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MUERTE DEL GENERAL FERNÁNDEZ SILVESTRE Juan Antonio Gómez Martínez

LAS BAJAS ESPAÑOLAS EN LA BATALLA DE CARABOBO Salvador Fontenla Ballesta

LA REAL Y MILITAR ORDEN DE SAN FERNANDO José Luis Isabel Sánchez

PANTEÓN DE LOS HÉROES DE LAS CAMPAÑAS. En el cementerio de la Purísima Concepción de Melilla

Miguel Ballenilla y García de Gamarra

FINES Y PROYECTOS DE LA

PUBLICACIÓN ANUAL 2ª ÉPOCA - Nº 4

FUNDACIÓN ISTOLACIO AÑO 2002


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EDITORIAL MUERTE DEL GENERAL FERNÁNDEZ SILVESTRE. Juan Antonio Gómez Martínez

PUBLICACIÓN ANUAL 2ª ÉPOCA AÑO 2002

Director

MIGUEL BALLENILLA GARCIA DE GAMARRA

Y

página

5 Consejo Editorial PRESIDENTE

SALVADOR FONTENLA BALLESTA

LAS

CAMPAÑA CARABOBO DE 1821. Salvador Fontenla Ballesta

BAJAS ESPAÑOLAS EN LA

página

DE

Edita

FUNDACIÓN CULTURAL ISTOLACIO c/ Navas del Rey, 51 B. Dcha. 28011 - MADRID †el. 915 090 696

25

www.istolacio.org

LA REAL

MILITAR ORDEN DE SAN FERNANDO; RECOMPENSA AL HEROÍSMO. José Luis Isabel Sánchez

Y

página

31 Diseño y maqueta

PANTEÓN

DE LOS

HÉROES

DE LAS

CAMPAÑAS

En el cementerio de la Purísima Concepción de Melilla

ANA GARCÍA KIRMSE J. JAVIER OLVEIRA

Miguel Ballenilla y García de Gamarra ISSN: 1139 - 1464

página

42

Dep. Legal: MA-1682/2002

Impreso en papel Reciplus por:

FINES

Y

PROYECTOS

DE LA

FUNDACIÓN ISTOLACIO

Gráficas Urania, S.A. Av. Juan XXIII, 35 29006 - Málaga


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No hay soldado anónimo. No existe el soldado desconocido.

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l monumento, la tumba del soldado desconocido es una moda foránea (que confiamos no arraigue en España) que tiene el origen bienintencionado de representar simbólicamente el enorme sacrificio de vidas humanas que ocasionaron las cruentas batallas de la Primera Guerra Mundial. Tiene el peligro moral de la masificación del esfuerzo y del sacrificio, de anular el estímulo de los individuos de la sociedad al percibir inutilidad o posibilidad de eludir moral y físicamente sus deberes de defensa con las armas, de esa misma sociedad. Los efectos negativos, y a veces demoledores, sobre la retaguardia se harán sentir irremediablemente sobre el frente. Cada vida es singular, y singular es también la caída en combate de cada soldado, sea esta más o menos heroica. No hay soldado desconocido, en todo caso, es que nosotros no lo conocemos. Es un problema de ignorancia propia. No hay soldado desconocido para su familia, donde ha dejado un hueco en la mesa y en la lumbre del hogar, y que una madre, una esposa o hijo lo echarán siempre de menos. Ha dejado un recuerdo en su jefe y en sus compañeros de armas, aunque su puesto en formación sea cubierto por otro, que lo recordarán en sus homenajes y en el toque de oración. No hay soldado anónimo para la Patria. No hay soldado ni sacrificio desconocido para Dios. Es empeño de la Fundación Cultural Istolacio rescatar del olvido, como homenaje de gratitud y lealtad, los nombres de los soldados caídos en acción, y las circunstancias particulares de la misma. Así como catalogar las tumbas donde descansan sus restos, rescatar y estimular su rescate y conservación, con el ornato y respeto que se merecen. 3


General D. Manuel Fernรกndez Silvestre


MUERTE DEL GENERAL FERNÁNDEZ SILVESTRE Juan Antonio Gómez Martínez

L

a muerte del Comandante General de Melilla, General de División de Caballería D. Manuel Fernández Silvestre, durante los sucesos ocurridos en julio de 1.921 en el Sector Oriental de la Zona de Influencia de España en Marruecos, ha sido un tema que desde aquel momento estuvo envuelto en un cierto halo de misterio, llegándose, incluso, a afirmar que después de ese día aún continuaba con vida. Pero el asunto tiene fundamento, y es que su cadáver no fue ofrecido a la venta por los indígenas, ni entregado como el del Coronel Morales, ni recogido por Dris Ben Said 1) durante su visita a la zona de Annual: La gente que vive en las inmediaciones de Annual es la que más se ensañó con los soldados españoles, lo que queda demostrado por la situación de los cadáveres y su proximidad a los poblados (...). Yendo por la carretera de Annual pude reconocer el cadáver del Coronel Manella al cual hice que envolvieran en una manta y que fuera depositado en el lugar en que se situaban los carros de transportes. Otro cadáver, que sospecho debe ser el del Teniente Coronel Manera, hice que también lo recogiesen y lo depositasen en la parte opuesta a la que se depositó el anterior (...). Tampoco fue encontrado por el Sargento Basallo 2): El 2 de octubre llegó un nuevo convoy de víveres para los soldados, con otro muy considerable para el personal de «La Alicantina», correspondencia y giros para la tropa y una caja de cinc destinada a recoger los restos del general Silvestre, si hubieran sido o fuesen hallados. Con este motivo yo le expuse a Idris Ben Said el incidente de la cuesta Intermedia, dónde un moro me mostró un cadáver asegurándome que era el de Silvestre, y él me encargó que recogiera aquel cadáver y lo llevase a Sidi Dris cuando fuera a recibir el siguiente convoy, con el cual iría un médico para reconocerlo y dar fe de si era o no el del general. En cuanto regresé a Annual fui al sitio donde se me había mostrado el referido cadáver, marcado por mí con una piedra, pero me fue imposible recogerlo, por que los moros habían llevado su saña hasta majarlo, 5


en unión de otros, formando un informe montón de tierra y despojos sangrientos. Yo no puedo afirmar si aquel cadáver era el de Silvestre, porque cuando lo vi estaba en completa descomposición, ni tampoco si formaba parte del montón de tierra y restos humanos que encontré en el lugar donde lo había dejado con la indicada señal o si los moros se lo habían llevado. De vuelta al campamento ordené al cabo Fichoto y a todos los soldados procedentes de Annual que hicieran pesquisas en todas direcciones buscando el cadáver del general, pero todas sus exploraciones resultaron vanas, lo mismo que las hechas entre los moros de los alrededores. Algunos autores que han tratado sobre los últimos momentos de la vida de Silvestre, amparándose más en ideas preconcebidas y en una débil base documental han preferido unas versiones a otras cuando, en la actualidad, no existe fundamento para tomar cualquiera de las opciones que se presentan. Pensando en el lector neófito, sólo expondré algunos aspectos para llegar a los momentos en cuestión. El 20-07, Silvestre decidió trasladarse a Annual ante la situación que se había generado en las posiciones del valle del Amekrán: (...) Sin embargo no se ha efectuado convoy a Igueriben, pues enemigo continúa cercando aquella posición en forma que General 2º jefe me indicó temores de no poder efectuarlo.- Mañana a primera hora se realizará a toda costa pues es imposible continúe situación en que se encuentra aquella guarnición. (...) Me propongo marchar mañana primera hora a aquel campamento (Annual), y desde allí tendré a V. E. al corriente de la situación 3). Silvestre llegó al Campamento General de Annual en la mañana del 21 de julio, «al tiempo de iniciarse» la operación que conocemos como «esfuerzo supremo» para «meter» el convoy en Igueriben. Como es sabido, Igueriben cayó en la tarde de ese día habiendo protagonizado sus defensores uno de los hechos de armas más gloriosos de la historia bélica de España del siglo XX. En realidad, la caída de Igueriben no supuso más que un efecto demoledor en la moral de las tropas que habían participado en el prolongado combate que se desarrolló durante el día donde las fuerzas de Regulares quedaron «diezmadas» 4). Durante la noche del 22, Silvestre reunió en su tienda, situada en la «Loma de Ceriñola» y próxima a la entrada del Campamento General de Annual, a los jefes más caracterizados de las unidades que allí se encontraban 6


para celebrar la que ha sido llamada «Junta Histórica» 5) o «La noche triste de Annual» 6). Pérez Ortíz participó en el cónclave y nos transmitió muchos detalles de lo que allí se resolvió, pero no nos dice quién más asistió 7). Fue Vivero 8) quién, por primera vez, dio los nombres a través de unas notas de uno de los asistentes. La reunión parece que finalizó sobre las cinco de la mañana del 22 y se decidió una retirada sobre la Línea Ben Tieb – Dar Drius 9). Según las notas citadas, con la opinión en contra de Manella que abogaba por quedarse en Annual en espera de los refuerzos prometidos por el Alto Comisario (General Berenguer). Parece que los asistentes quedaron juramentados a no comunicarlo a los oficiales hasta llegado el momento de iniciar la operación. Al amanecer del día 22 somos muy pocos los que estamos en el secreto de la inmediata retirada. Por mi parte he limitado mis informaciones sobre nuestra llamada, diciendo que se trataba de una complicada operación sobre las lomas al pié de Izumar y a la derecha del camino a Ben Tieb 10). Así mismo, parece, que hubo una cierta planificación de la evacuación en contra de lo que comúnmente se ha aceptado. Otra llamada a la tienda del general, allí se está disponiendo apresuradamente lo que cada unidad debe hacer y se nos da por el capitán Sabater el orden de marcha. Ante todo saldrá el convoy de heridos, todos montados; esto no ha de llamar la atención; le escoltarán algunas fuerzas. Mientras tanto habrá que hacer la aguada, pero de una sola vez, con cubas y cantimploras en cubas de las camillas. El tiempo perdido apremia y ha de terminarse el servicio antes de que las diferentes unidades vayan poniéndose en marcha. Si retrasan que salgan a su encuentro. Nuestros equipajes, toda la impedimenta, quedarán abandonados; los víveres, los enseres para la confección de las comidas, lo mismo. Sólo hemos de llevar las cajas de municiones que buenamente se pueda, pues hay bastante ganado inutilizado 11). A las 10.30 horas, Silvestre comunicó al Alto Comisario el inicio de la retirada mediante el conocido telegrama: Después de consejo de jefes, y ante numeroso enemigo, que viene en columnas, aumentando por momentos y no contando más que con cien cartuchos por individuo, ordeno retirada sobre Izumar y Ben Tieb (...). 7


Continuaré con la crónica de Pérez Ortíz porque, además de proporcionar información fiable, y quizá poco conocida, sobre los últimos momentos de la evacuación de Annual y de la columna en retirada, fue uno de los últimos que vio a Silvestre vivo. Parece que el enemigo barrunta nuestro propósito, porque, no bien comienzan a salir los heridos por la puerta principal de la posición, cuando desde los barrancos de enfrente la enfilan eficazmente. Hay entonces necesidad de cubrirla con un través pues en ella se aglomera la gente. No me cabe duda de que muchos saben ya a que atenerse sobre el desorden que comienza a reinar. Las acémilas que pasan para recoger enfermos y heridos y se cruzan y estorban con las que van a salir, con las de artillería que esperan, con los caballos de silla, con las parejas de soldados que entran y salen llevando cubas y cantimploras, con nosotros mismos, jefes y oficiales que nos esforzamos por poner orden. Desfilan al fin, los heridos y su escolta. Detrás va la artillería de montaña, algunas ametralladoras; —las mías no sé donde han de ir por tener órdenes directas del mando— entre ambas fuerzas, unidades de infantería; después no recuerdo si alguna batería más o parque de municiones, pero sí que detrás debía yo ir con dos compañías. Las otras dos habían sido enviadas con antelación al campamento llamado de los Regulares, con orden de mantenerse en él hasta que ellos se replegasen; entonces debían bajar al camino y unirse a la columna. Tan pronto como la vanguardia de esta columna rebasa el citado campamento, empieza a recibir fuego, al que se contesta sin detenerse. Desde mi puesto, antes de emprender la marcha con mi fuerza, veo que otras a pié y muchas montadas salen de las otras posiciones y a los flancos o intercaladas, se suman a la columna. Cuando llega mi turno busco al capitán Sabater para que me dé la salida, y, como me dicen entonces que está fuera a comunicar órdenes, pido permiso al General mismo, a quien cejijunto, pero muy sereno, impasible, veo en pié, próximo a su tienda, al lado de la puerta principal del campamento. Cuando, concedida la autorización, voy en busca de mis compañías, a penas si queda fuerza ya en la posición, y, al recogerlas, formadas junto al parapeto opuesto, puedo darme cuenta de que así debe ser pues observo que varios soldados de la Policía, que supongo pertenecen a una avanzadilla, vienen apresuradamente hacia él como para entrar en el campamento. 8


El Campamento General de Annual estaba ubicado sobre tres elevaciones en el valle de Amekrán. Parte del trayecto Annual - Izumar. (foto del autor)

Aún está el General inmediato a la salida al abandonar yo la posición; de esta descendemos en columna de a cuatro y a paso ligero para buscar el contacto con la unidad que nos precede, muy adelantada ya. Al pasar una planicie crece el fuego que ha empezado a hacérsenos y mando paso ligero para cruzar este corto recorrido. Salvado, se hace alto, monto a caballo y ordeno que las compañías, sin rebasar mi altura, sigan a la desfilada en cuatro filas. Esta disposición permitirá que las filas de los flancos contesten al fuego si hubiera necesidad y hará además vulnerable la formación. Todo va bien mientras marchamos al amparo de las dos últimas posiciones del campamento. Silvan los proyectiles pero todavía no he tenido una sola baja. Encuentro varios soldados que subiendo del río, todos con cantimploras, no saben si dirigirse a las posiciones de Annual o incorporarse hacia la larga columna que hacia el desfiladero serpentea por todas partes hostilizadas. El servicio de aguada se ha ordenado tarde y no pocos de estos infelices que no han sido agredidos haciéndola, lo han sido en el camino de ella. Al pasar por el campamento de Regulares encuentro al comandante Munné que tiene al mando dos de las compañías de San Fernando allí enviadas una hora antes. Me pide nuevas instrucciones y le recuerdo que debe sostenerse mientras no se replieguen o se vayan de aquel punto los Regulares, en cuyo momento habrá de seguir con la columna en el puesto que le resulte. Como novedad le advierto que abandonamos Annual y nos retiramos a Bentieb. Más adelante el fuego que recibimos aumenta. Por diversas avenidas se ven llegar de la derecha grupos que afluyen al camino y allí, sin orden, se mezclan entre mis hombres. Y como ignoramos si se nos flanquea, si tal o cual fuerza a la izquierda, hacia el camino viejo, es Policía, tenemos que dudar y continuamos vivamente nuestra marcha, la que aún siguen las compañías en orden. Por retaguardia llegan apresuradamente más fuerzas. 9


