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Crisis, clandestinidad y xenofobia Situación social italiana 2009 Por María Isabelle Nieto Ramos En Italia el año ha finalizado con un clima más bien negativo, no solo por la gravedad de la situación económica, o por las disputas entre mayoría y oposición, sino también por las reformas que el Gobierno ha tomado para paliar la crisis, las cuales benefician a los ciudadanos italianos pero restringen la circulación de inmigrantes. El "plan anticrisis" se ha centrado en la ampliación de las dotaciones y de los colectivos más afectados por la crisis; sin embargo, las centrales sindicales lo consideran escaso y poco incisivo, por lo cual han intensificado las reuniones con las diferentes asociaciones patronales para tratar de lograr acuerdos para facilitar un pacto generalizado y definitivo. En lo social cabe destacar el paquete de disposiciones anticrisis (Decreto-Ley 78/2009, convertido en Ley 102/2009, de 3 de agosto) y la ley sobre Seguridad Pública (Ley 94/2009, de 15 de julio). Entre las medidas de la ley anticrisis se destacan las ayudas a las empresas, reducción de costes, promoción de la competitividad en el transporte público, aceleración de los pagos por parte de las administraciones públicas, lucha contra los paraísos fiscales y otras medidas relacionadas con la tributación. En lo que se refiere a los distintos ámbitos de la esfera sociolaboral tenemos el "Premio de empleo" para las empresas que no despidan; el aumento de la edad de jubilación de las mujeres, que a partir de 2010 irá subiendo paulatinamente hasta llegar, en 2018, a los 65 años; las ayudas a las PyMES; asistencia y apoyo a las familias, destinada a poner en regla a trabajadores (italianos o extranjeros) ocupados irregularmente (existen casi medio millón en Italia); la Ley sobre Seguridad Pública, que convierte la inmigración clandestina en delito. Con estas medidas de apoyo a las familias, al trabajo, al empleo y a las empresas, se espera mantener bajo control las consecuencias de la recesión, que hasta el momento han generado un crecimiento de la desocupación al 8%, el nivel más alto alcanzado desde noviembre del 2004. Campaña anti clandestinidad Desde el arribo al poder de Silvio Berlusconi, la estadía de los inmigrantes clandestinos se ha complicado. Una de las promesas durante la campaña electoral del partido fue el aumento de la seguridad en las ciudades italianas, para lo cual, el candidato tomó ventaja de su control sobre las televisiones italianas y lanzó una fuerte campaña de medios que destapó los delitos cometidos por inmigrantes.


La campaña tuvo mucho éxito y siguió infundiendo el miedo y el odio en la sociedad italiana, que aumentó las exigencias por el endurecimiento de políticas. El rápido crecimiento de la población extranjera supera los 3.400.000 de personas, casi el 6% de la población total, pero esta cifra se magnifica en el imaginario de un país sin ninguna tradición significativa en la recepción de inmigrantes o refugiados. Los italianos generalmente se sienten inseguros y amenazados por el rápido crecimiento de la población extranjera y era de esperarse que las políticas de seguridad anunciadas por Berlusconi fueran un duro golpe para los inmigrantes. Por efectos del miedo generado por la campaña del mandatario y la crisis económica en la que se encuentra sumergido el país, el 50% de las personas considera a la inmigración ilegal un problema más que una oportunidad, respecto al 43% del año pasado. Es tanto el temor infundado que los italianos piensan que los ciudadanos extranjeros bordean el 23% de la población, mientras que solo es del 6%; y el 77% inculpa a los irregulares del aumento de la criminalidad. Aumenta la segregación Al problema del miedo a la clandestinidad se suma una creciente ola racista resurgida con la crisis económica. Los insultos y agresiones proliferan en los lugares públicos y, gracias al lanzamiento de la “Navidad blanca”, una campaña ideada por un alcalde perteneciente a la Lega Nord, un partido derechista del norte del país, se institucionalizó el racismo cotidiano. El objetivo era censar, antes del 24 de diciembre, a los clandestinos que vivían en Coccaglio, una localidad norteña con 3 mil habitantes, para luego denunciarlos a la policía, debido a que la ilegalidad fue introducida como delito grave en la legislación. Sin embargo, es importante resaltar la riqueza y los valores de la sociedad italiana, que se muestra cada vez más fuerte y unida a pesar de la imagen negativa que ofrecen sus políticos. Pero este clima de odio no se vive solo por el sentimiento de inseguridad xenófobo, por la crisis económica o por la falta de representación política, sino por la forma de hacer política en Italia. Y es preocupante ver cómo el país se sumerge en un estado de controversia social cada vez más violento y que se expande por medio de la web. Después de que el Primer mandatario fuera agredido por Massimo Tartaglia el pasado 13 de diciembre, miles de italianos, en tan solo una hora, afirmaron estar a favor de lo ocurrido a través del portal de Facebook y nueve mil personas, en el giro de dos horas, entraron a formar parte de un grupo pro Tartaglia. Al estimular la agresividad hacia las personas se pueden generar expresiones de violencia física entre grupos, los mismos que, a través de la violencia, creen correcto expresar su pensamiento y eliminar todo su descontento. Se debe evitar a toda costa llegar a un estado de alarma social y trabajar por una Italia mejor, más solidaria.


Crisis, clandestinida y xenofobia