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por Materazzi. En política, las reiteradas amenazas entre opositores, o simplemente las advertencias públicas, evidencian la voluntad de disuadir el accionar del interlocutor8. Estas herramientas –movimientos estratégicos en el lenguaje de la teoría de juegos– buscan justamente lograr objetivos estratégicos sin recurrir al uso de la fuerza o la coerción. De manera literal, Schelling propone que “un movimiento estratégico es aquel que influencia la elección de otra persona, en una forma favorable al interés propio, afectando las expectativas del otro respecto al comportamiento de uno”9.

guayasenses con peninsulares, a partidos y líderes políticos, a Colombia, e incluso a Estados Unidos. Todos los frentes de conflicto fueron abiertos con una encuesta en mano y modulados en función de los resultados que proveía el monitoreo de opinión. El regateo entre conflicto y acuerdo con los distintos sectores que disponen de poder10 ha marcado el ritmo de la Presidencia de Correa. En lo que tiene que ver con la influencia que ha logrado construir el gobierno de la revolución ciudadana frente a los grupos cuyo accionar le es significativo, tomando

En política, las reiteradas amenazas entre opositores, o simplemente las advertencias públicas, evidencian la voluntad de disuadir el accionar del interlocutor Una Estrategia [criolla] del Conflicto

Reconociendo nuestra incapacidad para ser exhaustivos en la presentación de los conceptos de Schelling que hemos creído relevante aplicar en un análisis del contexto político ecuatoriano, en las líneas siguientes cotejamos las prescripciones teóricas que hemos enunciado antes de manera sucinta, con algunos de los movimientos estratégicos que han caracterizado el accionar del Gobierno de Rafael Correa Delgado, y reflexionamos, desde una perspectiva Schelling-iana, sobre el posible advenimiento de un “Gran Acuerdo Nacional”. Aún al día de hoy, al inicio de un segundo período presidencial, es poco probable que alguien reconozca que la legitimidad de la que goza Rafael Correa se debe en gran medida al nivel de conflictividad que caracteriza su discurso y su accionar. Como ciudadanos de a pie, acostumbrados al ritmo monótono de nuestras existencias, hemos asociado en nuestro imaginario la conflictividad con una valoración negativa, que genera incomodidad, disgusto o molestia; sin embargo, simultáneamente, hemos en nuestra gran mayoría sido presa –en alguna medida– de los objetivos de una deliberada estrategia [criolla] de conflicto, cuya eficacia se evidencia en no pocos resultados electorales. Fue desde muy temprano en el ejercicio del poder que el gobierno de la revolución ciudadana evidenció su voluntad de marcar un ruptura respecto a la política tradicional ecuatoriana. Al no postular candidatos al entonces Congreso Nacional, el movimiento gubernamental sentó claramente su mensaje de conflicto: no habría regateo al interior del Congreso. Así fue, la tarea legislativa se resumió en un todo o nada: relevo de legisladores y posterior mayoría para PAIS, sustentando las acciones políticas en la complacencia de una ciudadanía cansada de los acuerdos legislativos del pasado. Asimismo su discurso confrontó secuencialmente, y entre otros, a pelucones, a

como eje la conflictividad, el número de ejemplos es evocador. Con el desarrollo de un altamente especializado aparataje de inteligencia política, la disponibilidad de información privilegiada sobre detractores o gérmenes de oposición facilitó sustancialmente la tarea de disuadir, sin tan siquiera recurrir a la acción11, esa no-pocas-veces-voceada contra-revolución. Mediante el paradigmático proceso de incautación de los bienes Isaías, se remitió un clarísimo mensaje disuasivo al sector empresarial y a la oposición de derecha, respecto al riesgo de querer jugar de igual a igual con el gobierno. ¿No será por eso, vale preguntarse, que sin que existan contactos sistemáticos entre gobierno y sector productivo privado, los gremios y las empresas han modificado sus conductas para adecuarse al nuevo contexto político? El proceso de Teleamazonas en el CONARTEL, ¿no es también una acción susceptible de leerse como mensaje de disuasión dirigido al canal y a otros generadores de opinión del país respecto a cómo ejercer su tarea crítica? En política externa, el ejemplo de oro es la conformación de la coalición ALBA+Irán, sobre la que no pocos analistas han manifestado su desconcierto. Y es que la estrategia no es ideológica, y la revolución ciudadana prefiere apalancar un discurso marginal que pueda infligir daño a los beneficiarios de la globalización económica, antes que alinearse con estos últimos y volverse una pieza insignificante en su andamiaje. Dicha decisión es estratégica en la medida en que aumenta su capacidad para regatear en el concierto internacional. En breve, el gobierno nacional ha recurrido sistemáticamente al conflicto pues en la medida que le indican las encuestas, su apalancamiento político y su capacidad de lograr objetivos estratégicos, sigue siendo mayor confrontando que abriendo la puerta a la cooperación.

