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Puertas impares de “Cuatro Menos” Obra de Amado del Pino SEÑOREA EL ESPACIO UNA IMAGEN RECURRENTE. NO SE TRATA DE UNA PESADILLA COMÚN, PERO TAMPOCO DE ACONTECER LATO. UN HOMBRE CAMINA RÁPIDO PRIMERO, DESPUÉS MÁS DESPACIO. TOCA A UNA PUERTA. EL SONIDO PODRÁ SER, ALTERNATIVAMENTE, TOQUE DE NUDILLOS Y TIMBRE AGUDO, TAMBIÉN MÚSICA DE CARRITO DE HELADOS, DE CUANDO HUBO CARRITOS DE HELADOS. ESAS VISIONES Y EL TRATAMIENTO INTENCIONADO DE LA LUZ Y DEL ENTORNO SONORO SERVIRÁN DE DIVISIÓN ENTRE LOS CUADROS O ESCENAS. PUERTA 1 IMAGEN, SONIDO, SENSACIÓN DE ESPACIO SÚBITAMENTE HABITADO. ENTRAN ANDRÉS- CINCUENTA AÑOS, ATRACTIVO, - Y TAMARA, 35, DE UNA RARA BELLEZA. TAMARA. Pa-pe- la-zo… ANDRÉS. Ponle el nombre que quieras, ridículo, espectáculo, pero no podía hacer otra cosa. TAMARA. Son capaces de aparecerse aquí con la misma cantaleta. (Se deja caer despacio sobre el colchón) SILENCIO ANDRÉS. Si vienen no les abro. TAMARA. No seas inmaduro. ANDRÉS. …que vas a cumplir cincuenta años. TAMARA. Aquí el especialista en mencionar la edad y en sacar cuentas eres tú. ANDRÉS. Sí. TAMARA. A lo mejor la ingenua, la guanaja fui yo. Me parecía bien que ya que estás investigando, ya que sabes tanto del tema, hicieras el cabrón doctorado. ANDRÉS. (Recordando, citando sin burla la lógica de ella.) Muchos mediocres lo tienen, pero al talentoso también le viene bien. TAMARA. (Completando) Afuera pagan mejor las conferencias si eres doctor. Y aquí te suben ochenta pesos. ANDRÉS. ¿Qué se compra uno con ochenta pesos? LOS DOS NECESITAN JUGAR UN POCO PARA RELAJARSE.


TAMARA. Ochenta paqueticos de maní… ANDRÉS. Ochenta pesos. TAMARA. Diez pizzas de cebolla. ANDRÉS. Ocho si tienen jamón. TAMARA. Ocho almendrones si llegan hasta el río. Cuatro si pasan el puente… ANDRÉS. ¡Ochenta entradas para el estadio de pelota! TAMARA. Cuarenta películas… ANDRÉS. Cinco aguacates, ocho mameyes. TAMARA (Regresando) Nos perdimos la ensalada fría y los pastelitos del brindis. ANDRÉS. Lo siento por la ensalada. La madre del Pollo la prepara bien… TAMARA. La mamá del Pollo es la mejor haciendo ensalada fría… de pollo. ANDRÉS. Los pastelitos de la jefa son como ella, desabridos, insípidos, frígidos. TAMARA. Ah, no sé. De esa ensalada yo no he comido. ANDRÉS. (Trata de reverdecer el juego.) Y pollo rima perfecto con lo otro. Pero esa mujer nunca ha tenido... Tendrá útero, clítoris y otras palabrejas pero esa es demasiado redonda, sabrosa, dulce, comestible para que ella la lleve encima. TAMARA. ¿Qué tú sabes? ANDRÉS. (Obsesivo) ¿Cómo me van a pedir que mienta? TAMARA. Según los periódicos y la cabecita de tu jefa la culpa es otra vez de las mujeres. Queremos ser tantas cosas y tener tanto poder que cerramos las piernas. ANDRÉS. Y los hombres tampoco queremos responsabilidad. TAMARA. Bueno, es verdad que muchos se sienten padres porque hacen una llamadita a la semana y dan cuarenta pesos. ANDRÉS. La mitad de los ochenta… TAMARA. Estoy de acuerdo contigo, mi amor, pero porque digas que no, porque cierres esa puerta, no puedes impedir que cada vez sea más raro encontrarse a una embarazada por la calle. ANDRÉS. ¿Y qué me queda? ¿Quieres que me acomode en mi rinconcito seco y me ponga a rezar para que el agua no me moje los pies?


TAMARA. Yo necesito pensar en mí, ser egoísta. Me quedan unos años para parir. Mi hijo no cambiará ninguna cifra, pero será el mío. Y aquí no cabe. ANDRÉS. ¿Aquí? ¿Dónde? ¿En este cuarto? ¿En este país? (Bajito, trémulo) ¿En mi cabeza? TAMARA. El último de esos lugares para mí es lo primero. (Silencio.) Te invito a una croqueta para olvidar. ANDRÉS. Se quedaron en tu cartera. TAMARA. Podían pensar que eran explosivas. ANDRÉS. Una croqueta es una cosa bien concreta. TAMARA. Y están ricas… ANDRÉS. (La acaricia) No más que tú. TRANSICION SONORA Y DE ILUMINACIÓN. […] PUERTA 3. LA LUZ CON ATMÓSFERA DE CIUDAD. LA PUERTA SE HA ABIERTO EN UN ESPACIO MÁS PEQUEÑO Y LÓBREGO QUE EL CUARTO CON COLCHÓN. SUSANA. Al fin llegas. ANDRÉS. Nunca me demoro. ¿Qué le pasa? SUSANA NO RESPONDE. ANDRÉS SE IMPACIENTA SUSANA. Se va. SILENCIO BRUSCO. LA SIGUIENTE PREGUNTA DE ANDRÉS ES FORMAL. EL SABE. ANDRÉS. ¿Para dónde? SUSANA. ¿Quieres café? SILENCIO INCÓMODO. ANDRÉS. ¿Estás segura de que no hay peligro? SUSANA. ¿Tú crees que yo la dejaría tirarse al mar? ANDRÉS. Disculpa…


