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Índice Introducción

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La situación laboral

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El devenir de la nueva moneda El capitalismo abre sus puertas El nuevo estado del bienestar

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Ingo Schulze: Un estilo de detalles Datos biográficos El relato breve

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Conclusión

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Bibliografía

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Ismael Tenorio Un nuevo comienzo

en la antigua Alemania del Este


Introducción Desde la caída del muro, el 9 de noviembre 1989, hasta la unificación alemana el 3 de octubre de 1990, transcurrieron tan sólo once meses. Periodo en el que se produjeron frenéticos acontencimientos y que estuvieron sobre todo marcado por el cambio que exigía un nuevo régimen político y social. Este cambio, más radical sin duda en la parte de Oriente, en la que todo lo que se había aprendido hasta ese momento, no era necesario para salir adelante en el día a día, se ve reflejado en el relato de Ingo Schulze en forma de decepción, tragedia, desorientación, ilusión, desamparos, pero en ningún caso en forma de felicidad. Con el objetivo de reflejar los acontecimientos propulsores de estos sentimientos y que ha escrito tantas páginas en la literatura alemana, mostraremos el efecto que causó el desmoronamiento del sistema comunista en la vida cotidiana de los ciudadanos de la ex RDA. Por ello, analizaremos la vida laboral de los personajes, así como la entrada del capitalismo con la nueva moneda procedente de Occidente, además de dedicar una especial atención al estilo que Schulze a elegido para escribir su excepcional relato “Simple Storys”.


La situación laboral

El cambio infraestructural de la sociedad alemana tras la unificación, hizo que los ciudadanos de la extinta RDA tuvieran que realizar un esfuerzo para poder salvaguardar su situación económica. Ello implicaba participar de forma activa en el nuevo sistema laboral.

El mismo Martin, al final del relato de Schulze, debido a su precaria situación económica, acabará trabajando en una campaña publicitaria de una cadena de restaurante de pescado en el que para desempeñar su función, tendrá que vestirse incluso de rana.

El nuevo modelo competitivo que exige el sistema es acogido de forma muy distinta según la persona ya que en ocasiones, a pesar del derrumbamiento político y social, no se produce un derrumbamiento ideológico o personal. Es el caso del personaje de Ersnt Meurer quién con su honor, orgullo y terquedad, no intentó adpatarse al nuevo sistema, ya que, aún siendo obvia la necesidad, “él no iba a rebajarse a llenar solicitudes de empleo” (Schulze, 2001: 213).

De la misma tónica, en esta búsqueda de una nueva vida y de una estabilidad económica, los habitantes de la parte Oriental tuvieron que cambiar de trabajo con frecuencia para poder ser reconocidos en el nuevo sistema, a pesar de la criba competitiva a la que tenían que someterse. El cierre de las empresas hizo que los que si tenían un trabajo estable tuvieran que buscarlo en otro sitio o bien dedicarse a otro oficio. En el caso de Conni Schubert, se muestra la situación laboral que vivió en la RDA poco antes e inmediatamente después de la unificación, cómo el cierre de las empresas obligaban a éstos a buscar un nuevo trabajo aunque ciertamente las empresas se encontraban en la misma situación de sus empleados, debido en gran parte a la introducción de la nueva moneda occidental: “Desde septiembre de 1989 yo trabajaba de camarera en el Wenzel. No había nada mejor por aquí. Si hubiera pretendido algo más, habría tenido que irme a Gera o a Karl-MarxStadt(...) Mi puesto no fue ocupado por nadie, y en otoño el Wenzel cerró. Erika fue contratada por un italiano que probó suerte poniendo una pizzería en la Fabrikstrasse. En abril de 1991 tuvo que cerrarla. Después Erika encontró trabajo en otros restaurantes. Pero en cuanto los inauguraban, cuando apenas habían pasado unos meses, el negocio volvía a cerrar sus puertas.” (Schulze, 2001: 17, 22)

