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Programa Radio Web Ed 25 – Ingrid Odgers Difusión Internacional de Literatura Contemporánea

PEDRO ARTURO ESTRADA - COLOMBIA HIJOS NATURALES HIJOS DEL RÍO Fluimos. Nos dejamos llevar. A veces, sí, nos detienen cosas. Accidentes. Pero volvemos a avanzar sin que nos importe si alguien por encima de todo, observa. Sólo nos interesa saber que pasamos. Un día nos teñimos en sangre, nos adensamos en lodo, permanecemos un poco. Pero es el olvido, felizmente, la regla que nos ciñe: y derivar irisados bajo un sol intemporal, danzar en la fugacidad, irnos perderlo todo constituye finalmente nuestro verdadero triunfo. HIJOS DEL VIENTO Y en el aire, como un secreto a voces, se intercambian nuestros nombres. Cargados con la música que alivia la desdicha penetramos en todas las estancias. Todo lo sabemos, todo lo oímos, todo lo tocamos. Descorremos oscuros cortinajes de polvo, elevamos viejas salmodias en las plazas desiertas. Que no rompa nuestro canto el estrépito de la metralla 1


es todo lo que pedimos. Después caeremos entre peñascos, cara al mar... O dejaremos que se aquieten dulcemente nuestras alas sobre los labios de los muertos. HIJOS DEL SILENCIO Ningún nombre, ninguna palabra puede definirnos. Y sin embargo, somos todos los nombres, todas las palabras. Después de nosotros, acaso Dios.

PEDRO ARTURO ESTRADA - COLOMBIA HIJOS DEL FUEGO Hemos nacido con dolor. Tal vez por ello causamos otro tanto. Pero el mundo nos ama. Incluso hasta nos necesita. En nosotros se levanta aún la primera voz, el primer estallido. En verdad, nuestro ser es alegría, entusiasmo que se contagia con facilidad. Qué más quisiéramos sino que todo se uniera a nuestra risa, a nuestro juego ardoroso. Pero de golpe nos extinguimos y nuestras almas se esparcen en ceniza hasta que de nuevo, un roce sutil, un llamado secreto nos resucite.

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HIJOS DE LA NOCHE Ciegos, presentimos cada cosa que se mueve y respira. Nos fue concedido el reino sin límites donde viven los astros, donde el sueño circula libre y la destrucción es un pálpito más. Nuestra piel comienza donde la luz, rabiosa, expira impotente... Aquí los rostros no importan. Cada cual adivina u supone los rasgos que desea. El amor es una desbordada locura del tacto. Vamos desnudos a través de los inabarcables abismos, asomados al fin de todas las cosas. El día, ávido cuchillo, destaza entonces nuesros cuerpos. HIJOS DEL DÍA Del semen bullente del sol germinó nuestro afán. Y la conquista de las horas ha sido a la vez, nuestra gloria y nuestra ruina. La memoria se remonta sólo al último brillo que tuvimos, niños eternos del presente que es todo cuanto importa. HIJOS DEL SUEÑO Hemos tomado nuestro lugar al otro lado de las cosas, el tiempo, la vida y aun la muerte. Cruzamos invisibles el cielo del hombre y duramos a veces sólo un instante. Pero volvemos siempre a pesar de la lógica triste que pudre permanente el aire mismo del vuelo. Vendrá al final nuestra danza sin límite en el eterno renacimiento de los mundos.

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HIJOS DEL HIELO Adentro ardemos a la inversa. Tenemos el corazón cruzado de agujas. Cultivamos la ataraxia del cristal, la roca, el hierro. Aunque podríamos deshacernos en lágrimas demasiado cálidas... Acaso, un día, tejeremos el sudario blanco de los universos. * (Del libro, Poemas de Otra/parte, 1998)

MARGOT DEL CASTILLO -CHILE OBRA MAESTRA Invoca peregrino la insondable musa creadora, filigrama la mano abrochando tinta entre palabras... hasta desear, sin miedos... conmutar pensamientos. Seducido... cuaderno adentro,

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va brotando el desafío... muere y resucita con sabor a diccionario, encendiendo cirios, y la página se niega desvistiendo la sombra que renace el decir... lo que otros ya dijeron... Asombrada la inspiración emprende vuelos arrojando entre líneas un laurel de cartón.

EL FENOMENO TEATRAL DE MARIETTA MORALES RODRIGUEZ – CHILE Tres sombras pensativas son el reflejo de grandiosos àrboles , sobre la orilla del rìo se reflejan los extremos de la mesa . Aquella raìces subtèrraneas que emergen de los huesos calcinados . Las tres sombras dubitativas tiran los arcanos mayores en el brasero de la ira , para quemar el certificado de la 5


tempestad de los pasillos . De esos aeroplanos que sobrevuelan en los sombreros de las manzanas de Magritte . EL RINOCERONTE DE MARIETA MORALES RODRIGUEZ Hace un milenio que bajamos al borde del barro , donde vimos a un enorme rinoceronte prehistòrico enjaulado entre hojas quebradizas , con el cuerno al cielo como el filo del cuchillo que corta al mundo en dos mitades . La humedad de su cuerpo , cayò como granizos durante el temporal en el campo asoleado de la ira . Los pescadores observaban a la monumental bestia abrirse como redes en el infinito . Donde los pequeños entes anidaban en el interior de interminables lìneas del camino de la podredumbre , que surcan los ejèrcitos invisibles , y todo descendiò entre el campo ardiente de las descendencias . LOS CERROS DE ANTOFAGASTA DE MARIETTA MORALES RODRÍGUEZ Las velas alumbran la ventana . Alumbran esos cerros hirientes , por las cicatrices de esas viejas campañas polìticas . Es ver las hojas amarillas de los libros , como las velas ardientes de los ecos de esas esperanzas , por volver a sentir el sonido de un hada , en la noche estrellada . Todo gira sin sentido como el reloj derretido en el silencio de la noche . Las velas son esas compañeras silenciosas . 6


Pequeñas lucièrnagas en el reflejo de los vidrios con el sonido de los autos , que corren como gacela en el pavimento . La noche es demasiada larga y las velas se alzan como diosas furiosas , sobre los cerros de Antofagasta , en el alta mar de las cortinas envejecidas

ADRIANA MONICA LAMELA Ciclos, Poemario Circunstancial Un segundo para pensar un tímido segundo en que abandono la grosería vaciando - vacía de sangre - las venas con la resignación que calla un dolor antiguo Amarro las pupilas que ofuscan la mirada delineando tus pestañas esculpidas por el agua; percibo el universo cosquilleando en tus pies. Desde el mar susurran las caracolas espumando unas pocas palabras que enseñan el misterio de vivir. Sin embargo, un segundo húmedo y vacío habita los días venideros con uñas que rasgan la cotidianeidad con dedos que espantan las luciérnagas que iluminan la inocencia Paradójico Morir es una costumbre extraña y siniestra; morir es un disparate íntimo Un cristal ahora te refracta y solitaria andas; se te ve la tristeza que canturrea con las sombras; y huele a perfume de hombre ausente