SUSANA. Ayer se lo confirmaron. ANDRÉS. ¿Y tú? SUSANA. Bien, gracias. ANDRÉS. No te hagas la boba. Necesito saber si mi hija va a estar sola en un mundo tan complicado. SUSANA. Verdad, que para ti sólo existo como madre de tu hija… Eso al principio se dice más bien de la boca para fuera; pero en el fondo te sigue ardiendo una cosita que ya no es amor, pero se siente. ANDRÉS. Cada vez más lejos, como en bolero… SUSANA. Más o menos. Bueno… Al fin se llega a ese día en que la persona que tienes delante sólo te importa como padre. Entonces estás tranquila, pero un poquito… (Iba a decir seca, amarga, o vacía pero se calla) ANDRÉS. Es lo normal, ¿no? SUSANA SE VUELVE DE ESPALDAS O AL MENOS EVADE MIRARLO DE FRENTE. SUSANA. Yo no tengo cómo salir y a estas alturas –con 47 años en las costillas- no sé si me interesa. Si aquí, que se trabaja poco, me duelen los huesos, allá creo que suelto el alma por la boca. ANDRÉS. Desde que la niña no sabía ni caminar se habla todo delante de ella. Y ese todo es maridos, dinero, enemistades, necesidades, dolores, dólares, jodiendas… SUSANA. ¡Reproches ahora sí que no! ¿Para qué cuarto aparte la iba a llevar mientras hablaba mis cosas? No se te olvide, Andrés, que mientras yo me aguanté bastante en el número de padrastros, la niña perdió la cuenta de tus novias. Ahora estás muy enamorado, muy tranquilo, pero no todo el mundo tiene la misma suerte, papito. Yo sigo aquí, con una casa chiquitica, un marido bruto y trescientos pesos cubanos para resolver todos mis problemas. SILENCIO. ANDRÉS. Dile que me vea cuanto antes. SUSANA. ¿No se podrá hacer algo? ANDRÉS. ¿Algo…? SUSANA. No sé…Tú tienes la cabeza más fresca. ¿No se te ocurre nada? ANDRÉS. Si conversáramos con ella. Los dos juntos…


SUSANA. Me parece que se nos hizo tarde. Hasta aquí todo ha sido muy por separado; tú la llevas al cine y yo le pongo delante el plato de comida; tú le ríes las gracias y yo la regaño para que baje la basura. ANDRÉS. ¿Ya ves? Con quejas y resentimientos no se avanza. SUSANA. Si tú le negaras la firma… A la larga ella entendería, aunque sea un par de años más, para que madure… ANDRÉS. (Convulso, alterado. No grita, es un dolor sobrio) ¡No! ¡Eso no! Ahora no. Yo no. SALE DISPARADO. […] PUERTA 5. CON UNA PROYECCIÓN U OTRO RECURSO MÁS ARTESANAL, SE DA LA IMAGEN DE ANDRÉS AL BORDE DE LA CALLE. LA CIUDAD AL MEDIODÍA SE GASTA SUS MÁS ESTRIDENTES RUIDOS. ANIA SE LE ACERCA. DURANTE CASI UN MINUTO TRATAN DE SALIR DEL SILENCIO PERO NO PUEDEN. NO SE SABE BIEN SI ES LA ALGARABÍA O LAS EMOCIONES. ANIA. No me esperaste. ANDRÉS. Tu madre… ANIA. Déjala a ella. Llegó el momento, pero quita esa cara. No soporto verte triste, papito. ANDRÉS. No estoy… (donde iba triste se cuela el ruido de un camión gigante) ANIA. Claro que no. SILENCIO QUE LLENAN LOS CLAXONS. ANDRÉS. ¿Cuándo? ANIA. (Buscando el juego) ¿A dónde? ANDRÉS. ¿Qué…? ANIA. ¿Vamos al teatro o a pintar calvos? ANDRÉS. A los calvos les están poniendo una peluca magenta. ANIA. (En el juego muy de ellos) Con un bigote lila y unas patillas bermellón. La mujer del calvo tiene la cara más larga y tampoco tiene nombre. Él es El Calvo y ella La Calva. ¿Cómo se llamaron los hijos? ¿Los calvitos?


ANDRÉS. Los que más juegan, los grandes compinches, los que más se quieren se van a separar.. (No se sabe si lo interrumpe la emoción o el ruido) ANIA. Los míos siguen igual, sin un pelito. SILENCIO QUE ENSEGUIDA LLENAN LA ALGARABÍA DE LA CIUDAD. ANIA. Estaremos lejos, pero... (Otro ruido, más fuerte). Silencio. ANIA. Cuídate… ANDRÉS. Así se le dice a los abuelitos… Como para meter dentro de una palabra todo. Se dice cuídate y ahí entra tómate las pastillas, no te hagas la idea de que todavía puedes… ANIA. Para mí eres un viejito, mi viejito. ANDRÉS. No vas a estar para ver cómo la cabeza se me llena de canas, pero te mandaré fotos. ANIA. (Emocionada) Y yo te escribiré todos los días. ANDRÉS. Al principio. ANIA. No seas pesao. Mira que tú eres mi profe de alegría. ANDRÉS. Por ahí viene un taxi. Me voy. ANIA. (Entre el ruido áspero) ¿Quién viene? ANDRÉS. Una máquina, un almendrón, un carro, un coche, un botero… Me voy. ANIA. Cuidado con el botero, no te mojes… ANDRÉS SE ALEJA HACIA SU VIEJO TAXI. LA LUZ LLEGA, SÚBITA, DE GOLPE, AL CUARTO DE TAMARA. POLLO. ¿No es más romántico el colchón sobre el suelo? TAMARA. (Natural, sin procacidad) No suena. POLLO. Y tiene algo de estudiantil. TAMARA. Pero ya son diez años de relación. POLLO. Feliz, ¿no? TAMARA. Por lo menos para mí sí. Feliz, a pesar de…


POLLO. Siempre hay “pesares”. TAMARA. Construir un cuarto es una odisea, mi amigo. El baño se quedó a medias. Había que escoger entre caerle atrás a los albañiles o que él terminara la investigación. O la meseta nueva o mi versión de Baudelaire. Pero tenemos cuatro paredes y lucharemos por instalar un aire que enfríe y cree un poco de intimidad con su ruidito. POLLO. A mí también me persigue la falta de espacio desde niño. Antes, era fácil alquilar o comprar, pero el dinero… TAMARA. Aaaantes… de nuestra era. Mis padres eran niños y yo voy a cumplir 35. Me tienen hasta el último pelo con las comparaciones. POLLO. Cada uno cuenta la fiesta cómo le fue y hay cosas que marcan. El que tenía 14 ó 15 años en el 59 y el cambio lo hizo persona, nunca podrá olvidarlo. TAMARA. Está bien, amigo. Pero que no le impongan esa cantaleta a los demás. Este es el único país en que la gente no se retira, en que nombran a un ministro a los setenta y pico de años. Si no existe la jubilación, todo se va confundiendo y llegas a los cuarenta recibiendo tratamiento de joven promesa, de tierna certeza del mañana. POLLO. Tenía un profesor que decía que a los jóvenes había que cederles el paso. No por bondad sino porque si no te quitas de en medio, te tumban al suelo y te pasan por arriba. ANDRÉS SE HA DETENIDO EN LA PUERTA. LOS TRES SE MIRAN. POLLO. Te devuelvo tu linda mujer. TAMARA. ¿Qué te pasa…? ANDRÉS. Nada. (Miente mal) Ania salió… ¿Traes algún recado de la jefa? POLLO. ¿A ti que te pasa, Andrés? ANDRÉS. ¿Tiene algo de malo mi pregunta? POLLO. Yo no soy un recadero, ni un mensajero, ni un llevaytrae. ANDRÉS. Disculpa. Pero quiero salir de este lío cuanto antes. TAMARA. Escúchalo, mi amor… POLLO. Para la jefa y para los demás, este asunto también es delicado. Quieren encontrar una solución. ANDRÉS. Que se quede con su nota de cuatro “menos”, su calificación minúsvalida; que meta las verdades censuradas en una gaveta hasta que se las coman las cucarachas. No quiero el título.


