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De ida y vuelta Artistas reflexionando sobre su vida


De ida y vuelta Artistas reflexionando sobre su vida

Iván Farías

México, 2010


Esta edición se realizó con el apoyo del Fondo Estatal para la Cultira y las Artes de Tlaxcala foecat Primera edición: 2010 DR © Ivan Farías Carrillo Fotografía de portada: Nahum Torres Diseño de portada: Jonathan Farías Diseño de interiores: Eliza Chavero

Impreso y hecho en México


Agradecimientos

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ste libro no hubiera sido posible sin la participación de muchas personas. Entre ellas los artistas involucrados y las personas que me apoyaron de distintas maneras, por lo que tengo que agradecerles a todos y cada uno de ellos. De antemano su amistad a Malena Díaz, a Raúl, su pareja y a Luna; a Jorge Barrios, a Amalia, su esposa y su hijo Mateo; a Samuel y Marisol por ser tan grandes amigos; a Abel Benítez y a Eli, que pronto serán tres; a Enrique Pérez, a Polo Praxedis, por las comidas y las incontables cervezas y charlas solitarias; a Vikirrina por su sonrisa; a Gonzalo y Sol por su amabilidad. A Geney Beltrán. Definitivamente, a Beatriz Patraca, por siempre estar pendiente en el messenger de todo. A Marbe y Marly por la ayuda. A Pancho López por su amistad y plática. A Marlén Valdés por aguantar hasta el último momento la entrega. A Gerardo Hurtado, por su puesto. A Rosi Vázquez por siempre sonreír. A


Nahum Torres y claro, a la maestra Mónica Mayer. Y a mi madre por aguantar mi haraganería y revisar este libro. Este libro ha sido realizado con el apoyo del programa de estímulo a la creación y desarrollo artístico en Tlaxcala y el foecat en su emisión 2008-2009 y ha sido publicado gracias al apoyo del mismo, en su emisión 2009-2010.


Indice Presentación. . . .. . . .. . . .. . . .. . . .. . . .. . . .. . . 9 Introducción. . . .. . . .. . . .. . . .. . . .. . . .. . . .. . .13

Jorge Barrios, o la muerte juega con elefantes

. . . .. . . .. . . .. . . .. . .21

Samuel Ahuactzin, o el cuerpo, la sangre y el sexo

. .. .. .. .. .. .. .. .. .. 40

Abel Benítez, o el

Rivera Monolítico . .. .

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Malena Díaz, o como sonreír en una época oscura

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Enrique Pérez, o las serpientes colgadas de la cola

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Gonzalo Pérez, o el ejercicio de la mirada

. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .113

Polo Praxedis, o la persistencia de la libertad

. .. .. .. .. .. .. .. .. ..134

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Presentación

¿

Está usted por empezar a leer este libro? ¡Cuidado! Es muy probable que su curiosidad por los artistas contemporáneos de Tlaxcala se alborote y ya no pueda soltarlo hasta que lo termine. Eso es lo que me pasó a mí. Aún antes de leerlo, este libro ya me interesaba porque me parece fundamental que cada país, estado, ciudad, barrio, grupo y hasta cada persona escriba su propia historia porque este proceso de visibilización ayuda a romper jerarquías y a nivelar los desequilibrios del poder. Es una forma de ensanchar una historia del arte que, por cuestiones políticas y económicas, siempre se queda corta ante la riqueza y la diversidad de la realidad. Elaborar nuestras historias, pensarnos a nosotros mismos y hacernos presentes ante los otros es un acto básico de empoderamiento. Habiendo leído el libro, hubo dos cosas que me encantaron. En primer lugar su plan9


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teamiento. Se trata de un escritor que se acerca a los artistas de manera informal, humana, para preguntarles sobre sus vidas y su trabajo. Escucha, no interpreta. Observa. Ni se desgasta ni nos aburre con fechas innecesarias o datos superfluos: en este texto lo que importa es la esencia de los entrevistados, sus aventuras y anécdotas, su pasión por el trabajo artístico, sus procesos, sus retos y sus ideas sobre el arte. Este posicionamiento del autor hace que ni siquiera sea necesario que nos tire choros teóricos kilométricos —lo cuál seguramente podría hacer fácilmente— pues la forma en la que aborda el acto de investigar y escribir devela en si misma una postura crítica. En este libro es claro que el arte es un acto vital más que un producto mercantil, la historia es un proceso de reflexión en lugar de un gesto de legitimación y las relaciones de poder clásicas entre artistas y críticos/teóricos en las que éstos últimos tienen la última palabra aquí se transforma en diálogo. En segundo lugar, disfruté la forma en la que el libro está escrito. La pluma de Farías es ligera y fluida. Le basta un breve párrafo antes de cada entrevista para trazar el contexto del encuentro y su relación con cada artista. Pero 10


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después de eso, el escritor desaparece (aparentemente) y la voz la tienen los artistas, que son las verdaderas estrellas de este libro: Jorge Barrios, Samuel Ahactzin, Abel Benítez, Malena Díaz, Enrique Pérez, Gonzalo Pérez, y Polo Praxedis, quienes generosamente comparten con él y con nosotros sus historias. En este libro los artistas son las estrellas, pero es el trabajo del escritor —tanto el ritmo que le impone a las entrevistas como su fino trabajo de edición— lo que nos permite apreciar su brillo. Espero que disfrute este libro tanto como yo y que a usted también se le alborote la curiosidad por los artistas de Tlaxcala. Mónica Mayer 2010

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Introducción

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ilena Koprivitza, historiadora y directora del Colegio de Historia de Tlaxcala, planteó en una conferencia llamada “Visión panorámica del arte en Tlaxcala” que el inicio del arte en la entidad podría situarse con “las pinturas rupestres de Tlaxco y Atlihuetzía y los murales prehispánicos de Cacaxtla, Ocotelulco y Tizatlán”. Sin embargo, no es hasta el siglo XVII y XVIII que surgen pintores de renombre. Ya entrado el siglo XIX surgieron otros como Ignacio Montiel Blanco o Racial Cabildo, que fue contemporáneo del Dr. Atl y de José Clemente Orozco, de los cuales poco se ha investigado. No hay bibliografía que nos de luces sobre estos precursores regionales, o un catálogo sobre algunas de sus obras reales o atribuidas. Salvo José Agustín Arrieta, de quien se han hecho retrospectivas, y su trabajo ha viajado en diversas ocasiones por la república. Inclusive, a través del mundo. 13


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Es curioso que la más grande retrospectiva de este pintor natal de Santa Ana Chiautempan, haya sido posible gracias a la fundación Carso, ya que en el archivo del estado no hay muchas obras a su resguardo. No es hasta mediados del siglo XX cuando Desiderio Hernández Xochitiotzin comienza su trabajo pictórico. Con él, la pintura en Tlaxcala toma una identidad propia, ya que mezcló visibles influencias que van desde Diego Rivera hasta Raúl Anguiano. Con él se abre un largo paréntesis donde la pintura estatal parecía producida por un mismo personaje. Es hasta los ochenta del siglo pasado, cuando surgen nuevas visiones dentro del arte en Tlaxcala. Gente como Teódulo Rómulo, Hermenegildo Sosa, Leopoldo Morales Praxedis, Armando Ahuactzin, Mercedes Ayala, Antonio Delmar, Aurelio Toriz y Martín Rojas. Sin embargo, no hay un libro, catálogo o estudio que compendie su desarrollo, su crecimiento. Salvo excepciones como la de Hermenegildo Sosa o Teódulo Rómulo, que se deben más a momentos políticos que al deseo de estudiar su obra. De los pintores más contemporáneos, tampoco se ha documentado su desarrollo. Perso14


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najes como Rafael Cázares, Samuel Ahuactzin o Enrique Pérez, quienes han expuesto su obra fuera de México (Cázares), ganado premios nacionales (Ahuactzin) o colaborado con artistas reconocidos en el orbe (Pérez lo hizo con Perl Anderson durante cinco años). En Tlaxcala hacen falta estudios sobre el arte que diversos artistas han producido en la entidad, ya sean nacidos o avecindados en la entidad. En dos glorias tlaxcaltecas se han gastado buena parte de la tinta en el estado. Una es Miguel N. Lira, de quien año con año se reeditan sus obras o se publican nuevos ensayos sobre su vida y escritos. Otra es el recientemente fallecido Desiderio H. Xochitiotzin. Fuera de ellos, el estudio sobre el quehacer de los artistas tlaxcaltecas es nulo. Salvo algunas entrevistas en diarios locales, como la serie semanal que tuvo durante algún tiempo el Sol de Tlaxcala, hace ya más de cinco años; las notas aparecidas cuando se efectúa alguna inauguración o concierto, y los catálogos editados irregularmente. En realidad, si un investigador externo viniera a buscar bibliografía sobre la actividad artística en Tlaxcala, se encontraría con un gran vacío. 15


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Esto ha sucedido. Durante el tiempo que trabajé en el Museo de Arte de Tlaxcala (MAT), se tuvo la inquietud de realizar una exposición colectiva de artistas plásticos tlaxcaltecas o residentes en el estado. La curadora, Miriam Kaiser se percató de la inexistencia de bibliografía, por lo que tuvo que llegar sin conocimientos previos a los talleres. A la fecha no hay un registro claro de cuantos artistas trabajan en la entidad o se han ido. No se lleva un record de sus obras, de sus apariciones públicas. Lo más cercano a esto es un libro, que a decir de algunos artistas que participaron en él, es una especie de biografía mínima con fotografías que sigue inédita desde hace más de dos sexenios. No he podido tener acceso a dicho libro. La intención de publicar De ida y vuelta es ofrecer una panorámica de lo que actualmente se está haciendo en Tlaxcala. Una investigación que muestre lo diverso que se ha convertido el arte pictórico en el estado, que va desde el costumbrismo anclado en el siglo XVII, pasando por las vanguardias de la posguerra, los artesanos del “jardín del arte”, hasta pintores multidisciplinarios y revisionistas. 16


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Hace algún tiempo en el MUNAL (Museo Nacional de Arte) se hizo una retrospectiva sobre el arte en México. Había pintura desde la época colonial hasta la “Ruptura”. Era muy curioso poder observar como la obra de los artistas hasta antes de la “Escuela Mexicana de Pintura” parecía ser obra de un solo hombre. Los paisajes primeros de Diego Rivera eran casi “anónimos”. Luego, vino la “explosión”. Mi intención es mostrar, con todo la distancia guardada, esta explosión en Tlaxcala de hace unos veinte años a la fecha. Las siguientes entrevistas fueron realizadas en año y medio, de enero de 2008 a mayo de 2009. Mientras se daban las condiciones para que todos los artistas y el entrevistador coincidieran. La idea inicial era hacer breves preguntas a los artistas, de manera que se hiciera una especie de biografía sobre su trabajo artístico. Sin embargo, tal vez por mi pasión por la narrativa, ya sea escrita u oral, evitaba preguntarles datos precisos y permití que fuera un flujo de recuerdos cercano a la terapia psicoanalítica. Eliminé las preguntas que les hacía; supongo que el lector podrá inferir estas. Mi idea, al tener el conjunto de respuestas, fue la de hacer una especie de platica entre amigos 17


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en donde confiesan como comenzó su gusto por el arte, como lo desarrollaron y que hacen actualmente. A pesar de que estudié sobre su obra, permitía que ellos mismos se fueran al lugar más agradable de sus recuerdos. Algunos parecían darse cuenta mientras hablaban, de lo importante que había sido tal o cual objeto o situación. A mí parecer recorté partes de la entrevista, ya sea porque se disgregaban en detalles no necesarios para entender su vida y obra o porque sus comentarios están muy atados a este tiempo y a este lugar. La selección de artistas fue dada también un poco por el azar aunque teniendo en mente el perfil de los entrevistados. La idea era retratar a siete artistas, número que me parece bello y suficiente como para brindar un panorama clarificado del arte en el estado. De la pléyade de artistas que hay actualmente en Tlaxcala fue difícil escoger con los que iba trabajar. Pero, como decía líneas arriba, el azar ayudó. La maestra Rosa María Lucio y yo, lamentablemente no pudimos ponernos de acuerdo en horarios. Pero ella es una parte importante del arte en nuestro estado. Su labor artística es sólo igualada por su desempeño en el ámbito de la enseñanza y 18


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la difusión de nuevos valores. La creación del TIPAV (Talleres de Iniciación Profesional en Artes Visuales), ha sido un punto importante en nuestro estado que ha dado ya satisfacciones, como lo es alumnos seleccionados en el Concurso Nacional de Arte Joven y el intercambio entre el TIPAV y una institución educativa de New York. El maestro Hermenegildo Sosa ya estaba pactado, pero el advenimiento de una exposición en Europa y su apretada agenda una vez que regresó evitó que lo entrevistara. Él fue de los promotores de la creación de Museo de Arte de Tlaxcala junto con Leopoldo Morales Praxedis y Teódulo Rómulo. Además, su labor de enseñanza en “La Esmeralda” le ha granjeado grandes simpatías entre artistas de todas las latitudes. Es de los pocos que exponen y venden con mucha facilidad, merced a tener una propuesta estética que lo aleja de la simple “pintura bonita para vender”. El maestro Martín Rojas estaba en Chicago, donde vivió durante mucho tiempo, razón por la cual decidí dejarlo para una emisión posterior de este libro. Al igual que el maestro Teódulo Rómulo, ya que con la inclusión de Leopoldo 19


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Morales Praxedis tenía cubierto cierto perfil en el panorama a mostrar. La inclusión de dos fotógrafos fue de manera fortuita. A pesar de conocer la obra de Gonzalo Pérez, lo había dejado de lado a este porque radica en Francia desde hace tiempo. Sin embargo, sucedió justo cuando hacía los acercamientos con Enrique Pérez, que encontré a Malena Díaz y un filón se abrió de improviso. Ella tenía poco tiempo de estar en México luego de varios años en Europa y sabía que Gonzalo Pérez regresaría en breve a pasar un rato por acá. Así que a ambos los incluí, expandiendo el panorama. A su manera, todos intentaron ser los más directos y amables conmigo. Con algunos compartí el alimento y con otros una fría cerveza. Espero, —porque lazos de amistad y admiración me unen a todos y cada uno de estos artistas—, sus carreras sigan floreciendo. Espero también que algún lector se identifique y como ellos, sigan este viaje de ida y vuelta. Iván Farías, Totolac, Tlaxcala. 2009 20


Jorge Barrios, o la muerte juega con elefantes

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a casa de Jorge está alejada del pequeño centro de Tetla. Según me contó alguna vez, fue un antiguo granero de la gran hacienda que era el municipio de Tetla. Me espera con carne asada y muchas cervezas. Amalia, su esposa, una excelente y reconocida cantaora hizo un arroz increíble y una salsa picosísima. Comemos con gula tacos y tacos de aquella cecina y bebemos unas frías cervezas. Amalia y Jorge me cuentan sobre Sinaloa, sobre el narco, sobre Malverde, sobre un grabador enloquecido que evitaba pagar la cena sacando su navaja con la que hacía xilografías. Jorge es un hombre moreno, pequeño y de una gran sonrisa. Siempre se está riendo o viéndote con curiosidad. Es dueño de un gran encanto. Tiene una paciencia tremenda con la cual puede dar clases a los demonios de niños que de vez en vez se inscriben en su taller de La Libertad. Después de un rato, de varias anécdo21


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tas, Amalia se disculpa y Jorge y yo subimos a su taller. Sobre la mesa veo algunos grabados que ya conozco —es su nuevo trabajo que está realizando sobre papel arroz—, la invitación a su exposición en Francia y sus tubos de Winsord and Newton. Me ofrece una silla y enciendo la grabadora. Sobre cómo ganar una máscara de El Santo Nazco en Tlajiaco, Oaxaca. Es una población enclavada en la Sierra Mixteca. Un lugar entre montañas, parecido a Tlaxcala pero más caluroso, más cálido. Es un lugar donde estás en contacto con la naturaleza. En Tlajiaco los días sábado se hace un tianguis gigantesco. Incluso se sabe que es un tianguis que sobrevive desde la época prehispánica. A él bajan de todas las poblaciones aledañas, los que venden canastos, ollas, sombreros y muchos los intercambian. Todavía existe el trueque. La gente que no logra vender sus ollas, las intercambia con otras que venden pan o frutas. Yo vengo de una familia de panaderos. A mí me gustaba la convivencia del sábado de tianguis, porque era cuando más se vendía. Había que ir a acarrear el pan a cada 22


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ratito. Son épocas importantes en mi vida y que de alguna manera van marcando la forma de trabajar, de hacer arte. Ahora que me dedico a la pintura, si pudiera rescatar los sabores en la pintura, lo haría. Porque es mucho eso: los sabores, los olores. Recuerdo que en época de muertos todo el pueblo olía a cempasúchil y miel virgen. Todavía me llega el olor de la masa que se está fermentando. Son recuerdos que no se borran de la memoria. Entonces todo eso tiene que ver para dedicarse a algo manual. El pan es elaborado así, con las manos; todo perfecto, con un peso específico, con una blandura, con una textura. Tú sabes cuando la masa esta a apunto. El pan me marco el gusto por hacer cosas manuales. En época de Día de Muertos, era increíble. En Oaxaca se hace un pan con pintura vegetal en donde cada pieza tiene un dibujo diferente. Yo era el encargado de pintar ese pan con figuras antes de que se metiera al horno. De ahí, sin haber conocido a Posada, ya también hacia calaveritas. Había que hacerlas muy rápido. En la gráfica que estoy haciendo actualmente, trato de rememorar esa manera de dibujar con una canilla de milpa, que se aplastaba en la punta 23


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para absorber la tintura vegetal. Con eso dibujabas como pincel. Entonces tenía que ser un dibujo textual, así ¡rapidísimo! Tenía que ser una tabla de pan con dibujos diferentes, podía ser lo que quisiera, pero diferente cada uno. Eso te da una gran libertad. La técnica era tinta sobre pan. ¡Je! Me acuerdo mucho que en esas épocas estaban las historietas de José G. Cruz, del Santo y El Valiente. En la última página venia un concurso de dibujo para los lectores. Para mí fue lo máximo, cuando tenía unos 7 u 8 años, haber metido mi dibujo y que me lo premiaran, que saliera mi nombre y mi dirección en las páginas interiores. Para mí fue lo máximo. Me mandaron mi mascara del Santo en un sobrecito. Seguramente en algún lugar quedó, porque no la conservo. En la otra revista, que era El Valiente, un cómic del mismo editor, pero de vaqueros, daban 25 pesos. En esa época ganarse eso, era ¡uy!, muchísimo. Claro, me los gané también. Yo ya sabía que quería ser de grande. Todo mi gusto se fue abocando a dibujar. El poco tiempo que tenia libre después de la escuela y la panadería, era para dedicarme a dibujar y a leer cómics. No existía otra cosa más 24


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que leer cómics o escuchar la radio. Había radio novelas de aventuras, de Kalimán. No, definitivamente no había tele. En Tlajiaco hicieron una semana cultural en ese tiempo y trajeron a unos pintores del Jardín del Arte, de los que se ponen en Sullivan. Llegaron como seis o siete pintores a un hotel en el pueblo. La cuestión es que hicieron un concurso de dibujo y me gané un primer lugar. Eso fue cuando tenía nueve años. El premio fue material de dibujo; plumones, acuarelas, papeles y cosas así. Aparte de comer con los artistas. Fue grandioso el haber conocido a gente que se dedica a pintar en serio. Ya estando en el DF, en alguna ocasión fui a buscarlos y si los encontré. Me dio gusto. Cierto, era pintura tradicional, pintura decorativa, muchos hacían paisajes, bodegones, y no tengo duda que muchísimos de ellos tienen un oficio tremendo, que son muy buenos pintores; pero mi búsqueda era otra. En la escuela yo era el encargado de hacer el material didáctico, ya sea en la secundaria, en la “prepa“, en el CECYTE. Como tenía facilidad, los maestros decían: ¿quién nos apoya para hacer un material? Siempre era yo. Todo mundo sabía que había un gusto por el dibu25


