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UTOPÍA

IM ABREU FERNÁNDEZ


T

odos, desde los más chicos hasta los más grandes, hemos pasado por momentos en los cuales hemos deseado desde lo más profundo de nuestros seres que el tiempo se detenga. Y que no se vuelva a poner en marcha para que podamos

disfrutar de aquel instante, minuto, hora o día que tan felices nos hizo. Para revivirlo una y otra vez como un video casete atascado dentro del VHS de la sala de estar o para extenderlo en su propia naturaleza hasta el fin de las eras en una vida absolutamente perfecta. Si, sé que sí, así que no lo niegues, solo acepta que eres humano igual que yo y pregúntate ¿Qué tal si eso fuera posible? Era una tarde fría, de esas en que dudas de que República Dominica sea una de las islas del Caribe. No recuerdo si era enero o febrero, pero era invierno, aunque no diciembre ya que algunas casas desmontaban sus adornos navideños. De seguro era enero, pues tampoco escuchaba nada sobre el carnaval, así que sí, debió ser enero. Geraldine era una chica o más bien toda una mujer lista para graduarse de derecho. Estaba llegando de casa de una amiga y sus hermanas, con visitas de la hermana menor, jugaban Cranium. Ella parecía estar muy cansada en ese momento como para unirse al juego y demasiado triste como para querer fingir sonrisas y es que a medio camino a casa, había recibido una terrible noticia por el celular. No sé bien cual era ni es lo más prudente indagar en esos detalles si para esta historia nos basta con saber que estaba triste. La hermana de en medio notó rápidamente la tristeza de la mayor, nuestra protagonista, aunque los demás no se percataron en lo absoluto o bien supieron ocultarlo. Katherine decidió preguntarle la razón una vez subió a su habitación, pero la decisión no siempre basta y al final se retractó, pues también, sobre ser una persona perspicaz para estas cosas, era una que bien sabía cuando era mejor dejar sola a la otra persona. Anocheció y se fueron los jugadores y quién ganó fue el equipo de la menor. Si, Kath además también es muy mala para estos juegos. Durante la cena el resto de la familia intentó entablar temas alegres en la conversación pero igual no funcionaron. Debió ser una terrible noticia digo yo. Aunque no tan mala, pues cuando el timbre sonó y Stefany se lanzó a abrir la puerta, como siempre, la presencia de la visita nubló velozmente la tristeza de Geraldine. Eso o le dio amnesia. Era un viejo amigo, uno que hacía años que no veía y que al parecer tenía un buen motivo para estar allí. Durante un instante solo se escucharon murmullos desde la sala o vestíbulo, y todos los que estaban aún a la mesa supusieron que ella le contaba en ese momento lo que ninguno de ellos sabía. Y estaban en lo cierto. Seguido el le dio un abrazo y la consoló y le dijo casi en un susurro:


