tener ya una organización política) a las estatales, se entienda no sólo apelando a los ejes cir cular (de las relaciones de producción de la s que habla Mar x y Har ris) y radial ( de la s rela ciones del hombre c on la na turaleza, en las que insiste Harris), sin duda f undamentales, sino también a l eje angula r de las rela ciones de los hombres c on los númenes y con las socie dades «extrañas» o extranjera s. La evolución de la socieda d, c ualquiera que sea, no puede explicar se exclusivam ente por un proceso de maduración interna, porque juegan un papel fundamental las r ela ciones con sociedade s distintas, extra ñas o rivales. La constituc ión del Estado y la apar ición de ciudades no puede entenderse sin una re d de múltiples relaciones entr e pueblos distintos. Otras interpretaciones que pueden contrastarse con las anteriores en el esfuerzo por determinar la evolución (que algunos defienden y otros ponen en duda) de las sociedades humanas son, entre otras (el esquema se extrae de José Félix Tezanos: CTS; nosotros lo ampliamos): - A. Ferguson (1723-1816) y L. Morgan (1818-1881): 1) salvajismo, 2) barbarie y 3) civilización. - A. Comte (1798-1857): etapas 1) teológica, 2) metafísica y 3) positiva. - H. Spencer (1820-1903): de las sociedades simples a las sociedades complejas: 1) familia, 2) clan, 3) tribu, 4) Nación o Estado. También de la sociedad militar a la sociedad industrial. - F. H. Giddings (1855-1931): 1) zoogenia, 2) antropogenia, 3) etnogenia y 4) demogenia (pueblos civilizados) y ésta, en: 4.1) militar-religioso, 4.2) liberal-jurídico y 4.3) económico-ético). - Max Weber (1864-1920): grupo 1) organizado, 2) territorialmente organizado, 3) imperativamente coordinado, 4) político (amenaza y fuerza) y 5) Estado (la fuerza legítima). - L. Mumford (1895-1969): etapas 1) pretécnica y 2) técnica. - T. Parsons (1902-1979): sociedades 1) primitivas, 2) arcaicas, 3) con escritura y religión y 4) modernas. - R Linton (The Study of Man, 1936): 1) banda, 2) tribu, 3) confederación, 4) Estado.


3. La sociedad política 3.1. Sociedad política frente a sociedad natural

xia, reconocible por su tendencia a desestructurar la sociedad y, en consecuencia, por el peligro de ser sustituido por otro poder alternativo o por la simple desaparición o involución de la sociedad.

La sociedad política surge por transformación interna de la 3.2. De la cultura bárb ara a la cultura civilizada estructura de la sociedad natural. De la «intraestructura» convergente de ésta se transita a una «intraestructura» divergente . La Las culturas bárbaras son por definición múltiples y diversas, sociedad política se constituye cuando ya no es posible mantener la sin emb argo, la civiliz ación, aun que irradiad a d esd e dist int os unidad propia de la sociedad natural. focos, irá tendiendo a una «cultura universal». Las divergenc ias que había entre individuos o subgrupos en la No todas las socie dades naturales han evolucionado hacia una sociedad natural que eran neutralizadas sociedad política: ello ha sido posible cuanpor e l orden global instituido se va n voldo una sociedad ha quedado aislada del conviendo progresiva mente ir reductibles junto de re la ciones impe rantes, porque como consecuencia de la constitución de cuando internamente no se dirige ella misuna nueva e str uc tura soc ia l surgida del ma hacia la sociedad política, otras que sí lo propio de sarrollo interno y de la s relac iohan hecho la absorberán en cuanto puedan. Término utilizado por Aristótenes que han de e stablec erse con otras Lo mismo pasa con las sociedades políticas les, procede del griego y significa que sociedades e xtra ña s o enemigas. Si la que todavía no han llegado al nivel del Esta«buen orden». Gustavo Bueno lo ha socie dad natural se caracterizaba porque do: si han podido subsistir a lo largo del recuperado como concepto para la conseguía ejercitar el poder ba jo un modetiempo se debe a algún tipo de aislamiento. filosofía política: la eutaxia supone lo converge nte, ahora, la sociedad política, Los pasos evolutivos que llevan de foruna buena «constitución política», es contará siempre con diverge ncias irreducdecir, un programa de articulación mas menos complejas a más complejas no se tibles; el poder que im ponga la parte hegedel conjunto de una sociedad orienexplican exclusivamente por el proceso de tado al bien general, basado en el m ónica no lo ejerce rá consiguiendo una transformación de las estructuras internas de ejerc icio del poder, que tiene la convergencia objetiva sino dota ndo a la una sociedad, que las llevarían a «ir madupotencia de ser globalizador pero no sociedad de la estabilidad necesaria para rando», sino sobre todo por las relaciones totalizador, integrador pero no intesu supervivencia; esta e stabilidad si tiene externas a las que tarde o temprano se ven gral. Este «buen orden» político no la capacidad de ser dura dera podrá consiimpelidas las distintas sociedades entre sí. se confunde con la «justicia social» derarse como un «buen orden» o eutaxia. En función de este mismo proceso, las culaunque entra en dialéctica con ella. Los enfre ntamie ntos no cobran importanturas bárbaras quedarán deter minadas a La eutaxia degenera en distaxia cuando el gobierno se orienta a los cia por que procedan de individuos aislaentrar en el cauce de la cultura civilizada intereses particulares. dos sino porque re sultan de fuerzas enfren–más pronto o más tarde-. En medio de todo tadas de los distintos interese s de la dispatipo de relaciones de dominación, de alienaridad de gr upos. El orden global deja de ser ción y de explotación, que son relaciones no c o n v ergente pa ra se r c onstitutiva mente simétricas, han ido fraguándose relaciones d i v e rgente. Los ele mentos «naturales» simétricas de otro nivel a través de las cuaanteriores se tra nsfor man, ref undiéndose, les, mediante procesos tr ansitivos, se ha por «ana mórfosis» en las nuevas circunshecho posible la extensión de una m isma tancias «políticas». Pero esta reorganizaidentidad a toda la especie humana. La civición no se ejecuta sola sino que es prec isa lización consiste en este proceso de identila m ediac ión de un eje estructura dor: el Concepto que se utiliza a veces dad, que por una parte frena la pluralidad de como sinónimo de cultura, indicando n úcleo de la sociedad política ( la capa las culturas y por otra impone unas relacioen ocasiones una mera suma de culconjuntiva). nes de un radio humano que tiende a la «culturas. Sin embargo, si se entiende En cuanto sociedad divergente, en una tura universal»: no es posible limitar la transpor culturas las distintas determinasociedad política no cabe una soñada armomisión de la escritura, la geometría, la pólvociones en la reproducción de su exisnía o un estado de justicia estable, debido ra, la brújula, o la teoría de la evolución una tencia de sociedades diferenciadas precisamente a la multiplicidad y diversivez introducidos. Justamente, es este fenó(cultura azteca, europea, española, dad de fuerzas enfrentadas. Pero sí es precimeno de potencia transmisora universal el «vaqueira»), puede entenderse la so, si esa sociedad quiere sobre vivir, un que constituye la civilización; un descubric ivilizac ión como el conjunto de determinac iones que se ex tienden orden global suficiente, un buen orden miento o invención que permanezca aislado transitivamente y que tienden a una general en medio de las divergencias, que no es civilizador, ni se incorpora al curso del «cultura universal», por cuanto sus llamare mos eutaxia (buen orden). Este tiempo histórico. c ontenidos son esencialmente unibuen orden no se refiere de forma directa a En este proceso «concentrador» ha jugav ersalizables (las matemáticas , la un orden ético-moral, ni se confunde con un do un papel fundamental la ciudad, que pueigualdad ética de todos los s eres estado general de justicia, aun cuando algo de pasar por la línea divisoria entre la barbahumanos...). Históricamente la civilitendrá que ver c on ello. Las soc ie dades rie y la civilización. Ninguna ciudad ha podización fue posible en el marco de la políticas pueden ser 1) preestatales y 2) c iudad y de relaciones múltiples do constituirse y mantenerse, según el matesociedades con Estado (sin necesidad de entre pueblos enfrentados, y, en su r ialismo filosófico, por evolución interna progreso (que no hay que concebir entender por ello, exclusivamente, el Estaexclusivamente de una aldea pequeña a gran predeterminado) sustituye a las culdo moderno). La «intraestructura» diverpoblación y a ciudad finalmente, basado en el turas bárbaras gente de la sociedad política encierra una excedente alimenticio y en la aparición de mayor c omplejidad en la constitución del clases especializadas como los sacerdotes y poder, que cabe considerar en tres niveles los artesanos (según ha defendido Gordon operativos (ramas del poder) y en tres Childe). Para que surja la ciudad es preciso un ámbitos de aplicación (capas del poder) dentro del cuerpo social. El proceso plural de núcleos interdependientes que se estén constituyendo a Estado surge por evolución de las sociedades preestatales al añadirse la vez en ciudades. El conjunto de trabajos especializados que se precisan una nueva capa (la cortical, encargada de la defensa) a las dos ya exisen el mantenimiento de una ciudad cualquiera no son posibles sin el flutentes: la conjuntiva (núcleo estructurante o gobernante) y la basal jo de estos especialistas de unas ciudades a otras. De esta manera, la ciu(económica). El desorden del poder dentro de un Estado determinado, dad es el lugar de la transitividad por antonomasia. El vehículo sin el cual incapaz de conseguir la estabilidad del conjunto, lo llamaremos distaesta transitividad no podrá cobrar consistencia histórica será la escritura.

