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PROGRAMA RADIO WEB- EDICIÓN 23 –INGRID ODGERS Francisco Jesús Muñoz Soler - España No quiero conocer los limites No quiero conocer los limites de mi fonético mundo abrazar las confortables cercas que delimitan mi actual estancia, quiero poseer una lengua tan enorme y alta que en la vertical de su espada no se ponga el sol de las palabras, amo la permanente incertidumbre la que expande mis intangibles dominios con avanzadillas de silabas formando escuadras de ricos fonemas, quiero doblegar todos los finisterres domeñarlos hasta pulier los vértices convertirlos en tierra fértil de esponjoso limo y deleite, que dejen de ser ignorados escenarios de mis atribulados pasos y si pasto devorador de mis vacilaciones lumbre de atmósferas y significados extensas formaciones de alejadas vertientes de esdrújulas e irregulares componentes que dote mi corporal mantra poético de aletas, alas, branquias y vértigo, un vértigo que recorra a latighazos las membranas de mi póetica y de ellas broten mis sonoros silencios arietes de conquista de adentros, adentrarme en el infinito abierto donde se esconden mis miedos y con la espiral de mi léxico succionar mi yo ignorado.

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SERGIO RODRIGUEZ ARANIS - Chile ESCRITOS DE BAR III Qué será del tiempo allá afuera? Qué será de la lluvia del invierno pasado? Qué será de las noticias que leeré mañana? Qué será de las antiguas y honorables libaciones? Qué será de mis cuentas impagas qué será? Qué será de las tardes bajo un alerce? Qué será de Borges? Qué será de los palos las costillas y los palos? Qué será de los cigarrillos muertos? Qué será de mi insomnio? Qué será del oráculo? Qué será de mis libros cuando se me rompan las huellas? Qué será de la herida qué de la costra? Qué sera de las cartas que olvidé escribir? Qué será de los ciruelos en primavera? Qué será de los besos de las manos los paseos? Qué será de mí deste otro que soy qué será? Octubre - 1995 (Bar Restaurant LA MASCÁ)

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Pablo Cassi -Chile La mujer que busco no debe exhibir la marca de su lencería promocionar lujosos hoteles en la Costa del Sol ni acatar los caprichos de la moda. La mujer que busco debe ser como la noche regresar cada vez que invoco su nombre vivir la aventura más inaúdita adelantar el calendario cada 28 de febrero y no ahogarse bajo una simple llovizna. Busco a una mujer toda agua capaz de beber el urgente estallido de los besos sin pausa ni tregua. La mujer que busco debe conocer algunos trucos en la cama y amarme sin más condición que mi oficio de poeta.

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ULISES VARSOVIA –CHILE-SUIZA De Jinetes nocturnos 7. Rotas espigas A mi corazón que penetren el frío y el sueño, a mis manos que lo estéril condecore de rechazos, para mi piel defendida el asalto incontenible, y que retire su alianza con pesar sobrellevada. Porque se han dado los besos y los besos se han perdido, porque una espiga me ha dado y su pan ha sido neutro, y ya ha olvidado la tierra su substancia irremplazable, sus pastos puros hundidos hoy en el tiempo. Ahora sea lo desnudo por la noche socorrido, por su refugio profundo cobijados los errantes, y que en su metal inconsistente se desarrollen columnas, habitaciones sin fin, construcciones despobladas donde llevar a vivir lo que ha sobrevivido, lo que viniendo de alturas profundas no pudo en el vuelo despojarse de sus plumas funestas. Sea entonces lo que existe por sí mismo defendido, de su propia substancia confusa alimentado, para que nunca más la libertad lo aprisione entre sus dulces labios secretamente hostiles.

ULISES VARSOVIA –CHILE-SUIZA 17. Exilio Desde las cósmicas zonas secretas del alma, como una tromba de pájaros heridos agitando en lo infinito sus alas moribundas, oh procesión de números crueles emerges. En mis manos se han dormido las palomas, y su sueño es un silencio de extensiones, un reposo de hojas muertas en el bosque, un instrumento quebrado cantando en la noche. Puedes entrar como un arma y serás recibida. Puedes cubrirte de espinas y serás amada. Mi corazón se doblega: soy tu prisionero. Haz restallar tu violencia en mis párpados muertos. 4


El interior de la luz es un recinto obscuro, un ojo enceguecido que adivina, y sobresalen sus párpados como una amenaza, y es negado su designio por los músculos del agua. Oh procesión de números naciendo como el parto desgarrador del relámpago, desde una densa humareda de hogueras remotas, desde un incendio invisible que arde en la noche. Cada cual tome su sitio en la hora que llega, y nadie nombre mi ausencia que tiembla en el exilio, nadie olfatee el sendero buscando mis pasos, nadie escudriñe las zonas secretas del alma.

ULISES VARSOVIA –CHILE-SUIZA 19. Hora de silencio En esta hora que ha venido, corazón, ya sabes a qué perteneces, de qué color es el clima de tu desamparo, y cómo debes amar lo que su amor te destina. El su oquedad sin sonidos ni besos te ofrece, su regazo en silencio donde la sal es fecunda en recuerdos tristes, en nostalgias que retornan por un río de llanto, y viejos sueños dormidos apareciendo. Allí heriremos la tierra buscando un tesoro, una paloma enterrada que guarda los besos, aquello que crepita en un frío abandono, una llama cautiva en la boca del silencio. Estamos solos, corazón, en un clima de muerte donde el pétalo que nace ya escuchó el otoño, y tiembla de un misterio que nutre sus contornos como un agua de amenaza nublando los cristales: la noche de los desamparados es nuestra. En la oquedad de la hora del silencio, un beso de paloma vuela bajo la tierra abandonando nidos que el otoño visita: no recojamos las hojas dentro de la tierra herida. No escuchemos el temblor de sus pétalos desnudos donde el agua centinela extiende su amenaza. 5


No callemos porque hay besos, hay un esclavo en nosotros que espera crepitando en la boca del silencio.

