Issuu on Google+

Explicación de Mateo 4, 1-11.1 Los evangelios sitúan la tentación de Jesús al comienzo del libro, inmediatamente después del bautismo. Es el mismo Espíritu, que acaba de bajar sobre él (Mt 3,16-17), lo empuja al desierto. Quiere mostrarle, desde el primer momento, que entrará en contradicción con las expectativas humanas de entonces y también las actuales. El pueblo de Israel esperaba un mesías nacionalista y poderoso, un salvador con poder terreno, capaz de liberarlo del yugo romano. "Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio" (Mt 4,1). En el Antiguo Testamento, el desierto es el lugar donde el pueblo de Israel experimentó la prueba y la asistencia de Dios. Allí pasa Jesús cuarenta días y cuarenta noches. El relato recuerda la experiencia de Moisés (Ex 34,28) y la de Elías (1 Re 19,8) y es también resumen de los cuarenta años que duró el camino de Israel por el desierto. El número 40 es simbólico y señala un periodo de tiempo prolongado pero con final. Tentación es todo aquello que aleja a alguien del camino de Dios. Jesús fue puesto a prueba igual que Abrahán (Gn 22), lo mismo que el pueblo de Israel, enfrentado con las dificultades del desierto (Ex 15,25). Las dos primeras tentaciones comienzan por estas palabras: "Si tú eres Hijo de Dios" (Mt 4,3 y 6). Declarado Hijo de Dios en el bautismo (Mt 3,17), la tentación de Jesús en este pasaje consiste en aprovecharse de ese título para su exaltación personal. Pero Jesús no caerá en ella, sino que responderá al tentador a través de unos textos del Deuteronomio que son una meditación sobre la experiencia de Israel en el desierto durante el Éxodo: ⎯ experiencia de hambre (Dt 8,3) ⎯ experiencia de duda con respecto al poder de Dios (Dt 6,16) ⎯ experiencia de idolatría (Dt 6,13-14). Estas tres citas, que invitaban a Israel a ser fiel a Dios, ahora se cumplen en Jesús, que sale victorioso de la prueba a la que sucumbió Israel. El pasaje que acabamos de leer condensa las experiencias de tentación que Jesús tuvo a lo largo de su vida. Fue sometido a prueba desde el principio hasta el final de su existencia. El diablo quiere hacerlo renegar de su condición de Hijo. La declaración de "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección" (Mt 3,17) supone que la vocación de Jesús consiste en hacer siempre la voluntad del Padre. El tentador quiere apartarle de este camino al principio de su ministerio, como lo harán al final los que presenciaron la crucifixión, invitándole a bajar de la cruz (Mt 27,40-43), casi con las mismas palabras: "Si tú eres Hijo de Dios...". Entre estas dos tentaciones se encierra toda la vida de Jesús. Todos los que lo rodeaban esperaban que fuera un Mesías glorioso, le pedían signos portentosos (Mt 12,38; 16,1). Pedro intentó alejarlo de su camino de entrega (Mt 16,22). La fidelidad de Jesús a su misión será puesta a prueba hasta en la cruz: "Ha confiado en Dios; que él lo libre                                                                                                                         1

Cfr. La Casa de la Biblia, El tesoro del escriba. Guía para una lectura comunitaria del evangelio de Mateo, Navarra 2001, 30-32.


ahora si lo ama, ya que él dijo: "Yo soy Hijo de Dios"” (Mt 27,43). Jesús afronta todos los conflictos y deja claro que su camino es otro: aquel que pasa por el servicio y por la entrega de la vida. Cuando el tentador abandona la escena, Jesús aparece rodeado de ángeles que le sirven. Aunque no aparecen muchos en este evangelio, los ángeles son siempre mensajeros de Dios y signos de su presencia providente (véase Mt 1-2). Para Mateo, el comportamiento de todo creyente pasa por hacer la voluntad de Dios. Los que leemos ahora el relato de las tentaciones sentimos el consuelo de que Jesús se enfrentó a las pruebas y las venció, permaneciendo fiel al Padre y comportándose como Hijo. Por eso, para él, es significativo el título de Hijo de Dios. Los primeros cristianos, y nosotros, experimentaron también la tentación del poder y de la gloria y, sin embargo optaron por vivir para hacer la voluntad del Padre (Mt 5,3-12; 6,25-34). Hoy, nosotros, que vivimos bajo el poder de las mismas pruebas, nos volvemos al Padre diciéndole: "No nos dejes caer en la tentación" (Mt 6,13).


Explicación de Mateo 4, 1-11