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Aconcagua: SOS al rescate

Aconcagua: SOS al rescate Cada verano llegan a Mendoza montañistas europeos que intentan llegar a la cumbre del pico más alto de América: el Aconcagua. Pero no todos cumplen su objetivo. El tiempo, las complicaciones de la ruta, problemas de salud o accidentes frustran las esperanzas de muchos. Algunos, incluso, no logran sobrevivir. Por eso un grupo de rescatistas está atento al pedido de socorro para salvar vidas, arriesgando la propia. Antonio Ibaceta, jefe de la Patrulla de Rescate del Parque Aconcagua, nos revela detalles de esta peligrosa profesión que requiere valor, actitud mental, física y amor por el prójimo.

A

ntonio (38) nació y vive aún en Uspallata. Un pequeño pueblo ubicado al pie de la Cordillera de Los Andes, a 2500 metros de altura, desde donde se observan las altas cumbres nevadas. Comenzó en el andinismo, siendo un pibe de 13 años,. Ingresó a la Escuela de Policía y su experiencia en la montaña lo llevó a unirse como oficial en la Patrulla de Rescate. Desde ahí acude en auxilio de deportistas que intentan conquistar el Aconcagua, la majestuosa montaña de 6.964 metros de altura. Nos dice que la gente de montaña, en especial los rescatistas, no son superhéroes, sino personas normales, que tienen que dejar sus problemas de lado para ayudar a otros. “Somos una especie de discapacitados sociales, como bien lo señala mi amigo Alejandro Randis”. ¿Y por qué dice esto Antonio? Porque, según señala, “la mayor parte del tiempo la vida del rescatista transcurre entre el aislamiento y la soledad”.

No todos pueden ser rescatistas de montaña. La aptitud física y mental (sobre todo mental), juega un rol esencial a la hora de la prueba. “Todo lo que pasa por la mente cobra una dimensión mayor en situaciones límites: el afecto y arraigo a la familia, el desapego a las comodidades”, dice Antonio. A todo esto se suma si el candidato podrá soportar o no situaciones como estar mojado, sufrir hambre, cocinarse los alimentos. Incluso, proveerse del agua de nieve o de hielo cuando se superan los 4.500 metros de altura, y afrontar las dificultades para cocinar alimentos. “Estar a 6000 metros de altura incómodo, con fuertes vientos y con fríos bajo cero pueden afrontarse bien con una excelente condición física, pero se podría sentir interiormente que este trabajo no es para uno”, señala Antonio. “Por eso el tener en claro para qué se está ahí y qué se quiere hacer en la vida hacen la diferencia entre el

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éxito y el fracaso”, reflexiona el veterano rescatista. Piernas flacas Para el entrenamiento de los rescatistas el fortalecimiento físico de los músculos de las piernas, abdomen, brazos y hombros, es fundamental. Cuatro a cinco veces por semana corren grandes distancias en el llano y en terrenos con planos inclinados. El Cerro “La Gloria”, monte emblemático de la capital mendocina, es uno de los testigos de esta dura preparación. Durante la temporada de escalamiento, que va de noviembre a marzo de cada año, una parte del grupo permanece arriba en el campamento base. El resto, se queda de guardia en el llano. El cuerpo sometido a grandes alturas pierde energía y es necesario darle tiempo para que se recupere. Un detalle curioso: la permanencia en lugares de gran altura consume muchas proteínas por lo que no es raro ver a andinistas “con piernas muy flaquitas”, comenta Antonio. En la actualidad son 20 los policías rescatistas que cubren la ruta normal de ascenso al Aconcagua: desde el Campo Base de Plaza de Mulas, a 4200 msnm hasta la cima. En las rutas de Glaciar de los Polacos y de la Pared Sur, la Patrulla de Rescate actúa tras una minuciosa evaluación por el alto riesgo.

