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9 de agosto 2017 Colabora en el Fanzine. Escríbenos al correo medios@isc.gob.mx

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Edición: Alejandra Olay Coedición: Marreyna Arias Información: Carlos Sánchez, Samantha Leyva Corrección: Rosy Orozco, Óscar Grajeda Diseño: Argelia Juárez Fotografía: Juan Casanova

Entrevista a

Elizabeth Vargas Del laboratorio teatral a la escena

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iene la trayectoria que la inercia le construye. Los años de acatar el dictado de la vocación. El teatro como un objetivo desde la mirilla que también es el instinto. Elegir y ejercer lo que apasiona. Elizabeth Vargas analiza, expone, indaga. Lejos del confort, de entender la vida como algo que así es esto. Cuestiona. Hoy le toca ser protagonista de la Muestra Estatal de Teatro 2017 al presentar con TeatrodeKarne, la compañía que dirige, el montaje escénico Divorciadas, evangélicas y vegetarianas, obra escrita por Gustavo Ott. —Elizabeth, ¿por qué decides montar esta obra? —Tengo algunos años trabajando un laboratorio con seres humanos. Así les digo: no se consideren actrices, considérense gente, personas. Mientras estamos haciendo el laboratorio, investigando un tema tabú que es el beso, el beso como vínculo, desde qué produce en la saliva, en el contacto con la otra persona y cómo a veces nos perturba ver a otras personas besarse, si es del mismo sexo, si está en la calle implica más allá de un beso cosas corporales, movimientos. Empezamos a hacer la investigación y las chicas actrices del laboratorio me decían que necesitaban decir cosas también a través del beso. Empezamos a ver textos y salió este de Gustavo Ott, que es una comedia. Yo nunca había dirigido este género y es una comedia enredosa. Empezamos a leer y de pronto dijimos: ¿y si la montamos?, ¿y qué tal si ustedes también descubren cosas personales dentro de los temas de la obra? Empezamos a darle análisis de texto. Duramos tres meses, no porque seamos muy intensas sino porque estábamos tratando de descubrir el velo que tenía la obra. ¿Y en qué momento empezamos a descubrir el velo de la obra?, pues en el cliché, en la evangélica, en la vegetariana y empezamos a pensar en qué tantas etiquetas hay: la lesbiana, el ama de casa, la trabajadora social o la actriz, la ex. Y empezamos a descubrir y digo empezamos porque yo también estaba poniéndome en la silla del intérprete, luego en la de directora, y en la de traductora. Descubrimos muchas cosas, no sé si sea una cuestión norteña, una cuestión de identidad mexicana o latinoamericana, pero tenemos un tabú, un velo que a veces es interiorizado acerca de la sexualidad femenina y no digo sexualidad en términos de que no la ejerzamos sino la sensualidad que se posee, si eres muy guapa, te tienes que medir para salir y no quieres decir “es que con este shorts provoco estas cosas”. Empezamos a hablar de todo esto, de cómo sale una a la calle; empezamos a contar anécdotas y episodios fuertes de cómo nos acostumbramos al acoso, no necesariamente verbal, y que a veces tratamos –en este caso estas tres actrices norteñas–, a hacer molduras, muy cabronas, muy fuertes, de resolver todo y controlar al tipo, ponerle la bota en el cuello al hombre. ¿Qué quiero decir? Más que querer decir nos gustaría que aparte de ser una obra que divierte, porque te ríes desde que comienza, está lejos de lugares comunes, de cualquier asunto feminista, que no tengo nada en contra de esos movimientos. Más que eso, es una cuestión de individuo, siendo mujer, hombre, lo que seas, finalmente puedes tener el mismo tabú acerca de tu cuerpo, acerca de cómo te muestras hacia los demás, siendo bello o no, para los demás, siendo mujer o no, para los demás. Pueden ser tres chicas las que están allí y pueden sustentar un discurso pero finalmente te tiene que llegar a ti también. Eres chico, o no eres chico, eso es lo que nos gustaría que pasara, que no es una obra de tres mujeres, que no es una obra nada más de vamos a reírnos, oye, yo también vivo esto, porque de seguro hay hombres que también se han sentido perturbados de cómo me puedo yo identificar y salir a la calle sin que me cuestiones ¿por qué traes el pelo largo, qué quieres decirme, por qué usas ese acento, o por qué no te juntas con estos?

