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danzine Publicación de Un Desierto para la Danza

Vol 6

Hermosillo, Sonora, México

09 de abril de 2014

www.undesiertoparaladanza.gob.mx

Hayde Lachino

E

l cuerpo es un constructo cultural en el que se encarnan todas las políticas de dominación sobre el sujeto, todos los ideales socialmente instituidos y en los que se encuentran implícitos discursos de diferenciación social. Desde que nace, el cuerpo del sujeto va siendo modelado por tecnologías sociales que le indican cómo comportarse, cómo moverse, su lugar social e incluso el carácter de sus sentimientos, tal y como lo plantea el antropólogo francés Andre Le Breton, ya que en el cuerpo no hay nada de “natural”, sobre el organismo se superponen capas y capas de significación que nos hacen pertenecientes a una colectividad; el cuerpo, nos dice este autor, es el mundo hecho carne. Para la modernidad, el cuerpo es un ámbito de sospecha, lo menos humano del sujeto, ello podría explicar las razones por las cuales la tradición filosófica occidental nunca consideró al cuerpo como motivo de sus reflexiones, como algo que podría generar conocimiento o aportar visiones de mundo complejas, también por ello, la danza no cuenta con los suficientes cuerpo teóricos que la explican. Será hasta el siglo XX cuando comience una intensa reflexión y problematización sobre las significaciones de la experiencia corporal. En la danza, diversos artistas han venido cuestionando esas ideas sobre el cuerpo, tan naturalizadas por la tradición, que se han tornado en la definición misma del bailarín, del movimiento y de esta práctica artística. La imagen de la bailarina de ballet en donde encarnan posturas políticas de la burguesía centroeuropea, se ha convertido también en el ideal cultural de lo femenino, caracterizado por la belleza hecha para ser contemplada, por la fragilidad y por su carácter etéreo. Las coreógrafas del siglo XX erigirán una propuesta estética que busca alejarse de este ideal.

La teoría queer que inspira este trabajo, busca reflexionar en torno a la validez cultural de las diferentes maneras de vivir la sexualidad; es una teoría para la resistencia de diversos grupos sociales, que por su elección sexual han sido sujetos de discriminación. Por ello, plantarse desnudo en la escena es un acto político, despojar al cuerpo de toda connotación genérica. Vestirse y desvestirse, problematizar el género. Judith Butler, la filósofa del queer, nos dice que el género es siempre una representación, un ponerse una vestimenta para la ocasión. La presencia de Sanna cuando danza contrasta con las parte habladas, mientras la danza es siempre un signo abierto, las partes habladas cierran el signo y tienen una clara línea de significación, si bien, mediante metáforas en el lenguaje busca mantener la naturaleza abierta hay afirmaciones que lo cierran y caen más en el terreno de posturas ideológicas, que terminan por presentar dos ámbitos claramente diferentes en la pieza: lo discursivo cerrado y lo danzado abierto. Queer elegies es una pieza sobre la que hay que reflexionar mucho: lanza provocaciones, problematiza la noción de belleza en la danza, interpela al espectador y como la propia coreógrafa afirma, busca agitar las estructuras de poder lanzando preguntas, cuestionar afirmaciones de la artista, tales como cuando dice que el escenario es privado. ¿Qué implicaciones tiene el trabajo si lo pensamos desde la forma en que se entiende la danza en México?

En esta línea de pensamiento crítico se inscribe la obra de Sanna Kekäläinnen. La pieza es un postulado político contra las nociones de género que nos determinan en nuestra relación con el mundo. Un discurso de movimientos sutiles, de contrastes, en donde el punto de referencia es siempre su propio cuerpo, un transitar por el gesto corporal que si bien es siempre legible para el que lo percibe, tiene la cualidad de estar abierto a múltiples lecturas. En esa apertura, el espectador puede habitar la obra, ejercer sus facultades imaginativas y cognitivas para intentar completar el signo ambiguo que nos ofrece el gesto.