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jo, pero nadie se imaginaba que ese iba a ser mi trabajo. No había más gente que se dedicara al arte, salvo un artesano que adornaba los carros alegóricos; que era el pintor del pueblo. En cada fiesta patronal se dedicaba a adornar los carros para la ”Clásica Calenda“. Es de repente como un mundo de García Márquez. Como que todos en el pueblo son para algo en específico: los que se dedican a adornar cosas, como acá en Tlaxcala que hacen las alfombras, son artistas en lo que hacen y crecen dentro de eso mismo. La Esmeralda y los amigos Mis papás me alentaban. En mí fue naciendo una pasión muy grande. Todo lo que estudie fue siempre con la intención de irme a vivir algún día al Distrito Federal y entrar en una escuela de arte. No había escuelas en mi estado en ese tiempo; una en la cual pudieras desarrollar esa vertiente. Estudié lo que pude, lo que tenía que estudiar a nivel preparatoria y me fui al DF. No salí de Oaxaca hasta ese momento. Cuando llegué a la capital, con suerte encontré un trabajo de ilustrador. No de zapatos, sino de dibujante. Encontré un trabajo de diseño y comencé a ha26


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cer dibujos. Hice examen de diseñador gráfico en la Universidad Metropolitana y me quedé. Después de dos años ahí, me doy cuenta que existen escuelas específicas para artes plásticas, como La Esmeralda y San Carlos. De inmediato hice examen en La Esmeralda, casi sin pensarlo y me quedé. No las conocía antes, porque no había esa información. Actualmente estamos en la gloria. Ahora obtienes información de la computadora desde tu casa, en el lugar donde estés; información que va desde el arte conceptual, del contemporáneo, de las vanguardias. De lo que tú quieras saber. En ese tiempo era tan complicado saber que querías estudiar. Si ya habías decidido, no sabías que escuela había. A mi todavía me tocó estar en la calle de Esmeralda. Nosotros fuimos la primera generación que nos tocó que nos pidieran “prepa“. Ya era a nivel licenciatura, y todavía estaba en San Fernando. Ahí por el metro Hidalgo. Rodeada de cantinas y del panteón. Una bella zona en la Colonia Guerrero. Fue importante y bonita la época, yo creo que aprendí más de la generación con la que me tocó convivir que de la escuela en sí. Desde luego tuve buenos maestros, pero fue 27


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determinante la convivencia con mis compañeros y mis maestros fuera de la institución. Muchos se han dedicado al arte completamente. Yo cuando entré, dejé el trabajo de diseño y me dediqué a ilustrador freelance mucho tiempo. Antes de entrar a la escuela no veía mucha pintura, reproducciones nada más. Me tocó cuando estuve en la preparatoria, ver reproducciones de pinturas clásicas: Da Vinci, Rafael, Rembrandt. Lo más común eran las cajas de cerrillos en donde veías los paisajes. El gusto por el arte te va llevando a distintas maneras de aprovechar lo que tienes. En Oaxaca no había escuelas especializadas, todo eso es reciente. Creo que a raíz de que Tamayo, Nieto, Toledo, se volvieron famosos, empieza un tanto a salir tanta escuela de arte. Ya hay toda esta facilidad en Oaxaca para desarrollar la habilidad manual que dé una gran cantidad de pintores. Pero en la época que yo viví, que no es muy alejada, no había escuelas ni museos ni galerías. Yo entré a la escuela en el 83, entonces en esa época no había una academia de arte, sino me hubiera quedado en Oaxaca. Hasta que ya estoy en la escuela es que veo libros de arte y reproducciones, que asistí a ex28


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posiciones. Ya sabes, fui al museo Tamayo, al de Arte Moderno y a todos los de la ciudad. Anteriormente no existió ese contacto. La escuela estaba rodeada de todas estas cantinas, entrabas al bar Chapultepec, al El Aviador y veías cuadros y decías: ¿Estos cuadros que onda?, “Los pagó tal gente que vino por unas chelas”, que eran parte de la familia de la escuela. Sobre todo que hubo buenos maestros que te los encontrabas en la cantina. Es parte de la enseñanza, la chela y disfrutar. El Arte es aprender a disfrutar de la vida. Iba a todas las inauguraciones porque quería conocer más. Ahora con el internet puedes ver el sito del pintor que quieras, de la galería o de los museos en Alemania, Inglaterra o de donde quieras. Esa facilidad de información ahora es diferente, en otras épocas era hasta que estabas frente a las obras o las reproducciones en libros. Pero, claro no hay nada comparado con ver la obra en vivo. Eso te cambia la percepción del oficio. Mi generación, como fue la primera de licenciatura creo que le afectó de alguna manera. De mis compañeros pocos se dedican al arte, creo que más al diseño o a la ilustración. 29


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Confluye la época en que comienzan a salir las computadoras. Hubo ese cambio y la asimilación es de otra manera. Yo creo que los pintores que más han despuntado fueron los de la generación anterior: Germán Venegas, Roberto Trumble y Eloy Tarcisio. Generaciones que crecieron como tres antes que nosotros, que actualmente están en el candelero. También varios de nosotros, no creas que no. Los que continuamos hemos batallado bastante. Nos ha ido relativamente bien. Yo he ganado algunos premios nacionales. Eso te apoya con galerías y demás lugares que venden tu trabajo. El juego de los recuerdos Me preguntan a veces porqué los elefantes en mi obra si no hay en América, la respuesta es simple. Cuando era niño en Tlajiaco iban los circos ambulantes de “los húngaros”, —que eran como gitanos—, allá al pueblo. Te dabas cuenta que el mismo que vendía los boletos, vendía las palomitas y era el trapecista. Era toda una “botana”. Llevaban unos elefantes ya bien viejos, como desechos de los otros circos. Como que esos animales les tocaban a los circos pequeñitos. Son 30


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parte de mi memoria visual infantil. Es que era impresionante un animal así de grande, con la piel rugosa, como una armadura, frente a un niño. Disfruto cuando los hago. El arte es como el juego de los recuerdos. Siempre los trasladas a manera de juego. A veces como un recuerdo nada más. Cada elemento va teniendo su prioridad y dependiendo tu estado anímico los trasladas de una u otra manera. Casi todos los elefantes que hago en mi trabajo tienen que ver con el juego. Yo era fan del Santo en los cómics, en las películas. Cuando llego al DF, lo primero que hago es irme a La Coliseo, a La México, al Toreo. Me tocó ver buenas luchas del Mil Máscaras, de Canek, del Solitario, de Aníbal. No es que sea un admirador de la Lucha libre, sino que es realmente parte de mi vida. Compraba las revistas de lucha. Yo creo que la máscara y todo esto me remite al pasado de México, los dioses, toda esa mezcla de nahuales y demás. Todo eso tiene un poder específico. A veces por diversión aparecen en mi trabajo los luchadores. Más como humor, como en broma que en serio. De repente, en las revistas de lucha, hacían concursos de máscaras. En una revista salió que quien diseñaba el equipo de “X” luchador. 31


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Hice mis dibujos y todo, pero mi decepción fue mayor cuando en uno de los diseños que sacó este luchador sí había elementos que yo había enviado. Pero no me enviaron absolutamente nada. Me tranzaron. Es parte del país, a fin de cuentas no tienes ni derechos. También llegué a dibujar varias mascaras. Las calaveras son por el Día de Muertos. Cuando me tocaba pintar el pan hacia calaveritas, esqueletos y demás. Estando estudiando descubro a José Guadalupe Posada y veo toda su magnífica obra sobre la Muerte, y claro quedé impresionado. Después ves la obra de Toledo y también te impresiona. Aunque, a fin de cuentas es toda una recreación del universo de Posada. Cada quien interpreta como puede a la muerte. Para mi es un gusto, porque conviví con toda esa festividad en Oaxaca. Ahora ya es parte intrínseca de mi persona. Actualmente estoy haciendo gráfica más sencilla en elementos. He ido trabajando con las “huellas” que dejan los objetos. A veces pueden ser profundas. Las cosas de uso diario: la taza de café, los viajes, cuando te subes a un barco, a un avión. Todos esos recuerdos que te dejan, sentimentales, eróticos y de diferentes 32


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elementos. Creo que mi trabajo se ha vuelto más sencillo. Los elementos, la composición, buscando más la espontaneidad, la frescura. De Tapies a Bukowski Cuando decido irme a la ciudad, me doy cuenta que estudiar arte es tan difícil como cualquier carrera. Te das cuenta que tienes que ponerte a leer. En mi pueblo había leído por casualidad, y por esa misma casualidad cae en mis manos un libro de Kafka, cuando tenía como 14 años; cosa que marco un cambio en mi vida. Dejé esos libros del oeste como Stephania o Calibre 45. Kafka al igual que Demian de Herman Hesse, me hicieron pensar diferente. A mí me gusta mucho la literatura, la poesía. Estando en la escuela me pasaba un buen rato en las librerías. Cuando no tenía dinero, que era siempre, me iba a leer ahí. Me ha pasado mucho: llegar a la librería te lees un buen libro de poesía las horas, lo dejas ahí y sigues con tu vida. También un maestro de La Esmeralda fue importante porque nos dejaba de tarea leer e ir a ver películas. Eso te forma mucho. Eso te hace crecer y que te exijas más en tu trabajo. 33


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En la escuela leía mucho a Henry Miller. Él hizo, aparte de sus autobiografías, obras ensayísticas importantísimas. Hay ensayos muy interesantes sobre arte porque el mismo realizó acuarela y dibujos. Así que un escritor te lleva a otro. No llevo la literatura en orden alfabético. Un escritor te recomienda al que sigue. Leí a todo José Revueltas y a todo Lovecraft, —también, porque es otro mundo—; todo Kafka, Kundera. En esa época era “under” antes de su gran fama; para mí es un autor importante, al igual que Saramago. La literatura hace un cambio en tu vida, hace que disfrutes el arte de otra manera. Ya en pintura me gusta Antonio Tapies, Lucian Freud, Tamayo, Toledo, mis paisanos. La música también es importante. Cuando estás creando pones un disco determinado, te metes en ese mundo y a trabajar. Mis gustos van desde Pink Floyd, Génesis, Phillip Glass y lo más moderno, que es lo electrónico. Ahora con mi hijo descubro otros músicos, nuevas propuestas. Verónica Rascón y la llegada a Tlaxcala Me invitaron a Tlaxcala a abrir un taller de grabado. Quería salir de la ciudad, irme a provincia y 34


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se dio la oportunidad. No lo pensé. Era la esposa del ex gobernador, Verónica Rascón. Había colaborado con ella, me había comprado grabados. Había una amistad, así que cuando se presenta ese proyecto, acepté de buen modo. Empecé con clases de pintura y de grabado. Fue una época interesante, de descubrimiento. Había dado clases pero muy pocas; cuando te adentras a dar clases tienes que prepararte en muchos sentidos. Vas aprendiendo sobre la marcha mucho. Han salido cosas importantes de dar clases. Desde buenos amigos hasta artistas emergentes. Me ha tocado darle clases a dos o tres compañeros que ya se dedican a pintar o a dar clases. Yo estuve viviendo en Tlaxcala, en el centro, vaya. Me tocó llegar en el momento en que trajeron una exposición de Jean Charlotte. En esa época. Me tocó dar talleres a niños de comunidades. Traían a los niños con un punto de vista muy fresco, por como ven ellos el arte. Primero los llevaban a un recorrido en una exposición. Luego llegaban conmigo a plasmar diferentes técnicas que iban desde la acuarela al grabado. Ahí te das cuenta que en la provincia tienen una frescura en la manera de plasmar y de pensar. Aprendí mucho de ellos. 35


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Había pensado estar unos seis años y ya tenemos catorce. Siempre estamos con el pie en otro estado, pero nos hemos ido quedando. Igual no se sabe lo que puede suceder. Acá se han dado muchas cosas importantes, aquí fue el contacto para ir a exponer a Francia. Todo tiene sus porqués. Tlaxcala ha ido creciendo mucho en ese aspecto cultural y se han ido afianzando muchas cosas. La época en que me tocó era más “cerrado”, pensaban que el arte era la representación realista de las cosas. Era encontrarse con puntos de vista demasiado cerrados. Batallas contra eso y formas a gente que está cerca de ti. Eso ha ido cambiando los puntos de vista. Se han abierto más escuelas y la información ha cambiando mucho la actitud. Yo creo que todo ha ido cambiando para bien. Hay gente que se dedica a la grafica, a pintar; han venido diferentes artistas de fuera del estado y del país y eso enriquece el panorama. Va haciendo más exigente el medio, porque antes era árido. No había esa confrontación o esa exigencia. A los alumnos que tuve los apoyaba a enviar sus obras a los concursos de Arte Joven. La confrontación es importante, poner tu trabajo con los que están haciendo en otros estados da 36


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frutos. Creo que siempre ha sido para bien, que haya puntos de vista diferentes de ver y hacer el arte. Es parte de enriquecerse. Algo muy importante que tenemos en México son las habilidades manuales. Por eso digo que el oficio de pintor es intrínseco en el mexicano. Se va dando de una manera muy fácil para nosotros, velo, hay muy buen oficio en la mayoría de los pintores nacionales. En las nuevas manifestaciones artísticas es más fácil comprarte tu cámara digital y hacer tu video. Ahí lo que tienes que hacer es pensar más, tener muy claro el concepto. Pero de repente tiene sus riesgos esto de hacer instalaciones, sino tienes claro el concepto, la idea se pierde. En distintas épocas se ha hablado de la muerte de la pintura, pero es algo cíclico. Me pregunto, qué perdura de las demás artes. Ahora hay fotos y videos de una acción, de una instalación, pero la pintura y la gráfica siempre son obras objetos. Claro que si no te nace, no te puedes meter en algo que no se te da. A la mejor no puedes decir de esta agua no beberé y el trabajo te va llevando al desarrollo de algo conceptual. Me gusta verlas, pero yo hacer una, no. Hay obras que son muy buenas, que tienen 37


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todo su trabajo y una idea muy clara. Gabriel Orozco es muy claro en todos sus conceptos. Jan Hendrix. Hay otros artistas que son claros y aparte tienen una obra con peso. También ha sido que en las escuelas de arte que ya no se meten a los talleres. Nada más se dedican a hacer obras conceptuales, entre comillas. A veces caen en el facilismo. Todos podemos hacer video, pero que me digas algo, que tengas claro el concepto, no cualquiera. La defensa es esa, cualquiera tiene la capacidad de hacer arte, pero si la idea es clara, si me conmueves, si me das a saber algo, entonces tu obra es válida. Tu formación es lo que va dando todo. El mismo trabajo va surgiendo accidentalmente, van surgiendo las cosas. Te pones a pensar que cualquier elemento no tiene el mismo valor para toda la gente, pero uno lo atesora aunque, para otros es basura. Tal vez a ti te dejó su huella ese objeto. Esa “cosa” es un medio para rescatar mi sentir. Es como rescatar la huella sentimental, la huella nostálgica. Cuando hago grabado dejo de pintar. El grabado siempre me ha gustado directo, hago gráfica en color, también. Sin embargo, en el 38


Jorge Barrios

grabado directo a negros se nota la fuerza, se nota cuando es de primera intención, cuando se ve con frescura. Cuando lo decoras con colorcitos se pierde la fuerza. El grande en metal se vuelve efectista. Yo creo que el impacto en el grabado es la fuerza de la primera intención. Eso es lo que estoy tratando de hacer. Cuando soy grabador soy más lúdico, en la pintura te metes en cuestiones esotéricas y metafísicas. Te pones en rollos del color, que el equilibrio, que las monocromías, así que de repente me veo más lúdico, erótico, fresco en el grabado. El arte para mí es vida, definitivamente.

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Samuel Ahuactzin, o el cuerpo, la sangre y el sexo

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amuel es delgado, moreno, alto. Tiene unos ojos muy expresivos, muy fuertes. Parece que con ellos aprueba o desaprueba a las personas. Es bromista y un caballero chapado a la antigua. Tiene esa debilidad por Raphael, la cual compartimos. Pero su gusto por David Bowie no tiene parangón. Cuando lo entrevisté, llegué a su taller por la tarde. Cubierta con una manta estaba una pintura sobre la cual estaba trabajando. En todo el lugar hay esculturas de barro y yeso, bocetos de sus obras, banderas de los países que ha visitado y fotos de su amor: Marisol. Samuel se quitó el amarre de telas que a manera de turbante se acomoda en la cabeza y los lentes que lo cubren del polvo que produce cuando trabaja en la piedra. Ahuactzin esconde dos personas en una: el artista tranquilo, bohemio, bromista y el comprometido con su obra. Esta dualidad vino y regresó todo el tiempo que 40


Samuel Ahuactzin

le pedí me hablara sobre él. Así que con gusto me ofreció un Johnny Walker rojo y también con gusto acepté. Prendí la grabadora y sin que se diera cuenta, comencé a entrevistarlo. Fiestas, ajetreos y viajes Nací en Santa Ana Chiautempan. No sé sí en el centro de la ciudad, pero si en el Centro de Salud. Mi papá comerciaba con cobijas, Santa Ana es una ciudad textil o fue… antes de los chinos. Casi todas las fábricas ya cerraron, pero cuando las había era un ambiente muy industrial, muy ruidoso. De niño era muy común escuchar el silbato de la entrada del primer turno, y ya a las seis el segundo. Era un mar de gente en bicicleta. Siempre estaba llena de movimiento, si es una ciudad tranquila en algún sentido, pero había obreros y fiestas. Santa Ana es una ciudad con muchas celebraciones religiosas. Están las Pascuas, ahorita ya pasó el mole prieto, está la de Semana Santa, las de Navidad, las del pueblo, de la patrona, de cada barrio y entonces entre fiesta y fiesta no es una ciudad quieta, a diferencia de otras. Mis padres por ser gente textilera me iniciaron en los viajes. Él era comerciante y 41


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yo lo acompañaba a vender. Como gitanos. Me llevaba a Laredo, a Sonora, a Michoacán. Mi mamá como ama de casa-comerciante, tenía su tienda y siempre convivía con gente. Definitivamente el ajetreo y los viajes es lo que más recuerdo y claro, los colores, el olor a fiesta, a pólvora, a pan, a alcohol. Los cuetes de pólvora y los de alcohol. La familia es grande, familia santanera, de doble moral. Muy parrandera pero muy religiosa. Como las del bajío, que son esa complejidad extraña del mexicano. Somos unos hijos de la chingada con máscaras, diría Paz. Tal vez si hubiera nacido en Tlaxcala capital hubiera sido diferente. Aunque estábamos cerca de Tlaxcala yo me aburría un poco. Ahora ya hay una vida más rica, antes era muy aburrida, digo, vida para los jóvenes, ahora ya hay movimiento, pero antes no. Hasta ir a misa, que no me encantaba, era la forma de conocer gente, de ver cosas. Las fiestas empezaban en la iglesia y terminaban en la iglesia pero con borrachera. Eran fiestas larguísimas, como lo son ahora. Santa Ana es una ciudad de fiestas. Siempre hay un pretexto en todos los pueblos de Tlaxcala para festejar, pero acá más. 42


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Cristos sangrantes y los holanes de las esculturas Nunca me di cuenta de cuando me comenzó a gustar la pintura. No sé cuando hice un palito no derechito y de ahí comenzó. Lo malo es que mi maestra no me dio un beso a la salida, como decía Chabelo. Primero fue rebeldía infantil y luego me di cuenta que servía para divertirme. Me divertía mucho dibujando pero nunca lo vi como una labor que fuera a ser mi vida. En realidad nunca dije: “Voy a ser pintor”, a diferencia de muchos niños que sabían que iban a ser tal o cual cosa. Conozco amigos que dicen eso. Yo no tenía ni puta idea, hasta que ya después que surgió la posibilidad y todo se conjugó para encaminarme a esta labor. Me gustaba mucho dibujar, hacía caricaturas de los maestros y las vendía a los compañeros. O ellos mismos me pedían trabajos o les hacia los dibujos de tarea. Pero siempre reprobé educación artística. Creo que tenía que ver con la libertad de no hacer algo que me pedían que hiciera. Me decían “haz el tren así y asá” en perspectiva vaya, y no, nada más no. Una vez me inscribieron en un curso de piano, duré un día; luego en uno de dibujo y duré dos. Dura43