Eutaxia

Civilización

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3.3. Historicidad de la sociedad política El modelo morfológico de transfor mación de la sociedad preurbana en el núcleo de la ciudad se basa [... en] una mayor concentración de riqueza elabo rada (lo que supone corrientes comer ciales definidas) y correspondientemen te una mayor población en lugares pró ximos y privilegiados [...] por ejemplo, a consecuencia del río que serpentea por dichos lugares [...] el simple aumento del volumen global hacia su límite crític o permitirá comprender la afluencia de relaciones transversales [...y] comenza rán a prevalecer los intereses derivados de la vecindad sobre los intereses fami liares [...con posibilidad de nuevas aso ciaciones ya no sólo entre grupos de una misma tribu sino de tribus distintas] (G. BUENO, A. HIDALGO y C. IGLESIAS: Symploké [1987], Gijón, Ediciones Júcar, 1991, 3ª ed., pág. 339)

Las fases características del desarrollo de las sociedades políticas podemos enmarcarlas dentro de lo que llamaremos «curso» de la sociedad política. No se puede identificar la sociedad política con el Estado, reduciendo aquélla a éste, porque históricamente se han dado sociedades que han trascendido el nivel de sociedad natural, que son ya sociedades políticas y que no son todavía estados; pero el Estado parece, a la luz de los propios fenómenos históricos, la forma privilegiada a la que han ido tendiendo las sociedades políticas. Por ello, cabe representar el curso del desarrollo histórico de las sociedades políticas en tres grandes fases: 1ª) Sociedad política protoestatal: no poseen Estado pero su organización conduce a él. 2ª) Sociedad política estatal. Se hace posible cua ndo en el c ontexto de varia s socieda des protoestata les se desborda la mer a subordinación, asimilación expansionista ( milita r, &c.) o integración (comerc ial, confederación, &c.) en sus relaciones mutuas y la r ela ción ese ncial entre las distintas socie da des pasa a ser la de codeterminación, que se rige por la dialéctica del enfrenta mie nto que marca n los momentos de guerra y de pa z. Un Estado, no surge sino frente a otro Estado, por c odeterminación (Roma y Cartago). Cuando un Estado, ade más de re lac ionarse con otr os estados con los que se mide se halla e n contac to con socie dades pre estatales o estados más dé biles a los que puede asimilar, se dan la s condiciones idónea s para el colonialismo y pa ra la c onstitución de los imper ios ( Roma, Imperio español, Imperio inglés, &c.)

Madre con niño, de Pedro Pruna

Estado Forma de sociedad política que ha desbordado la organización convergente propia de las sociedades naturales. La sociedad política se define por su «intraestructura» divergente, pero no todas alcanzan el nivel de organización del Estado, porque para ello se precisa que una sociedad política concreta esté codeterminada con otras, de forma que todas ellas hayan desarrollado en una dialéc tica c onjunta sus respectivas capas corticales (lugar en el que se dan las relaciones internacionales: militares, diplomáticas y federativas). Los estados han surgido, en general, estrechamente unidos al desarrollo de la ciudad. El llamado «Estado moderno» es la expresión de un modelo de estado reciente coordinado con el nacimiento del Estado-nación (nación política).

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Madre con cría primate

3ª) Sociedad política poste statal: los estados se van viendo desbordados por relaciones interestatales y por estructuras supraestatales cada vez más decisivas en las relaciones de poder interno al Estado. La estructura histórica del presente se encuentra en la segunda f ase pero con elementos que apuntan ya a esta tercera, que tienden a desbordar las fronteras de los estados. Esto no quiere decir, necesariamente, que el futuro haya de residir en una sociedad sin Estado, de la misma manera que en el presente no se ha prescindido de la familia como agrupación primaria de la sociedad. Lo que sí quiere decir, sin duda, es que progresivamente las relaciones de poder han de entenderse en un marco más y más internacional, problema que recientemente se viene denominando la «globalización» (véase el tema 20).


3.4. El poder en la sociedad política

ver con ejecutar órdenes gubernamentales, proclamar leyes y atender los delitos, se localiza el núcleo del cuerpo de la sociedad política, sin No cabe una sociedad política sin dinámicas y estructuras de el cual no cabe hablar de política. Pero este poder de la capa conjuntipoder. El poder político va de arriba abajo pero, a su vez, recoge las va no nace para quedar encerrado en sí mismo sino para proyectar sus energías que van de abajo arriba del «poder civil». planes eutáxicos sobre las otras capas, es decir sobre el proceso mismo Una sociedad política se compone de una par te que ejerce el de la producción de riquezas (capa basal) y de la defensa frente a otros poder y de otra que se ha lla sometida a esa dominac ión, para bien estados (capa cortical). El conjunto de las tres capas y sus relaciones como para mal. La imposición de una parte sobre las demás es posimutuas constituyen el «campo» en el que se despliega el poder polítible porque los planes y pr ogramas que promueve tienen la capacidad co. Quienes creen que la vida política se agota en la actividad gubernade ordenar el conjunto de ntro de un equilibrio (la eutaxia), que exige mental (incluso asumida en sentido a mplio: ejecutivo, legislativo y un mínimum de estabilidad global pero que no a segura el buen gobierjudicial) la entienden exclusivamente en su sentido formalista, por eso no para todos y c ada uno (distributivamente) . El poder puede ser, por para el materialismo político han de añadirse las actividades económitanto, impuesto o aplic ado de arriba abajo y, en esa medida, e s un cas (radiales: basal) y defensivas (angulares: cortical) a las relaciones poder político. P ero el poder cabe se r 1) acatado o 2) resistido y concirculares (conjuntiva) de los que gobiernan y son gobernados. trarrestado y, desde esa óptic a, c abe ha blar del «poder civil», conc epLa «intraestructura» de la sociedad política puede cifrarse en to a bstrac to que reúne las fuerzas socia les obediente s y c analiz adas o nueve especies de poder: las tres capas del poder se cruzan con tres a quellas otras que perm anecen ramas del poder. Sobre los tres terriirreductibles o incontrolables para torios o capas (gobierno, economía el poder político. La sociedad civil y def ensa) inciden tres form as de no puede funciona r fuer a de la funcionar o ram as ( manda ndo, sociedad política, pero sí podemos organizando y revisando). Cada una re ferirnos a ella para denotar el flude las tre s capas donde penetra el jo de fuer zas que van de a bajo arripoder se organiza desde tres ramas ba en las cor relaciones de fue rza del poder, que son las tres funciones del ejerc icio del poder. El poder se características de darse: a) de mandesplie ga cuando la parte hegemódo que hace y deshace, que opera nica deter mina a las otras partes (rama operativa: poder ejecutivo, del cuerpo social, pero esta deterpoder gestor y poder militar), b) de minación es global e inte gradora, organizac ión de estr uc turas estano total e integr al, y en la medida bles (rama estructurativa: poder que el poder político no puede ser legislativo, pode r planificador y a bsoluto se de sar rolla ta mbién lo poder federativo) y c) de mantenique puede concebirse abstra ctamiento del equilibrio definiendo los m ente como «poder civil». Adetérminos de lo que se cumple o má s, la energía con la que opera el incum ple (rama det erminativa: poder político sobre el conjunto de poder judicial, poder redistributila sociedad la extrae no sólo de las vo y poder diplomático). Si estas c la se s obedientes o satisfechas nue ve modalidades de pode r, que sino ta mbién de las corr ie ntes marcan los lugares y formas donde enfrenta das, sometidas todas a los se despliega, las ordenamos según mismos planes y progra mas eutá las relaciones del espacio antropoxicos (o distáxicos). (Act. I, te x. 2) lógico tenemos: 1) en la capa conjuntiva de las relaciones circulares 3.5. Partes de la sociedad política o contexto gubernamenta l (el núcleo del cuerpo del poder): poder L a sociedad política cabe ejecutivo, legislativo y judicial. 2) e ntende rla dispuesta en tres En la capa basal de las rela ciones capas: 1) conjuntiva (gobierno), ra diales o c ontexto económico 2) basal (economía) y 3) cortical (r ela ciones de los sujetos con la Gran ciudad. Roma (d efensa), que se cruzan con las naturaleza): poder gestor, planificafun ciones de las distintas ramas dor y redistribuidor. 3) En la capa del poder: 4) operativa (poder operativo) 5) estructurativa (poder cortical de las relaciones angulares o contexto de las relaciones con estabilizador y estructurante) y 6) determinativa (poder de juzgar otras sociedades políticas (relaciones con los «extraños» que pueden y evaluar) dando lugar a nueve modalidades de poder que hay que poner en peligro al Estado): poder militar, federativo y diplomático. entender dialécticamente. El cuerpo de una sociedad política está configurado por tres capas en la medida que sus funciones ordenan las relaciones interpersonales (el gobierno), las relaciones con la naturaleza (la economía) y las relaciones con los «extr años» (la defensa). Estos «lugares» del cuerpo de la sociedad política donde actúan estas funciones las llamaremos de manera más precisa capa conjuntiva, basal y cortical. Dentro del espacio antropológico la capa conjuntiva se refiere al poder que se establece en las relaciones circulares (de unas personas con otras), la c apa basal al poder r elativo a las r ela ciones ra diales (hombre-naturaleza) y la capa cortical al poder que se refiere a las relaciones con «extraños» (correspondiente a los númenes de la relación angular). En la capa conjuntiva, donde se despliegan las relaciones que tienen que Tema 17

