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GABRIEL CORRADO

“El matrimonio necesita magia”.

PERSONAS COMPROMETIDAS Encontraron necesidades y eligieron actuar para mejorar la sociedad. EDUCAR PARA LA LIBERTAD Cómo enseñar a dar y a darse con generosidad a los demás.


Editorial · 01

Familias de hoy · Año 2· N°4 Staff Editor responsable Asociación para el Fomento de la Cultura Director editorial Carlos Camean Ariza directored@familiasdehoy.com.ar Editora Milagros Iroz Consejo editorial José Luis Gómez López Egea Eduardo Schnitzler Carlos García Alesanco María Teresa Escobar Colaboran en este número Carolina Cardozo Clara Fontan Dolores Navarlatz Graciela Palau Departamento de diseño Josefina Bernardi Diseño gráfico y diagramación Carolina Menso www.id-idear.com.ar Colaboración diseño Cecilia Lasala Comercial comercial@familiasdehoy.com.ar Tel: 011·15 6849 1404 Distribución Jorge Alberto Biaiñ Impresión Mundial S.A.

Editorial En el panorama mundial nos impacta el levantamiento de pueblos de varios países árabes y otra vez nos estremecen las escenas de brutalidad y crueldad humanas que pretenden ahogar deseos de libertad. Este número de familias de hoy intenta aportar algo de aire fresco, que encienda nuestra esperanza. Desde “Punto de vista”, surge con claridad la demanda de educar para la libertad. Atraídos por los valores y los bienes auténticos y ejerciendo ese compromiso a favor de los que más lo necesitan, surgen los testimonios de cuatro jóvenes protagonistas. Muchos otros los acompañan y se llega a otros niños y adolescentes que reciben y dan también la sonrisa que marca a los “Jóvenes de hoy”. Son esos valores y la solidaridad que desborda de corazones generosos los que se encarnan en las “Historias de vida”. Las que viven los chicos que aprenden a cocinar en Pilar y las que cuentan Vanina y Federico dando testimonio de compromiso y perseverancia con los que más lo necesitan. Un mundo que cambia, se globaliza y se transforma en tecnológico y virtual, con sus peligros y nuevos desafíos, donde los padres no podemos distraernos, con un lenguaje nuevo en el que chatear, twitear y estar en Facebook forman parte de la “Vida cotidiana” y pueden amenazar el estudio de nuestros hijos. Finalmente, cualquiera sea el camino elegido, si la misma pasión que busca el éxito profesional se pusiese en preservar aquello que es esencial para el hombre o la mujer –como sin duda lo es su propia familia– no habrá obstáculos ni medios adversos que nos impidan salir adelante y dejar raíces menos visibles, pero sin duda más profundas que la popularidad o la fama. Cuando con un tono desaprensivo a alguien se le escapa esa frase desalentadora… “en este país de…” tendrás para contarle varias historias que desde familias de hoy encienden la esperanza. •

Eduardo Schnitzler ¡Tu oponión nos interesa! Escribinos a: lectores@familiasdehoy.com.ar Registro Nacional de Propiedad Intelectual en trámite. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial. La revista Familias de Hoy es propiedad de la Asociación para el Fomento de la Cultura. Domicilio Legal: Conde 1612 - Capital Federal. C.U.I.T: 30-51798150-4


02 · Sumario

Punto de vista · 03

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Punto de vista

Educar para la libertad Enseñar a usar el don de la libertad al servicio del amor y del compromiso.

Historias de vida

Dueños de un corazón grande

Educar para la libertad En definitiva, se trata de enseñar a usar del don de la libertad al servicio del amor y del compromiso: enseñar a dar y a darse con generosidad a las demás personas.

Lic. en Organización y Gestión Educativa

Tres testimonios de personas que hacen de la necesidad, una oportunidad. Por Graciela M. Palau

Nota de tapa

“El matromonio necesita magia” Gabriel Corrado habla sobre su pasión por el trabajo y la predilección por su familia.

Jóvenes de hoy

Vacaciones con sabor a entrega Cada vez más jóvenes se animan a incorporar a su vida tareas solidarias.

Vida cotidiana

La pc, ¿un enemigo? Comenzaron las clases y la pc es un elemento más en el escritorio de los chicos.

¿Cómo educar mujeres y hombres libres en una sociedad masificada, globalizada, donde la opinión pública condiciona el actuar diario? Es un desafío actual. Para ello es necesario comprender quiénes somos y a dónde vamos, la hondura de nuestra propia condición y el riesgo de nuestra libertad. La libertad entendida como capacidad de vincularse, de amar y asumir compromisos, arroja una potente luminosidad a nuestra tarea educativa. Nuestros hijos, desde edad temprana, han de aprender a aceptar los vínculos que les vienen dados por la misma vida natural. En esto se juega no sólo el recto ejercicio de la libertad sino también, la salud psíquica que tantas veces se enferma por no aceptar una verdad innegable: el propio sexo, el país en que nacimos, el idioma aprendido en la infancia, la familia, la estatura o el color de ojos, el temperamento con sus rasgos hereditarios. Hemos de ayudar a elegir aquellos vínculos o lazos que valen la pena. Si les mostramos el atractivo de los bienes y los valores auténticos que nos ayudan a ser mejores personas se sentirán atraídos a acogerlos y vivirlos. Es preciso enseñarles a comprometer la propia vida, con su dimensión temporal, con aquellas elecciones libres que ya hemos asumido conscientemente en el pasado. Evitemos el temor a fomentar la autoexigencia ante los verdaderos deberes: podemos motivarles a cumplir sus obligaciones mostrándoles el porqué y para qué de lo que se exige. Al mismo tiempo, podemos generar ámbitos de libertad, no reglando lo innecesario, exigiendo con coherencia ejemplar, corrigiendo -cuando sea necesario- sin insultar ni humillar, evitando actitudes controladoras, ayudando a comprender que cumplir con

