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Aprendizaje y educación en la sociedad digital La educación más allá de la escuela

análisis en profundidad de las prácticas informales y formales, basándolo en una comparación por rasgos, marcados o ausentes, tales como: espacio y tiempo definidos, intencionalidad, contenidos curriculares, agentes especializados y varios más. La OCDE (Werquin, 2010) ha revisado los criterios y necesidad de certificación de algunas de estas prácticas, en especial las no-formales. En fin, autores como Illeris (2006) han propuesto una amplia revisión de los mecanismos y de las concepciones y teorías sobre el aprendizaje, tanto en contextos escolares como no escolares. Apenas unas citas y ya se ve la complejidad del análisis, la polisemicidad de los términos y de las pertinencias disciplinares. Quizá la idea central es que la expresión y la idea de analizar la educación “más allá de la escuela” genera una cierta oposición entre un lugar conocido y otro más indefinido, casi un Otro social. En gran parte esto es así porque la escuela (casi) siempre es pensada como una entidad homogénea, una comunidad de intereses, unas relaciones fraternales e igualitarias, es decir una representación imaginaria de sus condiciones reales, muy centrada en la figura del profesor, de la que emana en gran medida una visión muchas veces idealizada. Al entenderse a sí misma como una comunidad de aprendizaje y de valores, la escuela marca un límite simbólico, como cualquier otra comunidad, cuya frontera es muy clara y bien trazada en algunos casos, o más difusa en otros. Hay quien ha señalado cómo funcionan esos límites, o ha intentado construir una topología de los espacios, simbólicos y reales, escolares y extra-escolares, viendo los mecanismos que utilizan para juntar o separar, según convenga, a los aprendices con el conocimiento — actualmente se plantea como una cuestión sobre los contextos de aprendizaje, sus límites, y su influencia sobre el propio aprendizaje; anteriormente, algunos sociólogos y antropólogos (Bernstein, Bourdieu, Lave y Wenger, entre otros) construyeron teorías que todavía son marcos de referencia. Otra posibilidad de análisis, claramente más polémica, es pensar lo que ocurre en las escuelas, y fuera de ellas, como zona de contacto entre culturas diferentes. Pratt (1991) introdujo ese concepto para pensar casos más extremos, pero ella misma lo proyectó sobre la realidad escolar entendida también como una zona de contacto entre las culturas personales que los estudiantes aportaban, así como sus diferencias profundas con los profesores. Esas “culturas personales” podían provenir de la familia en primera instancia, pero también de sus orígenes lingüísticos y sociales contrapuestos. Lo interesante es que las zonas de contacto nos ayudan a comprender mejor las diferencias subjetivas, que se entremezclan con las interacciones educativas, y que en

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