POLLO. ¿Tampoco quieres defender tus criterios? ANDRÉS. Ya sé como son esos debates. Te pasan la mano hasta que te rinden por cansancio. TAMARA. ¿Hago un poco de té? ANDRÉS. (Cariñoso a pesar de su mal humor) Después… Por favor, madame, no te alejes ahora. POLLO. ¿Qué tú estás proponiendo, Andrés? ANDRÉS. Que se olvide la defensa del doctorado, que quede claro que no me sumo a la mentira, aunque me cueste que me saquen del Instituto. TAMARA. ¿Y qué resuelves con eso? ANDRES. El país se pone viejo y quieren echarle la culpa a lo independientes que se han vuelto las mujeres y lo despreocupados que somos los hombres. Ustedes saben que la verdad es que no hay suficiente vivienda… TAMARA. Ni sueldos, ni eficiencia, ni esperanzas… POLLO. ¿Y qué hacemos? ¿Legislar la maternidad obligatoria? Yo estoy en la calle, tengo primas, cuñadas, comadres. No es fácil convencer a una mujer de que tenga el segundo hijo si el padre del primero se limpia el pecho con unos pesitos y no sabe ni lo que come. TAMARA. Y lo otro… ¿Le vas a prohibir a los jóvenes que se muevan? ANDRÉS. (Dolido) Eso no, pero habrá que hacer algo… POLLO. Los de veintipico o treinta emigran y -como bien tú tratas de demostrar- se reproducen fuera. Ya no es frecuente ni que los viejitos que van de visita se queden. Los hijos los arrullan unos meses y los devuelven para acá con el hermano o el primo. Es más fácil mandar cien dólares mensuales que pagarle los achaques allá. ANDRÉS. Nos hemos vuelto una gran agencia matrimonial. Aquí los “desacoplaos” europeos encuentran pareja sana, culta, entusiasta y hasta apasionada. ¡Todo un jineterismo nupcial! TAMARA. ¡No simplifiques, coño! Siempre hubo gente que se enamoró de un español o de un esquimal. POLLO. No estoy seguro de que el esquimal tenga los euros para pagar los trámites de la boda. ANDRÉS. Cuando la famosa multiplicación de los nacimientos en los sesenta las cosas no estaban a la mano. POLLO. Los burgueses partieron en masa y dejaron muchas llaves de casas lindas.


TAMARA. Que se les ofrecieron a los guajiritos que bajaban de las montañas y a los olvidados del barrio. Pero los hijos de esos entusiastas no tuvimos casa; a nosotros nos tocó dormir en el sofá, aguantar a la suegra. ANDRÉS. Lo más importante era que había ilusión. Las mujeres “le parían” a sus maridos, pero también al porvenir. Eso falta ahora… TAMARA. …y a este paso ¡seremos el asilo de América! POLLO. A lo mejor consigues que se publique la tesis por otra vía… Cuenta conmigo. ANDRÉS. ¿De espaldas a la jefa? POLLO. Mira, Andrés, porque te conozco y te estimo hace mucho tiempo es que no puedo morderme la lengua. Dices jefa como vomitando y tú también fuiste jefe, cuadro, hombre de confianza. ANDRÉS. ¿Y esa culpa, esa mancha en el expediente, me amarra ahora las manos? POLLO. No y menos a ti que fuiste honesto. Pero yo siempre he estado en la fila. Sufriendo o gozando lo mío. Sin exhibirme ni esconderme. TAMARA. ¡Pero hay que moverse, Pollo! POLLO. Sí, preciosa, pero yo lo que tengo que hacer ahora es irme corriendo a buscar la leche en polvo de la dieta médica de mi madre. Supongo que cuando seamos millones de ancianos tocaremos a menos. ANDRÉS. (Tratando de aliviar y aliviarse con un chiste) Todo sea por la leche materna. […] PUERTA 7. APAGÓN. LA PUERTA SIGUIENTE NO SE VE SINO QUE SUENA EN LA OSCURIDAD. LUZ SOBRE ANDRÉS QUE SALE DEL BAÑO EN SHORT. VA RÁPIDO HACIA LA PUERTA, HABLA ANTES DE ABRIR. ANDRÉS. Ya va, madame. Se te volvió a quedar la llave. ABRE. SE QUEDA PERPLEJO. LA LUZ Y LOS OBJETOS LE DAN VUELTAS. PUEDE QUE APAREZCA –RÁPIDA Y SINTÉTICA- LA IMAGEN RECURRENTE DEL GOLPE EN EL ROSTRO. DURANTE LA ESCENA EL TRATAMIENTO DE LA ILUMINACIÓN DEBERÁ REFORZAR CIERTO SENTIDO DE IRREALIDAD. ANDRÉS. Saúl... SILENCIO. EL JOVEN ENTRA. ANDRÉS. Soñé contigo…


SAÚL. No sé qué decirte. Pero no podía dejar de venir... SILENCIO PESADO. SE MIRAN, SE RECONOCEN. ANDRÉS. (Trata de sonreír) A mí a lo mejor me pasa al revés. SAÚL. (Retrocede) No me toques… pa… pá. ANDRÉS. ¿Por qué precisamente ahora? SAÚL. ¿Te molesto? ANDRÉS. No. Siempre supe que algún día… SAÚL. (Bajo, casi no se entiende) Cumplí 22. ANDRÉS. Sí, el 11. SILENCIO. SAÚL. Bueno, mejor me voy. ANDRÉS. ¿Y crees que te voy a dejar? No me importa si esto es un sueño o una pesadilla, pero no me quiero despertar tan rápido. Ojalá nunca sepas… SAÚL. Tampoco es jamón lo que me ha tocado a mí. ANDRÉS. Nada es jamón, pero tenemos que comerlo, todito, como el arroz con pollo que llevábamos a la playa. SAÚL. Disculpa (papá no lo dice, lo mastica.) Vine pero no tengo cabeza para sentarme a darle vueltas a lo que pasó. ANDRÉS. Después… SILENCIO. SE DETIENEN ANTE UN DEBATE QUE LOS PUEDE VOLVER A SEPARAR. SAÚL. Andaba de viaje. ANDRÉS. Supe algo. ¿Qué tal el barco? SAÚL. ¡Divino! Como en las películas, o mejor. Pero yo le cogí un poco de repugnancia a las cosas más sabrosas, de tanto tirarlas a la basura. Tengo várices en las piernas de subir y bajar escaleras. ANDRÉS. ¡Saúl! SILENCIO, MIRADAS, LUCHA ENTRE LA MELANCOLÍA Y EL REPROCHE DONDE DEBIERON ESTAR LOS ARGUMENTOS.