Al estrechar el terreno, cuando empieza el desfiladero ofreciendo al paso un angosto camino en la falda de una montaña y al borde de una profunda barrancada, la acumulación de fuerzas es tal que éstas se atascan, se atropellan por pasar. Mulos, unos montados, otros con carga, en su precipitada carrera rompen y separan las filas y formaciones obligando a los que van a pie a salirse del camino, arrojándose al barranco por donde, buscando la desenfilada van ya muchos soldados. Me veo entonces sin uno solo de los míos en medio de aquel torrente de fugitivos alocados, hombres y bestias. Continuamente recibo golpes de las cargas que pasan; uno de éstos está a punto de precipitarme al abismo por el que, cada vez más hondo, van mis soldados (...) 12) . Pérez Ortíz dice en el prefacio de su crónica que el callar es también un delito en los códigos cuando por hacerlo se otorga veracidad a lo que es falso y se pretende mostrar como cierto, que confiesa que su crónica encierra toda su verdad y no consentirá que a nadie se engañe, que sucedió todo como lo dice y no fue de otra manera y que el testigo que se atreviera a decir lo contrario de lo que expone faltaría a la verdad, que refiere únicamente lo que ha visto, etc. Precisamente, parece que Pérez Ortíz no era de la «camarilla» que se ha atribuido que tenía Silvestre y, menos, uno de sus devotos. En la actualidad, parece ser que la versión más aceptada como «verosímil» sobre la muerte de Silvestre es que se «pegó un tiro» en su tienda de campaña. Esta tesis la encuentro apoyada por varios pilares. En el resumen de la Información instruida por el General Picasso 13) aparece la declaración del soldado Moreno Martín (101-102) que dice: estaba de ordenanza y cuando empezaron a salir las tropas del campamento se dirigió al sitio donde estaba el Comandante general con su Estado Mayor, fuera de la posición principal, oyendo al Comandante general denostar de cobardes a los policías que escapaban dirección a Izumar, dejando libre el frente del campamento por donde venía la harca, que cuando ya había moros dentro de aquel, llamó el general al sargento de la escolta y le dio orden de marchar a Melilla con los caballos, dirigiéndose luego con los coroneles Morales y Manella y otros oficiales hacia su tienda, saliendo el testigo con los ordenanzas del Cuartel general que llevaban de mano el caballo de aquél. Uno de los momentos en que la declaración del soldado Moreno Martín tiene cierta coincidencia con el relato de Pérez Ortíz, es cuando 10


los policías indígenas, bien si intentaban entrar en el campamento, procedentes de una avanzadilla o abandonaron el lugar asignado situado en el frente por donde «venía la harca». En algún modo puede tratarse de la misma acción y, de ser cierta, como parece, Silvestre les denostará de cobardes. Creo que es de estos momentos cuando Bastos 14) atribuye a Silvestre la frase: «Huid, huid, soldaditos, que viene el coco» que, en mi opinión, textualmente, es apócrifa. La declaración del soldado Moreno Martín, entra en cierta concordancia con el siguiente documento 15), cuya copia literal es la siguiente: Asunto: Muerte en Annual del General Fernández Silvestre. Muy Sr. Mío, De acuerdo con mi visita a Vds. de hoy y nuestra conversación telefónica reciente, tengo el gusto de confirmarle por escrito los datos que poseo acerca de la por tanto tiempo misteriosa muerte del General Fernández Silvestre en el desastre de Annual en el Rif, el año 1.921. Pero antes, y para que mi testimonio tenga su correspondiente valor, le indicaré a Vd. que mi Padre, Luciano López Ferrer, fue Cónsul de España en Tetuán de 1907 a 1913, Secretario General de la Alta Comisaría y Alto Comisario Interino en 1921-23 y por fin Alto Comisario de 1931 a 1933. Nuestra familia ha estado por consiguiente muy relacionada con Marruecos y aunque este país no sea mi especialidad, le he dedicado muchas horas de estudio y atención. En 1956 trabajé durante un año en la fábrica Standard Eléctrica de Madrid a donde me llevó mi profesión de ingeniero industrial y allí conocí al Sr. D. Manuel Las Heras que era por entonces uno de los jefes del taller de utillaje. Este señor me indicó que el y un compañero suyo eran las dos últimas personas que habían visto vivo al General Fernández Silvestre. Tomé nota de la conversación y tal como se encuentra entre mis papeles se la transcribo a Vd. El 22 de Julio de 1921 estaban en la posición de Annual, junto al General Silvestre el teniente Sr. Arias y el cabo Manuel Las Heras, ambos del batallón de Radiotelegrafía de Campaña estacionado en Melilla. Ambos habían ido a Annual a dar servicio a la estación Telefunken de carro que allí funcionaba, transportándose en una motocicleta. Cuando sonaron los primeros tiros, el General Silvestre dio 11


orden a ambos de destruir el aparato de radio y marcharse a Melilla en la motocicleta. Estos destruyeron el aparato con un hacha y montaron en la motocicleta, mientras el General entraba en su tienda. No se habían alejado cincuenta metros cuando oyeron un tiro que sonaba dentro de la tienda del General. Indudablemente este se suicidó. El teniente Arias murió en Monte Arruit. En cuanto al Sr. Las Heras, trabaja actualmente como jefe del taller de utillaje de la Compañía Standard Eléctrica de Madrid, y a él debo la relación precedente. Madrid 22 de Julio de 1976 Este es el contenido de mi nota. En cuanto al Sr. las Heras, es muy posible que viva todavía y puede Vd. en la sección de personal de la Compañía Standard hallar su dirección. Él le confirmará seguramente lo que en conversación privada me dijo hace veinte años. Esperando que estos datos puedan ser útiles en su sección de Africa, queda de Vd.. atto.y s.s. Resulta evidente que ni el soldado Moreno Martín, ni el Cabo Las Heras vieron morir a Silvestre aunque, según ellos, el primero le vio dirigirse hacia su tienda acompañado y el segundo entrar en ella y a continuación oyó un disparo que dice sonó dentro. Y esto parece coincidir que fue en los últimos momentos de la evacuación del campamento de Ceriñola durante los cuales Pérez Ortíz también vio a Silvestre cerca de la entrada y, por tanto, próximo a su tienda. Pero hay un detalle que conviene conocer: Ya parten los escalones defensivos finales. El General, que mira sin ver, sigue cosido al parapeto exponiéndose a las balas (...), les rodean sus compañeros de desventura, Morales, Manella, Hernández, Sabaté, Valcarce, Caddur Amar, que adora en él. Ínstanle a salir antes de que el enemigo advierta lo que ocurre, antes de que los exterminen (...). De improviso da una orden a su ordenanza, el soldado de Artillería Eusebio Casanova; inmediatamente, sin tardanza, llevará a Melilla el maletín guardado en la tienda; es preciso que llegue 16). Según Vivero 17), el citado maletín fue abierto ante testigos y sólo guardaba las insignias de Ayudante del Rey y una cruz. Hace esta aclaración para indicar que no era exacto que contuviera el fajín, dice que Silvestre lo llevaba puesto y desapareció con él. Si se acepta la versión de Vivero, el citado maletín lo guardaba Silvestre en su tienda. Es muy 12


probable que Moreno Martín y Las Heras vieran a Silvestre dirigirse hacia su tienda y el segundo que entrara. Pero también es posible que entrara para recoger el maletín, si es que el asunto del maletín es cierto. Desde luego los relatos parecen coincidir en el tiempo. El asunto del supuesto suicidio tiene más apoyos. Sabemos que en Melilla quedó al mando de la guarnición el Jefe de Estado Mayor, Coronel Sánchez Monje, quien envió un telegrama al Alto Comisario, cuyo original no he encontrado, pero que el General Berenguer 18) lo refiere así: A mi llegada a Tetuán, para donde salí enseguida, me dieron cuenta de un telegrama del Jefe del Estado Mayor de Melilla, participando el suicidio del General Silvestre al evacuar Annual. Ya había noticias del desastre del repliegue (...). Según Ruiz Albéniz 19), Berenguer salió a la una de la tarde del campamento de Rokba el Gozal y en seis horas llegó a Tetuán. Se encerró en su despacho con el jefe de su Gabinete Militar (Coronel Gómez Jordana), después llamó a sus ayudantes (Beigbeder, Lope, Lasquetty, Sánchez Delgado y Luis Berenguer) y les dijo: Señores, ¡esto ha sido una hecatombe!. El general Silvestre se ha suicidado... Nada se sabe de lo que ha sido de sus fuerzas y Navarro está en Dar Drius procurando salvar lo que queda (...).

Inicio de las llamadas «Cuestas de Izumar». (foto del autor) 13


No podemos saber la hora en que Sánchez Monje emitió el telegrama, pero sí que Berenguer lo recibió sobre las 19 horas. Ante lo anterior, parece que no deben existir dudas acerca del suicidio. Sin embargo, el General Navarro (segundo jefe de al Comandancia General) envió un telegrama a Berenguer 20), cuyo original tampoco he encontrado, pero que Ruiz Albéniz lo transcribe y atendiendo a lo dicho por Berenguer sobre esa obra: Me cumple declarar que cuantos documentos usted emplea para fundamentar sus razonamientos por mí eran conocidos como absolutamente ciertos y que están reproducidos fidelísimamente 21), creo que puede ser aceptado. En el citado telegrama de las 18.30 horas, emitido en Dar Drius, Navarro dice, entre otras cosas, además de que llegó a las 17.30: No tengo noticias concretas de lo ocurrido; tampoco sé a ciencia cierta paradero comandante general. Pero, ¿quién pudo llegar a Melilla entre las una y las siete de la tarde, procedente de Annual, y que dijera a Sánchez Monje que Silvestre se había suicidado? Navarro se encontró a la altura de Monte Arruit 22) con el coche que conducía el hijo de Silvestre en el cual también iba Alzugaray. Esto es sólo una posibilidad, pero si le hubieran visto morir se lo habrían dicho primero a Navarro que a Sánchez Monje. Por otro lado, en ese espacio de tiempo, sólo podrían haber llegado a Melilla aquellos que salieran de Annual en coche. Sánchez Monje prestó declaración en la Información instruida por Picasso (422-427) y en ella, en la parte que fue publicada, nada se dice acerca de la muerte de Silvestre. Cabe pensar que el mensaje que transmitió a Berenguer pudo estar basado en alguna transmisión recibida, posiblemente, de Dar Drius con información proporcionada por tropas de la columna en retirada cuya opinión generalizada parece que era la del suicidio; pero, llegado el momento de la declaración, no pudiera prestar testimonio al respecto ante la ausencia de testigos presenciales. Picasso, a pesar de la proximidad en el tiempo y elementos de que pudo disponer, y dedicando un apartado de su Instrucción de título: «Últimas noticias del Cuartel General», parece que no pudo aclarar el asunto de la muerte de Silvestre. Basándose en la declaración del Teniente de Policía Civantos (103-104 y 530) 23), se limita a decir: en los momentos que precedieron a la retirada, presintiendo —cual indica— la inmensidad de la catástrofe, 14


parecía ajeno al peligro, y situado en una de las salidas del campamento general permanecía expuesto al fuego intenso del enemigo, silencioso e insensible a cuanto le rodeaba. Lo declarado por Civantos y Moreno Martín, lo relatado por Pérez Ortiz, y lo supuestamente contado por las Heras, sólo parece verificar los momentos en que Silvestre aún estaba vivo. Si a cualquiera de los anteriores se le hubiese preguntado: ¿Usted le ha visto morir? ¿Cuál habría sido la respuesta? Entre las muchas cuestiones que surgen, una es que si Silvestre se «pegó un tiro» en su tienda en los momentos finales de la evacuación del campamento de Ceriñola, cuando aún estaban vivos todos los miembros de su Cuartel General, ordenanzas y algunos jefes de las harcas amigas, no es normal que dejaran allí su cadáver y se marcharan puesto que, cuando menos, tendrían que dar explicaciones. Resulta difícil aceptar que personas de la talla que creo que tenían Morales, Manella, Manera o Sabaté hubieran abandonado el cadáver de Silvestre en el campamento de Ceriñola. En bibliografía próxima a la época se dieron versiones como las siguientes: Ni él (refiriéndose al capitán Valcarce) ni nadie sabe cómo pereció el general; de ahí las leyendas de su muerte y las versiones de la esperanza de su vida 24). Entretanto, ¿qué es de Silvestre? Quién supone haberle salvado Caddur Amar, fidelísimo adepto suyo, quién, dice que cayó al pié de unas higueras con un balazo en el torso; éste le juzga muerto al irrumpir los rebeldes en Annual; otros juran y perjuran que feneció suicidado 25). El General Silvestre, con su Cuartel General, permaneció en Annual hasta última hora, y no se volvió a saber de él ni de los que le acompañaban; corrió primero la versión de que se había suicidado, pero ni esta ni ninguna otra de las aseveraciones que se hicieron pudieron comprobarse 26). Resulta curioso que Picasso, ni autores como Bastos, Vivero, Ruiz Albéniz o García de Herrera y García Figueras se aventuraran en afirmar. El hecho de que no fuese encontrado el cadáver del General Silvestre generó la especie de que podía estar vivo. En la prensa saltaron titulares como: ¿Vive el general Silvestre? (La Correspondencia de España, 24-11-1921). Aquí se dice que S.M. D. Alfonso XIII expresó en una conversación particular con un ayudante del general Navarro la frase: ¡Quién sabe si muy pronto veremos otra vez al pobre Silvestre! 15


Camino Annual-Ben Tieb, tramo Posición «C» - Posición de Izumar. En el barranco que vemos a la derecha del camino es donde supone el suboficial García Bernal que sucumbieron el General Silvestre y su Estado Mayor. (foto del autor)

