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LĂĄgrimas besadas

inspirado en una de las muchas historias del Santa Fe

Proyecto TĂ­teres con memoria.

TOMO 1 DE 9


Lágrimas besadas (inspirado en una de las muchas historias del Santa Fe) Por: Samantha Beltrán Proyecto títeres con memoria volumen 1 de 9 Impreso en la ciudad de Bogotá , 2018 Editado por: Pie de Monte Ilusraciones por: Ana Maria Coy Herrera Cuerpos en Resistencia


Lágrimas besadas

inspirado en una de las muchas historias del Santa Fe

Era el quinto cliente de la noche, hace una semana que no había conseguido lo necesario para mantenerse en la pensión. Debía trabajar el doble para sostenerse dignamente, pero estaba tan cansada que los pies no aguantaban más su propio peso. Sentía los ojos pequeños, adormecidos por tanto llanto y falta de sueño. La ropa le picaba y el clima estaba demasiado frío. Daría lo que fuera por


un café en ese mismo instante y por estar pronto entre sus sábanas carrasposas. El hombre entró con ella tomándola del brazo, pasaron a la habitación, se desvistieron y uno, dos, uno, dos; cada noche la misma danza que se proclamaba a sí misma como el fantasma de algo que solo podía existir en ese lapso, una triste mentira. Lo disfrutaba, claro que lo hacía, pero nunca pensó que dentro de tan poco lo dejara de sentir. ¿Por qué no? Lo que le ocurría en el cuerpo no le llegaba al alma, solo tocaba su piel, su deseo, su pasión, se acercaba a su corazón, pero nunca al alma; sin embargo, lo disfrutaba. Por su cabeza pasaban las imágenes del día de la huida, los gritos, las lágrimas y el escándalo que había formado su familia al descubrir su secreto, su “condición”. No entendía el problema, solo había unos cuantos vestidos, maquillaje y lencería, no pensaba que sus gustos tuvieran que ser un delito, pero estaban dispuestos a sacrificarla por ellos. Nunca pensó que sería tan difícil, su nueva vida, no era miserable, solo era compleja. Las personas buenas abundaban y flotaban con libertad


por aquel lugar, eso era sí, se sentía libre. Tenía una nueva familia, grande y desquebrajada pero comprensiva, que la aceptaba, por eso le encantaba. Poseía para sí un nuevo amor, uno genuino y sin ataduras o condiciones estúpidas. El acto terminó con relativa rapidez, ni siquiera notó la manera en que se habían descargado sobre ella, había sido banal, fútil. Salió nuevamente, la noche era fría, densa y oscura. No había estrellas en el cielo, a pesar de ello, veía cientos de ellas caminando a su lado en la Tierra. Caminó y caminó las mismas calles y el estruendo habitual marcaba el camino a casa con en el ritmo inusual de los tacones de cada noche. Una nota rompió con la melodía que llevaba en mente, veía una casa con ventanas abiertas de par en par, dentro había varias personas tocando un poco de música, dándole vida a aquel lugar invisible para el mundo y olvidado por Dios. Se quedó en el umbral contemplando la escena, la canción le sonaba familiar, le gustaba, pero hacía mucho tiempo no la escuchaba, comenzó a tararear, luego a cantar con voz suave y cuando por fin sintió que


el ruido alrededor paraba cantó más alto, como si diera una súplica para que continuaran. Al quedarse completamente sola con su voz, se calló, abrió los ojos y los aplausos invadieron sus oídos, lloró como lo había hecho en los días anteriores, con cada lagrima vio sonrisas y vio esperanza.


Este proyecto fue posible gracias al generoso pueblo de los Estados Unidos, a travĂŠs de su Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID). Los contenidos son responsabilidad de la FundaciĂłn Cuerpos en Resistencia y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de los Estados Unidos.


Gente desechable inspirado en la historia de Halloween

Proyecto TĂ­teres con memoria.