ULISES VARSOVIA –CHILE-SUIZA 20. Porque la noche escucha Lloraremos esta noche de materia acongojada, doblegaremos la frente ante su espada siniestra, nada de lo que amamos podrá defendernos. Muere de noche lo estoico, la épica resistencia, los licores del violín que acompañaron la ruta, y en los extremos del pájaro que cantó para nosotros un ala de murciélago recoge el equipaje, los ojos del carbón alumbran con violencia, el sacerdote del silencio reza. Esta noche cantaremos. Los sagrados apotegmas exigen nuestros labios, en cada ser que llora hay un oráculo en trance, podríamos odiar, y nadie lo sabría, o cometer un perdón que el castigo no castiga, entrar como una flor demente amenazando, nadie abriría los ojos abiertos humillados. Una rapsodia que calla nos conmueve, la ausencia del agua moja nuestras vestiduras, y el frío que nos quema llora de impotencia: alguien nos traiciona, alguno de nosotros no ha muerto. Nada de lo que amamos ha venido, y el luto forcejea herido en su victoria, luchando contra un ángel que le es adicto. !Callad!, nadie mire con odio la hora enemiga, lloremos ciegamente con los ojos arrasados, y aquél que traicionó revoque sus sonidos porque la noche escucha, y reza su sacerdote.

ULISES VARSOVIA –CHILE-SUIZA 21. Capitularia Todo suceda de un modo que arrincone mi intelecto 6


en una región de ciegas luces invertidas, donde un hálito letal sople, circule y someta lo desatado que llevo y galopa sollozando. Lo cruento sobre el aire de la atmósfera de besos que allí se determine y al aire se reduzca, vencido su elemento de fragor lácteo y terrestre por un eclipse súbito de patas y metales, y al labio que agoniza herido en su costumbre la extremaunción del beso y el aliento no socorran, y no sean acudidas por un agua de desorden las dulces manos cóncavas de sed enardecidas. Yo sufro de un sistema circular e intransgredible, de una paloma marchita apenas volando, de un día innumerable dividido en ceremonias que arrastra como un río mis sobrevivencias hacia el nocturno ascensor que en mis párpados espera: allí vive lo ajeno, lo más mío que amo. Allí comienza el pasto que acometo inútilmente con manos detenidas y sed en suspenso: se muere también el alma en zonas extranjeras. Suceda todo sin tiempo ni nada que lo habite, de una manera confusa que mi razón apague, lo desatado que llevo allí su ira deponga, y ya no escuchen mis labios el temblor de lo que crece, y ya mi sed se resuelva en los frutos de la muerte.

ULISES VARSOVIA –CHILE-SUIZA 23. Uvas vacías No al corazón que tremola en penosos latidos los labios brutales de la inteligencia pregunten, no se interrogue con luz y equilibrio y transcurso la piedra telúrica muda de tiempo y distancia, el ojo apagado que mira alumbrando apotegmas, la copa vacía que apaga la sed de la muerte vertiendo su ausente brebaje sin nombre en pálidas gotas. Creciendo está en uvas de origen y rumbo el trágico antiguo racimo instaurado por labios perdidos, por besos que al tránsfuga viento cayeron llorando y allí se educaron nutridos por vagos preceptos.

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En ceremonias de luto a que asisto y defiendo, en flores nocturnas que adoro y colecciono, vibro existiendo sin latitud ni horario. Un ruido de mariposas irisadas vencería, un violín enternecido quebraría mi instrumento: en ceremonias de luto a que asisto sollozo. La ruta sin estrellas ni claves perseverada, el agua repetida que apaga los rastros, la obscura simbología de pueblos revocados: ¿qué hay de fidedigno y señal definitiva? Siguen cayendo mis uvas a su sed inconsolable, y el insomne embajador que disloca el raciocinio monta guardia en la ventana que mira hacia el origen, cela las puertas del tiempo y la geografía discerniendo mariposas y sonidos infernales.

FRANCISCO JESUS MUÑOZ SOLER- ESPAÑA ONDULÁNDOSE SOBRE SI MISMA

Ondulándose sobre si misma envuelve su cercano espacio con el atrayente sabor de su perfumada estética, desprendiendo aromas por los perfiles de sus rasgos retenida estática de íntima percepción. 8


FRANCISCO JESUS MUÑOZ SOLER- ESPAÑA COMO DENOMINAR EL INTANGIBLE

Como denominar el intangible espacio donde mis emociones hallarán descanso cuando mi lugar desaparezca.

FRANCISCO JESUS MUÑOZ SOLER- ESPAÑA

QUE SERÁ DE LA RICA Que será de la rica y sustantiva esencia de mi acaudalada memoria, donde hallará cobijo sus magníficos nutrientes cuando la vasija que los contiene deje de vibrar y se reseque.

PORFIRIO MAMANI MACEDO -PERÚ LA PALABRA

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Para mi hija Alba Ondina Manuela I Nada es efímero, ni el dolor ni el placer. Corremos de una puerta a un árbol solitario, de un puente a una gruta que guarda el tiempo. Cada mirada es un descubrimiento perfecto. La lluvia es el sol que ocultan ciertas nubes. Nuestra palabra es un grito irreversible en la nada. Escribimos un nombre de alguien que no conocemos. Oramos en el templo desierto del olvido y soñamos con Dios encadenado a su dolor. Somos peregrinos sin fe por el desierto y dormimos sobre la blanca arena mirando el universo. Para existir, a veces, inventamos un amigo, le damos un nombre y con su recuerdo nos perdemos en un bosque de palabras que se mueven. Decimos que venimos de otro pueblo y nos confunden con la lágrima que dejaron los que se fueron. No conservamos nada del silencio que nos procuró la suerte, el destino que no deseamos tener jamás. Como aquel oscuro pasado, sobre la hierba cruzamos para alcanzar el recuerdo que dejaron los otros peregrinos.