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Finitud Es un fuego que aísla y el viento que otra vez se enrosca en las caderas y una adivinanza que llega con la parca Hoy Se rebela en llamas Hoy no es el sexo un pétalo la sal lo que se abandona sobre un manantial de angustias tan cavilante como un pasajero del pánico en la sucia oscuridad nocturna Hoy El fuego no es consciente de su finitud y un verso se adhiere a las paredes ADRIANA MONICA LAMELA Paradójico II Adentro está nublado. Es menos que sombras y no repara en mis ojos y entonces es silencio Conozco la oscuridad Conozco el grito disonante que la habita y la oración helada del primer holocausto Pero no se callar incluso en su regazo aún si la vida me viste de ninfa en sus narices. Río por encima del anonimato Provoco la quietud nocturna y la fantasía ebria de alas Se acuesta conmigo. Me deshago de espinas para honrar esta vigilia impaciente Adentro está nublado. Me desnudo ante la combustión; con el alma vacía de conjunciones negras con el alma abismada en emociones. 8


Cada parte de mí hundida en la nostalgia de tus ojos; esas pestañas pellizcando mis defensas. Esa mirada anclada en mi boca. Y las horas revientan como sapos; no te excluyen ni te traen de regreso. ADRIANA MONICA LAMELA Finitud II Y entonces no es un fuego que aísla y el viento ya no vuelve a enroscarse en las caderas y nada se adivina en los pasos de la muerte Hoy ya no se rebela en llamas Hoy es el sexo un pétalo la sal lo que abriga el manantial de angustias con la seguridad de un pasajero valiente en la nítida claridad nocturna Hoy El fuego es consciente de su finitud y todos los versos cuelgan de las paredes

Incitación La raíz ha mudado en luz y se ha esfumado y la pasión berrea como una cabra como gruñéndole a la adversidad y se ensambla detrás de la brisa con las ilusiones Qué inventaré para esta fantasía Qué inventaré para ella Ahora sí se mueve la sombra de la melancolía y las cosechas animan a los pájaros de mis caprichos Mis pulsos se han agotado y se detienen en donde la caída impone coexistir con los resucitados

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El viento atormenta mi presencia Al revés de la corriente hay sanguijuelas que me absorben el humor Es la hecatombe Es el espacio del ocioso no disponible Es el tiempo de apostar a los bordes fijarse en las voces rebeldes observar el todo indivisible de los sustantivos sumergidos en ficciones. Asumo porfiadamente el almanaque Todavía mis sentidos atesoran a deshora los abriles pero siempre se sumergen en pretextos He comenzado mi historia en un abrir y cerrar de ojos La ingenuidad suspendida se rompió Hoy es en ningún tiempo o ninguna vez o meramente sucedió De qué modo hago frente a un ideal y dispersarse hasta retornar océano en donde un infinito haz me contendría a pesar de las soles inflamados De qué modo desentierro las líneas y ensayo con ellas mera sucesión de estrellas para marcharse a la otra orilla del crepúsculo El umbral ha traspasado la luz marginal Uno por uno desistirán a la par Las palabras derrochadas El perjuicio producido Las dudas de inquebrantables Los arrumacos que parodian el amor Uno por uno desistirán a la par Cruzo los brazos y desisto de aceptar el encuentro como además ninguna vez lo concebí y ahora es tarde - demasía tarde Recoge los sustentos de la trama Repaso mi descargo en el tiempo de mi juventud La ternura se quedaba en lo interior 10


como un tango irracional de nostalgia y trastornaba el alma Repaso las apuradas auroras de ópalo en el tiempo de las doncellas o sea hace tiempo o sea hace muchos cielos La raíz ha mudado en luz y ha mordido mis anhelos La raíz ha mudado en luz Qué inventaré para esta fantasía ADRIANA MONICA LAMELA Ostracismo Este empeño de no tomarme en cuenta, fuera de tiempo, fuera del delito en qué durarme, fuera del egoísmo por mi gracia o por mis afanes que suspiran en ronda. Nadie está exento de sufrir por amor Nadie está exento de sentirse en Babia Nadie se priva de ostentar una pasión, un recorrido, una duda, algo maravilloso, ya sea que dibujara con estilográfica o peregrinara entre risas Fatal ensueño enamorarse de una fantasma. Los fantasmas reencarnan Y el corazón nada más se desliga de lo que se derrama como impureza en un abismo un círculo explícito de espíritus en rebelde tensión, ungidos de sudor, y también cualquier ser alado, pimpollos como alfileres que destrozan las sombras y derriban la ilusión.

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ADRIANA MONICA LAMELA Penitencia Reclamé, reclamé como la autora gustosa a los golpes impíos que saben de buena tinta el calificativo de la vida. He convocado al orgullo, le encomendé mi existir. Aún así un ingenuo texto se eleva por sobre la malicia en presencia de una polifonía allí donde búhos y capullos esculpen el arte de la nubes Un ingenuo texto exploratorio. Sí florece la nostalgia con bríos, se descubre el reposo del soberano; acontece el silencio de cucos y borrascas, ocurre el hombre alborotado con mi sonrisa o los custodios del fuego fragmentando mis memorias. He reclamado, he reclamado. He reclamado hasta ninguna vez. ADRIANA MONICA LAMELA Señales El crepúsculo se arrebató de manchas revelándome inquieta; la respiración me brota con fastidio puliendo el continente de sonidos Suelto las miras Velado afán continuador de mis enredos la humanidad anda sin sombra descarnada 12


y hay picaporte pero no puertas y hay temblor pero no suspiros. ¿De qué voy a disfrazarme? Contigo me obligo y permanezco Sino me voy desbordando Porqué contigo…. El crepúsculo baja la cabeza. Señales II Andan mis palabras denunciando para que nunca capitule el resto, los reprimidos tristemente en la madrugada, los culpados de ingenuos al descubierto. Sucede, en la calma, un rumor insípido desmigajándose. Y sucede, cuando se revela el tiempo una fractura de luz en minúsculas luces faustas. Y allí donde es hay confusión, día a día, una enjambre de voces recortadas se revuelca en mi garganta y se opone a que el resto capitule, los gozosos, los amos de la memoria. ADRIANA MONICA LAMELA Ostracismo II Solitario imaginando una paz que fluya, me he tumbado en fechas irracionales. La corriente y el remolino me borraron como un delirio, como un verso trascrito en la pared. Ostracismo III Si te aventuras a dejarte caer con la certeza de un remoto afán; bajo las grietas, empalmes, fundando gestos, secretos, favores, calendarios, a pie enjuto aparecerá un testigo de tus ansias, y tal vez alzará el vuelo 13


esa distancia que te abstrae.