TOMO 8 DE 9


Gente desechable (inspirado en la historia de Halloween) Por: Ana María Parra Figueroa Proyecto títeres con memoria volumen 8 de 9 Impreso en la ciudad de Bogotá , 2018 Editado por: Pie de Monte Ilusraciones por: Ana Maria Coy Herrera Cuerpos en Resistencia


Gente desechable inspirado en la historia de Halloween

Mucho gusto, mi nombre es Laura Alejandra Callejas, “la Halloween” y tenga miedo mija, porque yo doy miedo, si usted no me conoce, es que no ha vivido en la calle, no ha pasado frío y no le ha tocado andar con un puñal bajo la manga. A mí no me da pena contarle todo lo que me ha tocado hacer, he puteado y he robado. Yo mato y como del muerto. Soy macabra y me camuflo ¡Soy un camaleón! Hace unos días me propuse investi-


gar, cuál era el misterio de la desaparición de algunas de mis amigas, de mis enemigas, de los habitantes de calle, los desechables que, en realidad en este lugar somos todos. Un día, me dio por seguir a uno de los duros del barrio, ese día antes de salir de mi habitación que estaba ubicada en la calle diecinueve con diecisiete, decidí meterme entre las botas y entre la peluca un par de navajas que tenía y salí a la calle. Me paré frente a la puerta de la casona vieja en la que queda mi habitación, saludé a lo lejos a la Charlotte, la madre que me conseguía los clientes, me puse a observar disimuladamente y rechazaba a clientes para poder estar atenta. Cuando finalmente un hombre llegó en una moto, en realidad yo no sé su nombre, pero sé que ese tipo es el duro de la cuadra. Se quitó el casco y del maletín que tenía cruzado sacó una gorra de los Yankees, habló con los muchachos de los lavaderos y después de un rato le pasaron un paquete ¡Seguro era plata! Después cruzó la calle diecinueve, yo me puse mosca y empecé a seguirlo. Caminé un par de cuadras, yo estaba detrás de él a una distancia pequeña y vi cuando se encontró con un tipo joven que yo había visto por ahí recogiendo basura, metido en las ollas, durmiendo en los separadores de calle, era guapo y ocasionalmente entraba a


los bares a echarse un polvo. Lo saluda a distancia y empiezan a caminar, se detienen y entran a un edificio. Yo saqué mi pipa, le metí un poco de Corinto y la prendí, tras dar un par de caladas, veo que el sujeto de gorra sale y camina rápido, creo que no se dio cuenta que lo seguí. Me senté hasta la noche en ese lugar, pero el muchacho nunca salió y mi curiosidad se hizo más fuerte. El edificio era viejo, tenía humedad en las paredes, cerca al techo en donde debía ir un escudo de armas, había una cola de pez esculpida en mármol, me fui sin descubrir nada. Fui a buscar un cliente, al encontrarlo, lo metí mi habitación, al culminar el acto de rutina, saqué la navaja que había metido en mi peluca y me le lancé al cuello, le pedí la plata y lo despaché con un rasguño detrás de la oreja, le dejé un recuerdito y así completé lo del diario. Luego de averiguar por varios días cuál era el misterio del edificio y no recibir respuesta, me propuse de nuevo seguir al sujeto. Yo tenía claro que llegaba en su moto todos los jueves cerca de las diez de la mañana, entonces antes de salir guardé en mi bolso ropa de hombre para camuflarme. Salí a la puerta del edificio y llegó el hombre, escondida tras unas amigas me cambié rápido y me fui decidida detrás de él. Esta vez escogió a una puta, la más vieja de la


cuadra. Ella lo acompañó al edificio y sucedió exactamente lo mismo, tras un rato el hombre salió solo. Yo no tenía marihuana conmigo, necesitaba estar alerta, saqué del bolso un cuarto de aguardiente para envalentonarme y tomé casi media caja y rodeé el edificio. Caminé una cuadra hacia el sur hasta toparme con el respaldo del lugar. Me detuve en seco dos casas antes de llegar porque vi a unos tipos grandes sacando tres bolsas, de una de las bolsas salía un poco de la peluca de la puta vieja que había acompañado al malandro, la bolsa goteaba sangre. Nunca más me volvía a interesar. Había descubierto una de las casas de pique y si no quería ser yo la próxima era mejor que dejara mi curiosidad. Ese día supe que la gente iba a seguir desapareciendo y que si no quería ser la próxima era mejor que me mantuviera lejos.


Este proyecto fue posible gracias al generoso pueblo de los Estados Unidos, a travĂŠs de su Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID). Los contenidos son responsabilidad de la FundaciĂłn Cuerpos en Resistencia y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de los Estados Unidos.


El flautista

Inspirado en una de las muchas historias del Santa fe

Proyecto TĂ­teres con memoria.

