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29 de abril 2018 Colabora en el Fanzine. Escríbenos al correo medios@isc.gob.mx

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Edición: Alejandra Olay Coedición: Marreyna Arias Diseño: Argelia Juárez Fotografía: Juan Casanova

“Este programa es público ajeno a cualquier partido político. Queda prohibido el uso para fines distintos a los establecidos en el programa”.

El cuerpo también es una extensión de la cultura

Ramiro Cortez / Federico Fontán

L. Carlos Sánchez

L

os cuerpos: elemento directo. Contumaz como nombre de coreografía de danza contemporánea. Lo proponen desde Argentina los bailarines y coreógrafos Ramiro Cortez y Federico Fontán. Ambos bailan, ambos construyen, desde la intuición: ofertarse como instrumento de lo que pueda ocurrir en escena. Sin premisa establecida más allá del querer hacer y decir. Los cuerpos, se presenta en contexto de Un Desierto para la Danza, donde su participación se avizora como cierre, este domingo 29 de abril, Día Internacional de la Danza. Antes de que la tercera llamada caiga, antes de que los bailarines habiten el teatro, nos damos el chance de la conversación. En ella Ramiro expone su sorpresa y vuelta de tuerca que le da a la visión de lo que creía era el lugar al cual llegaría. Estaba convencido que Sonora era Chihuahua, allí donde feminicidios ponen a la entidad en el mapa mundial. Pero ocurre – comenta- que llega a Hermosillo y es testigo de un festival de danza donde la mayor parte se organiza por mujeres. Allí ocurre la vuelta de tuerca a la idea equívoca que se generó respecto del espacio al que presuntamente llegaría. Durante la conversación, a tres voces, viene a colación el compromiso y el emblema que representa para el periodismo y la literatura el legado de Rodolfo Welsh. Empero, de eso no hablaremos aquí, porque el tema es la danza. Entonces, a lo que nos corresponde, de una vez:

Mensaje del Día

Internacional de la Danza 2018 - Las Américas

Marianela Boán, Cuba Coreógrafa, bailarina y maestra

Tu cuerpo empieza antes que tú mismo y es el lugar de todos los rituales que te pertenecen. Cuando escuchas tu cuerpo a través de la danza, escuchas también los cuerpos y los bailes de seducción y celebración de tus antepasados y tu especie. En tu cuerpo llevas las danzas que te salvarán. Quien baila toca al otro más allá de la piel; toca su peso y su olor, derrota las pantallas táctiles y borra las fronteras entre los cuerpos y las naciones. He vivido en ambos lados de la historia. He visto la pobreza y la riqueza, paisajes y cuerpos alimentados y abusados por el poder. Mi obra excava buscando los cuerpos reales entre los oficialmente permitidos. Ser coreógrafa en Cuba y República Dominicana, las islas mágicas donde habito, rodeada del mar Caribe y de gente que baila antes de nacer, es un privilegio innombrable. Danzar es el gran antídoto para la locura de la humanidad. A cada desplazado, refugiado y exiliado del mundo, le digo: tienes un país que va contigo y que nada ni nadie podrá arrebatarte; el país de tu cuerpo.

¿Qué obsesiones, qué deseos, qué objetivos, qué detona esta coreografía? Ramiro Cortez: Lo que comienza como gran detonador de Los cuerpos, son unas ganas intuitivas de generar un movimiento propio con una identidad que sea nuestra. Comenzamos a crear esta obra en 2012 cuando estábamos terminando de estudiar en el taller de San Martín, una escuela bastante exigente a nivel formativa, en Buenos Aires. Habíamos sido dirigidos por distintos coreógrafos y sentíamos que necesitábamos hacer algo propio, de ahí empezamos a ensayar, pensar las posibilidades desde el cuerpo, y desde ahí empezamos a buscar escenas, el material de la obra que terminó de concluirse al año que le siguió después de toda esta investigación. Uno de los detonantes principales son las mutaciones que suceden en el cuerpo a través de estadíos extremos, ya sea con un tono muscular extremo, con una tensión máxima, qué modificaciones se hacen visibles en los cuerpos a través de estas cuestiones del tono, de lo relacional entre uno y otro, la transpiración. ¿La intuición es fundamental a la hora de crear? Para continuar hablando de Los cuerpos lo nombro como algo intuitivo porque no teníamos mucho conocimiento de hacia dónde íbamos ni de cómo lo íbamos a hacer, pero como que nos fuimos guiando más por estas ganas, por este deseo, por estas pulsiones de tocar lugares físicos que no habíamos tocado en otras experiencias escénicas. Es super importante la intuición, el deseo, la obsesión, son cuestiones que dan vida al hecho artístico y escénico, mantener estos deseos vivos y cercanos. Federico Cortez, ¿qué aprendizaje te deja este proyecto? Así como decía Ramiro, nosotros empezamos a trabajar desde un lugar ciego, yo le tengo un amor muy especial a la obra porque es la posibilidad de descubrir que sí se puede

