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“Primero, libertad de las partes para hablar y exponer sus distintos puntos de vista sin limitación alguna que pudiera bloquear la descripción y argumentación en torno a lo que debe hacerse […] Segundo, igualdad de las partes de modo que sus concepciones y argumentos tengan el mismo peso en el proceso de discusión. Ambas precondiciones tienden a garantizar a todos las mismas opciones para iniciar, mantener y problematizar el diálogo, cuestionar y responder a las diversas pretensiones de legitimidad y, en general, pretenden mantener unas garantías mínimas que permitan poner en cuestión todo el proceso y cualquier resultado al que eventualmente pudiera llegarse. […] La tercera condición se refiere a la estructura misma de la deliberación en común: lo que debe imponerse en la discusión es la fuerza del mejor argumento sin que sea posible acudir a la coacción o a la violencia como elemento integrante de la misma” 8.

Conclusiones

De lo expuesto en líneas anteriores son evidentes algunas cosas. La primera, el enorme hiato entre la práctica política nacional y el ideal de la “deliberación política legítima” inspirado en la obra de Habermas

Otra, que el escenario jurídico circunscribe, en cierta medida aunque no de manera exclusiva, la deliberación a un terreno afín al “liberalismo igualitario”. Tercero y en conexión con el punto anterior, que el procedimiento de “deliberación política legítima” se vincula de manera íntima con los ideales liberales-democráticos en detrimento de otros (tradicionales, autoritarios) y registra, asimismo, una mayor afinidad con el contenido del “liberalismo igualitario”. Cuarto, que la concreción del ideal de la “deliberación política legítima” implica, para el caso concreto del Gobierno seccional local la modificación del nulo debate público que se impone desde sus ordenanzas, como implica para el ámbito nacional el profundo desarrollo de las normas constitucionales que promueven la participación política y la deliberación colectiva. Dichas todas esas cosas, diré la más obvia: las posibilidades de un acuerdo nacional sobre cualquier tema de interés público son escasas. Pero es un hecho cierto que esas posibilidades se acrecientan si conocemos a qué normas formales debemos atenernos (y en defensa de qué ideales, además) para intentar concretarlas, a lo que ha querido contribuir, con modestia, este breve artículo.

Estrategia [criolla] del conflicto Introducción

El artículo a continuación pretende reflexionar sobre dos de los lineamientos conceptuales de Thomas C. Schelling, según fueran enunciados y desarrollados en su célebre libro La Estrategia del Conflicto, a través de su aplicación, mutatis mutandis, a la realidad política ecuatoriana. Basando nuestra metodología en un uso poco ortodoxo de la tesis fundamental del autor, a saber que toda relación de conflicto contiene a su vez elementos de cooperación, y que el manejo adecuado del conflicto puede servir para lograr altos grados de influencia en el accionar de terceros, las líneas que siguen buscan inquietar al lector ecuatoriano respecto a los eventuales niveles de factibilidad, deseabilidad e incluso necesidad del tan cacareado y tristemente desgastado Gran Acuerdo Nacional.

Decisiones interdependientes

La teoría de la estrategia, aquel cuerpo de conocimientos que el autor buscó sistematizar en 1960, y para cuya formulación toma reflexiones de las relaciones internacionales –ojo, su contexto fue el de la guerra fría–, de la estrategia militar y del lumpen, entre otros, es el cuerpo de conocimientos sobre situaciones en que dos o más personas –“jugadores” en el lenguaje de la teoría de juegos–, interactúan en la búsqueda de maximizar su utilidad frente a un asunto o problema, conflicto latente o manifiesto1. Al preocuparse de la interacción, dicha teoría busca explicar las posibles situaciones que emergen en el espacio imaginario que se forma, en una interacción, entre el conflicto absoluto y la cooperación entre las partes; es decir, echa luces sobre escenarios en los que un jugador busca maximizar su beneficio en desmedro de otro(s), por un lado, y sobre escenarios en

