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segunda l inea

para recordarla

Revista digital mensual editada por el Instituto Pastoral de la Adolescencia - Año 3 - Nº 17 - Abril 2012

Editorial Hno. Genaro Saenz de Ugarte

Libres para nacer de nuevo en el servicio.. de lo nuevo. La Pascua de Angélica Angélica celebró su Pascua el pasado Sábado Santo 7 de Abril, poco después del mediodía. Llevaba una semana internada en el hospital. Hacía tiempo que su salud se iba deteriorando. Al final, le fallaron los pulmones y el corazón. Angélica era mujer sufrida pero no vencida. Diosito puso un final sereno a sus días sacudidos y llenos de problemas. Angélica recuperó, para siempre, la serenidad que tanto quería y la alegría que tanto bien hacía en el barrio. La vida de Angélica ha sido reflejo de la vida del barrio, en especial de las familias de estas zonas hundidas, cercanas al río. Porque son vidas como las mismas plantas de las orillas, aferradas a la vida y dando, regularmente, nuevos signos de querer vivir más… Angélica sufrió mucho, más de la cuenta. Dos de sus hijos (9 y 18 años) murieron abrasados. En aquellos años Angélica trabajaba mucho. En un momento, la casita precaria ardió… Nunca se pudo aclarar cuál fue el origen del fuego. El drama fue grande y dejó en Angélica un gran sufrimiento. Afectó más a la cabeza que al corazón de Angélica. Por momentos, Angélica vivía soñadora, perdida… Olvidaba sus cosas. Caminaba por el barrio como en otro mundo pero sin perder su sonrisa. Y, con más frecuencia de lo que se esperaba de ella, la sonrisa iba acompañada del sentido del humor. Era algo muy típico en Angélica. Siempre con sus gestos tan humanos, sencillos, cercanos, amables. Como si la amistad y el buen trato con todos le dieran fuerzas para superar su dolor. En el barrio se la ha querido mucho. Las amigas más fieles eran sus compañeras de la Comunidad Eclesial de Base

'Emanuel'. Su 'madrina' generosa, atenta y delicada, era Graciela Arroyo con sus hijos, María Eugenia, Camila, Agustina, Martín… Graciela la atendía en sus necesidades más inmediatas. También le cuidaba el dinerito que ganaba Angélica en sus trabajos. Porque Angélica era trabajadora, muy trabajadora. Las amigas de la Comunidad 'Emanuel' sostenían el corazón de Angélica y su gran fe. El Sábado Santo 7 de Abril Angélica sentía que se moría, pero no se entregaba. Sabía que Graciela iba a venir al Hospital. Y así fue. Se vieron y se reconocieron. Luego, Angélica se apagó, se fue… quedando sin nada, como le pasaba casi siempre, sobre todo después del accidente de sus hijos. Era Sábado Santo. ¿También estaba Angélica como Jesús en el sepulcro? Graciela se movió. Su cariño y su fidelidad a Angélica la llevaron a poner en orden los trámites en el hospital y en la seguridad social. Fueron necesarias más de 12 horas. A la madrugada del Domingo de Pascua, el cuerpo de Angélica era trasladado a la piecita que Graciela y sus hijos habían puesto a disposición de Angélica. El velatorio comenzó temprano, como el relato de las apariciones de Jesús Resucitado. Ahí estaban las amigas de la Comunidad 'Emanuel': Clementina, Paulina, Mafalda, Sixta, Julia, Florencia, Melva… Al comienzo de la tarde llegaban y llegaban más amigas de Angélica. Todo el barrio parecía congregarse junto a su cuerpo consumido por la enfermedad pero que transmitía tanta paz… Las flores naturales de los jardines familiares parecían darle el último abrazo a Angélica. El Rosario pasaba de mano en mano mientras las decenas se sucedían en un clima de fervor afectuoso y sereno. Y las amigas seguían llegando sumándose al rezo. Poco antes de las 17hs comenzamos a leer la Palabra de Dios. ¡Qué mejor texto que el de las Bienaventuranzas! (Mateo 5, 1-12) Era una proclamación serena entrecortada (Continúa en página 2)

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