construir algo propio, sí se puede construir algo autogestivo y que eso puede llenarte un cien por ciento. Conectando con el tema de la intuición, nos dejamos llevar por aquello que nos interesaba, sabíamos que el grupo El Descueve, un grupo argentino, nos interesaba, me interesaba su trabajo, pero tampoco queríamos hacer una copia, entonces es dejarse llevar por esos deseos internos de me gustaría explotar mi cuerpo, sentir que lo que hago escénicamente me completa un cien por ciento, ahí entras a buscar confiando ciegamente que si te vas entregando a esos deseos de manera obsesiva, de manera a veces estresada, pero confiando mucho en que hay algo real que te está empujando en realidad a querer expresarte, y en algún momento, con mucho trabajo, algo se abre y esa inspiración de pronto surge o uno siente que golpea contra algo que no sucede pero un día sucede porque estás inspirado, pero esa inspiración surge por todo ese trabajo que hiciste antes. La obra me deja esa enseñanza de que ese proceso es posible. Confiamos en la disciplina, nos juntamos sin saber qué hacer ese día, tal vez solo hablamos ese día, y no sucede nada, pero eso posibilita que al próximo día algo despierte, esa disciplina es importante, es lo que yo me llevo. Allí mismo, Federico, en este punto del cual hablas, te dejas ir al misterio, a esa incertidumbre, ¿desde ese punto ciego has descubierto lo que estaba guardado dentro de ti? Acá me gustaría hablar de una persona que nos acompañó en el proceso que es Ciro Zorzoli, pedagogo y director de teatro, argentino, que nos hizo una tutoría artística del proyecto, y nos ayudó a entender esto: uno tiene una propuesta para el ensayo, queremos ver diferentes maneras de chocar el cuerpo con la intención de fusionarnos, pero después en el momento en que uno está allí, escuchar aquello que surge de la relación y del momento, estando muy presente, permitiendo que emerjan de esa relación aquello que es desconocido y que no viene desde el lugar mental sino de un lugar físico, del hecho de poder estar ahí de verdad dejando que esa relación te afecte, y ahí surge eso que vos decís: si uno se deja tocar, estar tocando un cuerpo no es una idea, es una acción que despierta un montón de ideas y subconscientes, de sensaciones y emociones. En la obra trabajamos mucho con el híbrido entre lo animal y lo humano, y ahí también aparece la experiencia del instinto, la experiencia de aquello que es de manera intempestiva, antes de que uno lo pueda controlar. Ramiro, tomando en cuenta la historia de Argentina, ¿tienes alguna postura social al momento de interpretar con tu cuerpo, te interesa como objetivo? Cuando estaba en la secundaria, en la estancia de formación antes de empezar a bailar, participaba en muchos colectivos de militancia de izquierda, haciendo trabajos territoriales y de asistencialismo. Hay algo que me queda muy presente de esa experiencia y de cómo voy atravesando mi vida política adulta a través de la danza, porque hay algo que permite el movimiento que es solamente el cuerpo, y el cuerpo es igual en cualquier estrato social que se encuentre, hay cuerpos que están más maltratados, cuerpos con menor conciencia, con más limitaciones por una cuestión del entorno, precisamente por eso siento que la danza contemporánea permite encarnar todos los cuerpos siempre que se pueda nombrar de esa manera. Para mí, siendo argentino, actor protagonista de la historia, como siento que soy socialmente, encuentro que la danza es un lenguaje que puede vehiculizar

