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Transparencias MALTRATO

Recojo las piezas de mi puzle, borro los despojos de lo vivido, y vuelvo a comenzar el camino.

Itoparra

Dejo atrás besos y ternuras, transformados en golpes de tu ira, golpes que una y otra vez me lastiman, haciéndome a mi culpable de tu rabia y cobardía, perdiendo así el valor de la existencia.

Ante el expolio de la eyaculación de mi espíritu por aquellos ojos sentí rubor, aún así me mostré desnudo. No soy virgen en el prostíbulo de la palabra amancillada.

Dejando al olvido miedos y vergüenzas, siento que otra oportunidad la vida a mi me brinda, y aunque ahora la soledad me cobija, es soledad sin golpes, disfrazados en caricias.

Feroces, las fauces del papiro devoran prosa cruda, no sacia su voracidad el brotar constante de yacimientos, ni el discurrir de sus brazales adyacentes a una misma ría. El derramar de sesos que salpican el blanco, puro en su origen y que a todos impregna, no lo limpia el tiempo.

Ahora se que existe otra vida.

lidia prado

Hoy soy yo el que vierte el contenido de ese cáliz de recuerdos y la mancha sobre mancha no deprecia el interminable lienzo. Sé que estas ahí, al amparo de lo anónimo, para los que es el interior de los hogares, y no habrás de confesar pecado acusando al pecador que tu has violado. Otros acuden a tu reclamo y hacéis legión y juzgáis sin ser juzgados y lloráis desdichas y aplaudís milagros y pasáis la página del libro eterno. Más muchas dudas quedarán suspendidas en tu mente: ¿Qué sentencia terminará de un ¡zass!, el sentimiento? ó, ¿seré yo el último que contra ti abra las manos, que moje pan en tu grata sazón? Miles son los frentes, como gotas diluviando, en los que iguales atan sus memorias a troncos fértiles. No hay final, ni más allá, ni muerte; para tanto decir y escuchar de tanta gente.

BRILLOS

aC

lar

en ese yo, anfitrión de debilidades humanas y huésped de la alquimia. Sol en mis pupilas.

Be ll

PESADILLAS Vida, quiero dormirte hasta el cansancio. Regar de sueños tus delirios. Saltar al vacío y vestir mis pesadillas de caminos reales. Anhelo acercar el rojo del pinta labios a tus orillas. Dejarles un beso bien sonoro, dibujado con mi carnosa boca que se sabe habladora de otros destinos. Descorro el ojo al nuevo día. Disfrazada de payasa para gozarme cada estrenada carcajada con eco de abismos

a

foto A.T.T.

No dejaré que nada ni nadie dañen mi alma, permitiré que la luz llegue a su fuente mientras en caminos hallo sombras. Piso fuerte para sacarle brillo a la tierra, sol al cielo, rayos al agua y al fuego el amor por mi semejante.

PREGONAR Pregoné quién soy antes de entender que sólo soy en la medida que me doy.

DUELO A MUERTE

La tristeza cita a duelo a la dicha. Esgrime su lucha con lamentos, gemidos, llanto y desengaños. La alegría revira con sonrisas, recuerdos y ganas de vivir. Vence la lágrima de la risa.


INDICE DE AUTORES

número 46

T

ransparencias

AGOSTO/2009

email:a.t.t@ono.com antonio.torres.tripiana@juntadeandalucia.es WEB:www.almeriavoz.com BLOG:www.almeriavoz/wp

LIDIA PRADO 1 ITOPARRA 1 BELLA CLARA 1-14 GUILLERMO DE JORGE 2 ROSA LÓPEZ RAMÓN 3 F.M.V.L 3-12 MAYTE RUÍZ CEBOLLOS 3 MARIO CAPASSO 4-5 JOSÉ LUÍS GIMÉNEZ 6 JAVIER DE LA VEGA MOLINA 7 IVÁN RUÍZ EXPÓSITO 8 EVA MARÍA 9

Edita: A.T.T. Idea, Diseño y Dirección Antonio Torres Tripiana Redacción Montserrat Torres Martínez Guillermo de Jorge Antonio García Vargas Servicios Técnicos Jesús Criado Fernández Francisco Junquero Ufarte

DARIO VILAS 10-11 EDUARDO GARCIA 11 ANNE KAMPSCHULTE 12 MARÍA ROSAL 12 ANTONIO J. QUESADA 15 MARÍA EUGENIA CASEIRO 16 TERESA PALAZZO CONTI 17 JUANA CASTILLO ESCOBAR 17 MANUEL SALVADOR LEYVA 17 BELLA AVENTURA 17 LUÍS ALBERTO AMBROGGIO 17 PURA LÓPEZ CORTÉS 18

Recepción de Originales Tlf.: 617-42-11-17

Guillermo de Jorge

D.L.: AL-285 / 2004

(Guillermo George Hernández)

ISSN: 1699-3322

Estos son mis dominios

ISSN: (Internet) 1699-3772

I me atormentaba la idea de salir de casa. el cuerpo era el único refugio donde poder descansar. temor, temor era el verbo que deambulaba en la memoria; temor, como un terrible puñal clavado en el pecho. estremecía el sólo pensar en ello; a cualquier hora, en cualquier momento... en cualquier lugar. la sien, a veces, parecía que iba a estallar; bomba de relojería agitada dentro de este maldito metal, que supura dolor, dolor y más dolor entre los huesos. -un esfuerzo... que podía suponer, en tan sólo unos segundos, la destrucción de la conciencia; la destrucción de este mundo que giraba sobre mis ojos -. vivía en un pequeño apartamento, de apenas unos treinta metros cuadrados, en una pequeña ciudad a las afueras. la vía férrea rajaba en dos partes la ciudad, y los domingos por la mañana me trituraba el celebro, sin más. como un pulmón de acero excretando esquirlas, las vías de tren servían para comunicarme que otro día más seguía allí, con el corazón palpitándome entre la garganta y buscando no sé que cosa llamado norte. a veces, empeoraba de salud; causa que facilitaba ingerir una o dos aspirinas a la vez, sin pausa: con cerrar de mesilla de noche, manta ocultando todos los territorios de mi cuerpo, persianas bajadas del dormitorio y un minuto de silencio, por favor. - no aguanto más este ruido que me secciona la sien -. El editor/director, de esta publicación, se limita a recoger la opinión y contenidos de los Autores, por lo que no se hace responsable de los mismos.

- acordaos de mi; el próximo fin de semana, botellón; vomitaré mi cuerpo en cualquier plaza de esta desierta ciudad, y alzaré mi puño derecho proclamando libertad; libertad para poder terminarme de beber esta botella, y poder excretar mi ira en cualquier portal. Os lo aviso; así marcaré mi territorio y mis ansias de dominio, esta es mi ultima voluntad: Madrid, 7.00 a.m; cualquier lugar donde morir.

Fin

Revista de Literatura y 2-TRANSPARENCIAS

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Dirección: Antonio Torres Tripiana


SOMBRA DEL VIENTO Bajo la sombra de tu mirada, veo las estrellas y la Luna clara tus labio rojos tu dulce aliento tu piel morena y todo tu cuerpo me dan la fuerza de seguir viviendo en noches oscuras siempre serás la puerta que abre mi corazón del más puro recuerdo que me quedó como el universo quisiera seguir seguir viviendo eres la luz que me ilumina eres el broche de mi pasión eres el fuego que me abrasa si no te veo estoy descalza eres la estrella que no se alcanza esperando destellos y la esperanza eres la luz divina de mi esperanza

eres como una flor con tu dulzura que pones la mano y todo locura en la brisa de la noche más oscura bajo el palio de la noche, de un abrazo de amor y dulzura si no escuchas ruido ni lamento verás brillar todo el cuerpo como paloma que lleva el viento y cuando para de sudar su cuerpo estoy soñando estoy despierta que hermosa paloma que suda su cuerpo esperando el abrigo de tanto deseo entre las sombras sombras del viento sueño que nos cobija como un recuerdo bajo la sombra de tus miradas siento tu cuerpo tus labios rojos tu dulce aliento tu piel morena suda mi cuerpo.

JUREMOS AMOR ETERNO Bajo la luz de la Luna, juremos amor eterno, pero todo perdone, no sigo el ejemplo tuyo, ni a un que muriendo esté, yo tengo gala y orgullo, para volverte a querer, me acuerdo en silencio, que dijiste un día, que el mundo está lleno de finos metales, que tu buscarías, para arroparme, de noche y día, orgullosa me puse, de tu fantasía, y ahora veo en verdad, que tu me querías, dando tu amor y tu fantasía no se vende por dinero, nuestro amor yo lo juré, que de niña te quería, como tanto lo soñé, olvidemos el pasado, y empezar otra vez, bajo la luz de la Luna, nos volvamos a querer.

Rosa López Ramón

LAS CUATRO HERMANAS Entrando por los balcones, saliendo por las ventanas, recorriendo los rincones, acariciándonos la cara. Abrid vuestros corazones que ya llega, dejemos que entre la primavera. Los pájaros ya están trinando y las flores con su color ya se están engalanando. Y todos los seres de buen corazón, también se están enamorando. En el ambiente se percibe, esas caras de alegría, queriendo apartar a un lado la maldad y la hipocresía. ¿Por que sólo en primavera?..... Habiendo cuatro estaciones para poder disfrutar de todas ellas. El otoño no es tan triste, ni el invierno tan oscuro. Sólo tenemos que aceptar lo que nos depare su futuro. La caída de las hojas, tiene también su gran encanto, y la nieve con su blancura aunque fría, es muy hermosa por su manto. El verano es chirriante y caluroso a la vez, y es además un gran feriante el cual nos da mucho placer. Ese mar tan transparente, es el puro reflejo del cielo, donde disfruta la gente disfrutando con sus juegos. Son cuatro estaciones hermanas, y las cuatro se llevan bien. Son cuatro estaciones hermanas a las cuales hay que entender. Entre ellas nunca discuten, siempre sonrientes y desenfadadas. Pues son ellas cuatro estaciones, que se llevan como hermanas. No sabemos cual es la pequeña, ni tan poco la mediana, sólo son cuatro estaciones, que se quieren y se abrazan. Ninguna puede pasar sin la otra, siempre unidas y enlazadas. Así deberíamos de ser las personas, y llevarnos como hermanas.

