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Hacia atrás en el tiempo Pasear por Praga es saborear sus contrastes, su idioma fuerte y áspero, las imágenes del metro urbano entre personas que viajan al trabajo y uno que otro mendigo, contra el flujo turístico que abarrota las calles medievales de la Stare Mesto –o ciudad vieja. En este sitio descansa el impresionante Reloj Astronómico, más dedicado a describir las órbitas del Sol y de la Luna que al tiempo en sí. En la plaza de la ciudad vieja prevalecen construcciones del siglo XIV y un espíritu de fantasía vetusta. La Ciudad Vieja está conectada con la Malá Strana – ciudad pequeña– a través del paso más reconocido de Praga que es el Puente de Carlos. Baste decir para dar una dimensión de su antigüedad que la primera piedra fue colocada en 1357, y ahora no es sólo un pasaje peatonal sobre el Río Moldova, sino el lugar de citas de cientos de músicos, dibujantes, artesanos que ofrecen toda clase de objetos y, sobre todo, extraordinarias experiencias. Museografía del medievo Al pasar el puente se eleva sobre cualquier creación del imaginario medieval el castillo más grande y bello del mundo. Ahí está flamante, con sus torres y palacios robándole la belleza a los alrededores: el Castillo de Praga. La UNESCO lo nombró Patrimonio Cultural de la Humanidad y cada turista suspira bajo sus relieves tallados. En sus lindes, la guardia élite del monumento pasea vestida de azul celeste, cargando un mosquete de cuento, mientras vigila con impavidez cada rincón.

Antes de cruzar de regreso el Puente de Carlos, recomendamos comer en alguno de los restaurantes que se encuentran en sus bordes, al pie de las aguas del río; la fluidez sólida contra el tiempo congelado en edificaciones es el mejor aderezo para un platillo tradicional. Nove Mesto... ... o la Ciudad Nueva. Ésta es otra Praga, más viva, más actual y un poco incierta, pues por las noches la seguridad del turista está en duda. Pero el día es perfecto para contemplar la extensa plaza de Wenceslao, donde todo pasado se difumina en hoteles bulliciosos, restaurantes que reciben a viajeros internacionales y tiendas de marcas modernas. Sólo el Museo Nacional que funge como cabecera de la avenida da un aire de antaño, que contrasta cuando se observan en sus escalones a los praguenses fumando y relajándose. La Casa Danzante es un edificio deconstructivista que en verdad ofrece esa idea de movimiento y que rompe con la Praga de cuento de hadas. Está situado en los barrios que dan a la rivera del Río Moldava, una zona llena de construcciones modernas y residencias ostentosas. Si se ve con cuidado, se encuentra en sus curvaturas a un par de bailarines en movimiento. Y es que el corazón de la República Checa hace eso: oscila de un ritmo histórico a otro contemporáneo, siempre agitando el aliento y despertando pasiones en sus visitantes.

FEBRERO MARZO 2017 INTERACTUANDO 21

Revista Interactuando Marzo 2017  
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