−Lo bueno es que traje algo que quizás pueda alegrarte. Ella se separó rápidamente y lo miró a los ojos, pues le dio mucha curiosidad. Tenía mucho que no lo veía, años en verdad, y este le traía un regalo. Bueno, tampoco es para menos, no vas a la casa de una amiga de sorpresa después de varios años sin verla y encima con las manos vacías. −¿Recuerdas esto?−preguntó mientras le mostraba un guillo de oro que se veía acabado por el tiempo. Ella se sorprendió tanto que se le hizo un nudo en la garganta y cuando por fin pudo decir algo, fueron cosillas torpes como: “¿Cómo puede ser?, “¡Es imposible!” o “Esto no es verdad”. Si, era un guillo muy especial y él sonreía orgulloso y satisfecho viéndola así. Ella lo tomó de sus manos aunque en realidad yo diría que se lo arrebato de estas y que se abalanzó sobre él para abrazarlo tan fuerte como pudo. Abrazada y con los ojos algo humedecido dejo viajar su mirada por la ventaba hacia la inmensa noche y en ese momento fue que lo hizo. Ese guillo, para explicarte el porqué de las cosas, pertenecía a Geraldine desde que cumplió un año de edad y tenía su nombre grabado sobre sí. Lo cierto es que en una discusión con una prima, de la cual no mencionaré nombre, el guillo se había perdido en el río Ozama, en uno de esos viajes por el país. Esta prima había arrojado el guillo al agua entre amenazas y lo que sucedió después de eso ya es otra historia. El guillo se había olvidado con los años y ahora un viejo amigo resulta haberlo hallado tanto tiempo después, aunque de casualidad, pero sabiendo de la historia y de lo importante que era, no dudo en ir a Santiago a devolvérselo a su dueña. Y ya que te debes estar preguntando a muerte que fue lo que ella hizo, te diré. Pidió que en aquel momento que le causaba tanta felicidad, se detuviera el tiempo y que ella pudiese vivirlo una y otra vez con los demás momentos que le hacían sentir así. El problema es que a veces no nos cuidamos con lo que deseamos y se nos puede cumplir al pié de la letra, como sucedió, pues una estrella fugaz había estado cruzando el cielo en ese mismo instante. Y el tiempo se congeló. En un principio ella estuvo muy contenta como para haberlo notado, pero el silencio de repente era abrumador y solo se escuchaba ella como también ahora su amigo se sentía tieso como una estatua. Pero por favor no vayan a malpensar porque estuviesen tan cerca el uno del otro. Geraldine intentó zafarse de entre sus brazos pero no era tan fácil hacerlo como decirlo… o pensarlo como en su caso. A fin de cuentas, lo logró, mas no fue tan satisfactorio viendo a su amigo inmóvil como una muñeco de será. Y digo muñeco porque así lo describía ella. Al parecer era buenmozo. Fue al comedor corriendo a ver que el silencio no fuese lo que temía, pero a veces acertamos y no es tan bueno. Toda la familia se encontraba congelada en el tiempo, cosa


que bien entendió cuando el agua que se servía su padre en su vaso, al fondo de la mesa, estaba estática entre el la jarra y este. Entonces recordó el deseo y lamentándolo y atemorizada de sí misma, se dejó caer al suelo. Sin embargo, no hubo tiempo para desmoronarse por completo ya que algo comenzó a hacer ruidos. Violentos y repetitivos ruidos como si se intentara salir de algún sitio a golpes y venía de la sala de estar, del estante donde estaba la televisión. De una caja que nunca había visto, de esas marrones que comúnmente ves en las oficinas de correo o cuando te llega un paquete del extranjero. Se acercó lentamente, pero tenía miedo de lo que habría dentro y no se decidía por abrirla. Cuando estuvo un rato observándolo detenidamente esta dejó también de hacer ruido y se estuvo quieta. El problema fue que cuando ella dio un paso al frente para acercarse, el paquete también dio un brinco como si volviese, fuera lo que fuera que hubiese dentro, a intentar salir de la caja. Intimidada por aquello salió de la casa a buscar ayuda, pero para su desgracia, el carro no encendía, pues el encendido de un auto es todo un proceso y todo proceso necesita tiempo, y sin tiempo… bueno, ustedes entienden. Corrió por la calle y revisó las otras casas para encontrarse con la misma historia. Y es lógico, si el tiempo se detiene, el tiempo se detiene para todos. Bueno, para todos excepto ella, quien sin consuelo volvió a enfrentar a la misteriosa caja que al poner un pie en la caza volvió a hacer escándalo. Ella daba un paso y la caja dos brincos, luego tres y luego cuatro, mientras más cerca estaba, parecía volverse loca con la cercanía. Por su parte, a Geraldine le temblaban más y más las manos que extendía hacia ésta y le latía más y más rápido el corazón con cada segundo… bueno, el tiempo estaba detenido así que es un tanto contradictorio referirse a las unidades del mismo, pero ustedes entienden. Cuando por fin la tocó, increíblemente ésta se aquietó y no volvió a moverse, lo que le permitió llevarla a la cocina y con un cuchillo cuidadosamente abrirla. Y no, no la apuñaleó primero como haríamos muchos de nosotros. Solo la abrió. Dentro, aunque no lo crean, solo había un lector de Blue Ray, las instrucciones de este, el control remoto y una carta con su nombre en un sobre inmenso. Extrañada, tomó primero el sobre y lo abrió, y sacó la carta y un disco de Blue Ray sin caratula, totalmente en blanco. Lo puso boca abajo sobre la mesa y leyó la carta:

Querida Geraldine:

Si estás leyendo esto ya debiste haber pasado un tremendo susto al ver todo congelado en el tiempo. Siento que haya sido así pero era parte de tu deseo y como tal también tiene sus partes buenas. Aquí te dejo un lector de Blue Ray y un disco sobre toda tu vida. Lo entenderás cuando lo instales todo.