Mayte Ruíz Ceballos SOMBRA Sombra que atraviesa mi vida sombra que alcanzar quiero y no puedo sombra que iniciaste tu vuelo sombra que me recorres y me anidas. Sombra que me impide ver que se esfuma y se aleja que me acaricia y me toca sombra en mi atardecer. Sombra, tú sola en mi oscuridad me consuelas, y me confortas amiga en mi noche corta sombra que llenas mi soledad. Sombra que comenzar quiero, sombra, ven conmigo, sé que puedo sombra levanta mi vuelo sombra, llévame a lo lejos del sendero.

F.M.V.L

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mario capasso

EnlaVereda Casi al final de esa tarde de verano, un rato después que el dolor de cintura se acentuara, el viejo puteó por lo bajo y echó una mirada a las nubes que, recortadas contra el horizonte, ni amenazaban ni dejaban de amenazar. Luego, mientras parecía buscar alguna referencia acerca del lugar en que se encontraba, se pasó un pañuelo por la frente, se levantó de la silla, juntó sus cosas de matear y entró en la casa. Caminó con el cuerpo inclinado hacia adelante, alguna dificultad en la respiración y un cansancio que se le antojaba definitivo. Arrastraba la silla de mimbre con una mano, mientras la otra apretaba el termo y el mate contra el pecho. El pasillo se le antojó largo, ya sin gritos ni corridas ni ladridos, pensó medio a los tumbos mientras lo transitaba. Apenas si quedaban las paredes y sus telarañas, un par de macetas con algo de tierra y una canilla ahí en el medio. Tal vez vaya a llover nomás, se dijo al cerrar la puerta. Ya estaba adentro. El viejo había soportado con tranquilidad las miradas de los vecinos ocultos tras las ventanas, como siempre, observándolo. Un rato antes, mientras mateaba en la vereda, recordó la época en que la situación comenzó a complicarse y cómo, a pesar de todo, decidió seguir adelante con su costumbre. Tiempo después se enteró, porque alguien se animó a contarle, que en el barrio corrían rumores sobre su proceder. El sonreía por dentro y continuaba la rutina de pasar sus tardecitas en la vereda, con medio cigarrillo al final, aunque tosiera y sintiera a los pulmones salírseles, qué carajo me importa, rezongaba cuando podía dejar de toser. Trataba, eso sí, mientras los minutos y las horas transcurrían ahí afuera, de no tener muy a la vista la radio en la que, si bien con interferencias e intervalos de silencio, aún lograba escuchar a veces unos buenos tangos. Esa tarde, ya dentro de la casa, se acordó de cuando, todavía pibe, los padres lo llevaron a vivir allí, en ese barrio que el se empecinaba en seguir llamando “Villa Martelli”. Un barrio que, a pesar de los sucesos acaecidos en el país y en el mundo, parecía conservar cierto aire de otros tiempos, aunque cada vez se parecía más y más a los otros. De pronto una imagen se le cruzó y le trajo a la memoria un cumpleaños, no estaba muy seguro, el de los doce quizá. Sí, los doce. Podía ser. Esa vez los padres, después de ahorrar peso tras peso, habían logrado comprarle la bicicleta. No era nueva como él deseaba, pero sí realmente muy azul, el azul de sus sueños de entonces. Los chicos de ahora no tienen tanta suerte, las calles de hoy deben extrañar las bicicletas y los saltos y las risas y tantas otras cosas, pensó mientras se servía un poco de agua fresca, por suerte le quedaba un poco y decidió terminarla. Luego, al apoyar el vaso en la mesada, observó el polvo acumulado sobre el televisor, pero no lo prendió en esa ocasión tampoco, total, se dijo, sólo transmiten los mensajes que ellos quieren, siempre los mismos, una y otra vez, como si hicieran falta para seguir ocultando lo que pasa. Encima no soportaba esa música que transmitían cuando las palabras cesaban. Además, quizá después de todo el aparato ya ni funcionara. Más o menos durante el horario fijado, cenó lo que le correspondía por ser sábado y luego, en el baño, orinó con algún dolor, se arregló un poco la ropa y el pelo y se dispuso para salir. Unas cinco cuadras lo separaban del lugar en el que cumplía funciones de sereno o algo así. Esa noche había salido algo más temprano y, al cruzar como siempre la plaza, decidió sentarse un rato. Eligió uno de los pocos bancos en condiciones y contempló, a través de las sombras, los yuyales que habían ido ocupando el lugar. El sitio de los juegos para los chicos convertido, en qué, en qué se ha convertido este lugar, se preguntó el viejo a lo mejor con cierta nostalgia. Intentó después imaginar un día de sol y gente paseando por allí. Lo consiguió con esfuerzo, pero bien pronto la imagen desapareció de su mente. Algo disgustado con él mismo, con su ya pobre cabeza que no iba ni para atrás ni para adelante, como solía decir de tanto en tanto, retomó su camino. Llegó sin novedad y así se lo hizo saber al que lo esperaba, otro viejo como él, al que debía reemplazar y que nunca le había caído del todo bien. Cuando lo llevaron por primera vez a aquel sitio, recordó, ellos le di4-TRANSPARENCIAS

jeron que se trataba de un depósito muy importante y que debía cuidarlo. El no preguntó nada, para qué, sabía que no le contestarían o, a lo sumo, le hubieran mentido. Sus noches empezaron a transcurrir en un cuarto pequeño y gris, sin ventanas, con unas fotos en las paredes que evitaba mirar. También había allí adentro un olor al que nunca logró acostumbrarse. El mobiliario consistía en una silla no muy deteriorada y en el suelo un teléfono que sonaba muy de vez en cuando, aunque al atender nadie respondía. Nunca dormía mucho, pero esa noche no durmió nada. Lo reemplazaron a la hora correspondiente. Volvía a su casa, ya de madrugada, y ya casi llegaba cuando de pronto se cruzó con un tipo y en la esquina siguiente tuvo un presen-

timiento y luego, al percibir desde el pasillo el olor, el presentimiento se convirtió en certeza y, vinieron, pensó con fatiga, vinieron al fin, yo sabía o al menos me lo imaginaba, murmuró. Y al entrar en la cocina hubo mucho más que el olor. Una taza sucia volcada sobre la mesa, el peine junto a la taza, los frascos abiertos de unas pastillas que el tomaba, las pastillas por todos lados, el televisor encendido, la radio en un rincón alejado, las pilas a un costado. Y en el piso, en medio de un charco de agua, vio la yerba derramada. Todavía molesto por esos mensajes que le habían dejado, tanto que (pasa página 5)


mario capasso (viene página 4)

no había podido dejar de insultarlos aunque la respiración se le complicaba, lo sobresaltó el sonido del teléfono y dudó en atender, hacía mucho que no sonaba, ni siquiera creía que funcionara, pero cuando al fin atendió se tranquilizó enseguida, al reconocer la voz de su gran amigo de toda la vida, devenido en cura, que le dijo que tratara de entender, que no podía seguir haciendo esas locuras, escúchame, ya no sois aquel joven de antes. Agregó que habían ido a la parroquia y que como quien no quiere la cosa le habían preguntado por él, que ya debía callar, no puedo seguir hablando, pero vos hacerme caso y déjate de hacer macanas, dijo, y cortó. El día pasó lento, pesado no solamente por el calor y la humedad. La inquietud persistía más allá del clima. Tal vez por ser domingo, ya por la tarde se le ocurrió buscar el banderín de su querido club de toda la vida. Le costó encontrarlo, tanto tiempo hacía que lo había escondido en el galponcito del fondo. Pero al fin lo ubicó entre unos libros, y mientras lo agitaba dulcemente de sus labios salió como una plegaria alguno de los cantos que la hinchada solía repetir desde la tribuna, mientras saltaba, la hinchada saltaba y gritaba y cantaba, ahora parecía mentira tanta pasión en aquella época. Luego, ocultó el banderín entre sus ropas y se estuvo un rato largo sin hacer nada, ahí parado, con calor en el cuerpo también. Al caer la tarde, salió a la vereda y se acomodó nomás en la silla.

Miró alrededor. Cuando se sirvió el primer mate lo alzó y, haciéndolo más visible para los vecinos, brindó con una sonrisa, mientras en la radio, la clandestina los compases de “La última”. “Ya no puedo equivocarme, sois la última moneda que me queda por jugar, …”Qué tangazo, murmuró el viejo. Ellos no tardaron mucho. Los oyó entre el silencio de las calles vacías. Después, pero no mucho después, los vio aparecer al doblar la esquina. El siguió sentado y los miró acercarse. Detrás de los que caminaban avanzaba el vehículo. Al viejo le pareció que una niebla envolvía la escena, pero debo ser yo que ya confundo todo, no hay caso con esta pobre cabeza mía que ya no funciona, se dijo. Entonces suspiró, entornó los ojos. Ya sin tiempo para el medio cigarrillo, su boca se aferró a la bombilla y con un placer infinito, escuchó ese ruidito tan familiar, el de la última chupada, ese que avisa que llegó el final.