No obstante, aunque gran parte de los ciudadanos orientales intentaron conseguir una buena situación laboral, la tónica predominante era la desesperación, desilusión y tragedia debido a la desigualdad existente en la parte oriental frente a la occidental. Para ellos, todos los conocimientos que habían adquirido en el régimen comunista no eran suficientes para conseguir un puesto dentro del nuevo sistema capitalista. Por ello, Schulze muestra mediante la figura de Martin Meurer, historiador de arte de la antigua Alemania del Este, cómo en su intento de seguir adelante, busca un empleo. En un primer momento consigue un puesto de trabajo, sin embargo, tuvo que utilizar todos sus recursos para poder convencer a la empresa, ya que, para este nuevo puesto, vendedor en una empresa de restauración de fachadas, se necesitaba cualquier profesión, “pero en ningún caso un historiador de arte.” (Schulze, 2001: 42)

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Ismael Tenorio Romero

Aunque en el caso de su compañera, Erika, quién a pesar de encontrar trabajo, parece no haber conseguido su estabilidad, al final del segundo capítulo, Conni, cuenta como ella encontró trabajo, “primero en Lübeck y después, dos años más tarde, en un crucero inglés.” (Schulze, 2001: 23) y el orgullo que siente su familia por su éxito en la búsqueda de un sitio dentro de la sociedad. En una Alemania en la que se intentó privatizar las numerosas empresas públicas y en las que en esta corriente se rescataron unas 14000, se llevó consigo, a pesar de ello 2,5 millones de puestos de trabajos y aún hoy en día este dato no se a conseguido equiparar a la parte Occidental, ya que más de 20 años después, la tasa de desempleo de Alemania Oriental duplica la de Alemania Occidental. No obstante, Schulze, destaca en la obra cómo Beyer, mantiene su periódico a flote aunque para ello tenga que mandar una y otra vez a Danny para que no se fije en los problemas entre skins y punks ya que aunque son noticias verídicas y actuales, estas no venden. A pesar de ello, Danny le dice una y otra vez a Beyer: “deberíamos ocuparnos más de los contenidos, de la creación y de la organización interna y adoptar más bien la postura de dar permiso a nuestros clientes para serlo. ¡Así es como se deben hacer las cosas.” (Schulze, 2001: 26), y afirma además que su jefe, Beyer, “ni siquiera considera nuestras propuestas. No tiene idea del negocio y piensa que si se ocupa del dinero, todo saldrá bien.” (Schulze, 2001: 26) por ello, Beyer, como empresario que no sólo adquiere una actitud capitalista sino también se enmarca dentro de aquellos que corrompen el sistema, manda a Danny a ocuparse en sus escritos sobre los anunciantes dejando de lado los enfrentamientos sociales.

Esto puede observarse a través de Raffael, que queda sorprendido al revelar que su anterior oficio “dispatched” , designado para responsable del control de los procesos en la producción y en el sistema de transportes, no es reconocido en el nuevo sistema. Tras este suceso y su correspondiente sorpresa, Raffael queda desconcertado y totalmente desorientado, como si un día lo tienes todo y al día siguiente no sólo no tienes nada, sino que además las posibilidades de salir adelantes son ínfimas. Dispatched, dispatched, dispatched... Por tanto, la desorientación, es una constante en la vida de los personajes que se ven desplazados fuera de la sociedad de manera que no sólo afecta a las clases bajas, sino también a aquellos que se situaban por así decirlo más acomodados. Éstos, si encima son de mediana o alta edad, entrarán en un estado de desconcierto del que difícilmente podrán salir ya que a menudo verán una vida malgastada, llena de elementos caducos y rechazados por una sociedad en la que su propaganda parecía en principio no ser sólo la oportunidad, sino la felicidad. Un fiel reflejo en la vida cotidiana de los personajes lo encontramos en una llamada de Hanni a Barbara Hollitzschek, donde no sólo se verá desorientada, desencantada y rechazada, sino también, resignada:

“Tú has logrado algo en la vida. Pero yo de la crisis no me salvo, da verdadero pánico. A los treinta y cinco se me han ido dos tercios.” (Schulze, 2001: 77)