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En una calle encontramos la sonrisa de un desconocido, luego nos sentamos en una piedra para ver las huellas que sobre la hierba quedan, y tambi茅n tu rostro que en la penumbra esperando queda, amigo, hermano, la palabra que nos salve. II Entonces, pienso en la palabra que a todos no libera del miedo, de la sombra que cerca la memoria, del aire que se filtra por las rendijas del dolor. Pienso en la palabra que a todos nos libera del dolor que encontramos en este valle. Pienso en la palabra que nos nombra un camino, aquella que nos muestra la ventana, no el olvido. Pienso en la palabra que me dio un amigo en la frontera, aquella que abrig贸 con un pan todo mi destino. Pienso en la palabra secreta que a todos nos espera en alguna parte, desnuda y sola. Pienso en la palabra que pronunciaron otros hombres, aquella que abri贸 las puertas del insomnio. -

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Pienso en la palabra que me dejaste escrita en un árbol aquella que ya escribieron otras manos en otros muros. Pienso en la palabra destinada por otros al olvido, aquella que me nombra, un ruido, una cosa, una imagen. Pienso en la palabra que separó las aguas del mar, aquella que atravesó todo un desierto. Pienso en la palabra que soñamos en el fondo de una gruta. Pienso en la primera palabra que pronunciamos con dolor, por este camino que nos lleva a alguna parte. Pienso en la palabra que no pronunciaré un día, aquella que todo lo nombra, que todo lo revela. Pienso en la palabra que escribí en una carta a un desconocido. Pienso en la palabra que mide el tiempo, aquella que destruye los caminos como las noches. Pienso también en la palabra que encontré a orillas de un río, en aquella que me dio un niño en el alba para cruzar el ancho día.

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III No era la noche sino la luz No el pasado sino el camino que faltaba recorrer Eran sus manos agarrándose de una rama Eran voces que rodaban de sus labios Era su larga cabellera que jalaba el viento No era la noche sino sus ojos en la noche como luces No era una estrella sino una ventana abierta: era su voz que llamaba en el centro de un bosque y también el ruido de sus pasos que sobre la arena iba dando. Yo la esperaba cada tarde al pie de este roble que sombrea mi cansado cuerpo. No era la duda sino su voz que cortaba el viento, su voz que refrescaba todo mi cuerpo en el desierto. Pero hoy que quiero verla no la veo y así, hacia una sombra que se mueve en el camino yo me acerco. Hundo mis pasos en el polvo que ha soplado el viento, jalo mi cuerpo como se jala una roca del camino. No era la noche sino la palabra que inventa el día para que todo fuera diferente en el huerto prohibido, para que los niños no miraran en sus manos el hambre, la sed que corría como un río por los cuerpo de los desgraciados. Era otra sombra que ya nadie quería recordar,

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el rostro que ya nadie quería recordar. No era la noche sino el viento que bajaba o subía al cielo. Era ella, la palabra, la voz que creo todo el universo y todas las cosas que en el universo existen. Era la piedra que en la piedra se formaba. Eran los mares que impacientes me esperaban. Eran las flores que miraban nuestros ojos en los prados. Eran los manantiales que nacían del vientre de la tierra. No era la noche sino un camino abierto que todos esperaban. No era el fuego sino la fuente del reposo allí donde encontraran los desgraciados agua para lavar sus miserables rostros que vivieron como huyendo de la vida de los afortunados, pues nada les dejaron sino olvido, indiferencia y desprecio. Era la palabra que todo lo guarda y todo lo recuerda.

PORFIRIO MAMANI MACEDO -PERÚ

EL EXTRANJERO Como ayer, no haz de esperar a nadie, viejo caminante del desierto. Mirarás el espejismo de tu propio laberinto y nadie, en la dudosa noche, ni siquiera el viento dispersará

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el polvo que en tus ojos ya reposa. Lejos están los valles, lejos los ríos que una vez guiaron tu llegada. No habrá ruidos ni sombras en los prados de la noche. Sólo tú, entre las rocas, una puerta buscarás para salvarte, y nada encontrarás en el vacío que a tus ojos ofrecerá el cielo. Volverás como vuelven las aves a posar su vuelo en las orillas. Sentirás el aire descompuesto que inunda las ciudades. Querrás encontrar lo que soñabas mas nadie oirá tu llanto peregrino, ni la voz que derramando vas por el camino. Tan profundas son las noches en tus sueños, tan profundas son las noches en tus ojos, tan inmenso es el camino, que con dolor te falta recorrer. No me busques, extraño caminante,

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pues nada ofrecerte podría si me encuentras. Ciegos están mis ojos, ciega mi memoria. Yo, como tú, busqué una piedra para cobijar mi soledad; nadie en esta tierra abrió sus brazos para estrechar mi corazón, mi viejo corazón desconocido. Mas veo que tercamente sigues, rodando en el silencio tu palabra; cruzando parques y jardines y ríos que sólo tú, caminante, miras, como yo miro aquella indescifrable nube, que pesadamente arrastra el viento, sin saber dónde abandonarla. Se incendiará la noche una vez más, con el reflejo que de tus lágrimas, te dará la desventurada, aurora que no verás pasar, cuando tú pases como Angel solitario. El sudor que de tus sienes verterás en el desierto, humedecerán tal vez, las palabras que entre dunas, vas sembrando sin saber,

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el destino que a cada una de ellas les espera. Tan estrechos son estos caminos, tan amplia tu palabra, raro caminante, que en la bruma del tiempo no te pierdes. Todo el que mira tu silencio, mira también los pasos que das en el desierto. Qué podría darte yo, amigo de la noche, hoy cuando te acercas a mi lado. Nada conservé en este viaje, tan solitario como el tuyo. Sólo podré heredarte mi palabra, mas no sé que podrás hacer con ella, si cobijar no podrán jamás, tu silencio y tu dolor.

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AMADA HERNÁNDEZ VELÁZQUEZ- MÉXICO Comunes

La noche es un cuerpo roto, respiro sus astillas para escapar de la mirada del amante que oscurece la intención que le tiembla en los labios.

Me basta respirar para tragarme la muerte, para amputarle el deseo al abrazo, para posar mi memoria masturbada entre el vientre que duerme.