ANDRÉS. Gracias… EL ESPACIO QUE LOS SEPARA ADQUIERE PROTAGONISMO. SAÚL. ¿De qué color eran? ANDRÉS. ¿Qué cosa, muchacho? SAÚL. (Dándole la espalda) Las vasijas aquellas en las que llevábamos el arroz a la playa… ANDRÉS. ¿Te vas? SAÚL SALE RÁPIDO. […] PUERTA 9. CUARTO DE ANIA Y SU MADRE. LA MUCHACHA ESTÁ ACOMODANDO UNA MALETA. SUSANA. No la cierres todavía. ANIA. (Protegiéndose del melodrama) ¡Mamita! SUSANA. Puede que algo se nos olvide. Yo siempre he sido bastante loca para preparar viajes. ANIA. Ahora es distinto. SILENCIO. SUSANA. Tú padre se queja… ANIA. Por favor, discutan lo menos posible. SUSANA. Eso ahora es más fácil. Trata de ser amable con Paco. ANIA. ¿Cuántos besos debo darle para despedirme? ¿Cuántos “fulas” le tocan cuando empiece a enviar dinero? SUSANA. No hables así. No ha sido malo contigo. ANIA. Los hay muchos peores. Nunca lo he cogido mirándome las nalgas y trae comida, no habla demasiado de lo que no le importa, pero familia mía no es. SUSANA. Yo no te lo meto por lo ojos, ni a él ni a ninguno que pueda venir. Me conformo con que aprendas a respetarlo.


ANIA. A quererlo tendrías que empezar por aprender tú misma. SUSANA. ¡Ay, hija! Cuando pasas de los cuarenta los cariñitos y los romanticismos no se dan todos los días. Quién sabe si sea mejor vivir sin tanta fantasía…Tampoco te creas que Andrés es la mejor cama del planeta, o que me juré amarlo hasta la muerte. Lo que pasa es que la calle está mala y al que no le sobra alcohol le falta cabeza: el que no huele feo, tiene el bolsillo demasiado limpio. Cuando conocí a tu padre tampoco estábamos en la abundancia, pero se podía salir por las noches a comer algo por ahí, o a tomarse un traguito elegante con el dinero del sueldo. Ahora todo se vuelve inventar el par de zapatos, romperte la cabeza para ver qué pones de comida y hay que tener el corazón en el medio del pecho para sacar el tiempo, la ilusión, las ganas que hacen falta para enamorarse. ANIA. Eso es lo que no quiero que me pase. SUSANA. Pero podrías esperar un poco… ANIA. ¿Esperar? ¿A qué, mamá? ¿A qué un extranjero se enamore de mí? ¿A qué me llegue el “yuma” de la suerte? SILENCIO QUE AMENAZA CON HACERSE INCÓMODO CUANDO TOCAN A LA PUERTA. TAL PARECE QUE LOS NUDILLOS GOLPEAN EN TODO EL ESPACIO. SE SOBRESALTAN. SUSANA. Ve tú, puede ser tu “papito”. ENTRA SAÚL. SE DETIENE FRENTE A ANIA. NO SABE QUÉ HACER. FINALMENTE LA ABRAZA. LUZ EN EL CUARTO DE ANDRÉS. ACABAN DE LEVANTARSE. TAMARA SALE DEL BAÑO Y SE VISTE APURADA. ANDRÉS. ¿Por qué será que las mujeres se ponen tan bonitas para ir al médico? TAMARA. Simple, común, sata coquetería. ANDRÉS. (En el juego) O coqueta satería. TAMARA. O un poquitico de putería. ANDRÉS. ¿Por eso el blumer nuevo? TAMARA. Siempre. Pero cuando se va al ginecólogo más. Si puede ser de estreno, mejor. ANDRÉS. En mi pueblo decían que se cambiaban de bando por tanto ver y tocar. TAMARA. Pero no es lo mismo un pipi en camilla y asustadito que en la cama y en posición de combate. SE EROTIZA UN POCO. ELLA LO DETIENE.


LUZ EN EL CUARTO DE ANIA. SUSANA. ¡Qué bueno que viniste! ANIA. ¿Tú? SUSANA. Sí, yo lo llamé. SAÚL. ¿Te molesta? Como quiera que sea somos hermanos. ANIA. Es gracioso, a lo mejor bastante triste, pero tiene gracia. SUSANA. ¿De que tú hablas, muchacha? ANIA. Nunca hemos sido simplemente hermanos, ha hecho falta colgarle algo: “a pesar de todo”, “como quiera que sea”. SAÚL. Lo habrán hecho para quitarse eso de “medios hermanos”, que también suena del carajo. ANIA. ¡Verdad! Uno puede ser medio bobo, medio loco, medio sinvergüenza, pero medio hermano... Es como si un brazo fuera familia y el otro no; un riñón es mi sangre, pero el otro, ¡pa‟llá! SAÚL. Mucha gente lo lleva bien. ANIA. Nosotros nos enredamos… SUSANA. ¿Quiénes, Ania? Yo he hecho lo posible. ANIA. El avión sale dentro de tres horas. Gracias, mi…hermano, por venir. SAÚL. (Lo suelta entre dientes como si ni él mismo se lo creyera) Fui a ver a papá. ANIA. ¿Sí? (Breve pausa.) ¡Qué bueno! SUSANA. Qué raro que no se lo haya contado a Ania. SAÚL. ( A su hermana) Yo… (Trata de cambiar el tema. Toma la maleta) Vamos a ver si pesa mucho. ANIA. Acuérdate que es viaje de ida. SAÚL. (Se le escapa) Sin vuelta… ANIA. Por ahora. SUSANA. Voy a la bodega a buscar el café. Ayer con mi locura se me olvidó. Yo también me alegro de que te lleves con tu padre. Él ha cambiado demasiadas veces…