Una verdad a “medios”

Para cerrar…

No es sin pena que todos quienes nos preocupamos sobre la política debemos tomar partido en ocasiones respecto al pensamiento estratégico: muchos llaman pragmatismo a la capacidad de tomar decisiones en función de los resultados y no en función de los medios –otros lo llaman maquiavelismo. Sea cual sea el caso, parece que resulta más sencillo comprender lo que sucede en nuestra política nacional desde una perspectiva de análisis estratégico, que desde una lectura ideológica, imprescindible, sí, pero también a menudo imprecisa para estas cosas. Schelling, en ese marco, con su Estrategia del Conflicto –en versión criolla– parece seguir vigente cuando hemos revisado a través de algunos de sus prismas teóricos la poca probabilidad de encontrar en un futuro cercano ese gran acuerdo nacional. Referencias 1 Con el avance conceptual de la teoría de juegos desde la publicación del libro hasta la actualidad, sería posible traducir completamente La Estrategia del Conflicto en fórmulas matemáticas. Esto, sin embargo, no dejara de ser una importante pérdida pues la utilidad de la teoría de juegos es justamente la inversa: servir a la mejor comprensión de fenómenos sociales como los que Schelling revisa en su libro. 2 Desde una explicación de teoría de juegos, se define al juego de puro conflicto como juego de suma cero (beneficio para uno es perjuicio para otro), al juego cooperativo como juego coalicional (el beneficio se comparte), y a la combinación de los dos como juego de motivo mixto. Matemáticamente, se pueden estudiar todas estas estructuras como parte de un mismo conjunto de reglas. 3 Respecto al hecho que la obra de Schelling fue pensada en torno a las relaciones internacionales, y que el presente artículo la considera fundamentalmente desde una perspectiva de análisis de política nacional, es relevante para el lector conocer que la mayor parte de los ejemplos utilizados por Schelling en su libro no son de política internacional, y que sus obras posteriores aplican y continúan aplicando los mismos conceptos a temas de política económica nacional, inmigración, medio ambiente, etc. 4 Schelling, T., “The Strategy of Conflict”, Harvard University Press, Massachusetts, p. 5 (Todas las traducciones son propias del autor del artículo). 5 Ibidem. 6 Ibidem. 7 Bajo el término “disuasión”, se convirtió en uno de los pilares principales del equilibrio del terror que caracterizó las relaciones internacionales durante la guerra fría. 8 Revista Vanguardia, 21/10/2008, la sección “mirador-las frases” reseñaba a Celso Amorim, Canciller brasileño, advirtiendo que “Brasil puede reducir a cero su comercio con Ecuador si el Gobierno se niega a pagar la deuda con un banco estatal brasileño (…)”. El objetivo de su advertencia, obviamente, era ejercer una presión sobre los cursos de acción evaluados al momento por el gobierno ecuatoriano. 9 Schelling, T., op. cit., p.160. 10 El concepto correcto para evaluar que sectores o grupos han de ser repelidos mediante el conflicto o acercados mediante la cooperación, en teoría de juegos, se denomina “utilidad transferible”, y consiste en una representación numérica de lo que puede aportar o restar un tercero a una estrategia. 11 Salvo en ciertos casos icónicos como Dayuma, la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, etc.