«La sombra del General Silvestre» (A.B.C., 09-12-1921). Aquí se hace la pregunta: ¿O tiene acaso algún fundamento serio la afirmación que corre tanto de boca en boca de que Kadur Hamar lo tiene prisionero en Beni Said, y que espera tan solo este jefe moro amigo de España a que lleguen a su terreno nuestras fuerzas para entregarnóslo sano y salvo? «El teniente Coronel Sr. Cabañas afirma que el general Silvestre vive» (La Correspondencia de España, 12-12-1921). En este artículo se dice, entre otras cosas, que Silvestre se quedó muy pronto aislado de sus tropas y que un grupo de rifeños le redujo y le ató y se lo llevaron a través del campo hasta la casa de Abd el-Krim. Transcurrieron los años y las dudas acerca de que Silvestre estuviera vivo se acentuaron a través de un artículo que decía que se encontraba en 1925 ó 1926 en Tafilete con 250 soldados, que se había convertido al Islam, que tenía un harén, etc. Este artículo tuvo una réplica de González Ruano 27) que transmitió una entrevista con el conocido «Pajarito» 28) que dice: —Azerken: por España se dicen -y, a veces se creen- cosas un tanto novelescas acerca de la vida del general Silvestre «después de su muerte»... Se ha llegado a asegurar que en la actualidad, enloquecida quizá por el amor su fe de buen militar español, acaudilla una de las disidencias del Atlas contra la colonización francesa... Azerken sonríe: —Sería un anticipo del milagro de la resurrección de los muertos... Silvestre está muerto. 16


—¿Y quién se lo prueba a usted, después de todo? El «Pajarito» se lleva las manos a los ojos: —Estos ojos míos que le vieron sin vida. —¿Usted mismo? ¿Cómo fue eso? —De una manera bastante sencilla. Una muerte vulgar, que a él, ciertamente no le correspondía. Durante la retirada que los españoles iniciaron en el Rif, en la cabila de Tensaman, o mejor dicho, en sus confines, cuando el general caminaba detrás de un ejército desbandado por la sorpresa, unos rifeños dispararon sobre él. Las balas le alcanzaron la cabeza. Yo lo vi muerto cuando ordené que se enterraran a todos, lo mismo moros que cristianos 29). —¿No pudo existir una confusión? —Ninguna, lo conocía bien a Fernández Silvestre, y allí estaba, tendido en tierra, con las señales inconfundibles: los dedos rotos, el pelo crespo... Yo avanzaba en compañía del hermano de Abd-El-Krim. Se lo dije... «Mira, han matado a Silvestre». La misma prisa no me permitió descabalgar para saludar al cadáver (...). Según González Ruano, esta debe ser la auténtica historia del bravo general Silvestre, al que España le debe muchos más triunfos que derrotas. Se conoce hasta el nombre del moro que, muy de cerca, le dio muerte: Al-lal-BenMohamadi-el-Tuxani, se llama. Además del soporte anterior, en cierto modo dudoso por el personaje en cuestión, donde ya se indica que fue muerto durante la retirada, hay otros. En la misma Instrucción de Picasso está la declaración del Suboficial García Bernal (101) en la que dice: que su compañía quedó defendiendo el reducto de la posición principal de Annual al ser evacuado el campamento, hasta que, llegado el momento de efectuarlo su unidad, lo hizo él con la tercera sección formada por 14 o 15 individuos; que al llegar a la altura del Comandante general y de su Estado Mayor, constituido por los coroneles Morales y Manella, un Comandante de Intendencia y otros oficiales, quedó con su guerrilla de extrema retaguardia protegiendo al referido Cuartel General, que marchaba por un barranco pequeño que existe antes de la que fue posición «C», alcanzó al capitán del regimiento de Ceriñola don Emilio Morales, que marchaba a caballo y que algunas veces fue junto a la guerrilla; 17


a poco rato se les incorporó el coronel Manella, que le esperaba con algunos individuos que encontró en el camino que recorrió hasta llegar a su altura la guerrilla, dejando de ver al citado coronel antes de llegar a Izumar por haber entrado por un barranco e ir el testigo por la cresta del mismo. Supone el declarante que el Comandante General y su Estado Mayor debieron sucumbir en el mismo barranco por donde se internó el coronel de Caballería (Manella); este barranco quedaba a la izquierda de la guerrilla y más cerca de Izumar que de ella. Creo que al testimonio de Bernal se le debe conceder, la misma credibilidad que a los anteriormente expuestos. Según él, Silvestre llegó, al menos, hasta las proximidades de la posición «C» 30), o sea, no lejos de Izumar. Ahora bien, Bernal tampoco le vio morir. Con motivo del Expediente instruido a favor del Teniente Arce (Ceriñola nº 42) para concesión de Laureada (que no fue concedida), el Juez Instructor (Urbano Poblador) solicitó a la Sección de Operaciones de Estado Mayor de la Comandancia General los antecedentes que existían en ese Centro sobre la retirada de Annual. La respuesta quedó reflejada en un escrito 31), de fecha 11-03-1923, en el que se puede leer: (...) quedando el Comandante General el último en retirarse; empezó algo ordenada la retirada por la protección de la fuerza de la aguada, pero reforzado por fuerte contingente enemigo se desorganizó la columna rápidamente y el servicio de retirada también, con lo que aumentó la confusión, cercando los caballos del Cuartel General y matando o hiriendo a casi todo él..- Las posiciones de Izumar (...). Se conocen más datos. Gomá Orduña 32), publicó un importante trabajo, en dos volúmenes, sobre la aeronáutica militar española, en el que se puede leer: Mohamed Azerkán, conocido por «El Pajarito», ha contado verdad en lo dicho sobre la desaparición del General Silvestre, a los trece años de ocurrir. Todos los detalles de su heroica muerte fueron conocidos y comprobados por las oficinas de información de la Policía Indígena que actuaron en Melilla en la campaña de reconquista 1922-1923. En aquella época pertenecía yo a una de ellas como Oficial Destacado. Fueron varias las informaciones que envié a la Jefatura sobre este asunto; en sus archivos habrá, sin duda, una copiosa información. Sépase de una vez para siempre, pues yo lo lanzo con un grito que desearía se oyera en todos los rincones de España, que el mal traído 18


y llevado General Silvestre, a quien no conocí, murió heroicamente en Annual a la retaguardia de su columna, como dice «El Pajarito», pero sin dar un solo paso para seguirla (...). Continúa la exposición de Gomá: El General permanece ajeno a lo que le rodea. Van a salir las últimas fuerzas del campamento; ya no se puede perder un segundo, todos le instan a que monte en el caballo que tiene preparado a su inmediación; pero es inútil, les despide diciendo que de él no se ocupe nadie. El Caid Amarusen 33) no se resigna a dejarlo y, por última vez le ruega que le siga; él tira del brazo con el deseo de decidirlo; pero no cede. Al General Silvestre solo, fue herido en una mano; con ella ensangrentada hizo llamadas al agresor para que se acercara; éste que era un fakir de la cabila de Beni Tuzin, se inclinó sobre un soldado para saquearlo, y, mientras tanto, una bala certera quitó la vida del General. Así lo contaban los confidentes enviados por el citado fakir; él fue, sin duda, quien le mató. Cuenta Amarusen que cuando se alejó al galope de su caballo con los jefes del Cuartel General y los jefes moros que en último lugar abandonaron el campamento, a los pocos segundos volvió la cabeza y vio que el General estaba caído en el suelo. Poco tiempo después, más tranquila aquella zona, volvió Amarusen con su gente al campamento de Annual, con objeto de recoger el cadáver, y en la imposibilidad de efectuarlo, por el estado de descomposición en que se encontraba, lo ocultaron de Abd-El-Krim, dejándolo debajo de una alcantarilla de la carretera. En el año 1922, después de una gestión de varios meses, en el puesto de Policía Indígena de la cábila de Beni Sidel, que mandaba el Teniente anteriormente citado (Gomá), un indígena emisario del fakir de referencia, supuesto autor de la muerte de Silvestre, entregó los gemelos y la brújula que llevaba el General cuando murió, así como los cordones y fajín del Coronel Manella. Estos objetos los envió al Coronel Lasquety, jefe de Policía Indígena de Melilla, por lo que fue felicitado (...). El relato de Amarusen hace recordar el de Basallo: (...) o si los moros se lo habían llevado. Sin embargo, el cadáver referido por Basallo se encontraba en la «cuesta Intermedia». ¿Cuál es esa cuesta? ¿Es la cuesta de la efímera Intermedia «C»? García Figueras 34), afirmó doce años después de la publicación conjunta con Hernández de Herrera que: Silvestre fue muerto a la misma 19


salida de Annual cuando su espíritu estaba sin duda sobrecogido por aquella situación angustiosa (...). Expuestos los principales datos que conozco acerca de la muerte del General Silvestre, mi conclusión es que, a no ser que aparezca documentación inédita, en la actualidad, no se dispone de fuentes primarias suficientes para conocer con exactitud cómo y en qué lugar de la zona de Annual murió el General Silvestre. Durante mi visita a la región del Rif, concretamente el 21 de julio del 2001, con un grupo de investigadores de historia, fecha importante para mí por tratarse del día de la caída de Igueriben, pude «pisar» el trayecto Annual – Izumar. Uno de los atractivos de la investigación histórica es que, ciertamente, en raras ocasiones, aparecen noticias que, aunque puedan ser descabelladas, la estimulan. En un croquis de la zona que ha sido reproducido en varias publicaciones, se observa el signo convencional de un puente en el camino entre Annual e Izumar. Indudablemente no tiene por que ser la «alcantarilla» citada por Amarussen. A la vista del terreno, el camino pasa por una vaguada próxima a las cuestas de subida a «C» e Izumar. A unos doscientos metros al Sur de donde creo que podía estar ese puente según el croquis, existía una construcción, tipo morabo, donde mis acompañantes 35) me dijeron que, según los lugareños, estaba enterrado «Silvestrón», «el General de los bigotes». Sabemos que en los morabos se les daba sepultura a personajes venerados, aunque, principalmente, por aspectos relacionados con la religión; es decir, a los llamados «morabitos» o «santones». Lo curioso es que parece que nadie sabía quién era realmente «Silvestrón», pero, según me dijeron, afirmaban que estaba enterrado allí. Lo más normal era que allí no estuviera inhumado Silvestre. Sin embargo, como en una investigación no se debe descartar ninguna posibilidad, se pensó en solicitar los permisos pertinentes para obtener una muestra susceptible de ser analizada para contrastar el ADN con otra procedente de la sepultura del hijo de Silvestre que, como es sabido, descansa en el cementerio de La Almudena. Lamentablemente, no pudo ser. Al poco tiempo de nuestra visita, el morabo ha sido prácticamente destruido y, según investigadores de historia que le han visitado después de mi visita, en su interior se ha practicado un 20


gran hoyo en el que cabe «una persona de pie». No creo que sean coincidencias, puesto que el proyecto del análisis solo era conocido por contados investigadores españoles y aún no se había iniciado ninguna gestión cerca del Gobierno marroquí. Tengo noticias procedentes de fuentes fiables, que no ha sido el llamado por los lugareños «morabo de Silvestrón» el único que ha sufrido esa incomprensible profanación, han sido bastantes más los morabos saqueados. Durante la época del Protectorado, España siempre respetó este tipo de edificaciones e incluso, el mismo Silvestre mandó rehabilitar algunas que se encontraban en ruinas. ¿Quiénes pueden estar interesados en suprimir este tipo de construcciones religiosas que desde tiempos remotos forman parte de la idiosincrasia del rifeño?

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1).- INSTITUTO DE HISTORIA Y CULTURA MILITAR. Número General 1.530, Legajo 1, Carpeta 5. Documento inédito. Es un informe de Dris Ben Said (Secretario árabe de la Alta Comisaría y amigo personal de los hermanos Abd el-Krim), fechado el 13-08-1921, que consta de 16 páginas mecanografiadas donde expone los resultados de la misión encomendada cerca de los citados hermanos. 2).- BASALLO, F. Sin fecha; posible 1923: Memorias del Cautiverio por el Sargento Francisco Basallo. (Julio 1.921 a enero 1.923). Editorial Mundo Latino, pp. 37-38. 3).- Ibídem, Legajo nº 264, Carpeta 21. En este telegrama también indica que se ha colocado una posición de Compañía con dos ametralladoras en una loma que protege el camino entre Izumar y Annual. Se refiere a la posición «C»; también, que ha fallecido el Comandante Romero ( África nº 68 ) herido en el combate del día anterior. 4).- ANÓNIMO. Con toda seguridad es del Teniente Coronel PÉREZ ORTÍZ (San Fernando nº.11), posible 1923: De Annual a Monte Arruit y Dieciocho Meses de Cautiverio. Crónica de un testigo, pág.17. Se trata de una edición limitada, tal vez de tipo familiar. Por su valor documental, esta obra, muy poco conocida, ha sido calificada por investigadores de historia como una «joya». En mi opinión, es una fuente, en su mayor parte, muy fiable. 5).- Ibídem, 17-19. 6).- VIVERO, A., 1922: El Derrumbamiento. La Verdad sobre el Desastre del Rif. Madrid., pp. 157-165. 7).- PÉREZ ORTÍZ, op. cit., 17-19. 8).- VIVERO, A., op. cit. 161-162. En nota (1) a pie de página 161 dice: Muerto en la retirada, su familia pudo rescatar algunos de sus papeles y efectos; a la bondad de ella debemos las notas que aquí reproducimos y muchos pormenores de esta relación. Las notas comienzan diciendo que los asistentes a la junta de jefes fueron: Coronel Morales (Jefe de la Oficina Central de Asuntos Indígenas y de las Tropas de Policía Indígena), Coronel Manella (Jefe del Regimiento de Caballería Alcántara nº 14 y en esos momentos Jefe de la Circunscripción de Annual), Teniente Coronel Marina 22