ANIA. Mamá… SUSANA. No te preocupes. Ya los dejo solos, pero recuerden que hay cambios que lastiman, aunque nadie tenga la culpa. (Sale). LUZ EN EL CUARTO DE ANDRES Y TAMARA. TAMARA. Después tenemos que hablar. ANDRÉS. Siempre hablamos, nos reímos, esa es una de las cosas por las que te amo. TAMARA. Y porque te hago la comida y, a veces, hasta te lavo los calzoncillos. ANDRÉS. Pero no sólo por eso… TAMARA. ¿Por qué más, a ver? ANDRÉS. (Jugando, de buen humor) Porque limpias la casa, me traduces cosas y me cortas las feas uñas de los pies. TAMARA. (Le tira un carterazo o algo así) ¡Descarado! (Consciente del tópico) Todos son iguales. ANDRÉS. (Completando) Y al mejor deben colgarlo de una guásima. TAMARA. Hay que preguntarle al Pollo si quedan guásimas en Cuba. ANDRÉS. Hoy tiene la reunión más complicada de su vida. TAMARA. Ojalá venga por acá después. Me voy… ANDRÉS. ¿Al médico también le gusta el amarillo? TAMARA. ¿No quedamos en que estaban aburridos de ver ropa interior y hasta lo que contiene? ANDRÉS. Ese cuento no me lo creo. Me parece consuelo de maridos impacientes. TAMARA. (Súbitamente seria) Impaciente estoy yo, mi amor. No te había dicho nada porque tienes demasiadas cosas en tu cabeza, pero hoy se reúnen los tres especialistas para ver si puedo… ANDRÉS. Vas a poder. Y pronto. TAMARA. Quiero estar lista, pero a la vez no tengo apuro. ¡Ya ni yo misma sé! ANDRÉS. ¿Te acompaño? TAMARA. Siempre. Tú siempre estás, siempre me acompañas…


SE ABRAZAN CON TERNURA. LUZ EN EL CUARTO DE ANIA. EL DÍALOGO ENTRE LOS HERMANOS ESTÁ EN UN PUNTO CULMINANTE. SAÚL. Mi mamá creyó en lo mismo hasta que se decepcionó, se amargó, cambió de rumbo. Nunca me lo ha dicho pero parece que ella no estaba puesta para la política, que dijo que sí y se metió en todo por lo enamorada… ANIA. Pues hizo mal... SAÚL. ¿Quiénes somos nosotros para ser jueces, Ania? Tal vez fue sin querer, sin darse cuenta del todo, pero mami y mi padrastro me metieron mucho rencor dentro y mira en lo que terminó: papá en el suelo, con aquellos ojos que me miraban queriendo matarme, pero a la vez con un cariño que no lo dejaba pararse. SILENCIO. ANIA LO ROMPE CON DIFICULTAD. ANIA. Todavía no se ha levantado del todo, Saúl. Es como si el tipo alegre estuviera ahoga‟o debajo de otro gruñón y triste que lo agarra por el cuello. SAÚL. ¿Y a ti te parece que toda la culpa es mía o de mi madre por no enseñarme a quererlo, por no perdonarle que me negara esa firma que nos resolvía la vida? Lo que todavía no sé es si lo hizo para sujetarme a su lado, o si fue para que no lo señalaran, por agarrarse a un puesto. ANIA. Yo era muy chiquita y a él no le gusta repetir esa historia. SAÚL. Pero sabes, a lo mejor más que nadie… porque estos cinco años te los has pasado al lado suyo, siendo su niña, su mascota. A lo mejor es verdad que a todos los hijos se quieren igual, pero me parece que eso es más bien para la familia del tiempo de los abuelos: los padres juntos, luchando por criarlos lo mejor posible. Pero ahora…Van a querer más al que tienen cerca que al que dejaron atrás y no saben cómo creció. ANIA. Estas celoso y te entiendo. Pero no te creas, también yo he tenido que sonarme la amargura de mi madre. Cuando papito dejó a la tuya siguió fracasando con las mujeres. SAÚL. O teniendo más suerte de la cuenta… ANIA. Pero seguía regado, suelto, en el aire… De mami salió para los brazos de Tamara, que ha sabido aguantarlo. Yo no la puedo querer del todo, pero ella ha sido su suerte para no volverse loco o algo peor. Tu mamá cambió de ideas, quería irse y se fue (Se interrumpe). SAÚL. Sigue, ya soy grandecito, se fue para Miami y me dejó con mi abuela. ANIA. La mía dice que no, pero en el fondo le sigue gustando el paisaje, la gente, hasta las desgracias de este país…, y se puso vieja.


SAÚL. Y ahora, ¿ella no se va detrás de ti? ANIA. Esa fue la idea y lo que me sigue diciendo de boca para afuera, pero no tiene ganas ni fuerzas. SAÚL. Si fuera yo, no la empujaría. A nosotros nos tocó ser víctimas de las calenturas y las dudas de ellos. Ahora no tenemos derecho a devolverles el disparate. ANIA. Sí, pero no quiero vivir toda la vida en este cuartico y pasando ganas de vestirme bien, de comer lo que me gusta, de viajar de vacaciones o por lo menos soñar con hacerlo. Si me demoro ahora se me va el avión, pero quiero que tú lo sepas: voy a tratar de que papá también… SAÚL. ¿Tú estás loca? (Pausa breve) ¿Tanto ha cambiado? ANIA. La misma mano que te negó la firma, se movió rápido para la mía. Casi llorando, pero firmó. SILENCIO. ANIA. (Agarrando la maleta. Saúl la ayuda. Se miran largo con ella por el medio) Para el país de enfrente nunca aceptaría. Y lo entiendo. Pero un tipo como él en Europa… SAÚL. Creo que tampoco sería feliz. Es un romántico y me he dado cuenta de que el primer precio que se paga por todas las cosas sabrosas de allá afuera es tener los pies muy afinca‟os en la tierra. ANIA. ¿Y si se fueran juntos, Saúl? Si tú lo convencieras. Cuando me dijiste que habías ido a su casa lo vi todo clarito. A lo mejor todavía nosotros podemos estar cerca de alguna forma… SAÚL. ¿Conseguir en otro país lo que aquí no hemos sabido hacer? Me parece difícil, hermanita. De todas formas, si cuando hable con él me da alguna entrada… ANIA. (Ahora fugazmente infantil) ¡Dale! SAÚL. Saliste a papá, cuando se te mete una idea… ANIA. Eso dice mami. Es una jodedera esto de ser el único por parte de madre y compartir un padre… Pero yo sé bien que te quiere mucho, porque lo he visto sufrir por no tenerte, morderse los labios, disimular una lágrima… Por eso mismo creo que ahora te toca… SAÚL. ¿Y si lo hacemos al revés? ¿No te gustaría que me quedara con él en Cuba? ANIA. Eso ni se me ocurrió. Tú siempre has querido irte, tú mamá está allá. Cuando oí que estabas trabajando en un crucero, pensé que en el primer puerto te bajabas y adiós... SAÚL. Volví. ANIA. ¿Y podrás acostumbrarte a esto?