Te quiere, tu querida abuela

No podía ser más confuso, absurdo y doloroso (entenderían esto último si conociesen a Geraldine), pero no había más nada que se pudiese hacer entonces. Tomó el disco de la mesa y se llevó tremenda sorpresa al ver que ahora no estaba en blanco, sino con una cara de ella y su nombre grabado en este, como el disco que esperarías ver de cualquier película que alquilases. Instaló el aparato y sorprendentemente encendió en ausencia del tiempo y ahora la televisión también encendía. Era un avance, de seguro pensó. Introdujo el disco y rápidamente la pantalla del lector presentó “Loading” como acostumbran a hacer todos. Cuando cambio por “Menu”, la pantalla pasó de azul a un Menú con una foto a cuerpo completo de ella, su nombre en grande en la parte superior y las opciones a un lado. Eran bastantes: “Play the life”, “Scenes”, “Favs moments”, “Options”, “About Geraldine”, entre otras. La tercera estaba resaltada por alguna razón desconocida, pero la chica primero decidió ir por las opciones, luego a lenguaje y por último, ponerlo todo en español, para volver al menú principal que como se imaginarán solo cambió en el idioma de las opciones. Lo siguiente que hizo fue simplemente darle a “Momentos favoritos” y salieron unos veinte y tantos recuadros con imágenes de momentos que ella recordaba bien. Eran los momentos que a ella tan feliz la hacían. Bueno, para darles una idea, el último era el que ya conocen, uno en el que un viejo amigo llegaba de repente a su casa con un guillo que ella había perdido en un río. Quedó sin habla y desorientada. Era como lo había pedido. Un poco diferente a lo que imaginaba, pero bien preciso. Tomó el último recuadro y como el que fuera detonar una bomba, oprimió play sobre este… Durante la cena el resto de la familia intentó entablar temas alegres en la conversación pero igual no funcionaron. Debió ser una terrible noticia digo yo. Aunque no tan mala, pues cuando el timbre sonó y Stefany se lanzó a abrir la puerta, como siempre, la presencia de la visita nubló velozmente la tristeza de Geraldine. Eso o le dio amnesia. Era un viejo amigo, uno que hacía años que no veía y que al parecer tenía un buen motivo para estar allí. Durante un instante solo se escucharon murmullos desde la sala o vestíbulo, y todos los que estaban aún a la mesa supusieron que ella le contaba en ese momento lo que ninguno de ellos sabía. Y estaban en lo cierto. Seguido el le dio un abrazo y la consoló y le dijo casi en un susurro: −Lo bueno es que traje algo que quizás pueda alegrarte. Ella se separó rápidamente y lo miró a los ojos, pues le dio mucha curiosidad. Tenía mucho que no lo veía, años en verdad, y este le traía un regalo. Bueno, tampoco es para


