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PROGRAMA RADIO WEB ED 27 – Ingrid Odgers Horacio Mario Aguilar-Argentina Cuando llegue el tiempo.

Y llegarán después los adustos tonos del recogimiento! (el inconformismo de los años que acumulan!) Se parecerá a la Paz, y solo será parte del silencio previo al definitivo adiós… No habrá arrepentimientos… Las oraciones también estarán ausentes de los labios que no dirán adiós…! Pudiera parecerse a un: gracias…!, y la mano encontrará el punto de descanso. La historia contada no será más que un testimonio. Alguien elogiará al poema y la memoria de su voz rondará páginas de un libro!

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Horacio Mario Aguilar-Argentina

TU NOMBRE Y la pregunta es: ¿Dónde poner tu nombre? Si. ¡Donde…! Ahora que se durmió Mi pájaro de nacar, Mi ave pequeña con alas de niño Y cantos de mañana… ¡Dónde poner tu nombre! Ahora que no hay pentagramas Para mis notas largas, Ni hojas en las ramas de mis dedos

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De acariciarte el rostro! Tu nombre inquieto De mujer sin sueños Y labios ausentes! Tal vez en un punto indefinido De la atmósfera por donde vaga El anacoreta sabio de mi beso claro! Donde se escurra la luz Tras la molécula infinita De mi espacio-tiempo.., O en el sorbo apurado Donde jyá no caben más respiros Que este preguntarse atónito: ¿Dónde poner tu nombre? Tu nombre de mujer Que me devuelve Un sabor a senos, Un perfume a cabellos Y un dolor de hombre Al pronunciarlo en silencio. ¿Dónde poner tu nombre, Que no lo hiele la nieve Que no lo decolore el sol, Que no lo moje la lluvia,

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que no lo borre ni el viento… ¡¡Tu nombre!!...: Junio en mi mano, Febrero cuando en mi cuerpo Se escurre como la arena Del reloj de mi silencio ¡ Pero.., ¿Dónde poner tu nombre? ¡Y dejar tantos recuerdos! ALEJANDRO CABROL

- Argentina

Faltan palabras Aún cuando me escribes despidiéndote A l abandono de palabras perdidas Abofeteas mí pensamiento con imágenes Que insinuantes retozan en mis recuerdos

Moldeando en tus lejanas letras huecas Quimeras que descubren puertas adosadas Que se apartan al paso de mis ojos Ansiosos de encontrarse con tu amor

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Pregunto al viento que menea al destino Escriba en mis manos la contestación Que implorara con acentuación mi sentir Humedeciendo con lágrimas su despedida

Pero el viento inclemente despoja Las hojas de mi huerto de existencia Dejando la impasible súplica en blanco Como mi futuro que se vuelve para tomarme

Abrazando mis penas al olvido de silabas Borrando el libro escrito con madera de ocote Que mancillo mi alma en cortinas de neblina Apagando la luminosidad de mi letrado corazón

VIAJE AL INTERIOR DE UN VIEJO ROBLE DE MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ Sentada en el escritorio , veo esa sombra inquieta que corre por los pasillos

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de una casa colonial . Es el aroma de un roble que me hace estremecer , con el viento de lo cotidiano . Fue el relàmpago furioso que hace brotar ese viaje al interior de una semila . Es el susurrar de esas libèlulas de hierro , en el paso de un tren . Sigo leyendo esos libros brillantes como el sol en la India . Espantando a las moscas que dibuja el camino de las cartas de un adivinador . Es el loco , ir y venir por los corredizos de un castillo abandonado . Desafiar la tierra como la pòlvora de dinàmita . Con el correr hacia el Olimpo cabalgo de un extremo a otro , con las cuerdas de un àrbol a otro . Solo para alcanzar los frutos màs sabrosos, en las calles repletas de hojas naranjas

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que vuela hacia el cielo .

