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CATORCE ISRAEL ENCALADA


Conversaci贸n entre dos amigos que nunca existieron, bajo un 谩rbol que nunca hubo, sobre la persona que nunca lleg贸. Dedicada para quienes nunca lo leyeron.

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Una tarde de verano. Sombras marcadas. Calle solitaria. Vecinos inmiscuidos en sus asuntos. Un grupo de adolescentes tocando el cover en la azotea de alguno de ellos de “Cuando Amas” de Jhovan Tomasevich. “Yo no sé… cuánto me amas, sólo sé que quiero ser yo el dueño de tu mirada…”. Dos amigos sentados conversando. Temas que van y vienen, así como soplos de aire para refrescar aquella conversación que entra a terrenos cálidos, y no exactamente por la estación. — … Pero la sociedad consumista se ha apoderado hasta del amor. Es efímero, reciclable, empaquetable, vendible. Se maquilla y se viste de sus mejores virtudes para que en un abrir y cerrar de ojos sea utilizado sin importar el tiempo que tomó construirlo, sin importar la fecha de caducidad porque se sabe que pronto se tendrá otro nuevo. Fíjate en todo lo que crees bello e inspirador. La rosa más roja y bella algún día perecerá. La pintura sobre el lienzo más fino se opacará. La estrella más brillante dejará de brillar. El poema más bello jamás escrito será desintegrado, transgredido y alterado para hacerse con la autoría de otro. — Esboza una sonrisa tímida tratando de ocultar su amar consumista, que lo compra y lo presta, mejor dicho lo toma prestado muy a menudo, lo cual su amigo lo sabe —. Mírame a mí y a todos los demás. Acaso esperamos a que venga la indicada, simplemente probamos, y en ello encontramos el gusto. No sabemos si durará un día, una semana, un mes, un año, o toda la vida. Si llega, llegó, si no; aún quedan miles de mujeres por todo el mundo ¿No? Quizás

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más tarde en el trabajo me encuentre con una gringa que esté buscando su príncipe azul, y yo como por arte de magia me convertiré en el príncipe de los pitufos. — Se hecha hacía atrás por las fuertes carcajadas, dándole con su mano un pequeño golpe en el hombro a su amigo. Una chica de unos 18 años, muy apropiada de su modernidad, de su moda, de la moda. Con su leggings negro, unas Converse rojas, chaqueta de jean un poco holgada, un gancho con forma de flor sujetando su cabello amarrado, cartera blanca de cuerina pequeña, de donde sale el cable de sus audífonos Skull Candy, va por la calle de los más tranquila. Camina con paciencia y alegría, flotando en cada paso que da, un rostro digno de una persona que tiene “mariposas en el estómago”. Avanza y en sus audífonos suena “Let her go” de Passenger, quizás sin saber el significado de la letra, sin saber que ella es el sueño de la canción. — Esa es tu forma de ver al amor, para ti, para muchos quizás; pero para mí, el amor es un sustantivo complejo, que cuando invade y penetra el alma de uno, se convierte en verbo, y si lo hace en dos seres, es una bendición. Tortura para quien ama sin ser amado y bendición para quien ama y es retribuido de la misma manera. — Se toma una pausa. Ve una hoja caer del árbol, aquel que ha escuchado tantas historias como hojas tenidas desde que fue plantado. Continúa con una leve sonrisa de alguien quien lo último que pierde son las esperanzas —. La rosa más roja y bella perecerá; pero habrá pasado de una

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mano a otra en algún aniversario que pronto se convirtió en un “Hasta que la muerte nos separe” y el rojo perdido de sus pétalos sea transferido a aquellos labios que dieron el “sí, acepto”, o a aquellas mejillas que se hinchan mientras se esboza una sonrisa dejando ver los dientes de su primer hijo. La estrella más brillante dejará de brillar… y se enfriará, se convertirá en un agujero negro o se desintegrará y formará parte de otras estrellas, o sus restos divagarán por el universo; pero, ¿Cuándo brillaba en la noche más despejada, acaso no fue testigo de innumerable besos en parques, playas, azoteas, portales, ventanas entreabiertas? Fue guía de amantes perdidos en noches de oscuridad entre tropiezo, sudor y sábanas. Fue inspiración de canciones que muchos dedicaron. Fue la esperanza para aquellos que buscaban a una estrella caer del cielo y que sean fulminados con su resplandor. La pintura sobre el lienzo más fino se opacará; pero una obra de arte con el tiempo aumenta su valor y quien sabe, sobre aquel lienzo se encuentra el rostro, el cuerpo desnudo de alguna bella mujer que posó para un hábil artista que se habrá enamorado de su sonrisa, de sus líneas, de su forma, y por un instante eso habrá sido amor. Quizás simplemente fue una mujer que aparecía entre sus sueños y que decidió plasmarla porque sabía que esa era su única forma de tenerla cerca, de observarla, de sentir su presencia, de amarla. Y en cuanto al poema más bello jamás escrito… tendrás razón. Se desintegrará, porque estará sobre un papel, será transgredido y