La Danza de la Vida Desde un costado del camino, mientras miro las nubes permanecer y cambiar, la siento, lejanamente reconocible, pasar a mi lado, rozándome apenas con nuevo fervor las viejas quemaduras. Y si distraigo un instante el mirar de lo eterno, y abstraigo la mirada en lo concreto de lo efímero, la veo. La veo volar por avenidas anchas de urgencias vanas. Despegar en airosos aeropuertos, buscando lejos lo que está cerca. La veo tropezar hablando con celulares muertos de silencio. Fumar en bares clandestinos, mientras el semen germina para toser su rutina de irremediables hoteles. La veo subir en el ascensor malhumorado de los lunes, bajar corriendo las escaleras de los viernes, saltando peldaños de brisa fresca. La siento languidecer en escritorios de piedra, cerrarse en tornos enmudecidos por el aceite oxidado, prosperar en largas mesas de marfil y esbeltas siluetas. La veo buscando la salvación eterna en remotos casinos, o en pozos profundos y generosos de ilusiones cansadas. La veo arrodillarse en iglesias que no se humillan, palidecer y temblar, desobedecer en los inevitables hospitales blancos. La veo, en fin, esperar la noche para bailar en los cementerios innombrables

La Vida me Mata Para Martín. Todo. Siempre. Por el destino prefijado hace siglos, o por el azar del amor encontrado unas horas atrás, o por la fértil inocencia de la mujer desconocida, por suerte para mí, la vida me mata cada noche, puntualmente. Me tira un cable chiquitito. El Chavo es una excusa. El entra a la habitación y es una locomotora, me pone de espaldas y ya sabe contar. Se ensaña conmigo, me aplasta y me golpea, me hace cosquillas y se atiene a las consecuencias, me amenaza con su arma de dos dedos, certera en su agitado temblor de principiante. Y yo me entrego alzando rendidas las manos. Y él dispara el monótono estampido de juguete. Y me asesina sin piedad, compasivamente. Porque mientras él me siga matando seguiré viviendo, amarrado a la cama, cada noche. El Chavo, allá lejos, es una excusa. Y en el día tan cercano del último disparo, me despediré de la vida de dientes flojos, de la sonrisa morena que moja mis labios. Y seguiré a la distancia sus pasos, que se alejarán buscando caderas que se rindan a sus manos amenazantes de amor. Ya no estará más encima de mí. Yo estaré, quizá, detrás, sangrando los viejos balazos.

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espacio y tierras para sembrar alimentos, para que ningún ser A finales del siglo XIX (entre el humano tenga que pasar hambre. Tenemos la suficiente tecno1882-1883), en el sur de Eslogía como para que en ningún lugar del planeta haya escasez paña -Andalucía- se dio a conode nada. La ciencia y la medicina actual, pueden solventar o cer una organización de ideopaliar la mayoría de los problemas o enfermedades existentes logía anarquista, secreta y vioen todo el planeta. Entonces… ¿por qué estamos en crisis? lenta, a la que el gobierno de ¡Ah...! se me olvidaba: la crisis es la mano negra del siglo XXI. turno, liderado por Sagasta, le La política tiene gran parte de culpa. En primer lugar por deatribuyó algunos desmanes y jarse manipular por el capital y dar tantos ejemplos de corrupasesinatos, por lo que fueron ción (cada día tenemos conocimiento a través de los medios, apresados varios campesinos de más y más políticos corruptos). Y en segundo lugar, por no acusados de pertenecer a dicha cumplir con su deber de procurar el bienestar general y la imorganización, de los que quince plantación de la justicia. El político está para servir al pueblo, de ellos fueron condenados a no para servirse del pueblo. Esto parece que no lo acaban de morir, a pesar de no existir entender los políticos. prueba de que fueran cupables. Y llegados a este punto y para no extenderme demasiado, La verdad fue muy distinta. sólo me queda por decir que la "crisis" actual no es más que La realidad es que se trataba de una maniobra más, una realidad ficticia, creada precisamente una estratagema llevada a cabo por el capital y no por el trabajador o el ciudadano común. por el gobierno de Sagasta para evitar el levantamiento de los Los gobiernos se llenan la boca de bonitas palabras y hasta obreros andaluces, tal como ya había ocurrido en otros lugares se aprueban en las Cortes las respectivas Cartas Magnas, de España (Catalunya, Asturias, etc.). donde se garantiza el derecho a tener una vivienda digna, un Así, el gobierno de turno, se encargó de fabricar y encontrar trabajo digno, educación gratuita, atención médica, etc.. Pero las pruebas necesarias para poder imputar los asesinatos, inla realidad es que solamente se preocupan de ser ellos los únicendios de cosechas y edificios, a los "cabeza de turco" que no cos que pueden acceder a todo lo anteriormente mencionado, fueron otros, más que los indefensos campesinos y trabajadoya que vemos como los jóvenes (o cualquiera que lo necesite) res, cuyo único delito era reclamar una jornada laboral de 9 no pueden acceder a las viviendas prometidas, o al trabajo. Y horas al día (ya que trabajaban de sol a sol) y un salario digno. ante tales hechos, sólo me queda realizar la siguiente refleComo sabemos, y después de innumerables muertes de traxión: ¿para qué necesitamos a los políticos? bajadores en reclamación de unos derechos básicos y un traQuizás haya llegado el momento de hacer limpieza y tirar a bajo digno, al cabo de más de un siglo, seguimos casi igual… la basura todo aquello que no nos sirve y únicamente nos está Para el capital, la culpa de casi todo la tiene el trabajador, ocupando espacio y acumulando porquería. que pretende trabajar lo mínimamente necesario y no ser explotado, amén de percibir un salario digno por su trabajo. Los gobiernos no son más que marionetas en la cuerda, controlados por ese mismo capital que los pone o los depone según actúen de acuerdo a los intereses del capital. Nació en Barcelona, El capital se basa en el consumo continuo, cada vez un 24 de septiembre, día mayor, puesto que ahí radica el obtener cada vez mayores de la patrona de la ciudad beneficios. De ahí los continuos mensajes en los medios "Nuestra Señora de la para que el ciudadano consuma todo lo que se le ofrezca, Merced", aunque le regisaún cuando no le sea necesario. traron el 3 de octubre. De ¿Y quién es el capital…? Se preguntarán ustedes: la acuerdo a esta fecha ofibanca, las grandes compañías internacionales; como las cial de nacimiento, su hopetroleras, las compañías de electricidad, agua, gas, los róscopo se correspondería laboratorios farmacéuticos o las compañías de seguros, y con el signo de Libra, pero por último, los terratenientes y capitalistas que han sabido según quienes le conocen obtener sus grandes riquezas con el esfuerzo y la sangre mejor, dicen que tiene de otros, ya que nadie se hace rico únicamente trabajando más características afines (salvando unas pocas excepciones). al signo de Virgo (suComo es lógico adivinar, a ninguna de estas figuras les pongo que en referencia a interesa que cambie el sistema actual, puesto que ellos se su ascendente y a la cercanía de dicho signo, así como a la meencuentran en la cima de la pirámide. ticulosidad que siempre le ha caracterizado). Por eso, cuando las cosas van mal dadas y la gente emLa curiosidad, es también otra característica que le ha acompapieza a cansarse de tanta injusticia, de tanta crueldad, de ñado desde siempre, quizá por ello, los enigmas históricos, forguerras provocadas únicamente como motivo de obtención man parte de su pasión por la Historia ignorada. de beneficios, o de enfermedades artificiales que únicaDebido a ello, aprovecha cada oportunidad que las circunstancias mente van a beneficiar a los grandes laboratorios; se inle ofrecen para asomarme a la vida, contemplándola desde su ventan de nuevo el tema de "la mano negra"; la mano ventana, donde intenta observar los hechos desde una perspecnegra del siglo XXI: la crisis. tiva imparcial. La crisis, esa palabra tan en boga y que todo lo justifica, Después de un fantástico viaje por Egipto en 1993, su concepto es la panacea del capital y de sus marionetas: los gobierde la vida dio un giro de 180º. El despertar de la Consciencia y la nos, para responder a las necesidades planteadas por la manifiesta sensibilidad que experimentó, le llevaría a interesarse ciudadanía. por la Historia ignorada, investigando aquellos hechos descono¿Acaso alguien duda de que en este planeta llamado cidos que la Historia oficial no suele "recordar", y cuyo resultado Tierra no existen recursos suficientes como para que todo quedaría plasmado en sus tres primeros libros publicados. ser viviente pueda tener una vida digna? Desde entonces, se siente comprometido con el mundo y la soAunque se llame Tierra, en realidad es el planeta del ciedad, aportando su granito de arena con lo mejor que sabe agua. Nunca acabaríamos con todo el agua del planeta, hacer: investigar y escribir. Pero su interés por la escritura no se como tampoco con los diferentes recursos naturales que iba a limitar a los libros de investigación o ensayo. También le tenemos actualmente a nuestro alcance para obtener apasiona la novela y... ¡cómo no! la poesía forma parte de su ser. energía a precios irrisorios, sino gratis. Tenemos suficiente

LA MANO NEGRA JOSÉ LUIS GIMÉNEZ

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Javier de la Vega Molina CREPÚSCULO DEL POETA Ya las poesías de mi cuerpo decrepito se quedan en blanco. Ya se ha secado la pluma sin la savia del amor. Arrastro la carcasa de un alma seca profiriendo nada más que horribles palabras. El alejamiento de tu voz seco las cuerdas vocales del poeta. Flores que silenciosas se han marchitado en la podredumbre de la tierra mojada era el rayo el sol el trueno cercano el poeta se escuchaba ahora soga de muerte es mi garganta pálido espejo del ayer pájaro mustio enjaulado si volvieras nacería la poesía el poeta que ahora es una tumba frío y desprendido mármol del volátil amor te compadecerás de mi, te acercaras una tarde negra sombra del cementerio a leer mis acabados versos como un pájaro que vuela enamorado.