TOMO 4 DE 9


El flautista (Inspirado en una de las muchas historias del Santa fe) Por: Ana María Parra Figueroa Proyecto títeres con memoria volumen 4 de 9 Impreso en la ciudad de Bogotá , 2018 Editado por: Pie de Monte Ilusraciones por: Ana Maria Coy Herrera Cuerpos en Resistencia


El flautista

inspirado en una de las muchas historias del Santa Fe

El agua fría cae sobre mi cara de forma constante. El goteo es espeso, mal oliente y recuerdo la tubería rota sobre mi cabeza. Afuera se escuchan las sirenas de las ambulancias, de los carros de policía, de las putas ruidosas. El olor a bareta y pegante se hace más fuerte. Cuando abro los ojos me doy cuenta que sigo en el mismo lugar. En ocasiones imagino que antes de que mi casa fuera un metedero de


bazuco, era una tienda de barrio, que yo la atendía y robaba cigarrillos a hurtadillas. El único recuerdo que tengo de quien fui, es mi vieja flauta y aunque ya no conserva el brillo del metal, funciona bien como cable a tierra. Supongo que ella me mantiene lúcido a pesar de todo lo que consumo a diario, ¡a pesar de vivir en esta ciudad tan hostil! Busco mi flauta entre la basura del suelo, no la encuentro y me angustio. Tengo un cuerpo largo, ligero. De un solo salto logro deshacerme de mi cama improvisada hecha de cartones y periódicos. De pronto la veo, ahí está, entre la mierda, las ratas y la basura, la tomo rápidamente y la guardo en mi chaqueta de cuero con taches, que a pesar de estar raspada y rota, aún conserva sus bolsillos internos. No sé cuántos días han pasado desde que llegué al barrio Santa Fe, sé que ahora soy más delgado y viejo, eso es lo que logro identificar en un pequeño espejo que conservo para levantar mi cresta y acomodar el gancho de nodriza que utilizo como arete.


No sé si soy bueno o soy malo y no creo que a estas alturas importe. Sé que soy un tipo duro, mal oliente, un perdedor; que vive en ningún lugar, en la ciudad de nadie. Sé que camino todos los días, que a veces me toca robar o pedir monedas para drogarme y comer. Sé que me duelen los pies, porque mis botas Dr. Martens están rotas. Sé que mi piel está tomando un tono gris que me mimetiza con la ciudad y que mis manos están ásperas y agrietadas, que vivo estancado en la abrumadora rutina. ¡Claro! Una rutina diferente a la de los oficinistas que me miran con desprecio o lástima cuando caminan a mi lado o me observan desde el Transmilenio. Aquí la rutina es la muerte, las putas, los borrachos, la droga. Están los matones, para quienes la vida no tiene precio y está la gente que defiende su vida a muerte. También está mi flauta, los niños indígenas corriendo descalzos, los ancianos cachaquísimos que jamás abandonaron sus casas construidas por el Plan Brunner. La bulla que se convirtió en música, el desarraigo y la desesperanza que se construyó como discurso y poesía,


la pesada realidad que se convirtió en un relato sucio, los atardeceres ambientados con las notas de mi flauta, que, aunque lo deseé, jamás sirvió para adiestrar ratas.


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No solo se baila sobre un escenario inspirado en la historia de Alexa

Proyecto TĂ­teres con memoria.

TOMO 5 DE 9


No solo se baila sobre un escenario (inspirado en la historia de Alexa) Por: Ana María Parra Figueroa. Proyecto títeres con memoria volumen 5 de 9 Impreso en la ciudad de Bogotá , 2018 Editado por: Pie de Monte Ilusraciones por: Ana Maria Coy Herrera Cuerpos en Resistencia