El desempleo influyó también de forma muy notoria a la continua sensación de no tener ninguna oportunidad en la sociedad y ya no sólo en la gente de gran edad, sino también en los más jóvenes. Por ello, el personaje de Martin, es un fiel reflejo de cómo afectó a los jóvenes y de cómo éstos se ven como una generación perdida: “La verdad es que de todos no hay uno que se salve (...) Me da pena por ellos que ninguno de nosotros haya llegado a nada.” (Schulze, 2001: 201, 202), del mismo modo, en el mismo capítulo, se muestra cómo decepción tras decepción por la búsqueda de trabajo, hizo que muchas de las personas se refugiasen en el alcohol y encontrasen en él una vía de escape a sus problemas. El mejor ejemplo lo muestra Schulze mediante la figura de Enrico. Éste es un incomprendido poeta que sin éxito en la sociedad, se topa una vez tras otra con el nuevo sistema social económico y encuentra de forma habitual el alcohol como solución a todo. Otro de los acontecimientos que escribió tantas y tantas páginas trágicas en la vida cotidiana de los habitantes de la ex RDA, fue la extinción de diversos empleos que formarían parte de una larga lista de elementos caducos de dicha sociedad.

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El devenir de la nueva moneda Uno de los hechos más esperanzadores vividos tras la caída del muro el 9 de Noviembre de 1989, fue el proceso llevado a cabo el 18 de mayo de 1990. Ello suponía una unión monetaria entre la República Democrática Alemana (RDA) y la República Federal de Alemania (RFA). Este acuerdo, sin embargo, no se realizó de forma legal hasta el 1 de julio de 1990, algo más de tres meses antes de que se produjera la reunificación política. Tras este acontecimiento, el marco alemán ocupó toda la atención del pueblo alemán y mientras en la parte Occidental se aceptó de forma tranquila y natural, en la ya extinta RDA, se vivió de forma bien distinta. Las semanas posteriores a la unión económica se vivieron de forma muy especial en los habitantes de las ciudades del Este debido a su rapidez, pero eficaz cambio, a pesar de abordarse en un periodo muy corto de tiempo. Por ello, Schulze dedica un capítulo en el que Conni Schubert, nos relata con su particular visión, el momento inmediato a la entrada de la nueva moneda procedente de Occidente. “El lunes 2 de julio mi turno comenzó al mediodía. En el restaurante no había nadie. Erika dijo que eso duraría por lo menos tres o cuatro semanas, hasta que la gente también estuviera dispuesta a gastar dinero occidental a cambio de un escalope.” (Schulze, 2001: 19) De esta forma tan particular, Conni nos muestra desde su perspectiva el sentimiento colectivo que vivió la parte Oriental con la unificación económica, quizás con miedo, o quizás con miedo, no se dan señales directas de los mismos, pero sí se deja entrever la desorientación por una nueva forma de vida, por un nuevo sistema que debido a su rápida implantación no dejaba lugar al aprendizaje y a la asimilación del mismo. Por ello Conni, se sentía en la caja “como al principio del curso de aprendizaje, cuando practicábamos atendiéndonos unas a otras y pagábamos con dinero de mentira”. (Schulze, 2001: 19)

El capitalismo abre sus puertas A lo largo del tiempo siempre hemos interpretado la separación como un elemento desgarrador. Lo cierto y verdad es que el socialismo en un principio considerado y defendido como un socialismo real, hizo que con el nuevo sistema, el choque social fuera enormemente notorio. Sin embargo, como bien afirma Schulze en una entrevista concedida a Die Deutsche Welle, eso no es motivo alguno para pensar que los habitantes del Este, prefirieran el antiguo y ya desde el momento de su derrumbamiento, el caduco sistema comunista. Por esto, la separación de una sociedad marchita y caduca, no sólo hizo que los altos cargos políticos, tuvieran que trabajar duro formando unas infraestructuras sociales y económicamente sólidas sino que además, cada persona, cada habitante, tenía que tomar parte para que ello funcionase. El devenir de la nueva moneda alemana, supuso una entrada al capitalismo, al consumismo, etc. Por ello, ya desde su acuerdo en mayo, un personaje llamado Harry Nelson y que se dedicaba a vender inmuebles, “buscaba casas, pero en especial quería lotes situados en las rutas de acceso a la ciudad. Para abrir estaciones de servicio” (Schulze 2001: 17). De esta forma quedaba claro la formación de un nuevo sistema, de un nuevo comienzo. El capitalismo cobraría vida y los ciudadanos de la antigua Alemania del Este, ahora, se enfrentaría a un nuevo sistema que exigía competencia y en el que se basaría, no sólo el sistema social-económico, sino en torno al que giraría toda posibilidad de supervivencia.