tremendamente todas estas angustias, todas estas injusticias, porque no es a lo del orden que se pueda nombrar sino del orden que ya existen en nuestro cuerpo, nuestro cuerpo es toda esta historia que mencionas vos, tiene a Borges, a Cortázar, a Maradona, tiene la dictadura, la vuelta a la democracia, la fiestas populares, tiene la murga, tiene el tango, es algo que ya lo tenemos cuando nacemos porque el cuerpo es también una extensión de la cultura, nuestro cuerpo está amoldado por nuestra cultura y por nuestro entornos social, entonces yo siento que la danza es un gran puente para ese tipo de expresiones, que ya están dadas, no hay qué hacer nada, simplemente conectarse con la idea del cuerpo, con la idea de la historia. Federico: Dos cosas que se me aparecieron escuchando a Ramiro: por un lado que la sensación que teníamos cuando empezamos a crear, era como de sacarse algo de encima, que ahí también está la cosa intuitiva, se nos aparecía mucho la palabra de la explosión, que creo tenía mucho qué ver con poder eliminar de uno aquello con lo que uno no se siente cómodo o donde uno no es uno mismo, que podríamos pensar que es algo más de la persona pero que también es algo social, aquello que te atrapa, que en nosotros se podría manifestar a cómo bailar pero que después lo podemos llevar a muchos órdenes. Eso es el cuerpo pero también en relación de la danza es el movimiento. Hablábamos con una filósofa, Claudia Groesman, que trabaja con la danza en Buenos Aires, y nos decía que se habla mucho del cuerpo, pero en su trabajo ustedes trabajan con el cuerpo como concepto, lo hacen con el movimiento, y el movimiento es la manera que tiene el cuerpo en expresarse en relación, eso me parece interesante también, porque cuando uno encuentra su movimiento, uno encuentra cómo le da cauce al cuerpo para estar con otros, su propia manera, su propia particularidad, eso también es algo que nos interesa. Algo que nos pasa en las evoluciones o cuando hablamos con gente, es que nos preguntan que si somos pareja, o nos dicen que la obra es homoerótica, esa y otras relaciones que tienen qué ver con la sexualidad, que obviamente son características que socialmente nos definen, y es interesante porque las ideas que a nosotros nos empujaron a trabajar no tienen qué ver con habar de la sexualidad, ni de género, sino más bien de construir cuerpos extraños y diferentes pero todos esos símbolos están en nuestra persona y de repente agarrar un cuerpo y querer metértelo dentro, tal vez uno está hablando de homoerotismo, hay erotismo por más que uno no esté pensando en eso. Ramiro: Eso también habla de lo que la gente necesita sublimar en un espectáculo. Nosotros hicimos unas funciones de esta obra en lo que fue un centro clandestino de detención que funcionó durante la última dictadura cívico militar, un gran centro de detención donde fueron exterminados un montón de militantes de diferentes inclinaciones sociales. Ahora este espacio se convirtió en el Centro Cultural de la Memoria Arnoldo Conti. Cuando hicimos la función allí, la obra se re escenificó de una manera categórica, porque estábamos en un espacio donde habían sido torturado y matados jóvenes en los setenta, durante la dictadura, entonces estábamos allí con nuestros cuerpos desnudos, tocándonos, siendo otros cuerpos, manipulándonos, cayéndonos, como muriendo, y eso abre un sentido que va más allá de lo que la obra propone, es una construcción de lo que el espectador necesita.


29 de abril 2018

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Un Desierto para la Danza ISC

