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Labios de Piedra Sus labios estaban cuarteados, como una calle llena de baches, rugosos y ásperos como la arena, letales, envenenados por el poder de los dioses. Dispuesto a no lastimar a nadie hizo un pacto con el aire; mientras el viento estuviera en su favor y lo ayudara a recorrer el mundo nadie sería víctima del poder de sus labios letales. Viajo en su caballo con el viento a su favor, y una noche mientras bebía una copa de vino y observaba a una pareja besándose con una enorme y blanca luna de fondo, se dio cuenta de que a pesar de todo lo que conocía, aún no había sentido la humedad de un dulce beso. Se enojó tanto que lanzó la hermosa copa de cristal que contenía el vino a un costado, se subió a su caballo y comenzó a cabalgar sin destino aparente, se detuvo a descansar en la madrugada por un pozo viejo pero funcional, llenó un balde con el agua del pozo y se dispuso a beber. El golpeteo de unas hojas lo interrumpió, empuñó su espada y se puso en guardia, una hermosa dama vestida con harapos emergió desde la oscuridad, su larga cabellera roja ocultaba su rostro, sus pies hinchados y oscurecidos por el café de la tierra hacían notar que llevaba un largo camino recorrido, dio un par de pasos y cayó al piso inesperadamente, el caballero bajó la guardia, soltó su espada y se aproximó velozmente a la intrigante mujer. La tomó entre brazos, aún tenía pulso, al parecer sólo era un simple desmayo el que había provocado en el hombre tanta preocupación. Cuando la misteriosa mujer despertó, el caballero estaba sentado a su lado, mirándola con intriga, con esa mirada brillosa que tiene un niño frente a un caramelo, cogió un vaso con agua y se lo ofreció a la dama, ella lo tomó y comenzó a beber premurosamente, un par de gotas de agua resbalaron por sus labios. -Gracias, amable señor -dijo la mujer, mientras se secaba los residuos de agua que recorrían sus labios-¿Podría usted decirme vuestro nombre? -Los nombres vienen y van humilde mujer, mejor… ¿podría responder a una pregunta? -Es lo menos que puedo hacer por el guardián de mi noche, dígame ¿Qué le gustaría saber? -Me preguntaba, ¿Qué hace una dama tan hermosa caminando sola por estas tierras tan desoladas? - Morir, morir en vida, caminando por el sendero de mis recuerdos. No hago nada más que morir… Hace algunas horas todo mi mundo se derrumbó, quemaron mi casa, mataron a mi padre y a mi hermano, logré escapar, pero ¿Escapar de qué? Si sigo presa de un dolor que mantiene perturbado a mi corazón. -No le entendí ni una palabra mi bella dama pero no se preocupe que yo estaré con usted mientras sea necesario para que nada malo le pase. Aquel hombre no podía detener a las mariposas que recorrían su cuerpo, en definitiva, se había enamorado de una completa desconocida.


Una noche mientras la mujer descansaba, el hombre la miraba como de costumbre y notó que los labios de aquel bello ser eran tan rojos como una deliciosa manzana, pero él estaba consciente de la situación; si por algún motivo el llegara a siquiera rozar sus labios contra los de la dama, ésta moriría de inmediato, envenenada por el amargo sabor de su piel. El caballero lo sabía y estaba resignado a nunca probar el dulce sabor de un beso mientras la bella mujer permaneciera con vida. Y así fue, el amoroso hombre jamás se atrevió a besar a su bella compañera, pero no fue necesario, en sus viajes compartían más energía, más amor y más excitación que cualquier ósculo pudiera provocar. “El amor es más que sexo, más que un brutal deseo carnal, el amor no comienza ni termina con un beso como en los cuentos, es una promesa que no principia con un “si” ni termina con un “adiós”, el amor… ¿Qué es el amor?”

Labios de Piedra  

Labios de Piedra “El amor es más que sexo, más que un brutal deseo carnal, el amor no comienza ni termina con un beso como en los cuentos, e...

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