FANTASMAGORIA Era un fantasma ante ti. Aparecía y desaparecía mientras el amor hierve una gota que colmaba el vaso una sombra que se iba marchitando incomunicada. El cuerpo de un deseo en el espejo oscuro perdona si te hice sufrir. En tu mente había una puerta de una casa cerrada y en tu corazón un nido de triste esperanza ya tus palabras de fuego quedaron mansas en el agua triste historia de olvido y desamparo. Perdona si te hice sufrir por curar mis llagas con mis historias por vivir en el espejo de la ignorancia por vivir un soplo de amor del encuentro vivido. En el cerebro cuelan luces fantasmales que alumbran un candil de sufrimientos una hoguera avivada por nuestros encuentros carne apasionada que se aleja y se extingue las veleidades de un corazón que incita cada vez menos al tormento cuando la llama de mi corazón grita a Dios si ya hasta me esquivas con tu mirada.

tras el telón de las tentaciones seré tuyo, frío ante primaveras derramadas, a mis pies, y tu imagen lejana.

LA INCOGNITA Al abrir la boca un flechazo me mandó Cupido luego silencio el alma quebrada el corazón roto un amor silenciado por las circunstancias. El velo del olvido el telón del tiempo restos de un naufragio en la mente. No se ni tu nombre aparecías a impulsos como un juguete de manivela en un oscuro cerebro como una pila eléctrica me producías insomnio. Ya estás lejos de mi por fin incógnita y pálida muerte de la distancia y el tiempo mi amor no quiere revivir por eso no te mando nada. Perturbado por tu presencia tal vez hincara la rodilla tu ya lejano como un semidiós atontado yo guardando el tesoro de un beso desparramado por tu rostro. Guardo este amor enterrado en confines de eterno paraíso por si algún día aparecieras a salvo de este infierno donde las puertas dividen como si fueran de hielo.

IMAGEN LEJANA De tu magnifica presencia realza tu mirada. Candil de mi mente el sol calido de tus palabras amor de boca cerrada lejano estás, quien pudiera escuchar, aunque fueran sombras apenadas, por nuestra lejanía tus palabras del milagro de mi oreja hasta tu boca hay un mar de pájaros incomunicados aunque detrás de las apariencias siempre se espera un milagro. Hilo de voz, verde esperanza aunque verde esta mi alma. Si algún día acojo tu amor, madurará, coronará los días de mi vida aunque tu alma este lejos de la mía. Sombras maltrechas del amor de un amor encendido que aguarda tu eres la luz del mañana el faro del futuro que guía mis pasos el faro desterrado de algún acantilado el que ilumina mi cerebro anonadado TRANSPARENCIAS-7


iván ruíz expósito ¡QUÉ BELLO EL HORIZONTE¡ VIEJO Y JOVEN EN LA MISMA LARGA PLAYA “VIEJO, gaviotas, viejas barcas; escollera, horizonte, cielo losa azul… El viejo camina dentro del agua… Con el agua a la altura… De las rodillas, salpicado de gaviotas, rodilla con rodilla Lidia con tres veces el peso del aire, como su cuerpo también siente tres veces el peso del tiempo. Ojo y ojo y ojo perdidos… Anclados en el fondo… Donde el ahogo de la arena al nivel del cuello el horizonte y encima, a plomo, la luz de los estertores de la tarde…

Qué bello aquí yo, yo enarbolado en la proa¡ Qué triste el horizonte! Qué triste yo aquí, aquí clavado a la sombra de este mástil triste de pinar , Triste de estar, de estar siempre en este acantilado alzado [contra el horizonte¡ Qué infinito aquí el horizonte¡ Qué infinita su caricia!¡ Sólo el barco lo infinita... El barco a su paso... de hoja-ala lavada por el mar. Ojalá esta mi cáscara de nuez, este mi corazón de isla nativa, atraviese la tempestad desta espera.

plomiza

Yo pasaba por la escena corriendo, ejerciendo mi juventud fresca de energía, involuntariamente ostentosa a los ojos de otra edad más ajada… Supe meridianamente que algún día también tendría yo el horizonte del agua, …el mar paciente, al nivel del cuello y he escrito esta mera descripción, este sucedáneo de poema, para atrapar la metáfora y su implícito lema moral. Además, y éste es el motivo verdadero …faltaba la cámara fotográfica”

Ojalá la hora del adiós h al dios implacable] o

Ojalá sólo otros horizontes rediman este bello y triste.

[del horizonte… r a d e

Ojalá el viento de mi aliento se escape de su templo -su larga dulce cárcel de oroy que me cabalgue hasta continentales tesoros de incertidumbre. Ojalá que se encarne este OJALÁ … pues alma le sobra. Quiero sentir una vez más lo que Ulises… El indescriptible placer de volver”. El ávido ombligo del regreso”. La insondable mirada del habitante del más allá”.

“ME DOI DE TORTAS CON EL SILENCIO”

lo que no estaba dispuesto a admitir.

Para hurtarle con descaro algunas palabras buenas (para mí... para eso del alma… para la simple cuestarriba épica de seguir y seguir y seguir).

Y al final descubro la maravilla del siempre previsible hecho poético, y su verdad de verdad aunque acotada, el manojito de palabras precisas el milagro casi siempre surgente de lo que no pretendía ser preciso, matemático, cerebral.

Se que otros se pelean con las palabras. Y otros por sus <<dramatiquísimos>> [asuntos triviales. Y algunos, diría que no muchos, por esas cosas que valen la pena, la dulce pena intensa de lo que vale la pena. Yo me doy de tortas con el silencio o con el uno mismo simple, que humilde y simplemente no tiene nada que aportar... que decir. Argucias aladas de soledad a veces incluso dan con la matriz del canto o con el rosario bastardo de palabras descarnadas que digan 8-TRANSPARENCIAS

Por eso en este mi oficio de vivir de loco no peligroso (por desconocido) nado despreocupado en la alta mar de sentirme un científico loco. En este mi oficio de vivir grito, canto, susurro, rezo o blasfemo para que el silencio deje de callarse y responda con claridad a mi turbio llamado… entonces, sólo soy su copista avergonzado, con la vergüenza y la envidia de un chico de clase media baja que pudo haber sido mecánico y en cambio eligió el laico sacerdocio de la palabra”.


Eva María

DÉCIMO DE 0 A 10 AÑOS Ese día el sol alumbraba como de costumbre, pero a mí me parecía que lo hacía con una intensidad desconocida, deslumbrante, quizás fuese la consecuencia de una noche en vela decidiendo el rumbo de mi vida. Sí, me sentía feliz, libre, ligero... aunque todo por lo que había luchado iba a quedarse allí, en esa habitación que me acogió durante diez años, que fue testigo de mis pocas alegrías y mis muchas tristezas, de esas noches de desesperación que me empujaban al borde de la locura... esas cuatro paredes que me habían visto llorar amargamente y conocían el dolor de mi alma y mi angustia... Diez años, ya... diez... diez... ese número había sido una constante en mi vida desde mi nacimiento. Tenía nueve hermanos y yo ocupaba el décimo lugar. Mis padres, dotados de poca imaginación, decidieron que mi nombre sería Décimo, "para qué pensar otro, murmuró padre, este chico ha nacido marcado con su nombre". ¡Qué se le iba a pedir a un rudo hombre de campo que apenas sabía leer...! Cuando cumplí diez meses de edad, decidieron bajarme de una silla de madera donde me pasaba horas y horas sentado, sujeto con unas cuerdas para que no me resbalase, en completa soledad, por que todos en casa tenían faena que hacer y no podían perder el tiempo conmigo, ni siquiera madre, que sólo se acercaba a la silla para desatarme y darme de mamar, ¡qué dulce sensación sentirme entre su pecho, caliente, y ese aroma tan dulce que desprendía su piel...!, cuando no tenía mucha prisa y padre no la llamaba a gritos, a veces, hasta me cantaba de vez en cuando una cancioncilla y cuando empezaron a salirme los dientes, me dejaba trozos de pan de hogaza que ella misma cocía en el horno de casa, nunca he vuelto a probar un pan tan rico en toda mi vida... Ella cogía un pañuelo y lo llenaba de azúcar, atándolo con una cuerda para que lo chupase y no molestase con mis lloros. No, no lloraba nunca, después de dos intentos fallidos por conseguir que alguien viniese a mi lado, decidí que llorar no era efectivo, no conseguía nada con ello, y mientras tuviese azúcar para chupar... Los que nunca me fallaban eran Carmelo, el gato, y Lucas, el perro, con los que compartía dulces lametones al pañuelo... A los diez meses, padre decidió que ya era adulto, (el que decidía en casa siempre era padre), que debía bajar de la silla y empezar a ayudar a madre, y sobre todo sentarme en la mesa y comer como los demás. La jornada comenzaba a las 5 de la mañana, a las 5 y media todos sentados en la amplia mesa de madera de la cocina, desayunábamos un huevo frito con un trozo de chorizo de la matanza que guardaban en aceite, y un vaso de malta, eso sí, con el delicioso pan de hogaza que madre había cocido 2 horas antes. Mi vida transcurrió con normalidad hasta los 10 años, bueno con toda la normalidad que se podía pedir en esos tiempos, tenía que andar 20 kilómetros todos los días para asistir a la escuela del pueblo más cercano, madre me echaba comida en una tartera metálica, y Don Rodrigo, el maestro, me permitía quedarme a comer en la escuela, por que como el decía, era buen estudiante, y no me quedaba otro remedio, en casa padre, ya me lo dijo el primer día que fui a la escuela, "¡Décimo, aprovecha el tiempo, aprende lo necesario para echar las cuentas y escribir cuatro letras, vas a ser el primero en la familia que acuda a la escuela y sobre todo obedece a Don Rodrigo, que como me diga algo de ti, te muelo a palos, un hijo mío ha de ser siempre respetuoso y obediente!". Si Don Rodrigo me hubiese mandado fregar el suelo de la clase de rodillas, gustoso lo hubiese hecho, pero no era tan malo. Cuando acababan las clases cerraba la puerta con llave, por que se iba a comer y me decía muy serio, "¡Décimo, come y calla, y después intenta limpiar lo que manches, y no te muevas de tu sitio!". Sacaba mi tartera metálica de la bolsa y los cubiertos que madre me mandaba envueltos en una servilleta de cuadros verdes, la destapaba y comenzaba a comer, normalmente madre me llenaba la tartera con guisos de legumbres, pues según padre era el mejor alimento que el campo daba. Su aspecto era compacto, llevaban 8 horas en la tartera, estaban frías y una gruesa capa de grasa lo envolvía todo... pero como padre decía, "¡Décimo, tienes que dar gracias a Dios por que tienes comida, que otros ni aún eso tienen!", y vaya si se las daba, claro que sí. Terminaba de comer las legumbres y sacaba una pieza de fruta que madre me ponía como golosina, sin que padre lo supiera, ¡qué buena era madre! Recogía todo y me quedaba en mi sitio sentado, esperando que pasase el tiempo, y mis compañeros llegasen junto a Don Rodrigo para comenzar las clases de la tarde, álgebra y latín. Tengo que confesar que algunas veces, miraba los cajones de Don Rodrigo, sacaba esos libros tan grandes que tenía con tantas fotos y los miraba una y otra vez, ¡cómo me gustaba imaginar que estaba allí! , los cerraba, volvía a mi sitio, y más de una vez me quedé profundamente dormido cazando leones en África, o montando encima de inmensos elefantes de la India...... Cuando contaba 10 años, Don Rodrigo mandó llamar a padre, le comunicó que yo era el mejor alumno de la escuela y merecía una oportunidad, estaba dotado para los estudios y era una lástima que me dedicase al campo, como el resto de los chicos. Le costó convencer a padre, que no veía ninguna utilidad en los estudios, si no más bien una gran pérdida de tiempo, ya sabía lo que necesitaba para defenderme en la vida, mucho más que el resto de mis hermanos, decía padre. Don Rodrigo le habló de una beca que podían darme, que no iba a suponerle ningún coste mi educación y que tal vez dentro de unos años podría volver siendo el maestro, el secretario e incluso el médico del pueblo. Mi padre que idolatraba al médico, imaginándose padre de uno, cambió radicalmente y decidió que sí, que tenía que ir a estudiar, así sacaría a la familia de la miseria. TRANSPARENCIAS-9


