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Aprendizaje y educación en la sociedad digital La educación más allá de la escuela

entrevistados por Williams (2009, 190): “You can’t do anything just for fun. You know there is a grade lurking.” Y otro: “Personally, I hate it when we have to watch movies in class because it usually means we then have to start taking them apart over and over until all the pleasure is gone.” Por tanto, al revés de lo que se considera importante o único en un contexto sobredeterminado por el aprendizaje como fin último y con relaciones muy jerarquizadas, la educación “más allá de la escuela” (la vida como contexto educativo, según la expresión tan general criticada por Edwards, 2009) se da con otros valores y fines, otra relación con los contenidos que se consumen y producen, mucho más diversa. Sin duda hay que aceptar que las actividades que realizan niños, adolescentes y jóvenes en su vida cotidiana, fuera pero también dentro de la escuela, son mucho más complejas de lo que a veces pensamos. Complejas por la variedad cultural que tienen, pero también por la significación que ellos mismos les otorgan, pues, a diferencia de una visión demasiado esquemática que los ve como consumidores de una cultura de masas, cualquier actividad o práctica (incluido el consumo) tiene un proceso de apropiación por parte de quien está implicado, proceso que la dota de sentido personal y social. Willis (1990, 2003) ha insistido quizá más que nadie sobre la reconsideración del trabajo simbólico y la crítica que supone de la cultura oficial en diversos campos, como el musical, la moda o el artístico, al poner en el centro la importancia personal que conlleva el consumo de bienes culturales, que nunca es genérico sino muy concreto, y las formas individualizadas de apropiación y nueva producción cultural —sea bajo las formas de producción letrada convencional o emergente, es decir producción propia o basada en textos previos tales como los que conforman parte del universo de la alfabetización (literacy) digital: fanfic, remix, machinima, u otras variantes. Creemos que la idea-fuerza en la obra de Willis y también en los New Literacy Studies (Lankshear y Knobel, 2003; Gee, 2008), y otros tipos de enfoques, es, siempre, que el consumo cultural es también productivo, como mínimo como una forma de afirmación de identidad personal y grupal, y que la creación de nuevos contenidos (sea hablar o escribir, comunicarse, jugar, o un remix de otros contenidos ya existentes) es algo que dota de significación a todo tipo de prácticas que las personas hacen en su vida cotidiana. Aunque lejos de pensar que esas prácticas informales, que ayudan o son parte del fundamento en la construcción individual y, por tanto, de los aprendizajes sociales y emocionales, deben postularse como algo libre y liberador frente a una educación formal restrictiva y repetitiva, es decir creando una oposición artificial (como tantas

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