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3.6. Dinámica interna del poder en la sociedad política «La pluralidad de ciudades es una condición dialéc tica de la ciudad y no una resultante acumulativa de ciudades ya constituidas. Cada una de las ciuda des implica a otras en virtud de su pro pia estruc tura interna –en v irtud de la división del trabajo en el s entido del especialista full time, división que hacía posible que los individuos se despren dan de la comunidad a la que pertene cen y puedan, en principio, encajarse en cualquier otra ciudad erigiéndose en «individuos virtualmente cosmopolitas» (Pelayo GARCÍA SIERRA: Diccionario filosófico. Manual de materialismo filo sófico. Una introducción analítica. Oviedo, Pentalfa, 2000, pág. 269)

Encontramos una dinámica y dialéctica entre los nueve tipos de poder y, de manera fundamental, la relación entre los poderes del núcleo (ejecutivo, legislativo y judicial) y el resto del cuerpo de la sociedad política. Del núcleo no surge necesariamente el poder determinante pero de él depende la eutaxia o la distaxia. Una sociedad política aparecerá históricamente cuando en el interior de una sociedad natural se constituya un núcleo, capaz de reorganizar las divergencias mediante el ejercicio de un poder que instituya leyes (legislativo), que juzgue su cumplimiento (judicial) y, sobre todo, que llegue a ejecutar sus planes y programas (ejecutivo). Se constituye así el núcleo del cuerpo de la sociedad política, como una capa de poder (capa conjuntiva) que tendrá que dilatar su actividad a otras capas de poder diferentes: las capas basal y cortical. La capa conjuntiva representa la suma de los tres poderes del núcleo (el ejecutivo, el legislativo y el judicial) y es ella la principal sostenedora del poder hegemónico de una sociedad política determinada, gracias al cual es posible la articulación de las divergencias en un poder eutáxico (o distáxico, si funcionara globalmente mal). El núcleo del poder o capa conjuntiva es lo que puede entenderse como gobierno (el jefe del Estado y los ministros), y en sentido amplio incluyendo a los legisladores y los jueces. En especial las funciones de gobierno se han entendido ligadas más al poder ejecutivo que a los otros dos, por cuanto es éste el que ha tenido más capacidad de absorber históricamente las funciones de los otros. La capa conjuntiva organiza en la eutaxia (o distaxia) las relaciones circulares de los seres humanos, es decir, relaciones tales como la obediencia o la desobediencia y el cumplimiento o el desacato de las normas políticas. A pesar de ser muchas y muy variadas las relaciones circulares (familias, asociaciones, &c.), sólo se instituye una trama de poder regulador de todas esas relaciones aplicada a toda la sociedad, la trama de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judi«Núcleo del cuerpo de la sociecial. dad política» Pero las relaciones de los hombres con la naturaleza (radiales), las relaciones económicas, no quedan organizadas directamente en la «capa conjuntiva» sino en la «capa basal». En la «capa Una sociedad política no se constibasal» encontramos el poder gestor, que se ocupa de que funcionen de determinada manera las tuye sin un núcleo generador capaz de fuerzas productivas de una sociedad concreta. En segundo lugar, el poder planificador se expreorganizar el cuerpo en su conjunto de una sociedad cuya «intraestruc utura» sa en la «capa basal» al regular y seleccionar los programas de producción de riquezas, que no tiene carácter divergente. Determinados puede regular el legislativo por sí solo sin contar con los planes efectivos del mundo de la progrupos sociales adquirirán la capacidad ducción. Al poder gestor y planificador hay que unir el poder redistributivo o poder fiscal, de articular la sociedad en su conjunto a encargado de los impuestos y de su redistribución, así como de vigilar a los que tributan y los que través del ejercicio del poder, en su fordefraudan. ma ejecutiva, legislativa y judicial. Pero Ala «capa cortical» del pode r cor responde la organiz ación de las r elac iones de la socie este «núcleo del poder» puede operar dad política con otras socie dades políticas diferentes, a tra vés del poder militar, que actúa en la capa conjuntiva merced a la imbrien contra de las fuerzas externas (e xtranjeros belicosos o «dioses extra ños» de otra s cultucación real con los poderes económicos de la capa basal y los «poderes corticaras) que comprometen la estabilidad de l poder polític o interno. A tra vés, también, del poder les». federativo, encargado de esta blecer acuerdos con sociedade s extrañas al Esta do (la Iglesia o sociedade s extranjeras) y del poder diplomático, que se mueve e n el campo del derecho internacional (derecho de gentes) y tiene como función definir y dif erenciar a los aliados de los enemigos (Vid Gustavo Bueno: Prime r ensayo sobre las categorías de las «c iencias polí ticas»). Unas sociedades políticas podrán diferenciarse de otras según la mayor o menor preponderancia que tengan algunas de estas nueve modalidades de poderes. Un poder militar que se impone a todos los demás poderes puede resultar una dictadura militar o una tiranía, un poder planificador excesivo que imponga los intereses de los plutócratas sobre los trabajadores supone una oligarquía (o incluso un régimen de esclavitud), un poder gestor sobredimensionado arrastrará fácilmente un gobierno burocrático, un poder ejecutivo que ensombrezca a todos los demás puede deparar una monarquía absoluta o un régimen autocrático, &c. Jovellanos (1744-1811) participó direc tamente en distintos gobiernos, y fue uno de los principales defensores en España del Montesquieu (El espíritu paso del Antiguo Régimen al modelo liberal de Estado, entendido de de las leyes, 1748) definió una forma precisa («jovinismo»). En la Memoria en defensa de la Jun en el siglo XVIII el gobierta Central (1811) podemos leer su concepción del poder ejecutivo: no ideal como aquél en el Aunque las naciones se gobiernen según sus leyes, más que por que se da un equilibrio y ellas, se gobiernan por una continua, incesante serie de órdenes y una independencia entre los providencias, que se refieren, no sólo a la ejecución de las mismas poderes ejecutivo, legislatileyes y a su habitual observancia, sino a la dirección de la fuerza y a vo y judicial. El equilibrio la administración de la renta del estado; a proveer a las ocurrencias eventuales que la conservación del orden y sosiego interior y la comu de poderes es un reto continicación y seguridad exterior exigen [...] a la c onstante vigilancia nuo, pero la independencia sobre la conducta pública de los ciudadanos, cuya protección y defen no es posible más que muy sa está confiada a su inmediata acción (Tomo II. «Apéndices». Ediparcialme nte porque las ción de la Junta General del Principado, págs. 222-223) Jovellanos en sus años de juez, interconexiones materiales en Sevilla,hacia 1770 son muy fuertes. (Act. I, tex. 3) 246