el deber supone habitualmente un considerable esfuerzo. También hacerles descubrir la alegría por la satisfacción del deber cumplido. Cuando van creciendo en edad es necesario ayudarles a asumir la responsabilidad, es decir, las consecuencias de las propias decisiones. Para esto es preciso enseñar a pensar antes de decidir: analizar las alternativas, exponer los motivos, prever las consecuencias en relación a sí mismos y a los demás de manera que asuman las decisiones con más libertad. Animarles a enfrentar la verdad con valentía, sin encubrirles ni apañarlos ante situaciones más difíciles en que tienen que defender las propias convicciones o ideas. Poniendo los sentimientos y afectos al servicio de las propias decisiones libres. Si las cosas no salen, les ayudaremos a volver a empezar, sin desánimo y respetando sus decisiones responsables aunque no nos gusten. Que aprendan a ser coherentes en las acciones y forjen virtudes, destrezas morales, es decir, comportamientos buenos que surgen con facilidad y espontaneidad cuando se ejercitan: decir siempre la verdad, actuar sin respetos humanos. Para esto es necesario ser nosotros ejemplo de esfuerzo en la práctica de las virtudes y optimismo para superar las dificultades. En definitiva, se trata de enseñarles a usar del don de la libertad al servicio del amor y del compromiso: enseñar a dar – prestar instrumentos, facilitar ayuda, dedicar tiempo a otros– y principalmente a darse con generosidad a las demás personas. Hace falta constancia y fortaleza –paciencia– para mantener conductas coherentes y exigir con cariño y firmeza. Ese es el desafío para nuestra propia libertad como educadores.•


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Dueños de un corazón grande “¿De qué manera puedo ayudarlos?”. “¿Cómo puedo mejorar sus vidas?”. Muchas veces la propia conciencia nos moviliza con este tipo de preguntas para que nos demos a quien nos necesita. Tres testimonios de personas comunes que movidos por el amor al prójimo y el sentido de responsabilidad social, decidieron arrimar el hombro para sostener a los demás. Por Dolores Navarlatz

La vorágine diaria, las agendas completas, los compromisos familiares, el cansancio acumulado, el deseo de hacer lo que nos gusta, la tentación de quedarnos cómodos en un sofá. Estas situaciones e infinitas más son las que muchas veces se nos presentan como trabas a la hora de dedicarle tiempo de nuestras vidas a la ayuda social. Sin embargo, hay quienes logran vencer esos obstáculos y se las ingenian para ayudar al prójimo desde su lugar cotidiano y sus circunstancias, y no quedarse de brazos cruzados.

Ilustración: Carolina Menso


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“Me sentía muy comprometida con la labor educativa y conocía ampliamente sus necesidades y problemáticas; algo tenía que hacer por ellos” (Cristina Murdocca).

“Hoy puedo decir que nací con esta vocación porque implica mucho sacrificio, abnegación, voluntad y en la que exponemos nuestras vidas” (Vanina Lozano).

Más que una clase de cocina, una lección de vida Cristina Murdocca tiene 51 años y desde hace muchos años trabaja como portera en la Escuela Pública N°24 en Del Viso, partido de Pilar. “Me sentía muy comprometida con toda la labor educativa y conocía ampliamente sus necesidades y problemáticas así que algo tenía que hacer por ellos. El barrio tenía muy poca oferta gratuita para realizar actividades, las familias de los chicos son muy numerosas y de bajos recursos económicos, entonces pensé en un espacio donde estuvieran contenidos y fuera de los peligros de la calle. Veía muchas niñas que después del colegio no iban a sus casas porque sus padres no estaban y que empezaban a transitar por mal camino”.

seguridad, presentación de alimentos, vestimenta, a trabajar en equipo, a estar en silencio y saber escuchar. Manejar cantidades y proporciones ayuda a los chicos a reforzar sus conocimientos de matemáticas; y leer las instrucciones, hacer una síntesis e interpretar datos fija lo aprendido en clase de lengua.

En 2009, Cristina propuso a la Dirección de la Escuela llevar a cabo un taller de cocina libre y gratuito para los alumnos, ya que a lo largo de su vida había realizado diversos cursos de gastronomía que podía aplicar. Se realizó una prueba piloto ese año y fue tal el éxito, que no dudaron en implementarlo.

Cuenta que “todo lo que hacen en el taller lo llevan a sus casas y se les dice cuánto les costó hacerlo a ellos mismos y cuánto les hubiera costado comprarlo. Esto los alienta a cocinar en sus casas y así fue que muchos hicieron sus propias tortas de comunión y confirmación”.

En 2010, se anotaron 130 chicos de segundo a sexto grado de su escuela y de otras de Escobar que pidieron inscribirse en esos mismos talleres. Con una programación anual, una vez por semana (un día distinto cada grado), después de clase y durante dos horas y media, Cristina dicta un curso de cocina en el que enseña a cocinar pastas, tartas, empanadas, tortas y galletitas. Además aprenden conductas de higiene y

Los chicos aportan sus ingredientes y materiales, pero si alguno no puede cuentan con la ayuda del Banco de Alimentos formado con el aporte de maestros, directores, otras familias y la misma Cristina, que cuando es necesario los compra de su propio bolsillo a pesar de que le resulta un gran esfuerzo.

El proyecto ayuda a mejorar la calidad del aprendizaje e incentiva a los niños a continuar los estudios hasta el final de la escolaridad. “Están tan contentos que los motiva a ir a la escuela y no abandonarla”, afirma orgullosa Cristina.

Las perspectivas para el 2011 son muy alentadoras: volvieron a

anotarse 130 chicos de las distintas escuelas de Escobar y posiblemente se extiendan estos talleres a adultos. “Yo trabajo ad honorem, lo hago por ellos. Podría estar en mi casa descansando o viendo tele, pero no los estaría ayudando”, reconoce Cristina con una sonrisa de satisfacción por el tiempo que le destina al prójimo.