Queer Elegies: obsesión con la identidad


Vol 6.

Hermosillo, Sonora, México

Coordinación: Doris Arenas / Edición: Carlos Sánchez

danzine

09 de abril de 2014 Fotos: Juan Casanova / Diseño: Argelia Juárez / Corrección: Rosy Orozco

Amor Queer EN Hermosillo

Elegies

Amor es poner el cuerpo ante las hojas de un árbol Carlos Sánchez

Aquí la exploración. La mente es un poema que emerge de la mar. Sus misterios. Una montaña. La selva. El cuerpo un laberinto. Sanna Kekäläinen es coreógrafa, bailarina. Desde Finlandia visita Hermosillo para explorar y proponer sus obsesiones con la pieza Queer Elegies en Un Desierto para la Danza, edición veintidós. El cuerpo como elemento para expresar. Lo que digo es lo que soy y lo manifiesto a través de la piel, los sentidos, el movimiento, las palabras. Sanna comparte sus sueños, sus realidades. En esa escenografía sobria, en esa propuesta honesta, en esa búsqueda de sí misma donde a veces también somos nosotros. ¿De qué estamos hechos? ¿De qué nos envuelve la vida? Las obsesiones son un taladro que desencadenan siempre en la persecución de identidad. Saber lo que somos para entonces entender qué deseamos, de dónde venimos, hacia dónde queremos llegar. En la duela se desplaza el cuerpo. Las ideas que se dejan ver. Las palabras desenredando o enredando las historias que la bailarina pergeña en los ladrillos de sus años. Los ladrillos con los cuales edifica la mente, la piel, sus pasos, el arrojo permanente que ahora es y le permite darse. Un lenguaje no aprobado. Los sonidos guturales, la invención, el juego con la lengua, el monólogo provocativo que cuenta que una vez hubo un hospital, un colchón blanco, un sueño. ¿En qué momento el artista alcanza la libertad para arrojarse? Impacta en mis sienes la sorprendente actitud de Sanna Kekäläinen. Dice con la mirada, dice con sus pasos, dice con la voz. Cuenta con la intención de compartir sus preguntas. ¿Qué es el amor?, inquiere en un fragmento de su monólogo. Nadie lo sabe, Sanna no lo sabe, pero lo siente. O deja de sentir. Amor es en esta ocasión, en esta coreografía, la posibilidad, la necesidad, de entregarse. De tomar el micrófono y compartir desde la demencia los sonidos de la infancia, el quebranto de los sueños, las persecuciones como dudas. Implacables. Amor es poner el cuerpo ante las hojas de un árbol. Explorar con los sentidos que se concentran en la piel. Amor es tomar un silbato y volver a la alegría antes de que el sol se ponga. Para luego volver.