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alterado porque muchos querrán tomarlo de base o hacerse de su autoría; pero el poema es sólo la expresión, el manifiesto; en cambio, la poesía que es el sentimiento, perdurará por siempre en el corazón de quien la escribió, cada palabra que fue escrita tal vez la habrá encontrado en días de júbilo y noches de nostalgia perdido en su mundo, con la esperanza de perderse con alguien más en ese mundo tan perfecto o imperfecto, como lo quiera él o su compañera de letras. Acaso todo eso no es amor. En cada cosa que hagas y se sienta que el cuerpo se disgrega en pequeños átomos para ser transformado en cualquier cosa. Que no hay palabras que encontrar para lo que se siente. Que no hay corazón ni razón, sólo instinto e impulso. Que el tiempo se detiene. La calle por un instante conspiró con las palabras del muchacho. La calle se volvió más serena que nunca. Una bandada de palomas pasa sobre los techos de las casas del vecindario, moviendo las prendas tendidas, interrumpiendo la calma que por unos segundos reinó en el lugar. — ¡Vaya! ¡Y todo eso! Cómo puedes suponer todo eso si hasta ahora yo ni nadie te ha visto salir con alguien, ni una enamoradita ni nada. ¡Tu definición de amor por lo tanto queda sin sustento! — Ríe con gracia mientras una de sus risas contagia a su amigo, que la imita por compromiso y por algo de verdad.

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La chica está en la esquina de la calle, sentada en un lado de la berma, esperando al dueño sus mariposas. “She's the one” de Robbie Williams suena en sus audífonos. “I was her she was me. We were one we were free. And if there's somebody calling me on. She's the one. If there's somebody calling me on. She's the one...” - Para amar no es necesario buscarlo en distintas mujeres. — Da una mirada fija enarcando las cejas a su amigo, como diciéndole “Este es tu caso ¡Eh!”. — Mientras escucho una canción, leo un libro o veo una película, me apodera de su historia. Me pongo en escena y dejo que la propia historia me guie hasta su final, algunas veces dulce como el primer chocolate que probamos cuando somos niños y moldeamos la más bellas sonrisa con ganas de más; en otros casos salado, como el sabor de lágrimas que se deslizan sin retorno así como los recuerdos, suavemente, hasta llegar a nuestros labios; o cuando caemos bruscamente de improvisto sobre la tierra haciéndonos saborearla, con la idea de que todo es un mal sueño… Además. — Entrecierra los ojos, encoge los hombros mostrándose despreocupado. — Tú qué sabes, de repente si estoy enamorado. - ¡Nooo! ¡De veras! ¿Quién es? ¿Es de tu universidad? ¿Tiene amigas buenotas? - Ja, ja, ja. ¡Qué hablas! He dicho que estoy enamorado, no que tenga enamorada. Son cosas muy distintas. - ¡Entonces estás siendo torturado! - ¿Qué?

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- ¡Torturado! No me habías dicho que cuando uno ama sin ser amado es tortura; pues es tu caso entonces. Estás enamorado pero seguro no eres correspondido. ¡Con qué era eso! — Lleva su mano hacia su barbilla rascándosela como si estuviera pensando la situación; pero no se puede contener la risa y las empieza a soltar —. Ya dime quién es. - Ja, ja, ja. Tú y tus suposiciones. Si la conocieras… ellas es tan… — Suena el celular de su amigo. Este lo saca y responde. “Cómo un pequeño aparato ha podido salvarme de tremenda explicación.” Se dice para sí mismo. Cómo explicarle a su amigo, el cual es todo un Don Juan, un galán enamorador de telenovelas mexicanas, que un hombre, su mejor amigo, el que dijo que nunca se iba a enamorar, puede sufrir por amor. Que el amor que siente por alguien quien, creía que era la estrella caída para iluminar y colorear su alma vacía, no le es correspondido, que una mujer que apareció tan intempestivamente, haga sufrir a uno de los más valientes del grupo, a aquel que siempre tenía y transmitía seguridad a los demás para todo lo que hacía, sin importar el fracaso, aquel que no esperaba nada de nadie porque una vez le paso lo mismo, sólo que sin experiencia; pero con el mismo resultado. “Una raya más al tigre” se decía. - Sí… Ahora voy… ¿Alguien ha llevado pelota?... Está bien. Nos Vemos. — Guarda rápido el celular en el bolsillo con cierre de su short deportivo mientras se pone de pie girando el tronco de lado a