LA TRISTEZA GIRA EN LOS CAMINOS DE ANGOL DE MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ Miro aquellos àrboles del bosque. Esos frutos secos por el llanto de una niña. por los vidrios destrozados por el aliento siniestro , que hizo estallar ese esqueleto arrinconado en el cuarto oscuro del mal . una corte de bufones danza en la coronaciòn del Prìncipe que juega a la guerra , con los soldaditos de plomo cerca de la chimenea . La tristeza gira en los caminos de Angol . Afuera la tierra hùmeda despuès de la lluvia , recoge aquellos frutos malèficos , en los vidrios que son llevados por el rìo , en la corte de los bufones , en los soldaditos de plomo derretidos en las manos del Prìncipe , que hizo pulverizar aquellas piedras de los juegos del jardìn de esa niña que corre hacìa el bosque para sacar los frutos de los àrboles .

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En el resplandor de las calabazas , con el silbido de las hojas candentes . Es el silencio sepulcral en el panteòn , por el Padre ausente de sueños eternos , en el dialogo sin sentido , ni brùjula , en el llanto de una niña , por el espejo del carrusel de los años perdidos . Fue el momento donde el universo estallo , en la mirada de ese Prìncipe claroscuro , en el carrusel de la desdicha .

MARGOT DEL CASTILLO - Chile

LIMÓN

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Nunca te amé... y dejé de desnudar estrellas en oleaje de mariposas, y escuché el silencio que venía ... y me invadió el desierto con su dolor sin agua . Nunca te amé... y se detuvo el corazón que te amaba sorbiendo en latidos acides de limones..

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Nada que decir. Y fue el adiós

Alejandro Cabrol Paraná, Argentina - 2009 habrás vuelto? de las siestas estivales y los parques de cemento de las lágrimas, reproches y lamentos de los no, de los basta, y de hasta nunca del perdón, que ni a pie ni por correo qué habrás hecho? con tus ojos obturados a lo negro y el silencio de aquel hijo y el olvido de lo bueno, mil profanas oquedades esparcidas por el pecho si parece que fue ayer o hace milenios dónde dejo?

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mis cenizas y mi norte y esas ganas de volver a oler la miel del leve vuelo y los planes y tu cara y tus dejos; el bostezo anterior a la mañana, hormiguero que te ve velarme en sueños con el fuego, con la prístina prestancia de septiembre entre mis setos y tu cálida cadencia delicada, qué habrás hecho? del avieso callejón sepulturero del amargo taconear de los recuerdos …habrás vuelto?

Alejandro Cabrol Paraná, Argentina - 2009 Transoceánico Riguroso remembrar caricias lerdas

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o pensarte al caminar, mano y bolsillo, sentir, sentir. Sentir el brillo agazapado boxeador contra las cuerdas. Contarte que este domingo de tarde anda por fuera de las medidas del tiempo respirando el ritmo propio de tejados rojos y felinos y silentes de esa plaza, espera en un banco, una hamaca, alguna esquina, repeticiones de tu figura y que oigas arder esta noche apropiada del fuego. MiscelĂĄneas, fotos, trueques y susurros amistad sin secretos ni fronteras, repentino entendimiento compartido, corazones y corazas centenarios han sembrado en la sustancia sus latidos. Entonces miro la ventana, oigo al viento silbar sones de estas tierras. Donde cada letra abre, acusa, amaga un vaivĂŠn desmedido y tibio, masculla vocablos del exilio involuntario

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al que doblegamos a golpes de teclados. Nubes más allá del océano, escapa tu mirada cada día a lo gris, lo corriente, lo mal muerto rebota sin hacerte daño y atesoras este vínculo certero.

AL PÁJARO SE LO INTERROGA CON SU CANTO, de Olga Orozco.

