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“Vivir la vida me da experiencias, para luego hacerlas canciones” En el cuarto de ensayo, Jessica Carrillo Cuevas, mejor conocida como Jessy Bulbo, cuenta la adolescencia difícil que vivió; y que, gracias a la experiencia de la vida y a la filosofía que sigue, ha alcanzado la madurez para enfrentar cualquier problema.

“Tuve una infancia muy salvaje” Para empezar, ¿dónde naciste? “Nací en Tlalnepantla. Bueno, yo nací en el hospital Fernando Quiroz que está en Tacuba, pero toda mi infancia la pasé en Tlalnepantla, Estado de México”. ¿Tienes hermanos? “Tres hermanos, sólo varones”. ¿Cómo fue vivir con ellos? “Muy salvaje. Eso sí, tuve una infancia muy salvaje, porque mis hermanos eran muy aventados y mis papás trabajaban todo el día. Entonces mi casa era un territorio salvaje”. ¿Te hubiera gustado tener una hermana? “Sí, de niña tuve muchas ganas de tener una hermana. “Yo era mala influencia, porque siempre andaba toda puerca y era bien machorra, entonces no me dejaban juntar con las niñas, pero siempre me hizo mucha falta. Después llegó a vivir cerca de mi casa una chava argentina, Cecilia. Me empecé a llevar con ella cuando yo iba en sexto de primaria y, creo que si no hubiera sido por ella, no sé qué hubiera sido de mí en la secundaria. Ella es como mi hermana, mi mejor amiga”. Cuando hacías algo malo, ¿cómo te castigaban?, ¿o no lo hacían? “No creo que se enteraran. Mi papá reprendía más a mis hermanos; pero mis travesuras no fueron así. Más bien lo que hice fue empezar a tener muchos


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novios, y mi mamá era la que se ponía loca. Me sermoneaba ‘nadie se va a querer casar contigo’ y yo así de ‘¿casarme?’. No entendía de lo que estaba hablando; me regañaba, me gritaba y me amenazaba con que nadie me iba a querer, pero no me castigaba”.

“Fue una etapa muy difícil” Adolescencia: cambios físicos y psicológicos, ¿cómo atravesaste esta etapa? “Para empezar, mi mamá tuvo cáncer de senos y de matriz, justo cuando yo estaba desarrollando. Tuvimos un encuentro: ella tuvo menopausia prematura justo cuando yo estaba empezando a menstruar. Nos agarrábamos del chongo. “Yo la recuerdo en la cama, recuperándose de la más fuerte operación -cuando le quitaron un seno-. La vi muy muy mal. Y yo, justo me tocaba, me sentía una bolita -que era mi glándula- le decía ‘mamá, también tengo una bolita’ y me respondía ‘es tu glándula’, y yo le decía ‘no, me duele mucho’. Debe haber sido bien loco para ella, en ese momento apoyarme y tratarme con cariño, cuando estaba pasando por algo tan difícil. La secundaria y la prepa, fue una etapa muy difícil”. La relación con tu madre no fue buena, ¿y la relación con tu padre? “Con mi papá me llevo muy bien; es que no se mete con nadie, nada más observa. Pareciera que no le importa nada, pero en realidad sí en los momentos más importantes -por ejemplo cuando yo estaba decidiendo qué carrera iba a estudiar en la universidad, mi hermano mayor me dijo ‘estudia algo que te vaya a dejar mucho dinero’ y yo estaba pensando entrar en algo como ingeniería electrónica o una cosa así-. Mi papá, por primera vez en mi vida, se metió y me dijo ‘no vayas a hacer eso, por favor haz algo creativo; te vas a morir de tristeza’ y yo me quedé ‘¡órale, qué loco!, yo que pensé que ni me pelaba’”. Tu padre te aconsejó para elegir algo que te gustara, algo creativo, ¿por cuál carrera optaste? “Elegí periodismo para medio balancear las dos tendencias -de mi hermano mayor y mi papá-, porque mi papá sí me sorprendió con su intervención. La verdad es que me tocó, pero yo en ese momento era súper fan de mi hermano


