Page 10

Historias de vida El cruel miedo a la realidad Montserrat nació hace 44 años, en la ciudad de los cabezones, capital del Maresme. Niña de papá, que jugaba alegremente sin percibir maldad. Creció escribiendo sus sentimientos, leerlos era aprender más de ella. Montserrat tenía el don de involucrarse en todas las injusticias. Era por eso que no percibía el valor del silencio. Su personalidad arrolladora e inquieta le habían causado siempre problemas. Así que, con sus virtudes y defectos, maduró. Su aspecto de mujer es serio, fuerte, robusto, como un toro salvaje nacido un 27 de abril. Alta, como las montañas de Montserrat con sus alocadas curvas. Su piel acumula algunas cicatrices, tatuajes llenos de magníficos recuerdos y algunas acomodadas arrugas. Sus ojos color avellana delatan cansancio y siempre se resguardan bajo ese pelo largo, anaranjado, como el sol del atardecer. La joven iba a un colegio religioso, donde la enseñanza era exclusiva para niñas. Por las tardes, jugaba en un club de balonmano, era una espléndida jugadora y la federación puso sus ojos en ella. Tenía una familia acomodada socialmente y explicarles que estaba embarazada, era algo imposible. Vivía en Mataró con sus padres, Ramón e Isabel, y su hermana mayor Esther. A pesar de la buena relación con Ramón y Esther, Montserrat les ocultó su secreto. Tan solo tenía catorce años y no estaba preparada. Sinceramente, ni ella creía lo que le estaba ocurriendo. Lamentablemente, la educación sexual era un tabú en aquella familia y la sociedad era tremendamente estricta. Fueron ocho meses de larga angustia para ella, no hablaba con nadie del asunto y constantemente intentaba pasar desapercibida. Asumiendo que era la primera vez que mantenía relaciones sexuales, no podía creer en las consecuencias. Dejó de usar ropa ajustada para disimular la barriga, empezó hacer uso de vestimenta amplia y holgada . Así que, en los últimos meses de embarazo, decidió informar a sus padres que no quería ir al colegio. Al principio se lo impidieron, pero acabaron claudicando. Su cuerpo se hinchó de tal manera que tenía que pasar todas las horas posibles fuera del hogar, para no levantar sospechas. Hasta que llegó el día donde cambiaría el rumbo de su vida. Era de noche y ella acaba de cenar. Como pudo, aguantó los dolores de parto delante de todos, dio las buenas noches y se fue a la habitación. Los dolores eran

10

Profile for Isabel Verdu

Ficciones23  

Ficciones23  

Advertisement

Recommendations could not be loaded

Recommendations could not be loaded

Recommendations could not be loaded

Recommendations could not be loaded