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De OLGA OROZCO Hay en algunos ojos esas borras de añil que dejan los crepúsculos al evaporarse -un ala que perdura, una sombra de ausencia-. Son ojos hechos para distinguir hasta el último rastro de la melancolía, para ver en la lluvia el inventario de los bienes perdidos, así como hace falta un invierno interior «para observar la escarcha y los enebros erizados de hielo» dijo Wallace Stevens congelando el oído y la pupila, convertido tal vez en el hombre de nieve que contempla la nada con la nada y que oye sólo el viento, sin ningún evangelio que no sea ese sonido único del viento (aunque tal vez hablara de la más extremada desnudez; no de la transparencia). Pero yo sé que cada tiniebla se indaga solamente con la noche que llevo, que la piedra se entreabre ante la piedra de la misma manera que se tantea el corazón con el abismo. ¿Hay alguna otra forma de asomarse hasta el fondo del subsuelo, el fondo de otra herida, el fondo de otro infierno? No hay ninguna otra lámpara para reconocer lo próximo, lo ajeno, lo distante. Lo atestigua la esquiva intención de la rata chillando entre los vidrios, resbalando en la rampa de una impensable luz; lo proclama la estrella con su remoto código adherido a un temblor,

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tal vez a una agonía que ya fue; lo confirma ese yo que camina contigo y es memoria dondequiera que olvides, y ese otro, inabarcable, centelleante, que le sale al encuentro bajo el agua de las transformaciones, y a veces ni es persona, ni color, ni perfume, ni huella de este mundo. Ambos están tejidos con la sustancia misma del silencio. Se parecen a Dios en su versión de huésped reversible: el alma que te habita es también la mirada del cielo que te incluye.

de "EN EL REVÉS DEL CIELO" (1987)

SERGIO RODRIGUEZ ARANIS - Chile

APARICIÓN DEL SUEÑO Con voz nasal con figura con tela de antiguallas botadas a gigante con claveles vestidos de elefante egipcio adormilado en redondelas con zapallo con ríos con estelas

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de sapos haciendo de hierofante con nada de nada con mil instantes donde se abrazan el agua y la vela aparece el sueño en bote de espumas teatro ques dormido en calientes brumas para la hostia de ningún pertrecho pues lo que hoy navega no permanece lo que será mañana ya envejece en el cuerpo de nadie sobre el lecho

Rocío L' Amar- Chile

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BAILA LA MUERTE . Homenaje a Matías Catrileo . ... Matías Catrileo cae besando la tierra. . Las voces de los vientos rompen el silencio Sus ojos se cierran iluminando los senderos anchos y estrechos de la NACION MAPUCHE Las voces ancestrales rompen el silencio Matías Catrileo camina por las cuatro fuerzas de la tierra. . (Extracto)

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Selección de poemas - Un aporte de la poeta Rocío L'Amar Emilio Antilef, Quecherewa, Chile . AJEDREZ . Aquí estamos mujer devastando silencios transgrediendo las líneas del pelo y de las médulas jinetes cabalgando encabritando sueños de niñez y escarmiento reventando colores y pariendo universos.

JUAN CARLOS RECIO

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(Del Libro: Para matarlos a todos)

PARA QUE NO CONSUELES A OSCURAS MI CABEZA

  Pasan inviernos, pasan desgracias y números, se escribe sobre el pecho, sobre la hierba que imaginamos tibia, una suerte de incitación antes del latido. Pasa la velocidad de los amores muertos que dieron su palabra el día que otros murieron, pasa el hombre solitario hasta donde ya las multitudes dejaron su pedazo de mármol, su doctrina, la única luz de ascender al héroe. Pasan los vigías, los traidores, los anónimos, los vientos a los que le puse mi cabeza y se la llevaron suspendida a la altura

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inalcanzable, la que no pudiste abrazar cuando esperaba por ti y pasabas sin que supieras. Era mi 煤ltimo grito desde el latido y eras esa divinidad que asusta de ser tan lejana, y porque nunca pas贸 que pasaras; y porque nunca he visto la imagen real que mi cabeza tuvo en ilusi贸n cuando danzabas por encima del pecho de los inviernos, los n煤meros y las desgracias.

JUAN CARLOS RECIO

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LOS CIERVOS DE DIOS …elevemos los ojos al cielo, y a los años que están por venir. JOSÉ MARIA HEREDIA

Ya sobra el disparo a quemarropa, la fe aterida al sueño del hechicero con sus ojos vacíos, con su colores presos en un solo dintel. A este cuadro llegan otros hilos de luz, un pedestal que subimos descalzos sobre la miel, una dulzura ida hasta la diversidad de los cantos y las penas. Este cuadro no es para colgarlo en una sola pared de fondo blanco, en él sobran también los espías y los entierros y la ruda contracción de las parteras, sentadas al borde de las calles con sus manos secas por el llanto.