SAÚL. Aquí he vivido 22 años y no me falta ningún pedazo. Lo que no quiero es ponerme viejo “a punto de irme”, “sacando papeles”, como le ha pasado a mis primos. Tampoco encuentro alegría verdadera en las fotos y los videos que manda mamá. Todo se vuelve trabajar para tener y trabajar más para no pensar en lo que se dejó atrás. ANIA. ¿Entonces? SAÚL. Mi abuela se está muriendo. Cuando la entierre veré qué hago. ANIA. Habla con papi. Otros con más compromiso que él le han caído atrás a sus hijos… Esas cosas cambiaron. Mira, si me va bien, conmigo puedes contar… SAÚL. ¿Completo, hermanita, o a la mitad? NO LLEGAN A REIR. ESTÁN TENSOS. APAGÓN. […] PUERTA 11. TAMARA ACABA DE LLEGAR. ANDRÉS ESTÁ BOCA ABAJO SOBRE EL COLCHÓN. NO SE DEFINE BIEN SI DUERME O PIENSA MUY PROFUNDAMENTE. ELLA LO ACARICIA MUY DESPACIO POR LA ESPALDA. ANDRÉS (Incorporándose) ¡Qué rica sorpresa! TAMARA. Ya no llego desnuda… ANDRÉS. La ropa se puede quitar… TAMARA. No con esa cara que tienes, ni con el ánimo que traigo de la calle. ANDRÉS. ¿Qué tal? TAMARA. Algo anda mal. Uno de los médicos habló de operación… ANDRÉS. Me asustas… TAMARA. No vas a enviudar demasiado rápido. Parece que los años tomando pastillas me pasan la cuenta. ANDRÉS. No te angusties, madame, hacemos el tratamiento y tendrás… tendremos nuestro niño. TAMARA. Lo dices siempre igual, como el que cumple un encargo. ANDRÉS. ¿De dónde sacas eso?


TAMARA. Te gustaría verme feliz, si llega le darías cariño y protección, pero no está en el centro de tu cabeza, no te despiertas a media noche deseándolo. Estás ocupado con los que ya son grandes y sus líos. Además, la tesis… ANDRÉS. A lo mejor hay algo de eso, pero no creo que sea justo que me lo reproches. Otros cincuentones se plantan. No quieren empezar de nuevo cuando lo que les toca es ser abuelos. TAMARA. ¿Qué tú estás diciendo, Andrés? ¿No quedamos en que la de nosotros es una relación incomparable, fuera de liga? ANDRÉS. Claro, mi amor… TAMARA. Pero se te está olvidando últimamente. Yo también quiero realizarme… Tengo una propuesta de trabajo. ANDRÉS. ¿Pro…puesta…?¿Y con qué se come eso?¿Por qué no me lo dijiste antes? TAMARA. No es en Cuba. EL TRATA DE TOMARLO CON NATURALIDAD. ANDRÉS. Por favor, no estoy para bromas pesadas. TAMARA. Sé que no es un buen día y tampoco hay nada decidido, pero me sentía traidora sin contarte algo tan importante. Mira, no es que me vaya definitivo, es probar un año o algo así, a ver cómo funciona. Me encantaría… Nunca hemos viajado juntos… ANDRÉS. ¡Estaría bueno! El estudioso de los éxodos, el tipo que sueña con que los jóvenes nos renueven como árboles que van formando un bosque…, ¡Se va!, parte a cargar bandejas en una Mc Donald. Buena mierda para terminar una vidita. Aquí desde el santero que te consulta hasta la luchadora que te tira las cartas, todo el mundo adivina felicidad en salir afuera, en que por lo menos alguien de la familia vuele; escape, entre y salga, resuelva... ¡Yo no! Mi hija del alma estará ahora aterrizando, sabes muy bien lo que he sufrido con Saúl, pero no me da la gana de huir. TAMARA. ¿Eso es un esquema o un capricho? ANDRÉS. Prefiero comer mal o tener un solo par de zapatos que convertirme en un inmigrante económico a estas alturas… TAMARA. La gente se mueve… Lo peor es que te apasionas y te ofuscas y se van al carajo todas las palabras lindas de que somos dos que es como si fuera uno… Te veo egoísta y entonces, te quiero menos. ANDRÉS. No te puedo obligar a quererme, Tamara. SE MIRAN CON DOLOR Y COMO SI LA DISCREPANCIA LO HUBIESE VACIADO DE ARGUMENTOS. TAMARA. (Se le acerca, lo acaricia) Tenemos el amor, tenemos lo más difícil.


ANDRÉS. Pero me ahogo, madame. Hizo falta levantar estas paredes y tragué en seco, me conformé con el polvo y el churre y las broncas con esos tipos sin escrúpulos. Mi tesis pudo quedar mejor sin tanto cemento, sin las tensiones… TAMARA. Pero tenemos nuestro rinconcito. ANDRÉS. Que ahora no te basta, porque hay que viajar, buscar perspectivas, hay que… TAMARA. ¿Vas a poner al niño al nivel de las paredes o de un libro por escribir? ANDRÉS. ¡Está bueno ya! Me pasé la vida rodando de suegros a cuñados o lo que es peor intentando que mi madre entendiera a las mujeres que le llevaba a casa. Son cincuenta, madame, dos veces veinticinco, la mitad de cien y la vida no devuelve el tiempo que se perdió ni regala de más. TAMARA. ¡Ni de menos, señor pesimismo! Nunca me han importado esos quince años que me llevas. Lo que no puedo es estancarme por el capricho de no intentar. (Trémula, pero sin lágrimas) ¿Es mucho pedir? ANDRÉS. Desde que nos conocimos he vivido para ti… TAMARA. ¿Y te lo tengo que agradecer? SILENCIO HONDO. LO INTERRUMPEN RITMICOS TOQUES A LA PUERTA. ANDRÉS. Está abierto. ENTRA EL POLLO. ELLOS SE MIRAN Y CASI AGRADECEN LA INESPERADA IRRUPCIÓN. POLLO. No pregunto si interrumpo porque lo que se sabe… ANDRÉS. ¿Y lo tuyo? ¿Fuiste a la reunión? TAMARA. ¿Café o té? POLLO. ¡Qué nivel! En cualquier momento me dan el número del teléfono móvil. TAMARA. Y que sea de los que tiran fotos constantemente. ELLA SIMULA RETRATARLOS, PERO NINGUNO DE LOS TRES ESTÁ LISTO PARA LA BROMA. POLLO. Todo fue más rápido de lo que esperaba. El secretario del núcleo se quedó con la boca abierta. Parece que como mismo nunca dejaron claro por qué yo no podía estar en su élite ahora tampoco han escrito qué hacer con alguien que dice „No‟. A los mismos que tratan de convencerme les era cómodo que existiera esa ley invisible: “Fulanito es un talento, es el mejor en lo suyo, pero tiene un defecto” (¡y qué defecto!) entonces se le usa, pero cuando hay algo bueno –un viaje, una beca, una oportunidad- se deja fuera.