Signos Nunca estar al extremo de la calle, espeso o subterráneo puño suicida o verde apagado respirando sobre un precipicio negro o misterioso como una sucesión verbal tan indivisa tan agua viva, como un ciclo picante tan mineral prófugo del agitado llano. Ciclo de anonimato Pronto me envolverán los restos del sol, me colmará la garganta una poesía, Olvidaré despertar en presencia de discursos, a fuerza de suspiros - como un insecto que reposa -

ADRIANA MONICA LAMELA No hay variable sin constante Una vereda concurrente sobre una calle escondida - ella suspira, por demás extravagantey fuma. La nicotina deshace uno y otro con ecos 14


- ella, ella, ella – pensando que ha olvidado sus ojos de tanto aspirar el humo tragarlo soplarlo Y él Que ha pisado una tras otra esas baldosas flojas hasta sacarles brillo como un felino hambriento a plena luz del día Un silbido ferroviario quebranta el silencio anuncia la desgracia y el augurio no es por nada - pero para todos como un sermón del diablo Ella vive en stand by perdida en el vacío urbano en que nada se mantiene igual la araña mata al grillo sin remordimientos - homicidio en primer grado – y el ruido es una constante; huellas, y seres, distancias espaciales y nada más que flatulencias en las tripas Agujeros en las rodillas - un caudal de pelusa en los bolsillos Y el sobrevive en stand by con mínima impaciencia agotando nocturnos; los pies hinchados de caminar las baldosas flojas rotas 15


robándole quejidos. Y ayuna, porque el pan duro estropea sus dientes sin vencer la superioridad de sus miserias Y ella vive en stand by fragmentando su vicio para que no avance la superioridad del vicio Hoy padecer ausencias es forzoso la tierra mueve su eje – porfiada y la lluvia lava las veredas de pasos que no se hallan ni se cruzan ni se alcanzan aunque se busquen se presientan se dilaten El boulevard avanza hacia la playa descansa en un embarcadero Huye – él si es posible cada vez que puede - el ruido es una constante – por la arena húmeda hasta un jardín de almejas (¿metáforas?) Equivocar el recuerdo nada menos por tragarse el llanto helado en mitad de la rutina La araña que me habita y que aún desconozco suspira exasperada - despierto en llamas – - el ruido es una constante – no obstante el tráfico ha cesado. 16


Y él en stand by - en este momento da sentido a mis versos - despierto en llamas – no obstante la visión ha cesado De una vereda a otra los ojos se observan; En el vientre – de ella, él – los fluidos danzan ( hiere la ansiedad de su solitaria espera) Ellos sorben el aire sucio bajo el sol otoñal y el pacto es inmediato; el beso que florece - los rostros humillados – - duele – sienten y él desliza su mano por el vientre de ella; las miradas se pierden en las baldosas flojas. Entre una pila de páginas se teje mi telaraña; - arde - digo y las miradas se estremecen y hay otros ojos extraños y hay un grillo entonando el bolero de Ravel igual que en una película de Disney. Hay después, inevitable una araña erguida en los hilos de su trama evaporado el sueño, iluminado el ego; Cada poro de la piel ardiendo en llamas bostezando - el ruido es una variable – el ruido (hiere la ansiedad del encuentro) Y ella, la del vicio sólo escucha el silencio sacude las cenizas sobre una baldosa floja 17


Mas tarde, la rutina el hambre y el vicio y la polución ambiental esa desgracia el sonido del grillo el tono agudo salvaje - igual que las sirenas – La palabra Igual que la garganta, los pies (¿una o los dos?) Su garganta, sus pies igual de hinchados igual de ansiosos - sobre un colchón de hojas – anuncian una vida y se excita la pena ligada a sus silencios -la que invariablemente se escurre - digo las ruinas son lo que detestamos en un inquieto frío insostenible las bocas tan perezosas la quijada enorme y el gris ciertamente el gris tal vez por eso – recapacito se defienden tan simplemente tan simple que los circunda un alba permanente

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MABEL BELLANTE Arlequín de la tarde Cuando vivo el paisaje que miro cuando sueño el paisaje que piso cuando me miro en tu espejo o te miro el reflejo en mi propio espejo cuando, por fin, me retiro con los bolsillos llenos de una sucia tristeza impregnada de viveza ajena que derramo en la vereda para que se la lleve el viento es cuando siento las emanaciones de una vibración polichinela llamando a mi perezosa piedad y con un suspiro un tanto estúpido como para seguir en tema bajo los brazos y mis armas tratando de no sumar más daño al ambiente es que deseo que dejes de espiarme cada tarde porque en estos momentos raros es cuando siento que no me queda más remedio que usar las bondades de los arlequines las emulo, te emulo pero no sé por que permito que todo siga hasta donde no existe la empatía queda lleno el espacio de risas huecas que colorean la superficie sin ahondar jamás y no me gusta.

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NORMA SEGADES- MANIAS PLAZA O HUELLAS HACIA EL OLVIDO Aquella plaza aún anda en mi memoria Esa luz obstinada de gorriones lloviznando septiembres merodeando entre las hojas nuevas de los fresnos Y acaso alguna flor algún peldaño algún fanal cautivo de la herrumbre navegando hacia diques enlunados desde la proa azul de los recuerdos algunas leves huellas de la infancia trepándose insurrecta a los tapiales con toda la osadía y el descaro expatriados al este del sosiego con su enjambre de risas sofocadas sus jirones de asombros sus conjuros de puntillas y moños exigentes desafiando el motín de los cabellos No conocí su nombre no tenía ninguna estatua enarbolando espada fundando cordilleras estandartes o trepando al tejado de sus cielos Sólo encendió sobre la verde ausencia un aroma a nostalgia desprolijo cuando calcé los días del destino y extravié las veredas del regreso

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NORMA SEGADES-MANIAS PUEBLO O COMO UN SUEÑO LEJANO Reservé a su tristeza una celdilla en la exacta quietud de la memoria donde invocar con silbos insistentes la apaisada quietud de sus ocasos los relojes de tedio indefinido las grises caminatas los destellos el perfil de una sombra combatiente decapitando el sol entre los plátanos para nombrar sus cuencos polvorientos sus jaurías de exilio minucioso su gesto interminable de llovizna su paisaje de agónicos letargos y ese banco de angustias cotidianas donde encallan los pueblos de provincia la quilla marginal de su cansancio Entonces como un sueño celebrante ondula en las esferas del silencio y regresa a la sed de mi nostalgia su tiempo deslucido solitario

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PEDRO ARTURO ESTRADA –COLOMBIA OTRA FIESTA Dónde entonces la verdadera fiesta si estos sones groseros no son la música amada, si el estruendo y los gritos rompiendo la noche sólo remedan en vano cierta alegría perdida para siempre. En qué pequeño rincón del mundo y entre cuáles gentes se esconde, danza y ríe el espléndido dios de los felices. Porque ahora, sólo calles abarrotadas, tumulto y baratijas, disfrazan el vacío y hacen aún más sucia la vida. Muertos rituales, abobadas palabras de ocasión reavivan la terrible nostalgia de lo que un día fue la gran fiesta del mundo, la plenitud del goce, del amor y de la vida. Exiliados del reino de la dicha —que oscuramente recordamos— sus lejanos brillos, sus ecos, sus vestigios nos obseden, y entre fanfarrias huecas y chillidos simiescos, intentamos recobrar esa luz primigenia, esa danza ebria y el fuego original ya extintos. *** (De, Oscura edad y otros poemas, 2006)