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Estamos dispersos en las lejanas esquinas en las esencias que fueron la voluntad del pánico, vestidos en otras lenguas, deseosos de reencontrarnos con las almas que debieron pertenecernos, deseosos de levantar las paredes, ese espacio más personal que nos resguarde. Abrid las puertas, todas las puertas, elevar los puentes y desamarrar las ofensas, dejadnos pasar como hilos de luz sin que las trampas nos devuelvan al laberinto sin que colguemos de cabeza como pieles secándose. Ya los disparos hicieron su parte, no por placer nuestra piel tiende a las tumbas en abandonadas cruces de cementerios judíos.

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Hemos cruzado todos lo ciclos, —incluso el Niágara—, y desde el salto hasta el nuevo mundo también hemos sido el agua que fractura sin unción las traiciones de nuestras espaldas. Es el día de señalar el fin de este rompecabezas, de que el ciervo contemple apacible a su cierva, y de que el pan de Matanzas no sea una despedida desde la eternidad del infierno. Ya nos han disparado, demasiadas veces —en los mismos agujeros—, imposible exhibirnos como astros caídos, si el umbral del tiempo es quien nos ampara.

JUAN CARLOS RECIO

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TANGO: CON PUTA EN NEW YORK

Un dolor como el tuyo sangra sin herida, la paz que no tienes y el precio de pecar, el desarraigo y todos los padecimientos en una caja de Marlboro y detrás el Empire State recordándote tan erecto como aquella vez en la selva, sin conocer a París con una negra de Francia, sin perfume ya por el oficio y los años de su oficio, fumando en la espera de quien solo pierde el alma, un alma que no es tuya y una pistola caliente con la que siempre te apuntaron. Sirva otro trago sin cantina en el parque central,

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escondida la botella así como el viaje furtivo desde un punto gris en una costa de perros, con esos ladridos sordos que nos dejaron un muro donde cantarle a la luna los versos de la matiodora, donde nos dejaron como cadáveres haciendo sus balsas, sus miserias y el éxodo, sin que la radio pidiera otra canción que aquella de las sábanas blancas; pero todos los balcones se habían caído con la puesta del sol, y todas las putas que no tienen un tango viven ancladas en un alma como la tuya donde puedes tener dos patrias tan oscuras como Cuba y la noche; y los versos que se recalan tan hinchados como esos cadáveres

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que las playas devuelven a sus veranos, y la voz del trovador maldiciendo sería mejor hundirnos en el mar que toda la gloria que se ha vivido. Pero, aquí estoy saludando al Apóstol también erecto en su caballo, también frágil y enfermizo en el centro del mundo, en este parque tocado por los dioses y por los cojones de Maceo, con su caballo que me lo paso entre las piernas para salir luego volando curada de tanto ladrar y ladrar, y no dejar de ser una puta clandestina e internacionalista, para no caer en traiciones tan bajas, olvidada de todas esas medallas que le dieron a mi abuelo

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una tarde cuando apenas era una niña y el corneta tocó a degüello, y el abuelo mambí, tocado por tanta gloria y alcohol, me dijo que su última carga mambisa le hacía una falta inmensa al sudor de mis piernas, y ni una sola palabra al sufrimiento, y ni una sola queja de virgen solitaria a no ser que quisiera marcar mi alma con un símbolo pagano, más cerca al conjuro de un tambor y una ceiba donde colgarme sin dar vueltas como en la ciudad de San Cristóbal de la Habana, con todas sus putas sus solares y las sábanas cocidas de tantas guerras.