¿Realidades ficticias? Mario Lagarda

INQBA

L

a función de ayer en UDPD fue múltiple y diversa, sin embargo, todas guardaban algo en común, la disposición planteada para los asistentes se dejaba abierta: “Pueden decidir donde sentarse”, nos comentaba una de las chicas en la entrada al foro. Desde ese momento supe que la dinámica sería distinta a lo convencional. De principio nos recibió la pieza INQBA de Sara Tolosa y Perla López, dos gigantes de la escena sonorense contemporánea, que jugaron con herramientas escénicas con las cuales no las familiarizamos mucho: el uso de la voz hablada, el canto, el gag, etc., aderezado claro, de elementos distintivos, la máscara corporal y la improvisación. Las interpretes nos regalaron lo que parecían ser cuerpos programados, fragmentos de personajes televisivos que se extrañaban de estar en escena y pareciera que están obligados a permanecer en este aparador o pedestal y entretenernos con lo primero que le viniera a la mente, incluso si esto era cantar a grito suelto, desbaratarse con movimiento espasmódico o darnos una receta sobre blackberrys, blueberry, strawberrys y todos los berrys que se les ocurriera… a tal grado que su placer era detonado con aplausos, como si se tratase de combustible para continuar, buscando una especie de aprobación por parte de un posible demiurgo.

Ponle

Play

Al final queda un termómetro del mundo en que vivimos, una necesidad imperante de permanecer entretenidos, encendidos, alienados, en la búsqueda sin cesar de material distractor y absurdo, basta con prender la TV, navegar en FB buscando algún meme, ver videos en YT, no importa si tratan sobre abrir huevos kínder sorpresa o gente hablando tonterías, al final lo que importa es huir, activar nuestro mecanismo de pasividad.

Para bailar esto es una bomba

Edgar García Véjar

E

l programa continuó con “Ponle Play”, un dispositivo ideado por Estefanía Iglesias, a mi parecer, sencillo, del que pueden germinar varias posibilidades de exploración en escena. La obra apuesta al juego y permite observar (nos) en términos de la relación con el público. Un grupo de bailarinas se mezclan con el ambiente de música y luces, con la facultad de desaparecer para dejar ver lo que realmente se mueve y transita entre el playlist: al público, espectadores activos que muestran risas, titubeos, se postran bajo el cenital y eligen de entre una variada colección de canciones, la que regirá el siguiente fragmento coreográfico, que se vuelve suyo. El objeto “música” se convierte en un eje alrededor del cual giran los espectadores, poniendo al descubierto gustos, inten-

Mario Lagarda

ETO CUCHARON

EROS CUCHAMO

ESOS CUCHADOS

ELLO JURARON

EL LOS JUJIARO

EL LOS JUJIRAON

ELLOS GANARON

ELLOS JUGARON​

La procesión terminó con una experiencia lúdica y simple. Flicker, de Aníbal Conde y Magdalena Leite, se trataba de un dispositivo del que participaban dos cuerpos a través de un juego fonético. Los performers lanzaban alaridos y balbuceos que de vez en vez se convertían en palabras comprensibles, frases al aire que por su carácter aleatorio daban oportunidad a coincidencias que eran aprovechadas para mantener el juego. Lo efímero se hacia presente una y otra vez, en ocasiones los “farfulleos” que se modifican con el volumen, el cansancio de los cuerpos, el eco del lugar, los movimientos que mantenían un ritmo y un desplazamiento, daban acceso a otro tipo de lenguaje en el cual el significante cobraba mayor preponderancia que el significado. Los cuerpos navegaban entre el terreno de las palabras concretas y lo incomprensible con bandera de absurdo, pero posibilitador. Nos hacían partícipes de un universo en donde la compenetración de dos cuerpos que se entregaban al juego, me hizo recordar justo el significado de Play en inglés, vocablo utilizado tanto para referirse a Juego, como a obra escénica o Iniciar.

La pieza se muestra así, de manera simple y acaba igual, al llegar el límite de tiempo; permite el disfrute y la convivencia, la risa. Creo que es una obra que puede crecer muchísimo y que muestra ya algunos focos de potencialidades, que dan para hacer el dispositivo más complejo, y así ahondar en el intercambio con los espectadores, pudiendo generarun ejercicio de encuentro, de dialéctica, de comunidad. Quedé con buen sabor de boca al ver todas esas posibilidades asomándose cada vez que alguien puso play, de entre los silencios, en el tiempo de espera entre una canción y otra, y en las miradas de los asistentes.

Isla casi desierta

Isla Lum

Flicker

ciones, y, si indagáramos más, incluso rasgos de personalidad y opiniones respecto a su momento en la obra.