“Todos los días expongo mi vida” Vanina Lozano, 34 años, vive en Ingeniero Maschwitz, estudió Recursos Humanos y es ayudante mayor del cuerpo de bomberos voluntarios de esa localidad. “Hace 12 años que estoy en el servicio de bomberos. De chica colaboraba en comedores infantiles o daba apoyo escolar, después me di cuenta que podía ayudar de otra manera y fue ahí que entré al cuartel. Hoy puedo decir que nací con esta vocación porque implica mucho sacrificio, abnegación, voluntad, sin ninguna remuneración a cambio y en la que exponemos nuestras vidas constantemente. Cada vez que voy soy conciente que arriesgo mi vida, pero siento que Dios está

conmigo. Yo lo hago por amor al prójimo, y deseos de ayudar a quien lo necesita”. “Esta profesión requiere de mucha responsabilidad, no solo porque está en juego nuestra vida, sino la de terceros. Nuestra misión consiste en la prevención y extinción de incendios, pero también intervenimos en la protección de vidas y de bienes que estén en riesgo por accidentes de origen natural, accidental o intencional”, explica Vanina. “La edad para ingresar al servicio es de 18 a 40 años, muchos se anotan pero después –en el curso de ingreso– abandonan porque se dan cuenta de que no es lo que pensaban. A veces tienen una idea equivocada de lo que hace un bombero, porque piensan que pasa mucho tiempo libre o que se relaja para llegar a destino, pero cuando ven cómo se trabaja realmente, ahí se dan cuenta de que es una profesión muy sacrificada, con mucha dedicación y obligaciones diarias dentro de la institución”. “Muchas veces recibimos malos tratos o nos gritan que llegamos tarde, pero el cuartel está preparado para salir en cualquier momento. Desde que recibimos el llamado de la víctima hasta que llegamos al lugar del hecho tardamos de 5 a 15 minutos como máximo según la lejanía o infraestructura de


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“Todas las personas que sabemos leer y escribir tenemos que devolverle a la sociedad más de lo que le estamos dando” (Federico Gelay).

los caminos. Una vez en el hecho, hablamos con las víctimas y estamos en contacto hasta que llega la ambulancia. A veces nos llega el agradecimiento de alguno de ellos y ese “gracias” es nuestra satisfacción”, cuenta Vanina.

Familia, empresa y gran vocación de servicio Federico Gelay, 32 años, está casado y tiene cuatro hijos; vive en San Isidro y es el director de una empresa familiar. Pero su actividad no se limita a padre de familia numerosa y dirigir cerca de 60 empleados, que no es poco, sino que se hace tiempo para ayudar a la comunidad. “Desde los 15 años colaboraba en comedores en villas carenciadas y durante mucho tiempo ayudé en Villa Azul en Quilmes. A finales de 2001 abrí un comedor al que venían unos 250 chicos de la Cava porque con la crisis había muchos que se quedaron sin nada para comer”, recuerda Federico. En el 2007, viendo que el país estaba un poco más estable, decidió cerrar el comedor para enfocarse en la formación espiritual y educativa de los chicos de la Cava. “Hoy damos

catequesis y apoyo escolar a 30 niños de 7 a 13 años y estamos muy contentos porque la Fundación Fonbec nos está becando a 18 alumnos por haber sacado muy buenas notas en sus respectivas escuelas. En nuestro centro contamos con un referente barrial que conoce muy bien a los chicos y los ayuda en el seguimiento, el esfuerzo y la continuidad”. “No puedo sentirme ajeno a lo que pasa a mi alrededor. La vida es el mayor de los derechos humanos, tiene un valor inviolable y una dignidad irrepetible. Comprometido con esta causa es que también integro Foro por la Vida y la Familia, y Red Federal de Familias. Como siempre digo: el derecho a la vida no es una cuestión de ideología ni de religión, sino una consecuencia lógica de la naturaleza humana”, afirma Federico. “Años atrás escuché una charla del Dr. Albino en la que dijo ‘la Argentina está así porque no tuvo dirigentes políticos con la estatura moral necesaria que le correspondía al país’. El factor de poder para cambiar la realidad de la gente está en la política; y es por eso que actualmente estoy tratando de involucrarme más en ese terreno”. “Siempre tuve voluntad de servicio y hay un mensaje que me gusta transmitir –continúa Federico–, y es que todas las personas que sabemos leer y escribir tenemos que devolverle a la sociedad más de lo que le estamos dando”. •


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Entrevista a Gabriel Corrado

“El matrimonio necesita magia” Conduce un programa en uno de los canales más vistos de la grilla local. Con más de veinte años de casado y más de veinte años de profesión, Gabriel Corrado habla sobre su pasión por el trabajo y la predilección por su familia.

Por Milagros Iroz

¿Con qué soñabas de chico? Mi gran sueño era formar una familia. Tengo una educación muy italiana y la familia siempre fue lo primero. Esto parece una frase de Marlon Brando en El Padrino pero no, para mí siempre fue una prioridad; desde muy chico soñé con casarme y tener hijos. También soñaba con trabajar como actor. De hecho, me acuerdo estar mirando televisión con mi madre, una novela que se llamaba “Rolando Rivas, taxista”, y haberle dicho a mi vieja que algún día iba a estar allí. No sé si mis padres en su momento se lo tomaron en serio porque yo era muy chiquito.

¿Y cómo se fue manifestando ese perfil de actor? El colegio a donde iba tenía una inclinación muy artística en lo que tenía que ver con la actuación y la música. Durante la pri-

maria me encantaba actuar y participaba en todos los actos del colegio. Además me gustaba mucho jugar a disfrazarme con mis hermanos y con mis amigos, nos vestíamos de Batman, de cowboys. Si lo pensás, la traducción de “actuar” en inglés (play) y francés (jouer) es “jugar”. Claro que también me gustaba curar animales, y pensé que podía llegar a ser veterinario, y también médico.