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La opresión de una sociedad que ha vivido bajo una vigilancia extrema, paga demasiado caro el precio del capitalismo, sin embargo, las oportunidades que este brinda ahora a los ciudadanos de Alemania del Este es sumamente importante. Con la entrada del sistema consumismo y desmoronamiento del régimen, mucho de los habitantes se fueron hacia la parte Occidental dejando sus casas y toda una vida en busca del bienestar. Mientras que aquellos que amaban al régimen comunista se derrumbaron con él, los demás, afrontaron el nuevo compromiso con entusiasmo y esfuerzo, pero sobre todo con mucha ilusión, pues el dinero invitaba a ello. Ahora se abría un nuevo campo, un nuevo mundo, la libertad de elegir, de viajar, pero sobre todo de comprar, daba la oportuniddad de explorar una nueva vida, aunque no era fácil, pues el cambio exigía un compromiso, y una suerte, que no todos puedieron correr. Además de esto, el gobierno alemán proporcionó a los habitantes del Este 100 marcos alemanes (deutsche Markt) como bienvenidad a nuevo sistema económico. Esto hizo que aquellos que desearon durante mucho tiempo la caída del régimen comunista, vieran aún con mejores ojos las pretensiones del nuevo sistema. En esta medida, se han encontrado un sinfín de testimonios en los que los antiguos ciudadanos de la ex RDA se mostraron de acuerdo con esta posición. Por ejemplo, Yvonn Barth, es diseñadora gráfica nacida en Leipzig y con la


Ismael Tenorio Romero

unión monetaria no tuvo ningún inconveniente en comprarse inmediatamente unas deportivas de la marca Adidas. Del mismo modo, es conveniente destacar el caso de Janet Nitzsche quién cuenta la impresión de la entrada de la nueva política de mercado: “Me impresionó el consumo”, vivía en un pequeño pueblo de Berlín, todo muy comunitario, y días después cruzaron al Oeste. En pleno centro comercial, en la avenida del Kudamm, se encontró a toda la familia haciendo cola para comprar. (El País Semanal, número 1725: 2009, 55) Este caso particular, muestra claramente como por una vía por otra, la mayoría de los ciudadanos del Este, acabarón por entrar de una forma de otra, un lugar dentro del consumismo. Esto hizo, que la alegría, pero sobretodo la ilusión, inundasen sus vidas, precisamente Schulze, plasma con exactitud, un sentimiento generacional que se produce incluso cuando estos no tienen dinero. Por ello los personajes de “Historias simples” estan tan metidos en el consumismo que gastan, y gastan sin tener control. En un viaje de verano a nueva de Christian Beyer y Hanni, esta se muestra totalmente dispuesta a gastar aunque no tenga dinero y no le importa gastar todos su ahorros mientras haga cosas especiales, la pasen a buscar en limosina y entre en un restaurante donde los camareros le expliquen el menú y tenga velas en la mesa. Sin embargo, según Beyer, Hanni tampoco tiene dinero. (Schulze: 2001, 160)