menos, no vas a la casa de una amiga de sorpresa después de varios años sin verla y encima con las manos vacías. −¿Recuerdas esto?−preguntó mientras le mostraba un guillo de oro que se veía acabado por el tiempo. Ella se sorprendió tanto que se le hizo un nudo en la garganta y cuando por fin pudo decir algo, fueron cosillas torpes como: “¿Cómo puede ser?, “¡Es imposible!” o “Esto no es verdad”. Si, era un guillo muy especial y él sonreía orgulloso y satisfecho viéndola así. Ella lo tomó de sus manos aunque en realidad yo diría que se lo arrebato de estas y que se abalanzó sobre él para abrazarlo tan fuerte como pudo. Abrazada y con los ojos algo humedecido dejo viajar su mirada por la ventaba hacia la inmensa noche y en ese momento fue que lo hizo. Una vez finalizado el momento, estaba frente al televisor como si nada hubiera pasado y con las lágrimas del evento rodando ahora por sus mejillas. Se había repetido tal cual había sucedido. Se quitó las lágrimas con la manga del abrigo que llevaba puesto y comenzó a repetir las escenas que tanto le gustaban de su vida. Una tras otra. Una y otra vez. Momentos como su primer beso, su graduación del bachiller, la bicicleta que le regalaron en un octavo cumpleaños, la… Lamentablemente, pronto se cansó. Era lindo vivir esos momentos de nuevo, pero por más idénticos que fueran y aunque te comportaras y sintieras lo mismo nuevamente, al terminar sentías un enorme vacío por saber que era irreal. Un vacío que intentabas llenar con otra escena y esta, con otra. Lo malo fue que después era como ver los capítulos de tu serie favorita una y otra vez, que por más buena que fuese, terminaban cansando, y cansada de sus mejores momentos, terminó Geraldine. Luego, salió al menú principal y aburrida de sí mismas notó una opción que antes no había visto: “Malos momentos”. Curiosa al fin y con el tiempo detenido, accedió. Es lo que hubiese hecho cualquiera de nosotros en su lugar, pienso yo. Allí también encontró recuadros pero con las escenas de su vida que más detestaba, esas en las que había deseado que nunca hubiesen sucedido, y de entre ellas, encontró una que ya conocen: Estaban a la orilla de un río, Geraldine, Katherine y su prima, mientras el resto de la familia estaba un poco más arriba montando todo para comer. Eran versiones teens de las actuales y estarían de acuerdo si las pudiesen ver como yo las imagino. No puedo decir que edad tenía Geraldine para entonces, como tampoco lo podría hacer ahora, pero estoy seguro que Kath tenía 12 años, por lo que se imaginarán que no fue hace poco. Estaban las tres, Geraldine y su prima discutiendo por un disco compacto que pertenecía a la prima y que según esta había desaparecido en casa de las muchachas. Creo que era de Maná, pero fueron tantos los problemas después de eso que es difícil afirmarlo con toda seguridad.


La discusión se acaloraba cerca del río y la familia ni siquiera se había dado cuenta de su comienzo. Kath solo observaba, mientras las oraciones comenzaban a llevar insultos y las dos primas se hacían acusaciones la una a la otra, como también a sacarse en cara viejas vivencias. Algunas de estas las encontraríamos tanto en Momentos favoritos como en Malos momentos, ya que hablaban tanto de lo malo que se habían hecho como de lo bueno que se debían. La más pequeña de las tres no se atrevía a entrometerse, pues sabía bien lo que pasaba cuando los niños más pequeños se entrometían en las discusiones de los mayores, y bien lo sabía, no era nada bueno. En escena, Geraldine apuntó a su prima con el dedo y ésta, en respuesta al ver el preciado guillo que la chica siempre presumía por ser su prenda favorita, lo arrancó con rabia y lo lanzó al río. Geraldine que se quedó paralizada, humedeció los ojos, reanudó, empujó a su prima y corrió al río para tirarse al agua y empezar a buscar desesperadamente su preciada prenda entre las piedras. Comenzaba a llorar mientras buscaba un brillo dorado que le diera una pista o una esperanza, pero era en vano. Katherine se unió a la búsqueda casi de inmediato, pues sabía lo que importaba el guillo mas no veía que su hermana mayor se adentraba cada vez más y más en el río sin siquiera pensar en ello. Pero solo hasta que la corriente la tumbó y la se sumergió en el agua, cosa que si vio el resto de la familia que había bajado a la orilla para ver qué había estado sucediendo. Antes de que sacaran del agua a Geraldine por un brazo, como había pasado en el momento original, ella, que estaba sumergida completamente en el río, de pronto se sintió seca y estable, abrió los ojos y estaba sentada nuevamente sobre el sofá y frente a la televisión. Se quedó viendo la pantalla y se desmoronó en llanto. También lloró a mares durante mucho tiempo después del viaje, tal y como era de esperarse. Miró el guillo que ahora ella volvía a tener en sus manos, pero ya no lo sentía real. Así que, para ahogar la tristeza de la perdida, fue a Momentos favoritos y ya saben lo que hizo: Durante la cena el resto de la familia intentó entablar temas alegres en la conversación pero igual no funcionaron. Debió ser una terrible noticia digo yo. Aunque no tan mala, pues cuando el timbre sonó y Stefany se lanzó a abrir la puerta, como siempre, la presencia de la visita nubló velozmente la tristeza de Geraldine. Eso o le dio amnesia. Era un viejo amigo, uno que hacía años que no veía y que al parecer tenía un buen motivo para estar allí. Durante un instante solo se escucharon murmullos desde la sala o vestíbulo, y todos los que estaban aún a la mesa supusieron que ella le contaba en ese momento lo que ninguno de ellos sabía. Y estaban en lo cierto. Seguido el le dio un abrazo y la consoló y le dijo casi en un susurro: −Lo bueno es que traje algo que quizás pueda alegrarte. Ella se separó rápidamente y lo miró a los ojos, pues le dio mucha curiosidad. Tenía mucho que no lo veía, años en verdad, y este le traía un regalo. Bueno, tampoco es para