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4. La eutaxia de la sociedad política El concepto de eutaxia, siguiendo la terminología de Aristóteles, significa el «buen orden» con que funciona una sociedad política, que la hace perdurar. La eutaxia no se confunde con la justicia social. El buen orden supone una buena constitución, y, por tanto, una cohesión del conjunto de los ciudadanos (en un Estado), y un ejercicio del poder capaz de globalizar, aun cuando esta globalización no llega nunca a todas partes, no es total. Lo propio de una sociedad eutáxica es que dure en el tiempo (un siglo al menos), porque su cohesión y unidad tenderá a la estabilidad en mayor medida que la dis taxia, si bien, la duración es una consecuencia pero no la esencia del orden, porque puede no durar por causas externas a su estructura o puede subsistir degenerándose enfrentada a distaxias mayores. El poder de la eutaxia (o de la distaxia, en su caso) despliega planes o programas como normas que funcionan objetivamente, al margen de que los sujetos psicológicos reconozcan o no el sometimiento a esas normas. Si las normas son arbitrarias serán distáxicas, pero si se atienen a algún tipo de «necesidad» en la subsistencia global del grupo habrán de ser consideradas eutáxicas, aunque no sean tomadas como justas en el sentido moral. Un gobierno eutáxico estará orientado al bien general, porque el gobierno orientado al interés particular es distáxi co (cuentan los resultados y no las intenciones de los gobernantes). El «bien común» cuando se interpreta en sentido político y no moral podrá hacerse corresponder con la eutaxia; si bien, quienes hablan de bien común (Aristóteles, Santo Tomás de Aquino…) suelen introducir ya en el concepto político la tensión con el concepto moral. El «bien común» (eutaxia) no ha de traducirse necesariamente por libertad, solidaridad, igualdad, justicia, &c., porque no son estos objetivos ético-morales los inmediatos de la política; y porque, además, la lógica material de la política comporta el ejercicio del poder con el fin de mantener el conjunto, mientras que la lógica de la moral implica referirse a las relaciones de igualdad entre las partes heterogéneas de la sociedad y entre los distintos intereses de los ciudadanos, lo que comúnmente se señala con el concepto «justicia» (justicia social). Ahora bien, cabe hablar de «justicia política», distinta de la «justicia social», aunque no han de presuponerse siempre enfrentadas.

«Siempre ha sido difícil justificar éticamente la guerra, porque la ética se basa en el principio de la vida. Sin embargo, nunca ha dejado de haber guerras, y en profusión, desde los tiempos más inmemoriales»

4.1. Eutaxia y justicia Mientras la eutaxia persigue un «buen orden» global la justicia social pretende un «orden bueno» que afecte a todos los sujetos particulares. Por idea de justicia entendemos, en general (sin connotarla todavía como política o como moral), la capacidad de ajustarse los seres humanos a relaciones de igualdad concretas en el seno de grupos determinados: el grupo de los jefes, de los patriarcas, de los ciudadanos, o de la especie humana. En realidad, la idea de igualdad no es «buena» per se, sino en cuanto se promueven «buenas igualdades» que benefician a la euta xia, a la actividad social o a las normas éticas. La idea de igualdad opera progresando en medio de ideas y situaciones de desigualdad cacoética, injusta o distáxica. La idea de igualdad es una estructura formal que sólo se vuelve «buena» al aplicarse a realidades a las que convenga racionalmente. El imperativo de igualdad no es siempre el más racional (a la hora de evacuar un barco, por ejemplo), y dependerá más bien del contenido que se quiera igualar. La igualdad alcanza su máxima racionalidad y necesidad en los contextos éticos, pero no en los morales y menos en los políticos. Ahora bien, la ética no funciona al margen de la moral y ésta no tiene significado al margen de la política. Por eso, la justicia como igualdad, se constituye en fenómeno políticomoral en la medida que no pueden segregarse los fenómenos éticos relativos a la igualdad entre las personas. En el nivel ético basta hablar de igualdad, porque la justicia sólo cabe aquí como mero c umplimie nto de una norma interpersonal: comportamiento justo equivale aquí a comportamiento correcto respecto a una norma que une a varios sujetos éticos (repartir justamente un botín: en partes iguales); es lo que Aristóteles denominó «justicia conmutativa». El concepto de justicia cobra su pleno significado en el contexto político- mor al, no tanto porque e xistan hechos sociales justos cuanto porque siendo imposible una situación de justicia social

Her áclito: La guerra Preciso es s aber que la guerra es común; la justic ia, contienda, y que todo acontece por la contienda y la necesidad. (28) La guerra de todos es padre, de todos rey; a los unos los designa como dioses, a los otros, como hombres; a los unos los hac e es clavos, a los otros, libres (29). (HERÁCLITO: Fragmentos 28 y 29, en Filósofos presocrá ticos, Altaya, 1995, pág. 136) Maquiavelo: la necesidad de la guerra Un príncipe no debe tener otro objeto, otro pensamiento, ni culti var otro arte más que la guerra, el orden y disciplina de los ejércitos, porque es el único que se espera ver ejercido por el que manda. [...] La razón nos dic e que el sujeto que se halla armado no obedece con gusto a cualquiera que sea desarmado. (Nicolás MAQUIAVELO: El Príncipe, Cap. XIV, Espasa, 1973, pág. 73-74) M. Foucault: el poder «Después de todo ha sido necesario llegar al siglo XIX para saber lo que era la explotación, pero no se sabe quizá s iempre qué es el poder. […] Se sabe bien que no son los gobernantes los que detentan el poder. […] Del mismo modo, sería necesario saber bien hasta dón de se ejerce el poder, por qué conex iones y hasta qué instanc ias, ínfi mas con frecuencia, de jerarquía, de control, de vigilancia, de prohibi ciones, de sujeciones. […] Suc ede que las masas, en el momento del fascis mo, desean que algunos ejerzan el poder, algunos que, si n embargo, no se c onfunden con ellas, ya que el poder se ejercerá sobre ellas y a sus expensas, hasta su muerte, su sacrificio, su masacre, y ellas , sin embargo, desean este poder, desean que este poder sea ejercido. Este juego del deseo, del poder y del interés es todavía poc o conocido» (Michel FOUCAULT: «Los intelectuales y el poder. Entrevista Foucault-Deleuze», en Microfísica del poder, Madrid, La Piqueta, 1979, págs. 83-85)

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generalizada y realizada no se puede prescindir de su promoción, porque debería para ello negarse la existencia de sujetos éticos, lo cual es imposible en grado absoluto (los peores tiranos concederán, al menos, a sus próximos, derechos étic os). La justicia e s la idea en la que se expresan las contradicciones de la vida social atributiva de sujetos que pretenden conservar sus derechos éticos (distributivos).