No solo se baila sobre un escenario inspirado en la historia de Alexa

Eran las tres de la mañana y hacía tanto frío que sentía un dolor en el cuerpo que me llegaba hasta los huesos. Fue una noche buena, ya iba por el quinto cliente, pero tenía tanto frío. Yo soy de tierra caliente, recién llegada a esta ciudad y trabajo toda la noche. Tenía un vestidito que me quedaba divino, obviamente, pero que no me tapaba nada. Estaba a punto de quedar congelada en esa esquina, creo que era la calle dieciocho si mal no recuerdo. Aunque sí soy sincera ya me sentía


congelada. Esa esquina me tenía atrapada, consumida. Una de esas noches mientras me fumaba un cigarrillo y en medio del ir y venir de los clientes, vi a una chica altísima a lo lejos, tenía un vestido rojo, la piel morena, los labios gruesos y carnosos; a pesar del trepe espectacular que llevaba, lo que me llamó la atención fueron sus movimientos al caminar, movía las caderas, los hombros, los pies con tanta gracia y coordinación que parecía una coreografía, caminaba igualitico a mí, ahí supe que ella y yo compartíamos la destreza, llevábamos el ritmo en la sangre, esa fue mi señal, espere impaciente que llegara hasta mí. Cuando estaba en Sincelejo, noté que yo no era igual a las otras muchachas del pueblo. Cuando salía a las calles tenía un ritmo diferente, algo que me hacía única. Yo soy costeña y me encanta bailar, mover las caderas, los hombros. Cada recorrido por las calurosas calles de mi tierra eran pequeñas coreografías que mis pies de forma autónoma construían. Mi habilidad al bailar la descubrí de la mano de mi sexualidad. Yo estaba incomoda en mi cuerpo, mi ropa, mi nombre, yo


era Alexa, no Carlos, Juan, Roberto o como se les ocurriera a mis papás que debía llamarme. Eso hizo que cuando bailaba por mi pueblo, la gente me gritara “¡mariquita! ¡Afeminado! ¡Mujercita!” Y yo no entendía cómo eso podría ofenderme, no entendía que era lo que estaba haciendo mal. Después, los gritos se acompañaron de amenazas, golpes, putazos y a mí me empezó a dar miedo, porque en ese pueblo cuando el río suena piedras lleva. Yo sabía que el día menos pensado me desaparecería, entonces decidí buscar mis sueños en Bogotá, me dije, “en esa ciudad tan grande, la gente no tiene tiempo de meterse en la vida de otros”, pero me equivoqué, nadie me daba trabajo y no me lo daban por las mismas razones, me decían “vete de aquí mariquita”, “acá no sirven los afeminados”, “no sirves para esto mujercita”. Yo estaba muerta del hambre y uno de esos días, después de buscar trabajo llegué al barrio y vi a una chica como yo y le pregunté, ¿usted qué hace ahí? Me respondió con firmeza -pues buscándome el pan-, después me preguntó


si tenía hambre y solté un par de lágrimas. Ese día empezó todo. En el puteo me fue bien y entre más días pasaban me llegaba más plata, porque me ponía más y más bonita. Entre las hormonas, las inyecciones y la ropa que me hacía más apetecida por los clientes habituales de los bares, estaba culminando mi metamorfosis. Cuando la mujer finalmente llegó, se paró en frente de mí, era algo masculina, pero tenía más presencia que cualquiera de las gallinas que se encontraban buscando cliente por ahí. Cuando se detuvo me di cuenta que la había visto antes, regalando condones y hablando de autocuidado, cosas que para mí eran tan irrelevantes. Hablamos un rato de danzas, de hombres, de hormonas y de violencia, hasta que llegamos al punto en común, el que yo había descubierto con solo verla de lejos, las dos éramos bailarinas y ella me ofreció un espacio para bailar, yo de paso le ofrecí mis manos, para coser, hacer nuestros vestidos, esa fue la noche del nuevo comienzo, ella trajo nuevas opciones y mi boleto de salida del barrio Santa Fe.


Este proyecto fue posible gracias al generoso pueblo de los Estados Unidos, a travĂŠs de su Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID). Los contenidos son responsabilidad de la FundaciĂłn Cuerpos en Resistencia y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de los Estados Unidos.


Mujer de nadie inspirado en la historia de Rubiela

Proyecto TĂ­teres con memoria.

TOMO 6 DE 9


Mujer de nadie. (inspirados en la historia de Rubiela) Por: Maryluz López Proyecto títeres con memoria volumen 6 de 9 Impreso en la ciudad de Bogotá , 2018 Editado por: Pie de Monte Ilusraciones por: Ana Maria Coy Herrera Cuerpos en Resistencia


Mujer de nadie inspirado en la historia de Rubiela

Quiero liberar mi espíritu mientras escribo tu historia para que no estés más en mis sueños, en mi piel, en mi cabello, en mis orgasmos, en mis amantes. ¡Por tu culpa!