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Referencias 1 A guisa de ejemplo, en su discurso del último 25 de julio con ocasión de conmemorarse el 474vo aniversario de fundación de Guayaquil, el Alcalde Nebot afirmó “Guayaquil es libre y no admite cadenas ni en el cuerpo ni en el alma”. Los discursos del Alcalde pueden encontrarse en: http://www.guayaquil.gov.ec/index.php?option=com_docman&Itemi d=107 [Última visita, 31 de julio de 2009] 2 Cfr. Nino, Carlos Santiago, Liberalismo conservador: ¿liberal o conservador?, en: Alegre, Marcelo y Roberto Gargarella (coord.), El derecho a la igualdad. Aportes para un constitucionalismo igualitario, Buenos Aires, Lexis Nexis, 2007, Pág. 17. 3 Ibíd., Pág. 40. 4 Ibíd., Pág. 17. 5 Valga recordar, en este sentido, su recurrente motto: “La patria ya es de todos”. 6 Ibíd., Pág. 43. 7 Una apatía que podría pensarse en clave de la grave fractura social de este país que impide reconocer al otro como un sujeto válido para intervenir en un debate; una tradición que la Constitución intenta romper con el elenco de garantías y de mecanismos de participación que establece, en particular, en los artículos desde el 85 al 107. 8 Del Águila, Rafael, La política: el poder y la legitimidad, en: Del Águila, Rafael, Manual de ciencia política, Madrid, editorial Trotta, cuarta edición, 2005, Pág. 33-34.

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Jaime Rumbea jrumbea@persona.ec

que la maximización del beneficio de uno no implica el deterioro en el beneficio de otro(s). Este último tipo de interacción es la que, por su estructura de beneficio mutuo, se sustenta en la cooperación, por oposición al conflicto2.

ese campo. Por ello Schelling afirma que “estudiar la estrategia del conflicto equivale a tomar en cuenta que la mayoría de las situaciones de conflicto son esencialmente situaciones de regateo”5.

En la vida real, sin embargo, las cosas no son blancas o negras, puramente cooperativas o conflictivas; por eso Schelling es enfático al decir que “la riqueza del tema surge del hecho que, en asuntos internacionales3, hay dependencia mutua al igual que oposición. Un conflicto puro, en el que los intereses de dos antagonistas son completamente opuestos, es un caso excepcional”4.

Influencia, disuasión o persuasión.

Entre acuerdo y desacuerdo, se abre el campo del regateo, y que una estrategia es aquel conjunto de acciones que permite a una u otra parte alcanzar el mayor beneficio en ese campo El hecho cierto es que, a partir de los aportes referidos, las visiones que estudiaban el conflicto y la cooperación con modelos independientes, han perdido la relevancia que tuvieron dando paso al entendimiento de que conflicto y cooperación coexisten en la mayor parte de las interacciones sociales. Simplificando, se puede decir que entre acuerdo y desacuerdo, se abre el campo del regateo, y que una estrategia es aquel conjunto de acciones que permite a una u otra parte alcanzar el mayor beneficio en

Como consecuencia del análisis de situaciones de regateo, Schelling llega a afirmar en su libro que la mejor estrategia es aquella en la que ni siquiera se llega a interactuar física o materialmente, siendo a nuestro criterio su ejemplo más evocador el de la huelga exitosa. Con clarividencia describe Schelling la situación en que una huelga de trabajadores, para ser realmente exitosa no deberá destruir financieramente al empleador, sino que ni siquiera debería llegar a tener lugar. Baste con la posibilidad cierta de que tenga lugar la huelga, que esa posibilidad sea percibida como perjudicial por el empleador, para que su curso de acción varíe en beneficio de los eventuales huelguistas. De manera sintética este fenómeno puede explicarse diciendo que frente a una determinada interacción social, disponer de una estrategia no significa hacer uso de la fuerza de manera eficiente sino aprovechar su uso potencial para lograr el accionar deseado en la persona con quién se interactúa6. Esta definición describe claramente lo que significa la influencia7. Sin lugar a duda la explicación de Schelling es relevante desde diversos puntos de vista, y se ve aplicada en innumerables disciplinas. En psicología deportiva, por ejemplo, impacta la ineficiencia del golpe que dio Zinedine Zidane en la final del último mundial de fútbol frente a la eficiencia de los continuos desafíos y amenazas previas proferidas


por Materazzi. En política, las reiteradas amenazas entre opositores, o simplemente las advertencias públicas, evidencian la voluntad de disuadir el accionar del interlocutor8. Estas herramientas –movimientos estratégicos en el lenguaje de la teoría de juegos– buscan justamente lograr objetivos estratégicos sin recurrir al uso de la fuerza o la coerción. De manera literal, Schelling propone que “un movimiento estratégico es aquel que influencia la elección de otra persona, en una forma favorable al interés propio, afectando las expectativas del otro respecto al comportamiento de uno”9.