menos, no vas a la casa de una amiga de sorpresa después de varios años sin verla y encima con las manos vacías. −¿Recuerdas esto?−preguntó mientras le mostraba un guillo de oro que se veía acabado por el tiempo. Ella se sorprendió tanto que se le hizo un nudo en la garganta y cuando por fin pudo decir algo, fueron cosillas torpes como: “¿Cómo puede ser?, “¡Es imposible!” o “Esto no es verdad”. Si, era un guillo muy especial y él sonreía orgulloso y satisfecho viéndola así. Ella lo tomó de sus manos aunque en realidad yo diría que se lo arrebato de estas y que se abalanzó sobre él para abrazarlo tan fuerte como pudo. Abrazada y con los ojos algo humedecido dejo viajar su mirada por la ventaba hacia la inmensa noche y en ese momento fue que lo hizo. Cuando volvió al sofá lo entendió. Esta vez el momento que le había aburrido había recobrado su sentimiento original. No era el momento en sí solamente lo que lo hacía bello, sino su brillo sobre los malos momentos. Era cierto que eran los mejores momentos, pero no hubiesen sido nada si aquellos momentos tan difíciles no hubiesen existido. Si la vida solo fuera algodón de azúcar, terminaríamos empalagados sin importar cuánto nos guste este. Por lo que fue a Malos momentos y los vio desde sus recuadros como también vio la opción para borrarlos del Blue Ray, mas ya no quería borrarlos, aunque antes lo hubiese hecho sin basilar. Eran tristes recuerdos, pero necesarios, pues eran parte de ella. Entonces, de regreso en el menú principal, escogió la opción Escenas y estas estaban agrupadas por año, por lo que buscó en su memoria y fue bastante atrás a un mayo muy lejano, de un año que no recuerdo… Estaba ahora en una casa diferente y era la misma Geraldine que había estado en el río. Se encontraba en la habitación de una adolescente, pero no de la suya y cuando vino a caer en cuenta, hablaba eufóricamente con su prima. Conversaban de un muchacho que a esta le gustaba y del nuevo CD de Maná que había comprado una semana atrás. Escuchaban las canciones una por una y estaban encantadas, pero más Geraldine que lo escuchaba por primera vez. Al final la chica no pudo evitar pedirle el CD a su prima que terminó cediendo solo después de una larga jornada de insistir en ello y con condición de que se lo devolvería la próxima vez que se vieran. Después de casa de su prima, fueron a casa de la abuela a recoger unas frutas o algo así, pero como era de esperarse, sus padres se dejaron llevar por la conversación y se extendieron más de una hora. Geraldine, para matar el tiempo, puso el CD en el pequeño minicomponente de la habitación de la abuela, lo que no era para menos, pues estaba totalmente enamorada de la canción número siete, la cual repitió unas diez veces sin cansarse de ella. Al final, sin previo aviso, sus padres tocaron la bocina del auto para que saliera y fue tan pero tan repentino que Geraldine olvidó el CD aún tocándose en el cuarto