tados que son necesariamente ideológic os, es decir lógica mente interesados y parciales. Los grupos civiles (grupos morales) serán tanto más justos cuanto mayor sea la igualación efe ctiva que consigan desarrollar, que no será estable ni generalizable si no se determina c omo una par te de la eutaxia, es decir, si no consiguen que e l poder político la instituya en su red de actuación, no sólo como texto legal sino c omo ejercicio que se despliega en las relaciones e conómicas e internac io4.1.1 «Justicia política» y «justicia social» nales. El puente de unión entre la política (eutaxia) y la moral (justicia Conviene diferenciar la «j ust icia polític a» d e la «justicia social) ha de pasar por el Derecho. Éste dota de estabilidad formal a los social». La «justicia política» habrá que aplicarla a las relaciones puntos de conexión que se establecen entre el orden y la justicia. Pero de igualdad, respecto de normas dadas, en el interior de los podeel ejercicio del Derecho por sí mismo (el cumplimiento y aplicación de res ejecutivo, legislativo y judicial. La justicia social habrá que refelas leyes por sí mismo) no asegura una actividad política justa, porque, rirla a las relaciones de igualdad conseguidas (siempre deficitariaprimero, las leyes pueden quedarse cortas y, segundo, porque la realimente) que consiguen articular los derechos éticos universales con dad a la que se aplican es cambiante. De arriba abajo, la política no puela multiplicidad de intereses políticos divergentes. de rechazar sin más las demandas de justicia social, porque necesita utiLa mayor o menor igualdad que dota de mayor o menor justicia las lizar las fuerzas sociales existentes para desde ellas operar; no tiene senrelaciones entre los gobernantes, no se traduce por sí misma en «justitido un ejercicio político que actuara encastillado a distancia, porque cia social» en el resto del cuerpo de la sociedad política. Ahora bien, la ¿sobre quién ejercería su poder?, ¿de qué modo articularía el conjunto? De abajo arriba, la justicia social no puede pretender prosperar al margen de los poderes políticos, porque sería una lucha ilusoria y utópica, o individualista e inoperante. Pero también es verdad que la fuerza política y la fuerza moral no pueden confundirse porque actúan en planos distintos, una en nombre del todo y la otra en nombre de partes que además no están de acuerdo. El laissez faire («dejar hacer») aplicado a la política y a la economía que algunos defienden presuponiendo que todo intento por influir en el proceso del poder es inútil equivale a una postura de amoralidad, al renunciar a intervenir en el proceso como parte activa, por infinitesimal que sea la influencia; entender a los ciudadanos como partes pasivas (fundamentalmente pasivas) dentro de un funcionamiento «autónomo» de la maquinaria política supone reducirles a «esclavitud moral». La eutaxia no es una sustancia ni puede sustancializarse, es una forma de funcionar la sociedad con estabilidad global, una buena forma, un buen orden. La eutaxia no puede traducirse en términos de justicia social, pero tampoco puede actuar de espaldas a ella, así que la relación entre ambas habrá que concebirla de forma tensional y dialéctica. Ambos aspectos se exigen pero a la vez discurren a través de estructuras lógicas distintas: la que Picasso («Gato y pájaro», 1939) percibe así la conexión entre la agresividad animal y la humana, con un gato humanizado devorando un pájaro. La lógica de la política y la lógica de la funciona cuando se toma a la sociedad en su conjunto (la moral se integran disformemente a menudo, como en el animal el humano. eutaxia) y la que se recompone desde sus partes en la medida que aquí sus individuos actúan con protagonismo igualdad entre los miembros de la clase política tenderá a redundar en ético-moral (véase el tema 13). la sociedad gobernada. Además, el funcionamiento de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial sólo a dquiere significado cuando actúa 4.1.2. Tránsito entre la eutaxia y la justicia sobre las corrientes sociales reales y, en la medida que desvíen esas corrientes favoreciendo algún tipo de igualdad cooperarán también a la La eutaxia se perfecciona moralmente con la justicia pero no justicia social. Las leyes promovidas por el gobierno pueden ser legítipueden traducirse la una en la otra. mas, si se atienen a las normas dadas, o ilegítimas, en caso contrario El poder se ejerce de forma descendente (de a rriba abajo) pero (véase el tema 19 y el 13), pero no les es dado ser directamente «jusfunciona también de forma ascendente (de abajo a rriba). El ejer cicio tas», porque la justicia no funciona como una cosa, sino como un ejerde l poder político es el ejec utado por las instituciones políticas y es cicio continuo e inacabable de igualación. coactivo, impuesto, pero ni justo ni injusto e n principio. El poder dis En el límite, si referimos la justicia política a la especie humana, táxico tenderá a se r re chaz ado por podere s altern ativos enfrentaha de entende rse como el conjunto de relaciones de los Estados, que dos a los hegemónicos, si existen grupos soc iales con capa cidad de determinan procesos de igualación de las partes que se relacionan. Una de sarr olla r algún progra ma eutáxico capaz de frenar la involución norma legítim a será más o m enos justa según la capacidad que tenga política. Ahora bien, en cuanto que es eutáxico (siem pre se gún gra de igualar determinadas relac iones sociales. Pero la función de la s dos, no en térm inos absolutos), el poder puede ser asumido, sopor leyes políticas, en cuanto se desplie gan de arriba abajo, no consiste ta do o rechazado. Estas tre s opera ciones corresponden a la «socie esencialmente en la igualación sino en coordinar un orden global sosda d civil». tenible. La exigencia de igualación procede de los impulsos que vieMientras que la sociedad política se personifica en instituciones nen de abajo arriba , es decir, de la dialéc tica en que entra la sociedad como el ejecutivo, legislativo, tribunal supremo, tribunal constituciocivil respecto del poder político. P ero el sentido ascendente de la luc ha nal, audiencias, gobernadores, ejército, policía, inspectores de hacienpor la justicia no es siempre por definición justo, porque es la expreda, diplomáticos, &c., ¿en qué se traduce la «sociedad civil»?. Parece sión del enfr entamiento de diversas parte s de la sociedad civil que claro que todo lo que no sean instituciones políticas sería «sociedad entienden la justicia de diferente manera, porque la igualación que pr ocivil», pero ¿es la «sociedad civil» algo ajeno o enfrentado a la socieclaman no se efectúa de forma directa sino a través de criter ios enfre ndad política? Tenemos que decir que la sociedad no está dividida en dos 248

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partes, por una parte la sociedad política y por otra la civil, porque: 1) 5. Sistematización de las teorías sobre el poder: el poder es bueno, la «sociedad civil» no es nada fuera de la sociedad política, ella misma es malo, es «regular» forma parte de sus componentes. 2) la «sociedad civil» no actúa aunada, globalizada o de común acuerdo, porque se refiere a un mero colecLas distintas teorías sobre el derecho y el poder a lo largo de la tivo de partes heterogéneas e incluso sin relación. 3) Ahora bien, las historia han entendido que el fin que persigue la política es globalmúltiples formas heterogéneas que tie ne la sociedad de responder a mente: 1) bueno, 2) malo, o 3) «regular», es decir, que depende de cada una de las nueve formas de poder político proceden de la «sociela eutaxia y justicia generadas (sin que se decida a priori su maldad dad civil». Pero, mientras el poder político funciona bajo procesos unio bondad político-moral). Pero este diagnóstico resulta del modo ficadores (dentro de una armadura básicao de poder económico –capa peculiar cómo se entiende la dialéctica política/moral: de manera basal- y de una armadura reticular construida por la acción del gobierdivergente, convergente o «conver-divergente». no y la defensa del Estado- capas conjuntiva y cortical-), el poder de la El diagnóstico de un poder bueno, malo o «regular » resulta de sociedad civil (que va de abajo arriba) no funciona como un polo enfoques que nacen de considerar la dialéctica entre la eutaxia y la jusenfrentado al político sino como un movimiento dentro de su dialéctiticia, entre la política y la moral, de manera diferente. De este modo, ca total, en cuanto el poder en su conjunto queda unificado por el plan cabe clasificar las distintas teorías políticas y jurídicas (ver tema 19) en eutáxico (o distáxico) global. tres grandes modelos, cada uno de ellos con sus respectivas variantes: La «opinión pública» supone un modo muy difuso de ref erir se 1) Aquéllos para los que la dialéctica entre la política y la moral es a las corrientes sociales e fectivas, heterogé neas, volubles, m anipudivergente, porque en definitiva su composición no da buenos resultalable s, rela tiva s, pero que posee n la capacidad de inclinar la balanza dos. Si se entiende que la política es mala, tratará de suplantarse desde del voto y, e n ese sentido, son e l objeto de deseo del poder político, la moral; si es buena, tratará de actuar sin los «enredos morales». que trata de utilizar esta energía de la sociedad civil a través de la 2) Aquéllos para los que la política y la moral están llamadas a e ducación pero tam bién de la propaga nda y del control de la inforentenderse del todo, una vez que se asiente históricamente la relación m ación. debida; se trata de una dialéctica de la convergencia. Los partidos políticos son cristalizaciones visibles del protago3) Aquéllos para los que la dialéctica entre la política y la moral nismo que la sociedad civil puede adquirir con relación al poder ejecupresenta contradicciones parciales insalvables a la vez que reconoce tivo, los sindicatos lo son respecto de la capa económica, y algunas la necesidad de su conjunción parcial. organizaciones inte rnacionales oficiales que intervienen en acuerdos interestatales, como La ONU, el Banco Mundial, el Tribunal Internacional de la Haya, &c., lo son en la capa cortical. Además existen otros grupos «no oficiales» indepe ndientes de la e structur a de la Administración pero c on nexos de dependencia económica (a través de las ayudas oficiales al desarrollo, &c.), las ONG, que promueven planes y programas de incremento de la justicia a escala nacional e internacional, con mejor o peor resultado. Las organizaciones religiosas –las mayoritarias tradicionales y muchas otras sectas minoritarias (algunas conocidas como «sectas destructivas») siguen siendo una forma de canalización de las fuerzas morales de la sociedad, ocupadas en la «cura del alma» pero también con fuerte propensión a ocupar parcelas de poder político (muy manifiesto en el caso de los fundame ntalismos religiosos). Las asociaciones empresariales se ocupan directaGran salón del barco Normandía, inaugurado en 1835. Por estas fechas los socialistas utópicos y el sociamente de la producción de la riqueza, y por lismo marxista buscaba una salida revolucionaria a la gran división de clases tanto, conforman una energía fundamental eutáxica, cuya contribuc ión a la justicia es indirecta (positiva o negativa). Otras fuerzas actúan controlando un porcentaje elevado de los 5.1. Política y moral: divergentes. recursos económicos mundiales en las zonas donde no llega la justicia ni la ley, a través de redes del crimen, como el narcotráfico, el tráfico Teorías de la dialéctica divergente P/M.Aquí podemos diferende armas, de órganos, de «esclavos», de prostitutas… y las mafias que ciar dos variantes: negocian con el tránsito ilegal de emigrantes. 1.1) La buena política no debe dependerde la moral. Los sofisLa dialéctica entre e l poder político y el poder civil no es, como tas defensores de la ley del más fuerte, como expresión de lo verdadese ve, una dialéctica de malos contra buenos: la s «fuerzas morales» ramente «natural», huyendo de los equívocos añadidos culturales (el no prom ueven sólo la justicia, también la injusticia; El Esta do no sólo nomos, la ley de los débiles…). Maquiavelo representa esta visión prese ocupa de la eutaxia porque ésta implica a me nudo la justicia soc ial. ocupado por la formación psicológica adecuada de quien ha de goberLejos de una dialéctic a maniquea, la racionalidad político-mor al ha nar, el Príncipe, señalándole las obligaciones del político que puede finde componer los hilos que permita n la e stabilidad de la eutaxia de gir actuar por razones morales, válidas como apariencia social, pero que c ada gobierno al lado de la prom oción de óptimos de justicia que debe aplicar realmente la política más eficaz, según razones instrumena lcancen a las relaciones de todos los esta dos de la tierra. El Deretales y estratégicas; la política no es el arte de utilizar medios buenos c ho es el puente «natural» e histórico que une la eutaxia y la justic ia sino de conseguir ve nce r e imponer se. Ber nar do de Mandeville socia l, per o sus leyes han de ser vigiladas por los gobiernos y por la (1670-1733) en la Fábula de las abejas lleva al extremo este modelo socie dad civil para que sean «buenas leyes» (eutáxicas y justas) y llegando a romper la dialéctica P/M: en un colmenar próspero pero llepara que se cumplan, en una dialéctica que no tiene fin. (Act. I, te xno de vicios se impuso una reforma moral y dejó de ser por ello prósto 2) pero; de la misma manera entre los humanos, los defectos ético-moraTema 17

