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DE LA IMAGEN AL RELATO.


Un verdadero amigo. Lucía vivía con sus padres en una casa en el campo. La casa era muy bonita estaba blanqueada , tenía unas grandes ventanas por donde entraba el sol. El salón tenía una gran chimenea donde se juntaban todos a hablar . La casa tenía muchos animales : perros, gatos, canarios, tenía un gallinero donde había gallinas y un gallo, también unos grandes establos donde había caballos para competición y para criar. Lucía se levantaba todos los días temprano para ir a la escuela que estaba en un pueblo cerca de su casa. Iba andando con su hermano Adrián que era mayor que ella. A Lucía le encantaban los animales y muchas veces hablaba con ellos , les contaba cosas del colegio, lo bien que lo pasaba con sus amigos y lo simpáticos que eran sus profesores. Los animales que más le gustaban a Lucía eran los caballos. En el establo la yegua Maravilla que estaba embarazada de Campeón, un caballo blanco, alto y con una gran melena. Lucía iba todos los días a verlos, porque Maravilla podría dar a luz en cualquier momento. Esa tarde Maravilla empezó a sentirse mal y los padres de Lucía llamaron al veterinario. El veterinario ayudó a parir a Maravilla que dio a luz a un potro precioso al que Lucía lo bautizó con el nombre de Nieve, porque era muy blanco. Lucía estaba muy contenta, no paraba de sonreír , se abrazó a sus padres y a su hermano. Entonces su padre le dio una gran sorpresa porque le dijo que el caballo era suyo. Ella sería su madrina y tendría que cuidarlo. Lucía dio un salto y le dio un beso a su padre. Todas las mañanas Lucía se levantaba temprano para ver a Nieve. Le preparaba su comida y lo cepillaba. Nieve iba siempre detrás de ella, cuando Lucía iba delante Nieve le daba con la cabeza por detrás. En la escuela se celebraba el día de las mascotas y Adrián y Lucía llevaron a Nieve. Todos se quedaron boquiabiertos al ver lo bonito que era. Todos los del colegio no paraban de acercarse a él, pasaron un día estupendo. Al llegar a casa Lucía le puso la comida y le dio un gran abrazo . Nieve le sonrió y ella le dijo : amigos para siempre. Isabel María Moreno Reyes.


EL CABALLO VELOZ Un día, un niño que estaba en una granja vio como una yegua estaba de parto y cuando nació el potro el niño decidió criarlo. Cada día hacían carreras y se divertían mucho en el prado. Cuando el niño y el potro crecieron, mientras se estaban dando un paseo por el pueblo, vieron un cartel colgado en la pared que decía que se iba a disputar una carrera de caballos y ellos decidieron ir a participar. Cuando llegaron, se pusieron en posición y cuando sonó la campana salieron corriendo. Al terminar la carrera quedaron primeros y le dieron una copa por haber ganado, se pusieron muy contentos, desde entonces fueron inseparables. Ellos iba todos los días a dar un paseo por el campo, él cuidaba de su caballo mucho, lo cepillaba y no permitía que nada le pasara. Eran como padre e hijo porque se querían mucho.


EL CABALLO VELOZ Un día, un niño que estaba en una granja vio como una yegua estaba de parto y cuando nació el potro el niño decidió criarlo. Cada día hacían carreras y se divertían mucho en el prado. Cuando el niño y el potro crecieron, mientras se estaban dando un paseo por el pueblo, vieron un cartel colgado en la pared que decía que se iba a disputar una carrera de caballos y ellos decidieron ir a participar. Cuando llegaron, se pusieron en posición y cuando sonó la campana salieron corriendo. Al terminar la carrera quedaron primeros y le dieron una copa por haber ganado, se pusieron muy contentos, desde entonces fueron inseparables. Ellos iba todos los días a dar un paseo por el campo, él cuidaba de su caballo mucho, lo cepillaba y no permitía que nada le pasara. Eran como padre e hijo porque se querían mucho.


LUZ Os voy a contar una historia, que me ocurrió cuando era pequeña. Yo era una niña muy tímida y vivía en

una pequeña aldea de Cantabria. Como era muy tímida no tenía amigas, y me pasaba todo el día leyendo en

un enorme prado verde con pequeñas amapolas, de un rojo fuerte que tanto me gustaba. Un día que fui al

prado encontré un caballo blanco como la nieve, con una mirada perdida, me acerqué a él, pero corrió al verme y se fue. Me puse a leer, pero no podía

concentrarme, solo podía pensar en aquel caballo blanco.

Al segundo día, también estaba allí, pero tuve más

cuidado, cogí un puñado de hierbas y me acerqué

lentamente a él, el caballo no se asustó y pude tocarlo, era suave, pero a la vez áspero, decidí intentar

montarme, pero el caballo me dio una coz, y me tiró al suelo, me manché, y al volver a acercarme, se fue.

Cuando llegué a mi casa, mis padres me regañaron y

me dijeron que no volviera a acercarme a aquel caballo, pero yo no les hice caso.