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lado, calentando para el partido. — ¡Oye! Vamos a jugar con los de la otra cuadra. ¿Vienes? - Nada. Con todo lo que hemos hablado me he cansado. — Saca su lengua y mantiene su boca abierta, echa su cabeza hacia atrás y cierra los ojos aparentando estar agotado. - Ja, ja, ja. De acuerdo, de acuerdo. Pero al menos siéntate en las tribunas para que veas como les damos su paliza. — Lo dice mientras se mueve como si pasara entre dos jugadores haciendo la cucharita — .Además va a ir mi nueva flaquita a verme. Vas a ver que está mejor que la anterior. - Ja, ja, ja. Tú no cambias. ¡Okey! ¡Vamos! pero antes voy a ponerme zapatilla. ¡Anda avanzando yo te alcanzo! Se pone de pie sobre el pequeño muro donde estaban sentados, que rodea el jardín exterior de sus casa. Se acerca a su puerta. Saca una llave. Abre la puerta. Pasa por su patio. Sube las escaleras. Abre la segunda puerta. Se dirige a su cuarto. Escucha la música que reproduce su celular que dejó sobre su cama. “James Morrison - If You don't Wanna Love Me”. Busca sus zapatillas. Observa el libro que dejo antes que su amigo lo buscara para salir. “La Mecánica del Corazón”. Abre lo más que puede la cortina y la ventana, dejando entrar toda la luz del sol que cae al lado de donde se encuentra, haciendo brillar algunos cuadros con dibujos a colores, a lápiz, a temperas, acuarelas; otros con algunas fotos que detienen momentos pasados. Se sienta sobre su cama. Agarra su celular. Busca la canción. “British India - I Can Make You Love Me”. Se coloca sus audífonos. Se

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acomoda en el respaldar de su cama. “En un rato lo alcanzo. Sólo termino este capítulo y voy” se dice mientras reproduce la canción y se pone a imaginar, a apropiarse de otra historia más, a retomar el rol del protagonista sin saber el final que le espera. “-Te quiero al bies porque soy un perturbado del corazón de nacimiento. Los médicos me prohibieron formalmente enamorarme, mi corazón-reloj es demasiado frágil para resistirlo. Y sin embargo he puesto mi vida en tus manos, porque, más allá del sueño, me has dado una dosis de amor tan fuerte que me he sentido capaz de enfrentarlo todo por ti.”

Su amigo avanza, caminando por la pista, sin autos, sin niños jugando, sin preocupaciones, con la idea de meter tantos goles como le sea posible para lucirse frente a su nueva conquista. “A esta si no la dejo. Ya se acerca San Valentín y no me pueden ver solo. Además… ¡Está buena!” se dice mientras acelera el paso y empieza a trotar en dirección al partido por ganar, a sus amigos que lo esperan, a su nueva conquista, a su nueva prueba. Quién sabe. Pone “It´s my life” versión acústica de Bon Jovi en su celular a todo volumen, tarareándola al ritmo de su trote. En la esquina de aquella calle, la chica, que sigue sentada en la berma, recibe un mensaje. Agarra su Smartphone. Desliza su dedo sobre la pantalla táctil. Lo lee. Se quita los audífonos para luego desconectarlos de su celular y guardarlos en su cartera, haciendo que la música se escuche ahora por los altavoces. Termina

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“Hey love” de Jason Mraz para continuar con “Mr. Curiosity” también del mismo cantante. “Hey Mr. Curiosity, Is it true what they've been saying about you. Are you killing me? You took care of the cat already...”. Ahora ella está sin audífonos y sin mariposas que controlasen la sonrisa que antes estaba dibujado en su rostro. Se para. Se limpia el pantalón y con ello también el tiempo perdido. Se limpia la única pequeña lágrima que se resistió a brotar. Regresa por la misma vereda por la que vino. Dirección opuesta a la que toma el joven de ropa deportiva que se va perdiendo al final de la calle. En una de las paredes se ve escrito con spray negro. “Espantoso juego del amor, en el cual es preciso que uno de ambos jugadores pierda el gobierno de sí mismo. Charles Baudelaire”.

Una calle. Tres personas, historias y direcciones distintas. Dos amigos con ideologías opuestas rumbo a un partido. Una chica rumbo a quien sabe dónde. Pero una respuesta todavía por descifrar en la vida de cada uno. Aún no saben que es el amor.

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