Quienes las eligen para acometer la cumbre, deben tomar todas las precauciones necesarias para sobrevivir en caso de emergencia. Por ejemplo esta temporada se realizó una evacuación en la Pared Sur con helicóptero a 5.300 metros de altura, lográndo socorrer a dos argentinos que no podían descender por sus propios medios y permanecían en un balcón del cerro. “Ninguna aeronave puede funcionar con seguridad más allá de los 5000 metros”, aclara Antonio. Por tal motivo que el helicóptero, un B3AS350, acudirá al salvataje cuando las condiciones meteorológicas y los factores técnicos de la aeronave lo permitan. El auxilio El S.O.S llega por radio a la patrulla. Desde allí se planifica el rescate que surge a cualquier hora del día. Los casos de riesgo se originan mayormente por un agotamiento extremo, acompañado de una gran deshidratación impuesta por el clima seco de montaña. Pero la mayoría de las salidas de auxilio se producen a partir de las cinco de la tarde, cuando los deportistas están arribando a los campamentos de altura o están bajando muy agotados. Los montañistas deben tomar de cuatro a cinco litros diarios de agua, recomendación que no todos cumplen y el descenso es tan importante como el ascenso,

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por lo que hay que guardar energías para el regreso. Las vientos constantes o laminares que oscilan entre los 10 y 15 nudos, las temperaturas bajo cero y una buena visibilidad favorecen el uso del helicóptero. Descender una persona en camilla de los campamentos de altura se convierte en una tarea ardua y peligrosa. Grandes distancias separan los distintos campamentos por lo que la asistencia puede demorar varias horas en llegar, tras el aviso de socorro. En esta temporada de verano 2012 llegaron deportistas argentinos, españoles, ingleses, franceses, alemanes, suecos, suizos, rusos, polacos, brasileros, norteamericanos, chinos, japoneses, noruegos y austríacos. Algunos de ellos lo hicieron muy bien preparados, sobre todo los españoles, italianos, franceses y austríacos. Los más obstinados o “cabezas duras”, dice Ibaceta, son los polacos y los rusos, “quienes quieren alcanzar la cumbre a como dé lugar”. Se puede morir en el Aconcagua “solo caminando” sin necesidad de estar colgado de una cuerda. El hambre, el frío, el dolor de cabeza, el agotamiento ponen a prueba el cuerpo y el temple de la gente de montaña. Y el rescatista, que hace de esta actividad su medio de vida y su pasión, debe superar estas barreras con templanza y tener dominio propio.

El miedo en medio de un temporal es el ingrediente de estas vidas poco comunes que gozan de la majestuosidad de la montaña pero que deben enfrentar los desafíos y la sorpresa que da la muerte agazapada en las grandes alturas. Algunos datos • Antonio Ibaceta tiene en su haber 16 cumbres del Aconcagua, siendo superado por José Luis Altamirano quien tiene 25. • Sobre la cumbre del Aconcagua, con cielo claro, puede aparecer un enorme semicírculo blanco en forma de “hongo” que avisa de temporal a los escaladores. La humedad procedente del Pacífico choca contra el cerro formándose la barrera de nubes, que se disipa en la noche. El fenómeno puede durar varios días. • A inicios de los 90 casi no existían empresas que prestaran servicios al andinista. Algunos deportistas llegaban solos y emprendían el ascenso sin apoyo logístico. En la actualidad, las empresas están atentas al plan de ascensión de los andinistas, con registros y control permanente. • Un chef italiano llegó solo al Aconcagua. Cerca de la cumbre, se sintió mal y comenzó el descenso tambaleante. La Patrulla de Rescate acudió en su ayuda y puedo evacuarlo

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a tiempo. Allí, los rescatistas supieron del esfuerzo del joven alpinista: había vendido un terreno heredado para poder cumplir con esta aventura. • Esta temporada desapareció un deportista vasco que había llegado solo para intentar hacer cumbre. Se le buscó por todos lados hasta el final de la temporada, incluso por rutas alternativas llegando hasta la provincia vecina de San Juan, sin éxito alguno.

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