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mayor, todo quería hacerlo como él; era mi héroe. En ese momento quería hacerle caso, pero por otro lado, -yo creo que él mismo pensó que mi papá tenía razónentonces escogí periodismo. Quería estudiar letras, pero ahí le campechaneé por algo que sí pudiera darme un poco de chamba”. ¿Por qué razón no ejerciste el periodismo? “Sí lo ejercí. Cuando salí de la universidad, me fui a vivir a Xalapa, Veracruz, con uno de mis novios y ahí encontré un trabajo en la editorial del Instituto Electoral Veracruzano, donde yo era Jefe de Información. Hice varios libros, recopilar la información, redactarla, revisarla, etcétera; era mi responsabilidad y me la pasé muy bien. Aprendí muchísimo. “Hace unos años, estuve de corrector de estilo en Plaza y Valdés, la editorial. He estado publicando regularmente: tengo un blog que sí le invierto mucho tiempo, pero he publicado en La Mosca en la Pared o en la revista Sonika; he tenido columnas y colaboraciones en varias revistas, así que no he dejado completamente de ejercer, pero ya no le dedico como si fuera mi carrera primordial”. ¿Qué clase de libros lees? “Últimamente casi todo lo que leo es psicología junguiana, leo los que me encuentro: Joseph Campbell, que no sé si es junguiano, pero parece. Soy como una fanática”. ¿Estos libros te ayudan? ¿O cómo influyen en ti? “Los uso de guía para la vida, pero al mismo tiempo no siento que me sirvan tanto. Creo que hubo un tiempo en el que sí fui fanática de esas que obedece ciegamente. Pero ahora siento que, más bien eso es lo que me gusta. “Si me hubieras preguntado esto hace algunos años, probablemente te hubiera dicho ‘sí, mi vida es espectacular; yo nada más hice lo que Jung dijo. Desde que lo descubrí, me adhiero a sus principios, tengo todo lo que quiero, me va increíble’. Pero recientemente terminé en una de las crisis más grandes de mi vida, y yo estaba muy preparada. No me enojé, no me tiré en ningún momento, no me sentí como antes. Las veces anteriores que había tenido crisis fuertes, me tiraba en la cama y ya no me paraba, o me tiraba al alcohol o a la promiscuidad, o a cualquier


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cosa que me distrajera. Pero esta vez lo tome con muchísima serenidad, me sentí mucho más madura. Esa es la ayuda que me ha brindado esta clase de filosofía, la jungueana, que me gusta tanto”.

Jessy y la música Regresando un poco a lo de Las Ultrasónicas, ¿cómo entras a la agrupación? “En el 94, Ernesto Martínez -el esposo de Tere Martínez- trae a los Sinics a tocar a México e invitan a la banda del que entonces era mi novio para abrir el concierto. Entre las groupies de los Sinics estaba Jenifer -la baterista de las Ultrasónicas- y Tere -la tecladista de las Ultrasónicas-. Entonces me invitaron a tocar; me preguntaron si tocaba algo, y dije ‘ah, pues estoy aprendiendo a tocar la guitarra’. Me dijeron ‘no, pues ya tenemos guitarrista, ¿quieres tocar el bajo?’, y empecé a tocar, pero no les gustó. Me abrieron, pero nos hicimos muy amigas. “Meses después me dijeron ‘ya nos quedamos sin bajista, ¿quieres venir a probar otra vez?’; yo dije ‘sí, he estado estudiando’. Llegué y me quedé. Así fue”. ¿La relación que tenías con tus compañeras cómo la describes? “Al principio, con Jenifer era muy divertido -Cecilia ya se había ido a Argentina, así que yo estaba sin mejor amiga- ella es hija única, entonces estuvo perfecto. Hablábamos por teléfono todo el día, y yo iba a su casa. Nos poníamos a lavar trastes y a barrer la casa; una tontería, pero oyendo discos todo el día. “Yo vivía en Atizapán de Zaragoza y ella vivía en la Narvarte; yo hacía dos horas a su casa; era toda una travesía, la pasaba increíble. Me sentía muy afortunada por tener una amiga tan interesante que sabía tanto de música. “Después llegó Ali, a quien yo invité; le dije ‘nos quedamos sin guitarrista, ¿quieres venir?’ -de eso sí me arrepiento- (risas). En cuanto llegó, luego luego quiso jalar a Jeni para sus amistades e intereses. Empezaron a andar solas y me puse celosa. Cuando Jeni regresó del gabacho, regresó muy enferma: tenía una adicción muy profunda que le costó mucho trabajo. Ali seguía siendo un poco la misma, pero peor; esa etapa fue muy muy difícil”. ¿Por qué decides salir de la banda?