de la abuela. Salió como un cohete y prácticamente se lanzó sobre el asiento trasero del auto. Sabía que de hacer esperar mucho a su padre podía quedarse esa noche a dormir sin haberlo planeado. Luego de allí fueron a recoger a sus hermanas en un cumpleaños a pocas calles de su casa y la conversación sobre la fiesta terminó ahogando la memoria de la chica hasta olvidarse del CD. Las tres hermanas hablaban una al mismo tiempo que la otra como toda una gallareta sin cesar y al punto de opacar la radio. Entonces, entre las luces de los carros que iban pasando en vía contraria se cegó todo y Geraldine volvía a ver la luz de la sala de estar. Estaba de vuelta en su casa con el tiempo congelado y ahora sabía dónde había quedado el disco que tantos problemas le causó en el pasado, pues la siguiente vez que se topó con su prima fue en una viaje al río Ozama. Fue entonces al año 2011 del menú de Escenas, y adelantó hasta la noche en que ella ahora estaba o suponía aún estar, la seleccionó y oprimió Play… Durante la cena el resto de la familia intentó entablar temas alegres en la conversación pero igual no funcionaron. Debió ser una terrible noticia digo yo. Aunque no tan mala, pues cuando el timbre sonó y Stefany se lanzó a abrir la puerta, como siempre, la presencia de la visita nubló velozmente la tristeza de Geraldine. Eso o le dio amnesia. Era un viejo amigo, uno que hacía años que no veía y que al parecer tenía un buen motivo para estar allí. Durante un instante solo se escucharon murmullos desde la sala o vestíbulo, y todos los que estaban aún a la mesa supusieron que ella le contaba en ese momento lo que ninguno de ellos sabía. Y estaban en lo cierto. Seguido el le dio un abrazo y la consoló y le dijo casi en un susurro: −Lo bueno es que traje algo que quizás pueda alegrarte. Ella se separó rápidamente y lo miró a los ojos, pues le dio mucha curiosidad. Tenía mucho que no lo veía, años en verdad, y este le traía un regalo. Bueno, tampoco es para menos, no vas a la casa de una amiga de sorpresa después de varios años sin verla y encima con las manos vacías. −¿Recuerdas esto?−preguntó mientras le mostraba un guillo de oro que se veía acabado por el tiempo. Ella se sorprendió tanto que se le hizo un nudo en la garganta y cuando por fin pudo decir algo, fueron cosillas torpes como: “¿Como puede ser?, “¡Es imposible!” o “Esto no es verdad”. Si, era un guillo muy especial y él sonreía orgulloso y satisfecho viéndola así. Ella lo tomó de sus manos aunque en realidad yo diría que se lo arrebato de estas y que se abalanzó sobre él para abrazarlo tan fuerte como pudo. Abrazada y con los ojos algo humedecido dejo viajar su mirada por la ventaba hacia la inmensa noche y en ese momento vio la estrella fugaz que iba pasando. Esperó a que pasara y desapareciera, abrazó fuertemente a su amigo. Esta vez el tiempo no se detuvo.


A la mañana siguiente, con su tazón de cereal en una mano y terminándose de abrochar la chaqueta de oficina de estudiantes de intercambio, con la otra mano, pasó frente al televisor y vio en el estante la caja del lector de Blue Ray. Sintió un escalofrío que ascendió por su espalda a una velocidad semejante a la del sonido o eso juró ella. Dejó el tazón a un lado y tomó la caja, la llevó a la cocina, la abrió como la vez pasada y vio que había lo mismo que antes. Abrió lentamente el sobre, sacó la carta de este y la leyó:

Querida Geraldine:

Si estás leyendo esto debiste haber aprendido una valiosa lección que espero nunca olvides y que por asuntos que de seguro entiendes no puedo extenderme mucho para explicártela. No te preocupes por mí, yo estoy bien y ustedes han crecido y se han puesto tan hermosas como yo. Quizás no tanto, pero van en buen camino. Solo quiero que olvides y perdones a tu prima, ella aún lo lamenta.