guayasenses con peninsulares, a partidos y líderes políticos, a Colombia, e incluso a Estados Unidos. Todos los frentes de conflicto fueron abiertos con una encuesta en mano y modulados en función de los resultados que proveía el monitoreo de opinión. El regateo entre conflicto y acuerdo con los distintos sectores que disponen de poder10 ha marcado el ritmo de la Presidencia de Correa. En lo que tiene que ver con la influencia que ha logrado construir el gobierno de la revolución ciudadana frente a los grupos cuyo accionar le es significativo, tomando

En política, las reiteradas amenazas entre opositores, o simplemente las advertencias públicas, evidencian la voluntad de disuadir el accionar del interlocutor Una Estrategia [criolla] del Conflicto

Reconociendo nuestra incapacidad para ser exhaustivos en la presentación de los conceptos de Schelling que hemos creído relevante aplicar en un análisis del contexto político ecuatoriano, en las líneas siguientes cotejamos las prescripciones teóricas que hemos enunciado antes de manera sucinta, con algunos de los movimientos estratégicos que han caracterizado el accionar del Gobierno de Rafael Correa Delgado, y reflexionamos, desde una perspectiva Schelling-iana, sobre el posible advenimiento de un “Gran Acuerdo Nacional”. Aún al día de hoy, al inicio de un segundo período presidencial, es poco probable que alguien reconozca que la legitimidad de la que goza Rafael Correa se debe en gran medida al nivel de conflictividad que caracteriza su discurso y su accionar. Como ciudadanos de a pie, acostumbrados al ritmo monótono de nuestras existencias, hemos asociado en nuestro imaginario la conflictividad con una valoración negativa, que genera incomodidad, disgusto o molestia; sin embargo, simultáneamente, hemos en nuestra gran mayoría sido presa –en alguna medida– de los objetivos de una deliberada estrategia [criolla] de conflicto, cuya eficacia se evidencia en no pocos resultados electorales. Fue desde muy temprano en el ejercicio del poder que el gobierno de la revolución ciudadana evidenció su voluntad de marcar un ruptura respecto a la política tradicional ecuatoriana. Al no postular candidatos al entonces Congreso Nacional, el movimiento gubernamental sentó claramente su mensaje de conflicto: no habría regateo al interior del Congreso. Así fue, la tarea legislativa se resumió en un todo o nada: relevo de legisladores y posterior mayoría para PAIS, sustentando las acciones políticas en la complacencia de una ciudadanía cansada de los acuerdos legislativos del pasado. Asimismo su discurso confrontó secuencialmente, y entre otros, a pelucones, a

como eje la conflictividad, el número de ejemplos es evocador. Con el desarrollo de un altamente especializado aparataje de inteligencia política, la disponibilidad de información privilegiada sobre detractores o gérmenes de oposición facilitó sustancialmente la tarea de disuadir, sin tan siquiera recurrir a la acción11, esa no-pocas-veces-voceada contra-revolución. Mediante el paradigmático proceso de incautación de los bienes Isaías, se remitió un clarísimo mensaje disuasivo al sector empresarial y a la oposición de derecha, respecto al riesgo de querer jugar de igual a igual con el gobierno. ¿No será por eso, vale preguntarse, que sin que existan contactos sistemáticos entre gobierno y sector productivo privado, los gremios y las empresas han modificado sus conductas para adecuarse al nuevo contexto político? El proceso de Teleamazonas en el CONARTEL, ¿no es también una acción susceptible de leerse como mensaje de disuasión dirigido al canal y a otros generadores de opinión del país respecto a cómo ejercer su tarea crítica? En política externa, el ejemplo de oro es la conformación de la coalición ALBA+Irán, sobre la que no pocos analistas han manifestado su desconcierto. Y es que la estrategia no es ideológica, y la revolución ciudadana prefiere apalancar un discurso marginal que pueda infligir daño a los beneficiarios de la globalización económica, antes que alinearse con estos últimos y volverse una pieza insignificante en su andamiaje. Dicha decisión es estratégica en la medida en que aumenta su capacidad para regatear en el concierto internacional. En breve, el gobierno nacional ha recurrido sistemáticamente al conflicto pues en la medida que le indican las encuestas, su apalancamiento político y su capacidad de lograr objetivos estratégicos, sigue siendo mayor confrontando que abriendo la puerta a la cooperación.