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“Cuando Jeni regresó, fue como una especie de tirano conmigo; estoy segura que no lo hizo con mala intención, pero no sabes cómo me agotó ese año. Estaba hecha una manipuladora y le habían dejado muy malas mañas. Me manipuló; me usó; me hizo como se le dio su gana. Yo no tenía ningún freno, hasta que Cecilia decidió regresar y me dijo ‘ponle un alto; te está chupando’. “En cuanto yo empecé a poner un alto, me sacaron de la banda. Cuando yo dije ‘no puedo ganar menos que ustedes si trabajo el doble, no pueden robarme mis cosas, no puedes esperar que yo haga todo lo que tú digas, no puedo sacrificar mi vida por la tuya’, ¡uy, broncón! Agarré mis cosas y me fui. “Después se ardieron y me hablaron ‘no puedes dejar la banda así, tenemos compromisos’, pero ya me habían cerrado toda posibilidad de control sobre mi situación allá dentro y por eso me salí. Fue un año muy difícil”. ¿Cómo es que surge Jessy Bulbo? “Después del golpe de salirme con las Ultrasónicas, terminé en el psiquiatra con medicamentos y un ataque de pánico asqueroso. Tenía que estar encerrada y bajo cuidado las 24 horas del día. Intenté quitarme la vida, y aunque no llegué al hecho, estuve muy cerca. Estaba bajo vigilancia y hubo un momento en el que no podía ni tener la luz prendida. No podía oír música porque me ponía súper tensa. Lo que sí podía hacer, curiosamente, era tocar la guitarra. Mi aliviane cuando me dejaron de hacer los ansiolíticos era tocar. Hice un chingo de canciones, sobre todo, de lo mal que me caigan mis amigas y de mi novio que decidió cortar conmigo; por eso le escribí Maldito” (risas). Las canciones que escribes, como Me Gustas, ¿fueron escritas para tu pareja de ese tiempo? “No. Me Gustas fue en esa etapa de la vida que estaba oyendo mucho a Nina Simone. Un amigo me pasó toda su discografía y me volví loca. Quise hacer una melodía como la de ella. Empecé a pensar en los acordes de la guitarra; tenía la melodía. Después, llegó el momento de decidir qué le iba a poner a esa melodía para grabarla. Empecé a poner una palabra tras otra. Es muy fácil escribir así, porque digo la frase y pienso. Casi siempre cuando estoy cantando una frase, ya


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hay palabras finales. Con unas pincelada, salió Me gustas. Posteriormente me di cuenta de que sí se la había escrito a mi novio de ese tiempo”.

“Nada más es así: una persona que vive” ¿Qué nos puedes comentar de tu pareja actual? “Tuve una pareja de la que me acabo de no separar. “Durante nueve años he vivido con Alexis. Empecé tocando con él y nos hicimos novios. Me invité a vivir en su casa, me vine a vivir con él. Tuvimos tres primeros años muy lindos, y después decidimos abrir la pareja -tener una pareja abierta-, lo que nos funcionó bien dos años más. Después empezó a haber problemas y, hace más o menos año y medio, decidimos que ya no éramos novios. “En diciembre de este año traté de irme de esta casa, pero no pude; no tengo la solvencia económica para pagar una renta. Entonces regresé y estoy viviendo aquí. Pero yo ya tengo novio desde hace un año. Y no es que esto sea una pareja abierta, pero sigo viviendo con mi ex”. Tocar en el extranjero, ¿qué experiencia te deja como persona? “Me ha dado mucha seguridad y tranquilidad porque, cuando no había salido de México, pensaba de mí misma que era una persona muy ignorante. Lo que me han dado los viajes, es seguridad de que todas las personas y todas las ciudades del mundo son iguales. “La primera vez que fui a Argentina a ver a Cecilia, llegué y pensaba ‘¡no mames!, las argentinas están guapísimas’. Me acomplejé muy cabrón. “Ahora que fui a Europa, sí veo a las francesas muy guapas; y las españolas también, pero a mí ya no me importaba; ya no me siento insegura. Eso me da mucha alegría por mí”. Muchos comentan que tienes cierta seguridad para mostrar tu cuerpo en el escenario. ¿Cómo surge esta idea de hacerlo? “Me empezó a dar vueltas en la cabeza la idea de hacer topless en el escenario. Eso fue hace muchos años. Decía ‘ha de estar loquísimo hacerlo’. “Cuando empecé a tener seguridad, un día en Monterrey yo iba muy nerviosa. Era la primera vez que tocábamos allí y pensaba que no íbamos a gustar. Pero