a5 Luigi Guerrón luigigu@hotmail.com

A principios de 2007, cuando el régimen actual apenas estaba calzándose pañales pero ya enfrentaba a uno de sus contradictores políticos por la designación de un altísimo funcionario judicial, una multinacional

de comunicación ubicada en el cono sur -preocupada por los efectos que sobre sus clientes locales pudiera tener la habitual inestabilidad política del país- me solicitó un análisis de lo que estaba ocurriendo y qué se

podía prever. Mi conclusión fue que la confrontación sería una norma de este gobierno. Ni clarividencia ni sagacidad: venía escuchándolos desde la campaña decir, en privado, que la “revolución ciudadana” se haría en las

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calles, y que cualquier intento por detenerla, se ventilaría también en las calles... y así lo han venido haciendo... Bueno, al menos parcialmente, porque la verdad es que la “revolución” se hace y se defiende a través de los medios de comunicación, que es una forma de estar en la calle... en las oficinas... en los dormitorios... en las mentes de los ciudadanos... es la mejor forma de estar en todas partes. También desde la campaña, Rafael Correa ha venido interpretando y trocando cada uno de los roles descritos por Stephen Karpman1 en su Análisis del Libreto Dramático o Triángulo Dramático: el Salvador (cuando ofrecía rescatar al país de las manos de las mafias socialcristianas), la Victima (al denunciar intenciones golpistas y obstaculizaciones a la revolución ciudadana), y el Perseguidor (la partidocracia, los pelucones, la prensa corrupta, entre muchos etcéteras). Su gran coprotagonista, con el que intercambia papeles: el pueblo, al que llega -¿adivinan ustedes?- a través de los medios de comunicación.

¿Por qué valerse de los medios contra los cuales tanto denuesta? ¿Por qué, mejor, no utilizar cadenas nacionales o propaganda tan sólo? La respuesta es sencilla: porque necesita de los medios para que sus mensajes sean insertados en los espacios informativos (contenidos editoriales, como se denominan en Relaciones Públicas); eso les confiere un valor de credibilidad2 que es fundamental en el objetivo de “influir para hacer juzgar favorablemente”3 la imagen del Mandatario. Hubo un momento en que no bastó influir en los medios y -sin entrar en razones jurídicas- se volvió necesario manejarlos directamente. Ese objetivo se logró con el control -insisto, sin entrar en consideraciones jurídicas- de TC, cuyo noticiero estelar bordeaba los 30 puntos de rating4 en Guayaquil. Aunque marginales, el resto de medios (Gama TV, El Telégrafo, varias radios, además de los medios afines al régimen, que los hay por voluntad propia, perdiendo así su esencia de ser objetivos o, al menos, imparciales; claro, los hay en el

La comunicación oficial estuvo siempre encaminada a destruir la legitimidad de cualquier interlocutor El pueblo, al que escucha a través de encuestas (o elecciones, que son una manera más compleja de consultar), y al que le habla con su discurso cargado de sustantivos y adjetivos (otra vez, partidocracia, prensa, poderes fácticos, gordita horrorosa, etc.), es el único interlocutor legítimo reconocido por la “revolución”. Pero ¿cómo ha logrado esa sintonía que hace innecesarios los acuerdos o pactos que eran tan comunes en nuestra política, desde el muy vernáculo pacto “de la regalada gana”, pasando por “la aplanadora” o el ya olvidado pacto “mordoré”, entre otros? Ha tenido que copar los espacios informativos, sin dejar lugar para la proactividad en las salas de redacción de los medios, quitándoles el poder que han detentado para generar la agenda política. Para eso, se ha valido de un timing preciso: ni los gabinetes itinerantes ni los enlaces radiales se hacen en fin de semana (viernes, los primeros; sábados, los segundos) para no interrumpir las actividades en días hábiles; son en fin de semana porque los medios de comunicación no tienen tiempo de reacción y, por ende, tampoco los demás actores políticos. En ese lapso, se genera un vacío informativo, una falta de respuesta de quienes han sido mencionados por el demoledor discurso presidencial; el vacío es llenado únicamente por la voz oficial que se convierte en verdad. Un poco más digerido: el Presidente es noticia, por ende sus declaraciones son importantes; en consecuencia, los medios siempre recogen las actividades y declaraciones del Presidente, que ocurren -sobre tododurante los fines de semana. Pero las redacciones de los medios permanecen casi vacías en esos días y su capacidad de reaccionar y buscar reacciones de quienes hayan sido mencionados, es casi nula. Para el inicio de la semana siguiente, ya hay nuevos temas en agenda, y lo dicho por el Presidente entre viernes y sábado no tiene contradicción. Si no es verdad, está bien tramado, dice un dicho italiano.

sentido contrario, también), sumaban en beneficio de la comunicación oficial. Con ese control se evitaba también el “ruido”5 que pudiera interferir en los mensajes del régimen.