Soy mujer de verjas abiertas al olvido, de amoríos con estrellas fugaces, de calles extraviadas en un orgasmo, de pechos que se extirpan en la seducción,

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de sombras de conciencia, de tiempos acabados.

Soy mujer porque es lo único que queda. Se acabó el vacío, el silencio, la ternura de la raíz podrida, el beso con vulvas, la palabra que enciende las cenizas del sonido.

Todo es común, tan común como el final, como la medianoche o la muerte. Sólo se salva la mujer en la pisada del desprecio, en el aliento del abandono, en la frazada de la caricia.

Comunes, tan comunes como las esquinas de un cuerpo.

AMADA HERNÁNDEZ VELÁZQUEZ- MÉXICO Discurso de la sombra que se niega a morir

Yo te parto en dos,

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noche. Yo escupo tu grandeza con la oscuridad de mis adentros taponeada por el fuego de otro cuerpo. Yo soy grande, más que tú. Yo le exprimo la vida a la vida y después me vacío del latido extranjero que late dos veces. Mira cómo estoy en mi trono: con las piernas abiertas, mis brazos asfixiando a otra voz y el grito de tu miedo latiéndome en la cara. Soy tu noche, noche. La oscuridad que te oscurece, y te opaca, y se planta, para verte humillada, a la sombra del garfio que te niegas a olvidar. Cuando no me envidias, también soy tu orgullo.

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Cuando no te vejo también eres yo.

AMADA HERNÁNDEZ VELÁZQUEZ- MÉXICO Para matar la herida Una quiere asfixiar la herida con un beso. Quiere hilvanar con roces los vacíos que al hombre le caben en el pecho. Shh… No hables del césped que mastico para acercar nuestra distancia. Apaga la vela con la humedad de mi voz que se escondió debajo de tu uña, los secretos dan miedo y mueren en la sombra. Platícame del hueco que cargas debajo del rostro, del que traté de llenar con la mirada. Te diré mi secreto. La mujer es una nube que carga el milagro entre las piernas

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para soltarlo como un temporal en mitad de los cuerpos. La mujer también es un foco apagado que regala su brillo, un secreto de dioses, y el secreto es un eco del olvido. Fte: http://www.eforyatocha.com

Marianna Bernández- México El aire simple no divide los cuerpos no hay espacio de dos sino un único ciclo donde el crepúsculo se trasmina ----------entre cortes de hilo y tardes que alguna vez fueron bienaventuranza ¿quién habría de rasgar tanto resuello sino las palabras en navaja acertada? ¿y luego no era inevitable ----------desbocarse en viento -------------y huirse hacia donde fuera? -

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Allá y no sabía dónde quedaba allá aun de imaginar monte y nube nada era tan distante -----------para arrancarse -------------desde dentro ----------------y abrevar luces a pesar de tanto y tan poco ¿dónde queda lejos sino en el afuera de tu cuerpo cuando polvo eres más que en mí? Qué poco es sernos cuando sólo somos cuerpo que se va desconociendo de tanto romper el vuelo de los dedos y así te miro y nos miramos siendo los mismos desde antes talvez ahora un poco más herida un poco más latido.

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Marianna Bernández- México El árbol seco mora a seis pasos de la puerta ----------todavía blanca aún si miras desde el patio puedes vernos diciéndonos adiós fría mañana de domingo cuando detrás dejaste vestido y velo mañana donde supe que para mí no habría quien cerrara puertas y asegurara la posibilidad de habitar un regreso y fui quitando recuerdos vaciando cuartos y apilando muebles -----------revisé papeles quemé fotografías quise aligerar el peso de lo vivido alegre en la inocencia que da la esperanza salir rayo en silbo hacia lo inusitado y ya ves ni la velocidad mora donde debe ------------ni la vida vence quieta testimonio es la risa queda

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de tu cuerpo pariendo o el recuento de suturas en la piel de mi amado o por qué negarlo el mío tan lleno de alforzas -Quién pudiera amar con el corazón limpio... -pero estamos aquí -----------escucho el chirriar de las puertas que se niegan ------------a pesar de las llaves ------------a ser abiertas y suena el mundo en su inacabable moverse -¿y la vida? ----------la vida estalla en una hermosura inconmensurable que rebasa cualquier entendimiento. Marianna Bernández- México Renacer en la sinuosidad de los labios que abren su profundidad a lo insondable anverso de tu pupila diluyéndose Perder sin saberlo la posibilidad de estar allá

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donde lejos queda más lejos pero estamos aquí sujetos a un cuerpo ----que no nos requiere -----------como quisiéramos o quizá sea al contrario ---------- poco es lo cierto a pesar del horizonte a pesar de tanto y te acaricio de noche mientras escucho el ajetreo de los coches los juegos de algún niño y te huelo en lo primigenio del tacto y te reconozco. Fte: http://www.prometeodigital.com

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ANDRÉS MIR - MOSCÚ Los libros pueden postergarse, la vida no. No el despeine atento en la mirada, jamás el paso del cancerbero ante tu puerta y esa especial atención al olisquear alternados pasos, pasos evaporados quizás. Mi buen amigo: correr con las manos en la cabeza, es vida acaso, cómo uno dice: esta boca es mía en un rostro ajeno; cómo se cansa –atributo persistente en la vigilia– de tomarse en serio el agua y beberse la existencia; esta boca es mía, fiel amigo adicto al azogue: esta necesidad de sentirse completo. Los libros si, ellos al parecer, nacen del sudor que calma la sed de los ángeles; esa naturaleza objetual –tan distante la fuga. Pero gozar de este invento al llenarte el pecho, nada más socorrido que un día tras otro, gozar de la contemplación y el devaste del hombro descolgado es llenar su arquitectura de sentido, impostergables páginas ---------(de postergables libros) que te vuelan la cabeza con sus disparos a medianoche mientras (el paso d)el cancerbero alza la vista al cielo y observa cómo caen con soberbia de lápida las –trepidantes– hojas del calendario. ANDRÉS MIR - MOSCÚ Mis dientes son los dientes que me rodean: es la mordida del otro costal la que tuerce mi harina, y nunca lo contrario; soy el que observa al ser observado, el que acusa en vísperas del veredicto, soy el que mata de vivir en cada jadeo insoslayable. No trates de separar mis órganos, definir los tejidos, a cada célula