El nuevo estado del bienestar Con la intención de facilitar la adaptación de los habitantes de las ciudades del Este, se incrementarón las ayudas, el subsidio del paro, fue quizás una de las ayudas más llamativas, debido a la tasa de paro que produjo las enormes disparidades económicas. No obstante, el paro no derrumbó en ocasiones a los personajes, ni los detuvo en su actitud frente al consumismo. Por ello, los Meurer cuentan como en un principio, aún teniendo doce mil marcos occidentales tras el cambio de moneda (Schulze: 2001, 69), estos en un principio parecen no tener demasiado interés en adquirir objetos materiales. Sin embargo, poco después, los Meurer caen en la trampa del capitalismo ya que con el dinero del subsidio del paro pagaban el alquiler, con lo que sobraba ahorraban un poco. Mientras tanto, el dinero que ganaba su mujer como secretaria de Neugbauer alcanzaba para los demás gastos. Finalmente, se ve como lo verdaderamente importante no es esto sino más bien la capacidad que la familia ha obtenido para desarrollar los mecanismos económicos y que le han permitido obtener gran variedad de objetos como “un televisor color estéreo, un equipo musical con reproductor de CD y un secador de cabello nuevo”. (Schulze, 2001:69) Los Meurer además ponen especial interés en uno de elementos que más abriría el mercado en los próximos días tras la unión monetaria, los vehículos. El Trabi dejaría pues el lugar que mantuvó durante el régimen comunista. Ahora, con el rompimiento de las fronteras, entran en la cultura alemana diferentes vehículos de diferentes marcas. Por ello, Meurer explica que debido a la competencia automovilística, “si alguna vez él llegaba a adquirir uno, se compraría uno alemán, o por lo menos alguno que tuviera una empresa alemana que lo respaldara: le venía a la mente Seat, o Skoda. Pero agregó que, incluso sin contar esas dos, los alemanes tenían seis marcas diferentes, los italianos cuatro, incluyendo a Ferrari, y los franceses nada más que tres, a pesar de Renault. Le contó que en todas las lunetas traseras los franceses escribían <el número uno en importación en Alemania>. Pero que el Golf les ganaba: era el número uno en toda Europa. Y que los japoneses tenían cinco marcas diferentes, y que nadie tenía en cuenta los norteamericanos porque semejantes lanchas no servían para nuestras carreteras.” (Schulze: 2001, 67-68) Con ello, los Meurer dejan entrever que la falta de dinero, no iba derriba su ilusión, aunque es obvio que ello no quiere decir que le proporcione la felicidad. Además, este es uno de los datos muestra claramente que si algo tuvo éxito entre los ciudadanos del Este en los momentos posteriores a la reunificación, ese fue la venta de coches, cuya tasa de adquisición aumentó notablemente en un 24% mientras que la compra de inmuebles aumentó en un 18% reconocido facilmente en la obra con la marca de made in West-Deutschland.

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Ingo Schulze: Un estilo de detalles Por la vital importancia que ha tomado la figura de Ingo Schulze a la hora de elaborar este estudio, veo necesario la necesidad de hablar de este autor, de su técnica, y de su estilo.

Datos biográficos Nacido en Dresde en 1962, y bajo una notoria influencia tanto de su pasado, como de su presente, Schulze es una de esas personas que habla solo y exclusivamente de las cosas que conoce. Estudió Filología Clásica en Jena y más tarde trabajó en Altenburg como autor dramático y redactor en un periódico. Si bien su relato, 33 momentos de felicidad, fue gratamente acogido y obsequiado con algunos premios, la obra que realmente lo consagró cómo uno de los mejores escritores jóvenes de la literatura alemana, fue Simple Storys. Con esta obra no sólo se consolidó como escritor sino que además fue galardonado con alguno de los premios más reconocidos en el ámbito nacional, tal como, el Premio de Literatura de Berlín. Más tarde, Schulze, escribió además otros relatos como Nuevas vidas (2005), una colección de relatos de Handy (2007) y su hasta hoy última novela Adam y Evelyn. Hoy en día, Schulze, es quizás el autor que mejor ha sabido plasmar los momentos inmediatamente anteriores y posteriores a la reunificación alemana. Además, algunos de sus datos biográficos serán estrictamente necesarios para poder disfrutar en su máxima extensión de todas y cada una de sus obras.

El relato breve Si Schulze es hoy en día tan conocido por su trabajo como escritor, es desde luego en gran parte debido a la forma de mostrar los acontecimientos que rodean en su mayoría a los habitantes de Altenburg. El libro de historias simples, conocido como el libro de la unificación, ha sido el libro de los detalles, de las pinceladas. La obra de Schulze requiere la atención máxima del lector para llegar a su máxima comprensión. Con un estilo que ya lanzó a la fama en sus días a Heinrich Böll, ahora Schulze, lo utiliza del mismo modo para narrar con un lenguaje claro y sencillo, los aspectos de la vida cotidiana de una capital de provincias del Este, Altenburg. El modelo narrativo es el relato breve conocido como la short story americana o como la Kurzgeschichte. Con este estilo, la persona será la figura de la narración, y su vida cotidiana la temática, así como se planteará el problema del tiempo. Del mismo modo, la historia Schulze pasará a un segundo plano y lo que realmente importará será la vida cotidiana de cada uno.