A los medios se los continúa minando, pero no en el sentido que denuncian, sino en su capacidad de generar una agenda política, que es el rol que hoy desempeñan en el mundo: marcan el ritmo y el rumbo. Entonces, está claro que nunca hubo la intención de lograr acuerdos. Hoy tampoco existe esa intención. Todo lo contrario. La comunicación oficial estuvo siempre encaminada a destruir la legitimidad de cualquier interlocutor. La agenda informativa la imponía el Presidente, omnipresente con sus gabinetes itinerantes, omnisciente en sus enlaces sabatinos. A los medios se los continúa minando, pero no en el sentido que denuncian (de persecución del régimen, de diatribas en su contra por parte del Presidente), sino en su capacidad de generar una agenda política, que es el rol que hoy desempeñan en el mundo: marcan el ritmo y el rumbo. Los medios eligen el contenido de sus informativos, muchas veces políticos, y buscan validadores externos6 para sustentar su discurso; luego, ese contenido se convierte en parte de la discusión política.

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Los medios son, quizá, el único contradictor que le resta por derrotar a un gobierno fortalecido por cinco elecciones ganadas consecutivamente. Sin embargo, el control de unos medios, el sometimiento de otros, la filiación de unos más, llevan al gobierno por esa ruta. En el proceso, hay quienes quieren encontrar en las actitudes verbales de Rafael Correa, un libreto fundamentado en los “principios” de Joseph Goebbels7. Y, aunque anacrónico, bien podrían engarzar: ¿recuerdan la propaganda de los payasos en el ascensor o del león cazando (principio del enemigo único)? ¿o los ataques contra la partidocracia (varios enemigos en una sola categoría, principio del método de contagio)? ¿o cuando las informaciones provenientes del régimen se suceden una tras otra (principio de renovación)? Cualquiera que sea la hipótesis en la que queramos enmarcarlo, está claro que el régimen no busca acercamientos con otros grupos, a menos que el sometimiento a sus designios sea incondicional. De otra forma, no los necesita. Y cuando ha parecido que modera el tono de la confrontación, ha sido para desarmar al contradictor y luego, con la defensa baja, lanzarle violentamente todo el aparataje comunicacional del gobierno. Hay que reconocerle eso al Presidente Correa: tiene fijada una meta y esta yendo tras ella sin desvíos, apartando a quien plantee alguna resistencia en la consecución del objetivo confesado, que es instaurar el socialismo del siglo XXI, entendamos o no de qué se trata.

Referencias 1 Stephen Karpman, doctor norteamericano, autor del “Análisis del Libreto Dramático”, que revela los tres roles psicosociales que juega la gente: Salvador, Victima y Perseguidor. 2 En Relaciones Públicas, el valor de credibilidad es el resultado de multiplicar el valor comercial que tiene un espacio en un medio de comunicación, por un factor cuya media es 2,5. Esto se debe a que se considera más creíble un mensaje emitido a través de un medio informativo que a través de una propaganda o publicidad. 3 Uno de tantos, pero quizá entre los más extendidos conceptos de Relaciones Públicas, aceptado incluso en algunas academias. 4 Rating es una medida que establece cuántas personas u hogares están viendo u oyendo un programa de radio o TV. En Ecuador, un punto de rating equivaldría más o menos a 60 mil personas. 5 En teoría de la información, la cantidad de “ruido” o “desorden” en un mensaje se denomina entropía, y de acuerdo a cuánto se libere, el mensaje llega con mayor o menor claridad. 6 Validadores externos son expertos en determinados temas, contratados por organizaciones personas, para emitir mensajes de forma que por su expertise en ellos se vuelvan creíbles. 7 Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi, se le atribuye la creación de once “principios”, que son parte de la propaganda moderna.

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Una verdad a "Medios"  

Autor: Luigi Guerrón

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