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“HUMANIDADES DIGITALES” AL ALCANCE DE TODOS.

En todos los tiempos, las actividades humanas se han apropiado de las tecnologías disponibles, de las herramientas de cualquier tipo susceptibles de ofrecer aplicaciones que facilitaran, mejoraran o contribuyeran al conocimiento, la indagación y la difusión de la materia en cuestión, cualquiera que ella fuere. La información y las comunicaciones han recibido con beneplácito y asimilado con fruición los desarrollos informáticos y el surgimiento de Internet, desde sus primeros pasos hasta la actualidad en renovación constante. Así “lo digital” (como referencia abreviada a la representación de información de modo binario, como base del funcionamiento de las computadoras y también a los sistemas de transmisión de datos mediante circuitos y señales) se ha puesto en primer plano en los más diversos órdenes de la actividad humana, teórica y práctica, casi sin exclusiones. En el mundo digital se desenvuelve el comercio, la operatoria bancaria, el periodismo, las artes, la historia, la filosofía, el turismo, la medicina, el derecho, la política. La cultura en todas sus facetas. En ese marco de referencia y en un sentido amplio encuentran su espacio en la escena académica e intelectual, las “Humanidades digitales”, una denominación que, tomando como base la tradicional acepción de humanidades como el “conjunto de disciplinas literarias, artísticas, filosóficas e históricas”, la asocia a las posibilidades de interacción, comunicación, divulgación, investigación y estudio que ofrecen las nuevas tecnologías. A partir de ese sencillo vínculo entre las humanidades y lo digital, expertos provenientes de diversas disciplinas pujan por proponer expresiones que lo definan. En tal sentido, la revista española ArtyHum ha editado, a fines del 2015, un monográfico de 113 páginas titulado “La realidad de las Humanidades Digitales en España y América Latina” en el que reconocidos estudiosos ofrecen valiosas descripciones y definiciones sobre el tema. A mi entender, la era digital es a nuestros días lo que la invención de la imprenta a la sociedad del Siglo XIX, que bien pudo acuñar la expresión “Humanidades Impresas”. Ello desde una perspectiva de incidencia psicosocial y más allá de los cambios de paradigmas simbólicos y de las lecturas no lineales que, entre otros elementos, caracterizan a nuestra contemporaneidad en materia de comunicaciones. En este contexto, y como asevera Fainholc (2004), no hay que perder de vista que “la construcción del conocimiento –y la creatividad, me permito agregar- es tarea de las personas y no de los aparatos” ya que se ponen en juego “los conocimientos que posee el sujeto, sus experiencias previas, su selectividad referida al contenido lógico-simbólico y a lo tecnológico de los programas informáticos de que se trate y que posibilitan el establecimiento de links, animaciones, interacción conectiva a otras direcciones de Internet, etc., a lo cual habrá que sumar lo socioemocional-idiosincrático de cada quien, la pertenencia a un grupo cultural, etc.” (ídem.). Como alguna vez ha escrito Piscitelli (2013) “Quizás lo que mejor defina a las humanidades digitales no sean tanto las tecnologías a las que recurre (innumerables y volátiles), ni los métodos (que provienen de los campos consagrados más diversos), sino cierto `encuentro´ alegre y juguetón con la representación digital en si misma” Interpretada la cuestión como una simple asociación entre contenidos y recursos tecnológicos (tal y como históricamente ha sucedido), me permito proponer a las “Humanidades Digitales” como la libre asociación entre todo tipo de contenidos humanísticos y

I.S.F.D. y T. Dr. Pedro Goyena 105

Ensayos académicos 2016  

Revista Institucional 2016 ISFDyT Dr Pedro Goyena DIPREGEP 7636 Octubre 2016 Año XVI / Nº1

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