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(Ceriñola nº 42), Teniente Coronel Pérez Ortíz (San Fernando nº. 11), Teniente Coronel Manera (Ayudante de Silvestre), Comandante Écija (Regimiento Mixto de Artillería), Comandante Alzugaray (Ingenieros, Obras), Comandante Hernández (Ayudante de Silvestre), Comandante López (Ayudante y Secretario personal de Silvestre), Capitán Sabaté (Estado Mayor), Capitán Valcarce (Ingenieros, en prácticas de Estado Mayor) y Alférez Fernández Silvestre (Regulares, hijo de Silvestre). Vivero no dice quién fue el autor de las notas; por tanto, nos han llegado como anónimas. Aún no estoy seguro de quién pudo ser el posible autor atendiendo a que fue muerto durante la retirada. Leyéndolas, en las intervenciones, sólo se citan a Morales, Manella, comandantes de Artillería (Écija) e Ingenieros (Alzugaray), Valcarce y Sabaté. No es posible saber quién pudo escribirlas y si todo lo que expone Vivero sobre estas notas es un montaje. No obstante, a esa reunión parece lógico que asistiera el jefe de las tropas de África nº 68 destacadas en Annual, Comandante Piña. 9).- Me refiero al conocido radiograma emitido desde Annual a las 05.00 horas: «Por lectura de su telegrama relativo a requisa barcos en Cádiz (...)». En el radiograma al Alto Comisario en vez de Dar Drius dice Beni Said. Esto se atribuye a un error en la transmisión ya que, como es sabido, Beni Said es una cabila asentada en la zona del Monte Mauro, circunscripción de Kandussi. 10).- PÉREZ ORTÍZ, op. cit., 20. 11).- Ibídem, 21-22. 12).- Ibídem, 22-24. 13).-DOCUMENTOS relacionados con la información instruida por el señor general de división D. Juan Picasso sobre las responsabilidades de la actuación española en Marruecos durante julio de mil novecientos veintiuno. Sin fecha. Edición probable de 1.922. Ediciones Morata. Madrid. Obra también conocida como RESUMEN DEL EXPEDIENTE PICASSO. 14).- BASTOS ANSART, F. (Comandante de Ingenieros y Diputado a Cortes), 1921: El Desastre de Annual. Melilla en Julio de 1921. Barcelona, pág. 151. 15).- INSTITUTO DE HISTORIA Y CULTURA MILITAR: Caja 1.525 / Carpeta nº. 2/


nº. 4: Es una carta mecanografiada en papel tamaño folio, sin membrete, con un estampado en tinta azul en la parte inferior izquierda que dice «Joaquín López Ferrer, Ingeniero Electrónico E.I.L., Sagasta, 31. Madrid 4 (España)». Está firmada -legible- por el anterior y dirigida a D. Eugenio de Santos Rodrigo, Comandante de Infantería, Servicio Histótrico Militar, Mártires de Alcalá 9, Madrid-8. La fecha es: Madrid, 24 de mayo de 1.976. 16).-VIVERO, op.cit., 170. 17).- Ibídem, 170, nota 2. 18).- GENERAL BERENGUER (Senador del Reino. Ex–Alto Comisario de España en Marruecos), 1923: Campañas en el Rif y Yebala. 1921–1922. Notas y Documentos de mi Diario de Operaciones. Madrid, pp., 80-81. 19).- RUIZ ALBÉNIZ V. (EL TEBIB– ARRUMI), 1922: Ecce Homo. Las Responsabilidades del Desastre. Prueba Documental y Aportes Inéditos sobre las causas del Derrumbamiento y Consecuencias de él. Madrid, pág. 386. 20).- Ibídem, 387. 21).- Ibídem, 539. Es la transcripción de una carta contestación a Ruiz Albéniz donde éste le pide a Berenguer que manifieste si hay en su libro algo amañado, desvirtuado o apócrifo. Como se puede apreciar, la respuesta de Berenguer solo hace mención a los documentos reproducidos. 22).- RODRÍGUEZ DE VIGURI Y SEOANE, L., 1924: La retirada de Annual y el asedio de Monte Arruit. Escrito en defensa del General Don Felipe Navarro y Ceballos-Escalera, Barón de Casa Davalillo, leído ante el Consejo Supremo de Guerra y Marina, reunido en Sala de Justicia. Madrid, pág. 22. DOCUMENTOS..., op.cit., 415 (declaración de Alzugaray). 23).- La declaración de Civantos ha sido atribuida erróneamente a Sabaté. 24).- BASTOS ANSART, F., op.cit., 151. 25).- VIVERO, A., op. cit., 174. 26).- HERNÁNDEZ DE HERRERA, C. y GARCÍA FIGUERAS, T., (Comandantes de Artillería Diplomados Estado Mayor), 1929: Acción de España en Marruecos. Madrid, pp. 330-331. 27).- ESPAÑA EN SUS HÉORES (Revista), 1969, Núm. 27: «Monte Arruit. Retaguardia Póstuma», pág. 842.

28).- Mohamed Azerkán era un miembro de la camarilla de Abd el-Krim. 29).- Es irrefutable que Azerkán miente en esta última frase en la parte que afecta a «los cristianos»; si es que la entrevista se produjo. Según mis investigaciones, la situación de Azerkán, en esos momentos, no le permitía dar órdenes de ese tipo; más aún, ni al mismo Abd el-Krim. 30).- La posición «C» fue establecida en la tarde del 20-07 en «loma que protege el camino entre Izumar y Annual». Era una posición de Compañía con dos ametralladoras al mando del Capitán Vallés (África nº 68 ), éste ordenó incendiar la posición y se incorporó con su Unidad a la columna en retirada. No dispongo de datos seguros para saber si esa actuación fue con o sin órdenes (a diferencia de Izumar que sí las tenía), ni tampoco si cuando el Cuartel General, con o sin Silvestre, se encontraba próximo a esa posición, su guarnición ya la había abandonado. 31).- Documento inédito. Proporcionado al autor por el reputado investigador africanista D. Santiago Luis Domínguez Llosá. 32).- GOMÁ ORDUÑA, J., 1951 (Coronel de Aviación, Diplomado de Estado Mayor e Ingeniero Aeronáutico): Historia de la Aeronáutica Española. Vol. II, pp. 81-83. 33).- Amarussen nunca llegó a ser nombrado Caid. Era el segundo jefe en importancia de la cabila de Beni Said; el primero era Kaddur Amar. Instaurada la autoridad del Jalifa, el Caid era el jefe de la cabila de su jurisdicción. El Caid era, al mismo tiempo, una especie de Delegado del Gobierno, jefe militar indígena, juez secular, recaudador de impuestos, etc. Dentro de su cabila ejercía los poderes delegados por el Jalifa pero bajo la dirección del Gran Visir, etc. El nombramiento se hacía mediante un Dahir jalifiano. Parece que Silvestre tenía dudas en proponer para Caid a Kaddur Amar o Amarussen, por los recelos que se podían producir entre ambos y se originara la división de la cabila. 34).- GARCÍA FIGUERAS, T., 1941: Marruecos (La Acción de España en el Norte de África). Madrid, pág. 178. 35).- Entre ellos, D. Santiago Luis Domínguez Llosá al que agradezco la información. 23


LAS BAJAS ESPAÑOLAS EN LA CAMPAÑA DE CARABOBO DE 1821 Salvador Fontenla Ballesta

INTRODUCCIÓN

El ejército español, abandonado a su propia suerte, fue derrotado en la Sabana de Carabobo, cercana a la ciudad de Valencia (Venezuela), el 24 de junio de 1821, poniendo fin al dominio español en aquel territorio. Las fuerzas leales a España continuaron la resistencia en grupos de guerrillas y en un pequeño contingente al mando del general Morales. Este trabajo pretende realizar una aproximación a las bajas de las fuerzas leales españolas. EL COMBATE DE ABOY

El Teniente Coronel Pereira obtuvo una victoria en la acción de Aboy, en el sitio de Rincón, el 8 de junio de 1821, a costa de las siguientes bajas: — 3º de Hostalrich: 1 muerto, 1 herido. — 1º de la Sabana de Ocumare: 1 muerto y 3 heridos. — 2º de la Sabana de Ocumare: 1 herido. — Caballería de la Sabana de Ocume: 1 herido. — 1º de Santa Lucía: 2 heridos. — Tacata: 1 muerto y 3 heridos. Resumen: 3 muertos y 11 heridos. EL COMBATE DEL CALVARIO (CARACAS)

El Teniente Coronel Pereira arroyó a las fuerzas rebeldes en la acción del Calvario (Caracas) del 23 de junio de 1821, en la que las unidades propias que participaron fueron el Batallón del Rey, Granaderos del II de Valencey, además del grueso de la División. El parte oficial informa el jefe español: por nuestra parte hubo 40 bajas entre muertos y heridos, contándose en el número de los primeros un oficial del Batallón del Rey, cuyo nombre ignoro. 25


LA BATALLA DE CARABOBO

Fuerzas propias. Los datos sobre la organización y entidad del Ejército leal son precisos y fiables por los minuciosos estadillos conservados en el Archivo General de Indias (sección de Cuba) y en el Servicio Histórico Militar. El último estadillo conservado data del 15 de junio, nueve días antes de la batalla, y da la siguiente composición del Ejército español que se batió en la Batalla de Carabobo: — El General Jefe del Ejército era el Mariscal de Campo D. Miguel de la Torre. — Estado Mayor General: Teniente Coronel D. Feliciano Montenegro y Colón. — Escuadrón del General (67 h). DIVISIÓN DE VANGUARDIA. Jefe y segundo jefe del Ejército era el general D. Francisco T. Morales. Jefe de Estado Mayor Coronel D. Juan Saint Just. — 2º Batallón de Línea de Burgos (474 h). — Batallón ligero del Infante D. Francisco de Paula (458 h). — Regimiento de caballería Lanceros del Rey (841 h); menos el 5º escuadrón, estimado en unos 60 hombres por comparación con el escuadrón de Artillería (62 h) o el del General (67 h). Quedan 781 h. Total: 1.713 hombres I DIVISIÓN. Jefe el Coronel D. Tomás García. — 1er Batallón de Línea de Valencey (639 h). — Batallón Ligero de Barbastro (299 hombres, incluida la banda, según manifestó su jefe que rectifica el estadillo de 319 individuos del 15 de junio). — Batallón Ligero de Hostalrich (286 h). — Regimiento de Caballería de Húsares de Fernando VII (315 h) Total: 1.539 hombres. 26


V DIVISIÓN. Jefe: Coronel José María Herrera. Jefe de Estado Mayor: Teniente Coronel D. Francisco de Paula Alburquerque. — Batallón Ligero del Príncipe (283 h). — Compañías sueltas de Infantería (79 h). — Regimiento de Caballería de Dragones Leales a Fernando VII (311 h). — Regimiento de Caballería Guías del General (184 h). Total: 857 hombres. ARTILLERÍA: 6º Escuadrón volante de 2 piezas (62 h). Resumen: La suma de la Infantería es de 2.518 hombres, pero el general de la Torre, en su parte oficial de la Batalla, escribe que los infantes alcanzaban los 2.466. La diferencia, de 52 hombres, debe ser consecuencia del resultado del encuentro del 19 de junio, en el que un destacamento de observación español fue deshecho, resultando muertos su jefe y 4 hombres, y el resto prisioneros; además de alguna disminución más del estadillo, similar a la del batallón Barbastro, por enfermedad o deserción. Caballería de las divisiones: 1.658 hombres. Artillería: 62 hombres. El informe oficial de Estado Mayor del Ejército español da una fuerza de 3500 hombres de las tres Divisiones que entraron en la Batalla. Sin embargo el estadillo anterior el contingente de las divisiones asciende a 4.109 hombres (1.713 + 1.539 + 857, o 1.518 infantes y 1.591 jinetes). ¿Dónde está la diferencia? Seguramente en deserciones de la Caballería, cuya tropa fue reclutada precipitadamente sobre el país y con un mes escaso de instrucción, estaba poco motivada y baja de moral, lo que explica su flojo comportamiento. El Archivo de Indias conserva una lista de 230 desertores (de todas las armas), con nombre y apellido, regimiento de origen y el día de la fuga, desde el 1 de enero al 25 de abril 1821. Es decir, que el contingente de Caballería de las divisiones se puede estimar en 1.034 hombres (3.500 hombres – 2.466 infantes) sobre 1.658, con un 38% de deserciones. Y el total de la fuerza española 3.629 soldados (3500 + 67 + 62). 27


Las bajas propias. El número de pérdidas, según el informe del general de la Torre, fueron de 2098 incluyendo muertos, heridos, prisioneros y desaparecidos, sin poder clasificar los muertos, por las circunstancias propias de la derrota. Con la siguiente distribución: Jefes: 2. / Capitanes: 43. / Subalternos: 77. Tropa: 1.278 (sargentos, cabos y soldados). El informe oficial del Estado Mayor de 21 de septiembre de 1821, firmado en Puerto Cabello, sólo entraron en esta plaza 700 hombres. La Caballería huyó casi íntegra, abandonando el campo de forma cobarde y sospechándose incluso alevosa. Dos escuadrones de Húsares se retiraron después de disparar sus carabinas y el Regimiento de Lanceros del Rey desobedeció la orden de cargar y huyó vergonzosamente. Los Regimientos de Caballería de Dragones Leales (311 h) y la mayor parte de Guías del General (184 h) llegaron a Valencia con Valencey, y desde allí tomaron la dirección de Guacará por orden superior. El estadillo total es de 3.293 hombres (2.098 + 700 + 311 + 184), el resto hasta 3.629 (336 h) debieron ser dispersos de otros escuadrones que lograron unirse y retirarse con el resto de la Caballería a Guacará. Efectivamente, de nueve jefes conocidos de Caballería, comparándolo con las bajas de jefes, al menos ocho continuaron en filas y con ellos aquellos jinetes que también se mantuvieron leales. Sirva también para confirmar el estado de fuerza del Estado Mayor del 21 de febrero. Las bajas en combate recayeron esencialmente sobre la Infantería. El general Torres y su Estado Mayor, viendo la batalla perdida, se incorporaron al Batallón de Valencey que se replegaba bajo presión, pero en orden. El batallón de Valencey sólo llegó a Puerto Cabello con 400 infantes, dado que siempre mantuvo la cohesión, el resto fueron muertos y prisioneros heridos (239 h), de los que se estima que el 40% cayeron prisioneros (incluidos heridos), y el resto muertos o dispersos El batallón de Burgos perdió la mitad de su fuerza en el combate mantenido sobre el campo de batalla (237 aproximadamente), según atestiguaron el general de la Torre y el capitán de una de sus compañías. El resto se dispersó, fue hecho prisionero y unos cuantos se unieron a Valencey. El batallón de Barbastro destrozado y rodeado por el enemigo se rindió, perdiéndose por completo (299 h). 28


Los batallones del Príncipe y de Hostalrich, después de ser duramente castigados, fueron dispersos, hechos prisioneros y unos cuantos se sumaron a Valencey. El batallón del Infante, después de ser duramente castigado, se desordenó al contramarchar y se dispersó, retirándose sus restos hacia Puerto Cabello. En resumen de Infantería y Artillería se perdieron 1828 hombres (2466 inf. + 62 art. - 700 supervivientes), mayoritariamente infantes. La Caballería tuvo unas 270 bajas (2098 – 1828), la mayoría dispersos. El camposanto de la Sabana de Carabobo. El general Bolívar ordenó, finalizada la batalla, a los tenientes Rafael Mendoza y Vicente Piedrahita que quemaran a los muertos. Cumplimentando así lo acordado en el Tratado de Regularización de la Guerra (art. 12): Los cadáveres de los que gloriosamente terminen su carrera en los campos de batalla, o en cualquier combate, choque o encuentro entre las armas de los dos Gobiernos, recibirán los últimos honores de la sepultura, o se quemarán cuando por su número, o por la premura del tiempo, no pueda hacerse lo primero. El Ejército o cuerpo vencedor será obligado a cumplir con este sagrado deber, del cual sólo por una circunstancia muy grave y singular podrá descargarse, avisándolo inmediatamente a las autoridades del territorio en que se hallen para que lo hagan. Los cadáveres que de una y otra parte se reclamen por el Gobierno o por los particulares, no podrán negarse, y se concederá la comunicación necesaria para portarlos. El campo de batalla de la Sabana de Carabobo se convirtió en el camposanto donde las cenizas de los caídos en combate se fundieron para siempre con aquella bendita tierra, por la que tanto lucharon y por la que tanto dieron. El nombre del coronel Francisco Oberto es el único que he conseguido averiguar entre los fallecidos en aquella jornada.