POSTALES DE UN PAÍS PEDRO ARTURO ESTRADA -COLOMBIA

PAÍS DE SILENCIO Alguien se atreve a preguntar por el que no ha vuelto. Y las sombras le contestan: nada, nadie, ninguno. Alguien deambula husmeando los últimos pasos, los ayes que dejó en el aire, las voces que aún se cuelan por debajo de las puertas. Alguien bajo las sábanas húmedas de la medianoche 22


no logra conciliar el sueño, espera hasta la alta desolación del alba esa noticia, ese ya, ese basta, ese grito final que restablezca el curso de los días y desate la voz sobre el vacío excavado por años de silencio y miedo. * PAÍS DE NADIE Bienaventurados los que pierden toda patria porque de ellos será la luz de su propio dominio. Pero la patria no es de nadie cuando cualquiera debe negarla tres mil veces ante extraños. La patria ha sido confiscada en aeropuertos, bancos, multinacionales, se arruga inútil como el billete sin valor que la exhibe; la patria se va apagando en la fotografía guardada —se deshace con el aroma del último café. La patria va quedando tirada por las calles de todas las otras patrias adonde un día huimos. * PAÍS DE PALOMAS Cada día menos país, cada noche más sombra. Los días aquí son palomas que se cansan a medio vuelo. Aunque aprieta a fondo el sol y hay una continua atmósfera de inquietud en todo. Las noches suelen ser sofocantes y demasiado largas. Nuestros sueños se vuelven más tortuosos y el tiempo cae sobre los hombros en finas capas de ceniza. Sonreímos para no perder la costumbre mientras la sangre fluye pesada por los cuerpos que esperan el golpe solapado del viento o la caída abrupta en la fisura que —por lo regular— se abre en medio de la vida.

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El país, quizá, somos sólo este vuelo ciego de palomas en un cielo tormentoso. * (De, Oscura edad y otros poemas, 2006)

NORMA SEGADES – MANIAS Nacimiento o Una grieta en el tiempo.(Un muelle en la nostalgia) Aquellos que vagaron que anduvieron los yermos territorios de la arena antes de ser mi rostro en los espejos antes de ser el viento de mi angustia aquellos que inscribieron en mi sangre toda la insurrección de su memoria desgreñada sedienta malherida por torbellinos de espirales mudas buscaron en los dédalos del tiempo un resquicio una huella un novilunio una grieta sin nombre ni presagios un vestigio fugaz una hendidura que permitiera el paso de mi sombra mientras Junio procreaba entre la hierba sucias centurias de cristales rotos ante el párpado seco de la luna y se quebraba como espiga plena el desnudo rubor de tu cintura.

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FACUNDO DIBUJA EL FARO BAJO EL PUENTE DE MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ . Facundo , el Prìncipe de los jardines de piedra . Dibuja esos pequeños faros bajo el puente . Los ecos de las antiguas canciones , de las caminatas sobre la luna . Facundo el Prìncipe de los jardines de piedra , que construye el amistico del manto oscuro que cae sobre la orilla de sus ojos , como la guìa de la estrella de las buenas intenciones . Es el vuelo de los cartones que enciende el fuego de los duendes que alimenta el alma con las noticias de esa pequeña radio de las grandes noticias . SOBRE EL CESPED DE LADRILLOS FRÌOS DE MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ . Sobre el cesped de ladrillos frìos como cuchillos japoneses , sueños de gigantografìas frente al correr de las micros , el sonido subtèrraneo del metro . Los adoquines ardientes del mediodìa sobre la fachada del Hotel Olìmpico , que envuelve a la ciudad como un fantasma operàtico . Bajo el cielo de los dioses como oficinas grises , secretarias marchitas como flores de cementerios . Escolares vagabundos , el leòn muerto de hambre . Un pequeño Oliver agotado de gritar lamentos de siete años , han desafiado a la tierra para moldear aquellos silencios petrificados , de los que llevan el alma tatuada de levantarse temprano , para subir a la carretilla de la muerte . Còmo quisiera romper 25


aquel esqueleto prehistòrico , de ese puente que criza el rìo de la ciudad . Montarme sobre caballos etèreos oara que el pequeño Oliver suba a lo alto de esos palomares , que llevan la rama del Olimpo en el camino de los Olivos . Sacudir esos muros de los lamentos eternos .

EL FULGOR DEL CORAZÒN DE MARIETTA MORALES RODRÌGUEZ . Es el resplandor de la sequedad , en la distancia de un bosque perdido en las dunas de mi tristeza . Es el palpitar de la espera de un viajero de la buena fortuna . Es el juego del corazòn perdido en el eslabòn del desamor .

ROSSANA ARELLANO - Chile Hoy te entrego mi palabra de arcilla, y digo que la tarde es un aullido de nostalgias... Walter Faila ::::::::::::::::::::::::::::::::: Expresión Yo creo en la frecuencia de las voces que cabalgan impúdicas el lenguaje emocional de sonidos y engranan escribiendo las hojas del poema. La soledad es una virgen necia que asfixia los espacios, fosiliza la amada libertad 26


condenando al tiempo cual fiel suicida.

JORGE ISAÍAS (LOS QUIRQUINCHOS-SANTA FE/ARGENTINA) Lluvia de marzo* 1 Inmerso estoy en esta llovizna que de ningún modo puede llamarse pasajera. Es otoño sin embargo pero esa persistencia del ocre subsiste aún lacónico empapado silencioso hasta donde puede serlo esta agonía de marzo. El pueblo es un animal dormido y húmedo Por no decir cubierto por la inclemencia del agua. Sólo un camión lo cruza con sus faros Y su motor ruidoso que barrena el sueño de la gente. 2 Ante esta lluvia que arrincona pájaros 27


qué puede uno hacer sino mirar por la ventana de vidrios empañados cómo el silencio de la madrugada pasea su orondez sin más remilgo que el del pinar sobrecogido como quieto monje cargado de paciencia. 3 Nadie sucumbe en un marzo entero como hoy. Lo que sucumbe es el sueño porque la lluvia golpea con sus mil patitas, sobre el techo de un cinc paciente y entregado. Nadie se mueve hoy porque al escapar veremos las hojitas nuevas verdes estallantes moviéndose en busca del sol que nacerá de nuevo. 4 Entramado el aire con las ramas y el cielo la lluvia penetra como un relente limpio bajo los remolinos turbios bajo los troncos chorreantes en los árboles donde mueren los insectos y la última araña 28


huye con su tela destruida. con su inevitable sin saber que hacer en esta furia del cielo hasta hace poco tan límpido y perfecto. 5 En la cornisa de marzo silencia el mar sus arrebatos en esa playa sucia donde una botella rota espera inútilmente la visita de las algas hasta que el sol se filtre por esos vidrios que nos protegieron de aquella madrugada que la arena sepultó 6 Estoy tumbado bajo la luna de agua como ese arbusto que recogió las gotas caídas en la noche. 7 Ya no entramos a las ciudades con la paciencia ardiente. Ya no asaltaremos ni la ilusión ni el cielo. Apenas viviremos 29


atados a ese recuerdo niño que sólo se agiganta en la memoria. 8 A lo mejor el aire brotaba de luces nuevas y esa torcaza era una ilusión de marzo. A lo mejor los peces nadaron desovando en la corriente. A lo mejor mi canto erguía tallitos nuevos acobardando otoños. 9 Un ardiente sol cae en la tarde rueda como una naranja por las calles captura sombras papeles sucios marquilla de cigarros un ronco amor que llora de rodillas 10 Un tero salta con un grito en la mañana de marzo. un hornerito llama a su compañero y le pide atención una gaviota blanca se clave en la altura celeste 30


un vientito fresco arrea vilanos de cardos en flor y los va dejando sobre el campo verde verde que traga mariposas blancas.