Me han llamado zorra, loba, grilla, perra, puta, fufurufa, inodoro, vendida, bandida, cosa, motosierra, vasito con agua, chita, vagabunda, mujerzuela, prostituta, verdulera, bruja, cabrona, asquerosa, ramera, fácil, sucia, barata, patialegre, prepago e incluso pecadora. Me han echado de fiestas, de entornos familiares, de lugares comunes, me han señalado, vituperado, avergonzado, discriminando y escupido. Me he sentido indigna, objeto, basura, letrina, engañada, abusada, deshonrada, devaluada, humillada, triste, fea, mercancía, culpable; una servilleta para usar y botar. Me he odiado por nacer. Quiero deshacer todas estas palabras, todas estas marcas en mi piel. ¿Cómo hago para que no me duelas tanto, mujer? ¿Cómo cerrar las heridas que has abierto en mis adentros?


¿Cómo amar los restos que dejaste de este cuerpo fatigado y corroído? ¿Cómo saber que te pertenezco? Si fui una cometa para ti, me llevaste, me trajiste y me perdí en el aire. ¿Cómo devolver el tiempo y mirar si eras lo más conveniente para mí? Me robaste la juventud, te la jugaste a cambio de monedas. ¿Cómo aceptarte en mi ser? Mujer de todos, mujer de nadie. ¿Cómo no amarte si aún continúas en mi piel?

El ave nocturna Sus manos ásperas, gruesas, tarjadas y con callos estrujaron mi piel. Sentí repudio, rabia y frustración. Lloré en silencio mientras él se dirigía hacia mí con brusquedad dejando así sus asquerosas huellas detrás.


¿Crees que esto es vida fácil? A muchas nos han matado, nos han desaparecido, ultrajado, nos han violado y silenciado por el hecho de ser prostitutas. Antes era un ave presa en mi jaula de oscuridad, llamada sin vergüenza por una sociedad, hasta que descubrí la luz. Abrí mis alas y volé sin olvidar a mis otras aves. Hoy soy la voz de la noche, del día y hablo por las que callan.


Este proyecto fue posible gracias al generoso pueblo de los Estados Unidos, a travĂŠs de su Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID). Los contenidos son responsabilidad de la FundaciĂłn Cuerpos en Resistencia y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de los Estados Unidos.


Metamorfosis inspirado en la historia de Diego

Proyecto TĂ­teres con memoria.

TOMO 9 DE 9


Metamorfosis (inspirado en la historia de Diego) Por: Ana María Parra Figueroa Proyecto títeres con memoria volumen 9 de 9 Impreso en la ciudad de Bogotá , 2018 Editado por: Pie de Monte Ilusraciones por: Ana Maria Coy Herrera Cuerpos en Resistencia


Metamorfosis inspirado en la historia de Diego

Ella siempre estuvo ahí, era difícil callarla. Cómo callar algo que forma parte de ti. Alejandra existe desde que tengo memoria, ella es mi parte suave, compasiva y bella. Aún recuerdo la primera vez que la descubrí: estaba en frente al viejo tocador de roble en el que mi mamá guardaba, rulos, aretes y maquillaje. Vi un labial de empaque dorado y brillante, al abrirlo me di cuenta que era de color rojo y siguiendo mi instinto lo puse en mis


labios. Después de ver el espejo por un rato, perdido en mi descubrimiento, tomé un collar de perlas y lo puse alrededor de mi cuello, jugué un rato a ser mi mamá. Después, sentí unos pasos por el corredor de la casa y me petrifiqué. Cuando mi mamá entró al cuarto, me miró de forma compasiva, fue la primera vez que identifiqué ese gesto en ella, se acercó y dijo: ¿Qué haces? -Son cosas de niñas-, después de eso me agarró del brazo y de un jalonazo me llevó al lavamanos, me lavó la cara con fuerza, recuerdo que el agua estaba muy fría y el jabón se metía un poco en mis ojos. Me lastimaba. Pero el mensaje fue difuso, jamás entendí sí el hacer cosas de niña, era bueno o malo y si el hacerlo me convertía en una de ellas. Hasta la adolescencia logré comprender el sentido de las palabras de mi mamá. El día en el que hacer cosas de niñas, no fue más un juego. El día en el que se convirtió en mi realidad. Lentamente fui dejando libre a Alejandra, capa a capa dejé salir a la mariposa del capullo. No creo que haya sido una sorpresa para nadie. Creo que tenía alrededor de quince años y ya no quería ser más la fea oruga. Y comenzó todo, mi mamá lo reconoció como natural en mí, no hubo lugar a juicio de su parte, ella había construido una imagen de mí, que era más parecida a Alejandra.