B I B L I O G R A F Í A BENCOMO BARRIOS, HÉCTOR. 1971. Campaña de Carabobo 1821. Caracas. NECTARIO, MARÍA. 1971. La Batalla de Carabobo. Madrid.

SANTANA, ANTONIO. 1971. La Campaña de Carabobo. Caracas. SOTO TAMAYO, CARLOS. 1967. Estado histórico militar de la Campaña de Carabobo. Caracas. 29


LA REAL Y MILITAR ORDEN DE SAN FERNANDO: RECOMPENSA AL HEROÍSMO José Luis Isabel Sánchez Coronel de Infantería. Profesor Emérito de la Academia de Infantería. Académico Numerario de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

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a Real y Militar Orden de San Fernando fue creada el 31 de agosto de 1811 para agrupar a los componentes del Ejército cuyos relevantes méritos de guerra eran reconocidos mediante la concesión de alguna de las diversas clases de Cruces que podían ser otorgadas. Fue su principal finalidad que sólo el distinguido mérito sea convenientemente premiado y que nunca pueda el favor ocupar el lugar de la justicia, algo que, como todo deseo humano, no se cumpliría en ocasiones. La Orden de San Fernando supuso una revolución en el «sistema» de recompensas hasta entonces en uso. Desde la formación de los ejércitos permanentes la concesión de recompensas para premiar las hazañas de sus componentes había dependido única y exclusivamente de la benevolencia real, sin que el que se consideraba merecedor de recibirlas pudiese basar su solicitud en reglamentación alguna. Las condecoraciones hasta entonces concedidas se habían limitado a un reducido número de medallas y escudos de distinción creados con ocasión de la comisión de un determinado hecho de armas. La ausencia de Fernando VII del suelo español permitió a las Cortes, reunidas en la Isla de León, aprobar un reglamento que, con toda seguridad, el Rey no hubiese aceptado en caso de estar presente, al creer que menoscababa su poder absoluto. De entre las principales innovaciones introducidas por la Orden de San Fernando cabe destacar: — La aparición del mencionado reglamento, en el que a través de sus 36 artículos se especificaban claramente los tipos de distinciones que se podían conceder —muy numerosas en un principio— atendiendo al número de acciones merecedoras de tal recompensa, así como los requisitos requeridos. — La exigencia de un juicio abierto contradictorio, que daría más valor a las diversas distinciones, y, sobre todo 31


Fig.1: Cruz Sencilla (izda.)

Fig.2: Cruz Laureada (dcha.)

— El que se permitiese pertenecer a esta Orden desde el más insigne general al más humilde soldado. Consecuente con su concepto del poder, Fernando VII introdujo a su regreso a España algunos cambios a través del Reglamento de 19 de enero de 1815, que dejaban traslucir claramente su talante, muy distinto al de las liberales Cortes de Cádiz. Las Cruces pasaron a concederse por real gracia y la leyenda La Patria, que figuraba en el reverso de las Cruces, se cambió por la de El Rey y la Patria. El 10 de julio de 1815 un nuevo Reglamento dejó reducidas las distinciones a tan solo siete clases, quedando claramente separados los hechos heroicos de los simplemente distinguidos, destinándose como premio a los primeros las Cruces y Placas Laureadas, mientras las Cruces y Placas Sencillas, o sin laurear, estaban destinadas a los segundos: — 5ª Clase: Gran Cruz y Placa Laureadas (generales en jefe) — 4ª Clase: Cruz de Oro y Placa Laureadas (generales y brigadieres) — 2ª Clase: Cruz de Oro Laureada (jefes y oficiales) — 3ª Clase: Cruz de Oro y Placa Sencillas (generales y brigadieres) — 1ª Clase: Cruz de Oro Sencilla (jefes y oficiales) — Cruz de Plata Laureada (clases de tropa) — Cruz de Plata Sencilla (clases de tropa). (Fig,s. 1 y 2) Se volvió a imponer el juicio contradictorio, pero sólo para la concesión de las Laureadas, que pasaron a llevar anejas una pensión; por otra parte, se permitió la permuta de cuatro Cruces Sencillas por una Laureada 32


—lo que permite comparar el valor en que se tenía cada tipo de Cruz—, autorización que se mantendría hasta 1847. El espíritu de la Orden se conservó con mejor o peor fortuna con el paso del tiempo, manteniendo la Cruz Laureada su importancia y perdiéndola la Sencilla debido a su concesión con carácter multitudinario, y en ocasiones sin ser asignada a una persona en concreto, sino en un determinado número a un Cuerpo para que fuesen distribuidas —no se sabe atendiendo a qué razones— entre sus componentes. A través del decreto de 14 de julio de 1856 se trató de devolver a la Orden el prestigio que había perdido como consecuencia de su concesión por servicios no de guerra, para lo cual se crearon nuevos modelos de condecoraciones. Si hasta entonces en la parte central de las Cruces y Placas había figurado la imagen de San Fernando, a partir de este momento quedó reservada exclusivamente para las de 3ª, 4ª y 5ª Clases, siendo sustituida en las de 1ª y 2ª por cuatro espadas unidas por el pomo formando una cruz. (Figs. 3, 4 y 5) El Reglamento de 18 de mayo de 1862 dio un nuevo impulso a la Orden, exigiendo que todas las Cruces, excepto la de 5ª Clase, precisasen de juicio contradictorio. La reglamentación de la Orden no sufrió ningún otro cambio de importancia hasta que en 1918 la Ley de Organización del Ejército supri-

Fig.4: Placa de 2ª clase

Fig.3: Placa de 1ª clase

Fig.5: Placa de 4ª y 5ª clase 33


mió las Cruces Sencillas como recompensa a las acciones distinguidas —se creó la Medalla Militar para premiar estos hechos—, conservándose solamente la Gran Cruz y la Cruz Laureada, reservándose para la Placa y Venera de la primera la imagen de San Fernando y adoptando la segunda la actual de las cuatro espadas en cruz. (Fig. 6). A los Caballeros que poseían las Cruces Sencillas de 3ª y 1ª Clase se les permitió usar el distintivo correspondiente a la Cruz Laureada, pero siguieron disfrutando la pensión asignada a aquéllas, que era la quinta parte de la de ésta. El Gobierno de la Segunda República cambió la leyenda del reverso de la Gran Cruz y Venera (El Rey y la Patria) por La Patria a sus héroes, pero durante la Guerra Civil renunció a esta recompensa, creando en 1937 la Placa Laureada de Madrid, de un valor —parece ser— similar al de la Cruz Laureada. (Fig. 7) En 1978 la Gran Cruz adoptó la misma condecoración que la Cruz Laureada, excepto en que la hoja de las espadas era de color oro en lugar de rojo, manteniéndose la imagen de San Fernando solamente en la Venera de la Gran Cruz, que pasó a llevar en su anverso como leyenda Al valor heroico, en lugar de Al mérito militar, que habían llevado las condecoraciones desde la creación de la Orden. Por último, el Reglamento de 27 de julio de 2001, además de introducir como leyenda del reverso de la Venera de la Gran Cruz la frase España a sus héroes, incorporó a la Orden como nueva recompensa la Medalla Militar. LA CORBATA Y LA LAUREADA COLECTIVA

La Orden de San Fernando no se limitó a recompensar los hechos individuales, sino también los de carácter colectivo protagonizados por los componentes de una Unidad, creando como distinción la Corbata de San Fernando, que luciría la bandera del Cuerpo merecedor de dicha recompensa 1). En el Reglamento de 5 de julio de 1920 se creó la Laureada Colectiva, que además de dar derecho a lucir una Corbata en su bandera o estandarte a las Unidades que dispusiesen de ella —Regimientos y similares—, concedió un distintivo a todos los componentes de las mismas que hubiesen intervenido en el hecho, que debería ser llevado en la manga izquierda del uniforme. (Fig. 8) 34


Durante la última guerra civil se concedió la Laureada Colectiva a muchas Unidades que no tenían derecho al uso de enseña —secciones, compañías, batallones, etc.—, lo que ha provocado que, en ocasiones, la Unidad superior tipo Regimiento, que sí dispone de ella, haya convertido de forma arbitraria dicha Laureada en Corbata y la haya incorporado a la misma. Para evitar que esto suceda se creó un Guión-enseña, en el que al lado de una Laureada bordada y del nombre de la Unidad han de figurar el hecho que mereció la recompensa y la fecha en que tuvo lugar. (Fig. 9) DATOS SOBRE LA ORDEN

2)

Entre los motivos que ocasionaron la decadencia de la Orden estuvo el uso abusivo que de ella se hizo. Como consecuencia de la ayuda prestada por el ejército del duque de Angulema a la causa de Fernando VII, este Monarca concedió a partir de 1823 más de una treintena de Grandes Cruces a los generales franceses que formaban parte del mismo, cuando en ese momento ostentaban tan valiosa condecoración solamente quince miembros del Ejército y la Armada. El número total de Grandes Cruces otorgadas desde la creación de la Orden ha sido alrededor de 260, de las que la mitad han sido ganadas por generales españoles del Arma de Infantería, habiéndose concedido treinta a Caballería, once a la Armada, diez a Artillería y tres a Ingenieros. Los Reyes de España concedieron en ocasiones la Gran Cruz a miembros de la realeza europea, siendo con ella honrados los reyes de Portugal, Dos Sicilias, Prusia e Italia, así como los de Suecia y Noruega y los Países Bajos (cuando sólo eran príncipes) y a cinco Infantes de España y uno de Portugal. Por su cooperación con España en las guerras de la Independencia y Primera Carlista recibieron la Gran Cruz los generales ingleses Wellington, Lacy y Hay, el francés Harispe y los portugueses Conde de Amarante y Barón das Antas —Lacy y Das Antas estuvieron durante la primera guerra civil al frente de las Legiones Auxiliares inglesa y portuguesa, respectivamente—. A raíz de la Guerra de Crimea, se recompensó con la Gran Cruz a los generales francés y ruso Pellisier y Gortschakoff, que habían destacado en dicha contienda. Un último caso de concesión poco ortodoxa fue el que tuvo lugar en 1936 cuando se recompensó con la Gran Cruz al Gran Visir del Protectorado de Marruecos por haber evitado el enfrentamiento entre moros y 35


Fig.6: Cruz Laureada

Fig.7: Placa Laureada de Madrid

Fig.8: Laureada Colectiva

Fig.9: Guión-enseña 36

españoles a consecuencia del bombardeo de Tetuán por la aviación republicana. Se considera que la primera Gran Cruz que se concedió lo fue a Wellington en 1812, siendo la última la impuesta en 1944 al general Queipo de Llano. Entre los Caballeros Grandes Cruces se encuentra lo más destacado del generalato español del siglo XIX: Castaños, Palafox, Villacampa, Morillo, Santocildes, Espartero, León, Narváez, Van Halen, O’Donnell, los marqueses del Duero y de la Habana, Prim, Serrano, Pavía, Pezuela, Ros de Olano, Zavala, Martínez Campos, Fernando Primo de Rivera, López Domínguez, Polavieja y otros muchos; y del XX: Marina, Miguel Primo de Rivera, Sanjurjo, Mola y Franco. Solamente dos generales han conseguido ganar dos Grandes Cruces: Fernando Primo de Rivera, por su actuación en la Tercera Guerra Carlista y en Filipinas, y Manuel Gutiérrez de la Concha, marqués del Duero, por los relevantes méritos demostrados en la Primera y Tercera Guerras Carlistas, habiendo recibido la segunda a título póstumo tras su muerte sobre el campo de batalla. (Fig. 10) El militar más veces recompensado durante el siglo XIX ha sido Manuel Gutiérrez de la Concha, que a lo largo de su vida militar recibió nada menos que nueve Cruces de San Fernando, de ellas dos Grandes Cruces, una Laureada y seis Sencillas; le siguen de cerca, con ocho Cruces, Ricardo de la Saussaye y Francisco Lersundi. En cambio, si atendemos al valor heroico, nuestros grandes héroes de entonces fueron Rafael de Cevallos-Escalera,


Fig.10: Muerte del general GutiĂŠrrez de la Concha en la batalla de Monte Muro 37


