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Gastronomía en Tlaxcala El extenso universo de platillos tlaxcaltecas consiste en una larga lista de nombres en náhuatl o en mexicanismos que esconden tanta variedad como condimentos: tlatlapas, xocoyoles y nopalachitles, hasta el huaxmole, el texmole y el chilatole; pasando desde luego por los conocidos escamoles, los tlatloyos, los huauzontles y el huitlacoche. Qué sería de muchas de estas recetas sin ese elemento exótico que brindan los insectos a en cada platillo tradicional: los xahuis o gusanos del mezquite, los gusanos y picudos del nopal, las hormigas mieleras y los gusanos de laguna. Pruébate el traje y la piel de un pueblo nómada que padeció hambrunas debido al bloqueo comercial del gran imperio mexica y que tuvo que alimentarse con el producto de la tierra, inclusive de algunas especies de insectos que debían ser masticados vivos. La cocina tlaxcalteca está dividida en dos regiones: el norte, cuyo eje es el maguey, es decir, La Barbacoa (carne de borrego condimentada, envuelta y cocida en pencas de maguey), mixiotes (carne envuelta con la cutícula de las mismas pencas), aguamiel y pulque, chinicuiles o gusanos rojos de la raíz y meocuiles o gusanos blancos de las pencas; las flores del maguey o hualumbo y el quiote o tallo. En la región sur imperan los tamales, los moles y las verduras. Como en la mayor parte de México, en Tlaxcala la comida puede ser cotidiana, festiva o ritual: la primera no desmerece por su sencillez; la festiva atiende asuntos sociales que giran alrededor del ciclo de la vida –bautizos, bodas y funerales–, y la ritual está estrechamente vinculada a las celebraciones patronales de los pueblos.

Cacaxtla, testimonios de un pasado glorioso La Zona Arqueológica de Cacaxtla es conocida mundialmente por la calidad de sus pinturas murales, pues forma parte de un conjunto arqueológico excepcional al que se agregan Xochitécatl y San Miguel del Milagro. En este municipio de Nativitas, podrás contemplar unos de los descubrimientos más recientes realizados en tierras tlaxcaltecas. Se trata del conjunto palaciego y ritual de Cacaxtla, que significa “Lugar donde muere la lluvia en la tierra”. Este complejo arqueológico ofrece murales extraordinariamente bien conservados y resguardados por deidades de aspecto felino, de un águila y de una impactante batalla con gran realismo; además un hombre alacrán asociado al culto de Venus y elementos de ritos al agua y al maíz. Construida por cuatro pirámides, la zona Arqueológica Xochitécatl está conformada por la Pirámide de las Flores, Edificio de la Serpiente, La Espiral y El Basamento de los Volcanes. Es la primera de ellas la más grande de todas y en donde puedes atestiguar la secuencia cultural de la ciudad de manera más completa: desde el período formativo medio, hasta la época colonial. Además te ofrece a la vista la más grande variedad de materiales sin olvidar los más de 30 entierros infantiles que alberga, además de ricas ofrendas y esculturas.

Tlaxcala: ¡bienvenidos los aventureros! Disfruta del mejor clima para campar y convivir con la naturaleza en la generosa oferta de Tlaxcala para practicar el turismo ecológico. Recorre la fisonomía de la región compuesta por sierras, mesetas y lomeríos, así como por pequeños valles donde se encuentran el Parque Nacional La Malintzi, las barrancas de San Juan, la sierra de la Caldera, la Peña del Rosario, Las Vigas, la Laguna de Atlanga, La Hoyanca, el Jardín Botánico de Tizatlán, la Cascada de Atlihuetzía, las Pinturas Rupestres de Amaxac y el Centro Vacacional La Trinidad, entre muchos otros. Los paisajes que ahí encontrarás no sólo esperan ser admirados y fotografiados, sino que sirven de marco para practicar deportes como el rappel, el veleo, el alpinismo, el campismo, la caminata y la bicicleta de montaña. Imposible de ignorar desde cualquier punto de Tlaxcala es el volcán la Malintzin, el quinto más alto de todo el país, que en sus cumbres te tiene reservada la mejor vista y los más espectaculares escenarios naturales. El parque se ubica en las faldas de la montaña sagrada de los antiguos tlaxcaltecas llamada Matlalcueyetl o “Las Faldas Azules” de la diosa del agua. En esta montaña, nombrada como la mítica doncella tlaxcalteca, encontrará barrancas que representan todo un reto inlcuso para el más experimentado montañista, como la de san Juan, considerada una de las más bellas de México. Disfruta de las cañadas, los paisajes panorámicos y sus bosques de pino y encino donde habitan gran variedad de aves y especies típicas como liebres, conejos y armadillos que se mueven a sus anchas. En invierno, la temperatura es muy baja que es posible que te enfrentes a una fría nevada que cubrirá de blanco todo a su alrededor. Existen diversas rutas para que puedas adentrarte y disfrutar de estos escenarios. En tu recorrido no olvides visitar el cerro de Xalapasco, lugar que posee 9 cráteres en su parte superior, distribuidos a lo largo y ancho, desde donde tendrás una vista impresionante de la zona oriente de Tlaxcala, a el podrás llegar a través de algunas veredas que conduce hasta su cima.


Historia La zona arqueológica de Cacaxtla, es un sitio fundado por la cultura Olmeca-Xicalanca entre los años 100-1100 D.C. Se puede apreciar la riqueza de esta cultura, a través de la enorme plataforma del complejo arqueológico y la suntuosa decoración. Cacaxtla representó un punto estratégico para controlar el paso de la ruta comercial entre Teotihuacan y las tierras bajas del Golfo por las que se llegaba a Tabasco y Campeche, ubicación determinante para su crecimiento y esplendor. Es una joya de la creación artística de nuestros antepasados, considerada como pintura naturalista, producto del biculturalismo de los Olmecas-Xicalancas, que dejaron plasmada en frágiles paredes, historias de mar, batallas, hombres aves, mazorcas humanas, estrellas y serpientes. Todas ellas realizadas con el color de los pigmentos del caolín, la obsidiana, la cal y otros minerales de la región

Virgen de la Caridad La imagen de la Virgen de la Caridad es una escultura de madera que mide 85 cm, con un bello rostro, tallado en finas facciones como sus manos y pies.

El

Vestido

de

la

Virgen

La tradición de coser y bordar majestuosos vestidos a la Virgen surge en el siglo XVI. El primer Vestido de la Virgen de la Caridad bordado en oro, se confeccionó en 1878, cuando María de Jesús Farfán Parra, pone en práctica sus conocimientos de bordado artesanal sevillano. La hechura del Vestido de la Virgen requiere de tres meses, se elabora con canutillo de oro, canutillo de plata, hilos de seda y pedrería fina, todos estos materiales con el toque especial de unas manos hábiles que expresan devoción, amor y que culminan en una inigualable obra de arte, digna de admiración..

Las

bordadoras

de

estrellas

Conocidas así, por los maravillosos bordados que realizan las más de 20 bordadoras dirigidas por Carito Hernández, quienes trabajan entre 8 y 12 horas diarias, desde el mes de mayo, en la elaboración del Vestido.


Cuando las bordadoras de estrellas concluyen la hechura, un grupo de jĂłvenes con guitarras y salterios ofrece una serenata, para homenajear el gran trabajo que aĂąo con aĂąo realizan y que ellas consideran un privilegio.


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