Salí de mi casa para vivir una nueva vida, pero en mi pueblo no somos mariposas, más bien, nos toca ser putas y supuse que la vida se trataba de asumir lo que te llegaba, con fortaleza. Como llorar es cosa de niñas lo hacía un poco cada noche, solo por sacudir un poco la realidad. Un día, después de caminar, andar en camiones y putear por todo el país, decidí llegar a Bogotá. Estuve unos días en una habitación en la calle novena con veinticuatro, era una ratonera, pero la ubicación era perfecta y además tenía una vista maravillosa. Tras asumir mi nuevo reto, encerrada en ese lugar, finalmente lo decidí, me puse unos tacones negros, charolados con correas que rodeaban mis tobillos, los que me aumentaban diecisiete centímetros gracias al tacón que era delgado. Soy morena, mis piernas son torneadas y gruesas por eso, no utilizo medias veladas. Sobre el muñeco, decidí montarme y ponerme una minifalda de cuero apretadísima y finalmente un corsé rojo de encaje que marcaba mi cintura y hacía que mis senos sobresalieran un poco más. Antes de maquillarme, me rasuré, usé un maquillaje fuerte y lo terminé con un labial rojo y brillante. A pesar de tener el pelo largo,


aún no era suficiente para mí y de la maleta, saqué una peluca rubia que me llegaba hasta la cintura. Estaba lista. Abrí la puerta de la habitación, salí por el corredor y sentí el olor a cloro que hizo que me ardieran los ojos y me picara la nariz. Bajé por una escalera estrecha y algo oscura. Al salir a la calle empecé a escuchar a la gente murmurando y decidí ignorarlos cantando una canción en mi cabeza “Like a virgin, uh…” en medio del canto avancé dos cuadras hacia el sur y bajé a la Avenida Caracas. Me ubiqué en la calle veintiuna, me recosté un poco sobre el muro de una bodega, pero el olor a orina me molestaba, hice todo lo posible para que no se notara. Hacía mucho frío, eran las seis de la tarde, empezó mi primera vez en el barrio Santa Fe y decidí seguir cantando la canción en mi cabeza durante toda la noche.


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ÂĄCorre!

inspirado en la historia de Erick

Proyecto TĂ­teres con memoria.

TOMO 2 DE 9


¡Corre! (inspirado en la historia de Erick) Por: Ana María Parra Figueroa Proyecto títeres con memoria volumen 2 de 9 Impreso en la ciudad de Bogotá , 2018 Editado por: Pie de Monte Ilusraciones por: Ana Maria Coy Herrera Cuerpos en Resistencia


¡Corre!

inspirado en la historia de Erick

Otra vez los disparos, escucho un trote de soldados a lo lejos, los gritos y la desesperación, tengo miedo y todo está oscuro. En la oscuridad solo puedo escuchar mis lamentos y sentir mis lágrimas rodando por mis mejillas. Soy pequeño y frágil. Siento el olor a muerte que se mezcla con la selva. El ritmo del río marca mis pasos y de nuevo empiezo a correr. Lo que me rodea, me lastima, generando raspones y cortes profundos. Me de-


tengo de forma repentina, tengo la sensación de caer al vacío y tras gritar unos segundos, abro los ojos en mi habitación. Me levanto sobre las seis de la mañana, un poco más tarde que de costumbre, pero igual temprano, como todos los jodidos días desde que salí corriendo de mi pueblo. Las pesadillas no me dejan dormir y prefiero escuchar algo de Punk y armarme un bareto, la marihuana es lo único que me calma, aunque lo asumo como efecto placebo. Antes, cuando me puteaba en el barrio Santa Fe, consumía de todo. Yo soy un tipo de excesos y nada me sacia. Ahora no lucho contra mis adicciones, ni busco reivindicarme, finalmente ya perdí lo que tenía por perder. Este país es un mierdero, y yo lucho por cambiar un poco de esa realidad. Aunque a veces me siento agotado, es bastante duro luchar contra una violencia que te asecha a donde quiera que vayas. Ser diferente me ha marcado, soy marica, campesino, pobre, puta, sidosa; soy incomodo, una piedra en el zapato. Al menos eso me hicieron creer, esa gente, la que maneja el país. Salgo a caminar y me fumo mi bareto, ¡soy excelente ar-