Una verdad a “medios”

Para cerrar…

No es sin pena que todos quienes nos preocupamos sobre la política debemos tomar partido en ocasiones respecto al pensamiento estratégico: muchos llaman pragmatismo a la capacidad de tomar decisiones en función de los resultados y no en función de los medios –otros lo llaman maquiavelismo. Sea cual sea el caso, parece que resulta más sencillo comprender lo que sucede en nuestra política nacional desde una perspectiva de análisis estratégico, que desde una lectura ideológica, imprescindible, sí, pero también a menudo imprecisa para estas cosas. Schelling, en ese marco, con su Estrategia del Conflicto –en versión criolla– parece seguir vigente cuando hemos revisado a través de algunos de sus prismas teóricos la poca probabilidad de encontrar en un futuro cercano ese gran acuerdo nacional. Referencias 1 Con el avance conceptual de la teoría de juegos desde la publicación del libro hasta la actualidad, sería posible traducir completamente La Estrategia del Conflicto en fórmulas matemáticas. Esto, sin embargo, no dejara de ser una importante pérdida pues la utilidad de la teoría de juegos es justamente la inversa: servir a la mejor comprensión de fenómenos sociales como los que Schelling revisa en su libro. 2 Desde una explicación de teoría de juegos, se define al juego de puro conflicto como juego de suma cero (beneficio para uno es perjuicio para otro), al juego cooperativo como juego coalicional (el beneficio se comparte), y a la combinación de los dos como juego de motivo mixto. Matemáticamente, se pueden estudiar todas estas estructuras como parte de un mismo conjunto de reglas. 3 Respecto al hecho que la obra de Schelling fue pensada en torno a las relaciones internacionales, y que el presente artículo la considera fundamentalmente desde una perspectiva de análisis de política nacional, es relevante para el lector conocer que la mayor parte de los ejemplos utilizados por Schelling en su libro no son de política internacional, y que sus obras posteriores aplican y continúan aplicando los mismos conceptos a temas de política económica nacional, inmigración, medio ambiente, etc. 4 Schelling, T., “The Strategy of Conflict”, Harvard University Press, Massachusetts, p. 5 (Todas las traducciones son propias del autor del artículo). 5 Ibidem. 6 Ibidem. 7 Bajo el término “disuasión”, se convirtió en uno de los pilares principales del equilibrio del terror que caracterizó las relaciones internacionales durante la guerra fría. 8 Revista Vanguardia, 21/10/2008, la sección “mirador-las frases” reseñaba a Celso Amorim, Canciller brasileño, advirtiendo que “Brasil puede reducir a cero su comercio con Ecuador si el Gobierno se niega a pagar la deuda con un banco estatal brasileño (…)”. El objetivo de su advertencia, obviamente, era ejercer una presión sobre los cursos de acción evaluados al momento por el gobierno ecuatoriano. 9 Schelling, T., op. cit., p.160. 10 El concepto correcto para evaluar que sectores o grupos han de ser repelidos mediante el conflicto o acercados mediante la cooperación, en teoría de juegos, se denomina “utilidad transferible”, y consiste en una representación numérica de lo que puede aportar o restar un tercero a una estrategia. 11 Salvo en ciertos casos icónicos como Dayuma, la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, etc.

a5 Luigi Guerrón luigigu@hotmail.com

A principios de 2007, cuando el régimen actual apenas estaba calzándose pañales pero ya enfrentaba a uno de sus contradictores políticos por la designación de un altísimo funcionario judicial, una multinacional

de comunicación ubicada en el cono sur -preocupada por los efectos que sobre sus clientes locales pudiera tener la habitual inestabilidad política del país- me solicitó un análisis de lo que estaba ocurriendo y qué se

podía prever. Mi conclusión fue que la confrontación sería una norma de este gobierno. Ni clarividencia ni sagacidad: venía escuchándolos desde la campaña decir, en privado, que la “revolución ciudadana” se haría en las

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Estrategia criolla del conflicto