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otorgar un nombre: una sola sustancia soy, mixtura de azufre y pluma, vienen a beber las aguas que mi río destila sin sospechar su partida de nacimiento y muerte, y al hundir las palmas en esta corriente agotan la danza de mi lengua al robarse rebanadas del líquido vital y mortífero. Los muchos seres que soy esperan ansiosos a quienes se suponen fuera de mi: baja esta sed garganta abajo como un puente y bajo sus tablas persisten en pasar los de hombros huérfanos en quienes me repito con fidelidad de sombra. No es mi culpa entonces admitir el común pecado que mis vigilantes no admiten: albergan las múltiples naturalezas unívoco germen, semilla de frutos divergentes que al despeñarse de sus ramas fueron a dar con la tierra que nadie les prometió. ANDRÉS MIR - MOSCÚ Al torcido, bastón; al contrahecho, ropajes de sedas; nada hay que ocultar en un cuerpo bajo cuya piel carne fluye: las cicatrices siquiera. Quien presume suele carecer, quien dispone otorga en silencio. Le veo acaso, altivo miope, sin alcanzar las humildes lecciones de la hierba y la brisa que algún día lamerán su breve tumba. Tanta arquitectura por gusto: habrá quien festeje no la daga sino el arte de quien forjó su acero, porque nada en el puño inspira al recuento de verbos. ¿De qué hablamos pues, sino del oficio de los hilanderos o la pericia de algún poeta que adivinase en un cúmulo de objetos la presencia del vacío? Alcanzar la desnudez suele resultar lo más difícil.

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Isaily Pérez- Cuba 1900. LOS DÍAS DEL CINEMATÓGRAFO ( para Lidialys ) Vestida impresionista Ella acaba de aparecer en el vestíbulo sombrilla Marie Laurencin y lentes azules montados al aire, con el novísimo claxon de su automóvil de celuloide llegó 1900. Yo no quiero decir que estoy por Ella perversamente loca que desfilo amaneradamente bajo los globos de luces amarillas, que todos me observan con disimulo, algunas damas desearían en secreto tener un sombrero que levantar y Rodolfo Valentino las mira desde carteles levemente curioso.

Aprovechemos este misterio esta enfermiza complicidad. Cuando llegue el Jazz yo no podré avanzar discreta pasar casi felínica por tu lado y lanzarte el humo verde de mis cigarros de jade. Es la era de la frivolidad y la inocencia tus lentes ocultan la respuesta de unos párpados pesados de deseo mas no quieres romper el encanto. Cuando la función termine irás a casa huyendo de ti misma,

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una casa representada en mi mente como una bola de vidrio un vendaval de hojas secas rodando bajo el Dion Bouton.

Tuyo es ese ángel que impregnó 1900, en todos los Café se conversaba de ti y no importó pagar otra ronda de añejo con tal de sostener tu nombre entre los labios un último minuto, una última lanza estrellada contra el tedio. Eras tan amable que siempre te dejabas ver un poco sonrisa art-nouveau y lentes azules al aire, buscabas con la vista a alguien que no apareció porque yo siempre pensé que las horas de vivir sólo suenan de noche.

El ídolo italiano invadía la ciudad con El Hijo del Sheik a las ocho y media la retreta comenzó a tocar y en los Estados Unidos los gángsteres se mataban a balazos. Yo preparé mi boquilla más larga el esmalte de uñas negro me asemejaba a Theda Bara por eso decidí no usar vaselina y realzar mis ojeras. La ciudad parecía un cuento con la paz que dan las luces amarillas y la Banda de Música ejecutando en silencio, pero la ciudad eras tú misma que llegabas tan intensa que mirarte excitaba.

Son estos los días del cinematógrafo y han vuelto a ponerse de moda los héroes. Percibo que pronto callará el piano de la sala oscura y se oirán sus latentes voces. Valentino, un gato ansioso de tejados, la Garbo ronca y filosa como una navaja abierta. Yo no quiero decir que estoy por Ella perversamente loca. mientras la miro exhala mi boquilla un humo lento. Ella ni siquiera se sonroja semisonríe aceptando que sueño conocerla.

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Ambas sabemos que vamos mañana a despertar gloriosas Ella desnuda y yo fumando a su lado mis eternos cigarros verdes en un daguerrotipo de 1900.

Isaily Pérez- Cuba IMPRUDENCE

(tienda de humo) Sentía los signos llegar a mí como círculos concéntricos de agua. Me dije: adelantando el invierno alguien viene. Yo estaba ciega por blanca escarcha. Fumaba mis cigarros con manos que temblaban no de frío. Era julio, era diez de julio en una tienda de humo llamada Imprudence, no cesaba de mirarme en las vidrieras de aquella tienda de humo. No era tan bella como antaño mas la ruta de la seda pasaba a través de mí. Ya no importaba ser bella, abanico levantado por los dioses yo era un mito en mi coto de caza. Pero alguien adelantaba el invierno y confundía su emoción en la densidad del aire. Seguiría esa emoción como un hilo adonde me llevase. Ella, la Reina de las Nieves en su armiño, avanzaba llenándolo todo de significación

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(aún si no existiese la que habla lo llenaría todo de significación). Su sombra rectángulo de luz en la luz de la plaza para siempre. Ella desafinaba a los paseantes con su ritmo hierático, caracol de sonido en los inconsistentes sonidos del mundo. Como un fragmento de Dios la vi al unísono bajo la luz distinta de los meses; vi sus ojos memorables. Enmudecieron los signos como piedras que se pierden bajo el agua y el mundo fue una esfera de paredes nevadas que mi mano sostuvo un segundo, una estación ¾si esta angustia de índigos cesase¾. De repente trepidaban superficies y hacia mí corrían silenciosos caballos, deshaciendo la tienda de humo atravesando espejos irreales. Me dije: esto no existe, son solo palabras que te soplo para cubrir tu hermosura demasiado grande. Era diez de julio pero invierno invierno, opacidad narcisista, mi casa. Como culpables postales donde no transcurre nada lentamente comenzaban a emerger los parques. DANIA D`ALFONSO Escribo la verdad Escribo la verdad la verdad que me llega desde el aire la verdad pendiente la profana verdad la extraña verdad la puta verdad la quimérica verdad la adoctrinada verdad la onírica verdad la aparente verdad la hipócrita verdad la sagrada verdad la bendita verdad la santa verdad la ordinaria verdad la auténtica verdad.