LEDA GARCÍA (SAN JOSÉ/COSTA RICA) O todo o nada En el ir y venir de las tormentas hay un instante, uno solo, en el que el viento y yo somos lo mismo. En esa comunión hay sacrilegio, cuerpos trenzando los instintos en el celo animal de sus infiernos diarios porque un reloj delata los minutos de trigo que nunca serán pan. La culpa cotidiana se arrodilla en la cama y me castiga. No volveré a ser sombra me repito. No volveré a ser sombra… Prefiero ser la amante de un hombre que no existe. La vida es como yo, o todo o nada.

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El clic Reinvento mi osadía frente al teclado retador que no sabe de muertes ni de canas. El me pintó de azul los sueños en la ojera pendiente y fingió ser esclavo de mis dedos sin nombre y en mis dedos sin nombre recostó su venganza y en mi venganza, desnombrada también por tanto olvido involuntario, el clic respira hondo mientras le borro el último recuerdo. La memoria es un bien transitorio. LEDA GARCÍA (SAN JOSÉ/COSTA RICA) Desandada Quiero sentarme en una hamaca protegida por sombras centinelas que impregnen de humedad mi cuerpo absurdo y redimir celajes, desandarme en arenas ahuecadas para hurtar caracoles de mentira y montar caballitos de mar fosforescentes como cuando era niña y sonreía. Serle infiel al destino y a la prisa que borra los milagros y al olvido absoluto con todo y sus tormentas. Me voy a desandar como el cangrejo que juguetea secretos 32


al revés para salvar su huída necesaria. Somos el epitafio de una muerte prevista. El ojo del desliz Hoy descubrí mis manos sosteniendo pecados como espinas vigentes que me atrapan, para sangrar conmigo en el castigo. Las vi desnudarse entre las hebras que saben a humedad vencida y recorrí con ellas recintos clandestinos donde la sombra habita con los nadie. Soy yo quien atiza los rencores en el mercado ausente de la risa , yo quien castiga y se castiga. La culpa acecha en el ojo inoportuno del desliz y extiende su factura. Cada quien paga el precio inobjetable. LEDA GARCÍA (SAN JOSÉ/COSTA RICA) Marioneta herida El tiempo me delata con su mueca habitual de marioneta herida. Quiero correr y ya no puedo, quiero llorar y ya no puedo, quiero querer como ya quise y nadie viene a mí y a nadie voy. Me acostumbré a estar sola, a no decir en dónde estoy, 33


si regreso o me quedo. Al final me quedé llena de tiempos que saben a destierro y a fracaso. Lo cierto es que a mis años, envejecer sin alguien es el precio que pago por ser inclaudicable, audaz, dueña de mí, del todo, de los nadie. Mas vale sola que mal acompañada, reza el viejo refrán… El espejo me enfrenta, la marioneta llora, yo escondo junto a ella alguna lágrima que nunca nacerá. En el doble discurso está el secreto…

LEDA GARCÍA (SAN JOSÉ/COSTA RICA) Letras culpables Me acuso de esconderme cada vez que otros ojos intentaron romper esta coraza, defensora incansable de mis miedos. Mis caricias no están en baratillo, yo sabré cuándo darlas, me decía… Pero nunca las di, guardé para mas tarde los deseos y los deseos huyeron con la tarde. Por eso me cubren mariposas sin milagros pintándose 34


en sus alas, ni vuelos repentinos anunciando estaciones con caricias huyendo en las esquinas del otoño final. Por eso estoy perdida entre mis libros, hombres amándome en las páginas que no me piden nada y tienen todo, comprenden mi vigilia y me acompañan. Vencida por el miedo me quedé sin el hombre y con el libro.

LEDA GARCÍA (SAN JOSÉ/COSTA RICA) Innecesarios Qué extraños somos los humanos, si tenemos pareja, mal, si estamos solos, peor, si tenemos amante, pecamos, si no lo tenemos, también, no le quedamos bien ni a Dios ni al diablo. Así las cosas, prefiero la costumbre de estar sola. Total, me sobra fantasía.

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LEDA GARCÍA (SAN JOSÉ/COSTA RICA) Los nombres del dolor Encontré las fotos del olvido y quise recordar a sus fantasmas, no pude, el tiempo se negó a entregarme los nombres del dolor. Volví con pasos diminutos al sitio donde el ave esconde sus memorias, allí te pude ver, la piel cobriza agigantada de tanto caminar por los pecados, tus manos encendidas y el amor repitiéndose en nosotros como una tarde hambrienta de pecado sin culpa. El pasado es desleal con los recuerdos… Por eso recogí los álbumes, abrí el baúl incierto donde duermen ayeres y los guardé con mis libros releídos como se guarda aquello que está muerto. La amnesia es una excusa memorable!

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Julio Pavanetti (Benidorm-Alicante/España) Palabra “Nuestra vida son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir” Jorge Manrique De todos los ríos la palabra es el único que inaudible regresa de los vitrales del mar resonando. Afuera Para encender rescoldos, voy largando amarras hacia el núcleo del tiempo, arrasado de libertad y gobierno; el fuego del orden arrastra la sangre y alcanza las tinieblas. Atravieso cortésmente la devastación pues todo está abrasado, en solsticio. Hay pánico arcano por doquier, reinan los no-parámetros. Intento hacer un trazo tenaz de la deriva, pellizco aturdido en los bordes de la luz lunar en busca del arte esencial, de su secreto extremo, de la ceniza descifrada. Con perfil desabrido me enfrento -descalzo y desnudoa un extenso páramo oceánico, y a un llanto partido en dos que ensancha el desasosiego. Me quedo afuera un poco, apenas lo suficiente para no ser, al menos, del todo yo ante la inacabable planicie, porque tal vez sería demasiado 37


ser todo yo sólo para mí solo. Julio Pavanetti (Benidorm-Alicante/España) Unos días más No pretendas conocerme, yo vivo en ti, en tu contorno, hundido entre tus límites orográficos; limítate a soportar mis malos humores, mis extravagancias, y mis excesos que, ambos sabemos, tú acabaras pagando. No quieras conocerme, continúa siendo sólo el vehículo que transporte mis defectos por las altas lunas del tiempo. Sé que te he maltratado, que he malgastado tu fuerza, pero no te rindas ahora, no todavía; concédeme unas horas más de gozo en esta tarde errante y poderosa. Arcilla sagrada, viejo y cansado acompañante fiel, no pretendas conocer mi diluvio geométrico, sigamos avanzando juntos bajo este techo frágil y luminoso hasta que alcancemos el rugoso telón del ocaso; démonos, al menos, una última fiesta de luz. Alarga mi travesía, no permitas que arribe a puerto, no aún; ya habrá tiempo para amarrar la nave. Me produce escalofrío pensar que, después de tanto tiempo compartido, de tantas fiestas y velorios, acabaremos, irremediablemente, separados. En todo caso –compañero- no sé si llamarte dichoso, porque al final de cuentas, aunque sea por unas horas, cuando yo alcance morada en las alturas, tú me sobrevivirás y, mientras yo seré aire ya, 38


tú seguirás siendo, solo, sin mí, pero siendo.