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ÁNGEL RAFAEL NUNGARAY - MÉXICO

ESCALAR EL VÉRTIGO

3 Crece la hoguera de las serpientes en los delirios de los enfermos y las dolencias son reducidas a sueños que marginan la premura terrible de la ciudad y se precipitan sobre pasillos lejanos Han de quedarse quietos los instantes de la lucidez

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como el sonido del sol en el vértigo de la tierra porque prefiguran espejismos en la volición de los desamparados. como antiguas campanas cuyo crepitar herrumbroso no se olvida cuyo significado atesora la humedad de las ruinas y el efecto de la ceniza sobre la memoria Se acerca el sueño para cubrir los agitados sentidos de la desolación Los pacientes se han alejado y el horizonte con su permanencia borra la blancura instantánea de sus pasos La luz se limita al hilo de plata

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que sostiene a un silencio plúmbeo.

4 La soledad es una terraza donde crecen los vestigios invisibles de lunas futuras y los derrocamientos de ángeles dispersos en las ruinas de la ausencia

Sabrán los enfermos que en los síntomas inmóviles la soledad hunde sus cuchillos oscuros? Sabrán de las barricadas que ella construye con el acero terrible de la indiferencia?

Estar enfermo es encontrar el centro inicial del abandono

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Estar enfermo es defender la soledad

5 Cesa dios en el organismo

La blancura de esa ausencia es paz en las raíces fructificación de los esquemas del abandono

Cesa el organismo como un cauce saturado como la lejanía en las entrañas

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de estrellas pr贸ximas

Cesa lo corp贸reo de la palabra en el flujo imperceptible de Dios

Cesa el cauce cesa dios como la maduraci贸n en la fertilidad de los desiertos Cunden las ra铆ces en la transparencia hasta donde la cima del fruto no alcanza

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6 Canto del lĂ­mite del inerte signo El signo vaciando los cantos de la cristalina presencia en los cercanos lindes

Alba limitada en la penumbra de un dios que escala el seno apacible

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de la caída

Alba del canto Dios y sus lindes En el remanso infranqueable está el cristal de la presencia 7 Duermo donde el día se aleja en la materia viva que sustenta la claridad

Libre desde las raíces como el signo del abismo Soy el vértigo del agua

Hay rasgos que no perdonan

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Sitios que la sangre calcina Y un albergue donde madura el abandono

Soporto el resplandor como un sĂ­ntoma de la enfermedad He caĂ­do con el peso del perdĂłn en el centro del aire me sobra el refugio es vasto el origen

Una rivera circunda los espejismos

Es transparente la noche

El cuerpo del despertar se aleja

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He visto las hogueras blancas son criaturas que surgen del agua áurea

Escalo el vértigo de la certidumbre en los pasos del paisaje he rebasado al día el cuerpo es limitado

El ser se mueve con la rapidez de la calcinación

Desperté en los altares a las ruinas furtivas del presente Los espejismos de la velocidad circundad la luz

No tengo otra certeza que la edificada por lo divino en el eje de la memoria

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Reservo la virtud del precipicio en el espĂ­ritu 9 Arden los cristales de la salud en el horno de la misericordia La enfermedad es una defensa del cuerpo el abismo de la gracia

Cesa el dolor en la sed como un sentido primordial de la carne

Los dolientes caminan en cĂ­rculos hasta desaparecer y regresan como sombras blancas que ha lavado el fulgor de la Presencia

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Es el instante en que Dios es la carne del doliente

10 Nazco en el incendio El ser fructifica sus esquemas el espĂ­ritu habita en el germen de la llama Nacer(se) fuego El fulgor es el sentido interno de Dios la opacidad

el sentido externo

Dios adolece de Dios

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en su cercanĂ­a con el hombre Dios se ciega de Dios se ciega del hombre se ciega del cristal que emana

Su ausencia se desplaza como el ave de la pavesa en el fuego de la materia el ser permanece alrededor de esa refulgencia

Cuando Dios madura en el hombre ĂŠste cae en el incendio En la lejanĂ­a el hombre se reconoce fuego en su proximidad con la unidad

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Ulises Varsovia - Chile

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1. Indumentaria

Indumentaria en brumas la caudalosa mañana desplomándose en oleadas desde el infinito En ella pereceremos, en ella nos extraviaremos, en ella deambularemos, y nunca más verás la luz manando de las pupilas de todos tus seres muertos. Nunca más tu propio espanto retornará a tu infancia herida a continuarse en tránsitos de borrosos pasos. Y fantasmales jinetes atravesarán tu corazón sonando sus carcajadas de heraldos funestos. Indumentaria en brumas la populosa mañana precipitándose en rachas de inextricables hebras.