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DANIA D`ALFONSO - Cuba Cargamos nuestra cruz y caminamos en silencio El inmigrante muerde su pena y se la traga después sonríe como una luciérnaga vacía, le duele el pecho por el sacrificio de olvidar por el oficio de acostumbrarse a las ausencias. Dueño de la calle y el desprestigio víctima de agravios, ignorancia. Soñador, ciego, aferrado a su futuro (su gran amor) aunque el futuro sea un abismo mortal, un camino ilegal desértico, no importa, es animal incrédulo, va por sus luces, va por sus puertas. Si mira hacia dentro se cortará con su miedo de vidrio no obstante acaricia y besa su destino-raya-luz que le quema las manos no importa, sigue rodando con sus manos quemadas con su baúl de secretos y recuerdos con su nido de razones y silencios, frescos colores frutos de río sabor a universo, tradición dorado sincretismo transmutación. Caminante sin caminos necesidad amarga negra pobreza acorralada pasto de miserables por satánico metal afligido gollejo suerte del que sube y que no baja hace suyo el planeta para él no existen razas no hay naciones no hay fronteras sólo un espacio para jugar a la suerte donde al menos, pueda pender de un hilo ser marioneta flor, fruto, raíz con sus manos quemadas

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mordiendo su pena tiritando en medio de la noche que le mata.

ANA M. MIRELES - Cuba La forma de pensamiento oriental consiste más bien en dar vueltas en contemplación alrededor del objeto... en una impresión multilateral y multidimensional, formada por la super imposición de impresiones simples, procedentes de diferentes puntos de vista. Anagarika Govinda

De la luna nueva Siento pero no sabes Flores de mi cabeza Hilos como las naves Límpidos y tan suaves Buscan tu sutileza Veo pero te quedas Frío como sin canto y quizás ya no puedas descubrir otras sedas por debajo del manto Dedos mágicos dieran Con la luz de tu centro Toque añil, si pudieran Una huella por dentro

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Flores éstas, que esperan Mientras tanto convenzo Una espada más pura Sólo giro y comienzo Como un párpado intenso A trazar la conjura Cada vez que lo pienso

ANA M. MIRELES

Mente Te amo y soy vulnerable como un pensamiento que dejamos caer en un lago recién dormido cuando la luz recorta tu silueta evocando que también somos sombra Entonces te amo invulnerable y olvido la lección fijeza luminosa de la mente

ANA M. MIRELES Recuerdos del Rey y la Reina de Flores Un geranio, puede ser un jardín Los helechos crecen bien en las ruinas Lo que perdura en la flor es su cadena de efectos hasta el concepto tiempo es efímero Una flor abre centro en el alma un mensaje de luz a los muertos cada color un misterio de vida Mas la Flor de Zafiro no parte que la esencia no marchita

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ANA M. MIRELES – CUBA/ESPAÑA Y Eso Ciertos días como la sombra Sombra de amado en la pared Aliento de la extraña visitadora Último enemigo que espera duelo Con el ángel del viento Ciertos días de encaje púrpura Y zapato mágico Veo una orquídea Pasar feliz Como reina de las bandejas Ciertos días tan fríos que Hay que hacer coro, hermana Y ciertas melodías algo sospechosas Cierto segundo de ciertos días Oyes la voz de tu cierta voz La sombra, el ángel y Otro zapato mágico Hacen cierta bendita luz ANA M. MIRELES – CUBA/ESPAÑA Hoja de Oro y hojarasca Lo que perdí lo que creí perder Lo que me cuesta imaginar ayer Destellos que aprehendí Que te sanen la herida Por esas cosas dulces de la vida Y lo sutil de cómo cambia el ojo Golpee como ola tus enojos Hasta que se haga luz Cual la primera Risa en primavera Ser ligero, fluir en alas, corazón y fuente Consciente, divino consciente

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ANA M. MIRELES – CUBA/ESPAÑA Ciruela Toco tu cuerpo en la piel de la ciruela Puede mi lengua como una barca Marcarte un río que tiembla Como el primer impulso De la primera mariposa Siente mi boca que tu cuerpo Se reparte en la medida más antigua de la especie Allí donde se unen arco y flecha Mi cuerpo se acomoda Cálido perfecto Que si despierta tu mano Puede sumergirse porque mi piel Cede como la esfera ideal Santa Fantasía Purísima Tanto azul que atesora Por donde baja el cielo Toda la tierra crece Y donde clava el cuerpo su placer Muerdo la pulpa de la ciruela Para llegar tan lejos que ni la boca ni el río se recuerdan ANA M. MIRELES – CUBA/ESPAÑA Anfis La vieja cabeza Es un cine para recordar Que tiene todas las respuestas El cuenco favorito del tiempo Da igual si es blanca O gélida O si algún buen artista Supo descomponerla En tres perfectos Arcoiris Es una vieja Cabeza Y como tal

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Parece la única segura posible Pero un día de magos Sale el sol El cuenco quiebra El tiempo por demás, escapa Segura, imposible