Edgar García Véjar

La siguiente obra nos trasladó a MUSAS, donde Isabel Rangel jugó con el vacío, un lienzo en blanco por el que navegó a base de memorias. Su obra, Isla Lum, se instaló en una galería de arte, y provocó un silencio propio de la misma, intervenido sólo por su cuerpo, dispuesto para recrear lo que a ella le sacude, a través de movimientos extendidos sobre ese espacio deshabitado. Estos gestos, a la vez incómodos y naturales, son su herramienta para poner afuera y compartir con tiempo límite, el dibujo de algo que parece ser más grande, el esbozo de algo íntimo, de un secreto, que nos dice existe, pero no expone por completo. Se muestra pues, su mundo complejo, a través de murmullos, y aprovecha el espacio, la luz, el foro, para hablarnos desde una íntima voz, indudablemente suya.


29 de abril 2018

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Un Desierto para la Danza ISC

Kenia Noriega Salir de lo cotidiano L. Carlos Sánchez

Desde la infancia su mirada estuvo puesta en la danza. Bailar como una consigna, como una inercia. El camino inequívoco. Hoy Kenia Noriega ha hecho de la danza contemporánea, su profesión. Su propuesta es parte del programa general de Un Desierto para la Danza, edición 26. Lo que propone, ahora mismo lo dice: “Relieve surge a partir de una exploración del sonido, de sus diferentes capas y texturas que lo conforman y cómo en ello vamos encontrando momentos de saturación o de aparente vacío que van conformando relieves, en el sonido y a partir de esto cómo se relaciona o dialoga con el cuerpo generando movimiento. “La música es creada en tiempo real, el performance es en colaboración con el colega Yersi Molina, quien se encarga de la parte sonora, es en tiempo real, insisto, y se va generando una partitura de sonido que genera la estructura de la pieza en movimiento”.

Bailar “Siempre supe que quería ser bailarina, de niña cuando me preguntaba y tú que vas a ser de grande, yo siempre decía bailarina o patinadora o gimnasta o algo así, jamás dije maestra, ingeniera, nada. A parte empecé en la danza desde los cinco años, estudiando jazz y tap, desde ahí me quedé para siempre. Cuando entré a la secundaria varias de mis maestras habían ingresado a la licenciatura en artes, entonces supe que la danza se podía hacer de manera profesional, a partir de ahí dije: yo voy a estudiar danza. Claro, después vienen las dudas, los miedos que te mete la sociedad, que de qué vas a vivir, qué vas a hacer, eso no es una carrera, pero uno se aferra y aquí andamos”. Kenia, ¿cómo has desarrollado la danza contemporánea, en qué te focalizas, cuáles son tus temas? Creo que desde el inicio mi perspectiva ha cambiado mucho, porque ingresando en la carrera yo seguía enfocada en lo contemporáneo que era algo nuevo para mí pero seguía pensando que podía seguirme dedicando al jazz y al tap que era en lo que había estado durante muchos años y me encantaba y me sigue encantando, pero en el transcurso de la carrera comienzas a ver otras cosas, los maestros te comparten cosas diferentes, vienes a ver Un Desierto cada año, o te enteras de un curso en otro lugar o que tal coreógrafo está presentando una pieza allá y empiezas a buscar más, con los medios, te vas nutriendo y cambia por completo la perspectiva; comencé desde una danza donde tradicionalmente se conoce con mucho movimiento porque me encantaba moverme, sentir el cuerpo, generar otros estados, y ahora también pero busco otras maneras, quizá más relacionadas al performance, me gusta más el hecho de generar justamente estados, que compartir secuencias de movimiento ligadas a otras cosas, prefiero buscar generar momentos que te saquen de lo ordinario o cotidiano, creo que por ahí estoy en este momento. *La trascendencia que te representa ser parte de esta edición de Un Desierto para la Danza, ¿cuál es?* Para mí realmente es un orgullo, me siento agradecida por la oportunidad que se ha empezado a abrir los años más recientes hacia los jóvenes, que también estamos generando otros movimientos o desarrollando la danza de hoy. Para mí eso es muy importante.