De hecho, entraste a la Facultad de Medicina. Sí, cuando terminé el colegio entré a la Facultad de Medicina; sobre todo por una cuestión social. Estudié dos años pero me di cuenta de que lo que profundamente me gustaba era actuar. Decidí dejar la facultad, después de haberlo hablado con mis viejos, y empecé a estudiar teatro de una forma profesional.


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“Me acuerdo estar mirando con mi

“Me siento feliz de haber formado una

madre una telenovela y haberle dicho

familia y también de poder vivir, desde

que algún día iba a estar allí”.

hace muchos años, de lo que me gusta”.

¿Qué cosas buenas tiene esta profesión? Tiene muchas cosas muy buenas que tienen que ver con vivir de lo creativo. Como actor uno interpreta muchos personajes, y de alguna manera, es como vivir otras vidas. El contacto con el público también lo veo como algo positivo; es sentir un afecto constante a donde vayas. Por otro lado, tengo una carrera bastante internacional y eso también tiene un valor agregado. Es muy fuerte llegar a un aeropuerto en el exterior y sentir el cariño del público. Todas esas cosas son realmente un plus que no pasan en otras profesiones.

pero a mí me interesa preservarla. Llega un punto donde uno no sabe si es un personaje o una persona.

¿Y qué sería lo negativo?

¿Cómo se fueron dando las cosas una vez abocado al teatro? Me formé como actor y con mis compañeros de teatro armamos un grupo para irnos de gira por distintos lugares del interior del país. La primera gira fue por teatros de Córdoba, donde había un público que pagaba por su entrada. Tenía 21 años.

Tuviste un buen 2010 y comenzaste el 2011 con dos programas en los canales más vistos de la grilla local. ¿Cómo te sentís? Me siento feliz de haber formado una familia y también de poder vivir, desde hace muchos años, de lo que me gusta. Esto último parece poco pero es mucho, porque a veces uno no sabe lo qué quiere.

Lo negativo es que estás muy expuesto personalmente y tenés que tener la moral muy alta y la autoestima muy fuerte. Uno está muy expuesto y, si bien de alguna manera lo buscó, se puede meter en la boca del lobo con esto de la búsqueda de la popularidad. Uno hace esto para que lo vean, pero también para que lo quieran. Y cuando hay críticas, indirectamente son dirigidas a uno; no solo a la interpretación sino también a lo físico. Hay que ser fuerte para bancar todo eso.

Además se trata de comentarios que, por extensión, también le llegan a la familia. Sí, a veces puede ser positivo pero también puede ser negativo. La exposición te expone, como la misma palabra lo dice, y por eso hay que tener mucho cuidado; manejarse de forma inteligente. En mi caso, yo trato de que lo vinculado a la prensa esté muy relacionado a mi trabajo, no tanto a la exposición familiar; no hacer de mi familia un reality show. Hay gente que lo hace, allá ellos,

Tu vida familiar ha ido creciendo a la par de tu vida profesional. ¿Cómo se entrecruzan estos dos mundos? Mi trabajo es una pasión, la actuación es una pasión. Pero muchas veces he tenido que decir que no porque si no, cuándo estoy con mis hijos y con mi mujer. Si de las 24 horas del día 18 estás trabajando, es muy difícil tener un rato para estar con tu familia. Siempre, dentro de las posibilidades, intenté priorizar a mi familia. Y cuando tuve que viajar al exterior por trabajo, salvo que fuera por muy poco tiempo, nos fuimos todos juntos. En eso Constanza, mi mujer, siempre me ayudó mucho y se sumó a la aventura de vivir en otro país. Y resultó muy enriquecedor, tanto para el matrimonio como para la familia entera.

Entiendo que debés tener jornadas largas de trabajo. ¿Cómo te reencontrás con tu familia? ¿Coinciden todos juntos en algún momento del día? Normal, como cualquier familia. Mis hijos van al colegio y a la facultad, y siempre comemos a la noche juntos. Soy un padre presente a pesar de mi trabajo y mis ocupaciones. Los fines de semana estamos juntos, más allá de que ellos también tienen sus actividades.

PERFIL Fecha y lugar de nacimiento: 12 de diciembre de 1960, Buenos Aires. Edad: 50 años. Estado civil: Casado con Constanza Feraud y padre de tres hijos: Lucas 20, Lucía 18 y Clara 9.

¿Y las vacaciones, cómo les gusta pasarlas? En verano tenemos un momento en el que nos vamos todos juntos, y después quizá los más grandes hacen algún otro programa con sus amigos. También nos hemos ido a esquiar todos juntos, o

Profesión: Actor, conductor y socio –con su mujer– de la productora CTV Contenidos.


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“Mis tres hijos tienen una fuerte

“El sentido del humor me parece clave

formación artística, es algo que llevan

en el matrimonio; no como una pose

genéticamente y hemos fomentado

sino tratar de divertirse con la otra

que lo desarrollen”.

persona”.

de vacaciones a otro país. Allí, como yo digo, no hay ‘invasores’; estamos nosotros solos y la pasamos bárbaro. Hace un par de años nos fuimos a esquiar y yo propuse ir en auto. Al principio me odiaron un poco pero la pasamos todos muy bien.

¿Tus hijos también tienen un perfil artístico? Sí, los tres tienen una fuerte formación artística; en el colegio formaban parte de la orquesta. Es algo que llevan genéticamente y hemos fomentado que lo desarrollen porque creemos que es bueno tener un canal de expresión en lo artístico.