Como dice la obra al final: Soy vegetariana a veces y a veces no me da la gana. Soy evangélica a veces y a veces pierdo la fe. Pero no, estamos estandarizados. De pronto, es eso: traspasar el umbral, tres mujeres, una obra cómica, se mueven y se tejen cosas que no son tan cómicas. Sin embargo, nos sabemos reír de las cosas que nos duelen, se mueven cosas dolorosas que afortunadamente a veces te puedes reír de eso y decir, pues va, me pasó y a lo que sigue. Sí es un texto que Gustavo Ott muy acertadamente escribe, porque maneja abiertamente la diversidad del pensamiento, no se centra. No es una crítica ni a la religión ni a la gente que no come carne, o a la gente que se divorcia y comienza una nueva vida. No se centra en etiquetas, se muestra tentador a que te identifiques. —¿Cuál es tu opinión sobre las muestras de teatro? —Para mí como docente, me parece muy importante que existan las muestras, mostrar lo que hay, mostrar el trabajo de todos. En una muestra clasificada de fechas y en teatro y todo, o mostrar nomás, siempre estamos mostrando nuestro trabajo. En una política cultural sirve para entonces clasificar cosas y yo estoy en contra de eso. Entiendo que hay que hacer filtros para organizarnos, entiendo que hay que hacer convocatorias para profesionalizarnos, pero finalmente, desde mi punto de vista, eso no significa que seas profesional. Tú puedes entrar a una muestra y realmente yo desde lejos podría pensar quedaron dentro de la muestra las obras que tienen un formato más trabajado, o que tienen un director con mucha más trayectoria porque se va a mostrar en el programa lo mejor, eso es lo que se lee y no es verdad. Por lo menos yo me siento parte de un núcleo de gente que hace teatro y que muchas veces hemos estado o estamos en desacuerdo acerca de nuestro propio trabajo y nos juntan las muestras, como cuando la familia te junta en los funerales. —¿Qué opción tienes para que esto no sea como un tamiz? —A las instituciones les toca hacer esa parte: las convocatorias, el clasificarnos, decirnos que tenemos que tener una carpeta de tal modo porque es necesaria, porque ellos organizan. Pero ellos no pueden decirnos finalmente que eso que está allí es lo que tiene más calidad. Somos la sociedad como público, como escritores, como la gente que sí estamos moviéndonos más dentro del núcleo, que no somos solo quienes estamos haciendo teatro los que nos damos cuenta cuando algo no está trabajado, cuando algo no tiene un discurso. Lejos de una energía teatral que todo lo tiene, ahorita la realidad nos traspasa. Tiene más energía teatral y ficción horrible la realidad y nosotros estamos concentrados en las muestras, en los teatros. Yo no sé qué hacer con el Teatro de la Ciudad porque nuestro montaje está pensado para alguien que está sentado en una silla, en el patio; lo estamos ensayando en la sala de mi casa. —¿La muestra necesita espacios alternativos? —Sí. Y también dejar esa hipocresía de decir nosotros necesitamos un teatro. Pues sí lo necesitamos, pero pregúntame si le sé pedir al técnico lo que podría pedirle, porque, ¿cuántas veces al año o al mes tengo un foro? En ese sentido sería una propuesta para los institutos que a veces dicen “ah, bueno, que se use el teatro y vamos a darles esta muestra”, pero también hay otras cosas que se pueden hacer, otros públicos que se pueden alcanzar y dejar de ser tan pretenciosos con la cuestión de la calidad y la identidad teatral sonorense.

Divorciadas, evangélicas y vegetarianas de Gustavo Ott, bajo la dirección de Elizabeth Vargas, se presenta hoy a las 20:00 horas en el Teatro de la Ciudad. Una producción de la compañía TeatrodeKarne.


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El hombre:

¿el mejor amigo del perro? Por Óscar Grajeda

F

rente al debate mediático reavivado el día de ayer tras la última agresión de un perro pitbull a una mascota y su dueño en Ciudad de México, que se suma a los trágicos ataques que cobraron la vida de una niña de dos años en la delegación de Iztapalapa (mayo de 2017) y de una de tres años en la delegación Coyoacán (julio de 2017), Jauría, la segunda obra presentada en la Muestra Estatal de Teatro 2017, pone el dedo en la llaga ante una problemática que evidencia una serie de vicios y omisiones de la que todos somos culpables: el abandono y el maltrato canino. Jauría es así: una representación cruda y cruel de lo bestias que llegamos a ser los hombres con estos fieles animales. En la obra, un grupo de perros callejeros es dotado con una voz para denunciar, desde una cándida perspectiva, los abusos y ultrajes que sufren los canes: el abandono, el maltrato y el uso de estos como máquinas de pelea, como armas mortales. La obra, una producción de Abemvs Teatro, además de presentar una crítica al abuso animal, permite reflejar estos mismos atropellos en el maltrato y abandono infantil o en la explotación humana en general. “El hombre es el lobo del hombre”, reza un famoso latinismo que da cuenta de lo salvaje que podemos ser con nuestros semejantes, no digamos ahora con otros seres vivos. No todo es salvajismo en la representación, pues también los actores (Luz Karen Valencia, Kelly Key, Edgar Garat e Iban Gil) imprimen la gracia y jovialidad que caracterizan a los perros. Sus travesuras, su ingenuidad, su fidelidad y amor incondicional. Sus sueños de paz y bonanza, y un deseo por un mundo mejor, más allá de los terrenal, como el Tombuctú que dibujara Auster en su novela homónima para el entrañable Mr. Bones. La autora del texto es Mónica Perea, una joven dramaturga de Ciudad de México que ha cobrado relevancia