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ban más mis hermanos que querían aprender a dibujar y a pintar. Odiaba los pinceles porque para mí lo básico siempre fue el dibujo. Los lápices que utilizaba eran de colores. Me la pasaba haciendo cosas extrañas para los demás. El maestro de pintura decía “hay que hacer una rosa”, un conejito y yo lo odiaba. Cuando me daba cuenta que era una porquería lo que me estaban enseñando no me aguantaba ni una semana y lo dejaba. Mis papás siempre estaban preocupados porque decían: “¿si le gusta el dibujo porque no asiste a las clases?” Fueron mis ganas de ser autodidacta. Mis papás me apoyaban ignorándome. Porque si me hubieran puesto atención no hubiera hecho nada. Les parecía chistoso que dibujara más o menos según ellos. Se sacaban de onda que hiciera cristos crucificados llenos de sangre. Para mí la religión siempre fue una cosa pesada. Todavía tenía mucha libertad. Me apoyaban con los cursos de verano pero en realidad no me interesaban tanto. Yo fui un hombre muy introvertido. Generalmente soy muy hacia adentro. No salía a jugar con nadie, me la pasaba viendo televisión o jugando plastilina o di44


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bujando. Jugando con mis muñecos. Muy reservado, muy callado. Cuando explotaba lo hacía muy fuerte. Me gustaba que no me molestaran. A fiestas no iba. Este niño es raro, decían. Si yo me pongo en su lugar en este momento les pediría lo mismo. Hicieron bien. No los juzgo; el exceso de actividades de los padres de ahora es ridículo: Inglés, clases de natación, tenis, matemáticas, francés, danza. Los quieren hacer unos genios y acaban siendo unas mierdas de personas. El que no te pelen te vuelve pintor. La posibilidad de escoger Yo agradezco su elección de no intervenir, el no creer que la pintura fuera mi camino. Mi papá es muy inteligente, pero es muy introvertido como mi mamá. Insistían que jugara más con mis compañeros, para que no estuviera solo. Pesaban que eso era malo. No es lo mismo dibujar un conejito que gente asesinada, trenes descarrilados o tráileres accidentados, más cuando vas con tu papá manejando. Creo que eso era lo que los complicaba, porque haces eso no cosas bonitas, retratos de gente bonita, en fin. Eso los espantaba. 45


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Las iglesias me parecían lugares mágicos donde había figuras bellas. Yo no tenía idea del arte. Me gustaba ver las figuras esculpidas y las faldas con pliegues. Yo las quería reproducir, no sé porque. Veía a los cristos sangrantes con una actitud de “pathos”, como dicen los griegos; con expresiones de dolor, de sufrimiento. Las formas tan bellas de ellos contra la fealdad del dolor, en “contrapposto”. Ahora sé lo que es un “contrapposto”. De una manera extraña son mensajes que el arte te va dejando. Yo generalmente no veía las imágenes como los demás, que se persignaban con la certeza de que están ante Dios. Yo las veía como una figura, como una pintura, un dibujo que yo quería hacer. Eso desde un principio lo tuve muy claro. No era una postura religiosa de mi parte, era una postura arreligiosa. Cosa que me causó muchos problemas porque no concuerdas con lo que te están diciendo. “Mira hijo esta es una figura que representa a Dios o Jesús o San José y tienes que rezar.” Pero lo que más me gustaba era ver las figuras, el olor del cedro, la veta del mármol. Ahora es lo que trabajo, son materiales que me gustan mucho. El mármol, la madera, en fin. La carga religiosa que tienen te crea fantasmas, taras. 46


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Las fiestas, la escuela, todo te lleva a la iglesia. Yo fui a una escuela religiosa, donde había curas y puros niños. Te prohibían muchas cosas. “Niño es pecado que te toques tus partes”. Esas cuestiones se van mezclando con lo que crees, y te alejas. Más bien te acercas de otra manera. Es lo que me tocó, es difícil no verlo, pero si tienes que entender que es algo que está ahí y que es parte de mi vida. Lo que puedes hacer es decir, no existió, pero hubo momentos excelentes y otros detestables, todos son parte de tu vida, de tu infancia. Todo eso te forma. Lo que me dejó la escuela de padres salesianos, es la disciplina. Que la he estado perdiendo, pero… deseo regresar. Te dejan muy bien plantada la disciplina. Te enseñan que hagas lo que hagas lo debes de respetar, porque de eso vas a vivir. Te tienes que respetar. Otra cosa que me dejó y que platicaba con mi esposa, es el libre albedrío. La posibilidad de decidir. Que será lo que sea la religión pero siempre está la posibilidad de escoger. Si te quieres quedar o irte. Yo me fui, bueno de esta manera que ellos piensan. Aunque no lo crean, soy una persona religiosa. De una manera extraña. Porque lo soy conmigo mismo nada más. Eso no significa que 47


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sea mocho, detesto a los conservadores. Detesto muchas cosas, entre ellas la poca libertad que quieren darnos los conservadores. Entonces trato de que haya libertad. Creo que es como el libro de Fuentes, Las Buenas Conciencias, que hay dobles caras por todos lados. Si te dejas ir te transformas en lo mismo que viste. Sin embargo siempre hay un salvador que es el arte y la libertad que te otorga. Cuando teníamos 10 u 11 años la mitad de mis compañeros querían ser curas. Luego querían ser como el padre Maciel. Eso te dicta el momento. Dibujos en el periódico Lo más chistoso es que yo empecé a pintar cuando tenía como 16 años. Nunca había pintado un cuadro, no tenía pinceles, colores, sólo se me metió en la mente que quería hacerlo. Era una pinturita muy mala. No lo volví a hacer, hasta pasado ya un tiempo. Ya sabes cuando tomas determinadas decisiones como qué voy a ser. No tenía idea de que iba a ser de grande. Te meten en la cabeza: “ser arquitecto, doctor, abogado” yo me dije, se hacer caricaturas, y tengo que chambear en algo. Agarré unos cinco di48


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bujitos y me fui a buscar periódicos. Todos me rechazaban. Me decían que me faltaba mucho y no sabía de política. Había hecho unas de Salinas y otras de Colosio. Llegué a un periódico que tenía dos números de haber salido, El Vespertino, y se las presenté al jefe de redacción, que era Emanuel Ríos. Él me dijo: “Oye, me gusta lo que haces. Vas a trabajar y te voy a pagar.” Creo que me daba 200 pesos, a la quincena. Para mí era muchísimo. Me alcanzaba para los pasajes y una que otra chela, para invitar a mi novia, para cositas. Estaba en primero o segundo de “prepa” y de ahí me fui a trabajar con las caricaturitas. El me escribía el texto porque tenía muy mala ortografía. De la cuestión política local yo ni idea. El me contaba la historia como si fueran cuentos y yo la visualizaba en caricaturas. De ahí surgía todo. Fíjate que hay un tipo que hace esto y llega otro y le quiere quitar su puesto, me contaba. Cree un personaje que se llamaba el Líder y se hizo famoso entre los “politicuchos” de ese entonces. Así que me empezó a ir bien y comencé a ser conocido. Después salí de la “prepa” y seguía trabajando ahí. Me dijeron que había una escuela en el DF que se llama San Carlos, 49


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que es de la UNAM. No tenía recursos así que pedí una beca en el ITC (Instituto Tlaxcalteca de Cultura), para formación de artistas. Metí mi proyecto con ayuda de los cuates, principalmente en la redacción, la ortografía y con las copias. Hice mi examen en la UNAM y me dieron la beca de Jóvenes Creadores. Era un dinero extra de lo que yo le estaba pidiendo. Era otro rubro, no sé cómo pero me lo dieron. A la fecha no entiendo como sucedió. De San Carlos a Carrara Lo malo es que hice examen en La Esmeralda, en San Carlos y no me quedé en ninguna. Me dije, tengo que estudiar acá. Entonces fui a hablar con el que era el director de San Carlos, no recuerdo su nombre ahora. Él muy buena onda, me respondió enojado. “Pendejos, nada más quieren que hagamos robots.” Era un hombre muy amable, muy de su tiempo, muy rojo. “A ver, te voy a dar una beca en tres cursos, los próximos los pagas. Vas a entrar con estos que son de postgrado y a otros de formación continua. A los de postgrado vas a entrar de oyente, de todos modos no vas a entender nada, pero vienes.” 50


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Así fue como entre a San Carlos. Estudié cursos de anatomía y me gustó tanto que hice el intento dos años seguidos y nunca me quedé. Bueno, como desde siempre mis orígenes son que ante el rechazo surgen nuevas oportunidades, no me amilané. Pero me quedé sin dinero y me regresé. Conocí a Marisol, mi esposa, y entendí que yo no quería ser licenciado en Artes plásticas, sino en realidad pintor y escultor a secas. Quería trabajar la piedra y allá no me dejaban trabajarla, y el mármol era para puros posgraduados. Entonces me regresé y aprendí con los canteros en Xaltocan, acá en Tlaxcala. No me dejaban entrar a cursos de mármol y me fui hasta Carrara en Italia. Es gracioso, pero así fue. Si no me hubieran rechazado no hubiera ido a aprender hasta allá. Acá entré al Diplomado de Artes Visuales, que ofrece la UAT sólo por esa necedad de tener un papel. Pero en realidad no aprendí casi nada, suena soberbio, pero así fue. Yo siempre fui autodidacta, desde San Carlos. Los maestros allá, tampoco me hacían mucho caso. Cuando iba de oyente iba de oyente y no tocaba ni un pincel. Aprendí a pintar viendo como pintaban. Viendo como se equivocaban. No gastaba 51


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en lienzos porque yo veía los errores de los demás. Con los materiales me pasaba igual. De ese tiempo sólo hice cuatro pinturas y una de ellas se la regalé a mi papá y mi papá la vendió o la regaló. Curiosamente era una obra religiosa que realicé porque era para mi papá; aunque era un tema muy político porque leía a Marx y era ya también rojo. En la UNAM estaba con mi cabello largo. En realidad lo que fui a aprender allá fue de cantinas. La vida bohemia que todos dicen que no existe, pero que ahí está. Fue muy divertido. “El destino te va poniendo donde necesitas” En ese tiempo iba poco a los museos y fíjate que fui más, luego de que regresé a Tlaxcala. Estando allá como los tienes a la mano no vas, pero luego ya te entra la necesidad. Antes de salir del Diplomado tuve mi primera exposición. Yo ya trabajaba la piedra. Don Nacho Tapia, ex director del ITC, me ayudó. Le pedí a don Desiderio que fuera mi padrino. Eran siete esculturas, ahí en lo que era la Casa de la Cultura. Ya después de eso supe bien a bien lo que 52


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quería y dejé de insistir en esas escuelas,que a fin de cuentas, yo sabía no eran para mí. Seguramente de haber entrado me hubiera salido al año, como sucedió con varios amigos que conservo. Ahora son mecánicos u otra cosa que no tiene nada que ver con la pintura. El destino te va poniendo donde necesitas, nada más. Mi literatura siempre fue el cómic. De hecho compro cómics desde siempre y conservo varios. No todos, porque vendí más de la mitad para comprar una de esas tonterías de juegos de Nintendo. Tenía la literatura por medio del cómic. A pesar de que teníamos las enciclopedias, no tenía el hábito. En la secundaria no era de esos que dicen, voy a tomar un libro. En realidad el hábito lo tomé gracias a Marisol. Ella como literata me enseñó algunas cosas y sí, me gustó. Veía libros en San Carlos, como no, en realidad no me interesaba la vida de los pintores, sino su técnica. Cómo lo hacían, ese siempre fue mi afán. Ya ahora conozco a Picasso, a Rembrandt pero no me interesaban con el deseo biográfico, no los entendía. Hubo momentos en que me sentí como vetado, como cuando hablas otro idioma y no entiendes y se te pierden muchas cosas porque no entiendes el idioma. 53


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O ves una película y no entiendes porque no es el momento. Te vas porque te indigna no entender. Así me pasaba con la literatura. Después de que comencé a entenderla, le agarré el gusto y ahora leo lo que cae en mis manos, aunque sigo leyendo cómics. Esto me ha dado la otra parte que ahora soy yo. Porque lo de menos es pintar, mal o bien, pero es como echarle un aditivo a tu obra. El conocimiento es la base de todo arte. No dudo que haya gente que haga las cosas excelentes sin entroncar con las otras artes. Sin embargo, los grandes siempre han hecho participar las otras artes en su trabajo. Rodin leía sólo a Victor Hugo y decía que leía poco. Claro, los parámetros de lectura de un francés y un mexicano son muy distintos. Tal vez para un alemán son pocos, pero para mí son muchos. Como mexicanos debemos de leer mucho mejor, no sólo mucho. Ahora ya soy muy selectivo en mis lecturas. Ahora trato de entender de todo, música de todos tipos, danza, comida, en fin. Esto no para que digas que ya sabes de todo, sino para divertirte, para disfrutar más esas películas que no entiendes o esas pinturas que no creías entender y que ahora son tus favoritas. Personalmente a mi me pasó. Yo conocí a Miguel 54


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Ángel, a Leonardo, ellos son mis parámetros, luego conozco a Rivera y a Frida Kahlo, a Orozco. Luego me doy cuenta que me gusta Picasso. Así mi ojo se fue educando, mi percepción, en fin. “Uno es un eslabón en esta cadena del arte” Mis principios siempre fueron la pintura y la escultura clásica. Ahora me gusta la escultura contemporánea, pero siempre regreso a mis básicos. Dicen que no debemos regresar, pero yo siempre regreso y regreso. Me busco en un Caravaggio, en un Velázquez, entonces entiendo más el arte contemporáneo, cuando los veo. Trato de conocer el arte clásico, desde el rococó hasta la edad media, para comprender un Tapies o un Gauguin, porque tienen que ver. De entrada dices que no, por la cantidad de tiempo que ha pasado pero es cierto. Aún así el uno y el otro se hablan, el arte se habla. El arte es atemporal. Lo contemporáneo tiene un gran defecto, que es muy reciente. Hay que darle el tiempo preciso a las cosas. Es como cuando oyes una canción de entrada y luego te das cuenta que es una basura. Son como los hit wonders, tienen su éxito y luego decaen. 55


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Luego pasan cosas curiosas. La gente conoce más a Pollock que a Siqueiros, cuando él fue su maestro. O ahora con Frida Kahlo; que hace unos años no le importaba a nadie. Ahora, ya ves, resurgió. Ya la conocen en todos lados, pero te preguntas ¿Vale? Y debe de valer porque se está manteniendo, o ¿no? No es que digas que por ser reciente no vale o porque es viejo vale más. Yo estudio las técnicas de los antiguos. Amo a Rembrandt, a Vernier, a Brueghel, te podría mencionar a tantos, que me encantan. El arte plástico tiene padres. Tapies tiene a sus padres y estos a su vez a otros. Uno es un eslabón en esta cadena del arte. ¿He llegado a superar a sus maestros? No lo sé, esa no es la cuestión. Yo considero a Tapies tan bueno como a Miguel Ángel. Un Chillida tan bueno como un Rodin. No hay comparaciones en realidad. Nuevo es símbolo de bueno, no lo creo. Hay una rebeldía normal contra lo que te precedió, sin embargo debe existir una rebeldía sana. No una que diga “esto es una mierda total, hay que destruirlo.” Si no te gusta, simplemente déjalo ir y ya. Si tú vas encontrando cosas distintas, vas entendiendo quien eres. Con respecto a lo clásico, el primer dibujo anatómico que conocí fue uno de Da Vinci y la 56


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primera escultura fue una de Miguel Ángel. Fue gracias a “Cantinflas Show“; de verdad. Ahí mismo vi La Mona lisa. Me preguntaba porque era tan importante esa señora. Luego entendí su contexto y su circunstancia, al igual que el David. Vas admirando la capacidad que tenían para reproducir el cuerpo humano. Su conocimiento de la anatomía. Ya después vas admirando más lo tuyo. Entiendes la importancia de la Coatlicue, de la Coyotlxauhtli, porque ya tienes un parámetro de comparación. No de bueno o malo, simplemente tienes más elementos para entenderlas. Me decía después: si acá había cuerpo humano y nadie me dijo. El ver a un Dios en una posición interesante, sangrante, con un rictus increíble y yo no lo sabía. Que es lo mismo cuando yo veía de niño a un Cristo muerto. La nueva carne A mí el cuerpo humano siempre me ha parecido maravilloso. Lo he tratado de abandonar y me parece imposible. Me digo, ya no voy a hacer cuerpo humano, voy a hacer otra cosa y se acaba colando siempre a la pintura, a la piedra. 57


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Siempre hay algo de mí que sale, así haga una silla siempre tendrá pies y manos. No puedo dejar de ser yo. Ves, siempre regreso a los clásicos. Quiero igualar a un Rembrandt, que es imposible, y siempre me sale un Samuel. Sale mi estilo. Trato de que mi obra tenga ese gusto por la sexualidad. He tenido una complicidad con el sexo en general. El sexo me gusta mucho. Te transmite mucho poder, no sobre el otro sino sobre ti mismo. En la pintura no busco la sexualidad, simplemente me dejo ir, fluyo con ella. Me gusta dejarme ir en la pintura. Ahora mis lienzos ya no son tan oscuros, tienen más luz. Voy cambiando paulatinamente. Es como si abriera el obturador de una cámara, que se ilumine más esto o aquello. Tal vez porque ahora quiero hablar más de la pintura y no del dibujo, de los trazos que de una narración. Creo que es sólo eso. Ahora trabajo con trazos más fuertes y estoy mezclando a la muerte y lo complejo de la libertad. Pero hasta que no esté toda completa no entenderé verdaderamente que estoy haciendo.