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Elegido debido a sus influencias de los escritores americanos del siglo XX como Ernest Hemingway o Sherwood Anderson entre otros. Al igual que la película Short Cuts fue un elemento verdaderamente importante a la hora de estructurar su obra. Dividida por 29 capítulos breves en los que estos a su vez constan en su comienzo de un título y de un breve resumen. La obra de Schulze, no tiene historia ni personaje principal, entre los 38 personajes que aparecen en la obra, 14 de ellos, aparecen al menos en una ocasión como narradores. Esto hace que el lector se vea enormemente distanciado y se centre en le trasfondo de la acción, en los pequeños detalles. Por otro lado se consigue de esta forma que tengamos diferentes perspectivas sobre los individuos y por tanto una visión mas amplia sobre la sociedad de la ex RDA. Por ello, un estilo que no dejará indiferente a nadie, que será de difícil entendimiento y de constante análisis, pero, que mostrará con exactitud un sentimiento colectivo, una nueva forma de vida.


Ismael Tenorio Romero

Conclusión Desde mi punto de vista, con este estudio podemos tener una visión de la vida cotidiana que empezaba justo tras el desmoronamiento del régimen comunista. Porque si Ingo Schulze, muestra sin victimismo, y sin hacer juicio directo el dolor que sintieron los habitantes de Altenburg, no sólo consigue que el lector consiga establecer sus propias convicciones, sino que además, adquiera un carácter más objetivo. Además, gracias a su obra, no sólo hemos podido analizar algunos de los sentimientos padecidos por una sociedad, sino también, hemos asistido de forma directa a alguno de los acontecimientos más importantes que sucedieron justo inmediatamente después de la caída del muro, como la entrada del marco alemán. No quiero afirmar en ningún momento, que tras la caída del régimen comunista, y aún hoy en día, los ciudades de la ex RDA, prefieran la sociedad comunista ya caduca a la que se impuso inmediatamente después del desmoronamiento del mismo. Sin embargo, la vida cotidiana tanto de los personajes, cómo de las personas, me ha dejado ver que hay mucha honraded e inocencia en cada uno de ellos, pero sobretodo, hay mucha nostalgia. Nostalgia hacia un sistema vacío de valores, nostalgia quizás por perder algo que amas, o algo que odias, pero estoy seguro que nostalgia, por perder algo que conoces. Como hemos podido comprobar con la lectura de este trabajo, fueron numerosos los obstáculos a los que tuvieron que enfrentarse los habitantes de la ex RDA para poder salir adelante. Todo ello venido en gran parte por la implantación de una sociedad, que a mi modo de ver fue demasiado violenta. Y violenta en el mismo sentido que Alfred Döblin narraba a la sociedad a la que se tenía que enfrentar Franz Biberkopf una vez salió de la cárcel de Tegel, violenta en el sentido del cambio, del cambio vertiginoso que sufrió la sociedad oriental alemana. Por último, con este estudio he reconocido la desorientación como un sentimiento colectivo, quizás como el más frustante, quizás, también el más predominante. Por tanto, la parte oriental, se sumergió en la desorientación de un nuevo sistema, una desorientación producida por la no asimilización de los acontecimientos, por la pérdida de toda una vida. En su mayoría, intentaron adaptarse a un sistema lleno de ilusión, o falsa ilusión capitalista, en la que el dinero era el centro de todo. Sin embargo, estaban tan desorientados, que no sólo perdieron su vida, su esencia, sino que no sabían como recuperarla. “Debería levantarme y hacer algo útil. Pero no sé por dónde empezar.” Barbara Holitzschek (Schulze: 2001: 82)

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Bibliografía Maldonado Alemán, Manuel: La narrativa de la Unificación alemana, autores y obras. Bern/ Berlin/ Bruxelles/ Frankfurt AM Main. Peter Lang. 2006 Schulze, Ingo: Historias simples. Ediciones Destino. Barcelona. Año 2000 Título original Simple Storys. Berlín Verlag. Berlín. 1998

El País semanal nº 1725, “Berlín año veinte cumpleaños feliz”. 2009. Revista Wolfgang Becker: Goodbye Lenin. Berlin. 2003. Película Berlanga Zúñiga, Claudia: El Estado de Bienestar de Alemania desde la reunificación hasta la ampliación de la Unión Europea. México. 2003. Conferencia



Ingo Schulze por Ismael Tenorio