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Suárez: Unidad ético-moral del género humano El género humano por muy dividido que esté en distintos pueblos y reinos, siempre tiene alguna unidad, no sólo específica, sino también –por decirlo así- política y moral [ético-moral]; a ella se refiere el precepto natural del mutuo amor. El cual alcanza a todos, aun a los extraños y de cualquier pueblo. (Francisco SUÁREZ: Tractatus de legibus ac de Deo legislatore. Entrecorc hetado nuestro)

les deben supeditarse a la actividad política, puesto que ellos mismos cooperan a la bonanza política 1.2) La moral debe huir de la política cuanto pueda, porque la política es constitutivamente mala; la moral debería sustituir en el límite a la política. Un caso puro de esta postura estaría constituido por el donatismo (siglo IV), que defiende el rechazo total de la vida política por parte de los fieles (los justos) de la Iglesia. En esta misma línea estarían los fundamentalismos religiosos actuales. Sin embargo, esta postura en tanto que extrema llega incluso a romper la dialéctica y por eso el modelo de las dos ciudades de San Agustín, la de Dios (los que aman religiosamente) y la del diablo (los que actúan con fines temporales) es más ajustada a este modelo. El filósofo francés Michel Foucault es representativo de esta variante en su versión atea: el poder de la sociedad política está en todas partes, lo inunda todo, se manifiesta en «micropoderes», circula de arriba abajo y de abajo arriba, muta históricamente pero en definitiva, aunque es productor de elementos «positivos» como el mismo saber, su función no se ejerce si no es contra el individuo: le suplicia, ajusticia, alinea en formación militar, encierra, «educa», corrige, «psiquiatriza», «sexualiza», reprime, explota, amaestra… Las fuerzas ético-morales de la sociedad no pueden superar esta microfísica del poder (constitutiva de la sociedad misma), así que la lucha entre la moral y la política supone una deriva sin fin en la que se puede aspirar, en todo caso, a incrementar en lo posible los puntos de resistencia al poder-saber dominador. 5.2. Política y moral: convergentes.

Espinosa: El fin del Estado es la libertad El fin del Estado, repito, no es con vertir a los hombres de seres racionales en bestias o autómatas, sino lograr más bien que su alma (mens ) y su cuerpo desempeñen sus funciones con seguri dad, y que ellos se sirvan de su razón libre y que no se combatan con odios, iras o engaños, ni se ataquen con per versas intenciones. El verdadero fin del Estado es, pues, la libertad. . (Baruch SPINOZA: Tratado teológico-polític o [1670], Cap. XX, [241], Altaya, 1994, pág. 411)

Mar x: La distribución de cosas es insuficiente, porque ha de llegarse a la distribución de las condiciones de producción El socialismo vulgar (y por interme dio suyo, una parte de la democracia) ha aprendido de los ec onomis tas burgue ses a considerar y tratar la distribución como algo independiente del modo de producc ión, y, por tanto, a ex poner el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución. [Pero...] ... es equivocado, en general, tomar como esencial la llamada distribución y hacer hincapié en ella, como si fuera lo más importante. La distri bución de los medios de consumo es, en todo momento, un corolario de la distri buc ión de las propias condiciones de producción. (Karl MARX: Crítica del Pro grama de Gotha. Ricardo Aguilera Ed., 1971, págs. 24-25. Texto adaptado levemente)

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Teorías de la dialéctica convergente P-M. Dos variantes fundamentales cabe ver: 2.1) Una buena política implica en el fondo la solución a la moral. Representan esta postura tanto Adam Smith como Marx. El liberalismo económico de Smith porque entiende que cuando la política aplique bien la ciencia económica los problemas de justicia social se solucionarán naturalmente. El socialismo de Marx porque cuando las relaciones de producción pasen a depender de las fuerzas mayoritarias explotadas la historia de la lucha de clases dejará paso a la verdadera historia emancipada del género humano. La utopía social, la sociedad tecnificada de Bacon o la tecnocrática de Saint-Simon caben también aquí, a caballo entre esta variante y la siguiente. 2.2) Una recta acción moral acabaría por mejorar a la política, reconstituyéndola. En este modelo podemos situar las utopías sociales como las de Tomás Moro (Utopía), Campanella y las propuestas de los socialistas utópicos como Fourier y Owen. A caballo entre ésta y la anterior podrían situarse a los teóricos del anarquismo: Proudhom, Bakunin... 5.3. Política y moral: el juego de las convergencias y divergencias. Dialéctica de la contradicción y conjunción parciales y sin solución de continuidad, al no caber solución síntesis o superación definitiva en el enfrentamiento. 3.1) Versión optimista (que puede recaer en el idealismo) que parte de un progreso cierto e imparable. La mayor parte de las posturas ilustradas defensoras de la idea de progreso, que puede verse en parte como la versión laica de la idea cristiana de superación de los problemas de la tierra en el reino de los cielos defendida por Santo Tomás o Suárez: Condorcet, Turgot, Rousseau (aunque entiende el progreso también como un retorno a la naturaleza prístina), Kant, Jovellanos y el movimiento ilustrado en general. Max Weber representa también esta teoría en la medida que los tres modos posibles de ejercerse el poder tienen una estructura ascendente que trataría de describir una evolución social histórica de carácter progresivo: a) la dominación carismática, legitimada en las cualidades del líder o héroe queda superada por b) la dominación tradicional, cuya legitimidad se halla en la tradición; y ambas, definitivamente por c) la dominación racional-legal, que pone la legitimidad en las leyes como procedimientos impersonales. Hegel teorizó como nadie el modelo histórico-filosófico (Fenomenología del Espíritu y Filoso fía de la historia) en el que la idea de progreso se inserta en la Historia como una realidad necesaria en el devenir del Espíritu. 3.2) Versión realista (que puede recaer en un pesimismo antropológico o en un fatalismo social) que defiende que la dialéctica entre los resortes políticos y los morales se despliegan bajo la construcción de equilibrios parciales históricos, que son perecederos porque están expuestos al cambio incesante pero que pueden solidificar modelos político-morales más potentes (igualitarios y liberadores) que otros. Autores como Platón (en la medida que defendió que la Calípolis estaba expuesta siempre a degenerar en timocracia, oligarquía, democracia y finalmente en tiranía), Aristóteles, Cicerón, Spinoza, Montesquieu encajarían en este modelo dialéctico donde el progreso no está asegurado. La teoría política del materialismo filosófico que representa Gustavo Bueno y la escuela en torno a estas ideas, que se ha expuesto en este tema sería representativa de este enfoque. Modelo dialéctico, que reconoce la contradicción entre las cuestiones políticas y morales, la contradicción en el interior de los mismos modelos morales, e incluso la contradicción en contextos determinados de la ética y la moral, pero que sostiene la capacidad civilizatoria de la racionalidad humana (que sigue el modelo de conocimiento de la ciencia, el método crítico de la filosofía occidental y la independencia respecto de las ideologías «milenaristas» y de toda teología), y dentro de ella la capacidad de discernir los proyectos ético-morales universalizadores de las conductas arbitrarias e individualistas.