Al tercer día, fui todavía más cuidadosa y conseguí

montarme en su bello lomo, cabalgué hasta donde vivía y allí estaban mis padres justo como pensaba, les


demostré que si no me rendía podía conseguir lo que me propusiera, y mis padres al verme tan feliz

aceptaron que me quedara con aquel caballo al que llame Luz.


El caballo de mis sueños Érase una vez, una niña llamada María que vivía en una pequeña casa en medio del

bosque.

Cada noche, antes de irse a dormir, se ponía a leer un cuento de caballos y

aventuras, porque le gustaban mucho. Después, lo dejaba en la mesita de noche, y se

tapaba con sus sábanas calentitas, y apagaba la luz. Cuando dormía, estaba soñando que tenía un caballo blanco. Los dos, hacían aventuras y volaban. Eran héroes. Siempre eran los mejores amigos.

Por la mañana, cuando María se despertó, bajó a la cocina, le dió un beso a su madre y se fue con su desayuno al río. Allí, se sentaba y se tomaba su bocadillo

tranquilamente mientras oía a los pájaros y el sonido refrescante del agua. A ella, le encantaba la naturaleza, porque era muy tranquila, agradable y muy colorida.

Después, se iba siempre a dar un paseo. A la vez, contemplaba el paisaje que tenía ante sus ojos. Llegaba a un prado lleno de flores de millones de colores y también se

encontraba con muchos animales. Una vez allí, se tumbó en el suelo y miró las nubes imaginándose el caballo blanco de sus sueños. Algún día le gustaría tener un caballo como el de sus sueños para volar y hacer aventuras.

Cuando se levantó, oyó un ruido a lo lejos. Ella se acercó y vio a un caballo blanco, que se había hecho daño en una de sus patas. María lo llevó al río con cuidado, y lo curó. El

caballo contento se le acercó y le hizo un gesto de amistad. Los dos se hicieron amigos. Pero María no sabía, que el caballo ocultaba un secreto. El caballo y María, empezaron a jugar. De repente, el caballo empezó a saltar,

intentándole decir algo a María. Ella se acercó y se montó encima de él. Cerró los ojos y sintió como si sus pies subieran de altura. Cuando abrió los ojos, no se lo podía creer, estaba volando encima del caballo. Sus sueños se habían hecho reales. ¡Era más feliz de lo que podía ser.! María se quedó con el caballo y lo cuidó siempre. Su madre si le dejó, ya que era

precioso y muy bueno. Así María, cada día se iba con su gran caballo blanco, que lo llamó Nieve, a hacer aventuras mientras volaban. ¡Eran los mejores amigos.!

Fin


CABALGANDO JUNTOS HACIA LA FELICIDAD

Había una vez una bella princesa que vivía en un precioso castillo con muchas doncellas que la cuidaban. Desde la ventana de su habitación veía todos los días un joven que pasaba montado en su caballo, y se enamoraron. Un día, se enteró por una conversación de sus padres que la iban a casar con un príncipe del país de al lado. El príncipe era malvado pero sus padres no tenían otra opción. Ella se lo comentó a su amado y entre los dos idearon un plan de fuga: el día de antes de su boda en el que su prometido y su familia estarían muy atareados con los preparativos, ellos huirían por la parte de atrás del castillo que normalmente no hay nadie, y menos esos días. Todo transcurría según lo previsto, ella era amable con su prometido para que no sospechara nada, le daba muestras de afecto, le hacía caso en muchas cosas... El día previo a la fuga su prometido se enteró de su plan cuando lo repasaban todo para que saliera perfecto. EL príncipe se enfadó y sentía que tenía que hacer algo. Llamó a un hechicero de su país y le contó el caso. Él le explicó que él sabía un conjuro que convertía a las personas en animales, y que ella al ver que su amado no fuera en su búsqueda se enfadaría tanto que lo llegaría a odiar, y él al ser un animal, no podría hacer nada para evitarlo. Esa noche el malvado príncipe y el perverso hechicero ejecutaron el plan y el joven quedó convertido en un bello caballo blanco. Al siguiente día la princesa lo esperaba en donde habían quedado para fugarse. Al ver que no venía, se desesperó y salió en su búsqueda, Ella sentía en su corazón que si no


venía era porque le había pasado algo malo. Cuando llegó al bosque encontró atado a un árbol a un bello caballo blanco, sintió algo especial al verlo; era como si lo conociera de antes . En sus ojo vio la mirada de su amado, y se puso a llorar al darse cuenta quien era ese caballo. Lo abrazó tan fuerte y con un amor tan intenso, que de ella salieron destellos de luz, y se convirtió en una blanca y preciosa yegua. Ambos se miraron contentos al ver que por fin podrían estar juntos. Se adentraron en el bosque con la esperanza de encontrar un lugar donde ser felices.

De la imagen al relato(1)  

Aquí subo unas historias que hemos hechoa a partir de la fotografía de un caballo blanco.

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