¿Y cómo son los tiempos del matrimonio? ¿Les parece importante invertir tiempo en ustedes? ¿Tienen alguna costumbre o rutina en este sentido? No somos de viajar mucho solos porque siempre priorizamos el hecho de salir en familia –aunque quizá deberíamos aprender–, pero sí salimos a comer solos y tenemos un momento en el día, a la noche, donde nos tomamos una copita de vino y nos contamos lo que hicimos. Comunicarnos nos hace muy bien, hablar es clave en una familia, en una pareja. Es necesario saber qué le está pasando al otro para que uno no vaya por un lado, y otro por el otro; estar en sintonía.

Te he escuchado decir que el buen humor y la creatividad son caballos de batalla a la hora de enfrentar una crisis matrimonial. ¿Qué otras armas o tácticas se te ocurren para sortear momentos adversos?

Hablar y saber qué le pasa al otro es muy importante; no suponer, no dar por entendido. Me parece que una pareja debe crecer de forma conjunta y si no uno tiene que tratar de ayudar al otro. Tanto el hombre a la mujer, como la mujer al hombre. Y entregarse, ceder… sentir que está muy bien aprender, a cualquier edad, en cualquier circunstancia. Pero estas no son recetas porque en esto no hay recetas. Lo del sentido del humor me parece clave. No como una pose sino tratar de divertirse con la otra persona. Para que sea una comedia romántica y no un drama; para que la vida de uno también sea una vida de película. El matrimonio necesita cierta magia, no hay que perder el romanticismo.

tecnologías. Gente que está todo el día en internet o con el móvil, y eso trae problemas; problemas que antes no existían y me sorprenden. En esos casos, te das cuenta que la máquina está dominando al hombre. Si uno no se da cuenta, puede ser una madre o un padre presente pero, en vez de estar compartiendo tiempo con ellos, jugando o conversando, está metido en la computadora. Y eso no está bien. Si estás trabajando, bien, pero llega un momento en el que tenés que poner un límite porque si no eso te aísla absolutamente y no te enterás de lo que le pasa a tu mujer y a tus hijos.

Conducís, a diario, un programa sobre matrimonios. No sos un experto en el tema pero sí un hombre con muchos años de casado en tu haber. ¿Qué podés contar de esa experiencia?

Más que un consejo es la educación que me han dado mis padres. Ellos han hecho que yo deseara formar la familia que hoy tengo. Hay muchas cosas que se dicen y otras que no pero uno las tiene como selladas en su código genético.

La conducción me divierte mucho. Lo había hecho en España hace muchos años, nunca en Argentina, y lo disfruto, me sale una energía distinta a cuando actúo. Si bien no todo es risa, porque no todo es jolgorio, cuando se puede intento aportar sentido del humor como forma de aflojar situaciones tensas. A veces problemitas pequeños, si uno los va acumulando, se transforman en una especie de tsunami y la cosa se complica. Por eso me parece muy importante estar cerca de la pareja de uno, en “vivo y en directo”.

¿Alguna cosa que te llame la atención respecto a los problemas que llevan las parejas al programa? Sí, hay casos que me sorprenden y tienen que ver con las nuevas

¿Cuál es el mejor consejo que te han dado en relación con lo familiar?

¿A quién agradecés hoy en día todo lo que has conseguido y tenés? Agradezco a Dios, creo que te ilumina de alguna manera el camino, agradezco a mis padres por la educación que me han dado, y a mi mujer que es fundamental en esto que hemos construido juntos. En lo profesional, agradezco a un montón de gente que me ha ayudado. A mucha gente que a lo largo de esta carrera me ha enseñado, ha creído en mí, me ha dado trabajo. Y al público, que es quien te sube o baja el pulgar. El público conmigo es muy cariñoso. •

“Mi trabajo es una pasión pero muchas

“Con Constanza tenemos un momento

veces he tenido que decir que no

donde nos tomamos una copita de vino

porque si no, cuándo estoy con mis

y nos contamos lo que hicimos”.

hijos y mi mujer”.


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Vacaciones con sabor a entrega ¿Estás entre los 18 y los 25 años? ¿Tenés tiempo libre a lo largo del año? ¿Para qué lo aprovechás? ¿En qué lo invertís? ¿Acaso alguna vez pensaste en ayudar a los demás? En estas páginas te contamos cómo cada vez más jóvenes –movidos por la curiosidad, el interés de conocer nuevas personas y realidades y, sobre todo, el compromiso de darse a los demás– se animan a incorporar a su vida tareas solidarias.

“Fui haciéndome amiga del resto de los misioneros y llegamos a compartir muchísimas cosas juntos, además de las misiones” (Mercedes).

“Al principio puede chocarte ver tanta necesidad pero de inmediato te das cuenta que estás haciendo algo por eso” (María Paula).

“La necesidad de hacer algo para cambiar las cosas, aunque sea un poco”, fue el motor que llevó a María Paula Ayala (25) a acercarse a este tipo de actividades. La flamante abogada viajó este año junto al Grupo de jóvenes de la Universidad Austral. “Viajamos a La Quiaca (Jujuy) cerca de 30 chicas con más de 450 cajas con donaciones. Aprovechamos el viaje de ida para conocernos más entre nosotras y paramos en una escuelita albergue en un pueblo que se llama Yavi, que era nuestra base. Desde allí todos los días partíamos a distintas escuelas de frontera a realizar actividades de educación, salud, formación humana, infantiles y feria de ropa. Además pudimos entregar donativos muy importantes como agua potable en grandes cantidades en sectores en los que escasea, y medicamentos en hospitales”.

viajes solidarios. Uno a comienzos de enero junto al grupo de la Universidad Católica Argentina (UCA) que la llevó a conocer el pueblo “Los Menucos”, en Río Negro. El otro a finales de enero y comienzos de febrero en “El Tala”, al sur de Salta. La peculiaridad del segundo fue que participó con su familia.