TAMARA. Y le toca a uno de ellos o de ellas, mediocres a más no poder pero sin mancha conocida. POLLO. Pero se los dije y también que aquí a la hora de pelear contra Batista a nadie le preguntaron si era maricón, puta, creyente en Dios o simpatizante del equipo Almendares. Orlando era casi un niño y se la jugó… No se arrepintió, no lo andaba diciendo, ni pedía medallas. Con otros gays épicos se hicieron los bobos, porque se casaban con mujeres o resolvían sus problemas en el baño público. Pero nosotros tuvimos cojones para irnos a vivir juntos, cuando casi nadie lo hacía. Ahora no sé si lo más que molestaba era la mariconería o la sinceridad. Orlando nunca gritó porque fue de los que siguen creyendo que el silencio es disciplina y que la duda tiene algo de traición. Pero en la casa, despierto de madrugada, sí me comentaba sus sinsabores. Y yo tuve noches de sentirme culpable por haberlo empujado a compartir mi cama. Hasta los vecinos aprendieron a respetarnos y querernos, pero en el trabajo seguía la cartica guardada, el puñal escondido para sacarlo en cualquier momento. Así… ¡que no me jodan! TAMARA. Ahora que el mundo cambió, que la cosa se puso dura quieren regalarnos esos mismos carnés que antes negaban. ANDRÉS. ¿Y la jefa? POLLO. No se portó mal. ANDRÉS. Me la imagino, la conozco bien. Como se supone que en este asunto ella no dirige, que ahí sea una militante más…(La imita un poco) Mira para el otro lado, espera por los otros, pone cara de humilde mujer de pueblo. A la larga es una mentira y está claro que ella es la que manda todo el tiempo. POLLO. La tienes cogida con esa mujer, Andrés. ANDRÉS. Ah, sí… porque no es torpe, esquemática, obtusa, ni siquiera gorda. POLLO. Es un cuadro, una dirigente, como lo fuiste tú. ANDRES. ¡No es lo mismo! Mira, si el futuro de este país va a ser sacarnos como trapos sucios las responsabilidades y las fidelidades de estos años, vamos a estar muy jodidos. Yo acepté dirigir porque si se los dejamos a los cabrones sí que no hay esperanzas de que nada se enderece. Cuando me dieron ese carné rojo, me sentí orgulloso de verdad y cuando me lo quitaron lloré como un niño. Lo más que me dolía no era dejar de pertenecer, sino comprobar que no logramos llevarnos bien, que los mejores, los que luchamos en el mismo bando, en vez de construir la patria linda por la que tanto se peleó, nos dedicamos a ponernos zancadillas, a llevarnos las cuentas. TAMARA. No grites. SILENCIO BREVE Y TENSO. TAMARA. ¿Y tú crees que la gente se vigila y tiene miedo dentro del partido porque sea mala, retorcida y rencorosa? ¿No será que inventaron una estructura que no funciona y ahora


no hay coraje suficiente para cambiarla de una vez? Tienen que abundar los hipócritas, si la entrada la dan por esconder defectos. POLLO. Ya nos pesará a todos si no salvamos lo que tenemos. ANDRÉS. Si el cambio es completo aquí no se va a poder ser ni gay, ni negro, ni ateo. Los ricos a sus casas de antes, la tele llena de anuncios y el dinero dueño y señor. TAMARA. ¡Discursos no! ¡Por favor! ¡No aguanto más! POLLO. (Como para “poner los pies en la tierra” y escapar del debate entre marido y mujer) La jefa me llamó aparte y me dijo que estaba de acuerdo conmigo. Me confesó que a su prima le pasó algo similar, pero que después se impuso y ha llegado lejos. ANDRÉS. Tendría un momento de honestidad, pero tú sabes mejor que yo que es una cobarde y una manipuladora. A lo mejor hasta inventó a la parienta esa… TAMARA. Andrés, mi amor, deja de ser paranoico. POLLO. Yo no necesito de su solidaridad, ni de que tenga una prima o un hermano o un vecino o un marido que sufrió esta misma discriminación. He hecho mi carrera y mi vida lo mejorcito que he podido y casi siempre como me ha dado la gana. Con mi frente en alto y el corazón lo más limpio posible. Anoche no dormí buscándole las cuatro patas a ese „No‟ o ese „Sí‟. Estoy tranquilo porque no decidí por resentimiento sino por justicia. No pueden cambiar de disposición con el borrón y cuenta nueva; como si no hiciera falta discutir las metidas de pata. ANDRÉS. (Para romper el abrupto silencio .Sospechando que el tema afecta demasiado a El Pollo) ¿Te dijo algo sobre mi tesis? POLLO. (Animándose) Más que algo… TAMARA. Habla rápido o no tomas té. POLLO. Me propuso que la trabajemos juntos. Yo le aclaré que no es mi especialidad. TAMARA. A mí, así, de pronto, me gusta la idea. ANDRÉS. Lo que está buscando es desviar la responsabilidad, tirarte para arriba el papel del censor. POLLO. Por favor, Andrés. Como mismo todos los gays no somos de argolla, histeria y brete, las jefas –aunque sean gordas- pueden tener una sensibilidad oculta. ANDRÉS. ¿Y dónde la esconde? POLLO. Mira, si aceptas que te acompañe es para meter las manos hasta el fondo en este potaje y fajarnos a los palos por la nueva versión. ANDRÉS. ¿Mi tesis te parece superficial?