Baldomero Fernández Espartero, Ricardo de la Saussaye, Felipe Rivero y Federico Roncali, que ganaron tres Cruces Laureadas cada uno. En el siglo XX únicamente ha habido dos héroes que consiguiesen ganar la Cruz Laureada en dos ocasiones: José Enrique Varela Iglesias y Miguel Rodríguez Bescansa, pertenecientes al Arma de Infantería. La diferencia entre ambos fue que el primero de ellos llegó a lucir en su pecho las dos condecoraciones mientras el segundo murió antes de que se le concediese ninguna de ellas. Así como el nombre de Varela es conocido, Rodríguez Bescansa es uno de nuestros héroes olvidados. Ganó las dos Cruces en 1925 con un intervalo de tan sólo dos meses, siendo capitán y a la temprana edad de 25 años, concediéndosele ambas en 1931. Además, en su persona se da otro caso singular: su padre, José Rodríguez Casademunt, también fue Caballero Laureado, habiendo ganado la Cruz Laureada en 1897 en Cuba, también con el empleo de capitán. Así como la Cruz Laureada se ha prodigado muy poco, de la Cruz Sencilla se hizo en ocasiones un uso abusivo, como lo demuestra que a lo largo de los aproximadamente dos años que duró la Segunda Guerra Carlista (1847-1849), se llegaron a conceder cerca de quinientas de ellas a componentes del Arma de Infantería, número que fue superado en la Guerra de África (1859-1860), en la que durante los dieciséis meses de combate, pasaron del millar y medio las que se otorgaron a igual Arma. Basándonos en los datos obtenidos sobre el Arma de Infantería, la Cruz Laureada se ha concedido a infantes en 115 ocasiones en las Campañas de Marruecos, en 71 en la Primera Guerra Carlista, en 50 en la de Cuba y en 42 en la última Guerra Civil. Las Campañas de Marruecos no sólo destacan por el número de Cruces en ellas ganadas, sino también por las circunstancias que rodearon su concesión. De los 115 infantes Laureados, a más de la mitad —64 en total— se les concedió la Cruz a título póstumo, tras morir en la acción que mereció tal recompensa, porcentaje que aumenta al 80% si sólo tenemos en cuenta el empleo de capitán; tampoco los comandantes y tenientes coroneles se quedaron muy atrás, pues un 62,5% de los primeros y un 60% de los segundos no recibieron en vida tan valiosa recompensa. En ocasiones un mismo hecho ha merecido la concesión de un gran número de Cruces a los participantes en el mismo. Destaca la defensa del castillo de San Juan de Ulúa (Nueva España), que tuvo lugar desde que en 38


el mes de septiembre de 1821 —como consecuencia de la independencia de Nueva España— se produjo el abandono de la ciudad de Veracruz y la retirada a este Castillo. A partir de ese momento la sufrida guarnición tuvo que soportar un duro bloqueo por tierra y mar, consiguiendo resistir gracias a que en algunas ocasiones le llegaron refuerzos y víveres. La situación empeoró a partir del mes de enero de 1825, viéndose sometidos los defensores a todo tipo de penalidades, entre ellas el hambre y las enfermedades, que ocasionaron la muerte de sus dos terceras partes y les obligaron a capitular en el mes de noviembre siguiente. El comportamiento heroico de su guarnición se vio recompensado con la concesión de 36 Cruces Laureadas a los oficiales y tropa que la componían. A veces no es necesario demostrar durante tanto tiempo el valor para ingresar en la Orden de San Fernando. El 20 de febrero de 1871 la guarnición de la Torre Óptica de Colón (Cuba), compuesta por veinticinco soldados al mando del alférez Cesáreo Sánchez y del sargento José Garabito, resistió el ataque de medio millar de insurrectos, resultando muertos cuatro defensores, el alférez y doce soldados heridos y el resto contusos. (Fig. 11). No sólo se concedieron 27 Cruces Laureadas a la guarnición, sino que también fueron recompensados con igual condecoración tres paisanos que tomaron parte en la defensa. Entre la veintena de casos de paisanos recompensados con la Cruz de San Fernando recogidos como fruto de la investigación realizada por el autor, éstos son los únicos que han recibido la Laureada, pues el resto de las Cruces otorgadas fueron Sencillas. En muchas ocasiones los hechos heroicos han quedado sin recompensa oficial, aunque, eso sí, han merecido el reconocimiento de los propios compañeros. No hay documentos que refrenden la veracidad del hecho que a continuación se narra, pero si no es verdadero merecería serlo. En los primeros meses del año 1834 el general Vicente Genaro Quesada sustituyó al general Jerónimo Valdés en el mando del Ejército del Norte. Tras impedir en el mes de marzo que Zumalacárregui penetrase en Vitoria, el 22 de abril se dirigió Quesada desde esta ciudad a Pamplona, con fuerzas compuestas por dos regimientos de Infantería, el 4º Regimiento de la Guardia Real, un batallón de Provinciales, caballería y artillería. A esta columna se unió el capitán Leopoldo O’Donnell Burgues, hijo del general Enrique José O’Donnell, conde de La Bisbal, con la intención de trasladarse a Pamplona, donde pensaba contraer matrimonio. 39


Conociendo Zumalacárregui los planes de su enemigo, trató de impedirle el paso por los puertos de Ciordia y Olazagoitia, decidiendo Quesada que la vanguardia se enfrentase a los carlistas mientras el resto de las fuerzas continuaba su camino hacia Alsasua. El 4º Regimiento de la Guardia Real atacó con valentía, pero la superioridad numérica del contrario le obligó a replegarse hacia dicha población, lo que consiguió con gran esfuerzo. Cuando el combate llegaba a su fin, el capitán O’Donnell presenció cómo un alférez de la Guardia Real caía herido, por lo que se dispuso a socorrerlo en unión de otros tres alféreces y un grupo de soldados del mismo Cuerpo, siendo todos ellos apresados y fusilados poco después en Echarri-Aranaz, donde recibieron sepultura. Días más tarde soldados de la Guardia Real llegaron a Echarri-Aranaz, entraron en el cementerio y honraron a sus compañeros poniendo en el pecho de cada uno la cinta de la Orden de San Fernando. Quesada sufrió la perdida de cerca de 300 hombres, de los que 84 cayeron prisioneros, siendo muchos de ellos fusilados. El general Enrique José O’Donnell, que permanecía exiliado en Francia desde 1824 y se había acogido a la amnistía decretada por la Reina María Cristina, se encontraba en esos momentos de viaje hacia España, enterándose a su paso por Montpellier del fallecimiento de su hijo, lo que le ocasionó la muerte en esa población el 16 de mayo siguiente. Los largos años de paz transcurridos desde el último conflicto armado ha hecho que, por ley de vida, el número de Caballeros Laureados haya ido disminuyendo progresivamente, hasta quedar reducido en estos momentos a tan sólo uno, sin que la incorporación de los condecorados con la Medalla Militar suponga un gran alivio para la Orden, dada su elevada edad, pero la continuidad de la Orden de San Fernando queda garantizada a través de los Cuerpos que lucen con orgullo en sus banderas la Corbata de esta Orden casi bicentenaria, que prendiendo una sencilla Cruz en el pecho de muchos combatientes ha permitido que se conserven los nombres de nuestros héroes para que les tengamos presentes y nos sirvan de ejemplo. N

O

1).- En aquellos tiempos disponían de bandera las Unidades tipo Regimiento y Batallón, siendo estos últimos privadas de ellas en 1904. 2).- Las cifras que se ofrecen a continuación 40

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proceden de una investigación realizada por el autor sobre el Arma de Infantería, ya que no se conservan relaciones de Caballeros que han pertenecido a la Orden.


Fig.11: Defensa de la Torre Óptica de Colón

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E

l capitán de Ingenieros José de la Gándara Cividanes nació en Vigo en 1880 ingresando en la Academia de Ingenieros en agosto de 1898. Este militar y gallego, ejemplo de la elevada cualificación profesional de los miembros del Arma de Ingenieros, llego a Melilla en octubre de 1909 con el grado de teniente y agregado a la Comandancia de Obras con ocasión de los sucesos de 1909, permaneciendo en la Ciudad hasta diciembre de 1914. Su ejecutoria en Melilla merecería, por si solo, un artículo completo, pero no renunciamos a realizar una breve síntesis de los que fue su espléndido trabajo en Melilla. Su primera actividad en la Plaza norteafricana se centro en la instalación de cuatro depuradoras que surtirían de Agua potable a la ciudad e Isla de Alhucemas, la dirección de la construcción de dos puentes sobre los arroyos de Frajana y Sidi, la habilitación del Hospital de la Alcazaba y la creación de un cuartel de barracones para 1000 hombres en las inmediaciones del Zoco Fondak, todo ello simultaneado con el mando ocasional que, de forma accidental, hacia de la compañía de zapadores en plenas operaciones. Sus elevadas cualidades pronto fueron valoradas por la Junta de Arbitrios (lo que hoy llamaríamos ayuntamiento) y el 1 de febrero de 1910, ya con el empleo de capitán, tomo posesión del cargo de ingeniero de la Junta de Arbitrios. A partir de este año, y a raíz del la campaña de 1909, la ciudad de Melilla experimentaría una autentica explosión demográfica, lo que exigió una adecuada planificación del crecimiento urbanístico de la Ciudad. Entre los primeros encargos que recibió De la Gándara como ingeniero de la Junta de Arbitrios figura el trascendental anteproyecto de instalación y ensanche de Melilla, sobre el que el arquitecto Enrique Nieto y Nieto, llegado a la ciudad también en 1909, encontraría terreno abonado para levantar sus hermosos edificios modernistas que dan hoy a la Ciudad su singular belleza. Proyectó y ejecutó el alcantarillado y adoquinado de la calle General Chacel, principal avenida de Melilla que en la actualidad recibe el nombre de Juan Carlos I, además de la espectacular Plaza de España y calles General Puertas, Padre Lerchundi, Castelar, Conde de Serrallo, General Marina, O’Donell y Castillejos entre otras muchas menores. Trazó los planos y ejecutó los barrios del Real, Tesorillo, Industrial, Mantelete y Reina Victoria a los que doto de una excelente red de alcantarillado de centenares de metros, servicio indispensable del que también dotó al Barrio de Alfonso XIII (840 metros de alcantarillado). Llevó a cabo la construcción de los pontones de acceso al barrio del Hipódromo, los muros y espléndida verja que cierra el hermoso Parque Hernández, el arreglo del mercado del polígono, la construcción del deposito de cadáveres del Hospital Indígena, levantó la primera mezquita que se construyó en Melilla, amplió el cementerio, construyó varias decenas de pabellones para jefes y oficiales, 40 de ellos en la calle Málaga, el edificio para la recaudación y aforos en el Muelle, el Grupo escolar modelo, un comedor popular, y la instalación de la Capitanía General, entre otros muchos proyectos y obras menores, todo ello sin renuncia a sus responsabilidades militares en la Comandancia de Ingenieros, alguna de ellas en operaciones. La categoría de este oficial se vio reconocida por la Junta de Arbitrios que solicitó al Comandante General una recompensa «por el celo, interés e inteligencia demostrados en los cinco años de incesante trabajo como ingeniero de la Corporación». Esta recompensa llego en la humilde forma de Mención Honorífica el 19 de enero de 1915, cuando ya estaba destinado en la Comandancia de Ingenieros de su ciudad natal, Vigo. Su hoja de servicios se cierra en julio de 1931, año en el que pasa a la situación de retirado al amparo de la denominada Ley Azaña. El artífice del hermoso Mausoleo que tratamos en este artículo, y que tan excelente e ingente labor desarrollo en Melilla durante sus intensos cinco años de destino en la Ciudad, a la que tantas calles aportó, no tiene desafortunadamente ninguna dedicada, ni tampoco creemos que la Mención Honorífica recompensara suficientemente la valía de este Ingeniero militar, por ello nos hemos querido hacer eco aquí, en forma de extensa nota, de su trayectoria, como humilde reconocimiento a su labor.


PANTEÓN DE LOS HÉROES DE LAS CAMPAÑAS En el cementerio de la Purísima Concepción de Melilla Miguel Ballenilla y García de Gamarra

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elilla es una Ciudad de gran belleza y atractivo. Cuando en mis años de destino en el Tercio Gran Capitán recibía visitas de familiares y amigos, me complacía ver su asombro por las bellezas que íbamos descubriendo en el paseo por las amplias y perfectamente trazadas calles de su centro modernista o las más angostas de «Melilla la Vieja», con sus aljibes, cuevas y baluartes que la hicieron inexpugnable durante siglos. Pero si de asombro de mis invitados hablábamos, digno de ver era su expresión cuando les anunciaba que una de las jornadas la dedicaríamos a visitar el Cementerio de la Purísima Concepción. No acababan de entender como un Campo Santo podía ser objeto de visita «turística», pero a poco de cruzar su umbral comprendían los motivos y agradecían la iniciativa que profundizaba en la historia de España, de Melilla y rendía un homenaje a los que la protagonizaron entregando sus vidas. El cementerio de la Purísima Concepción, nombre de la iglesia más antigua de Melilla, fue bendecido el 1 de enero de 1892, esta situado en el barrio del Carmen, nombre que recibía un antiguo fortín de 1778 que vigilaba la «rambla del Agua», precisamente el lugar que ocupa el cementerio. Pero lo primero que llama la atención de este sacramental es su situación junto al mar. Muchas de sus parcelas no tienen otro muro que las olas rompiendo en los cortados que lo cierran por el Este. Esta situación tan singular inspiro al poeta Manuel Álvarez Ortega a llamarlo cementerio Marino. Este cementerio nació como consecuencia natural del crecimiento de la ciudad fuera de sus centenarias fronteras, sustituyendo al de San Carlos que se encontraba intramuros y hoy, tras más de cien años, encuentran reposo en su tierra más difuntos que habitantes tiene la Ciudad. Parte importante de los restos mortales que alberga el campo santo son resultado de las Campañas Militares que dejaron un doloroso cortejo de 43


Ángel que corona el Panteón

Foto reciente de la escalera de acceso al Panteón

víctimas que tanta incidencia tuvo en la historia de España de principios del Siglo XX y para cuya honra se levantaron diferentes Mausoleos Militares. Son estos y las muchas tumbas aisladas que se encuentran dispersas por el cementerio el objeto de la visita a la que invito a mis agasajados. «Margallo», «Aviación», «Regulares», «De los Héroes» son los nombres de los panteones más destacados, pero de todos ellos invito al lector a conocer el último, el que recoge los restos de los miles de héroes anónimos de la rota de Annual y al que dedico las siguientes líneas. El Panteón de los Héroes de las Campañas es el más importante de los mausoleos del cementerio melillense y surgió no, como esta muy extendido, para rendir homenaje a las víctimas en el desastre de Annual, sino como respuesta a la sensibilidad despertada en España a raíz de los tristísimos acontecimientos del Barranco del Lobo en la campaña de 1909. La primera piedra fue puesta en enero de 1911, ni más ni menos que por el Rey Alfonso XIII en su segunda visita a Melilla, la misma visita en 44