mándolos! Soy el tipo rudo que anda por Bogotá con la barba abundante, con las perforaciones y la chaqueta roída llena de parches de bandas de Punk de los años 70, soy el tipo que ¡está cagado del susto! Aunque ser un chico malo resulta ser una buena fachada en esta ciudad, a veces busco pasar desapersibido, ser un don nadie, pero algunos espacios me resultan bastante llamativos. Me gusta hablar, tengo un discurso fuerte y eso me hace visible de nuevo, a pesar de los esfuerzos. En últimas, los matices de mi vida me convirtieron en alguien paranoico, en realidad me gustaría tener más opciones, ser sigiloso, hábil, sutil y tener una vida tranquila. No pensar tanto, no escuchar tantos ruidos, no tener miedo, no conmoverme cuando veo gente como yo que también está hablando bajito, tratando de ser invisible, escondiéndose de quienes tienen las armas, de quienes tienen el poder. Me gustaría no parecerme a ese barrio de gente tan jodida, de calles mal olientes, de asesinos a sueldo, me gustaría ser otro, uno que no esté tan atravesado por las armas, la violencia, por


los discursos políticos, todo eso que nos ha hecho tanto daño, que ha cavado tantas tumbas. Me gustaría no ser tanto como el barrio Santa Fe, ser más como otros espacios, barrios, ciudades, pero hay cosas que se tatúan en la piel, que se adueñan de las palabras. Odio este barrio, tanto como puedo amarlo y sigo estancado aquí. Este resulta ser mi lugar y en realidad no creo poder hacer nada para cambiarlo.


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Mariposas de ciudad

inspirado en una de las muchas historias del Santa Fe

Proyecto TĂ­teres con memoria.

TOMO 7 DE 9


Mariposas de ciudad (inspirado en una de las muchas historias del Santa Fe) Por: Camila Figueroa Proyecto tĂ­teres con memoria volumen 7 de 9 Impreso en la ciudad de BogotĂĄ , 2018 Editado por: Pie de Monte Ilusraciones por: Ana Maria Coy Herrera Cuerpos en Resistencia


Mariposas de ciudad

inspirado en una de las muchas historias del Santa Fe

Algunas veces miro las estrellas, para mí las estrellas y las mariposas son los sueños de quienes viven en esta ciudad. Yo formo parte de ella, aunque algunos me olvidaron y otros pasaron sobre mí sin darse cuenta de que yo soy como ellos, solo busco cumplir mi sueño, sigo la brújula que mi padre dejó cuando murió, ella me guía sobre el bien y el mal, una delgada línea entre los dos.


Hace unos días les diría que mi sueño era que no me olvidaran, intentaba que alguien en Bogotá me recordara. Justo antes de morir esperaba recibir un abrazo sincero. Mi trabajo no da tregua, no tengo día de descanso y es que intentar ser recordado es muy difícil, hice varios intentos, a veces repartía abrazos a aquellos que, como yo, habían sido olvidados. Justo cuando les decía mi nombre, llegaba la muerte, que siempre nos traiciona y cae de sorpresa. Después traté dibujar con pintura en aerosol las paredes de la ciudad, pero la Policía se llevó las latas y tapó con color blanco las flores y mariposas que había pintado. Luego, intente plantar árboles con la esperanza de que en el periódico saliera mi nombre. Puse semillas en la Avenida Caracas, en los separadores desiertos y pensaba en que los árboles son escaleras a los sueños: son vida. Aunque todo el día, cruzaba el barrio Santa Fe con semillas de varios árboles, pocos florecieron. Me gusta pensar que quizás no creían que Bogotá fuera su hogar, seguro los asustó el Transmilenio, a quien confundieron con el diablo. Cuidé a los árboles que florecieron con mi alma. Era raro ver a uno de los nuestros acariciándolos, los tenía contaditos y dibujados en un papel. Les había contado las ramas e incluso las hojas.