OMAR CID - Chile A PESAR DE LA PIEZA OSCURA * Enrique la precariedad de tus pasos desgastados tu carne somnolienta a punta de litigios con Freud y Rilke porque como buen hijo de inmigrante / te gustaba esa cercanía del lenguaje que Otros llaman lengua madre perdiste algo de tus días en esos jueguitos de niño bien Yo en cambio / como tantos /Enrique conozco esa trama universal la discusión del hombre / a pesar del hombre que más dan los toqueteos de infancia el viaje escrupuloso a la inconsciencia No Enrique NO Enriquesss / el truquillo se espesa en la mutación de la pieza oscura y los recuerdos de erecciones varias / se entumecen para convertirse en esa amalgama poética Los palotes de la infancia tienen ese aire corruptible ese deslizamiento de la mano que corrige Y el espesor de la otra pieza Enrique nos sitúa en un nicho / ese escrito con tiza negra NN + NN + NN Sobre nuestras espaldas un latido de máquina de las máquinas La nausea refriega lo públicoprivado el teclado sigue su marcha / Enrique la cabalgata sin puntos ni comas cae sobre mis hombros extremando su condena obligándome a respirar esta cámara secreta

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con su reverso Un gusano cosquillea mi nariz Se acabó el tiempo de los lingüistas el estructuralismo no sirvió para nada Una bala incrustada en las cajas / Vocifera Ustedes que quieren matar de-construir dilapidar / al sujeto no tienen la puta idea de la muerte

(Del texto “Estrategias de O-tredad” año 2001, inédito) * “La pieza oscura”, Del poeta Enrique Lihn, símbolo de la poesía chilena de los años sesenta.

OMAR CID - Chile SIMPLEMENTE LOS NIÑOS Esos niños recogen basura sus manos deambulan por nuestra intimidad Recorren sin escozor los papeles que quisiéramos esconder sacudiendo nuestras menudencias El cepillo viejo hasta el pan desbordado por hongos son así / cumplen su labor extrema del retorno desde el basurero / jamás nos miran sus ojillos se pierden en la inmensidad de los despojos Nosotros no quisiéramos que estén allí los mandaríamos a la escuela a beber leche caliente / en el alero materno pero nuestra basura necesita manos pequeñas seleccionadoras prolijas de lo útil lo Re-tornable porque las cosas funcionan así siempre hay otros / recogiendo sobras del mundo y nuestras manos buscan entre calzones y calcetines de algún gringo / su medida A veces encontramos en un libro el destello alicaído de una metáfora en la inmensidad de los despojos y ellos / no quisieran vernos allí / nos mandarían a beber nuestra leche a leer / nuestros libros para que dejemos tranquilos / sus basureros

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ligeramente globalizados (Del texto “Estrategias de O-tredad” año 2001, inédito)

Pudo haber sido la escuela de Friburgo pero el silencio no nos sentaba bien preferíamos el grito y la histeria la daga mortal de quien juega sus cartas en un circo imaginario más cerca de Benjamín que de Adorno. Besándonos descaradamente con las gotas de modernidad que golpean la acera, en la pulsación de la vida y la muerte. Fuimos desde el inicio el curso perfecto para asegurarnos un lugar en el mausoleo de los innombrables (Del texto “La Escuela de Matucana” año 2004, inédito)

OMAR CID - Chile

Busqué las huellas de tú cuerpo si por buscar entiendes: husmear los rincones de un puterío zanjar las dudas que tuve cuando nos topamos y re-topamos en el privado de Mc-Iver. Busqué si entiendes por ello indagar por la ruta de tu nombre y de tus hombres. No lo hice, ni lo haría si supones por ello repasar los camastros con el olor de tu sexo tropezar con tu ausencia a costa de rasgarme las rodillas

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(Del texto “La Escuela de Matucana” año 2004, inédito)

OMAR CID - Chile Qué palabra Qué imagen Qué verso Escrito aquí/ ahora Merece la totalidad de la hoja en blanco

(Del texto “La Escuela de Matucana” año 2004, inédito)

OMAR CID - Chile ¿Para que se escribe? Para escapar de la mentira o para mentir descaradamente

(Del texto “La Escuela de Matucana” año 2004, inédito) JUAN CARLOS RIVERA QUINTANA – ARGENTINA POLVO DE TIZA De la serie Los ritos del silencio, de Agustìn Bejarano.

“Estoy entre el Ser y la Nada, estoy entre el veneno y mis antepasados. Nada tengo que declarar, excepto mi Muerte”. Virgilio Piñera, Muerte del príncipe Fuminaro Koyone.

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Manchado de orín por la estampida de un relámpago con cierto tufo de geriátrico, de pañal descartable mal oliente, caigo sobre el colchón del camastro inexpresivamente perturbado, con cara de espíritu condenado al silencio, en shock (vaciado de contenido, mutilado por viejas mordazas) sacrificado por aquella sentencia de que los varones no lloran). Desguarnecido rompo las tijeras con que me circuncidaron/ frente al espejo del patio donde padre se afeitaba/ me ahogo en la taza larga de café que mi madre preparaba (a la hora de la escuela) cuando no había leche de vaca y el polvo de la tiza del pizarrón se confundía con el mítico alimento infantil/ era otra de las tantas simulaciones a que estaba sometido pues ya tenía más de siete años y la leche había sido vetada por la cartilla de racionamiento/ realidades tropicales de una revolución que sólo parecía tener sentido dentro de mis pueriles tripas. Araño la pared de mis asmáticos pulmones como dejando mensajes por si no llegara a cumplir los quince años… entonces tenía mucho para decir pero me habían cercenado las amígdalas con un bisturí que mi abuelo torcedor de tabaco, con entrenamiento médico, tenía guardado dentro de una caja de alcanfor/ eran aquellos sus primeros auxilios entre el Ser y la Nada. Afuera (sin remedios), mi maestro de esgrima se precipita vertiginosamente al espacio con un alarido de terror, el avión en que viajaba explota en pleno vuelo y sólo recuperamos la mano donde blandía el estilete para seguir dando la estocada final…., sus medallas yacen aún en el fondo del mar destemplado. Le lloré cinco noches seguidas y al sexto día decidí practicar atletismo para aprender a escapar cuando las situaciones se pusieran peligrosas, (desde entonces mantengo una fobia incurable a los aviones). Expectoro un sinfín de palabras que se me atragantan en las madrugadas y las escupo como una jerigonza sagrada/ con verbo de acción no dicho, un pólipo sin estadificación benigna me crece por dentro entre el paladar y la campanilla/ se oscurece un lunar-melanoma fenotípicamente indiferente en mi espalda pero sigo guardando la compostura sana, como me enseñó mi madre. En la cabecera de la mesa de comedor un tío solterón se suena la nariz y busca en la guía de teléfono una voz caliente del otro lado del auricular para atiborrar sus apetitos insaciables, ninguna mujer le aguantó su agresividad secular… y se quedó solo. Una llaga hedionda se acomoda entre los sillones del patio y apenas alcanzo a buscar el sol entre “el veneno y mis antepasados”. La muerte es sólo una inercia de animal irascible, un credo que juega con avaricia e impudor a desvestir la empercudida carne para dejarnos epitafios de tiza en algún viejo muro donde nadie reparará jamás. (08-07-2009, pánico porteño y Gripe A (H1N1)