Todo pasa Sin vehemencia, implacables, ensartadas a un suspiro se aceleraron las horas; insobornables, altivas, llevándose las edades de la calma y de los sueños, transformándolas en pliegues, cediendo a lo inevitable. Como una casa vacía mi alma duele de recuerdos, duele de efímeras horas, y duele en silencio de hijas todavía cerca, y lejos. Tan sólo quedan jirones de aquellos días felices: los primeros balbuceos y las canciones de cuna; el asomo de unos pasos que escalando en el asombro, ensayaban, tras la siesta, la comedia de la vida. Acabó el sueño infantil, ya no hay casa de muñecas, el castillo era de naipes, el gigante era de barro. Así se esfumó el héroe de brazos fuertes y largos, que enviaba rosas al aire y, en el mar, se convertían en juegos para las olas. Aunque algo descoloridas, sólo resisten las fotos 39


que nos dejan atrapados en imágenes insomnes, pedruscos sordos al agua. Todo muere, como el fuego, como la espuma del día. Todo pasa, como el tiempo que ya me cabalga encima. Julio Pavanetti (Benidorm-Alicante/España) Quizás escribiendo un poema Explosión repentina absurda / inconsciente y de pronto en un instante perdimos el cielo y los trozos de piel quedaron desperdigados La fría humedad penetró en los huesos la sucesión de barrotes y el amarillo cetrino de la orina regresaron del pasado Tan sólo un instante y ya casi no ha vuelto a salir el sol Los días se enredan unos tras otros grises / fríos Llenos de memoria se empañan luchan se resisten no quieren ser olvido Resbala el latir de una lluvia leve / fina de la que no moja de la que acaricia Caen lágrimas en laberinto estalactitas que lastiman 40


que se cuelan hasta el alma y la horadan para llevarse la vida Polvo de luna desprendido de la noche el tiempo / nuestro tiempo ya no habita en el tiempo dejó de ser tiempo / pasó fugaz entre el todo y la nada la primavera / la agradecida la de los enamorados nos sorprendió a los dos con las manos vacías Un triste aleteo de horas inciertas sacude nuestras mentes. Vértices de recuerdos sobreviven a la distancia y al espacio Hiere el silencio sepulcral la ausencia duele se convierte en llanto Estamos solos / desnudos recordándonos repitiéndonos que era verdad / era pronto que aún quedaban versos violines en Praga / años para envejecer juntos sin embargo nuestras tardes viajan hacia la noche con el último boleto en el vagón de las penas Ayer acepté tu propuesta / esperé hoy seguiré esperándote quizás… escribiendo un poema.

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RAMÓN FERNÁNDEZ PALMERAL (ALICANTE/ESPAÑA) Al alba murió Miguel Hernández Al alba murió Miguel Hernández. A las cinco y media al alba. Eran las cinco y media en punto al alba. Un guardián trajo la blanca sábana, cubrieron su cuerpo y su cara, pero no le pudieron, a la cinco y media al alba, cerrar las gemas de sus ojos, sus ojos de violetas encendidas, sus marrones ojos, azules soles llenos de Miguel. A las cinco y media al alba. Un río rompió sus amarras. Un mar se desbordó de llanto. Un alma subió como un rayo. Un cuchillo salió volando. Un perito en lunas sembró su llanto. Un hombre entero echó a correr. A las cinco y media al alba. ¿Qué nos queda de aquel Miguel que como un poeta soñador partió en el 32 para Madrid? ¿Qué nos queda de su auto sacramental, de su teatro de guerra o de su cancionero de ausencias? ¿Qué nos queda de sus camaradas en las trincheras en Madrid, en Andalucía, en Extremadura o en Teruel? ¿Qué fue del niño yuntero…? ¿Qué ha sido de aquellos aceituneros altivos? ¿Qué ha sido de los dramaturgos combativos? ¿Qué ha sido de nosotros, pobres poetas, sin ti...? A las cinco y media al alba..., la luna se quedó huérfana en el Reformatorio de Adultos de Alicante y sola se fue llorando tras dos caballos de muerte. Y no le pudieron cerrar los ojos..., no, no se los pudieron cerrar. Llenos estaban de libertad, de un vacío de lágrima ya sin fuego, ya sin el hogar, hartos de martillar en la vida. A las cinco y media al alba. A las cinco y media en punto.

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EDITH GOEL (TEL AVIV/ISRAEL) Viajo me alejo me alejo regreso a lo que nunca soñé regreso al fruto de este aire en este instante sin antes ni después ya no esperamos no hay tren no hay andén ni números ni nada se incinera semmai un río me habla nos murmura el secreto let go let go let go comme mai todo resulta ser lo que respiramos here and now viajo viajo porque el inventario es más limpio así más breve no hay enmiendas no hay encomienda no hay nada que retirar de la altísima oficina todo está descalzo aquí cerca lo que existe está aquí presente e inmediato sonriéndole a mis extremidades tocándonos las huellas con un amor ajado y nuevo una bendición no hay sermón no hay reino de los cielos no hay diente por diente no hay ojos en los ojos. Turismo íntimo Café Turquise* Las cadenas de tibio camarón no morirán en la marea alta. El prodigioso menú repite su letanía como un ángel sin iglesia. Yo, la buscadora de serpientes y pájaros de río inmóvil rozo con mi pupila el revés de las cosmogonías. Espero Espero con fe. La noche ya no llega. Al borde de ningún mar Las banderas Su color de manos rotas repican pa-a-món* pa-a-món. Me gusta corregir mis pasos Como llegando al terror, al brillo de un foyer. 43


En mi teatro de fingido pan la sonoridad del columpio ya se inicia. Quedamos. Será hoy. Ben Yehuda. La calle de una ciudad que no tiene corsarios ni piruetas. Las olas del universo besan el cemento. Una ciudad-cráter del turbio color de las quimeras espía a las costas Se queda entre las jaulas. No se entrega. EDITH GOEL Escápate Cruza todas las calles. Hasta que el mar te sorprenda con su amnésica espesura. Olvídate Refúgiate en el duelo Pronuncia gritos de cautela Defiende tus veinte uñas de la inminencia de las marchas Recuerda: no hay pieles indelebles. Deja tu marca en otras miradas. No le creas al silencio después de las esquirlas. Ríete Aprópiate de la cáscara Mientras la seda te cubra 44


Disfraza los uniformes con la desfachatez de otras plumas. Ajústate la máscara Ensaya tu asfixia. Prepara tus nalgas para el antídoto. Escapa. Reza. No reces. Permítele al viento desplomarse entre tus senos hasta la reencarnación de tu fantasía. Hasta que tu sed persista. Zona limítrofe Será este mi último trayecto La última vez que dos piernas veloces desafíen a un par de zapatos enteros y puntuales La mirada cuenta una dos trescientas ventanas Toneladas de futuro debris esperan hasta que el fuego desplace la piel la seda las etiquetas vírgenes Los territorios del metal cincelan medallas azarosas. Un cráneo anónimo será el tema de algún himno . 45


En cuanto a mí un grito feliz abandona mi isla mi última vértebra. Elogio de la supervivencia Apoyo un lápiz en el vacío. Una miríada de nombres se pierde en el acto trivial de elegir una frase una palabra la letra. Como el tranvía de Gaudí los trenes sembrarán vidas inconclusas. No nos queda sino esperar.