Vista actual del Ángel y la Cruz Laureada del Panteón de los Héroes

la que prometió al niño Mohamed Ben Mezián, el futuro Teniente General Mizziam, que ingresaría en la Academia Militar tras quedar impresionando por la inteligencia del joven musulmán y su vehemente deseo de ser «capitán». Los fondos con los que se levantó el Panteón procedían de la suscripción nacional abierta por la Asociación de Señoras caritativas, fundada a iniciativa de la Reina Victoria Eugenia, con el fin de atender los numerosos casos de desamparo familiar y personal entre los soldados participantes en la campaña del Rif de 1909. Parte de esos fondos se entregaron a la Comandancia General de Melilla con el fin preciso de levantar un Mausoleo donde descansaran los restos de los fallecidos en la guerra. El proyecto, iniciado el 12 de mayo de 1910, fue obra del excepcional capitán de Ingenieros José de la Gándara Cividanes, quien dirigió las obras hasta diciembre de 1914 en que por destino a la península pasó a dirigirlas el también capitán de Ingenieros Tomás Moreno Lázaro. El Mausoleo 45


fue bendecido el 8 de junio de 1915 por el Vicario Eclesiástico Miguel Acosta, presidiendo la ceremonia el General Villalba. Externamente, la sobriedad de sus líneas y la proporción de sus dimensiones hacen de esta obra funeraria un conjunto bello y armónico. Una amplia escalinata conduce a la entrada del panteón, en arco de medio punto. A izquierda y derecha se abren unas escaleras que dan acceso a sendas galerías con nichos —hoy horriblemente encaladas que estropean la armonía del conjunto— y a la parte superior del panteón, donde una estructura de piedra, que integra cuatro claraboyas que dan luz a la cripta, sirve de soporte a una gran cruz que tiene dibujada una Laureada de San Fernando. Frente a ella, un ángel alado en bronce de más de dos metros de altura sostiene en sus manos el laurel de la victoria y la palma del sacrificio. El ángel, costeado con los fondos de la suscripción «Melilla», fue realizado y fundido en Alemania por un artista de Stuttgart y colocado en 1925. La cripta del panteón es soberbia por su sobriedad. De planta circular cubierta por una bóveda, esta realizada con una piedra veteada en tonos rojizos que dan a la estancia, iluminada por las cuatro grandes claraboyas a las que hacíamos referencia anteriormente, una claridad singular, muy lejana del ambiente frío que suelen tener otras criptas de mármol o piedra blanca. Presidiendo la estancia un sobrio altar desde donde, a izquierda y derecha, se alienan en vertical dieciséis hileras de nichos cuyas lápidas recogen nombres que evocan heroísmo, entrega y patriotismo. Sirva de ejemplo la inscripción de la primera lápida a la izquierda, que reza: Restos mortales de los heroicos defensores de la posición de Igueriben que al mando del comandante de infantería D. Julio Benítez Benítez prefirieron morir a rendirse el 21 de julio de 1921, y junto a ésta lápida la de otros 22 laureados. No existe en España lugar que recoja la memoria de tanto heroísmo (ver Estela nº 2). Desde su bendición fueron trasladándose restos mortales al interior de la cripta, entre ellos las de algunos laureados en la campaña de 1909. pero no fue hasta 1929 cuando fueron trasladados los restos que había en cementerios provisionales del protectorado, concretamente el día 2 de agosto. La relación de cementerios cuyos restos fueron exhumados y trasladados a este Mausoleo podemos consultarla en el cuadro 1) que reproduce una artística lápida con los emblemas de las diferentes Armas, Cuerpos y Servicios del Ejército. 46


La Junta Municipal de Melilla dejo testimonio en el Panteón grabando en sendas placas que hay a derecha e izquierda del pasillo que da acceso a la Cripta en el interior del monumento la siguiente leyenda: Querida amorosa y reverente, los restos mortales de los héroes anónimos que dieron su vida por la PATRIA. Excma. Junta Municipal Abril 1929 Pero sin duda, el hecho que da a este mausoleo un significado singular, es el de recoger los restos mortales de la fosa en forma de cruz que se habilitó en Monte Arruit para dar tierra a las miles de víctimas del desastre de Annual, la tristemente famosa «Cruz de Monte Arruit». No describiremos aquí el desastre, del que una breve aproximación realiza el artículo de Gómez Martín en esta misma revista, pero si traeremos las líneas que describen lo que allí se encontró el jefe de la Legión —comandante Franco— el 24 de octubre de 1921, dos meses después del holocausto, cuando se ocupo la posición de Monte Arruit. Renuncio a describir el horrendo cuadro que se presenta a nuestra vista. La mayoría de los cadáveres han sido profanados o bárbaramente mutilados. Los hermanos de la Doctrina Cristiana recogen en parihuelas los momificados y esqueléticos cuerpos, y en camiones son trasladados a la enorme fosa. Algunos cadáveres parecen ser identificados, pero solo el deseo de los deudos acepta muchas veces el piadoso engaño, ¡es tan difícil identificar estos cuerpos desnudos, con las cabezas machacadas! 1 Aquella fosa, aquella Cruz, se convirtió para España en todo un símbolo, de heroísmo para unos, de acusación para otros, pero ante todo dolor y respeto para todos. Desafortunada e incomprensiblemente hoy no queda ni un humilde recuerdo. Sobre aquella fosa se recogieron en años posteriores los restos sepultados en otras posiciones que jalonaban el camino del desastre. Así recoge el periódico La Ilustración del Rif en su número 1º de 5 de septiembre de 1925 la exhumación de los restos de la posición de Drius. 47


Interior de la Cripta, al pie la lรกpida que cierra la fosa de los restos de Annual con el soneto de Goy de Silva


Entrada a la posición de Monte Arruit.

Terrible imágen del interior de la posición de Monte Arruit

En General Berenguer, Alto Comisario, ante uno de los cadáveres de Monte Arruit.

Bidones con los restos exhumados en Driuss.

Berenguer y Cavalcanti ante los restos de Monte Arruit.

Soldados recogiendo restos.

El capellán bendice cadáveres en Monte Arruit.

Recogiendo los cadáveres dispersos por el campo


TRISTES RECUERDOS DEL PASADO Incidentalmente y en el transcurso de nuestros trabajos informativos, coincidimos en Drius con el emocionante traslado de los restos, al cementerio de Monte Arruit, de aquellos bravos soldados que sucumbieron en la catástrofe del año 21. Tristemente célebre en la historia de Marruecos y cuyas cifras están impresas con lagrimas y sangre. La operación de desmantelar el cementerio duró cerca de tres horas, que transcurrieron como una pesadilla. En el cerebro y en el corazón repercutían los golpes de los picos, que al desescombrar dejaban al aire los restos, sagrados por el sacrificio, de los hombres que dieron sus vidas por la Patria en aquellos momentos de tragedia y desconcierto... En cinco bidones de hierro fueron transportados más de quinientos cadáveres bárbaramente mutilados por la traición y después por la acción del tiempo. Hoy el cementerios de Drius, desaparecido, servirá de tierra abonada, que tal vez en su día fructifique la espiga que ha de sustentar a los hijos de los que no supieron comprender a la nación protectora y mancharon sus manos y abonaron sus campos con nuestra sangre. Pero fue en 1949, próxima ya a su fin nuestra labor de protectorado, cuando se procedió al levantamiento del Cementerio de Monte Arruit. El 22 de agosto de ese año, 28 años después del desastre, Melilla acogía los restos de quienes la defendieron. Gracias a la recopilación documental que, como cronista oficial de Melilla entre los años 1921 a 52, realizó el insigne Rafael Fernández de Castro y Pedrera, y a la labor de conservación y difusión que ha realizado su hijo Francisco Fernández de Castro y Messa, tenemos puntuales datos2 de cómo se ejecuto el levantamiento, traslado y sepultura de los restos. Los trabajos se iniciaron en Marzo de 1949 por una sección del Regimiento de Zapadores nº 10 que abrió una fosa circular en el interior de la cripta del Panteón a los Héroes de las Campañas de Marruecos con un radio inicial de 5 metros y una profundidad de 1,5 metros para reducirse posteriormente a un radio de 4 metros hasta alcanzar la profundidad de 4 metros con una capacidad total de 61 metros cúbicos. Al ignorarse el volumen de restos totales, se abrió una segunda fosa en la terraza superior de la cripta, tradicionalmente denominada Patio del Ángel, con unas 51


dimensiones de 9x4x2,5 metros y 90 metros cúbicos de capacidad que finalmente no fue empleada. Obtenidos los permisos de las autoridades municipales de Melilla y eclesiásticas militares y regionales, se inicia el 5 de agosto, por una sección del mismo Regimiento, a la exhumación de los restos en Monte Arruit, contabilizándose un total de 2.996 cráneos, recogiéndose en dieciséis arcones de 1,70x0,60x0,60 realizados por la Comandancia de Fortificaciones y Obras de Melilla. Junto a los restos se encontraron objetos y efectos personales que se introdujeron en una caja de hierro junto con la relación de los mismos (cuadro 2) y, con la llave colgada al mismo, se introdujo junto a los restos en el osario abierto. El 22 de agosto de 1949, a las 10 horas, entraron en la Ciudad de Melilla los arcones sobre armones de artillería, cubiertos con banderas

Recogiendo restos para su traslado al cementerio de Monte Arruit. 52


nacionales y coronas de laurel. El cortejo era presidido por el General Jefe del Cuerpo de Ejército del Maestrazgo, Gustavo Urrutia y González. El pueblo melillense, en pleno, acompañó el paso de los restos arrojando flores hasta la entrada del cementerio. Inhumados en la fosa abierta en el interior de la Cripta, se procedió a su cierre situando en el centro de la misma una lápida con el soneto de Goy de Silva que se encontraba esculpido en un monolito en Monte Arruit, monolito que fue trasladado al Palacio Municipal y actualmente se encuentra en la Plaza de España de la Ciudad. También se instalaron en el Mausoleo las placas que dejaron algunas visitas en homenaje a los mártires de Monte Arruit. La situada en la parte superior de la puerta de entrada a la cripta corresponde a los Agregados Militares en España y tiene la siguiente inscripción: «A los héroes defensores de Monte Arruit. Los Agregados Militares de: Argentina, Chile. N. América, Francia, Inglaterra, Italia, Méjico y Portugal» Feb 1922 La instalada en lo alto del altar corresponde a la Asociación de la juventud hispano-argentina en una visita que realizó a Monte Arruit con ocasión del 8º aniversario de los sucesos: «La asociación de la juventud hispano-argentina en testimonio de admiración al heroísmo del soldado español y de sus valerosos jefes que en ‘Monte Arruit’ demostraron su abnegación y sacrificio por la Patria. 1921-12 de Agosto-1929 BUENOS AIRES El 12 de septiembre se dieron por terminados los trabajos de inhumación y el 30 del mismo mes, fuerzas del Grupo de Regulares de Caballería num. 2 procedió al derribo del mausoleo de Monte Arruit. 53


La víspera del traslado de los restos, Rafael Fernández de Castro publicó en el Telegrama del Rif la siguiente necrológica: «Pro Patria mori, eternum vivere» ANTE LOS GLORIOSOS RESTOS DE LOS HÉROES DE MONTE ARRUIT 3 Llena de emoción patriótica, pues así vibró siempre su espíritu en cuantas ocasiones lo demandaron, acudirá mañana la población de la Valerosa, Humanitaria y Muy Caritativa Ciudad de Melilla a rendir, enfervorizada, póstumo homenaje de exaltación y respeto a los sagrados restos de los heroicos defensores de Monte Arruit en 1921, soldados que, en maravilloso rasgo de disciplina y abnegación sin límites, ofrendaron resignadamente sus vidas en servicio de la Civilización y de la Patria, regando con su sangre generosa los surcos que en el país iba abriendo, tesonera, la actuación de España en Marruecos, […] […] Los gloriosos restos mortales de aquellos heroicos soldados de Monte Arruit, que sujetos al férreo cumplimiento del deber cayeron para siempre en tierras, por entonces inhóspitas, llegan aquí mañana para reposar dulcemente, por los siglos de los siglos, en esta grata y acogedora tierra de soberanía española de Melilla, crisol en que al largo de los tiempos, desde 1947, se fundieron las virtudes del soldado español de todos los siglos, exponente viril de nuestra ínclita Raza, pronta a las más audaces aventuras y a los más solemnes sacrificios, cuando pone el pensamiento en Dios y el corazón en la Patria, amor de sus amores... Mañana, lunes, 22 de agosto de 1949, bajo el tañido funeral de los bronces de las parroquias y el ronco destemplado sonar de las cornetas y tambores, el Pueblo entero de Melilla, estremecido de dolor, dominado por la profunda veneración que de antiguo siente por su abnegado ejército, formará conmovido, musitando oraciones de «réquiem» en el fúnebre cortejo que, con máxima solemnidad y respeto, ha de conducir hasta el Panteón de los Héroes de nuestro Campo Santo —tierra venerada donde se mezcló a raudales la sangre de todas las regiones y pueblos e España— los restos mortales de cientos de héroes que en fechas aciagas de 1921 se dieron fatalmente al sacrificio, resignados ante ajenos desaciertos que la historia juzgará, inexorablemente, pudiendo exclamar dolorosamente, como el vencido de Pavía en trance igualmente amargo: «¡Todo se ha perdido, menos el honor!»... 54


Cementerio de Melilla cuando se estaba construyendo el Panteón. Puede observarse el mismo sin cruz ni ángel, en la parte superior central de la foto.