dario vilas Guardo el arma en el bolsillo y observo el cadáver. Han sido dos impactos certeros, uno de ellos abrió el pecho del hombre y el otro dejó al descubierto parte de su cráneo. Creo que mi disparo fue el de la cabeza. Roberto está a mi lado, y también observa el cuerpo tendido sobre la carretera. Le miro y sonrío. Tendremos que limpiarlo antes de que la policía lo encuentre. Seis horas antes nos encontrábamos en casa de Roberto, celebrando su cumpleaños. En algún momento de la tarde acordamos que sería una buena ocasión para probar el ácido. Un pasito más, en lugar de la rutina de todos los sábados por la noche: salir, beber, fumar algún porro, intentar en vano que alguna chica nos haga caso y seguir bebiendo hasta que el cuerpo rechaza el alcohol y volvemos a casa ebrios, mareados y frustrados para con el sexo opuesto. Seguramente el estar sobrio algún fin de semana ayudaría a que las mujeres no nos rechazasen sistemáticamente. Pero ese no era el día, ya lo teníamos muy claro. Un par de cervezas, un buen disco de rock de los setenta y unos ácidos. Todo dispuesto para celebrar que el chaval ya podía beber aquí y en los Estados Unidos; cumplía los veintiún años que yo ya había dejado atrás un par de meses antes. Este era su día y había sido su petición de cumpleaños. El ácido es traidor, te sube sin que te des cuenta, poco a poco y sin que notes demasiados cambios. Esto nos hizo pensar que le habían tomado el pelo y nos habían metido un par de cartoncillos con un dibujito en tinta china. Con esta idea decidimos volver a retomar nuestra costumbre habitual de salir a beber. Seguramente el primer error de la noche, ya que el alcohol potencia el efecto del LSD. Pasadas las doce llegamos a un local tranquilo. No uno de esos en los que la música es atronadora y apenas puedes distinguir a la gente en movimientos espasmódicos, provocados por luces intermitentes, que dan a la pista de baile un aire irreal y provoca una sensación artificial de euforia colectiva que ninguno de nosotros logramos comprender, sal-vo que vayan todos de éxtasis, claro está. Esta era la típica cervecería con música rock de fondo, un sitio donde sentarse a disfrutar de tu bebida y de la conversación. Allí nos encontramos con Isa, compañera de clase de Roberto, y un par de amigas que nos invitaron a sentarnos a su mesa. Al fin y al cabo, las cosas podían mejorar, aunque en ese momento ya sentía un ambiente enrarecido. No comenté nada con mi amigo porque seguramente me vacilaría diciendo que no aguantaba el alcohol. Él llevaba una sonrisa de oreja a oreja que se me antojó harto forzada, pero al pasar por delante de la barra comprobé en el espejo que era idéntica a la que yo mostraba. No había motivo para tales sonrisas, así que intenté en vano adquirir un semblante serio, pero el gesto se negaba a desaparecer, como si unos dedos invisibles me tiraran de las mejillas. Incluso empezaba a dolerme la mandíbula.

10-TRANSPARENCIAS

¿Qué cojones haces, Mario? –dijo Roberto agarrándome del brazo-. Hace un rato que estamos sentados en la mesa viendo como pones caretos al espejo de la barra. Pareces gilipollas, y el camarero se está mosqueando mucho. ¿Eh? –acerté a decir, con la locuacidad que me caracteriza. Nada, que vengas a la mesa, a ver si esta noche consigo celebrar mi cumpleaños llevándome a Isa a casa. ¿De qué te ríes? –le pregunté, advirtiendo que aún mostraba su sonrisa congelada de mimo. ¿Quién coño se está riendo? Déjalo… ¿dónde nos sentamos? ¡Pero vamos a ver, payaso! ¡Deja de dar vueltas, que nuestra mesa está delante de tus narices! Cuando dijo esto fui consciente de que llevaba varios segundos girando sobre mi propio eje, sin conseguir ubicar nada dentro del local. La cosa estaba empezando a ponerse extraña, pero nuevamente me negué a comentarlo. Cogí una silla y me senté junto a una de las amigas de Isa, que me miraba con expresión burlona. ¿Tú que eres?, ¿el amigo subnormal?

Deambulamos por la zona de copas durante algo más de diez minutos, aunque me parecieron varias horas, y finalmente decidimos salir de allí como alma que lleva el diablo. Puedo asegurar que no es agradable pasear entre multitudes cuando llevas un alucinógeno encima. Varios minutos más tarde, topamos con uno de esos kioscos veinticuatro horas que suele haber en toda zona de marcha que se precie, y entramos a comprar unos cacahuetes. No fue una tarea sencilla, ya que para entonces sentía mi lengua como una esponja hinchada dentro de la boca. Lo mismo parecía suceder-le a Roberto, que, cansado de ver como analizaba el rostro imperturbable del dependiente con mi estúpida sonrisa, decidió pedir por los dos:

E T UE

H A C

CA

mos piel de mujer y que estaríamos muy guapos maquillados (evidentemente, ambos íbamos pulcramente afeitados para la ocasión). A partir de ahí tengo ciertas lagunas, hasta el momento en que Roberto concluyó que deberíamos seguir por nuestro lado. Era evidente que no iba a ser su noche con Isa.

–preguntó. Sí -contes- té sin vacilar. Normalmente habría hecho ga-la de mi capacidad de réplica respondiendo algo así como: “Claro, y tu la puta que contratamos para celebrar su cumpleaños”. Pero esta vez no lo consideré oportuno. Obviaré todo lo que dio de sí nuestra velada en aquel local, bastará decir que aquellas arpías dedicaron todo el tiempo a burlarse de

Fónganos zooos foooolsas de jafafffffueeeetes –solicitó mi colega. A lo incomprensible de su vocabulario añadamos para la ocasión todo un repertorio de gestos forzados que pretendían emular un semblante serio. Aquí tienes –respondió para mi sorpresa el hombre, a la vez que le hacía entrega de dos bolsitas de cacahuetes pelados-. Son dos euros con cincuenta. ¡¿Zos eudos qué…?! –exclamé escandalizado. Mira chavalote –se apresuró a explicar-, son las tres y media de la mañana y yo estoy aquí aguantando a borrachos como vosotros hasta las siete. Dos euros cincuenta, y si no te gusta te buscas otro sitio. Roberto sacó el dinero y pagó los cacahuetes, añadiendo algo así como: pago.

Tate quieto tío. Ez mi jumpleños. Yo

Tan pronto salimos del kiosco, Roberto se guardó los cacahuetes en el bolsillo y no volví a saber de ellos hasta una hora más tarde.

nosotros, aprovechando que nuestras facultades mentales estaban bastante mermadas. Así a todo, fue divertido, pero cualquier cosa lo es cuando estás puesto de ácido. Recuerdo vagamente escucharlas comentar que tenía-

Fue mientras paseábamos por una carretera de monte, que tampoco sabría precisar ahora mismo dónde estaba o cómo llegamos hasta allí, cuando necesitamos echar mano de nuestras bolsitas. Yo caminaba pensando en mis cosas cuando de pronto Roberto profirió un gritito de júbilo; el lado derecho de la carretera estaba adornado por farolas que iluminaban nuestros pasos. Roberto se había dado cuenta y lo vi allí, delante de una de ellas, piedra en mano y con un brillo especial en la mirada. Antes de que yo pudiese replicar algo ya había arrojado la piedra, que pasó a más de medio metro del cristal que contenía la bombilla. Comencé a reír de forma exagerada y acto se(pasa ala página 11)


dario vilas (viene de página 10)

guido me agencié otro canto que también arrojé hacia el foco de luz, fallando de forma aún más contundente, ya que ni tan siquiera pasó a menos de dos metros del objetivo. Así estuvimos varios segundos, hasta que finalmente acerté de pleno con un guijarro de gran tamaño, produciéndose un estallido seco que dejó en penumbra unos cuatro metros de carretera. En ese mismo instante escuchamos un grito a nuestras espaldas. ¡HIJOS DE PUTA! ¡¿QUÉ COÑO HACEIS?! –berreó un hombre que subía por la misma carretera, a unos diez metros de la zona oscura que yo había creado. No era capaz de distinguir ningún rasgo en su cara, solamente recuerdo que vestía un abrigo amarillo que resaltaba en la noche.

