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Sonó el timbre y ella fue a abrir la puerta. Era su marido. —¡Ayyyy!, gritó ella - ¡pero si tú estás muerto! No se lo podía creer, sentía felicidad en su cuerpo, pero a la vez miedo. No entendía cómo era posible que el cuerpo difunto de su marido estuviese allí, sentado en un viejo sillón en su salón, mirándola con unos ojos oscuros y tristes. Se acercó lentamente… mientras que él se mantenía inmóvil mirándola. Le dio su mano y él se la apretó bien fuerte, hasta que habló… —¿ Qué tal te va todo? —dijo su marido—. Te extrañé todo este tiempo… —Yo estoy muy mal desde que te fuiste, sin ti me siento sola en este mundo—contestó ella. Mantuvieron una conversación emocionante durante una hora, hasta que, de repente, el cuerpo de su marido se desvaneció ante sus ojos, y ella también.

Apareció en su pequeña cama. Se dio cuenta de que era un sueño, aunque le pareció una conversación real y muy satisfactoria. Disfrutó mucho, sintió como si su marido hubiese estado con ella de nuevo. Martín Blanco Landa13 3ºB ESO

Sonó el timbre y ella fue a abrir la puerta. Era su marido. —¡Ayyyy!, gritó ella - ¡pero si tú estás muerto! —Tranquila, tranquila, sólo vengo a por la tarjeta de crédito. Adrián Oubiña Esperón 4ºC ESO

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