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cuando empezaron a tocar las bandas, me empecé a animar. Nos subimos a tocar y nos fue muy bien: el lugar estaba lleno y yo estaba muy feliz. De la alegría, dije ‘ahora es cuando’ y me quité la blusa. Había mucha prensa ese día y me tomaron muchas fotos. “Yo dije ‘pasó en Monterrey, fin’. Regresé a México y en la siguiente tocada, todo mundo gritaba ‘Chichis pa’ la banda’. Se corrió como pólvora. “Aparte, en ese tiempo estaba haciendo voluntariamente una manda de Da todo lo que te pidan. Me pedían chichis pa’ la banda y, para cumplir con mi manda, lo hacía aunque no quería”. ¿Qué quieres lograr con esto? “Tengo inseguridad desde que mi mamá tuvo cáncer de mama cuando yo me estaba desarrollando. Además, siempre me sentí muy plana en comparación con otra gente. Para mí, la parte alta de mi cuerpo era la menos atractiva y la que menos hubiera querido enseñar, incluso cuando era niña. “Hay mujeres que se sienten inseguras con sus senos, incluso si estás chichona o no. Aunque estés buenísima siempre eres muy insegura de tu cuerpo y de tu apariencia. Yo me siento una especie de conductor de energía femenina en general. El público de adelante del escenario siempre son mujeres adolescentes. Me siento muy comprometida con esa causa. Me identifico mucho en el modelo de mujer. “Para mí, esa experiencia de mostrar el cuerpo y ver la reacción del público, fue una experiencia muy enriquecedora en cuanto a exploración. Ver qué está pasando en el mundo, como el sensor de qué piensan las mujeres y los hombres del cuerpo de las mujeres, en muchos casos es aterrador. Me gustaría que hubiera más conciencia positiva y más aceptación”. En cuanto a tu participación en el cine, ¿cuál fue tu experiencia siendo actriz? “Yo siempre había querido actuar. Como en la música soy muy insegura porque no estudié música y me cuesta trabajo, entré a la película de mi amigo, con la sensación de que iba a ser lo mismo: imposible, dificilísimo o un fracaso, y que me iba a costar mucho trabajo. Sí me costó mucho trabajo, pero fue muy distinto porque, como no era mi proyecto, sino que me estaban dirigiendo, obedecer


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instrucciones fue muy fácil para mí. Aparte como no te sientes responsable de todo lo que está pasando, nada más de una pequeña parte tuya, estuvo bien. “Resultó que sí tengo talento. Me fue muy bien de crítica. Gané varios premios. Me encantó el proceso de la película. Fue fascinante verlo desde adentro y me encantó la experiencia. Ojalá lo repita pronto”. ¿Quién es Jessy Bulbo fuera del escenario? “Creo que soy la misma persona arriba y abajo del escenario. Solamente que cuando estoy arriba del escenario, utilizo una energía proyectiva, –así le voy a decir- lo que hago arriba del escenario es mostrar lo que traigo preparado. Es como cuando estás sirviendo la mesa, ya cocinaste y ahora lo presentas lo más bonito que se pueda, para que se vea bien. “Es un trabajo distinto, pero es parte del proceso: hacer una comida, servirla y que la gente la coma. Cuando estoy haciendo las canciones estoy usando otro tipo de energía, pero soy la misma persona. Y cuando estoy viviendo la vida, estoy usando otro tipo de energía, pero soy la misma persona. “El vivir la vida es lo que me da las experiencias o las ideas, para luego hacerlas canciones y poder enseñarlas a mis amigos; después de eso enseñárselas a la gente. Así es como enseño lo que hago, porque lo que hago es vivir. Es la misma persona, solo es diferente energía para cada paso del camino. Nada más es así: una persona que vive”.


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“Terminé en el psiquiatra con medicamentos y un ataque de pánicos así asqueroso. Tenía que estar encerrada y bajo cuidados las 24 horas del día. Intenté quitarme la vida y, aunque no llegué al hecho, estuve muy cerca”.

“Para mí, esa experiencia de mostrar el cuerpo y ver la reacción del público, fue una experiencia muy enriquecedora en cuanto a exploración... Me gustaría que hubiera más conciencia positiva y más aceptación”.


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Su entorno, la colonia San Miguel Chapultepec.


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Rodeadas de instrumentos, cables y libros se llev贸 acabo la entrevista.


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Entrevista de semblanza a Jessy Bulbo  
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