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GLORIA DAVILA ESPINOZA -PERU LOS 12 CAPÍTULOS DEL HOMBRE AZUL I hombres de azul rondando moscas emergiendo en pájaros de barro mientras observas el tiempo perdido de Lutero creces en teorías euclidianas para ser negros asbestos para ser sombras de un respiro agorero o un desierto en viernes conjurados de mirarte te miro y sin embargo sigues siendo niebla utopía en pésames de esquirlas. II azul hombre de águilas fluyes en paraísos soñados detrás de carrozas de papel descalzado de alegrías como rosa prendida en una espina para dar besos en bocas sin alientos y en el ultimo recodo para ser remiendo de molinos polvorientos de rotos espejos queriendo ser mi patria de ausencias pero no hay nada más que una mano en señal de adiós accidente de sonrisas al viento huracanado creciendo en la higuera. III hombres sin color sin sueños sin caminos ay hombres, hombres… que suben al monte para ver su pasado Y…a ver si alcanzas a amarrarte los pasadores de tus pies descalzos.

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IV y vendrás a tomar de tu pan a comer de su alforja escarbando la tierra el fuego y la piedra fría y vendrás rompiendo llantos abriendo universos apagando vacíos rompiendo ventanas en un trato cuyo pacto será fortunas de almas diezmadas en donde no quepe más razones que un caño abierto para mi sueño herido harta el morir anestésico GLORIA DAVILA ESPINOZA -PERU

V y vendrás hombre de azul lazando a un camello borrando las huellas soplando el viento para que no corra más todavía y entre escaleras rondando moscas emergerás en pájaros de barros en carteles mientras observas el tiempo perdido de Zarathustra creciendo en teorías darwinianas para ser razones utópicas en ciernes para ser sombras de un respiro agorero o un su desierto en viernes conjurados VI de mirarte te miro y sin embargo sigues siendo fantasma utopía en pésames de escafandras azul hombre de serpientes fluyes en limbos anacoretas detrás de almas en el purgatorio calzado de llantos clavel herido por tu mano cascabeles e hipopótamos dormidos 48


nombrando sus lenguas ignotas. VII dormirás enredado a ti intentando mimetizarte en tu pasado deshojando miradas para hallar en cada pétalo de tu iris caminos zurcidos a cataratas así no entiendas que las penas se zurcen de lado a lado y encallando siluetas al amanecer en tu última estación tu planeta germinara para ser genealogías diluyendo tu luz en existencias aliñadas y bifurcando su redondez serás recta otra vez. VIII otra vez, desembarcando sospechas y en desusados bordes maniatados tus pensamientos postergarás tu moneda agitando recuerdos ay, hombre de azul que amarillo color tienen tus pasos y atezado de vaivenes irás tras la caza de caminos como el eco abriendo un libro prohibido en el desierto soplando tu dinastía porque eres piedra de hogueras solo allí lamerás hasta la sombra para que no quede nada de ti en el sendero y bordando tu talle signaras a mi tierra tus frutos. IX y mi fruto gritará sus días esperanzado de ayeres sin sentir su pesada cruz en manos sin oír sus ecos en voz tus bosques en argamasa surtirán el sueño de pieles 49


de leyes y misterios mucho que hacer pastar peces cazar alondras porque de ti no aprenderé sino el brillo en mis labios surcando en tu gesto y aprendiendo tu azul sueño velaré tu piel en esta existencia para que ser 21 gramos otra vez. GLORIA DAVILA ESPINOZA -PERU X otra vez volarás para traerme en tu llano en tu desierto en tu cumbre arrancando la leña ovillando mi cabellera en señal de un vuelo que a mi diestra ha posesionado sus ojos y para que no sufras más todavía fumaré un cigarro para ser garabato en un cometín surcando el horizonte para no perderme en tu capa de piel perfume de tu sexo.

XI hombre, sumado a tu eslabón irás disculpando momentos y destinos en alegrías repletas de bosques y misterios de irisadas bandadas de palomas dominados por el arañazo de tus ojos surtiendo destinos a granel porque te has hecho desiertos por eso miraré a través de tus venas para hallar el cincel de mis olvidos a tu piel detenida en tu amanecer 50


que espera su sentencia última. XII última sentencia de amar su redondez en sus iris abarrotados de espumas urdimbres de promesas himnos de Agamenón vetustos caminos de caballos cascos y crines y en ésta que es la hora última de tus desvelos y vestiduras no más habrán sonrisas que estrenar ni encajen en tu plumaje y cabellera de musgos sólo estará la espada a la diestra cubierta de negras mariposas enredadas a tu olvido sánscrito para darte tu último adiós en réquiem cantando con Penélopes y Aquiles.

GLORIA DAVILA ESPINOZA -PERU LA MUJER DE LAS SIETE COLINAS I mujer frontera insurrecta de Saba ya casi no me acostumbro a tu parada de tren en mariposas a tu estación de torpedos estigmas de milagros amuletos de fósiles diluvios en hierros soledad en viejos desiertos travesía de buitres en acecho bálsamo de calvarios voy en silencios debajo de tules y cerbatanas habitadas como cuando la noche te llama para pintar tu blanca cabellera en una sombra que arranca los cielos por doquier redimiendo el oficio de liturgias en lenguas de exultación.

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GLORIA DAVILA ESPINOZA -PERU II no quiero llorar a cántaros y entre el fuego eterno me consumo para ser la Khalo revolviéndome en el blanco espiral hasta el hartazgo en pinceles de Rivera en donde es posible soñar a complicidades de vértebras y restando pienso arribar a tus manos-firmamento e ir a la caza de anhelos pérfidos a cubrirme de tu negro coral en tanto escalinatas y trenes vayan en marcha enredada para ser lianas y no dudo que sea la primera vez que duerma a campo abierto ni tampoco la última estación de agoreros espacios cubriendo mi única máscara pintada de sirenas.

III quiero cantar a mares para ser tu Penélope en telares y arcos de saetas o quizá tu Juana de Arco y nacer en Domrémy, pero me sintetizo entre la gota fría de tus fuegos regresando todavía más a mostrar mi rostro fiero para que el camino no trace mis nostalgias de saberme sombría y ser a tus antojos de miradas tu desértico arenal en la que en tus labios apenas sea el leve ronquido de sus cuerdas gritando al torniquete de mis células mientras una nube turbia se pinta de amapolas consumadas frente a tu asombro que no tiene fin. IV no quiero ser mujer color brisa en Calcuta y entonando galopes ir convertida a zumbido de moscas abejas y enjambres en donde sufre tu María Magdalena que no es roca ni aire apenas una gacela huyendo de su caos y acaso no de su alma polvorienta para no ser un accidente más en medio de purpúreos días de gólgotas. 52


V quiero ser Elena, mujer de rojos espejos riendo a carcajadas pero me diluyo en mieles lechosas de hielos pétreos y es posible que los pasos de un caballo de madera se sumen a rieles de un tren huyendo del mundanal pintado de ébanos respirando abandonos y batallas navegando en sospechas de ser musa traicionera y porque hoy por enésima vez la Eva del paraíso ha vestido mi rostro voy a escarbar tus rastros por eso ven y visita tu fuente para dejarme convertida en reflejos y escamas de peces, pelambres, pezuñas y cascos aquellas que irán al acecho de tristes trashumantes vestidos de cuervos sin piel.