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Abel Benítez, o el

Rivera Monolítico

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onocí a Abel en una reunión en casa del escritor Efrén Minero. No me cayó muy bien, porque discutíamos sobre el premio de artes visuales en posiciones encontradas. Sin embargo y merced a unas cervezas en El Tigre, nos hicimos amigos, al grado que acabé escribiendo un texto para su exposición individual en el Museo de Arte de Tlaxcala. Varias veces fui a su casa invitado por él, o por su esposa Eliza, también una gran amiga. En esas visitas llegaba el momento de platicar de series de televisión viejas, de nuestros días en el “Chilango”, de rock, de cómics y de convenciones del llamado noveno arte. Abel tiene la mano lastimada, producto de una caída desde la azotea. Es un poco grueso, una barba de candado adorna su rostro y usa siempre playeras de colores llamativos. Es uno de esos jóvenes de treinta años. Con confianza y con gusto por su obra, lo invité a mi casa. 59


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Pusimos a David Bowie, destapamos un par de Victorias, abrimos los cacahuates y entramos al confesionario. Rivera sonriendo desde la Muerte Nací en Coyoacan, en el barrio de San Pablo Tepetlapa. Lo importante de esto es que nací cerca del Museo Anahuacali, de Diego Rivera. Como siempre lo cuento, o como dicen todos los artistas, pintaba desde muy pequeño. En el kínder todos somos artistas, ya de ahí que nos echen a perder ya es otra cosa. Puede ser un lugar común que dibujas desde temprana edad, pero sí me sucedió así. Una maestra notó esa tendencia y que era muy retraído, antisocial con respecto a los demás niños, que me la pasaba dibujando. Abstraído del mundo en un hoja de papel donde yo generaba mi propio universo. La escuela quedaba cerca del museo y era de cajón que nos llevaran el Día de Muertos a ver las ofrendas. Era la primera vez que íbamos, que nos llevaban de excursión, a dos o tres cuadras de la escuela. La maestra me aparto del grupo y me llevo al lugar donde estaba el dibujo clásico de Rivera a los tres años de edad 60


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del trenecito de una maquinita y me dijo: “Tú cuando seas grande vas a ser como Diego Rivera, vas a ser pintor.” Ese tipo de cosas cuando eres pequeño te estigmatizan. Entonces me dije, ¿qué es eso de ser artista? Bajamos a la exposición de calaveras y me impacta la Muerte, principalmente, luego Diego Rivera que es una persona enorme. Vi que había una foto tamaño natural de él y se me reveló como un gigante. Lo comparé incluso con los judas de cartonería que son como de dos metros y me dije: Diego Rivera es colosal. De repente me dijeron que él era artista, que ya estaba muerto, que yo iba a ser artista, pues si me golpeó. Me pregunté a esa temprana edad ¿qué era la muerte?; si calaveras sonrientes, flores de colores, pan de dulce, si era una fiesta o dolor y duelo. Me afectó mucho el hecho de ver las calaveras, el preguntarme por la muerte y el ver a Rivera, pero no lo enfrente de inmediato. Eso se quedó encapsulado en el tiempo; ya más adelante, lo saqué y detonó. En ese tiempo Coyoacán era más una comunidad, un pueblo. Jugábamos con los chicos de la calle, todos nos conocíamos. Cosa que ahora ya no pasa. Actualmente hay mucho mo61


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vimiento. La gente se está moviendo en el DF. Ya no sé establecen como antes. Todo crece, las casitas que eran de un piso ya son como de tres o cuatro. Crecen de una forma muy curiosa, ya que pueden expandirse hacia arriba. Son una especie de rascacielos mexicanos. Arquitectura extraña, que es como se va pudiendo fincar. Como van teniendo la familia o van teniendo la lana. Construyen como pueden. No sé, hasta cierto punto Coyoacán es un barrio como de pueblitos. Aunque tenía en la mente que iba a ser artista, dudaba de mí, sobre todo por la gente que me decía: “Te vas a morir de hambre.” “Los artistas son mariguanos y locos.” “Son unos muertos de hambre.” Esa sabiduría cotidiana de la gente que desconoce de lo que habla. En la escuela las maestras le decían a mis papás: “Llévenlo a clases de dibujo o cosas así.” Me llevaban, pero las clases de dibujo consistían en colorear un pitufo de fotocopia. O sea, ya estaba hecho todo, nada de dibujo. Entonces me daba mucha flojera y me salía. Así que mis papás optaron por no llevarme a otros cursos. Dejaron de buscarle por ahí. En ese tiempo no había tantas facilidades como los que hay aho62


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ra: cursos de verano y toda esa oferta que hay en los museos. En ese tiempo no existía. Uno dice que no pero sí, los tiempos cambian y son drásticos los cambios. Ahorita un niño puede recibir mucha información para que despierte. El dibujo con sangre entra Yo ya tenía muy clavado lo del dibujo, por lo que entro a la secundaria 53 donde si había artes plásticas. Esa queda muy cerca de Coyoacán, en Miguel Ángel de Quevedo. Me toca en la tarde, en el vespertino. Como nací en septiembre, mis papás me metieron antes a la escuela, con alguna transita de por medio. Cuando ingresé a la secundaria era muy pequeño, y claro, en esa edad la diferencia es mucha, así sean meses. Ya todos estaban desarrollados y yo apenas empezaba a crecer. Todavía era un niño. La secundaria era una especie de reclusorio. Iban todos los malandrines de la Candelaria, de los Reyes. Todos los que no aceptaron en otras secundarias, ahí caían. El turno de la mañana estaba bien, pero en la tarde puro barrio. Era mucho acoso, me golpeaban todo el tiempo. Siempre se querían pasar de lanza conmigo. 63


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El maestro de artes plásticas era gay. Entonces, una vez me dijo que tenía mucho talento: “Si quieres te doy clases particulares.” Ni siquiera dijo ven a mi casa, sino que iba a la mía, con mis papás. Lo hizo en buena onda, pero yo ese día estaba molesto, por lo que le respondí negativamente de mala manera. Me preguntó por qué y le contesté que porque no sabía donde vivía. De ahí me odió, no sabes, me hizo la vida imposible. No pude desarrollar en todo ese tiempo mi inquietud de dibujar. Lo detesté. Me estaban pasando muchas cosas malas, el acoso, principalmente y me harté de la escuela. Terminé porque me expulsaran, ya que me volví como ellos. Por ejemplo, orinaba en los frutsis —porque me dejaban castigado en el salón— y los aventaba hacia la calle. Un día le cayó al carro de un maestro y me expulsaron. En la secundaria tuve mi primer acercamiento al arte, pero que a la vez fue una frustración con ese maestro. Me fui a otra secundaria, a la 101, por Miramontes. Ahí ya iba gente de Villa Coapa, de Culhuacán, de Carmen Serdán, de unidades habitacionales del Infonavit, que era gente más fresa a la banda del otro lado. Ahí yo era el gandalla, era el que 64


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controlaba la situación, ya bien doctorado en esas lides. Aún así me querían golpear, yo era el chavo famoso de la secundaria. El que todos conocían y a la vez, querían golpear. Ahí dejé las bellas artes por las malas artes. Me metí a electrónica. Pero nunca fue mi fuerte. Quemaba los circuitos. Cuando acababa de armar un circuito todos se reunían para aplaudir porque sabían que siempre sacaba chispas al conectarlo. “Miren, va a conectar Abel su amplificador” decían. El maestro de electrónica optó por ponerme a dibujar los diagramas, pero siempre me decía: “¿Por qué no te pasas a dibujo técnico?” Ahí no había artes plásticas, pero decía que era algo relacionado. Nunca lo hice. Me seguí encontrando con maestras que me decían “lo tuyo es la pintura”. Tampoco me sabían aconsejar. Me decían “vete al jardín del arte, ahí puedes vender tus obras.” Nada más les decía que sí. La Historia de los que no tienen historia En el bachiller conocí a la maestra Eréndira Plancarte que de hecho se vino a vivir a Tlaxcala, porque su papá acá fue importante. Es la culpable de haberme casado ya que me pre65


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sentó a Eli, mi esposa. Ya en el bachiller me empecé a enfocar a los quehaceres artísticos. También me llamaba la atención la música. Empecé a tocar con unos chavos que vivían por mi casa. A mí me gustaba el metal y todo eso, pero tenían un proyecto de música reggae y descubrí, gracias a ellos, que el reggae tenía muchos puntos positivos. En el metal todo es veloz, porque disfrazan en la velocidad sus problemas musicales. Claro es muy efectista. En el reggae si te marcaban reglas. Era más difícil de tocar en cuanto a reglas musicales. El reggae es como el jazz. Escuché a Bob Marley. Él cambio mi vida con sus letras, me brindó un aire de rebeldía. Con ellos descubrí que había escuelas de iniciación artística. Me dijeron que me metiera a una para aprender a tocar la guitarra, leer notas, lo básico. Entonces fui a la escuela de iniciación artística que estaba en la Doctores, frente del Hospital General. Ahí me equivoqué de salón y justamente fui a dar al taller de artes plásticas. Vi la mesa de trabajo, los modelos que utilizaban para hacer bodegones y traslado, todo eso, entonces me dije de aquí soy. Ya no me inscribí a música, sino que me quedé en artes plásticas. Mis amigos músicos 66


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me dijeron “¿ya te inscribiste?” Les contesté, sí pero a artes plásticas. O sea me volvió a llamar la atención todo eso. Esto es lo mío. Seguí tocando, pero quedó en segundo término. Lo mío siempre fue dibujar y pintar. Ahí si fue un estudio formal sobre el arte. Me dijeron, de aquí han salido famosos como Rafael Cauduro. Ahí encontré dibujos del maestro. Alguien se los robó cuando cambiaron la escuela de lugar. La movieron a Niños Héroes. Ahí comenzó todo para mí. La música nunca la dejé, siempre estaba tocando, estudiaba y además la escuela “la prepa”. Mis semanas eran muy activas. Sábados y domingos me iba a los museos. Era muy creyente del arte, como los que van a misa los domingos, yo iba sin falta a los museos. Religiosamente. Siempre que me pasaba algo, me decía ya no la voy a hacer en la pintura. Mi papá me molestaba, cuando mis padres vieron que me estaba dedicando en serio a esto del arte, se espantaron. Pensaron que debia ser como un pasatiempo. Siempre sucede eso. Los papás quieren que seas doctor o abogado y se convierten en tu peor enemigo. Porque ellos quieren lo mejor, pero no es lo que tú quieres. Entonces tienes que luchar 67


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contra ellos. Terminé la preparatoria y a la vez me pagaba mis estudios alternos. Estaba becado y recibía una lanita cada tres meses. Con eso me sufragaba mis materiales y algunos pasajes. Daba clases a niños y con eso pagaba a la modelo o las cuerdas para la guitarra. El reggae me marcó con su filosofía. En ese tiempo estaba el movimiento zapatista, había un espíritu de rebeldía, de estar contra el sistema, que fueron cambios drásticos después. Hice un mural en el Mercado de la Bola y estaba tocando reggae y las letras que escribía hablan sobre estar con mi gente. Eso me marcó en definitiva. Si Diego Rivera había plasmado la historia de México, yo quería hacer la historia de los que no la tienen, que son todos los demás. Que el Sistema hace que no les tengamos en mente, que perdamos nuestra historia, que nos perdamos en el tiempo, para no tener identidad, para ser solamente una especie de fantasmas consumidores, un número, una cifra, una estadística. Un signo de pesos para la industria. Había que escapar del Babilón, del Sistema. El reggae es muy contestatario. Viajábamos mucho a la periferia. Viajaba a Ecatepec, Tláhuac, lugares así, de gente de pueblo, el barrio, la banda, muy fiel. Ellos manejan 68


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códigos que se han perdido. El traer dreadlocks, portar determinados colores significan algo, ahora todo se ha sistematizado. Te da lo mismo traer el pelo como punk que con dreadlocks. El mainstream ya se lo ha comido todo. La guitarra y el pincel La música, el arte, los museos, todo eso me marcó. Pero eso se termina con el mural. Fue desgastante ese trabajo en el Mercado de la Bola. Mucha banda que no entendía que era el arte se molestaba. Llegaban y se recargaban, ponían sus pies en el mural o pegaban su espalda a la pared como intentando borrarlo. Como que les molestaba. Había gente que no comprendía, pero sabía que era importante, sabía que era algo que se tenía que hacer y me daba ánimos. Yo sabía que debería haber una biblioteca ahí, es más, es la primera dentro de un mercado. Pasaron cosas muy bellas que me alentaban a seguir. Había maestros que me decían sí se puede, había quien me decía que no, que no se puede cambiar el mundo, que era un soñador, un necio, un idealista. Si me afectaba, pero nunca me han detenido ese tipo de cosas. Me han motivado a 69


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realizar más y a alcanzar más triunfos. Uno se siente más comprometido. Y digo, sí se puede cambiar las cosas. El mural es un punto de transición en mi vida. Lo termino y entro a La Esmeralda. El grupo se deshace. Las drogas, el alcohol, el éxito mediano. Empezábamos a salir apenas en el radio, en la estación esta, Orbita 105.7, ahora Reactor. Anunciaban en nuestras tocadas en sitios importantes, en el ex salón 21, ahora Cuervo, fuimos parte del Razteka. Ya teníamos cierto nombre, todavía éramos teloneros de Panteón Rococó, de La Comuna, Antidoping, Rastrillos, grupos argentinos como La Mosca; pero ya estábamos pegando, la banda decía, ahí están Los Acuáticos. Había gente que antes, cuando tocábamos afuera de su casa, ni siquiera nos hacía caso, eran de los que aventaban piedras para que nos calláramos y apenas salimos en la radio ahí los veías cargado los instrumentos y viéndonos con admiración. Todo cambia con la fama, que es tan efímera. El éxito es tan extraño, tan frío, tan solitario, que hasta da cosa. Es un veneno, un espejismo. Y por ahí se perdieron varios cuates, se perdieron en eso. Ya no salieron de ahí, el grupo tronó. Yo me salí y ellos siguieron 70


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todavía otro poco. Me salí porque ya estaba en La Esmeralda y me di cuenta que no daba para más. Veía a las ratas saliendo del barco. En La Esmeralda me di cuenta que el arte está regido por el dinero. Carlos Aranda una vez leyó uno de mis escritos, de los trabajos que te dejan hacer sobre el arte y yo tenía todavía cuestiones muy de izquierda, sobre ayudar a la gente. Todavía creo que el arte es un movimiento que hace revoluciones y también es que ese movimiento está controlado por el poder. La iglesia dominó un tiempo a través de la imagen. Ahora los monopolios dominando todo. Televisa domina la tele, el radio, el internet y los periódicos, este tipo de monopolios tienen el poder. Uno pensara que el presidente, pero los grandes monopolios son los que mueven al mundo. Estos te dominan a través de la imagen. El que es consciente de las imágenes es más consciente de la realidad. La realidad que te dictan y de la que tú ves al analizar las imágenes. Estudiantes de artes plásticas, ¡Uníos! En La Esmeralda comienzo a cuestionar mi vida, Esa imagen de Diego Rivera, la filosofía del reg71


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gae y vuelvo a mi punto de origen. Regreso a ese análisis de que es lo que me había pasado. En toda mi vida no había sido consciente de lo que me había dicho la maestra en el kinder. Lo que me dijo la maestra si peso en mi vida. Entonces comencé a pintar a Diego Rivera, ya a la mitad de la carrera. Cambio mis paradigmas, mi forma de ver el mundo. Regresé a la música, pero ya no era contestataria, sino lo más comercial que se pudiera. Pop, muy pop. Exploré nuevos ritmos y nuevas cosas, eso con gente de la Esmeralda. La escuela cambio mi visión del mundo, del arte y cambié totalmente. De ahí decidí hacer una exposición que mostrara los cambios en mis procesos creativos, tanto de pensamiento, como en las formas de producción. El estar trabajando en eso es importante. En el arte contemporáneo son muy importantes los procesos artísticos. Ya no es tan importante el fin, como el proceso. Incluso ya no puede existir la obra, sino que a veces es más importante que la imagines. El espectador que la va a ver se va a fascinar más por la idea que por la pieza en sí. Entonces la puedes platicar y se da la satisfacción. Ya no nos fascina el arte sino al idea del arte. 72


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A mi me interesaba mucho el arte digital, por eso entré a la Esmeralda. Yo había formado una asociación de estudiantes de artes plásticas. Con las universidades, hubo un encuentro en La Esmeralda, o tomaba clases de oyente. Entonces tuve contacto con gente de las universidades de Querétaro, de Puebla, de Xalapa. Iba de oyente a esas universidades. Me di cuenta que la de Puebla nada más no levantaba. La de Xalapa que estaba bien padre, era muy rica, muy buena. Unas pachangas. Siempre que se juntan los músicos, los de danza, los de artes visuales, se hacen unas fiestas increíbles. Ahí conocí a Per Anderson, que cambio mi visión del dibujo. Desde ahí supe que el dibujo era punto y aparte. Es la conexión que tienes con el Cosmos. El dibujo en sí mismo, no es un proceso, no es un arte menor. El dibujo ha sobrepasado la pintura. El dibujo ha ganado mayor importancia que la pintura. En el arte contemporáneo es muy importante. A mí se me hizo curioso cuando me dijeron que iba a impartir la clase de dibujo aquí en Tlaxcala. Tal vez pensaron que era algo sin importancia. Sin embargo, considero que es lo más importante. Por eso me río. 73


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Estaba en esto de la escuela de intercambio de universitarios. Yo estaba en escuela de iniciación y estaba organizando a gente. Me encontré que en Tlaxcala no había escuela de arte. Yo ya venía mucho al estado por mi esposa, que vivía acá desde hacía tiempo. Por ella yo me la pasaba mucho tiempo acá. Fui al ITC y les di la propaganda de la Asociación y mandaron gente. Fue Enrique Pérez y otra chica que no recuerdo, a Xalapa. Yo monitoreaba lo que pasaba en el estado gracias al encuentro. Ya después, conociendo, se hicieron asociaciones. Gente que se cambiaba de escuela y se iba a Xalapa, por ejemplo. El encuentro le cambió la vida a muchas personas. Gente que me tope en La Esmeralda y que después se fue para allá. Gente que me saludaba y que era ya un referente en su vida. Me dio gusto que el tiempo que invertí en todo eso no sólo me sirvió a mí sino a otras personas. Que esa era la idea. Pude ayudar a muchos. Eso me hace sentir muy bien. Con eso de que todo tiene que ser mexicano, se llamaba Asociación Mexicana de Estudiantes de Artes Plásticas. Con eso de que estamos en eso del nacionalismo todo debe de llevar “mexi74


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cano”. Por ejemplo La Esmeralda que es Escuela Nacional. Es herencia del nacionalismo, del muralismo, de Siqueiros, de Rivera, de Orozco. Me sirvió mucho para conocer gente, universidades, y para relacionarme. Me interesó darme cuenta que La Esmeralda era la única escuela que tenía centro multimedia. Dije, no, pues eso es el futuro. Dije, el arte después van a ser robots que bailen o máquinas que piensen, cosas así, es lo de hoy. Y no estaba tan alejado, la computadora no pinta solita, pero está cerca. Todavía se necesita la mano del creador pero ya hay la tecnología. Ya ves a Daft Punk, presentaron una máquina que compone canciones. Quiero una canción de amor de una chica que me dejó. Y a partir de esos datos la PC hizo una rola con sentimientos, y la tocó. Entonces fue interesante porque esa máquina tocó con Daft Punk en un concierto en París. Lo que era impensable, que una máquina transmitiera sentimientos, se está logrando. Y tal vez si se logren cosas más grandes. En la Asociación todo se corrompió por el dinero. Se estaban clavando mucho dinero. Me enteré que en Querétaro consiguieron las cervezas gratis y se las vendían a la gente. Yo 75


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las vendí sin saber. Eso me enojo mucho. Me engañaron. Los patrocinadores no daban dinero pero si pago en especie. Hubo un momento en que tenían oficina con secretaria y todo y yo me tenía que seguir pagando mis gastos para realizar las juntas. Cuando el dinero ya se estaba moviendo, otros se lo jineteaban, se hacían los sorteos para ver a quien le tocaba la sede y de ahí sacaban dinero. Les tocó a los de Xalapa y pasó algo similar. En ese tiempo apenas comenzaban los celulares y veías a todos con ellos. El pretexto, la comunicación. Igual otra oficina y demás chingaderas. Seguían aprovechándose de la gente. Ellos me quisieron comprar, que no, que tráete a tu banda y tocan acá y me di cuenta que todo iba a seguir igual y renuncié. Curiosamente dicen que los de la capital somos los más tranzas, pero los de la ENAP y yo de parte del INBA fuimos los más idealistas, los más honestos. Nosotros no nos quedábamos ni con un peso. Nosotros lo hacíamos por crecer, porque pensábamos que si ayudabas a otros te ayudabas a ti mismo. Me siguieron buscando, pero ya no quise. Curiosamente los que nunca estuvieron en la asociación, Monterrey y Guadalajara se la lle76


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varon y ellos se hicieron de las siguientes sedes. Ya era una cosa de puro dinero. Muchos nos salimos, y los encuentros se terminaron. Me dediqué ya sólo a la producción y a sacar varo para pagarme la escuela. Iba a las convenciones de cómics para vender dibujos y cosas así, modelismo, ya sabes. Al principio sacaba más de las tocadas de reggae. Eran quinientos o mil pesos, por tocar tus canciones, eso estaba muy bien. Era pesado, porque eran desveladas, era caminar rumbo a tu casa a las cuatro de la mañana, subirte a un taxi y atravesar Tlálpan cuando en la noche salen otros tipos de seres a deambular por las calles. Era peligro, era una aventura. Los taxis se quedaron en mi vida. “Hay muchas tentaciones en el mundo” Me casé con Eliza, y vivimos en un departamento pero el taller estaba en casa de mis papás. Decidimos dejar el departamento y vivimos como nómadas, vivimos en casa de los suegros o con mis papás. Era esa transición. Era del DF a Tlaxcala y de regreso. Entonces conocí al maestro Federico Silva. Su esposa me presentó 77


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a la maestra Rosa María Lucio. Ahí fue donde me entrevisté con ella. Yo ya traía un proyecto de hacer una escuela de arte. Ella ya había tenido varios intentos en el mismo sentido, así que congeniamos. Cuando estaba en la asociación pensé en hacer una escuela. Entonces me uní a ella y lo hicimos. Luego me di cuenta que había un diplomado y talleres. Ahí fue como comencé en la escuela de iniciación y con las clases de dibujo. En dos años y medio ha dado resultados increíbles. Seleccionan a gente para Arte Joven, siendo que son para universitarios, casi exclusivamente. Estos dos últimos años de Arte Joven ha estado muy reñido. Mandan como doce mil personas y sólo seleccionan a cien, de esos todavía se va a sesenta. Sigo con esa idea de que el que da recibe, el que enseña aprende dos veces. Son muchas satisfacciones. Pensaba que el ser artista era como lo más importante, ya después me di cuenta que no era lo más importante, sino ser buena persona, ser buen humano. Todo lo demás no sirve para nada. Te mueres y ¿qué? no pasa nada. Me di cuenta de eso con Los Acuáticos. De toda la gente falsa que te rodea, que te adula y que te dice cositas bonitas: Tú eres mi hermano, eres lo máximo, 78