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4. Los adioses (A mi mujer, Claire)

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Algún día de los días de la tierra, algún día del tiempo terrestre, cruzaremos la niebla por última vez, por última vez seremos pasajeros de la luz en la luz enceguecidos. Por última vez miraré tu humanidad, mirarás el misterio destruyéndose conmigo, y conmigo permaneciendo. Y nos diremos adiós, y continuaremos, y nos diremos adiós, y seguiremos siendo, indestructiblemente temblando en los pétalos de esta flor desafiando el tiempo terrestre.

Ulises Varsovia - Chile

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10. El oto単o mi hogar

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Tú el amor, esposa, tú la habitación terrestre, - el otoño mi hogar. Tú la morada, el leño, el fuego y su crepitar, el humo y sus volutas, el pan desde el trigal. Tú el calor de la lumbre. El otoño mi hogar. Tú mi dirección, esposa, tú la casa, el zaguán, la alcoba hospitalaria, el lecho de la ebriedad. Tú la cálida madera encerrando nuestras vidas en su entidad vegetal. Regocijo de las linfas discurriendo por mis sueños. El otoño mi hogar. Tú el amor, tú los besos, tú habitación y solaz. Tú el leño y la lumbre, esposa. Pero el otoño mi hogar.

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Ulises Varsovia - Chile

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11. En otoño Moriremos en otoño los poetas amortajados de niebla en la desnuda intemperie de calles al amanecer, de calles cruelmente vacías en las impías ciudades. Moriremos de humedad en la resaca marina contraída en la infancia, de una atroz desesperanza arrojados a las playas en el desamparo humano. Moriremos hojas trémulas en la temblorosa hojarasca, hojas de agónico color por el viento desparramadas. Moriremos de espanto, de olvido, de pensiones, de cuartos húmedos, de espejos rotos, de vestes raídas, de zapatos gastados, de lluvias, de calles interminablemente, de interminablemente solos.

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Ulises Varsovia - Chile

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15. Cuando vuelva a casa Cuando vuelva a casa Madre me abrirá la puerta, y quedará frente a mí como una estatua viviente. ¿Qué le diré a Madre cuando vuelva a casa y me abra la puerta? Ella besará mi frente, ella apretará mis manos, y me mirará en los ojos con sus ojos de niebla. Y tocará mis mejillas, y girará en torno a mí palpando mis ropas, sacudiendo el polvo. Madre me abrirá la puerta, y en sus labios muertos todas las lenguas terrestres se agolparán, temblando. ¿Pero qué le diré a Madre cuando vuelva a casa y me abra la puerta?

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IHOSVANY HERNÁNDEZ GONZÁLEZ (CIUDAD DE LA HABANA, CUBA

PRETEXTO DEL ANIMAL

llevo años sin pensar, sólo te dibujo en mi absorto aislamiento avizorando la necesidad de otra mano cuando todo depende ciertamente de ti y desconoces del rito que nos unirá al trazar la curva insolente que tu cuerpo impone en cada estancia como un aullido ahogándose en mis ojos, como un perfecto estado donde aunar la lírica a esa voz que me turba hasta la mudez razones inequívocas que dicen/ ilusamente profetizar los siglos por venir el pan que tendremos para salvarnos antes que otra religión instaure un anónimo ídolo semejante al nuestro, idéntico a ti, pretexto que exploro por el vórtice de estos años sin diálogo salvándome en la rutina del dibujo del enmascaramiento del juego de vestir otra piel

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como si fuéramos animal sin caza/ caza sin acechador.