Por Carolina Cardozo

Cada vez son más los jóvenes que, durante las vacaciones de verano, combinan las salidas con amigos, el descanso familiar, la playa, los boliches, el deporte y las iniciativas de voluntariado social. Cuatro chicos narran en esta nota sus vivencias en la tarea de trabajar para los demás en zonas rurales del interior del país, lo movilizador que resulta la experiencia y cómo lo comparten con el resto de sus amigos. También cuentan el porqué y para qué de semejante entrega y qué pasa una vez que llegan a casa y retoman su rutina.

Curiosidad, entrega y amistad “Empecé a misionar hace ya siete años y la verdad es que un poco por curiosidad; sabía que algunos chicos del colegio iban y volvían muy contentos, y en cierta forma, ‘transformados’. Siempre me generó un poco de intriga saber qué era eso que

tanto gustaba y movilizaba a la gente. Lo único que necesité fue acomodar un poco mis tiempos y un verano me animé a dar el salto; a dejar mis miedos y dudas atrás y a confiar en que si Dios me llamaba a eso era porque realmente me iba a hacer bien”. Así relata Manuel Abella (24 años), estudiante de Derecho en la Universidad de Buenos Aires (UBA), su acercamiento al Grupo Misionero Santa María de la Estrella. Mercedes Ruiz Luque (22), estudiante de Ciencias de la Comunicación Social en la UBA, cuenta: “Entré en el grupo de misión de la Capilla del Colegio Marín cuando el sacerdote del colegio en el que estudiaba me invitó. Me entusiasmaba el hecho de conocer gente de mi edad que tuviera los mismos valores y la misma fe, así que a la primera reunión, ya me había incorporado al grupo. Con el tiempo fui haciéndome muy amiga del resto de los misioneros y llegamos a compartir muchísimas cosas juntos, además de las misiones”.

Una labor que contagia María de la Paz Miguel (23) estudia Profesorado de Educación Inicial y este verano tuvo la oportunidad de participar en dos

“Las dos experiencias fueron muy buenas, pero diferentes en cuanto a la convivencia y los lugares. En Río Negro, al ser una actividad universitaria fuimos chicos de 18 a 25 años y estábamos divididos en áreas: económicas, agrarias y sociales; y al mismo tiempo se realizaban actividades catequísticas. En mi caso, en el área de sociales nos encargábamos de trabajar sobre la identidad del pueblo, en torno a qué significa formar parte de esa comunidad y ser argentinos”. Cuenta que crearon unas calcomanías sobre el sentido de pertenencia al pueblo que decían: “Soy de Menucos, Río Negro. Soy Argentino”, y trabajaron en la gestación de un programa de radio.


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Contame, ¿por qué participar en actividades solidarias? “Es ir a hacer el bien, no importa si conocemos a la otra persona, si nos cae simpática o no; es simplemente brindarse a los demás, a todos sin distinción y sin medida. Se puede hacer de miles de formas, regalando una sonrisa, un abrazo, un gesto, acompañando en el silencio, escuchando o compartiendo, hay miles de formas de amar, eso es misionar para mí: amar al otro. Es una experiencia que me renueva y me llena las pilas de cara al año nuevo que se viene. Realmente me ayuda a plantearlo y ver de qué manera lo puedo encarar”. Manuel, 24 años.

Y a vos, ¿te gustaría conocer más? Aquí te presentamos sólo algunos de los grupos que llevan adelante este tipo de actividades. Además, podés averiguar por intermedio de tu colegio, universidad o la pastoral de tu zona.

“Mi mamá, mi papá y yo nos sumamos a la propuesta y luego continuamos nuestras vacaciones por el norte” (Ma. de la Paz).

“Cuando volvemos hay que conciliar lo mejor de los dos mundos, la paz y esperanza que una misión transmite, y la realidad de cada uno” (Manuel).

“Es dar lo mejor de uno a los demás. ¿Por qué? Porque otros lo necesitan. Me encanta, me siento muy bien y útil. El sentido del humor en todos los grupos siempre fue lo que predominó. Encaro el 2011 pensando en un nuevo viaje, con nuevas ideas de cómo lo podemos mejorar y contagiar a todo el mundo las ganas de ayudar”. Paula, 25 años. “Es ir a transmitir lo que uno vive desde la fe y poder compartirlo dando testimonio alegre de eso. Es una experiencia completamente recíproca, la gente te abre las puertas de par en par y uno también cuenta su experiencia. Es una forma de compartir cómo uno vive, encontrarse con los demás y de aprender a conocer otras realidades. Lo importante es que lo que se siembra en esos días de misión intensivos, no se pierda durante el año”. María de la Paz, 23 años. “Para mí misionar es llevar a Dios a la gente que uno se cruza. No sólo los días de misión específicamente, sino todos los días de mi vida. Me llena mucho esta actividad, quizás principalmente el hecho de que uno recibe mucho más de lo que va a dar, los abrazos de los chiquitos con los que jugamos, las sonrisas de sincero agradecimiento de la gente que vamos a visitar a su casa, el gesto con el que nos ofrecen unos mates y la alegría incontenible de todos los chicos del grupo”. Mercedes Ruiz Luque, 22 años.

En la experiencia “familiar” a Salta –cuenta María de la Paz– “no estábamos divididos en áreas, visitábamos las casas por la mañana y organizábamos actividades al aire libre por la tarde en diferentes comisiones: niños, jóvenes y adultos”. Esta joven cuenta que se acercó al grupo por su hermano, que ya estaba misionando desde hacía tres años. “Mi mamá, mi papá y yo nos sumamos a la propuesta y luego continuamos nuestras vacaciones por el norte”.