Melilla abre amorosa sus brazos a estos gloriosos mártires del deber, a los que seguirá rindiendo anualmente, como a los heroicos compañeros caídos en servicio de Dios y de la Patria, el homenaje de admiración y respeto a que se hicieron acreedores, porque los pueblos que honran a sus héroes, a sus Santos y a sus mártires, se honran a sí mismos. ¡Paz y gloria eterna a los que supieron sacrificarse por la Civilización, por Dios y por España! En el recogimiento de la Cripta, tras leer los nombres de quienes entregaron heroicamente sus vidas y elevar una oración sobre la fosa que atesora los restos de los miles de hombres que, anónimamente, murieron tras tremendo suplicio, invito a mis acompañantes a depositar unas flores sobre la lápida que dice: 55


POR LOS HEROES DE LA PATRIA LA CRUZ DE MONTE ARRUIT Después de aquella cruz divina del calvario ninguna cruz mas santa que esta cruz dolorosa trazada con la tierra bendita de esta fosa donde el alma española tiene su relicario. No hay en la tierra un templo funerario de mayor emoción que esta tumba gloriosa. Conmueve mas el alma su sencillez hermosa que las regias pirámides del mundo milenario. ¿Qué ofrenda digna hay de esta cruz consagrada que no sea ni el lauro la palma ni la espada la oración ni la lagrima la rosa ni la estrella? Busquemos entre todas la corona mas bella aquella que ciñó las sienes mas divinas la del mártir del gólgota: ¡la corona de espinas! Goy de Silva

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Monolito al pie de la Cruz de Monte Arruit con el soneto de Silva (arriba izda.). Lápida que recuerda los cementerios eventuales cuyos restos, exhumados fueron traídos al Panteón de los Héroes (arriba dcha.) Vista aérea de la Cruz de Monte Arruit, tomada en 1921. Se puede observar la entrada a la posición a la izquierda de la foto. (abajo)


LA MEDALLA DE IDENTIDAD DEL EJÉRCITO ESPAÑOL

El tremendo drama del desastre de Annual y la dificultad de proceder al reconocimiento de los cadáveres recogidos en el campo, con las consiguientes repercusiones morales sobre los familiares, como bien refleja Franco en su relato de los hechos, impulsó al Gobierno para crear un sistema que facilitara la identificación de bajas, algo que ya se había implantado en los ejércitos europeos durante la I Guerra Mundial. Por el interés del documento, reproducimos integra la Real orden circular de 17 de agosto de 1921 que creaba con carácter reglamentario la «Medalla de identidad del Ejército Español», apenas unos días después de la matanza de Monte Arruit, la medida llegaba demasiado tarde. SUBSECRETARIA.- Excmo. Sr.:- Reconocida la utilidad y gran importancia que tiene, en caso de guerra, la identificación de bajas producidas en los combates, demostrado, recientemente, el resultado práctico proporcionado por el empleo de medallas de identidad, de las que estaban dotados los combatientes en la pasada guerra mundial, y llegada la ocasión de aprovechar tales enseñanzas, el Rey (q.D.g.) ha tenido a bien resolver lo siguiente: 1.º Se crea, con carácter reglamentario, la «Medalla de identidad del Ejército español», cuyas características son: Disco de aluminio, de 24 mm. de diámetro y de 2 mm. de espesor. A dos milímetros del borde, un orificio de 5 mm. de diámetro, para que por el mismo pase la cinta de suspensión. En una de las caras llevará estampado un número, cuyas cifras serán de 5 mm. de altura. 2.º Estas medallas se numerarán correlativamente del 1 al 100.000, dentro de cada una de las series precisas para dotar de ella a todo el Ejército, series que llevarán en la parte inferior del número una letra mayúscula de iguales dimensiones que las cifras, empezando por la A. 3.º Se llevará en bandolera sobre la carne, de modo que quede a un costado. 4.º Por la Fábrica nacional de armas blancas de Toledo se construirán las precisas para las necesidades actuales del Ejército, remitiéndose por lotes sucesivos a las Comandancias generales de Melilla, Ceuta y Larache. Una vez dotado el ejército de África, se hará la propio con el de la Península, remitiéndolas a los correspondientes Capitanes generales. 5.º Cada Capitanía o Comandancia general, una vez recibido el lote correspondiente, lo distribuirá por cuerpos, anotando en las correspondientes filiaciones el número de la medalla que a cada uno corresponda. De real orden lo digo a V.E. para su conocimiento y demás efectos.- Dios guarde a V.E. muchos años.- Madrid 17 de agosto de 1921.- Cierva.- Señor...


Acceso al Panteón. Puede obsrvarse el blanqueado de las galerías a izquierda y derecha, oculando la piedra natural parte del conjunto.

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1) FRANCO BAHAMONDE, Francisco, Marruecos: Diario de una Bandera, Pueyo, Madrid, 1922. Respecto a la labor desarrollada por los hermanos de la Doctrina Cristiana, fuentes citadas por Juan Pando en su obra Historia secreta de Annual (Pág. 305) alegan que los citados religiosos solo acudieron a sacarse la foto y que la labor fue desarrollada principalmente por soldados y colaboraron algunos religiosos capuchinos. Es posible que el recuerdo del comandante Franco se asiente sobre documentos fotográficos, de los que algunos reproducimos en esta revista. Respecto a la identificación de cadáveres ver recuadro al final del artículo. 2) Los datos están extraídos del Acta de la

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Comisión encargada del traslado de los restos presidida por el coronel Jefe de Ingenieros del X Cuerpo de Ejército Gregorio Acosta Nieto, de fecha 4 de octubre de 1949. Este documento es parte del archivo de Rafael Fernández de Castro y Pedrera y fue publicado por su hijo Francisco Fernández de Castro en el suplemento La Voz del diario Melilla Hoy de fecha 10 de noviembre de 1996 y nuevamente el 29 de agosto de 1999 con ocasión del cincuentenario del traslado de los restos. Agradezco al Presidente de la Asociación de Estudios Melillenses, José Luis Blasco López, atendiera mi petición de remitirme copia de los mismos. 3) El Telegrama del Rif. 21 de agosto de 1949.

B I B L I O G R A F Í A CANO MARTÍN, José Antonio, Historia de Melilla a través de sus calles y barrios, Asociación de Estudios Melillenses, Melilla 1997. FRANCO BAHAMONDE, Francisco, Marruecos: Diario de una Bandera, Pueyo, Madrid, 1922. MIR BERLANGA, Francisco, Con el viento de la historia, Edición del Autor, Melilla, 1993. PANDO DESPIERTO, Juan, Historia secreta de Annual, Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 1999.

SARO GANDARILLAS, Francisco, Estudios Melillenses. Notas sobre urbanismo, historia y sociedad en Melilla, Ciudad Autónoma de Melilla, Melilla 1996 COLECCIÓN LEGISLATIVA DEL EJERCITO 1921. EL TELEGRAMA DEL RIF (Diario) MELILLA HOY (Diario) HOJA DE SERVICIOS DE JOSÉ DE LA GÁNDARA Y CIVIDANES. 59


CUADRO 1

A LOS HEROES DE LAS CAMPAÑAS RELACION DE LOS CEMENTERIOS EVENTUALES DE LOS QUE FUERON EXHUMADOS LOS RESTOS MORTALES ENTERRADOS EN ESTE PANTEON

*HARDÚ *CASABONA *TAHUIMA *TAURIAT-ZAC *TAURIATbBUCHIT *TUMIAT*NORTE *ATLATEN *PROXIMIDADES *SAN JUAN*DE LAS MINAS *ZOCO EL HACH *HUERTA S.E. *TIZZA *YAZANEN *TIFASOR *XAMAR *2ª CASETA *SIDI HAMED *SIDI MUSA *SIDI ALI *ZAIO

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*KADOUR *IZHAFEN *RAS MEDUA *TAURIAT*HAMED *ZOCO EL ARBAA *RESTINGA *HARCHA ALTO *YA DUMEN *3ª CASETA *CABO AGUA *AIT CAMARA *IGUERIBEN *TUGUNTZ *YEBEL BEN*HIDUR *SIDI HOSAIN*(AFRAU) *FARNA *AXDIR AZÚS *MON MIMUNS *UGUAL *AFSÓ

*ANNUAL *BUERMANA *BUHAFORA *TELATZA DE*ESLEF *QUEBDANI *TISINGAR *TIMAYAST *TAR-SAF *KADUSSI *SIDI MESAUD *YEBEL UDIA *POSICIÓN B. *DAR BUSADA *REYEN *BOQUETE*ESLEF *TIZI ALMA *LOMA ROJA *ZOCO T’LATA*BU BEKER *TASARUT U*CHAIB


CUADRO 2 Relación de efectos depositados en un cofre junto a los restos

1 Reloj de bolsillo de plata 2 Tapa de reloj de bolsillo. 2 Alianzas de oro. 5 Fundas de oro de molares. 1 Fundas de oro de dientes. 9 Gemelos de camisa. 1 Pisa corbatas. 2 Medallas de plata. 3 Monedas de plata de 5 pesetas. 1 Moneda de plata de 2 pesetas. 6 Monedas de plata de 1 peseta. 1,20 pesetas en monedas de cobre. 2 Chapas de cinto del 68. 3 Chapas de cinto del 11. 1 Chapa de cinto del 59. 4 Chapas de cinto de Artillería. 1 Chapa de cinto de Ingenieros. 1 Chapa de cinto de Intendencia. 12 Hebillas de tirantes de correajes. 1 Trozo de galón de Sargento. 13 Trozos de tela pequeños. 35 Vainas de fusil. 6 Balines. 1 Cuchara de tropa. 1 Trozo de tijera. 1 Cristal de espejo. 3 Trozos de metralla. 1 Lápiz. 1 Ampolla de vidrio.

32 Castillos de emblema de Ingenieros. 60 Bombas emblemas de Artillería. 63 Números sueltos de emblemas con el 4. 38 Números sueltos de emblemas con el 5. 150 Números sueltos de emblemas con el 6. 98 Números sueltos de emblemas con el 8. 40 Números sueltos de emblemas con el 2. 272 Números sueltos de emblemas con el 1. 4 Emblemas de Caballería. 1 Emblema de Intendencia. 1 Emblema del 59. 1 Emblema del 18. 50 Botones de guerrera. 67 Botones de prendas interiores. 1 Chapa con el número 1l5 4 Emblemas sin identificar. 120 Trocotones de varios emblemas. 24 Hebillas de pantalón. 7 Hebillas de cinturones. 4 Trocitos de mecha rápida 6 Letras de D.R.M.N.U.X

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¿QUÉ ES ISTOLACIO? Una fundación independiente y libre. Ha nacido para servir a la paz, a través del conocimiento y respeto hacia los caídos en combate de todos los credos, ideologías, lugares y épocas. Adoptamos el nombre de ISTOLACIO por ser el primer guerrero hispánico, de nombre conocido, del que se tenga noticias históricas, muerto en combate contra los cartagineses en defensa de la Independencia.

CARACTERÍSTICAS. Istolacio es una Fundación Cultural, sin interés lucrativo, reconocida por el Estado Español, de acuerdo con la Ley 30/1994, de 24 de noviembre, de Fundaciones y de Incentivos Fiscales a la Participación Privada en Actividades de Interés General (BOE 25 – 11 – 95). Está obligada a la rendición anual de cuentas, y los cargos del Patronato son remunerados. Los particulares pueden desgravar el 20% de sus aportaciones y las empresas y sociedades deducir en la determinación de la base imponible, hasta el 100%.

FINES INSTITUCIONALES. - Fomentar la conservación, vigilancia y ornato de los cementerios o tumbas de combatientes españoles o bajo Bandera de España, caídos en lucha, sin distinción de época, lugar, credo ni ideología. - Confeccionar y actualizar el catálogo de estas tumbas y cementerios. - Realizar y fomentar las investigaciones históricas sobre los citados cementerios o tumbas y sus protagonistas. - Promocionar y realizar publicaciones o actividades científicas, educativas y culturales, especialmente aquéllas que sirvan para difundir el conocimiento y respeto hacia los muertos en combate.

CONSEJEROS. Pueden ser personas físicas (particulares) o las personas jurídicas (sociedades y organismos públicos o privados) que sean aceptadas por la Fundación. Hay tres modalidades: - Honorífico: A propuesta del Patronato. Es compatible con las otras dos modalidades. - De número: Tiene una vigencia anual. - Permanente: Tiene vigencia indefinida.


ACTIVIDADES - Asamblea anual de Patronos. - Edición revista ESTELA nº 5. - Base de datos ISTOLACIO, con más de 3000 registros. Continuación de trabajos de recopilacion de nombres y datos personales de los caídos en combate. - «Proyecto Adan». Estudio de viabilidad para la creación de una base de datos ADN para facilitar la identificación de los restos de los caídos en acción. - Con relación a los fines institucionales sobre actividades docentes, en el curso 2000-2002 se han mantenido en funcionamiento, por contrato con la Región Militar Centro: 17 centros, 306 alumnos de Graduado Escolar, y un rendimiento del 57% de aprobados sobre alumnos presentados a las convocatorias oficiales de las Administraciones Educativas correspondientes. - Elaboración de informe sobre cementerios militares.

INDICES. REVISTA NÚM. 1. Año 1997.

-Editorial. -La lucha por el cuerpo caído en la Ilíada. -Cementerios y tumbas de campaña. -El cementerio musulmán de Talavera de la Reina. -Tumbas de soldados extranjeros en España. REVISTA NÚM. 2. AÑO 1998.

-Editorial. -Caballeros Legionarios caídos en la Campaña de Marruecos y sepultados en el Cementerio de la Purísima Concepciónde Melilla. Miguel Ballenilla y García de Gamarra. REVISTA NÚM. 3. AÑO 1999.

-Editorial. -Caballeros laureados de San Fernando caídos en la Zona Oriental, durante las Campañas de Marruecos. Miguel Ballenilla y García de Gamarra. -Noticiario -Reseña Bibliográfica. REVISTA NÚM. 4. AÑO 2002. FUNDACIÓN CULTURAL ISTOLACIO Navas del Rey nº 51 - 28011 MADRID Teléfono: 915 090 696 - www.istolacio.org


CONSEJERO DE LA FUNDACION CULTURAL ISTOLACIO (No es necesario cumplimentar los datos. Ver notas a pie de página)

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Señalar con un aspa lo que proceda: Adjunta resguardo transferencia de € a la cuenta corriente nº 0075 0294 49 0600415895. B. POPULAR, Pº Extremadura, 101. 28011- Madrid. Acompaña fotocopia de D.N.I. Adjunta dos fotografías recientes, tamaño carnet, firmadas al dorso. Autoriza a que su nombre y apellidos, cuando proceda y como Consejero de la Fundación, sean esculpidos o grabados de la manera que determine la Fundación, en los monumentos que ésta restaure u obras que realice. Desea colaborar en actividades de la Fundación. Especificar: .............................. ................................................................................................................................................... ...........................................................................................................................………………

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Estela 4. Año 2002