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Un Desierto para la Danza ISC

Alejandro Ramonet y Analí Aragón Cuerpos en órbita

Marreyna Arias

La dupla conformada por Alejandro Ramonet y Analí Aragón, lleva por nombre Proyecto Asimétrico. Búcaro negro es la primera obra del dueto, creada hace dos años y medio con ella. En Hermosillo es la primera vez que la presentan y en el mejor escenario para la danza joven: Un Desierto para la Danza. Sobre la obra nos comentan: Generamos un lenguaje por medio de los cuerpos y la gravedad entre ellos desde subatómicos hasta astrales, así como estrellas planetas, electrones, neutrones y todo lo que hay entre medio hasta personas, de ahí generamos lenguaje entre nuestros dos cuerpos y le dimos una estructura con nuestra propuesta y nuestro estilo. ¿Qué tiene en común lo subatómico y lo astral, y cómo lo llevan a la coreografía? Alejandro: Cómo orbitan y se atraen es donde planteamos el lenguaje. O sea, básicamente cómo orbitan y cómo la gravedad las jala y se repelen, de ahí jugamos para generar lenguaje con los cuerpos. Anahí: Esa relación constante de todos los cuerpos, de cómo se comunican y juegan y se repelen y se atraen, todo el tiempo está ese juego con un ritmo y con una constancia de expansión y contracción, entonces eso es lo que se va a ver en esa propuesta.

HOY

Parkour, capoeira, danza, acrobacia, teatro físico y artes audiovisuales ¿Son herramientas de entrenamiento o es una combinación de lo que veremos? Anahí: Entrenamos mayormente con parkour y mucho entrenamiento funcional y sí, lo dejamos solo para el entrenamiento. La propuesta ya parte de otras ideas, pero se va a ver, sí esta pieza es física, y se va a ver mucho cuerpo moviéndose. Alejandro: El entrenamiento moldea de cierta manera el cuerpo, por eso a fuerzas se nota mucho lo que hace la persona para entrenarse en lo que presenta, pero buscamos que la propuesta no se afectara, no parte del puro entrenamiento. ¿Qué les significa participar en el festival UDPD? Alejandro: Nos gusta, es atractivo estar aquí porque al ser yo de Hermosillo y Analí de Obregón, el Desierto para la Danza es algo que hemos visto desde hace muchísimos años y ahora ser parte de él está padre. Analí: Se siente familiar, se siente a gusto la gente también que trabaja para el Desierto la conocemos, ya todo se vuelve como en familia, nos gusta estar aquí. A pesar de ser su primera, obra no la han presentado en Hermosillo ¿Dónde la habían presentado?

Relieve Coreografía: Kenia Noriega 19:00 horas, explanada principal de Casa de la Cultura de Sonora Admisión gratuita

Analí: La presentamos en 2016, la estrenamos en Costa Rica y luego en Guadalajara, Ciudad Obregón, Monterrey, Burgos en España, Guatemala y en Costa Rica un par de veces más. En Costa Rica la hemos presentado más. ¿Por qué esa relación con Costa Rica? Alejandro: Nos identificamos con ellos, puede ser que no escénicamente o de propuesta seamos tan similares, pero en la forma de entrenamiento, de llevar esa idea de entrenar el cuerpo para algo, nos parecemos bastante, es donde coincidimos e igual hemos hecho buenas amistades, es una combinación de estar a gusto y estar en sincronía. Analí: Estuvimos primero en Revés que es un entrenamiento que se hace en el mes de enero, como entrenamiento de verano; al final se se presentan propuestas y ahí fue donde estrenamos nuestra obra. Luego fuimos al Festival Sólo Dos en Danza, un certamen de ese país. También participamos en un festival de calle que se llama La Machine. ¿Qué sigue para ustedes en la danza? Alejandro: Tenemos una segunda pieza que es de formato largo, pero la presentamos en un espacio alternativo, esa pieza queremos transformarla en algo para el escenario; la otra es conseguir los medios: presupuesto y los espacios para trabajarlo. También con planes de salir, dentro del país y fuera del país.

Proyecto Asimétrico Buraco negro Coreografía: Alejandro Ramonet y Analí Aragón 19:30 horas, explanada principal de Casa de la Cultura de Sonora Admisión gratuita

Los Cuerpos Coreografía: Ramiro Cortez y Federico Fontán (Argentina) 20:00 horas, Teatro de la Ciudad, Casa de la Cultura de Sonora

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