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y te lo crees. Luego no les importas y te comen. Cuando se acaba eso de la fama te desconocen. Creo que lo más importante, aparte de hacer bien las cosas para ti, es hacer las cosas bien con toda la gente. Hay muchas tentaciones en el mundo. Mis influencias son Bob Marley. El oír cuando decía levántate, préndete, haz algo, lo que sea pero tiene que ser con acción. Cuando estaba en la asociación daba conferencias que en realidad eran mentiras. Una de las cosas que más me sacaba de onda era cuando les explicaba: “ustedes pueden exponer en la calle, consigan espacios, ustedes son artistas, pero háganlo con calidad.” Sólo que yo no lo hacía. Me oí y pensé en mí mismo y me di cuenta que era un hombre de palabras y no de acción. Por eso he dejado tanto hablar y me he dedicado a trabajar. Eso es lo que hay que hacer. En el Tipav no decimos nada, creo que las acciones son lo que cuenta o sustenta la escuela. Los alumnos me regalan pulque o cosas así. Ese tipo de cosas son muy buenas. Nadie te las puede quitar, que te obsequien un bidé de pulque de Altzayanca, ¿que más se puede pedir? Te dicen que te quieren con esas acciones. 79


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Peleando a la contra A mí me influenciaron maestros como Pati Soriano. En el mural que hice realicé un perro influenciado por los que pinta Pati. Neo Rauch, un pintor que de repente conocí, el cómic, Todd Mcfarland, que era un dios para mí. Los dibujantes de Conan, todos, los Romita, claro. Todo ese tipo de dibujo académico, dibujo de escuela, renacentistas. También el Mil Chistes, los Hermanos Quezada, había uno que se apellidaba también Benítez. Rius, ahora estoy muy clavado con Daniel Lezama. Rivera ha sido muy totalitario en mi vida. Antes de entrar a La Esmeralda estaba fascinado por Gabriel Orozco. Quería hacer instalación, apropiaciones y demás, vaya, lo que él hacia: intervenciones de espacios, generar atmósferas. Me di cuenta que en la escuela eso era la moda y cómo voy a la contra hice pintura. Era la única forma de estar a contracorriente. El arte electrónico tampoco estaba muy de moda por ser complicado, no cualquiera sabe programar y es muy dedicado. Estar frente a la PC horas y horas. Entonces lo hice también. Con la pintura lo veían como algo primitivo, como si fuera un 80


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hombre de las cavernas que usa pelos de animal y los muele con grasas y pigmentos de la tierra, cuando el arte de ahora ha cambiado mucho. Pero la pintura siempre va a existir y ha existido desde que nació el hombre y hasta el día de hoy. El ver a nuevos pintores como Yishai Jusidman, el es mexicano, pero sus papás son extranjeros. Estudió en Los Ángeles como todos los artistas mexicanos que despuntan. Nacieron en México pero no viven acá. Contradicción, incluso Francis Allis que dicen que es mexicano pero que es de Austria, Jan Hendrix, Santiago Serra, español, la lista sigue. Solo Orozco y Rafael Lozano Hemer pero viven en otros países, difícilmente los ves aquí. De cajón te tienes que ir a otro país para que te volteen a ver. Es un estigma, una maldición, la de Malinche. Ya casi no leo. Encontré un programa que transmite las lecturas a mp3, entonces cuando estoy pintando los escucho. Sólo leo en el baño, revistas o cosas cortas. Ahora estoy releyendo a Braudillard, a los franceses y algunas cosas que tienen que ver con el arte electrónico para ponerme al corriente. Ya no oigo reggae. Ya lo dejé. En el I-pod traigo algunas rolas, Cadillacs, Marley, y algunas cosas más de Jimi Clift. Lo vi 81


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apenas en el salón 21. El cambió mi visión de la música reggae. Ahora dejo que el mp3 me sorprenda. Mil canciones cómo las vas a oír, sólo así, en random. Entonces la manera de escuchar música ya cambio. Se aceleran los procesos. Es irremediable. El arte sigue su curso.

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Malena Díaz, o como sonreír en una época oscura

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alena llegó un día al taller de Matlalocan y ahí la conocí. Me sorprendió primero su cabello negro y su enorme sonrisa. “Eres una india”, le dijo Jodorowsky cuando la conoció. Claro ¿y qué?, le respondió con la certeza de quien se sabe dueña de su vida. Ella es una mujer sin complicaciones, sencilla e imparable. Cuando llegué a entrevistarla, Raúl, su marido preparaba un asado. Así que mientras la familia en pleno iba de aquí para allá, listos para comer, nosotros nos fuimos bajo un aguacate a platicar. Teníamos pocos días de habernos conocido, pero ya sabía de su obra, sin saber que era de ella. La había visto en Generación, en Cuartoscuro, había leído de su persona en La Jornada y ahora la tenía frente a mí. De alguna manera era una amiga de hace muchos años, porque compartíamos conocidos. Me acomodé en la silla de madera y le solté la primera pregunta. 83


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Bodas y quince años Mi papá fue cartero hasta que se jubiló, también entrenaba a chavos en distintos deportes. Vivimos en Santa Ana, hasta que nos cambiamos a Belén; yo era pequeña. Mi papá llegó y organizó al pueblo para hacer canchas. Se llevaba a los niños a entrenar atletismo y cosas así. Hasta que tuve 16 o 17, me fui al DF. Luego regresé y me volví a ir de nuevo para allá. También trabajé en el correo, primero acá y luego en la ciudad. El haber nacido en Santa Ana me da lo mismo, en Belén fue donde crecí y tuve amigos. Mis papás son de la Sierra de Puebla, de Zacatlán, eso me influenció mucho. Por ejemplo, para la obra de muñecas que hago tengo que bordar. Antes lo odiaba, ahora lo disfruto. A la mejor de ver a las señoras en la Sierra. Es más, me gusta más la Sierra que Tlaxcala. Yo nunca me he sentido muy de Tlaxcala, de ninguna parte, siempre me he estado moviendo. Hasta ahora me empieza a gustar el estado. De la Sierra me gusta la gente, el pulque, la comida que es más sana. Allá hay gallinas “correteadas”. Cuando niña iba casi cada ocho días a la Sierra. 84


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Me fui al DF a los veinte años. Allá fue como comencé a hacer fotos. Mi papá era fotógrafo de fiestas y reuniones. Entonces la primera cámara que agarré fue la de él. Me acababa sus rollos sacándole fotos a mi hermana. Estando en la ciudad quería dedicarme a la fotografía, pero no podía porque estaba casada. Entonces me aburrí y dejé a mi marido, mi casa, mi trabajo y me fui a buscar nuevas cosas. Nos separamos de mutuo acuerdo. Es que me fui al DF porque me casé. Se me hizo fácil irme con él. No quería escapar de mi casa, simplemente se dieron las condiciones. Él vivía y trabajaba allá. Entonces también busque empleo en el correo, pero es muy burocrático. A los escritores les viene bien, porque como no haces nada, tienes tiempo de escribir. No haces nada aunque al mismo tiempo te piden llenar un espacio, un horario. Cuando decidí dejar todo, fui a buscar trabajo a una revista. No era fotógrafa profesional, todo lo que había aprendido había sido en los quince años. Creo que me emplearon en esa revista porque le caí bien al director. Llegué y a los tres meses lo corrieron. Pero antes me enseñó a editar, a corregir, en fin a todo lo necesario para 85


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realizarla. Así que cuando se fue, me quedé de directora. Era una revista que repartían en el aeropuerto. El dueño tenía la concesión. También me aburrí y fui a buscar a Pedro Valtierra. Yo no lo conocía. Vi su nombre en el directorio de la revista y fui a buscarlo. Él me dijo, “No, de fotógrafa no hay trabajo, hay para vender publicidad”. Bueno, pues me quedo a vender publicidad, porque yo quiero quedarme para aprender, le contesté. Lo que tiene de bueno Cuartoscuro es que forma fotógrafos. Llegan chavos con poco conocimiento y ahí aprenden. Como empecé a vender mucha publicidad Pedro no quería que fuera fotógrafa. Para calmarme de vez en cuando me mandaba a hacer fotos a algún evento. Ahí estaba muy feliz, me enseñó muchas cosas. Pedro es muy buena onda, muy buena persona. Luego le organizaba sus exposiciones acá en México y hasta en el extranjero. Hasta que, un día dije: es tiempo de volar. Tiempo de volar Yo me quería ir a Paris. A Europa, a ver qué pasaba. Había un fotógrafo ciego, que se llama Bafka, que vino a México a presentar una ex86


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posición al Centro de la Imagen. A mí me tocó irlo a entrevistar. Me dijo que si quería irme a trabajar con él. Claro, le contesté. Le dije a Pedro que quería irme a Francia. Yo estaba muy cómoda en Cuartoscuro, ganaba muy bien y aprendía, pero la verdad me quería ir a conocer otras cosas. Pedro me ayudó a tramitar una visa de trabajo fantasma. Porque eso de irte de ilegal es muy difícil, está cabrón. Era fantasma la visa porque la agencia no tenía para pagarle a un corresponsal en Europa. Además, la verdad es que no tenía ganas de irme a sacarle fotos para la agencia. Lo que quería era empezar otra cosa. Me dijo está bien. Entonces cuando ya tenía todo, me habla el fotógrafo para decirme que no tiene dinero, que ya no puedo irme con él. Eso coincidió con que Pedro Valtierra venía regresando de Bélgica. Él había conocido a una señora que tenía una galería allá. Entonces, esta señora necesitaba a alguien que le cuidara la galería y a sus hijos. Como me vio tan entusiasmada me ofreció hablarle a esta persona. Me dijo, “No va a ser igual que el otro trabajo, pero vas a tener chance de irte y ya ahí te mueves”. Al final, Pedro fue el que me consiguió el contacto. Llegué con esta señora, hice una base de datos 87


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de fotógrafos de América Latina y me aburrí. Es que yo no hablaba ni francés ni flamenco, no importaba que estuviera cerca de Bruselas, en Altz. En tren hacías quince minutos, pero no sé. No era el país que deseaba. Yo nunca había ido a Europa, ni un avión siquiera había tomado en mi vida. La verdad fue difícil llegar. Siempre comienzas comparando todo. “En mi país es así, en mi país es mejor.” Esa señora no tenía vida social, todo el día estaba con sus hijos, no se movía mucho. Por eso ya no quería seguir ahí. Le hablé a Pedro y le dije que ya estaba cansada del trabajo y me contesto que me fuera. Él y yo sabíamos desde un principio que era algo transitorio, que no me iba quedar para siempre. Era sólo para llegar y moverme. Estaba viajando cuando se me acabó todo mi ahorro. Estando en Bruselas, Muñoz Ledo era allá el embajador, así que me encargaron una entrevista para Milenio. Total que la fui a hacer. Le hice fotos, todo y la mandé. Ahí se me ocurrió decirle a mi hermana que necesitaba dinero. Pedro le regaló unas fotografías a mi hermana y ella las vendió entre sus amigos en el DF. Me mandaron el dinero por medio de la Embajada de Bruselas. Así no pa88


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gué nada de impuestos, sólo el tipo de cambio. Entonces pude seguir viajando. Conocí a un chico en Bruselas que me estaba dando posada, por dos días; pero él estaba todo espantado, porque pensaba que me iba a quedar para siempre. Me decía, “Te vas a quedar”. Le contestaba “Nada más que llegue mi dinero me voy.” El dinero tardó como cuatro días. Llegó por fin, lo recogí en la Embajada y me marché. Me fui a Amberes, con un par de amigos. Ya sabes, cuándo vas rolando conoces gente, era uno de Bélgica y la otra compatriota. Luego pasé a Holanda con una amiga de muchos años. Ahí me quedé un mes y decidí seguir con mi viaje. Cuando llegué a Paris, me invitaron a un festival de fotografía. Ahí conocí a un editor de libros de fotografía que me invitó a Toulouse. Yo me dije, “no, que voy ir para allá.” Pero lo mejor es no ser soberbio, porque cuando ya no tenía ni un peso ni alojamiento, le mandé un mail, le advertí: “te voy a ir a visitar.” Cuando llegué todo era hermoso. Era septiembre y había un concierto de Manu Chau, de eso me acuerdo muy bien. Estaba el sol bello. En todos los demás países de Europa siempre había lluvia. Toulouse es al sur, cer89


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ca de Barcelona, por lo que había un sol esplendoroso. Toulouse es bellísimo. Pues ahí me quedé, un mes con este amigo. La vida en el Squat Pero sólo un mes porque los europeos no son como los mexicanos de: “sí, quédate el tiempo que quieras.” Si te dicen una fecha es esa fecha. Además un mes fue demasiado. Ya se sentía muy enfadada. La gente es buena onda, pero si te dicen cinco días, te piden que te vayas llegada esa fecha. No les importa que no tengas dinero, debes cumplir tu palabra. Este hombre vivía cerca de un lugar “okupa“, un “squat” como les dicen en Francia. Yo venía del pueblo, pasada por el DF, nunca había visto un “squat“. Ese lugar era un sitio muy loco, con muchos artistas entrando y saliendo. Yo me decía, “quiero estar ahí.” Le pedí a este chico, “acompáñame, quiero ir”, porque todavía no sabía hablar muy bien francés. Pero nunca me decía cuando, así que un día llegué sola y les dije en español que quería hacer un foto-documental. Me dijeron que sí y ahí fue cuando comencé a hacer fotografía 90


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en serio. Hice el documental, y me quedé casi tres años. Siempre llevaba mi cámara Nikon F3, tenía mucho material fotográfico que Pedro me había regalado. Es que Pedro y mi hermana son mis mecenas. Con eso llegué y tenía todo, laboratorio, una habitación y un lugar cerca para ir a comer. La vida en el “squat” es buena. Yo casi no fumo marihuana y menos alguna droga dura. Ellos si se metían drogas duras y siempre andaban en su “trip“. Yo no lograba encajar. Era la típica que está en la fiesta y se corta. Más bien ellos, porque se metían en su viaje. Pero todo es organizado, con respeto y mucha autogestión. Tenías que limpiar el lugar, había una sala de exposiciones. Entonces si te tocaba exponer, te hacías cargo de todo: enmarcar, colgar, te ayudaban, pero tú eras el responsable. Si duraba un mes la exposición, un mes tenías que estar, hablando con los asistentes, presentando tu obra. Como este “squat” está en un lugar muy céntrico, siempre había gente. En mis exposiciones, mis amigos me ayudaron en todo. Es interesante, siempre estaba la autogestión. Se recuperaban muchas cosas de la calle. Se organizaba la gente y salían a buscar pintura, tela, 91


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lo que se necesitara. Si no te servía, se quedaba en un almacén y la gente podía ir a tomar lo que le faltaba. Todo regulado, porque también había unos manchados que se llevaban material de más. Eran pocos. Los talleres eran comunes. En esos podías utilizar material y los instrumentos. Había mucho respeto entre todos. Eso me gustaba y lo aprendí. Si te soy sincera era muy dejada. Allá aprendí el respeto y a hacer las cosas bien. Allá tienes que adaptarte. Hay fiesta, pero al final de todo el trabajo. Había reuniones cada martes donde se decidían las acciones, y siempre había cigarros, alcohol, mota, pero al terminar. A mí no me molestaba. Era un sitio abierto y cada quien era responsable de su vida. A mí siempre me regalaban cosas. El sitio era un hotel ocupado por los alemanes en la guerra, que lo usaban para sus fiestas. Era de cinco pisos, tenía piano, piso de duela, chimeneas, cortinas rojas pesadas, era fastuoso. Yo vivía en el último piso, es decir estaba en un hotel de lujo viviendo en Toulouse. Una de las primeras frases que me dijeron cuando llegue fue: “Esta es tu cama, tu mesa, tu cuarto.” Cuando andas viajando eso es increíble. Yo lo que quería era hacer foto, im92


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primirlas y ya. Con la seguridad de la casa pude dedicarme a eso. El arte como sanación Ahí comencé a hacer fotos en serio. Todos los días sacaba fotos, revelaba imprimía, sacaba fotos, revelaba, imprimía, sacaba fotos, revelaba, imprimía. Todos los días, no hacía nada más. Si no comía, no había problema, no me importaba. Hice fotos con árabes que llegan a vivir a Francia, que no tienen casa. Todo gracias a que me hice amiga de ellos. No es difícil. Cuando tienes vocación y seguridad haces lo que sea, te metes donde sea. Hice fotos del “squat“, de los artistas, de cómo vivían. Hice otro trabajo que se llamó Ocho Días. Me explico, después de todas las vivencias dentro del “squat” y todos esos cambios en mi vida, hice esta serie de autorretratos. Claro, también luego de haber conocido a Jodorowsky y de haber leído sus libros me encerré durante ocho días y me hice los autorretratos. Tiempo antes fui a Madrid y un amigo me enseñó un libro de Jodorowsky. De inmediato quede bien clavada. Había una parte que habla93


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ba sobre el arte como sanación. Entonces me dije voy a hacer este trabajo, el de Ocho Días. Yo no sabía lo que iba a sacar de una encerrona en mi cuarto. Como hace cosas tan locas el Jodorowsky, le hice caso en eso de cualquiera puede hacer lo que quiera, sólo que siempre nos ponemos trabas. Yo decidí quitármelas y me encerré en mi habitación. Les avise a todos que no me molestaran, ni me hablaran. Respetaron mi decisión, sólo me tocaban para dejarme comida, como perro. Un día me levanté y encontré un chorro de mota, y me dije “me la voy a fumar”. Muy buena onda todos los del “squat“. Todo el trabajo está en el internet. Lo expuse en Paris, en Toulouse. Yo no lo quería exponer, pero llegó un amigo y me convenció. Lo traje acá a México y no lo quisieron publicar. Decían que era muy fuerte. Las revistas acá están hechas para satisfacer al mercado, a un tipo homogéneo de público. Ahora ya ni lo quiero publicar, ¿para qué? me digo. Sólo si fuera en un libro bien chingón. En ese tiempo el director de Generación, Carlos Martínez Rentería, me dijo “no hay pedo, te publico lo que quieras, ya sabes que nosotros no censuramos”. Entonces él lo sacó. Carlos es un tipazo, lo conocí en 94


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la calle. Estaba hablando por teléfono en uno público y me abordó. Es bien coqueto, le dije ¿qué quieres?, me contestó “tengo una revista”. Entonces subí a la Casa del Poeta en Álvaro Obregón. De ahí me hice amiga de él. Me cae muy bien. Es un gran tipo, muy abierto. Muy perro, también. Cumpliendo el augurio Volviendo a lo de Jodorowsky, tenía ganas de conocerlo por sus películas. Cuando yo lo fui a ver me enseño el manuscrito de su libro “La Danza de la Realidad”. Ese libro lo acaba de terminar. Me dijo, “Me voy a Chile, tengo que imprimir este libro. Míralo, míralo.” Yo conocía a Jodorowsky por sus películas. Un amigo lo conocía, porque era director de un festival de cine latinoamericano en París. Me dio su teléfono. Le hable y pedí hacerle unas fotos. Esas fotos se las mandé a Pedro poco después. Jodorowsky me dijo, “sí, pero vente ya rápido, rápido, porque me voy mañana a Chile.” Llegué a su casa, entre y me dijo “eres una india.” Le dije si ¿y qué? No, no es ofensa es sólo sorpresa. Me vaticino, además, que me iba a casar allá. Tuvo 95


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razón. Ya ves que él es medio brujo. Estuve hablando un rato con él, tiene tres gatos. Le hice unas fotos, le dije que lo admiraba. Le di las gracias y me fui. Allá me casé con Raúl y tuve a mi hija Luna. A Raúl lo conocí en una expo sobre Chiapas. De ahí comenzamos a salir. El es uruguayo y me llevo muy bien con él. La exposición era de Chiapas porque cuando salieron los zapatistas decidí irme a ver qué pasaba, sin mentiras, sin creer en lo que decía la TV. Me fui a La Realidad sólo con mi mochila. Luego volví a ir cuando fue La Marcha Zapatista y todo eso lo expuse en Francia. Ese trabajo te abría puertas, porque era reciente, estaba en su efervescencia. Todo mundo quería conocer a Marcos, las francesas querían acostarse con los zapatistas. Era su sueño erótico acostarse con un zapatista. “No te quites el pasamontañas papi”. Vine a México de nuevo, hice fotos sobre luchadores, sobre gente de Tlaxcala. Me dieron una beca en el ITC. Yo lo hice en un mes, pero me dieron la beca para según hacerlo el siguiente año. Sin embargo yo ya lo tenía listo. Lo que pasa es que cuando yo quiero algo, lo hago y ya. No necesitaba un año para hacerlo. Ahora, 96