en los últimos años por ofrecer una apuesta estética renovadora que cuestiona las formas tradicionales del teatro y los aparatos e instituciones que las han venido ejerciendo. Cut López, el director del montaje, ha encontrado en la producción de Perea un eco a sus inquietudes escénicas, que se complementan con su visión del teatro y en el interés mutuo por generar nuevos públicos, nuevos lenguajes y nuevos espacios. El montaje de Cut López rompe con muchos de los valores establecidos para el arte dramático. Así, no se puede detectar una división tangible entre escenas y actos. Tampoco existe una definición específica de los personajes. Todos son perros, cualquier perro, pero cobran sentido en tanto que se conciben como un grupo, como un todo, como una jauría libre pero extraviada. La propuesta escénica trasciende por igual los límites de las disciplinas artísticas, ya que música, teatro y danza se integran como un nuevo lenguaje, un nuevo código que interpela a los referentes y perspectivas de las nuevas generaciones. La plasticidad explotada por Cut López se construye no solo por los elementos materiales de la mínima escenografía, pues son los mismos intérpretes quienes habitan el escenario, vistiéndolo con préstamos coreográficos que a momentos componen un orden geométrico o un caos intempestivo. La iluminación hace su parte, con una acertada comunicación de los sucesos representados: los cuetes, la sangre, la furia, la paz. Son estos recursos escénicos de la propuesta de López un continuum hacia el texto de Perea, con quien por cierto hará mancuerna nuevamente el día de mañana, para la presentación de R&J, una adaptación del clásico Romeo y Julieta de William Shakespeare. Una obra que promete, tras reconocer la apuesta escénica innovadora de Cut López y su compañía Abemvs Teatro, ser una de las mejores candidatas para representar a Sonora en la Muestra Regional de Teatro.

Alicia Laguna habla de su proceso creativo en la MET

Por Samantha Leyva

La creación escénica no solo requiere de gran imaginación. La investigación y el trabajo de campo detrás del proceso creativo suele ser uno de los pilares más importantes que sostiene la puesta en escena, la justifica y la motiva. Así lo platicó Alicia Laguna, acompañada de Julio Perea, durante el conversatorio sobre investigación escénica, espacio alterno de la Muestra Estatal de Teatro Sonora 2017 abierto al diálogo y a la reflexión entre artistas e integrantes de la comunidad escénica, que se realizó el pasado martes 8 de agosto en la sala Luis López Álvarez, dentro de la Casa de la Cultura de Sonora. Alicia Laguna no solo es actriz, también dirige, produce y es gestora cultural. Es fundadora, junto a Jorge Arturo Vargas, de Teatro Línea de Sombra desde 1993 (Monterrey) y creadora de la puesta en escena Amarillo, obra que habla sobre la problemática social de la migración, estrenada en Ciudad de México en 2009 y que hasta el día de hoy continúa presentándose. La charla se centró en describir las experiencias que se dan en el proceso creativo durante la investigación, y que permiten involucrar a múltiples disciplinas en la propuesta escénica para trasladarlas al teatro y viceversa: “Construir de forma interdisciplinaria”, explicó Laguna. “Es algo parecido a la sociología, la antropología y a la etnografía, pero sin una rigurosa sistematización. Es adentrarse en una comunidad y conocerla”. Así es como en el 2013 Amarillo –renombrado Amarillo en la ruta migrante– se presentó en Tenosique, Tabasco, pueblo de migrantes, primera vez frente a los sujetos que se abordan en el espectáculo escénico. La respuesta de la audiencia se resumió al reconocimiento de la comunidad misma, la introspección y hasta algunas muestras de gratitud, comentó Laguna. Esta experiencia escénica ha llevado a Teatro Línea de Sombra a continuar con el proyecto por diversas comunidades a lo largo de México y, próximamente, en Altar, Sonora, en noviembre del presente año. La compañía ha trabajado diversos proyectos con variadas temáticas que han surgido del trabajo de campo, como Baños Roma en Ciudad Juárez, Pequeños territorios con mujeres desplazadas en Colombia y muchos más.

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Fanzine met # 3  
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