Heriberto Duarte Rosas

E

sthel Vogrig y Juan Francisco Maldonado son bailarines y coreógrafos. Su estancia en Un Desierto para la Danza es principalmente para impartir el taller Amor en Hermosillo, una herramienta para construcción de público, desde el fanzine. --¿De dónde se conocen? Vogrig: Hemos compartido los últimos tres, cuatro años. Trabajamos en un tipo de cooperativa de coreógrafos del DF que se llama AM, también estuvimos juntos en un proyecto que se llamó Interferencias; somos muy amigos. --¿De dónde viene la idea de Amor? Maldonado: El año pasado fuimos a Montevideo, al Festival Internacional de Danza Contemporánea de Uruguay (FIDCU), nos invitaron a los dos, cada quien a presentar una obra. Desde hace rato teníamos ganas de hacer crítica, en nuestras discusiones hemos hablado mucho de la importancia de la crítica y de la importancia también de tomarla desde una perspectiva artística, o desde adentro de la práctica. Entonces decidimos hacer un fanzine de crítica, que funcionaba como el que estamos haciendo aquí, diario. Ahí no hubo taller, éramos nada más nosotros dos y otra chica. -- ¿Por qué fanzine y no otro medio? Vogrig: Creo yo, que sigue habiendo algo bonito en el impreso. Mientras estás esperando entrar o adentro del teatro, o cuando te regresas en camión a tu casa, pues ahí tienes el papelito. O queda ahí y te lo encuentras mañana. Y en ese sentido, lo impreso sigue teniendo esa calidad. Sí, todo el mundo tiene celulares y también está en Internet. Pero es un fanzine de una sola hojita, con columnas muy cortas. La idea es que la gente lea algo muy inmediato de lo que pasó el día anterior y también nos pone a escribir de una manera muy inmediata sin una reflexión tan profunda. Y es eso, que sea corto y que todo el público lo lea, es muy fácil de leer, no es algo teórico que abunde demasiado, que sea muy especializado. Intentamos soltar ideas de una manera muy “como si te estuviera platicando”, amable al lector, y en realidad no somos críticos ni teóricos. -- ¿Por qué llamarlo Amor? Maldonado: Por un lado porque la crítica, muchas veces es muy problemática. Algunas veces causa escozor a la gente recibir una mala crítica. Y tiene también todo este peso de la validez. Un crítico decide si tu trabajo es bueno o no. Y no necesariamente; de hecho nosotros no creemos eso, pero muchas veces se interpreta desde ese lugar. Entonces la idea de ponerle esa palabra de título era un poco para relajar y como decir

UN DESIERTO PARA LA DANZA 2014

que lo que nos interesa de esta crítica no es validar ni desvalidar, ni siquiera emitir juicios, concretos, sino como desplazar la figura que ejerce la crítica hacia un lugar menos autoritario y más de camaradería. Más como de: ‘bueno, estamos criticando desde una posición de cariño y estamos en lo mismo y entendemos que es super complicado hacer obras’. Desde ahí tiramos las ideas. Vogrig: Yo pienso que hacer una crítica implica ponerte a pensar sobre una obra. Intentar decir algo que te parezca importante decir. Eso es un acto de amor, el decir las cosas a medias o no hablar, es indiferencia. A la gente que quieres mucho es a la que le dices las netas. Maldonado: Hay un texto de Barthes que se llama Fragmentos de un discurso amoroso, que en algún momento dice que el discurso amoroso siempre está en relación a algo, aunque sea un algo imaginario o un alguien, siempre es en referencia a eso. Nos gustó la crítica en este sentido porque cambia su función, más que convertirse en crítica de algo, es como crítica para algo o alguien. Y lo vuelve una relación más personal y objetiva. -- ¿Cómo ha estado Amor en Hermosillo? Vogrig: A mí me encanta. En general, desde el año pasado que estuve aquí dos semanas me encanta la gente de acá porque sí tiene mucho qué decir, muchas opiniones, las dice sin miedo. Y no creo que pase en todas partes. Creo que en el taller se ve eso. Resulta que estamos mucho más de acuerdo de lo que imaginábamos que iba a ser, no tanto de acuerdo, pero con parecido en las opiniones. Pero está muy bien, ha sido lindísimo el taller. Muchas opiniones y eso es, no es originalmente un taller. No estamos propiciando grandes herramientas o enseñando algo, es encontrarnos a hablar y ver qué se nos ocurre escribir entre tantos. Creo que la plática está muy viva. Maldonado: La idea es enmarcar las discusiones desde un ángulo que a nosotros nos parezca interesante, pero que no necesariamente es un ángulo mejor que cualquier otro. Y en ese sentido de pronto la convivencia misma del taller ha generado que terminemos hablando de otra manera todos. Quizá yo esperaba mucho más discusión y todo ha sido bastante de acuerdo. Amor irá a donde lo quieran llevar, sugieren. Dicen también que es necesaria la crítica de danza, que las escuelas también formen críticos, además de bailarines. El artista debe tomar parte de este rol.


Danzine 9 abril