LO QUE INQUIETA ES EL PUENTE

nadie consigue acercarse a la bestia/ el vaho requiebra toda armonía interna. Lo que inquieta es el puente que lía las ciudades, llegar hasta aquí y reconocer el duelo sostenido entre las palabras y el graffiti/ sueño un universo perdido entre las piedras/ muros descifrando lo que antaño tuvimos por cena/ agua dialogando sobre el tímido gesto que se hace cuita y prevalece en toda estancia que los siglos recorren. El gesto del tiempo nos hunde, ¿acaso para dejarnos inertes ante la angustia que la palabra engendra? Qué manida suerte se nos impone a esta hora en que el dibujo convence de que el inicio es ese cuento sin final prevaleciendo en las fronteras.

LOS SÍMBOLOS QUE LA NOSTALGIA AVIZORA

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los descuidados signos que el adolescente en Bretaña dotó a la pared no coincidieron exactamente con los que en el colegio mexicano Ricardo grabó en un apuro endemoniado para que todos los que concurrieran en fila al urinario supieran que sus flechas irían por siempre clavadas a una tal Rebeca que no acertaron a adivinar cual de las de aquel año era: Rebeca Díaz/ Rebeca García/ Rosa Rebeca Beltrán. Años más tarde otra mano dibujaba en aquellas paredes nombres y flechas porque los anteriores habían sido borrados con cal... En Londres o en Sonora las incógnitas huellas de un amor primario eran calificadas de irreverentes. Mundana urbe que en las letrinas desahogan sus miserias creyendo entregar las almas. Constantemente los del XX como los del XXI se aferran al ejercicio de dibujar en los muros. Constantemente yo pienso ensimismado en el lomo del animal prehistórico porqué no hubo una flecha cuajada de rosas y perfume matinal para la dama, la primera, que permitió introducir el fuego en la caverna. ¿Quizá fue aquel corazón impreciso que por olvido no tuvo iniciales? De alguna forma los nombres del antepasado cuelgan desde esta ventana

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abierta a esa ciudad que tiene de Europa y de América y en donde la lluvia ha venido a salpicar mi nostalgia acaso porque no me atrevo a garabatear la casa con nombres labrando un único lenguaje donde se diga: la suerte que aquí crece tiene de cuerpo domesticado, de ensueño y arrogancia, voraz imagen de ir asumiendo la falta con impía libertad. ¿Habrá que ser adolescente o prehistórico para abrir de símbolos esta pared donde creo que te reclinas para observarme, donde asumo que la bondad se aferra a mentir entre muros sobre muros en sitios que el otoño ya torna sagrados y me hace cómplice de tanto lenguaje tardío?, lengua que dice ser bisonte y bestia y hombre petrificado en cada estocada que el tiempo empuña desde toda estación ignorada y que hoy rehago para apresarte.

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ENTRE IRSE Y QUEDARSE

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Octavio Paz Entre irse y quedarse duda el día, enamorado de su transparencia. La tarde circular es ya bahía: en su quieto vaivén se mece el mundo. Todo es visible y todo es elusivo, todo está cerca y todo es intocable. Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz reposan a la sombra de sus nombres. Latir del tiempo que en mi sien repite la misma terca sílaba de sangre. La luz hace del muro indiferente un espectral teatro de reflejos. En el centro de un ojo me descubro; no me mira, me miro en su mirada. Se disipa el instante. Sin moverme, yo me quedo y me voy: soy una pausa.

HAMBRE, de Sergio Andrés Rodríguez Aranís - CHILE

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No es el durmiente del valle de Rimbaud es un niño acostado sobre el pasto de la plaza de armas de Chillán dejó sus palabras en otra parte ahora fue en busca de las monedas de plata que alguien arrojó dentro de su sueño Las gordas señoras ocupadas señoras muy del brazo en este paisaje conversan sobre lo útil que puede ser un buen bolso no sin antes guardar a seguro recaudo la purulenta mierda el sobaco la caducidad de sus ombligos Pero él duerme sin pena ni gloria encogido el cuerpo difuso anocheciendo si usted se acerca con cautela podrá ver en su frente un caballo negro saltando

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PROGRAMA RADIO ED 27 - INGRID ODGERS  

DIFUSIÓN ESCRITORES HISPANOPARLANTES

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