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pienso que se necesita más de un año para retratar todo Tlaxcala, para registrarlos, platicar con ellos. La gente acá es muy buena. Increíble cómo te abren las puertas de su casa. Dejando la fotografía Es bien pinche caro exponer, mucho glamour y todo, pero las impresiones, las marialuisas, enmarcar, el transporte y todo eso te quita una cantidad enorme de dinero y tiempo. Exponía en Francia, exponía acá en México. En fin. Después de un rato ya me canse y dije, “ya se acabo”. No quiero exponer más fotografía. Sigo haciendo foto, pero ahora quiero hacer otro tipo de trabajo. Comencé a hacer muñecas. Hice una muñeca para mi hija. Entonces realicé una serie de muñecas, sin darme cuenta. Hice como veinte, que para mí ya eran muchas. Una señora de un café me dijo, ven a exponer a mi lugar, era una argentina. Al otro día ya se habían vendido todas. Dije, este es un negociazo. No, pues hice más, aunque no se vendieron igual. Cuando ya me casé con Raúl, porque él sí tenía una entrada fija de dinero, me dije, con esto podría aportar constante97


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mente. No fue así. Fue de suerte esa vez. He vendido, pero no a esos grados. Cuando hice esa exposición ahí, vino una galerista y me pidió que hiciera una en su negocio. Ella me hizo ver que eran piezas únicas, piezas de arte, vaya. Primero me reí, pero luego me la fui creyendo. A la gente si le gustaban. Expuse en diversas galerías. Ahora con las muñecas trabajo con diferentes artistas. Sigo haciéndolas y he dejado un poco la fotografía Decidimos irnos de Francia, para comenzar de nuevo. Para mí ya fue suficiente. Raúl me dijo que necesitaba trabajo, pero le dije, yo te mantengo. Dejamos muchas cosas allá, entre ellas muebles con materiales reciclados, que también expuse en diversos sitios. Dejé mis cosas con una amiga y ella las lleva si se necesita presentar en algún lugar. Los muebles son para las muñecas. Todo es reciclado. Es una serie de diez muebles, que hablan de diferentes aspectos de las mujeres. En Europa conocí a muchas personas. En Madrid conocí a García Alix. Él revisó mi carpeta y me ayudó mucho con consejos. Otro fotógrafo iraní, Abas, también me ayudó y revisó mi carpeta. Lo quiero invitar a Tlaxcala a hacer 98


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un work shop de Día de Muertos. Que lo dirija él. Conocí a José Gobe. Cuando yo estaba en la casa ocupada había mucha gente interesante. Ahora comienzo un nuevo periodo en mi vida. A ver que pasa.

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Enrique Pérez, o las serpientes colgadas de la cola

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nrique es delgado, un poco bajo y muy pulcro en su aspecto. Reservado, aunque no se impide jugar un poco con sus compañeros del taller y con los visitantes. Es un hombre ordenado que cuenta muy poco sobre su vida. Yo sabía que iba a ser difícil entrevistarlo por esa razón. Como trucha, se me escapó varias veces antes de que lo pudiera pescar. Por fin, un día le llamé por teléfono y concerté una cita en el taller de sus amores, el TEBAC (Taller de Estampa Básica y Avanzada Camaxtli). No había nadie, era temprano, teníamos tiempo, en fin no había ningún pretexto para que una vez más se escabullera. Se sentó cerca de su mesa de trabajo y todavía refunfuñó un poco antes de que comenzáramos. Así que lo engañé, encendí la grabadora antes de que se diera cuenta y cuando se percató ya estaba siendo entrevistado. 100


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“Empecé a dibujar porque me rompí un pie” Nací en una comunidad que se llama Terrenate, de aquí de Tlaxcala. Al segundo día me llevaron al DF y a las dos semanas me regresaron a San Cosme Xalostoc, que es donde he vivido y he estado treinta y cuatro años. Bueno, con sus interrupciones para ir a Xalapa. San Cosme es una comunidad de las más recientes como lo puede ser Totolac, con tradiciones muy arraigadas. Xalostoc es muy pacífico, no pasa nada, no hay nada. Vivo en una colonia que se llama Guadalupe Texmolac, donde pasa menos. No había jardín de niños así que me eché dos veces el primero de primaria. La secundaria la hice en San Cosme y en Apizaco hice la preparatoria. Ahí realicé gran parte de mi vida de adolescente. Salía muy de mañana y regresaba a casa sólo a dormir. Me voy a la universidad a Xalapa y ahí me quedo ocho años. Sólo regresaba a Tlaxcala cada quince días, veinte días o cada mes. Sólo venía un par de días y me regresaba. Allá estudié la licenciatura en Artes Plásticas. Un día me rompí el pie jugando con mis hermanos y empecé a dibujar, porque no había otra cosa que hacer. Estuve casi dos meses en 101


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cama, porque me lo quebré y no podía moverme para nada. El pie me dolía mucho si lo apoyaba así que me tuve que resignar a estar ahí, postrado. Entonces comencé a leer, a dibujar y varias cosas más. Cuando regreso a la secundaria me encuentro que hay un maestro de dibujo técnico, que aparte de esta clase, en el receso y en las horas muertas que tenía, pintaba. De eso nos dimos cuenta un grupito de cuates que nos organizamos para irlo a ver y pedirle que nos enseñara. Desde ahí no dejo de pintar ya nunca. Lagartijas enterradas Cuando estaba en la carrera hacía imágenes de reptiles y una serie de autorretratos. Además de una serie que se llamaba “El Mofle Enterrado“, que era la historia de un mofle que no podía salir y sufría mucho. Era una serie medio loca, que concluyó en una carpeta de litografías, que fue el primer proyecto de beca que metí al estado. Fue aprobado y las litografías las hice con Per Anderson. Desde la escuela hacía imágenes de serpientes. El reptil siempre fue un pretexto para hablar de mí. Las circunstancias hicieron que cambiara de serpientes a lagartijas, luego a 102


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cocodrilos y ahora a tortugas. Sigue siendo sólo un pretexto, porque podría ser cualquier imagen. Aunque, en verdad, no amo a los reptiles si me identifico con ellos. Entonces los tomo de pretexto para hablar de mi persona y de lo que me sucede en las imágenes. Son autorretratos usando máscaras de reptil. En donde vivía existían serpientes. Te metías a bañar y estaba en el suelo una hermosa cascabel y te decías ¿ahora como la saco? Cosas así, lagartijas y serpientes. Cuando iba al campo con mis abuelos, jugaba a atrapar lagartijas. Con un pasto largo le hacía un nudo corredizo y las colgaba de la cola. Tengo un par de grabados de esto. Yo tenía en ese tiempo como diez años. Mis padres, gracias a Dios, tienen una papelería por lo que tuve siempre todo el material necesario para dibujar y pintar. Hojas, cartones, pinceles, lápices, no era mucho, ni tan poco tan buenos, pero suficientes como para echar a perder. Ya en la preparatoria tomo la decisión definitiva de dedicarme a las artes plásticas. Yo estudié en Apizaco, en La Corregidora, que tiene talleres. Entre ellos uno de dibujo y pintura, me inscribo en él y, digámoslo así, me hago el favorito, el avanzado del maestro de pintura. 103


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A tal grado que los últimos dos semestres me hago responsable del taller. Entonces es cuando digo, a esto me debo de dedicar y a buscarle para afuera. Había tres opciones. El DF, Guadalajara y Xalapa. El DF no me gustaba porque es mucho desmadre, mucha gente, mucho de todo. Yo soy de una vida más tranquila y por eso el DF quedó descartado. Guadalajara está muy lejos, entonces no. Xalapa era mi tercera opción. Estaba a la misma distancia que el DF, bueno, más o menos. Es más pequeño, un clima más agradable, más barato Así que dije, acá. La Atenas de América De Xalapa me enteré por un maestro. Era el asesor de la preparatoria. Así que gracias a él, comencé a pedir informes, a ver quién me ayudaba. Sólo que nadie me ayudó. Al final de la preparatoria nos dicen que va a haber un viaje, de estos escolares. Como premio, nos llevan a Veracruz. Nos llevan a las diferentes opciones que la Universidad Veracruzana ofrecía. Es ahí que digo, acá debo estar. Porque entonces, ya incluso, había ido a la facultad, así como de visita exprés y me 104


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decidí formalmente a quedarme allá. Después se viene la graduación y resulta que ese mismo día que se hace la recepción de solicitudes en la universidad. Me lanzo a Xalapa y ya no pude regresar a la graduación de la escuela. Al principio fue complicado porque era la primera vez que salía de casa tan lejos, a un lugar donde no conocía a nadie. Venía de una preparatoria particular donde todos eran bien fresas y resulta que te encuentras a unos locos de pelo largo, aretes, tatuajes y chicas muy liberales. Yo me decía, que onda a dónde vine a parar. Entonces si fue un poco complicado el principio, una vez que empiezas a trabajar a estar en las materias, ya fue más sencillo. Llegué a vivir a una casa donde rentan habitaciones para estudiantes. Ahí conocí un grupo de estudiantes de Coatzacoalcos, Veracruz, que estudiaban entre leyes, ingenierías y arquitectura. Me hago amigo de ellos durante cinco años, lo que duró la carrera. Vivimos ahí primero con doña Blanquita, luego nos cambiamos a un hotel al centro de la ciudad, donde te hacían todo. Luego nos separamos un poco en la vivienda, porque cada uno se fue a vivir a diferentes casas. 105


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Yo no me relaciono mucho con los artistas porque, por ejemplo, las borracheras, eran más con los arquitectos, con los abogados que con mis compañeros. Con ellos tenía una relación buena, siempre en la escuela, pero no era tan cercana, tan entrañable como con mis roomates. Los últimos años si, ya comencé a irme con la gente de la escuela. La primera imagen que vi y me impactó fueron unos grabados y unas pinturas de Goya. Yo no tenía ni idea de que era un grabado y de la pintura más o menos. Desde entonces comencé a dedicarme a la pintura y al dibujo. Entro a la carrera con especialización en pintura y la termino, pero a mitad de la misma veo en un pasillo a un tipo que le dicen el “Chihuahua”, dándole con fuerza a una placa, bruñéndola, vaya. Lo hacía con furia, porque no le quedaba. Le preguntó y me dice que es un grabado. Entonces ahí es cuando me intereso en el grabado. El trabajar con Per Anderson Per Anderson era mi maestro de dibujo desde el primer año. Era tan bueno que me reprobó. 106


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Después pasé la materia porque me pidió un trabajo especial. El trabajo consistía en hacer una carpeta de dibujos y textos. Se la llevé y le gustó tanto que me invitó a trabajar. Aparte que había visto otras cosas que había impreso. Entre otras circunstancias como que él veía que no tenía mucho dinero e imprimía bien. Él me apoyó. Así que fue buen negocio para los dos. Yo aprendía y aparte me pagaba, no mucho, pero lo suficiente para las chelas. Entonces ya estando con él me enamoro mucho más de lo que es la estampa. Sigo pintando, sigo haciendo cosas, porque tenía que terminar trabajos con esa especialidad. Pero más de ochenta por ciento de mi trabajo era producción de gráfica. Afortunadamente mis maestros de pintura aceptaban calificarme con gráfica. Estuve cuatro años trabajando con él, incluidos los tres últimos años de la escuela. Ahí aprendías de todo. Lo que llegué a hacer primero fue cincuenta marcos para una exposición de Per que estaba itinerando en la Zona Centro. Vino a Tlaxcala por cierto, esa exposición. A mí me tocó desde imprimir, prepararlos, enmarcarlos, hacer todo el proceso, desde la impresión hasta llevarla a las salas. Son cosas que nunca 107


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vas a aprender en la escuela. En el taller de Per aprendí a producir obra de distintos formatos y técnicas. Mientras en la escuela era casi como jugar. Al taller llegaban profesionales de todo el mundo. Los asesoraba en las técnicas o los ayudaba en las impresiones. Ahí ya no se juega. De esa manera comencé mi relación de amistad con Nunik Sauret. Ella llegó a trabajar tres semanas al taller. Yo no pude ir al curso que dio en la facultad, porque era por las tardes. Pero yo la veía trabajar todas las mañanas con Per. Todos los días trabajábamos juntos. Ella me preguntaba qué hacer, qué ponerle, porque era una técnica que no conocía. A fin de cuentas acabé imprimiendo toda su edición. Entonces aprendí más conviviendo con ella en el taller, tomando cafecito, en los tequilas, prendiéndole las velas y el incienso, —que es como el gusta trabajar a ella—, que en la facultad. Eran treinta alumnos que les daba cinco minutos y yo la tenía para mí solo todo el día. De La Orduña a Matlalocan El taller de Anderson estaba antes en la Pitaya. Es una comunidad que está entre Coatepec y 108


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Xalapa. Es una zona semiselvatica, muy padre, a unos cuantos metros está el río. Era muy bello trabajar en ese sitio. Ahora ya se cambió a la Orduña, una exhacienda azucarera. La gráfica es de gremio, de trabajar con asistentes, con alguien que te ayude. Sólo no se puede hacer, de lo contrario es complicado y aburrido. A la Orduña llegaban artistas de distintos tipos para imprimir y hacer papel. Por eso conocí a jóvenes que empezaban y a super maestros. Per Anderson siempre se llevaba toda la atención, aunque de vez en cuando me daba un poco de juego, en algunos casos te pedían apoyo y acabábamos tres o cuatro personas en un proyecto grande. En el 99, en junio, terminamos todos los proyectos con Per. Todos los pendientes de impresión, de enmarcado, en fin, de todo. Incluyendo un libro que habíamos terminado. Yo ya me había hartado un poquito, lo mismo todos los días y quería comenzar otra cosa. Per se va las vacaciones a Suecia y yo me vengo a Tlaxcala y decido ya no regresar. Me quedo de julio a noviembre acá. Entonces comienzo a convivir con los artistas tlaxcaltecas en ese tiempo organizados en el comité consultivo de artes visua109


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les. Ellos me piden dar un curso de grabado, que se da a principios de diciembre del 99 en casa de Helena Hernández. Fui un par de veces a Xalapa, a trabajar unas estampas con Per, unas impresiones, que por algunas características sólo yo podía imprimirlas, pero en definitiva ya había regresado a Tlaxcala. En el ITC (Instituto Tlaxcalteca de Cultura) me invitan a quedarme de lleno como coordinador del taller de grabado y es por eso que ya decido no moverme del estado. El TEBAC siempre estuvo acá, en San Bartolo Matlalocan. Hay muchas historias de cómo se hizo, pero mi versión es la siguiente: Di el taller en casa de Helena Hernández, en ese entonces esposa del pintor Rafael Cázares. La intención era hacer una carpeta con la obra que se elaboró. El comité pide material al Instituto, pero hubo ciertas fricciones por lo cual ya no se hizo la carpeta. En ese entonces estaba el Corredor Nacional de la Gráfica, que era un proyecto a nivel república muy ambicioso, que terminó no muy bien, pero invitan a Tlaxcala a participar en el proyecto. A Carlos Villaseñor, ex funcionario del ITC le interesa mucho y decide unir el taller que se dio con el Corredor Nacional de la Gráfi110


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ca para crear el TEBAC. Entro al proyecto hasta dos semanas antes de que comience a funcionar. Yo estaba en Xalapa cuando Villaseñor me llama para hacerme cargo del taller. Me pregunta que cuanto necesito para echarlo a andar. Me advirtió, hay tórculo y un par de mesas. Cuando regreso de Veracruz hay un cheque por la cantidad que le había solicitado para comprar lo necesario. Entonces en sí tengo una semana para comprar lo necesario. Compré todo lo básico, porque al siguiente lunes llegaba Alejandro Luna para trabajar su obra. Antes hay toda una historia, que si sí, si no y esas cosas. La “tenebra“. Yo entro hasta esa fase. Un taller ya establecido Llevamos ya nueve años de trabajo en el TEBAC, donde han pasado todo tipo de artistas, desde gente que viene uno o dos días, otros que se han quedado más tiempo; unos que han dejado de venir y otros con los que seguimos conviviendo. Hay gente de renombre y otros de los que ya no sabemos nada. Al paso del tiempo se ha hecho un grupo de personas que están interesadas en la gráfica. Desde que se instituyó el 111


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taller, muchos artistas han comprado su tórculo o han desempolvado el que tenían. Antes de eso no había nada. Afortunadamente se ha creado un gusto por la gráfica en el estado. Ya conocen al TEBAC en todo el país, en la medida en que podemos. Sobre todo con la carpeta de Titeregrafías. Donde siempre invitamos a gente local y otros compañeros nacionales y extranjeros. Esto nos ha ayudado a presentarnos con los talleres del país. Titeregrafías surge en el año dos mil, porque queríamos vincular al TEBAC con otras áreas del Instituto. Se avecinaba el Festival Internacional de Títeres y no recuerdo si fue Patricia Mosqueída o Alejandro Rubín quien sugirió hacer unas imágenes de títeres para vender. Lo pusimos a votación, todos dijeron que sí y se armó el proyecto. El primer año hicimos sólo cuatro imágenes. Alejandro, Pati, un niño de la comunidad que se llamaba Joaquín y yo, fuimos con los directivos del instituto e hicieron una presentación de la carpeta. Gustó y se vendieron. A la fecha llevamos más de cien estampas, con ochenta artistas que han colaborado. Este año ya van a ser diez carpetas que se habrán hecho. 112


Gonzalo Pérez, o el ejercicio de la mirada

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onzalo tenía desaparecido de Tlaxcala algunos años. Para mí siempre fue el personaje central de la cultura en el estado durante años, ya sea por su Café-Bar Mictlán, por sus fotografías en el otrora juvenil y rompedor diario Síntesis, o porque siempre acababa saliendo con las chicas más lindas del grupo. Gonzalo tiene una forma de comportarse muy medida. Habla tranquilo, sereno, dándole tiempo a sus palabras, con un lenguaje coloquial que te convierte en cómplice. El día que lo entrevisté acababa de regresar de Francia. Venía con Sol, su pareja. Ella no podía comer quesos sin pasteurizar, por su embarazo. Deficiencias estomacales del primer mundo. Tomamos unas cervezas, mientras los demás platicaban con ella. Nos fuimos a un lugar apartado y ahí me contó su parte de la historia.