-

¡Mierda! ¡¿Qué lleva en la mano?!

Y al girarme de nuevo lo comprobé: una pistola. La más enorme que haya visto en mi vida. De hecho, la única que había visto. El hombre la empuñaba, parado en medio de la carretera y apuntándonos. En ese preciso instante dejé de pensar, y la serie de acontecimientos que se dieron lugar pasaron por mí como si fuese espectador en lugar de protagonista. Roberto volvió a sonreír, ante lo cual hice lo propio. Ya había adivinado en qué pen-

¡PUES VEN, GILIPOLLAS! –le retó mi amigo. Roberto, ¿y si es muy grande? –pregunté asustado.

El teléfono sonó como si una alarma nuclear anunciase el fin del mundo.

Hostia tío, tienes razón. A lo mejor nos pega –reflexionó-. ¡Vamos!

-

¡Joder Roberto! ¡Lo tenemos detrás! ¡¿Qué?! –se volvió para comprobarlo-

Tras comprobar que el hombre estaba muerto, Roberto me dijo que esperase allí. Apareció a los pocos segundos con dos fregonas y una botella de lejía. Limpiamos concienzudamente toda la sangre y el cuerpo de nuestra víctima. Cualquier precaución es poca en tiempos del CSI. Finalmente cogimos el cadáver entre ambos y lo arrojamos entre los matorrales situados a la izquierda del camino.

A la mañana siguiente me desperté totalmente aturdido. Tenía una sensación de embotamiento muy fuerte, como si el cerebro fuese mucho más grande que mi cráneo y pugnase por salir. También me dolía la mandíbula, y al abrir la boca noté un crujido que delató que me la había desencajado.

¡¿A QUE VOY AHÍ?!

Nos volvimos a la vez y comenzamos a subir a paso ligero por la carretera. Ninguno de los dos hablaba ni miraba hacia atrás. Noté que un sudor frío comenzaba a inundar mi rostro, e incomprensiblemente estaba aterrado. Para demostrarme a mí mismo que no pasaba nada me giré, pero el hombre no sólo nos seguía; había ganado un par de metros y estaba hurgando en su abrigo en busca de algo.

Ya he comentado las consecuencias de nuestro acto, solamente resta contar un último detalle crucial.

Jamás lo encontrarán –sentencié.

¡LO QUE NOS SALE DE LOS COJONES! –respondió Roberto, sacándome de mi estupor y haciendo alarde de una vocalización perfecta, inédita hasta ese momento de la noche. -

estruendo de los dos disparos llenó por completo la noche.

Era Roberto: Mario, -dijo en un susurro¿qué ha pasado? saba antes incluso de ver cómo sacaba una de las bolsitas de cacahuetes y la abría. Sin mirarme, agarró la otra y me la pasó rápidamente. La abrí con un mordisco rápido y hábil como sólo la destreza adquirida durante años de televisión y sofá puede otorgar. Colocamos nuestra munición entre los dedos gordo e índice y apuntamos a nuestro contrincante. El

En ese instante una idea cruzó mi mente como un fogonazo revelador. Antes de contestar a mi amigo, me volví hacia el espejo del pasillo para comprobar que mis sospechas eran ciertas: Estaba maquillado.

foto de EDUARDO GARCÍA

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escultura

anne kampschulte

A MI MADRE Cuando Dios creó las flores la primera fuiste tu, por que entre todas resaltabas igual que un rayo de luz. Eras la más hermosa, la que más perfume desprendías, colores de mariposa, por que eras una rosa entre toda la floristería. Por la noche te dormías y al alba volvías a despertar, con tu fragancia de rosa volvías a enamorar. En ningún sitio desentonas, en cualquiera quedas bien. Enriqueces donde te pongan por saberte defender. Sólo tu con tus espinas,con tu aroma y tu alegría, detectas al que te quiere, sin mostrar mala armonía. Que detalle en la solapa, que bonita en el jarrón, pero donde siempre estas mas guapa, es donde sólo Dios te creó. En el campo al aire libre, con el viento y con el sol, siempre serás la más guapa, entre todas la más linda flor.

F.M.V.L

Gordo con cuernos COMO EN TODOS LOS CUENTOS

Ro sa ia

M

ar

Sabiéndonos perdidas, decidimos que no importaba el precio: la victoria habría de ser su piel o nuestra vida. Bajo un cielo de neón de luna muerta velamos nuestras armas. Apostadas en el rincón canalla, en la espesura del último garito, dispusimos el cerco tras el horno, imaginando que bien valía el botín tanta batalla.

l

Era bello y prohibido, lo que hacía aún más deseable su estatura, el arco de su pecho, su grandeza, su forma de mirar, como una herida. Era altivo, inasible. Nos tenía bajo el yugo febril, en la penumbra del amor incumplido largamente.

Pez Bola 12-TRANSPARENCIAS

Era hermosa la noche. Consintieron los dioses que el combate se inclinara a mi estrella. Cuerpo a cuerpo, feroces, desnudos y silentes demoramos la huida. Más cuando despeñamos erguidos los deseos y coloqué mi beso sobre su frente esquiva, como en todos los cuentos se deshizo el hechizo y mi príncipe-rana se perdió con la noche.


antonio garcía vargas

MI AMIGO LEJANO Ya en el barco, de regreso a España, recordé aquella carta que me había entregado un desconocido jovencito, casi un niño, bajando la escalinata de un teatro de Santiago de Chile, donde había expuesto mis teorías sobre «Modelos poéticos de principios de siglo». Corría el mes de julio de 1917. Saqué el arrugado papel y leí: «Estimado señor. Mi nombre es Neftalí y tengo 13 años. Hace meses, mi padre me regaló un libro de poemas escrito por usted y su lectura cambió totalmente mi vida. Lo he leído mil veces y en cada una de ellas me he sentido en la necesidad de poder escribir algún día tan maravillosamente como lo hace usted. Humildemente le ruego, lea este pequeño artículo que pienso enviar al diario La mañana, por si tienen a bien publicarlo, siempre y cuando su opinión, que es la que realmente me importa, sea favorable». La firma decía Neftalí Reyes y acompañaba al escrito una dirección para enviar mi respuesta. El artículo se titulaba «Entusiasmo y perseverancia». No era muy largo, así que inicié la lectura adentrándome en el sentimiento de aquel niño desconocido que manejaba ya el lenguaje como sólo saben hacerlo los elegidos. Quedé tan sobrecogido por la lectura, que nada más llegar a España contesté a su escrito animándole a seguir el camino de las letras, en el que le auguraba un espléndido futuro. Pasó el tiempo y no volví a saber nada más del chico, pero le seguí la pista durante unos meses por los artículos que publicaba bajo el nombre de «Cuadernos de Temuco», así que poco a poco fui olvidándolo. Sólo ocasionalmente, me preguntaba qué habría sido de él y si habría seguido adelante con su pretensión de dedicarse a las letras en serio, además de los artículos que publicaba. Un día de junio de 1924 recibí un sobre, bastante abultado, procedente de Santiago de Chile. El nombre del remitente no me era conocido. Contenía una carta y un pequeño libro de sencilla encuadernación. Abrí y comencé a leer: «Mi muy estimado señor. He querido que sea usted el primer amigo en recibir mi primera obra editada. Se trata de un libro doloroso y pastoril que contiene mis más atormentadas pasiones adolescentes, mezcladas con la naturaleza arrolladora del sur de mi patria. Es un libro que amo porque a pesar de su melancolía está presente en él el goce de la existencia que la lectura de sus poemas, don Antonio, me enseñó a apreciar. Sin su ayuda espiritual y la confianza que usted depositó en mí, esta realización jamás hubiese tenido lugar. Además, me ayudaron a escribirlo un río y su desembocadura: el Río Imperial. por lo que forman parte del romance de Santiago, con las calles estudiantiles, la Universidad y el olor a madreselva del amor compartido. Observará usted que he cambiado mi nombre por el de Pablo porque me gusta cómo suena y Neruda en honor del poeta checo Jan Neruda. Reciba mi más sincero abrazo agradecido. Ricardo Eliezer Neftalí Reyes Basoalto» Emocionado, tomé de nuevo el pequeño libro. Se titulaba «Veinte poemas de amor y una canción desesperada», de la editorial Nascimento. Su autor, Pablo Neruda. (del libro "Minificciones" de AGV)