Contraluces que se encauzan Las experiencias que se viven y las necesidades que se ven cuando uno se adentra en los pueblos del interior suelen ser duras. Entonces, ¿cómo procesar estas dos realidades que conviven en un mismo verano? “Al principio puede chocarte ver tanta necesidad pero de inmediato te das cuenta que estás haciendo algo por eso; te re-

ponés y te contagiás de las pilas de todos. Es una experiencia muy enriquecedora, recibís muchísimo. En general, viajo con familia y amigas y si bien las actividades son distintas, te divertís al mismo nivel que con tus amigas en otro tipo de viaje y creces el triple”, confiesa Paula Ayala. En el mismo sentido, María de la Paz Miguel resume que “si bien son dos realidades bastante distintas, todo forma parte de nuestra vida”. Con sensatez de adulta reconoce: “no puedo separar la vida que yo tengo, sino que incluyo todos los aspectos y los integro, las dos cosas son necesarias y están buenas. Uno es un todo, yo no soy una persona cuando voy a misionar y otra cuando me voy de vacaciones con mi familia, más allá de que las circunstancias sean otras”. Manuel Abella, por su parte, reconoce que el contraste entre misionar y después pasar a estar de vacaciones con su familia es grande. “Generalmente los primeros días uno anda medio

Grupo Misionero Santa María de la Estrella. Más datos en: www.stame.com.ar Santa María del Rosario y Juan Pablo II, está formado por jóvenes de la Capilla del Colegio Marín de San Isidro. Más datos: pastoral@marin.edu.ar Facebook: Santa María del Rosario y Juan Pablo II. Solidaridad Austral (no excluye a quienes no sean alumnos de la Universidad). Contacto: solidaridad@austral.edu.ar Facebook: Solidaridad Universidad Austral Universidad Católica Argentina, Pastoral UCA (estudiantes de cualquier facultad). Contacto: grupomisionerouca@googlegroups.com; pastoral@uca.edu.ar

perdido, como en ‘otra frecuencia’. Porque el clima que se genera en una misión tiene mucho de eso, de cambiar de frecuencia y reordenar las prioridades diarias. En cambio, cuando volvemos a nuestras familias, a nuestros amigos, todo sigue igual; ellos no cambiaron. Entonces hay que adaptarse e intentar conciliar lo mejor de los dos mundos, por un lado la paz y esperanza que una misión transmite, pero también la realidad familiar de cada uno”, describe Manuel. “Ser misionero es una responsabilidad”, opina Mercedes Ruiz Luque. “Se trata de ser coherentes entre lo que hacemos y decimos en un lugar, y lo que hacemos y decimos en otro. Creo que uno mismo, por más de que no lo haga voluntariamente, contagia la alegría y el entusiasmo de haber ido a misionar. Por lo general, la gente que no lo practica no conoce lo que es, pero a esa gente le interesa saber por qué un grupo de chicos destina parte de sus vacaciones a ir a ayudar a un pueblo. Se interesa y pregunta todos los detalles”. •


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La pc, ¿un enemigo? Empiezan las clases, volvemos al colegio y esperan los libros, apuntes y –en ocasiones– la pc. Suena el timbre, terminan las clases, volvemos a casa y espera la computadora. ¿Rival del tiempo de estudio?

Buenos Aires se propuso llevar adelante el Plan Integral de Educación Digital (PIED). La licenciada Mara Villanueva trabaja en la implementación de dicho Plan y en la Coordinación de Proyectos Educativos Digitales de la Escuela de Educación de la Universidad Austral. Refiriéndose a la iniciativa del Gobierno, explica que los objetivos trascienden la entrega de equipos, porque el tema es mucho más complejo que el tecnológico dado que, “tiene que ver con nuevas formas de aprender, enseñar, comunicarse, conocer, crear, divertirse y analizar el mundo que nos circunda”.

Por Clara Fontan

Sacarme los zapatos; tomar el té; mirar televisión; descansar... A los motivos por los que tradicionalmente los jóvenes estudiantes han deseado que suene el último timbre del día, hace algunos años se ha sumado uno más: “Conectarme”. Y ese ring, además de ser un sonido, puede suponer también un verdadero escenario de lucha entre padres e hijos. Está claro que vivimos en una era digital, y que los jóvenes de hoy nacieron y crecen bajo esquemas diferentes. En este proceso de transformación, mucho tienen que ver las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), las cuales, aparte de abrir un nuevo mundo lleno de oportunidades, traen consigo nuevos riesgos. Entre otros, la manera en que afectan al rendimiento académico de las nuevas generaciones.

Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia de Letras.

La articulación de dos mundos

Aprender a leer. ¿Otra vez?

A cada avance tecnológico le sigue un proceso de cambio que inevitablemente pondrá de manifiesto una generación que nació con él, y otra que lo recibirá como una novedad. Esta realidad debería llevar a una reflexión profunda acerca del uso de las TIC por parte de los jóvenes. Un análisis que se extienda más allá de los límites sobre el tiempo de uso, y que se anime a preguntas más audaces que contribuyan a conocer y comprender el problema: ¿Qué diferencias existen en el procesamiento de la información entre los nativos digitales y quienes emigran a ese mundo? ¿Cuál es el futuro de la escuela? ¿Cuál es el rol de los padres?

Cada medio tiene su lógica y cada generación su modo de apropiación. Por eso, ante el interés de educar a las jóvenes en el uso de los medios, se presenta el desafío de aprender a leerlos. Con ese propósito el Dr. Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia de Letras, coordinó el trabajo de distintos profesores que publicó la Editorial Santillana bajo el título: “No seamos ingenuos. Manual de lectura inteligente de los medios”. En el capítulo elaborado por el profesor Roberto Igarza, se lee: “Los nativos digitales prefieren procesar imágenes y sonidos, más que textos”. Conocer estas transformaciones para adaptarse en los métodos de enseñanza, es en opinión del Dr. Barcia, una tarea urgente para el futuro de la educación: “Urge una alfabetización digital de padres y docentes. Los jóvenes tienen conocimientos de las técnicas, y la falta de preparación de los adultos los lleva a no ser respetados”, afirma.