La versión realista concedería algún modo de progreso histórico relativo en la medida en que algunos objetivos ético-morales (libertad, igualdad, &c.) pasan a incorporarse a las legislaciones positivas de los Estados, pero esto no asegura por sí mismo ningún tipo de estabilidad o terreno ganado en la dialéctica de los conflictos políticos y los pla nteamientos morales. Históricamente hay un claro devenir desde las aldeas a las grandes metrópolis, desde las sociedades bárbaras a las civilizadas, desde la dispersión de los hombres paleolíticos a la concentración de una «Humanidad» que se ha dado los «Derechos humanos», desde el desconocimiento intercontinental e intercultural a la mundialización («globalización»), y en esta dialéctica sí cabe ver una «evolución» en la constitución histórica del ser humano y de las sociedades, pero nada hay asegur ado con relación a una solución global o final que asegure un estado de justicia: el fragor de la batalla continua. No cabe una moralización total de la política pero sí el objetivo

de una optimización moral de la política como cuestión continuamente replanteada. En este sentido, dentro de la versión realista, cabe diferenciar una corriente realista beligerante.

Globo, tierras, naciones, Estados, sociedades: fronteras políticas/fronteras morales

ACTIVIDADES

Actividad I. Textos Texto 1. La política de los chimpancés: C uando dos individuos [chimpancés] comienzan a gol pearse o a amenazarse uno a otro, puede ocurrir que un tercero decida entrar en el conflicto y se ponga del lado de uno de los contrincantes. El resultado es que se forma una coalición de dos contra uno, aunque en muchos casos el conflicto se extiende aún más y se forman coaliciones mayores. Debido a que todo ocurre con una gran rapidez, podríamos pensar que los chimpancés se contagian unos a otros la excitación al ver la agresividad de otros individuos y que, de este modo, se suman a los conflictos a ciegas. Nada más lejos de la verdad. Los chimpancés nunca dan un paso que no hayan calculado antes. [...] Al igual que el reconocimiento individual es un requisito para que una jerarquía sea estable, la «conciencia triádica» es otro requisito que debe tener toda estructura jerárquica basada en coaliciones. El término «conciencia triádica» se refiere a la capacidad de percibir las relaciones sociales que se dan entre otros individuos y formar relaciones triangulares variados: es decir, la capacidad que un individuo A tiene, en su relación con B y C, no sólo para ser consciente y desarrollar su propia rela ción con B y con C por separado (A-B y A-C), sino también su capacidad de ser consciente de la relación entre B-C y aprove charla. Se pueden encontrar formas elementales de vida grupal tridimensional en muchas especies de pájaros y de mamíferos, pero los primates son indudablemente superiores a este respec to. Todas las conductas de intervención dirigidas a provocar reconc iliaciones, interferencias, c oaliciones o «chivatazos»

serían inconcebibles sin la existencia de una conciencia triádi ca [...] A pesar de las rivalidades que existen entre ellos [los chim pancés], los machos suelen formar fuertes lazos sociales y tien den a desarrollar un sistema de poder equilibrado que se basa en sus coaliciones, sus dotes individuales de lucha y el apoyo prestado por las hembras. (Frans de WAAL: La política de los chimpancés, Alianza, 1993, pág. 56-57, 265 y 309)] Cuestiones: 1) Resume las ideas principales. 2) Las relaciones de dominio de los chimpancés ¿se encuentran también en el primate humano?; explícalo. 3) ¿Crees que se da entre los seres humanos unas relaciones de dominio características y exclusivas?; explícalo, consultando los epígrafes 1 y 2. Texto 2. Barbarie y civilización. Cultura y civilización Las sociedades bárbaras están fuera del Tiempo histórico. Esto, en principio, no tiene mayor misterio: también lo están las sociedades de insectos. El campo o Universo de la Etnología es el campo constituido por las «culturas bárbaras». Entre ellas existen relaciones de comunicación simétricas (pero no cone xas: no se establecen entre dos cualesquiera), tal como se reve lan en el comercio intertribu, en los cambios de mujeres, en la guerra. Esta simetría es la que define a la barbarie. [La no tran sitividad de las sociedades bárbaras supone el aislamiento de las comunidades. La civilización es la negación de este aisla miento] [...] Ha habido una tendencia [...] a oponer el término «c ultu ra» (subjetual) al término «civilización», reservando aquél

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para referirse a la c ultura subjetiva (o bien objetiva particular) y éste para la c ultura objetiva, siempre que, a su vez, esta cul tura objetiva lleve asociada, de algún modo (principalmente a través de la consideración de la confluencia de varias cultu ras), la nota de universalidad (asociación que, en los siglos XVIII y XIX, se establecía por la mediación de la «Idea de Pro greso»). [...] En un sentido más restringido, las civilizaciones (de civitas) son las culturas en su estado más desarrollado; para los antropólogos clásicos, inmersos en la ideología «pro gresista» las civilizaciones constituían el término más alto del desarrollo de las culturas primitivas (salvajes o bárbaras) y, por ello, en tanto se pensaban como c onfluyentes en una cultu ra únic a planetaria, al menos potencial o virtual, podían carac terizarse por la nota de la universalidad. Considerando la opo sición c ultura/civ ilización como oposic ión dada en e l plano objetivo, cabría adv ertir una tendencia a considerar al térmi no «cultura» como designando a un concepto distributivo, a una «clase » cuyos elementos fueran las esferas culturales, cada una de ellas dotada de «hechos diferenciales» pre cisos (así Herder o Spengler), sin perjuicio de su equiparación en valor, por parte del relativismo cultural («todas las culturas son igua les»). La «civilización», en cambio, llev aría asociada desde el princ ipio (Turgot, Mirabeau, por ejemplo) la tendencia a la uni cidad y a la universalidad, en tanto se considera (a la civiliza ción) como fase final (o equifinal) y madura de las diveras cul turas, algo así como el «punto y final» en el que todas las cul turas en desarrollo terminarían por confluir (sólo de sde esta perspectiva alcanza sentido la expresión, tantas veces utiliza da: «hombre adulto y civilizado»). Ahora bien, que la idea de «civilización» (que sería una idea eminentemente histórica) tienda a ser utilizada c on intención unitaria y universal, inclu so como un programa de acción («conseguir llevar a todos los pueblos atrasados hacia la civilización») no signific a que, de hecho, la unic idad de la civilización esté asegurada, ni menos aún su valor (históricamente, la civilización es el campo e n donde se incuban propiamente las guerras mundiales: las dos últimas gue rras mundiales son guerras características de la civilización industrial). (Pelayo GARCÍA SIERRA: Dicciona rio filosófic o. Manual de materialismo filosófico. Una intro ducción analítica. Oviedo, Pentalfa, 2000, pág. 270 y 410- 411. Texto levemente adaptado) Cuestiones: 1) Clasifica en tres apartados las características de la barbarie, la civilización y la cultura respectivamente. 2) Explica por qué habría que hablar de culturas en plural y de civilización en singular. 3) ¿En qué sentido la civilización sería algo deseable y en qué sentido no sería necesariamente buena?, explícalo, consultando los epígrafes 3.1 a 3.4 y el 4. Texto 3. El gobierno ideal según Cicerón En la República –cosa del pueblo- cabe monarquía, aris tocracia y democracia, según una tradición que entronca con Platón, Aristóteles y Polibio. Cicerón que e studia los ciclos y c one xione s históricas que los c lásicos habían analizado ex trae un modelo de gobierno ideal, el más estable , con cier ta c omposic ión de estas formas de gobie rno: toma como refe renc ia la construcción de la República romana y se opone al ce sarismo, mando único, dictadura que acecha en sus días y se pre figura bajo Julio César y después bajo Marco Antonio y finalmente también bajo Octav io. El modelo de gobierno ideal debe buscar un equilibrio: dos magistrados encabeza rán la República (a modo de cónsules) durante un año [poder ejecutivo ]; diez Tribunos de la plebe velarán por los intereses del pueblo (c omo contención de mocrática de la monarquía bicéfala ejecutiva). Por último, el órgano del Senado –forma -

