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En este contexto de escasos recursos económicos, los países de la región enfrentan un rezago histórico en materia de servicios, en particular los relacionados con el saneamiento básico y la salud. Los habitantes de América Latina y el Caribe, según cifras del 2000 del Banco Mundial, tienen acceso al agua potable en un 84,9% y al saneamiento (sea red de drenaje o in situ) en un 77,7% (las cifras mundiales son 80,5% y 56,2%, respectivamente). En los últimos años, diversas metas para atender el rezago en agua y saneamiento básico han sido presentadas por organismos internacionales y por gobiernos nacionales. Todas ellas han sido muy ambiciosas y no se han cumplido en un grado importante. En septiembre del 2000, la Asamblea de las Naciones Unidas presentó las Metas de Desarrollo del Milenio. La meta 7 pretende asegurar la sostenibilidad ambiental y tiene dos objetivos que se refieren al saneamiento: n Objetivo 10: Reducir a la mitad la proporción de personas sin acceso al agua potable en el 2015. n Objetivo 11: Alcanzar en el 2020 un incremento significativo en la calidad de vida de al menos 100 millones de habitantes en áreas marginadas. Frente al tamaño del reto es imperativo desarrollar e implantar nuevas soluciones al eterno déficit en infraestructura para el manejo del agua residual. Los nuevos sistemas administrativos y tecnológicos deberán considerar las limitaciones y posibilidades propias de la región, con una alta dosis de innovación y adaptación, deslindándose en muchos casos de las soluciones convencionales.

Situación del saneamiento en América Latina En materia de saneamiento, si bien la cobertura de este servicio es relativamente importante en la región (77,7%), el alcantarillado solo sirve al 49%, ya que el 31% dispone de letrinas o tanques sépticos. De cualquier forma, el tratamiento de las aguas residuales municipales es aún limitado, puesto que en América Latina y el Caribe, en promedio, solo se trata el 15% del caudal captado por los sistemas de alcantarillado. Las tecnologías de tratamiento n 34

AQUA VITAE

ENE-MAR | 2006

que se aplican en América Latina y el Caribe son en su mayoría lagunas de estabilización, seguidas por el proceso de lodos activados. Es de notar el surgimiento, en los últimos años, del tratamiento primario avanzado (primario con adición de coagulantes) en instalaciones de tamaño importante. En Chile, la Superintendencia de Servicios Sanitarios (SISS, 2003) contabilizó en 1998 un total de 81 plantas de tratamiento con una cobertura de 17%, de las cuales 75% eran lagunas de estabilización. En ese año, no se habían instalado aún sistemas de lodos activados. La evolución se ha dado en ese país de tal forma que en la actualidad existen 152 plantas de tratamiento, con 48% de cobertura, de las cuales 16% son

lagunas de estabilización y 40% plantas de lodos activados. Más todavía, las empresas sanitarias concesionarias del servicio de abastecimiento, evacuación y tratamiento en Chile han previsto que el 77% de las nuevas plantas de tratamiento serán de tipo lodos activados y ninguna laguna de estabilización. El plan de incremento en la cobertura de tratamiento, considerado por las empresas sanitarias chilenas con participación privada mayoritaria, muestra que la vía tecnológica es de corte convencional y mecanizado, a pesar de los costos de inversión y de operación importantes que requieren los procesos de lodos activados. Esta política debe ser cuestionada en otros países de la región.

AquaVitae revista 2  

Revista latinoamericana acerca del tema del agua

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