Como fruto de esa reflexión, y con el objetivo de integrar los procesos de enseñanza y de aprendizaje de las instituciones educativas a la cultura digital, el Gobierno de la Ciudad de

“Urge una alfabetización digital de padres y docentes; los jóvenes tienen conocimientos de las técnicas, y la falta de preparación de los adultos los lleva a no ser respetados”.

El catedrático aclara que “la destreza en el uso de la técnica, no garantiza la educación”, y plantea que el problema fundamental radica en la tergiversación de conceptos como “inteligencia” con el de “capacidad técnica”. En esa línea ejemplifica que “proponer a un alumno la tarea de investigar en internet es lo mismo que mandarlo al vacío si no se le dan pautas”. Junto con la necesidad de ofrecer información básica sobre fuentes, destaca también la importancia de enseñar a los jóvenes a “seleccionar, a tener capacidad de síntesis e integración de textos para llegar a la elaboración de un texto original, propio. Si esto no se hace volvemos a la salita rosa del jardín de infantes, donde nos daban tijera y pegamento y nos enseñaban a hacer un collage”, dice.

Ni tiranos ni permisivos, confiados Padres y educadores adoptan diversas posturas respecto al uso de la pc. El Dr. Barcia sintetiza: “la falta de actualización digital, impide que padres y docentes sepan poner límites, por eso adoptan dos posturas: tirana o permisiva”. Aunque esas situaciones resultan muy comunes, se asoman también ejemplos de padres e hijos que, han encontrado el equilibrio: “No me repiten todo el tiempo que deje la compu. En cambio, sí me dicen que soy grande y que confían en que manejo mi tiempo”, dice una estudiante de 17 años. Y una madre de tres adolescentes comenta: “Cuando noté que empezaban a bajar las notas hablé con cada uno y les dejé claro que contaba con que asumieran su responsabilidad personal”.


22 · Vida cotidiana

“Debemos acompañarlos no como meros espectadores pasivos sino como usuarios activos, ya que para los chicos el mundo virtual es un mundo real en el cual transcurre parte de sus vivencias cotidianas”.

Por su parte, la licenciada Villanueva considera que las situaciones disruptivas se generan “cuando en el hogar no hay pautas y límites claros”. Sin temor, utiliza el término “obligación” para referirse al nivel de responsabilidad que tienen los padres: “Debemos acompañarlos no como meros espectadores pasivos sino como usuarios activos, ya que para los chicos el mundo virtual es un mundo real en el cual transcurre parte de sus vivencias cotidianas”. Considera que así como existe una preocupación para que adquieran conocimientos para transitar el mundo concreto, es importante que los padres “seamos formadores inteligentes para que se transformen en ciudadanos digitales competentes; que sean capaces no sólo de consumir contenidos sino de producirlos, catalogarlos, discernir lo que es bueno y lo que es malo para ellos, analizarlos y tener frente al mundo virtual una mirada creativa y a la vez crítica”. Al evaluar la experiencia del Plan Integral de Educación Digital y otras iniciativas que se están desarrollando en todo el país, la conclusión de Villanueva es optimista: “los padres se han sentido involucrados personalmente y con una fuerte responsabilidad en el proceso, dado que muchas familias no están alfabetizadas digitalmente y perciben que deben comenzar a transitar el camino hacia la inserción en la cultura digital de la mano de sus hijos”.

Ahora estudio, ahora me conecto. Florencia Amaya es Licenciada en Psicopedagogía y Coordinadora del Departamento de tutorías del Colegio El Buen Ayre. Con su experiencia en el trabajo de orientación en problemas de aprendizaje, ofrece algunos consejos útiles para acompañar a los hijos. Los chicos son conscientes de la dificultad que tienen para despegarse de las pantallas. Esto no quiere decir que hagan algo real por evitarlo. Generalmente se manifiesta en quejas sobre el propio comportamiento porque, “se me fue la tarde” o porque “estoy muerto porque me enganché en Facebook hasta las mil...”. La postura del adulto varía según las edades. En el caso de los más chicos, es bueno que exista un horario y que durante la semana sea un “bien escaso”. En el caso de los adolescentes, el consejo debe estar dado con respeto a la libertad y apoyándose en el propio conocimiento. Muchas veces las tareas se deben hacer en la computadora, por eso la única forma de ayudarlos es haciéndoles ver los beneficios y las dificultades de su uso. Como cada chico es distinto hay que ver con ellos en qué momento del día les resulta más fácil concentrarse. Ayuda el consejo de armarse bloques de estudio “químicamente puros” para que se acostumbren a estudiar y luego conectarse. Los adolescentes de hoy tienen la capacidad de hacer más cosas que antes, por eso es importante motivarlos para que se involucren en proyectos que supongan desafíos. Para ser buenos padres los adultos necesitan familiarizarse con las nuevas tecnologías. Esto facilitará la relación con ellos y el disfrute de intereses comunes. La computadora tiene que estar en un lugar común y con la pantalla mirando para la puerta, de manera que cualquiera que pase pueda ver qué hace el usuario. Los padres deben evitar hacer alarde del “yo no entiendo nada” porque lleva a que los hijos pierdan la confianza y, a pesar de que no lo demuestran, necesitan que sus padres sean referentes sólidos.

Florencia Amaya, psicopedagoga: “es buen o que durante la semana la pc sea un bien escaso”.


24 · Ingenio y humor

Sudoku Es un juego matemático con un tablero de número dividido en bloques, en 3 filas y 3 columnas. Dentro de cada bloque hay 9 números, también colocados en 3 filas y 3 columnas. El objetivo del juego es completar, incorporando los números que faltan en las casillas vacías, respetando esta regla: Toda fila, columna y bloque debe contener los nueve números: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9. Cada número debe aparecer una vez y sólo en cada una de filas, columnas y bloque del tablero.

Humor



Revista Familias de Hoy nº 4