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Neruda en el sonido local Mi primer recuerdo es justamente acá, en Totolac, donde nací. Mis hermanos y yo nos subíamos a jugar al cerro, a hacerle al explorador. Éramos morrititos, la autopista ni existía, Ese es el recuerdo más remoto que tengo. La calle atrás de mi casa era un barranquita. No había ninguna casa alrededor. Éramos mis cuatro hermanos y mi hermana. Desde pequeño me gustaba el arte, por mi mamá. Ella es una mujer muy culta y por lo tanto le latían muchas cosas. Yo me acuerdo mucho que cuando era chavito hizo su tesis de la normal sobre Pablo Neruda. En la casa ella tenía un disco de él, La Rosa Separada. No teníamos donde oírlo. Entonces mi mama me dice: ve acá con el “Rana”. Un tipo que se llamaba René y que era dueño del sonido del pueblo. De esos para anunciar la carne de los fines de semana o un burro perdido. Llego con el “Rana” a decirle que mi mamá quería que pusiera el disco de poesía y él, que cámara. Regreso y de pronto se escucha en todo el pueblo la voz profunda de Pablo Neruda. Fue muy chistoso, porque todo eso fue por mi madre. Ella era muy respetada en el pueblo. A mi mamá le gusta mucho leer, siempre todo lo 114


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que tuviera que ver con cultivarnos como seres humanos ellos te lo abonaban. Aunque nunca tocaras, si pedías un instrumento lo tenías. Yo tuve una guitarra y nunca fui músico. Toqué un tiempo con un grupo, pero nada en serio. Siempre había libros, siempre estuve pegado a esa onda, a esa frecuencia. Afortunadamente el “Rana”, dejó un buen rato el disco. Como la maestra Horte lo había pedido pues mucho respeto. Todavía me parece ver desde la casa de mis papás, la del “Rana”, que queda casi enfrente. Me imagino al pueblo con esta voz indescriptible de Neruda y la gente preguntándose qué pasaba. Danzón dedicado… Tlaxcala no estaba urbanizado del todo. Por ejemplo, lo que ahora es el mercado, antes se llamaba Plaza Juárez, alrededor de la hoy Plaza Juárez era el tianguis. La Plaza de las Cruces, atrás de San José era el mercado de ropa y juguetes y donde esta Gobernación, había una hilera de puestos de tortas y jugos. El Callejón del Hambre es el que está en una cerrada a una cuadra de donde está ahora el Vips. 115


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Totolac si era un pueblo, pueblo, pueblo, a las afueras de la ciudad. El sonido era la manera de anunciar que ese día en la casa de fulano de tal había carnitas y chicharrón, para que la gente pudiera comprar. De repente decían: en la casa del señor Cuellar hay tal y tal, y la gente sabía donde vivía el señor Cuellar. Entonces iban a ver que tal estaba el marrano que habían matado. El sonido servía para eso. Por ejemplo, si una persona veía un burro que estaba perdido, decían: se gratificará a la persona que haya encontrado a un animal de tales y tales señas. Esa era la forma de comunicarse en los pueblos. Recuerdo una anécdota de un sonido de esa misma índole en San Lucas. Era la fiesta de San Juan Totolac, ese día llegan muchos santitos a visitar al patrono. En esa ocasión llegaron cuarenta y tres, todos a visitar a San Juan Bautista. Desde el sonido de San Lucas dedicaron una canción: Para San Juanito y amigos que lo acompañan. El Período Especial Estudié la preparatoria ya en Tlaxcala, ahí fue donde encontré la desviación al asunto del arte. A mí me comenzó a gustar la música y sobre 116


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todo la latinoamericana. Entonces mi hermana estudiaba en Puebla y le encargué una quena; instrumento que no sabía tocar. Recuerdo que estaba en los portales del zócalo y que llega un maestro del CBETyS (Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios), Juan, el de música y me dice: Oye Gonzalo, qué onda con la quena. Acá la traigo le contesté. El me pidió, ¿por qué no haces un grupo de música folklórica? y vemos para conseguir los instrumentos. Le contesté, yo no soy músico, ¿cómo le voy a hacer? Entonces, ahí en el CBETyS estaba estudiando Martin Palacios, músico, Jorge Antonio Delgado, que también lo era, y mi hermano, J. Guadalupe. Entonces los vi un día y les dije que si querían hacer un grupo. Ellos ya tenían uno. Amenizaban las misas los domingos. Tocaban en la capilla de Guadalupe de La Loma. Yo los había visto con un bombo y una quena. Por eso pensé que tocaban otra cosa, pero lo que hacían era tocar las canciones de la misa, no las de Sudamérica. Me dijeron que sí, que órale. Ellos ya tenían más pila para la música. Total, que en un rato éramos los Beatles del CBETyS 3. Donde tocábamos, se atascaba. A veces nada más para vernos ensayar. Participábamos en todos los eventos culturales. 117


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A partir de ahí comencé a aprender, pero eso fue sólo el comienzo. Desde ahí conocí Radio Educación. Por escuchar esa música y poco a poco conocía más y más. La cercanía con otras artes, empecé a disque componer canciones, a escribir poemas, pero no me gustaba nada de lo que hacía en ese momento. Y no tenía la pretensión total de ser artista. Lo hacia porque quería decir algo. De esa música, vino mi formación política. Mi interés por las causas sociales. Escuchaba a los maestros, vaya. A Silvio Rodriguez, a Pablo Milanés. En ese momento estaba en su apogeo la música y los movimientos armados de Sudamérica. Estábamos en campañas de apoyo al MIR en Chile, cosas en Nicaragua, el Salvador. Normalmente eran festivales político culturales. Te ponías a tocar y te considerabas muy revolucionario. De pronto llegabas a un festival de ese tipo y compartías el tiempo con pintores, con escritores y siempre había una cercanía y había conexión. En la radio escuchaba de arte, de política, no me había planteado en ese momento el ser fotógrafo. Con la foto empiezo un poco antes de que existiera La Jornada. Ya había pintado y tenía 118


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una formación visual más o menos buena. Me gustaba el asunto gráfico, mi pintura no me convencía, porque no tenía ninguna técnica en realidad. No había tomado nunca siquiera un taller de verano. Yo fui a Cuba en el 91 en un asunto de solidaridad con la isla. Llevamos alimentos y cosas así. Empezaba el “Periodo Especial”, luego de que cayera el bloque socialista en Europa del Este. Allá vi dos cámaras que me dijeron que eran muy buenas que estaban muy baratas. Entonces mis amigas en Cuba me ayudaron a comprarlas, pagué como 5 dólares por ellas. No sabía utilizarlas. Para ese tiempo ya había visto trabajos de La Jornada, exposiciones que habían venido a Tlaxcala como “Mujeres vistas por mujeres” y todo eso. A partir de eso me acerqué a la fotografía. Cuando compré esa cámara le metí unos rollos en blanco y negro, pero nunca supe como expuse o como revelé. Se las di a un amigo del periódico Síntesis y él las revelo y me dijo que estaban muy bien. Hubo un curso en Puebla, me invitaron a asistir. Era una oportunidad de ir gratis. Alguien me lo pago. Para ese momento ya estaba trabajando en la Secretaría de Pesca; me había 119


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recibido de ingeniero. Así que sin más fui al curso. Yo no sabía pero era para intermedios y avanzados, y ni siquiera sabía lo básico. Fui porque me gustaba lo que estaba fotografiando en ese momento. Aunque no revelaba ni nada. Cuando hice ese curso era muy tímido y no preguntaba. Como entré salí. Nunca pregunté nada, pero hubo un accidente en la México-Puebla, el instructor, un tipo que venía de Kodak, nos dijo, ¿quieren ir? y pues fuimos todos. Hicimos unas fotos y ahí el instructor se me acerca y me pregunta como mide la luz mi cámara. La mía era una Zenit, de esas rusas, —la que compré en Cuba—, que tenía una agujita y yo no sabía para que era. No le respondí nada, pero esa foto que tomé fue primera plana al otro día. Llegamos de fotografiar el accidente y nos dice el instructor que imprimiéramos dos fotos, que teníamos que entregar una a la redacción, porque había que entregar un reporte al final del curso. Lo hice y me quedé con la otra. Al día siguiente salió mi foto en el Síntesis. Total, que cuando se acabó el curso nos entregan un cuestionario y nos preguntan que si queríamos trabajar en el periódico, que propuesta tendrías para hacerle. Yo me dije, ah chinga, pues ni 120


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idea. Escribí una tontería. Pero si me invitaron a trabajar en el Síntesis. Afortunadamente en la Secretaría de Pesca trabajaba un amigo biólogo, muy buena onda y amante de la fotografía. Así que le dije que si podía trabajar en el periódico. Cuando supo que era foto de inmediato me dijo que sí, que podía dobletear. Estaba como en la película esa de Pedro Infante, de “ya llegué vieja, ya me voy vieja.” Estaba en Pesca y en el periódico de ocho a nueve de la noche, yendo de un lado a otro. “Las clases terminaban en la cantina” Luego vino la decisión entre los dos trabajos. Ya había desechado la idea de ser músico, escritor y pintor, me dije, yo quiero ser fotógrafo. Es que en ese momento el ser foto reportero era un mecenazgo para la fotografía, era la posibilidad de hacer cientos de clics sin que nadie te los contara. Me dije, de aquí soy y renuncié a Pesca, a cambio, claro, siempre conmigo mismo, de estudiar. El otro fotógrafo, el señor Correa, un señor ya grande, me enseñó un poco de cosas de impresión y demás. Recuerdo que ya estando 121


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trabajando de lleno me pregunta por la sincronización de la cámara. No sé, le respondí. Yo ni siquiera sabía que era eso. Entonces me inscribí en la escuela de fotografía Nacho López en el DF. Por rumores supe que esa era la mejor escuela de ese tiempo y sí, había puro personaje: Marco Antonio Cruz, Elsa Medina, Víctor Mendiola, Pedro Valtierra, Andrés Garay, Ricardo Garibay, el sobrino, Gabriel Figueroa, el hijo, eran puros fotógrafos pesados. Me metí a estudiar ahí empezando de cero. La cosa fue que empecé a hacer una “encuesta” con mis maestros, sobre que les parecían mis fotos. Había opiniones que me hicieron pensar que estaba en el camino correcto y por eso dije adiós a la ingeniería. Mi jefe en Pesca entendió muy bien y hasta me dijo, “dale por donde vas”. Por eso decidí dedicarme de lleno a la foto, sobre todo a la de prensa. A la par empecé a hacer foto documental, siempre tratando de hacer arte con ello. Yo tenía claro que no quería ser el fotógrafo de los que se habían dado a conocer hasta entonces en Tlaxcala. Yo tenía que ser de otra generación, de otro tipo. Que lo mío era la proximidad con 122


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el arte, mi obra tenía que ser de arte, más que una “chamba”. Hicimos un grupo de “fósiles” en la Nacho, entonces nos reuníamos y le pedíamos al director clases con determinado maestro, y nos hacían caso. Muchas veces las clases terminaban en bares, en casas, ya de madrugada. Tenía que llevármela en el periódico, el Mictlán, y las clases. Recuerdo mucho a una compañera, Manuela Álvarez Campa, hija de Raúl Álvarez Garín, y nieta de Valentín Campa; bueno pues ella. Su compañero era Omar Torres, director musical de Eugenia León. El caso es que me veían bien cateado los sábados por al mañana y me ofrecieron que llegara los viernes a su casa y que ya temprano nos fuéramos a la escuela. Estuvo muy bien y a la vez más cansado porque había bohemia de cajón, todos los viernes. Pero bohemia en serio, con los músicos de Pablo Milanés, los de Eugenia León, y un chorro de artistas del DF. Yo me sentía como pez en el agua. Al otro día no llegaba crudo sino todavía pedo a la escuela. Pero era a todo dar. Esa cercanía con los fotógrafos de ahí me alimento barbaridades. Por ejemplo Andrés Garay, que considero es el mejor de todos en cuan123


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to a desnudo en México, me daba clases, Marco Cruz, que acaba de ganar el gran Prix de Canadá en documental, Pedro Valtierra que todo mundo sabe quién es. Comenzamos como alumno y maestro y terminamos siendo amigos. Yo me inscribo con Mendiola, con el he colaborado algunas cosas en Proceso desde Paris, a Andrés me lo he encontrado en diferentes lados. Para mí esos tres años fueron un gran descubrimiento y un período de crecer a grandes pasos. Bolsas llenas de rollos Crecí como persona y como fotógrafo. Venía haciendo cosas de manera empírica y por apreciación directa de El País, de La Jornada y ahí fue el vuelco. Como íbamos a muchas exposiciones, me fui sintiendo poco a poco en lo mío. A la par trabajaba en Síntesis, donde tenía el cuarto oscuro, el laboratorio, todo, desde que la sacabas hasta que la revelabas, tenía todo el proceso. Ahí empecé un poco a imprimir, a ver el comportamiento de la luz y a entender bien mi cámara. Además, era muy bueno trabajar en el periódico en ese momento, porque tenían mucho interés por la fotografía, por contratar 124


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gente que tomara en serio su trabajo. No desempleados alquilados de fotógrafos. Para mí fue un buen periodo, publicábamos lo que propusiéramos, reportajes, fotos grandes en portada. Pero, sobre todo, salíamos a la calle con las bolsas llenas de rollos para disparar. Era un ejercicio de la mirada todo el día. Para todo momento cargaba mi cámara. Hasta mi mamá me decía, hijo, se te va encarnar la mochila. No me la quitaba ni para comer. Iba a fiestas y traía mi mochila. Ahora tengo cientos y cientos de negativos ahí guardados que deben ser una crónica invaluable de la historia de Tlaxcala, que a mí me toco a vivir. Como el señor Correa hacia un trabajo impecable de laboratorio, mis rollos están muy bien revelados, bien fijados y bien enjuagados. Es decir, tengo negativos que van a durar muchísimo tiempo. Tierra de olvido Tierra de Olvido, surge de muchas maneras. Yo siempre he pensado que un fotógrafo, sobre todos los de prensa, deben de tener proyectos, no sólo una vida laboral de ocho a tres y de seis a nueve. Yo no concibo a alguien que no tenga 125


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un proyecto alterno que tenga que ver con él. Por eso comencé a fotografiar dos series que se llamaban Pueblos Mineros y Las Vías son Como Venas al Sol. Comencé con estas series porque a mí se me hacen increíbles ambos trabajos que hacen los obreros mexicanos, El excavar tiros de mina a 400 kilómetros bajo el nivel de la tierra, en todos los terrenos y con diferentes condiciones climáticas, además de hacer líneas de ferrocarril con todas las dificultades que conlleva, ambas cosas están en una dinámica a desaparecer. Mi idea era registrar esos temas antes de que desaparecieran. Bueno, tardarán todavía un poco más, pero quería guardar ese momento. El libro fue a propuesta de periodista Raimundo Vega, que es de Puebla, una persona muy amable. Alguna vez me lo propuso. Yo encantado le dije que sí. Él estaba muy interesado en mi trabajo y ahí se reforzó nuestra amistad. Hable con Marco Antonio Cruz y Víctor Mediola y ellos hicieron una selección del trabajo. Marco me presentó a un editor que se llama Enrique López Vela, un excelente editor de libros. Él se hizo cargo de toda la edición y salió en diciembre del 98. 126


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Tiene textos de Citlai H., Martínez Marín, que no sé si siga escribiendo, y el texto principal es del escritor Emiliano Pérez Cruz. Así cuajó y es una selección de ambos temas y algunas más de Tlaxcala. El tiempo me vino a dar la razón. Fotografié un par de ex haciendas acá, luego pasé y me di cuenta que una torre de determinada construcción, ya no estaba. Los buscadores de tesoros le pusieron en la madre a las columnas y se vino abajo. De ahí viene el valor de registrar en mi trabajo algo que estaba ahí. Quiero pensar que una de las utilidades de mi trabajo, sería servir para arqueólogos o para reconstruir alguna de estas cosas. Sobre la persistencia de la soledad En las fotos se refleja mucha soledad. Una vez estaba en el periódico y le mostré una de las placas de Cantona a José Luis Puga, que en ese tiempo era el jefe de información y le pregunté que sentía al verla. Me dijo que mucha soledad, tristeza. Ya no le pregunté nada más. Sabes, yo siempre he pensado que hay un círculo que debe cerrarse entre el artista y el público. Yo he ido a muchas exposiciones donde el ar127


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tista dice: aquí estaba eufórico, lo ves y no se refleja nada. Entonces yo creo que no se cierra ese círculo. Entonces cuando preguntaba a diferentes personas sobre mi trabajo, la respuesta era la misma: soledad. Esa es la temática de mi trabajo. Alguna vez platicando con Citlalli H. Xochitiotzin, me preguntó que por qué todas mis fotografías eran tristes. No sé, le respondí. Alguna vez me dediqué a sacar placas en una fiesta de la banda, a pesar del gozo, reflejaba lo mismo, tristeza. Así que me asumí con eso. Y es que la tristeza es uno de los momentos de la mente que me hacen producir más. Ahora en Paris estoy haciendo una serie de bicicletas robadas, quince años después de Tierra de Olvido, en otro sitio totalmente diferente, el espíritu sigue siendo el mismo, porque refleja como vivo, lo que pienso y la gente me sigue percibiendo así. Toparse con esa visión del desierto de Real de Catorce y esa soledad de los lugares a los que iba. Tiene que ver todo, por ejemplo, mi primera exposición que se llamaba Soledades Terribles, que fue en el Mictlán. Recuerdo que la instalamos y la dejamos ahí un buen rato. El que estaba encargado del lugar me dijo que 128


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llegó una señora y de improviso se puso a llorar en una fotografía. Entonces pensé, con eso ya está pagada toda la exposición. El asunto era reflejar toda esa soledad de la sociedad. Salir, viajar, aventurarse Yo estaba de fijo acá, pero en mis vacaciones y los fines de semana salía sin faltar ni un solo día. A principios de 2001 me fui a estudiar a España. Estudié en una escuela que se llama Gris Art, en Barcelona. Ahí fueron cosas más contemporáneas y de fotografía digital. Ahí estuve como seis meses. Aprovechando estar en España, y como Europa es bien pequeñita, me fui a fotografiar Paris. Quería tener esta conexión que han tenido tantos artistas con esa ciudad. También estuve en Bélgica, y de todos lados saqué fotos. El trabajo ahí está, en negativos, pero no las he vuelto a ver más que las de Barcelona y alguna de la Torre Eiffel. Todo para una exposición que se llamó Construart, allá en Europa. Luego de que regresé de España no tenía ya espacio en Síntesis. Hice un proyecto que no cuajó, sobre la transformación de la tierra en cuestiones utilitarias. No está muerto del 129


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todo, ya que confío que se editará en algún momento. Trabajé en el Sol de Tlaxcala un tiempo y estuvo bien. Ahí había disposición con el director y propuse una página que se llama Página Peregrina, sobre reportajes gráficos. Estaba feliz, las condiciones estaban dadas para seguir otro rato ahí. En eso viene un concurso de la agencia EFE, para un puesto como corresponsal en Centroamérica. Mandé mi trabajo y me aceptaron. Estuvo muy bien. Me fui a Honduras y dejé el periódico. Cuando llegué eran ligas mayores. Trabajaba codo a codo con fotógrafos gringos, canadienses, europeos y demás. Gente para Reuters, AP, en fin, agencias de todo el mundo. Me “aventé un tiro” con ellos, porque eran amigos todos, pero en el trabajo era otra cosa. Cuando llegué allá vino de inmediato la Guerra Contra las Pandillas. Yo documenté muchos operativos contra las pandillas. Eso estuvo increíble. Así hice conexiones con medios, agencias internacionales. Estuve un año como corresponsal y me regresé a México. Luego ya ni a EFE ni a mí nos convino el trato y salió el híbrido de irme a Tijuana o Acapulco. Yo no quería regresar a Tijuana, porque ya había es130


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tado ahí, así que me decidí por Acapulco. En Tijuana estuve vendiendo artesanía y cosas de esas. Los “años maravillosos postjipis” donde te la pasas “rolando”. Sol dorado y el arte universal En Acapulco no me fui ya del todo por parte de la agencia. Según nada más iba de visita un fin de semana y me quedé tres años. Unos amigos me dijeron “quédate más tiempo” y les hice caso. Fui a un periódico, porque necesitaba financiarme la vida de algo, y me la dieron de reportero gráfico. Me quedé ahí cerca de un mes. Luego supe que hacía falta un editor de foto en el periódico El Sur y fui a entregar mi portafolio y me quedé como editor. Es más, estando ahí seguía colaborando para EFE y en ocasiones para AP. Luego surgió el proyecto de La Jornada de Guerrero y me fui para allá como editor de foto. Ahí vi muchas cosas, nunca me paso nada, gracias a la cámara, pero si ví cosas muy crudas. Me hubiera gustado fotografiar otros temas, pero era lo que sucedía. Uno como artista decide las cosas, pero la mayoría de los periodistas gráfi131


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cos no escogen sus temas. Como los fotógrafos siempre tenemos que ver con la prensa, pues así es la cosa. Incluso los que están de moda, trabajaron en periódicos. Así que te divides en lo que te encargan y tú trabajo personal. Por eso siempre hacía proyectos paralelos, exponía y hacia otras cosas. Hice como cinco exposiciones en el estado, hice unas en Canadá y otras en Indonesia. El agregado de México en Yakarta conoció mi trabajo y me propuso hacer algo allá. En Canadá fue porque conocí a un fotógrafo acá que luego me invitó para exponer en Quebec. Mi trabajo siempre ha sido sobre temáticas sociales, con sus asegunes como arquitectura y paisaje. Ahora cosas más abstractas y de algo que podríamos decirle surrealista, es decir, un poco más elaboradas, poco menos reales, menos objetivas. Ya tenía la idea de irme a Francia y dejar Guerrero, porque ya me dolía el ánimo. Era divertido, pero ya no quería estar allá. Quería más la cosa del ermitaño. Se dieron las condiciones y me fui a Paris. Llevo allá dos años y creo me quedaré unos tres más. Quiero regresar y hacer una escuela de arte. Bueno un 132


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movimiento artístico con alcances globales. No creo que haya artistas locales, como se les califica en las instituciones. Si el arte es universal, el artista lo es también. La idea es poner un taller pesado de fotografía, de escultura, de varias disciplinas y lograr este sueño, pero sobre todo vivir del y para el arte.