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GABRIEL CELAYA LA POESIA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO Cuando ya nada se espera personalmente exaltante mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, fieramente existiendo, ciegamente afirmando, como un pulso que golpea las tinieblas, cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades: las bárbaras, terribles, amorosas crueldades: Se dicen los poemas que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, piden ser, piden ritmo, piden ley para aquello que sienten excesivo. Con la velocidad del instinto, con el rayo del prodigio, como mágica evidencia, lo real se nos convierte en lo idéntico a sí mismo. Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica. Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quienes somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo. Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse. Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren y canto respirando. Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas personales, me ensancho. Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, y calculo por eso con técnica, qué puedo.

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Me siento un ingeniero del verso y un obrero que trabaja con otros a España en sus aceros. Tal es mi poesía: Poesía-herramienta a la vez que latido de lo unánime y ciego. Tal es, arma cargada de futuro expansivo con que te apunto al pecho. No es una poesía gota a gota pensada. No es un bello producto. No es un fruto perfecto. Es algo como el aire que todos respiramos y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos. Son palabras que todos repetimos sintiendo como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. Son lo más necesario: Lo que no tiene nombre. Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos. GABRIEL CELAYA

PEDRO ARTURO ESTRADA - COLOMBIA LOCUS SOLUS/ Fragmentos 20 Se disipa tu aliento en el metal del día, en su espejo. La tierra asciende y resplandece mujer curvada y dulce en el éxtasis blanco, mientras giras también, alucinado, solo, último niño de la noche de repente desnudo, de repente heredero de todos los vértigos sobre el oscuro centro sin bordes, sin palabras. Otra vez sin palabras.

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PEDRO ARTURO ESTRADA - COLOMBIA

21 En las cimas de la desesperación también el silencio, la ebriedad del silencio. En las cimas de la lucidez también la alegría de no ser nada. En las cimas de la soledad también la risa, la máscara de la risa. En las cimas del vacío la rotundidad de un cuerpo, el deseo. En las cimas del deseo también la rotundidad de su vacío. PEDRO ARTURO ESTRADA - COLOMBIA 22 Voces del día insidiosas otra vez te reclaman. Giras también y se diría el éxtasis, la primera mañana, el vibrante fulgor de esa palabra. Déjate llevar como un niño, te susurra el ángel, la voz del árbol cercano. Déjate ir, asciende también dicen de arriba. Pero tú resistes

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aferrado al último hilo de incertitud, —insalvable. PEDRO ARTURO ESTRADA - COLOMBIA 26 Bienvenida, perfecta irrealidad, dilución de la certeza en humos angélicos, espejismo, claridad mutante hacia la tiniebla absoluta. Bienvenida inconsistencia del tacto, visión dudosa que nos salvas del dogma, de creer que creemos. Bienvenida, refracción íntima de la luz en el núcleo seroso del cáncer que aniquila la fe, el confiado vigor del músculo y el impulso sensual. Bienvenida, fatiga sabia que creces y te adensas tranquila en las arterias. Amiga que das tiempo después de todo al tiempo.

PEDRO ARTURO ESTRADA - COLOMBIA 27 Ya que permites ir a ninguna parte y al centro de la nebulosa donde sólo hay silencio. Ya que dejas reinar en el sancta sanctorum del cuerpo el vago sol de la náusea, ya que dejas morir sin ruido ese animal voraz que dentellea bajo la piel: el amor y todas sus crías deletéreas, ya que asfixias la rabia, ya que pudres antes que alcancen a brillar las peligrosas, ambiciosas ensoñaciones del cerebro, ya que humillas la sangre con la mano invisible que también agacha los jardines, ya que subes por los dedos afianzando la música que perderá los sentidos, ya que doblegas la primera mirada que busca afuera la salida del laberinto, ya que nada pueden, nada podemos ante ti, contra ti,

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no dejes libre entonces ninguna fisura ninguna herida olvidada ningún pavor suelto. *** (Del libro, Poemas de Otra/parte) ALAN MUÑOZ OLIVARES – CHILE BENDITO POEMA A FARRAH FAWCETT ¿Dónde se detiene el reloj de los sueños y dónde la manecilla del tiempo? - ¿Me llamas, Charlie?, ¿Todavía me buscas? – Dice Farrah contestando el teléfono¿Todavía me buscas entre la angostura de esta ciudad de ángeles? ¿Todavía exigiendo culto a mis maravillosos cincuenta años? Dime "Ángel" a secas Ángel de tiempo completo Ángel al desnudo posando para "Play Boy" Dime ex Charlie Angel en memoria a mi coronación Pero ya no me llames, Charlie, ni busques alivio a mi alma atormentada No me sigas llamando, por favor, no me sigas llamando Pues tengo fama de ángel caído.

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Programa Radio Web edicion 23 - Ingrid Odgers  

Poemas transmitidos en programa ed. 23 de Ingrid Odgers

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