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Bella Clara SI YO FUERA DIOS Si lo fuese me preguntaría ¿qué espero del hombre hecho a mi imagen y semejanza? Ante su respuesta tan caótica como el mundo le sugeriría buscar en su alma el diamante en bruto, tesoro de su jardín interior que desconoce a simple vista. Quitaría el arma de su mano y le pondría en su lugar una flor para dejar pistolas, revólveres, bombas desarmadas en un sótano olvidado mientras en brazos de asesinos plantaría ramos de rosas, orquídeas, violetas, flores silvestres y de cuantas hierbas le sirvan a su transformación. Hechizos de la naturaleza se entregarían a sortilegios. Educación a la convivencia con la altura que se merece al observar el comportamiento de los universos mineral, vegetal y animal. Buscaría en el cielo el azul violeta una estrella para inducir un cambio de conciencia al descubrir astros en otros firmamentos. Urdiría de paciencia a cada individuo para implantar tolerancia, respeto entre mis hijos, vistos bajo igual prisma a pesar de las diferencias. Pintaría en cada hogar una ley, cuidar a los infantes como pichones preciados antes de echarlos a volar. En el corazón del hombre el amor incondicional inculcaría como nuevo ingenio para vencer su malestar. Le daría consejos de utilizar las herramientas de los LIBROS SAGRADOS, códigos que eleven formas de tomar la vida con sapiencia, trabajo y reposo. Le pediría al hombre que cuidara a la mujer como joya bendita. A la mujer le impartiría el deber de madre, siembra compartida con el padre, capaces de dar a luz existencias donde la criatura amanezca en otro bienestar. Paraíso terrenal, sombras por enterrar y luces encendidas bajo la certeza de continuar una especie en evolución. Le recomendaría a la pareja buscar el equilibrio frente al espejo cuando talle su espíritu al ver los defectos ajenos como propios en el reflejo de su actuación. Y finalmente le dejaría la principal ganancia, el libre albedrío para constatar si por fin comprende que todo ser en sus manos guarda su perenne despertar en el camino del bien o de la destrucción. Le añadiría una pizca de entendimiento como mejor receta al mostrarle que cada quien hace lo suyo mientras yo con atisbo vigilante contengo pasos en falso. Almas desvalidas en procesos de subidas o caídas cuando de las bajadas aprende que hay que volver a las cimas aunque cueste sacrificios con raspaduras y heridas para avizorar mi interés por el ser viviente en su esplendor. Digno hijo de mi creación con las espinas invertidas desde una imagen y semejanza que clama amor, dueño de la compasión que yo por mis semejantes manifiesto. ¡Gracias a Dios que no soy Dios porque ante tanta rebeldía no sé que haría!

APRENDAMOS No sé vivir con lo peor de mí Ni tú tampoco. Enséñame a vivir con lo mejor De los dos.

ARMA Jugando con las palabras como se mata con los fusiles se descubre el orden de una palabra ARMA o AMAR. La mejor Arma: AMAR. Batalla de palabra.

UN NOMBRE Nací con el nombre que me fue dado desde el vientre Bella Clara Ventura, Bella por mi abuela materna. Clara por su madre de la lejana Turquía Y Ventura el apellido de mi padre nacido en Johannesburgo, Africa de mis inquietudes. Bajo corrazas me rebelé. Demasiado peso sobre mis espaldas. 14-TRANSPARENCIAS

¡Bella Y Clara! ¡Qué más pedían de mí! Hubiera deseado borrar mi pasado y tener un nombre más anodino pero como nada es casual debí asumir que sería Bella Clara Ventura hasta la muerte. Aprendí a querer mi nombre a fuerza de oírlo a diario. Me enamoré de los conceptos bajo esas letras. Desperté un día viendo mi belleza interior. Irradiaba por los poros. Había luz. Ya era Clara. Tuve suerte de percibirlo a pesar de los dolores, hecho cábalas para afrontar la existencia desde la luz. Claridad que me habita en el camino del crecimiento interior que de lecciones hace consistente la vida. Desde entonces soy Bella Clara Ventura. Lo que recibo con amor y con más amor lo doy.


Antonio J. Quesada

EL Y AS R DU A N D O R H O ERNA N CO A B L E D

Hubo una época en la que se puso de moda frenar los anhelos más rogelios en Iberoamérica mediante jarabe de palo militar, y casi cada país tuvo su dictadura militar de derechas, con ayuda de la embajada norteamericana y la bendición eclesial, con la finalidad de poner orden y que no se descarriaran las ovejas. Como en España en el treinta y seis, en Portugal algo antes y en otros sitios del mundo, pero a la española: el dictador latinoamericano típico tenía un perfil muy marcado, de misa diaria, casa de putas y espadón al cinto. En el Cono sur coexistieron dictaduras salvajes en Chile, Argentina, Bolivia o Para-

guay, entre otras, que provocaron que aquello fuese conocido como el “cono de la Bernarda”, pues los militares hacían lo que les salía de las canicas, con la bendición apostólica correspondiente (los capellanes argentinos descubrieron que el modo más cristiano de matar era arrojar al mar, drogado y atado, al rojeras de turno; ya dijo un sacerdote, hoy santo católico, que “aquella sangre era necesaria”). La literatura ha reflejado este perfil perfectamente desde “Tirano Banderas”: recuerden “El señor presidente”, El recurso del método”, “Yo, el Supremo”, “El otoño del patriarca”, “La

fiesta del chivo” y algunas otras cosas de Ayala (¡qué coñazo, que me perdone el establishment literario andaluz!), cuentos de Sergio Ramírez, relatos de Benedetti, y varias cosas más (cito de memoria y velozmente, pues debo mandar la columna y no tengo tiempo de mirar chuletas; estoy como Fraga, diciendo las cosas sin condón, y seguro que me dejé alguna referencia atrás, como a Martín Luis Guzmán y a otros). Con Fidel se inaguró el gran caudillo de izquierdas, ya no tan reflejado por la literatura, y que genera mala conciencia (hay que mirar textos, más políticos que literarios, de Reinaldo Arenas, Jorge Edwards, cosas de Heberto Padilla, etc.). Ahora está de moda el líder democrático escorado hacia la izquierda populista, estilo Chávez, que ha creado escuela en otros países hispanos (y es que el caldo de cultivo es evidente: la gente pasa necesidad y los políticos de toda la vida roban y roban y ya no les cabe nada más en los bolsillos). La gente se cansa. Todo esto viene a cuento de lo que está sucediendo en Honduras. Zelaya era un presidente más o menos típico, un uomo qualunque que no se metía con la Iglesia ni con los americanos, y todo iba bien para él (ya lo decía Mussolini: para durar en el poder no hay que meterse ni con la Iglesia ni con la moda de las mujeres; que le pregunten a Perón…). Empezó a querer parecerse a Chávez y se le acabó la aventura. Tonterías, las justas. Un tal Micheletti es aupado por los militares y las derechas y venga, a salvar a la Patria del comunismo internacional (como si el comunismo internacional estuviera en condiciones de meterle el dedo en el ojo a alguien). Los empresarios, encantados, la prensa y radios de derechas dando brillo al tema (metiendo la tijera y mintiendo a ratos) y la Iglesia católica bendiciendo al salvador. Todo como Dios manda. Honduras, desafiando a la geografía, ha pasado a recordarnos a aquel viejo “cono de la Bernarda”. A ver en qué queda la cosa. TRANSPARENCIAS-15


maria eugenia caseiro Tu Lengua Tu lengua es el país de fuego donde no hay relojes, donde la palabra dura y difícil, da vueltas y vueltas peregrinando a trancos donde el salivajo mancha los manteles sin cortarle el paso. Cuando un solo de tripas la sorprende en el deseo de ahorcarse envuelta en una tira de bacón, queso horadado suizo y un pedazo de pan, tu lengua de azúcar rompe las murallas de la mala palabra, se instala en el café después de la certeza de ser dios prendido al paladar por las diptongaciones. Tu lengua es un tambor, la gran detonación que estalla en el silencio y no transige ante el dolor de muelas o ante el sueño. Contigo dormirse ya no es noble ejercicio de oidor en la vigilia de tu lengua en la inquietud; es la resignación de oír el epitafio ante la muerte. Cuando vengan a buscarte con la lengua desatada a siete grados en la escala de Ritcher, estaré plantada en la casmodia de negarme, en la feroz rigidez de la sordera para volver a la serenidad del hambre.

un fósforo la búsqueda un pez la buena o mala suerte. No hay piedad en el labio que se ofrece ni color en el secreto que no nace. Oh! Dios, que nunca se te ocurra celebrar con los brazos en alto como arquero pesar las espaldas convertidas y allí donde tu fuego espera no encuentre ritmo nuevo. ¿Qué hacer con el polvo amontonado? ¿días como rayos relucientes? Las flores se chorrean, no hay sonrisa que se anime a salir de entre las hojas. La noche mueve su perfil sobre los muebles la luna presagia desembarcos tu cuerpo sideral respira por la boca en que el amor se pierde. Váyase usted amargo sol que ya no hay forma de rascarnos donde no nos duele. Las vidas que han pasado ya no chocan, ¿que labios van a darnos vida y muerte? Los hijos de la sed desesperados se tragan las cortinas y deshojan alguna margarita sin que nazcan violines rumiándole al oído Isla de mis islas sola cáliz de arena este domingo.

Un Deseo Un deseo de ríos y palmeras me tiembla entre los dedos enredándose en la voz del tiempo tan cansado que va nombrando las calles donde nadie ha pasado llorando desde entonces y está en juego el recuerdo de la piña fermentándose en las venas, en mis labios que desean el azúcar, o ese tiempo del regreso al amarillo de un girasol despierto centro de fieltro encrucijando tiempos.

Sin Domingo Era de granizo el verde derramado junto a la blancura el pájaro de hielo. El cielo nace al hombre atento que mueve el pan nerviosamente, lanza migas, borra la pregunta y atado a su parque ya es carámbano. Digan lo que digan no te importe el canario comprimido que no muerde ni que crezcan retoños a la ausencia. La bisagra engrasada ya no canta y el sol, que se hizo viejo allá en sus puntas esperando que cayera la palabra en el escaque justo, ahora chorrea otros fractales con mazmorra en el poniente. Desde ayer media naranja es una flecha o puede ser la luna, una mujer la puerta un perro el laberinto en que se pierde un hijo un fulgor la hora en que los hombres mueren madera de pluma el sacrificio, el ojo una inquietud por donde duele 16-TRANSPARENCIAS

La Calle La calle es un burdel donde las horas toman cuenta. El vagabundo gris a un paso de anotar la despedida recupera el mortecino brillar de las farolas. Se alarga la calle, en su desdén se pierde la visión hasta tocar el fin del mundo a estribor, bordea la primera estrella las grutas sin salida, el precipicio en que un fantasma envenenado duele en la mujer que busca un puente y la razón fracasa. La calle es un dolor, una punzada donde confluyen las premoniciones un corazón cansado que envejece, su melodía sin voz se lleva las últimas raigambres. Sueña la calle su primer bostezo entre viejas fachadas de edificios.


¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo tendremos que soportar esta bestia inmunda? ¿Hasta cuándo los intransigentes nos harán sentir dolor? ¿Hasta cuándo esos innombrables se arrogarán derechos que en nada se fundan? ¿Hasta cuándo creerán que enarbolan la bandera del honor? ¿Hasta cuándo el pueblo vasco permanecerá callado? ¿Hasta cuándo permitirán que les/nos pisoteen y masacren? ¿Hasta cuándo ese silencio se convertirá en clamor?

LA PROFECÍA (II) Un grito que rotula el universo se impone entre las formas ígneas de las pesadillas; y en los rincones gastados de las súplicas, la mano de la ira nubla el aire de pólvora. Se abre un libro de abuso en la memoria y volvemos a un tiempo que es antorcha en cárceles de mármol. Hay denuncias estériles en carillas añosas; jardines de pájaros desnudos; ocasos que se duermen apretados a un ruego y ojos que se agotan en espejos inútiles. Con letras centinelas armamos las palabras, y enterramos la guerra usurpadora de abrazos. Algún recuerdo justo pinta en el camino una estela, pero el eco del instante último, cuando todavía alguien nos nombraba entre las cosas vivas, intenta el aprendizaje de una profecía que nadie se atreve a asumir.

EL OTRO CRISTO Como un tren enceguecido, la metralla hace surcos entre el incienso y la afonía de los ruegos. Nadie les da pan ni explicaciones. Las ánforas del llanto se han secado, y otra luna de vidrio rasga el cristal en la busca de ojos y de abrazos. La calle grita sola, y entre los despojos que muerden, un maniquí de estopa, arrastra todavía una bandera. Pesa un minuto absorto; y de rodillas, implora por la paz en la mañana. En un vagón de esquirlas, las piedras del silencio se entrechocan. Un Cristo ciego ha cruzado sus brazos.

Teresa Palazzo Conti Poema presentado en el Festival Internacional de la Poesía en París

¿Hasta cuándo matarán, fundándose en no se sabe qué derechos? ¿Hasta cuándo esperaremos a que comprendan lo execrable de su acción? ¿Hasta cuándo aguardar a que aprendan que la libertad no se obtiene sino por la fuerza del amor?

Juana Castillo Escobar

EL HOMBRE El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios.-La Biblia.

El hombre es la existencia concebida que preside del mundo su destinno, extraordinario Ser, por Don divino y excelsitud del tiempo y de la vida. Su condición humana y bendecida le impone el fiel deber en su camino de crear un universo diamantino de plena convivencia florecida. Que la envidia diabólica no exista, que haya tranquilidad noble y altruista y no imperen el crimen ni la guerra. Sólo así, será el hombre luz y guía si aspira con feliz sabiduría ser la imagen de Dios, sobre la tierra.

Manuel Salvador Leyva Martínez. (México)

BELLA VENTURA

Árbol y Tierra

El árbol que me habita es mi padre, la tierra, mi madre. Desde la cuna los mimos del padre enramaron mi espíritu. La tierra me cobijó los sueños. Ambos plantaron en mí ilusiones de niña grande, flor de todos los rocíos bebiendo sus aguas. Me hicieron fuerte como las raíces. Al árbol pertenecen. Y a la tierra mis anhelos de paz certera entre mis semejantes. Eché el tronco a la vista, situado en las alturas hacia cielos más azules con soles de mi propiedad. En la base secreta me dejó. Florecí. Me dieron la madurez, huésped de la savia. Recuerdo de la hija iluminada del árbol y de la tierra. Ambos elementos me siguen, como se persigue la vida hasta la lápida. Sobre la cual brotará una piedra. Dirá que fui judía con hojas y frutos de la Tierra prometida, que no es otra sino el Planeta, anfitrión de mis pisadas, similares a las de mis hermanos de habla diferente y mirada de abierta redondez a mis abrazos, despojados de sangre ajena.

LAS FRASES QUE EL PROFETA NO DIJO Hagan la guerra porque de los violentos es el reino de los cielos. Opriman para vivir cómodamente en rascacielos de piedra. Invoquen en vano el nombre de Dios para que bendiga sus espadas. Promuevan la mentira para mantener que son justos de veras. Den poca cosa cuanto más posean; créditos sí con hipoteca duplicada. Roben a los pobres; es deber sagrado de los más ricos monopolizar la riqueza. Alimenten la ilusión de un orden nuevo en la miseria inmóvil. Impongan con himnos y sables la libertad de la impotencia. Lávense las manos con la frecuencia que requieran los gritos. Impartan latigazos porque sí y porque son dueños de los látigos. Enmudezcan a todos, en particular, a los que con justicia se quejan. Tramen muertes lentas o rápidas según convenga. Echenle la culpa de sus crímenes públicos LUÍS ALBERTO [al inocente o a su ángel de la guardia. Gocen de las balas propias, y de las bajas ajenas, [mejor cuanto más numerosas. La paz es otro nombre de la incesante conquista. No caigan en la debilidad de perdonar y fomentar olvidos. Odien a los otros, a los que sueñen lo mismo pero en otra lengua. De ningún modo se preocupen por el alma, que es otro mito Y lo que ya nos les quepa en la tiniebla Háganlo carne del séptimo arte.

AMBROGGIO

TRANSPARENCIAS-17


Pura López Cortès Nanas "Y el niño de la medía luna, ¿qué sueños riza?" (Miguel de Unarnuno)

NANA I A Gregorio Soter

Come, niño, tu manzana y mira la media luna que viene por la ventana para mecerte la cuna; y reza tus oraciones y dale un beso a mamá, que viene la media luna para enseñarte a soñar.

NANA II Duerme niño en mis brazos, no tengas miedo; cuando venga la noche yo te protejo. Alumbraré lo oscuro con mil luceros, traeré la luna y envolveré en luz blanca. niño. tu cuna.

de caracolas, conchas de nácar, algas y rocas. Brillan risas saladas, allá a lo lejos niños desnudos - dioses del viento - . Al fondo el horizonte, blancos veleros. Gaviotas altas cruzan el cielo.

CHIQUILLO A Curro Sáez

Vente conmigo a la playa desnuda tu piel morena y emborráchate de sol tendido en la rubia arena. Vente conmigo a la playa, niño de canela y brillo, y con tu risa lunada embruja a la mar, chiquillo. Vente conmigo a la playa, rey del agua y de las olas, radiante de blanca luz como un cuadro de Sorolla.

GRUMETE

y pesca la luna llena.

CANCIÓN A Carmen Fernández

Ay, cuando vaya a la mar no sé que traerte amada. No sé si una estrella roja o un trozo de red salada o plumas de las gaviotas o algas verdes o pechinas o el pañuelo de un pirata o un erizo sin espinas. Ay, cuando vaya a la mar...

MARINA II A Marina de Quinta

Vente, niña, al rompeolas, no te dé miedo la mar y escucha la caracola como te dice un cantar. Deja tus carnes de nardo tintarse de sal y yodo, mira, que el sol hecho dardo, niña, se te rinde todo. Que el agua se vuelve miel y la luz se hace canela para ungir tu blanca piel, niña, de gracia morena.

A Jesús Ogea

NANA DEL AMANECER A Quito Domeñe Sueña mi niño no sé que cosa, sueña mi niño, se mueve, llora. Por la ventana entra la luna, asusta al niño, llora en su cuna. Por la ventana vuelve la aurora, el niño ríe, el niño sueña no sé que cosa.

NANA III De noche, bajo un olivo, envuelto en tomillo y jara. embobadito mi niño mira la luna de plata v cuando la ve en el río, .a quiere sacar del agua. Se le cierran los ojillos. - A lo lejos croan las ranas y con la pipa en la boca le duerme a la noche clara.

Tengo calado en el puerto un barco azul azulete. Niño de risa salina. ¿Quieres ser tú mi grumete?. Zarpará de la bahía todos los atardeceres y adentrándose en la mar llenará sus finas redes: de jureles, de caballas, de baquillas. de gambones, de doradas, de besugos, de potas, de boquerones... Y luego, a la amanecida, alegre, por la bocana entrará a anclarse en el puerto con carga tan codiciada. Anda y vente a mi pesquero, niño de carnes morenas. Sé mi grumete mayor

¿NIÑA TÚ HAS VISTO LA MAR A María y Cariota García Hurtado

triste y gris en el invierno?. La playa, ¡Qué soledad!, tan sólo la habita el viento, ronco de frío y de sal. La barca del pescador está varada en la arena, ¡Qué ya no puede remar!. Niña. si vieras las olas. blancos volcanes de espuma. montes que vienen y van con rumor de caracolas. La playa, ¡Qué soledad!. Triste y gris en el invierno, niña, ¿tú has visto la mar?.

MARISCADORA La niña mariscadora. que está buscando coquinas, guarda en sus ojos azules toda la gracia marina. Niña de carne morena con sonrisa de salina, ¡Qué chica ganas tu pan sin que nadie te lo impida!.

MARINA III El Mar "Qué bien navega la barca si el viento de amor la mece" (Concha Lagos)

MARINA I A Mar Navajas La playa en primavera: olas azules sobre la arena, olor a brea. La orilla salpicada 18-TRANSPARENCIAS

Está mi niña en la playa envuelta en redes de espuma, está mi niña en la playa borracha de luz de luna; y sus ojos deben mar y su aliento sabe a sal, que jugando con la espuma está mi niña en la playa borracha de luz de luna.

Texto del Libro “EN LA ESQUINA DEL AIRE”


TRANSPARENCIAS NUM. 46