Te quiere, tu querida abuela.

Posdata: espero te guste los cambios que le hice al guillo, por poco y se me olvida esta vez. (;))

Geraldine volvió a llorar pero esta vez de alegría frente a la carta hasta que reaccionó y revisó el guillo que ahora llevaba puesto. No estaba gastado, estaba reluciente como nuevo, ni roto, pues bien lo llevaba puesto aún después de cuando se lo arrancó de la muñeca su prima. Pero uno de los cambios mientras lo admiraba, la sorprendió más que los dos anteriores, había ahora un grabado al reverso de este. Antes solo decía el nombre de la chica a la vista de todos, pero ahora, por detrás decía “Te quiere, tu querida abuela”. Estaba anonada y no era para menos. Eso no estaba allí antes. Salió disparada a la cocina a buscar a Kath, pero ya se había ido para la universidad y solo quedaba Stefany que iba bajando las escaleras en pijama y media dormida. −Stefany, ¿mi guillo tenía algo escrito al reverso?–preguntó bruscamente. −¿Eh?−solo logró decir su hermana confundida por la preguntada y desorientada aún por el sueño. −Solo responde−insistió la mayor. −Claro que no−respondió al fin y luego bostezó abiertamente−. Recuerda que guelita siempre contaba que el sujeto de la joyería nunca grabó la parte de atrás y que era muy tarde para hacerlo, porque era el mismo día de tu primer cumple−añadió después y hasta


quiso preguntar a que venía la pregunta, pero ahora se dirigía al baño y para ella “En la vida hay prioridades”. Geraldine le agradeció y se fue a la cocina de nuevo para buscar la caja y lo demás, pero antes de que llegara, escuchó que su hermana le gritaba algo más: −Ah y también decía que siempre se le olvidaba llevarlo para que lo acabaran de grabar aunque además tú nunca te lo quitabas… La chica admiró su guillo, sonrió y lanzó su mirada hacia la caja que ahora la tenía en frente. Metió la carta en el gran sobre que había venido y sintió algo duro dentro. Al sacarlo recordó que dentro del sobre también venía el disco que de nuevo estaba en blanco por delante. Solo como prueba Geraldine lo giró 180 grados para volverlo hacia ella y ver si cambiaba como antes. Sin embargo no hubo cambio alguno, por lo que sonrió de alivio. Por precaución lo volvió a dejar sobre la mesa bocaabajo como antes para tomarlo de nuevo, esperando encontrarlo en blanco por segunda vez. Para su sorpresa no fue así, pues al voltearlo por segunda vez quedó estupefacta cuando lo que vio resultaba ser la carátula del CD de Maná, el mismo que se había perdido. Ya solo había que devolverlo a su dueña y cerrar ese capítulo de sus vidas de una vez por todas.

Si se preguntan cómo sé toda la historia, es muy simple. Tres días después yo fui a la casa para ver a Kath y un dibujo que ella tenía. Cuando me desmonté del carro, sobre toda la basura y sobresaliendo del zafacón, había una caja abierta con un lector de Blue Ray de la marca “Utopía”. Imaginé un eslogan algo así como “Un mundo ideal de películas” y como nunca había escuchado de ella, supuse que era coreana o china. También intuí que había salido defectuoso, pues con todo y caja había parado en la basura. Lo dejé allí y entré a la casa. Cuando toqué el tema Kath llamó a su hermana mayor para que me contara la historia con lujo y detalle, como lo hizo. Al final no supe si creerle o llamar al Dr. Mirlan de los Santos para hospitalizarla en el psiquiátrico, pero acabé por escribirla en mi computadora para divulgarla por todo el internet. ¿Quién sabe?, quizás en estos momentos estés por recibir algo de Utopía.


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UTOPIA  

Es una historia tipo retrospectiva en la cual se centra en que no todo lo que deseamos, es lo que obtenemos ni lo que en realidad queremos....