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Polo Praxedis, o la persistencia de la libertad

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on Polo vas del odio al amor. Simplemente no lo soportaba cuando lo conocí, pero luego, cuando entendí que para entablar amistad con él es necesario pasar una prueba, lo acabé queriendo mucho. Polo es delgado, de cabello entrecano, largo de enfrente, a rape por detrás. Con barba espesa y un aspecto desaliñado. Sin embargo, su obra y la forma en que la trabaja son de una perfección y pulcritud asombrosa. Polo es un excelente conversador, un admirador irredento del cine, un grabador apabullante y un gran amigo. Lo entrevisté en el TEBAC, una vez que lo agarré con la guardia baja. Llevaba mi grabadora y él sólo exigió un par de Victorias que ni siquiera probó. Polo nació para grabar y para dar entrevistas.

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Polo Praxedis

Dibujos en el celuloide Nazco en la Ciudad Ferrocarrilera, Apizaco, Tlaxcala, el 15 de noviembre de 1953, barrio de la Colfer, Colonia Ferrocarrilera. Mi padre, hasta donde yo sé, tenía varios oficios, pero entró a trabajar al ferrocarril y ahí se quedó. Prácticamente mis abuelos, mis tíos, maternos y paternos eran ferrocarrileros. Toda mi familia tenía que ver con el tren. Mi abuelo trabajaba en la vía, eran motorista, el paterno en la Casa Redonda. La Casa Redonda era donde le daban mantenimiento a las máquinas de vapor. Como ahora ves a los carros, que los meten a lavar y le dan servicio por debajo, es lo mismo. La Casa Redonda era donde arreglaban las máquinas. Había una plataforma donde la máquina giraba para darle mantenimiento. Una vez que salía a las vías, giraba y entraba a las principales. Yo nazco entre trenes. Mi abuelo me llevaba a los baños de vapor de los trabajadores. Sobrevive el área, donde estaban los baños y el centro médico, Parece que es el Instituto Tlaxcalteca de la Mujer. La Casa de Piedra eran las casas de trabajadores de vía, que llegaban a vivir un tiempo y les ofrecían esos espacios para 135


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quedarse. De hecho yo viví en una de esas casas, no donde está el museo, pero por ahí. Me gusta el dibujo desde que tenía siete años. La maestra nos puso unas líneas que formaban un dibujo. Después nos pidió un trabajo y le hice un muñequito que me lo calificó como bueno. Entonces, desde ahí empecé a tener ese encuentro con el dibujo. A los nueve años entro a trabajar en la panadería, pero ya trabajaba, ya sea barriendo cochinos o repartiendo pan, pero ya formalmente, a los nueve. Te lo cuento porque con esa lana me permitía comprar historietas; mínimo como diez o más. Ya sabes, Kalimán, La vida de Agustín Lara, Lágrimas y Risas. Había uno que era sobre toros, El Charrito de Oro, El Valiente, El Santo. Entonces en El Santo, en las últimas hojas, venía el rollo de que daban unas máscaras si te publicaban un dibujo. En el Valiente también te daban algo. Alguna vez mande un dibujo y salió publicado. Esos cuentos me daban aliento para seguir dibujando. El papá del ahora poeta, Pepe Segura, el “Greña Loca”, porque así le decíamos, Trinidad Pérez Montalvo, se había ido de brasero y había traído un proyectorcito. Una chavita, trabajadora de las tiendas de abarrotes de Apizaco, llevó 136


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una cinta de negativo ya quemada y le dibujé a este cuate, en los negativos, unos dibujos sobre el aparato respiratorio y otro sobre geografía, todo con plumilla estilográfica. Eran pequeñitos, como de centímetro y medio. El “Greña Loca” daba su clase apoyado por estos dibujos. Al paso del tiempo Pepe Segura, me cuenta que él encontró los dibujos estos. Así que seguro él los tiene. El preferido del profesor Trinidad Pérez, era un maestro de esos malditos, que pegaban mucho. Por eso, una vez que me llamó y me puso frente al grupo me devoraba el miedo. Porque él solía hacer eso, humillarte frente a la clase. Se ensañaba más con sus hijos, para que vieras que no había diferencias. Pegaba parejo, pero a sus hijos más. La cosa es que Trinidad me llama y que empieza a elogiarme. Le dijo al grupo: así como ven a este muchacho, él dibuja y muy bonito, salió su dibujo en el Sol de Tlaxcala. Porque el periódico en la parte dominical tenía una sección donde publicaban dibujos de gente del estado. Algunos eran premiados, otros, sólo enviados. El mío era enviado, no la gran cosa, a fin de cuentas era una copia de uno 137


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de mis libros. Yo no sabía gran cosa de eso del dibujo. Eso hizo que él me encargara estas “clases” dibujadas para proyectárselas a los chavos. En la secundaria me llama la atención un maestro al que le decían “El Pinocho”. Llegaba con el gis y sin ayuda de nada hacía un círculo perfecto. Comenzaba dibujando un perro sentado y lo transformaba en la figura de nuestro país. Es que daba geografía. Él, a su vez, nos daba una clase que se llamaba Orientación Vocacional. Una mamada, pero la daba. Ve mis dibujos y me dice que si quería aprender a dibujar bien me sugería que fuera a aprender a La Esmeralda. Era la primera vez que escuchaba el nombre de esa escuela. Igual, el de física me pide una tarea y yo por no arrancar mis dibujos le doy todo el cuaderno, pero nunca me regresó el cuaderno. Eran copias, pero si me dolió. Eran los Beatles, un cartel de la película de Los Caifanes. Ya sabes “El Estilos” en primer plano. Tomar camino Siempre estuve con el rollo de la aventura, de largarme para todos lados, porque en las va138


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caciones de la secundaria me daba por pedir aventones. Algunos amigos y yo nos íbamos de aventón. Y de aventones recorrí gran parte del país. Siempre con la idea de llegar a (La Ciudad de) México y encontrar La Esmeralda. Había un cuate que me hablaba de una escuela de dibujo publicitario en la Guerrero. Yo dije, si, está bien, vamos a aprender dibujo de ese, pero yo sabía que tenía que llegar a La Esmeralda. Entonces, un día, ando por Garibaldi y veo una escuela de dibujo publicitario. Ya estaba en el DF. Era una de esas escuelas que ahora les dicen “patito”. La Martín Santoyo, entre Violeta y Eje Central. Ahí me encuentro a Roberto Ferreira. Es decir, nos conocemos y como nos hermanan varias cosas, nos enamoramos desde el principio. Él era novio de la mamá de sus actuales hijos. Yo trabajaba en una imprenta de Santo Domingo. Le conté que quería entrar a La Esmeralda. Hicimos exámenes juntos y por fin pude entrar. Pero, me estoy adelantando. Vicente Guerrero sonriendo desde las escaleras Un año antes, por ahí del 73 yo había ido al Taller de Gráfica Popular (TGP), al que me lleva139


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ba mucho era a Roberto. Obviamente yo si me quedé hasta que me corrieron, pero fui miembro activo del TGP durante mucho tiempo. Como te decía, soy de oficio panadero. Así que me fui al DF a trabajar a varias panaderías. Todavía sobreviven algunas. Una en Doctor Vertiz, que antes se llamaba Panificadora Edén, ahí trabajé. El gachupín que tenía una tienda, sabías que debería tener como tres. Había maestros que pasaban de una a otra sólo dando indicaciones y que cobraban como de dos o tres panaderías. Claro, eran maestros y ese grado no era fácil obtenerlo. Podía ser oficial, segundero, pero maestro no era fácil. Entonces, mi cuate, uno de estos tres que dibujábamos bien desde la secundaria y que era como mi hermano porque nacimos en la “Colfer” e íbamos a las mismas escuelas. Él y yo anduvimos pa’arriba y pa’abajo, como carnales. Él también se fue a trabajar a la Ciudad de México. Bueno, ese, peleaba un asunto jurídico con un antiguo patrón al que le reclamaba una indemnización. El caso es que me dice “Vamos cuñado, al sindicato” y yo le digo que qué chingaos iba a hacer al sindicato. “Es que cuando vas subiendo se ve que hay como una escuela 140


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de dibujo.” En la planta baja había un burdel que se llamaba “Las Carabelas”, entonces, justo encima del burdel, estaba el TGP. Total que lo acompaño y miro al subir las escaleras, un “pata de gallo” sosteniendo unos carteles. El cartel que estaba a la vista era un Vicente Guerrero. Me impactó, me llamó la vista del Vicente Guerrero y ahí fui como pendejo. Mi cuñado, Pedro, intentó detenerme. Le daba como cus cus, miedo, vaya, entrar. Pero yo ya iba directo. Justo al pasar el umbral, en el muro derecho había unos grabados. Había un puente. Ahora te puedo decir que el Vicente Guerrero y ese puente eran de Ángel Bracho. Entonces cuando miro eso digo, acá debo estar. Leticia Jarano, se me acerca y me pregunta que qué quiero. Le digo que pensé que era una escuela y ella me señala a un hombre, diciendo que era el director. Era Jesús Reyes Amaya quien estaba dibujando en un restirador. Me apantalló. Tenía un lápiz negro azabache, de la Dixon, estaba dibujando lo que luego supe era su boceto para el mural del edificio del Servicio Postal Mecanizado. Ahora es la Biblioteca Vasconcelos. Le hablé y le comenté mi deseo de aprender dibujo. Me dijo que era 141


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igual que una escuela de dibujo, había que pagar y cosas así, sólo que ahí iba a aprender a grabar en un año. Recorriendo Santo Domingo Regreso a Apizaco y le pido una lana a mi abuelo. Le dije que iba a aprender a dibujar y grabar; que seguramente iba sacar una lana y que le pagaba después. No me pudo apoyar y total me regresé y me juré que iba a tener que hacer algo. Con mi amigo este que te digo teníamos pensado llegar a Sonora. Así que tenía que decidirme. Cosa curiosa, un tío mío, medio hermano de mi madre tenía una fiesta en una colonia cerca de la colonia Veinte de Noviembre —Para que veas que mis referentes del DF siempre son zonas populares.— El chiste es que llego y me pongo a platicar con un chavo que sentí afín. Le platico que dibujo, que quería aprender la imprenta por las tarjetas de Navidad y la chingada. Porque alucinaba que en las imprentas se hacían los dibujos. Cosa curiosa, me dice que lo vaya visitar a Santo Domingo. El cuate tenía una prensa de las manuales. Él no me acoge, digamos, sino unos de Torreón. 142


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Resulta que le dice al norteño que yo quería aprender el oficio. El de Torreón, Jesús Ramírez, a la postre diputado por el PARM, me dice que no había trabajo. Yo le digo que lo que quería era aprender, aunque no hubiera pago. Entonces me acepta luego luego, al otro día. Así fue como llegué a Santo Domingo. A una semana de distancia ya estaba pegando tipos. Me di cuenta que no era lo que me había imaginado, eso de dibujar las tarjetas de Navidad y demás, sino que ya compraban hechas todas las imágenes. Metía en linotipo la dedicatoria. Hacía, ya sabes, cosas para bodas, quince años y demás. Me conforté diciéndome que me iba a servir para conocer papeles y tintas. El olor a tinta me encantaba. Un Orozco que hablaba Cuando llego al TGP, Amaya me pide unos dibujos para saber como andaba. No tenía ni un dibujo y me fui a la papelería por unos Prismacolor, por un papel ilustración y me puse a hacer un dibujo de los de Helguera. Llego con Amaya en la tarde noche y me dice: Esta bien, pero no es tuyo. Aquí te vamos a enseñar a realizar cosas propias, a ver tú, ponle un ejercicio 143


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a Leopoldo. Entro al TGP así. Obviamente me cayó de la chingada que me pusieran a dibujar. Te ponían uno de esos bustos de Juárez todo estático o un molcajete y lo tenías que dibujar. No me atraía nada. De plano me ponía a platicar con los maestros, que era más divertido. En el TGP conozco a varios de los grandes como el mencionado Ángel Bracho, un tipo que había colaborado con Siqueiros, Fermín Chavez. Dibujaba bellísimo. Me acuerdo, porque para involúcrame en el taller, le hacen un homenaje a un año de muerto a Siqueiros y me pide Amaya que haga un dibujo. Voy con mis Prismacolor, estos que te platico, hago un dibujito de Siqueiros y terminé por sentirme muy bien. Había hecho todo lo que podía. Me acuerdo que llego con mi dibujito, y veo a Fermín ahí. Faltando una hora para comenzar el evento estaba buscando una tabla y encuentra un triplay. Se pone a lijarlo y agarra una foto de Siqueiros, cogió un carbón y a la hora del evento en la entrada estaba su trabajo. Un dibujo increíble. Entonces yo decía, es como un mago. Eso mismo hizo en el homenaje de Orozco. Buscó su tabla, la lijó, cogió el carbón e hizo un Orozco al que sólo le faltaba hablar. 144


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Él fue el que me enseñó a dibujar. A Fermín le gustaba trabajar con modelo. Me decía él, que aprovechara a la modelo. ¿Qué era aprovechar la modelo para él? Me decía no dibujes manos, no dibujes pies, no dibujes cara. Eso lo puedes ver en cualquier lugar. Dibújala en lo que no vas a ver comúnmente. Camina, da vueltas y de un solo trazo. No dibujes hilvanando. Es decir, cuando vas suspendiendo la línea, como si fueran puntos suspensivos. El trazo debe ser de un solo tajo. Si se echa a perder el papel no importa. Lo importante es que no te eches a perder tú. Así fue como me fui metiendo de otro modo con el dibujo. Yo seguía practicando con Roberto Ferreira en la escuela de dibujo publicitario. Total que el TGP se cambia frente al El Heraldo. Yo seguía de necio con asistir a La Esmeralda. Así que busco entrar porque sentía que lo que sabía de grabado no era suficiente. Sólo que cuando entro a la escuela me decepcionó, porque no puedes entrar a grabado hasta tercer año. Me tenía que soplar dos años sin grabado. Estuve en dos o tres clases, pero acabé por decepcionarme completamente de La Esmeralda. Me atraía más la Cineteca, obviamente me la pasaba ahí, entre el Salón Rojo y la Fernando 145


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de Fuentes, cuando estaba en lo que es ahora el CENART. Raquel Tibol Uno de los alicientes por el cual me metí en serio ya al TGP fue que expuse muy rápido. A un año del golpe de estado en Chile, ya estaba participando en esa carpeta. Era un grabado horrible, pero Amaya nunca subestimó el trabajo y eso te daba fuerzas para seguir. Era visto como uno igual a todos los demás del taller. Yo sabía quién era junto a esos maestros. Iniciando el 75 se conforma el comité mexicano de apoyo al Frente Sandinista. Telma Nava era la que coordinaba el asunto. Amaya me mete al rollo ese. Hago un grabado, según yo un sandinista, pero ellos dijeron que era Sandino. Curioso, lo hacen cartel y lo venden en la Casa del Lago para recabar fondos para la causa nicaragüense. También participamos en un evento conmemorativo del golpe chileno. Hago un grabado enorme, del tamaño de la suela en la que trabajábamos. Lo guardo por ahí, porque después para imprimirlo lo tuve que cortar 146


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en dos. En esa ocasión lo imprimimos a mano, junto con otro chavo. Entonces todas esas actividades hacen que me apasione por el Taller. Además de conocer a grandes, como a Jaime Sabines, Efraín Huerta, gente importante. Entonces yo era joven y me alimentaba de ellos. Me acuerdo de “Las Carabelas” porque después de trabajar bajábamos a bailar ahí, entre las putas. Sebastían Ballen, quien escribió una novela sobre México, decíamos que tenía una mano desobediente porque se le movía para todos lados, así que no dudes que les agarraba las nalgas a las putas y él ni en cuenta. Todos en el taller convivíamos y aprendíamos. Era un gran ambiente. Para el 77 hacen una exposición del TGP en Bellas Artes por sus cuarenta años. Así que mi obra estuvo en Bellas Artes. Luego estuve en otras colectivas en el mismo recinto. Raquel Tibol hace una nota en donde le da duro y a la cabeza al taller. Amaya me dice que si no quiero escribir algo para anexárselo a la nota que está escribiendo en respuesta a lo que dijo Tibol. Le dije que no, que para mí era chingón que entre doscientos y tantos trabajos que hubo ahí, hablara de uno de Praxedis, pues era de 147


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agradecerse. Hablada de un Lucio Cabañas y un Genaro Vásquez míos que le molestaban. La crítica iba en el sentido de que el TGP había caído en un oportunismo y que ya era un cadáver en la dirección de Amaya. Que el TGP había tenido su época de oro, pero que esos guerrilleros de la sierra no podían compararse con los ideales del taller cuando se fundó. Yo me sentía bien con mi grabado y que ella lo hubiera mencionado. La salida y el trabajo en solitario Yo me ponía rebelde desde que entré, así que les dije a los miembros del taller, que estaba bien homenajear a los fundadores y a los grandes maestros, pero que había que hacer una expo de los recientes. Que si nos iban a tirar afuera a los que estábamos ahí, deberíamos recibir los chingadazos de manera directa. Logré que hiciéramos una exposición de obra reciente en la Biblioteca México. A esa muestra llegó Hortensia Bussi de Allende. Estuvimos platicando, porque a ella le gustó un grabado que hice sobre Salvador Allende. Junto a mí estaba Arsasio Vanegas Arroyo, nieto del editor al que 148


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le trabajaba Posada. Entonces esa vida en el taller fue enriquecedora. Hortensia era una mujer muy humilde y padecía los problemas del exilio. Al igual que con los nicaragüenses, estuve con ellos y conocí a la parte que trabajaba en difundir el Sandinismo, con las Madres de la Plaza de Mayo, con guatemaltecos, salvadoreños, los del Frente Farabudo Martí, en fin. Después entendí que todo debe terminar. Hay una película con Anthony Queen, en donde él sale de esquimal. En la parte final el personaje de Queen corre a un tipo a golpes, pero el otro piensa que está jugando. Entonces él le dice que en verdad lo está corriendo. Entonces este personaje se va llorando a la cantina y comienza a reflexionar que si no lo hubieran corrido de ese sito, la policía gringa, que lo perseguía, lo hubiera atrapado. Una cosa parecida siento yo. Amaya me sale con un cuento de que ya había sido expulsado del taller. Yo no sabía, entonces llegó a una exposición a la Sección de Enseñanza Artística del INBA, donde ya trabajaba y alguien me dice que ya no estaba en el TGP. Ese alguien era el cineasta Dominique Chesnar. Él aprendía grabado y dibujo conmigo. Me dijo que Amaya le comentó que había 149


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sido expulsado del taller por “inmaduro político”. Otro me dice lo mismo y así más y más gente. Total, le hablo por teléfono a Amaya y le comento esto. Ah, sí, me dice, te expulsamos del taller. Hicimos una reunión extraordinaria y por tus actitudes anti TGP, te expulsamos. No regresé más. Para el concurso de calaveras de ese año me dan el primer lugar dentro de la sección del INBA. Al siguiente año, obtengo otro premio y Amaya no da crédito. Mis premios fueron constantes, de tal manera que quedé liberado de la docencia con una beca vitalicia. Desde entonces vivo dedicado a la producción de grabado como ves. Por esta vez ya acabamos, apaga tu chingadera y vámonos.

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De ida y vuelta Artistas reflexionando sobre su vida Se termin贸 de imprimir en el mes de abril de 2010 en los talleres de Impretlax S.A. de C.V. El tiraje const贸 de 1000 ejemplares


De ida y vuelta  

Libro de entrevistas a siete diferentes artistas plásticos.

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