VI roja mujer de esperanzas intentado ser tu Cleopatra curvando el mundo en cuclillas preñada de raíces en bardos para ser otoños y hojas caídas de leyes extrañas a tus oídos lunas vibrando en un escondite de mudos estallidos de alquimias quiero ser. VII ejercito hoy ser las raíces de tu árbol en escamas tu explosión de miradas en pugna por ser: mujer árbol mujer río mujer sol mujer manos para tus pocos cartuchos blancos que erigen hoy paz consumada que en retornos de casas luceros y caminos de ausentes diálogos sumada para ser agua que no reste la vida a cuenta gotas.

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GLORIA DAVILA ESPINOZA -PERU VIII mujer hormiga mujer pájaro mujer catarata y fuego mujer ceniza y tiempo mujer útero de estrellas mujer bandera y patria mujer frontera sin hito mujer flagelada por el hambre mujer antorcha de caminos mujer maíz y sed mujer en procura de la inmaterial fábula de postulados parmenídeos camino en tus sandalias que nunca se gastan para ser tu rapsodia y antologías de escalinata a parodias volviendo a tu estoicismo retorno en esta fragua del logos universal. IX quiero ser Elena, mujer de rojos espejos riendo a carcajadas pero me diluyo en mieles lechosas de hielos pétreos y es posible que los pasos de un caballo de madera se sumen a rieles de un tren huyendo del mundanal pintado de ébanos respirando abandonos y batallas navegando en sospechas de ser musa traicionera y porque hoy por enésima vez la Eva del paraíso ha vestido mi rostro voy a escarbar tus rastros por eso ven y visita tu fuente para dejarme convertida en reflejos y escamas de peces, pelambres, pezuñas y cascos aquellas que irán al acecho de tristes trashumantes vestidos de cuervos sin piel. X Quiero ser tu Catalina, mujer-hamaca de pieles y arco iris abanico de torrentes escarnios para que juegues con tus dados perdidos y resumes diciendo ésta es tuya y la otra también y tus dinastías hayan perdido su color y mis blancas pieles se tiñan de batallas en manos de alfareros por marcar los pasos del mundo sin medir el termómetro de tus 54


fanegas y arrobas de suspiros debajo de una puerta cerrada para ser catequizada estratosfera porque tú eres mi cáliz, mi fe y mi cruz te persigo en el olvido del tiempo inmutable. GLORIA DAVILA ESPINOZA -PERU LLANTO EN PLIEGUES ANCIANOS (Para ser cantados con humos de Toé y entre cerbatanas heridas) Siento tu hambre no acabar tus crudas horas perpetuar prisioneras miradas en alma de voces-circo danzas en pliegues de sudor y llanto músculos a estatuas afinadas en esos ojos asesinos patagónicos olvido del grito primitivo caño en días ancianos noche negra noche de la utopía; en medio de éste agudo sentimiento alguien dice, es tu norte… y allí, en aquel recodo, sigues tú, discóbolo de perfumes: sal, miel, y hiel de su propia hiel. Es tu andar… cazador repleto, golpeteo en martillar ignoto, conciencia sin conciencias, semillas del cadalso y fuego, hijos del grito primitivo de mis dioses de tus dioses 55


de mis mundos y tus mundos que son mundo de mi mundo.

GLORIA DÁVILA ESPINOZA-PERÚ YO NO ME CORRO DE CÚSPIDES EN HIELO Me moriré en París con aguacero un día del cual tengo ya el recuerdo. Me moriré en París - y no me corro tal vez un jueves, como es hoy, de otoño. César Vallejo

Yo no me corro… de cúspides en hielo noches en tormentas fuego a ciempiés panes podridos en alacenas olvidadas esputo salado y mis falanges en cascadas escarchadas. No, yo no me corro de la noche hambrunal niños en llanto madrigueras de los ojos rojos de la ira por la pútrida vida que llaga mis alforjas sonajas. Yo, no me corro de tus labios secos de la mar en sentencias vivas de no saber si es inerte muerte en cadenas porque mi candente infierno es ojo del venado herido entre punas desiertas y estepas repletas de tu hambre. No, yo no me corro de todo lo que en ciernes será mi cruz… corona de sombras huidizas de mis huesos hoy polvo herido echando murmullos a versos escasos. No, yo no me corro… ni espero guadañas perladas rondando mi anatomía estrecha que agazapada transcurre 56


y que el pan no lo señale, con el dedo acusador no, no me corro y te espero rueda del ocaso tirada por carrozas esqueléticas de tu olvido en abismos. Sí, te espero porque tú hambre, te irás para siempre.

FRANCISCO MUÑOZ SOLER-ESPAÑA Prado/Trocadero 1Como animal fiero y contaminado vagué por las venas de la gran señora solitario peregrino de testuz erguida más de amarga saliva de dulzor enajenado acompañado de descarnado y creciente vacío -por arterias desplomadas y señoriales bañadas por rescoldos de añoradas lumbresy mi digital captora de asombros por Prado deambulé acompañado de ausencias tras esquinar ondeantes y bellos destellos de un pasado que mejora lo resignadamente hallado percibí sensaciones de hermosos orígenes entre mugre de cercenadoras presencias fue una ráfaga fresca por la derecha. 2Con el mar aliviando mi sudorosa espalda captando esencias a diestro y siniestro acuñadas en cornisas con esmerado fuego súbito en embeleso de doradas ánimas giré hacia el alba del esencial Narciso la dejada y rugosa vía se llenó de ángeles y en elevado piso me ungí de sublimes detalles 57


indeleble cubanía de original y excelso lago gracia resistente a la importada tiranía que surte de armonía afluentes orígenes plasma del sentido de la perla de las Antillas, aunque sepultada por continuos vientos del este media centuria de cianuro alcanza la medida no podrá ser desecada la esencia de la cubanía. FRANCISCO MUÑOZ SOLER – ESPAÑA EN ESTOS PÉRFIDOS TIEMPOS DE AÑAGAZAS "¡Al poeta despídanlo! No entra en el juego se pasa el día cavilando." HEBERTO PADILLA En estos pérfidos tiempos de añagazas a velocidad de un vértigo que nos desgaja nos rebanan la íntima crítica sustancia con descargas de cortante densidad con adecados impactos que se sobreponen a las respuestas de nuestras ansías de conocer, de objetar, de interpretar la música de los sentidos de las palabras. En este espectral escenario sin sueños no hay espacio para el improbable juego de reflexionar sobre las artimañas que producen los números de colores que ficticiamente cobran añadidos valores en bellos paneles de asépticos ejercicios que opacan la sangre fértilmente derramada de insignificantes y justos perdedores. En estos tiempos difíciles sin alma no hay hueco en los anaqueles para deudores, para la cavilación de pausados insensatos siempre intentando hallar el significado, la esencia, en vez de aceptar el juego que marca la inexorable y pétrea inercia sólida base del perfecto mundo plano donde tanto molesta las aristas de los poetas. 58

Programa Radio- Ed 25 - Ingrid Odgers  

Difusión internacional de Literatura Contemporánea

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