SILENCIO EMBARAZOSO. POLLO. Sí. ANDRÉS. (Herido)¿Sí? POLLO. Se mete en muchas cosas y no ataca a fondo. ANDRÉS. Si con lo que está escrito se asustaron, me dieron menos nota, casi se mandan a correr…¿Qué va a pasar si nos metemos más hondo? TAMARA. Yo entiendo al Pollo, mi amor. Tú te apuraste en ver los prejuicios de ellos. ANDRÉS. La posición oficial está clara: las mujeres no quieren parir, tenemos mentalidad de país desarrollado. Van a seguir defendiendo esa visión, porque si no, los truenan. TAMARA. Ese es el problema de ellos con sus conciencias, lo tuyo es trabajar fuerte, sin censurarte y más ahora… POLLO. Tú no eres el único investigador honrado, ni el primer inconforme del mundo… ANDRÉS. ¿Ustedes me están cayendo en pandilla o son ideas que yo me hago? POLLO. Nosotros te queremos, mi socio, y no nos gusta verte deprimido ni en el papel de víctima. Tu investigación es buena, pero se puede ahondar, preguntarse hasta por qué las leyes siguen siendo tan blanditas con los tipos que no cumplen con sus deberes y ya sabemos que si el niño nacido no tiene apoyo, las madres se erizan a la hora de intentar el segundo; aunque el nuevo amor tenga el famoso diamante en la punta del pito. TAMARA. No es fácil. Para proponer que los padres den más de cuarenta pesos hay que reconocer que esa cifra es una mierda, aceptar que el sueldo habla en un idioma y la vida de la gente en otro. ANDRÉS. No puedes subir las pensiones porque la mayoría vive de su sueldo y no tiene para más. Cuba no es La Habana ni la realidad el mundillo en el que uno se mueve. En las provincias la gente inventa su casita, resuelve más fácil la comida, sigue viviendo y pensando en dinero cubano. POLLO. Muchos le sueltan al hijo lo legal o ni eso y después –con lo que se buscan por fuera del sueldo- se van con la nueva conquista a un cuartico particular y se gastan veinte o treinta dólares. Todo eso se puede escribir si se investiga a profundidad, si defendemos bien las ideas… TAMARA. Gracias, Pollo. Yo también ayudo. Y no sólo con el té o las galleticas. ANDRÉS. Sé que me quieren ayudar, pero no lo veo posible. (Al Pollo) La jefa se va aprovechar de que todos los “factores” estarán en contra tuya. Tal vez supone que querrás limpiarte bloqueando mi tesis.


POLLO. (Completando la lógica) Pues de eso nada. ANDRÉS. Entonces te llevarán dos cartas negativas en vez de una. TAMARA. Eres demasiado pesimista. POLLO. Lo que me duele es que no te veo convencido de que yo pueda echar la batalla contigo… ANDRÉS. No es eso, amigo. Se trata de toda una estructura que nos desborda. TAMARA. Y nos tapará, nos ahogaremos si nos seguimos escondiendo. ANDRÉS. Yo presenté mi tesis, me fajé con ellos y antes he perdido muchas cosas, desde el dichoso carné hasta viajes, relaciones, un carro con gasolina gratis en el que moverme a donde me diera la gana. He pagado caro por ser honrado y decir lo que pienso. Desde el lugar en que estoy es fácil que quieran empujarme y tomarme como enemigo. ¡Y eso no lo voy a permitir! POLLO. A los jóvenes les toca refrescar, cambiar y tampoco los veo dispuestos. TAMARA. Yo tengo 35 años, estoy en el límite que ponen en las planillas, en la frontera entre la frescura y las arrugas, entre la sayita corta y los dientes postizos. Si aquí cuesta decir algo distinto, mejorar las cosas, es también por el silencio de muchos de nuestros padres. Crecimos respirando conformidad, esperando que nos orienten. Como no hay papeleras, se tira la basura al suelo y si nadie levanta la mano para decir lo contrario en una asamblea, yo no voy a ser la primera. Entonces el churre se acumula, las mentiras engordan, el formalismo se vuelve ley…y todos esperan que de arriba venga un cambio, que alguien de otro planeta se queje. ANDRÉS. Y como no pasa nada lo más fácil es salir huyendo, buscar dinero, mandar carticas desde lejos. TAMARA. ¡Eso es otra cosa! Condenar al que sale o se va es otro achaque de mierda. Algunos hacen más daño con no moverse. Mi tío ve todas las tardes la mesa redonda y se cree el ciento uno por ciento de lo que dicen en la televisión, pero se viste, come y arregla su casa con lo que mandan mis primas que se fueron. Yo sé que no es un descarado, que sigue creyendo de verdad en sus ideas, pero le parece que hace bastante con seguir queriéndolas, con levantar el teléfono y aceptar que no son unas traidoras. Y eso porque estamos en el siglo XXI, porque a su hermana menor la enterró en vida cuando salió para Puerto Rico… ANDRES. Y hay muchos cubanos que piensan como tu tío, aunque coman más mal y no puedan pintar las paredes. Muchos que no se olvidan de que sus madres fueron criadas de los ricos de este país y que sus hijas lo pueden ser el día de mañana… POLLO. No me gusta ser testigo y menos árbitro de bronquitas de pareja. TAMARA. No te preocupes, nosotros nos fajamos poco y bien. ANDRÉS. Revisar, hacer otra versión es darle la razón a esos oportunistas.


POLLO. ¿Me incluyes a mí en esa novena de pelota? ANDRES. No, Pollo, entiéndeme. POLLO. ¿Vas a retomar la tesis o prefieres seguir echándole la culpa a los demás? ANDRÉS. Ahora…me ahogo…Necesito salir… TAMARA. ¿Solo? OSCURECE LENTAMENTE QUE SE HACE TOTAL CON UN PORTAZO. LA ESCENA SE VUELVE A COMPARTIR. TAMARA Y EL POLLO SIGUEN EN EL CUARTO; ANDRÉS HA LLEGADO A LA ZONA CASI MÍTICA QUE SE INSINÚA DESDE EL PRINCIPIO Y DONDE LO ESPERA SU HIJO. CUARTO. LUZ SUAVE. HAY UN POCO DE CANSANCIO EN TAMARA Y EL POLLO. TAMARA. Cómo me duele verlo confundido. POLLO. Vas a poder, muchacha. El amor mueve montañas y cambia las estrellas de posición. TAMARA. Estás tratando de consolarme. Andrés ha dependido demasiado de las mujeres y yo soy la primera culpable de que siga siendo así. Porque es dulce su cabeza atormentada la dejé demasiado tiempo buscando refugio sobre mis muslos. Yo sabía que la tesis estaba incompleta, que se quedaba por las ramas… POLLO. ¿Y por qué no se lo dijiste? TAMARA. Porque no veía forma de que lo entendiera. Estaba seguro de que con lo que presentó iba a molestar y no se equivocó. Nada más que con salirse unos metros del discursito aceptado, levantó ronchas. POLLO. No quedó bien ni con los conservadores ni con los que andan buscando una verdad más completa. TAMARA. (Obsesiva) Hace falta que se concentre, que trabaje rápido. Yo tengo una propuesta y me gustaría que me acompañara. POLLO. Tú también. TAMARA. ¿Y por qué no? No puedo cambiar el mundo sola. Andrés tiene que entender. Tú podrías ayudarme. POLLO. Disculpa, Tamara, pero no me veo en ese personaje de intermediario, ni de conspirador. TAMARA. No es eso, amigo.


POLLO. Habla con Andrés, enfrenten las cosas. Siempre me han molestado las mujeres que buscan alianzas para resolver los asuntos de su casa y de su cama. Tú no te mereces ese papel. TAMARA. Yo no te quiero coger de ayudante ni de mensajero… Me caes muy bien. Quiero ser tu amiga. POLLO. Ya casi, casi lo eres, cabezona. […]

Cuatro Menos  

Escenas impares de la obra de teatro Cuatro Menos del autor cubano Amado del Pino

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