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do por quienes hayan sido magistrados- intervendrán e n las de cisiones de los anteriores. Este órgano representante de la aristocracia, es «dueño de la política general» y «modelo para los otros órdenes»; e s la institución que mayor confian za inspira a Cicerón y, en definitiva, la prevale nte, porque ha de basar su poder en la «auctoritas» que poseen los hombres sabios y virtuosos. (VVAA: El pensamiento político en sus te xtos. De Platón a Marx . Madr id, Tecnos, 1994, pág. 64. Texto adaptado) Cuestiones: 1) Haz un esquema del modelo ideal de gobierno de Cicerón, con sus partes y funciones. 2) ¿Crees que los conceptos de monarquía, aristocracia y democracia significan lo mismo en el siglo I a.n.e. y ahora?; justifícalo. 3) Consulta los epígrafes 3.3 a 3.6 y establece correlaciones entre el modelo de Cicerón y el del cuadro de las capas y ramas del poder. Actividad II. Sobre asimilación y comprensión de contenidos II.1. Asimila. Esquemas. Asimila lo importante elaborando esquemas de cada epígrafe: 2.1, 2.1.1, 2.2, 3.3. Amplía el cuadro de capas y ramas del poder con 3.5 y 3.6. Esquematiza los contenidos conjuntamente: 5, 5.1, 5.2 y 5.3. Resúmenes: te vendría bien resumir las ideas principales de los epígrafes: 1, 2, 2.1.1.1, 3.1, 3.2, 3.3, 3.4, 4, 4.1, 4.1.1, 4.1.2 II. 2. Revisa la comprensión de los contenidos respondiendo a: 1) Explica por qué la «conducta normada» y las ceremonias son específicas del ser humano y pon algún ejemplo. 2) ¿Qué entiendes por estructuras convergente y divergente con relación a las sociedades natural y política? 3) Sintetiza y explica la idea de la evolución de los estados. 4) ¿Cómo funciona el poder en la sociedad política? 5) ¿Qué diferencias caben entre la eutaxia y la justicia? 6) Define: sociedad natural y sociedad política; barbar ie, civilización y cultura; poder político; eutaxia; justicia política y justicia social. Actividad III. Sobre aplicación e investigación III.1. Guerra, nacionalismo y política internacional en una película: (Puede utilizarse también como actividad inicial) Danis Tanovic: En tierra de nadie (No Man´s Land), (98 minutos), Noié Productions, 2001. Francia- Italia-Eslovenia Gran Bretaña-Bégica. Intérpretes: Branco Djuric (Ciki), Rene Bitorajac (Nino), Filip Sovagovic (C era), Katrin Cartlidge (Jane). Visionar la película entera o bien visionar algunas escenas (el encuentro en la misma trinchera de los soldados bosnio y serbio, la actitud del sargento de la ONU y la de la periodista británica. Los alumnos seleccionan y apuntan: a) la mitad de la clase los datos históricos, geográficos y nacionalistas sugeridos en la película; b) la otra mitad, los distintos problemas apuntados de índole ético-moral y de crítica social. Después cada grupo unifica los datos y posteriormente los dos los exponen y se procede a una valoración guiada por la idea de determinar hasta qué punto fue o no justa la guerra. Cada alumno debe anotar en su cuaderno los datos iniciales, los datos del grupo y la reflexión final personal. III.2. Nuestro tema y algunas cuestiones de actualidad: Entéra te de estos casos concretos, por la prensa, por Inter net o indagando y pre guntando: a) una guerra activa; b) alguna


ley del Estado o autonómica ( impuestos, &c.) reciente; c) una norma discutible en tu ámbito de convivencia má s inmediato ( del Instituto, por ejemplo). Clasifica cada caso como expresiones de poder bueno, malo o «intermedio», y razónalo indicando en qué medida introduce n buen orden social y en qué medida justicia social. (Consulta los epígrafes 4 y 5 y sus sube pígrafes)

García Sierra, que encontrarás en la página Web de la Fundación Gustavo Bueno; puedes empezar por el índice sistemático o por el alfabético de términos. 3) Si son conceptos que pueden aparecer en una enciclopedia, un diccionario general o un diccionario filosófico estándar, consúltalos y toma nota. 4) Explica (por escrito u oralmente a tu profesor) cuál de los conceptos queda todavía sin aclarar.

III.3 Elaboración de materiales de síntesis:

Actividad V. Ensayo filosófico

(Puede utilizarse también como actividad inicial) Composición de un mural. Cada a lumno aporta tres notic ias de prensa, una que se refiera a una buena medida política, otra a una mala y la última a una dudosa (ley, actuación...), apoyadas ta mbién en imágenes. P or equipos de cua tro o cinco se c lasif ican, según el criterio del grupo, en las buenas noticias, las malas y las intermedias. S erán intermedias todas las que ofrezca n dudas. Se reúnen en un mural que c ontenga tres secc iones, las buenas, las malas y las interme dias. Ca da alumno a porta una idea que explique qué te nsión se da en las intermedias que les impide ser buenas o malas a secas. // Si algún alumno es bue no dibujando puede hacer, mientras que los de más r ealizan el mural, un c ómic alusivo al problema, que se añadir á al mural.

Partiendo de alguna de las actividades III.1, III.2, III.3 y IV o al margen de ellas, desarrolla tus ideas sobre el modelo óptimo de sociedad política (modo de gobierno, leyes, principios morales, derechos éticos...). Para ello 1º) tienes que partir de las siguie ntes def iniciones: democrac ia ateniense, dem ocr acia directa, democracia representativa, monarquía parla mentaria, monarquía absoluta, despotismo, poder oligárquico, gobierno tiránico, dictadura, fascismo, régimen fundamentalista religioso, socialismo, comunismo, neoliberalismo; eutaxia y distaxia; 2º) tienes que recoger alguna idea que te convenza de tres autores -al menos- sobre la temática (puedes ayudarte de los contenidos de este tema o de otros, como el 13, 18, 19, 20, &c.); 3º) tienes que comentar razonadamente cada una de las ideas de estos autores; 4º) tienes que ejemplificar parte de la problemática con hechos actuales e incluir alguna imagen alusiva (cómic, fotos...), que puedes extraer de la prensa, Internet, &c.; 5º) Tienes que redactar, finalmente, de modo claro 10 propuestas que según tú optimizarían la vida política, después de señalar el tipo ideal de gobierno elegido ( socia lismo, liberalismo, &c.). 6º) Relaciona todas las fuentes que hayas utilizado (libros, páginas Web...); cuando hayas citado directamente no te olvides de señalarlo entrecomillándolo; y, en los demás casos, señala la fuente con notas a pie de página. El ensayo tendrá valor en función de la cantidad de datos (2 puntos), de la pertinencia de los datos (3 puntos), de la justificación de las fuentes (1 punto), de la unión y cohesión de las partes (2 puntos) y del peso de las conclusiones finales (2 puntos).

III.4 Debate El pr oblema de la injusticia socia l se ha trata do de afrontar de estas diversas maneras, entre otr as muchas: A) El anarquismo ha propuesto eliminar por vía revoluc ionara e l Estado. B ) El conservadurismo religioso a cepta sin te nsión el orden e stablecido porque re mite la solución al reino de los cielos. C) El liberalismo e conóm ico radical pone como pr incipio fundam ental del func ionamiento político la liberta d de los agentes e conóm icos, del que se seguirá una mayor riqueza ge neral y c on el tiempo la solución de las injusticias eleme ntale s (hambre, &c .). Cada alumno orde na estas tr es opciones de peor a mejor. Luego, reunión por equipos según la converge ncia de las re spuestas (ABC, BCA, CAB, &c .); en todo caso procur ando form acione s de 4 ó 5 por equipo. Cada grupo indica qué a porta n de positivo y de negativo las teorías A, B y C. Pa ra term inar c ada gr upo redacta entre tres y cinco princ ipios sobre los que haya de sustentarse e l modelo ide al de funcionamiento del poder político. Finalmente cada grupo expone sus conclusiones y se inicia después un debate abier to, en el que cada uno individualmente puede a poyar o rechazar ca da medida ideal propuesta. Actividad IV. Resuelve tus dudas Vuelve sobre los conceptos dificultosos del tema que estimes de interés. Acláralos indagando más: 1) Haz una lista con los conceptos difíciles de al menos cinco de ellos. 2) Si son conceptos que pertenecen al materialismo filosófico puedes indagar en el Diccionario filosófico de Pelayo

Bibliografía (para el alumno): - Marvin HARRIS: Jefes, cabecillas, abusones, Madrid, Alianza, 1993. - Frans de WAAL: La política de los chimpancés. El poder y el sexo entre los simios [1982], Madrid, Alianza, 1993. El capítulo 5 sobre «Los mecanismos sociales» (págs. 264-305) y la «Conclusión» (págs. 308-313) son de lectura fácil y conectada a nuestra temática. - Gaspar Melchor de JOVELLANOS: «Notas a los apéndices», en Memoria en defensa de la Junta Central, tomo II: Apéndices, págs. 219-235. Cuatro notas sobre la concepción política «jovinista» y sobre la soberanía, y los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. - Alejandro SIC ARDI: El castillo y el brocado, Buenos Aires, Ed. Dunken, 1999. (En el reinado de los Reyes Católicos, intriga y aventura al lado de reflexiones y análisis políticos) (Bibliografía para el profesor: consúltese el CD ROM)

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«El hombre que se guía por la razón es más libre en el E s t a d o, donde vive según l e y e s que obligan a todos, que en la soledad, donde...

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