Un botánico que vive en el barrio me enseñó que las hojas se llaman folios y él no entendía cómo los árboles crecían tan rápido, - son nogales y sauces- me explicó, dijo que eran los árboles característicos de esta ciudad y yo les encontré un parecido con ella. Todo iba muy bien con los árboles, ya llevaban años floreciendo. Sobre sus folios había mariposas. Cuando llegó el nuevo alcalde, nos declaró la guerra a los olvidados y muchos perdieron su casa. Un día, cuando estaba abrazando a mis árboles un policía llegó y me preguntó bruscamente que con qué derecho abrazaba los bienes de la gente decente. Días después, fui a verlos y todos tenían pintado un gracioso letrero con el lema de la alcaldía, decía haber recuperado a mis árboles. Ya no había vuelta atrás, había gastado años en crear el bosque. Con tanto tiempo perdido y arrebatado debía moverme rápido. Comencé a recoger basura mientras mis lágrimas caían sin cesar, entonces encontré una bella dama de seis cuerdas, de la cual salía una dulce melodía. Empecé a recordar lo que mi mamá me había enseñado, -unos acordes, una simple canción del campo-, en ese momento lo supe: la guitarra y yo cantaríamos a la ciudad, en la noche y en el día.


Nuestra música iría con el viento y me ayudaría a recordar de dónde vienen los sueños. Si escuchas hoy con atención nos podrás oír acompañándote, quizás con un bambuco por las plazas y callejones del Centro, sin pretender más que un abrazo. Mis compañeros, algunas veces me acompañan, con los ojos recuerdan que son de lugares lejanos, sus lindas voces cantan con alegría a la vida, a la muerte, a la soledad y a la ciudad. Muchos nos aplauden y abrazan, algunos hasta cantan y nos agradecen. La música convirtió mis cenizas en mariposas, son las mariposas que acompañan los árboles que sembré.


Este proyecto fue posible gracias al generoso pueblo de los Estados Unidos, a travĂŠs de su Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID). Los contenidos son responsabilidad de la FundaciĂłn Cuerpos en Resistencia y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de los Estados Unidos.


Una casa frente al mar inspirado en la historia de Candy

Proyecto TĂ­teres con memoria.

TOMO 3 DE 9


Una casa frente al mar (inspirado en la historia de Candy) Por: Alejandra Bonilla Proyecto tĂ­teres con memoria volumen 3 de 9 Impreso en la ciudad de BogotĂĄ , 2018 Editado por: Pie de Monte Ilusraciones por: Ana Maria Coy Herrera Cuerpos en Resistencia


Una casa frente al mar inspirado en la historia de Candy

En ese entonces nosotras mandábamos. Nos envidiaban, nos querían imitar, andábamos regias todo el tiempo, femeninas y elegantes. Era espectacular caminar sobre la calle setenta y uno con Avenida Caracas y sentir las miradas de deseo que les robábamos a los cacorros cobardes que solo echaban un ojo, cuando sus esposas se distraían con la vitrina de algún almacén. Yo era una reina, una diva, éramos la liga de las maricas que tenían más territorios, éramos depredadoras, arrebatábamos en el camino al que nos pusiera la mano encima. Nos cuidábamos unas a las otras, no nos dejábamos de nadie, al fin y al acabo se trataba de sobrevivir. El problema en realidad fue


que nos embriagamos de poder, al menos yo lo hice. Yo siempre quise más de todo lo que me llegaba, más plata, atención, zapatos, yo quería todo y sabía cómo conseguirlo. Los tombos y los niños ricos nos hicieron la vida imposible y fue inevitable que alguna de nosotras se ganara la corona de mártir a causa de la inevitable grima que representábamos para la sociedad. Lamentablemente un día me tocó la corona, me culparon de matar a una chica y ahí se acabó todo: la plata, la ropa, el derecho y el poder que me gané trabajando. Me encerraron por quince años y en realidad mi único delito fue caerle mal a un par de policías. Ese día me arrebataron la libertad. No concibo el tiempo porque en una celda el tiempo no existe. Todas las mañanas es lo mismo, saludar a los cuerpos y almas rotas que lo habitan. En este lugar la diferencia es expuesta y juzgada, aun así, me mantengo firme. He podido sobrevivir gracias a que un día de tantos empecé a escribir en un cuaderno viejo, como si fuera un diario, le escribí a la otra Candy, a la que vivió en la elegante y lujosa Bogotá, a la niña asusta-


da que habitaba ese cuerpo masculino, a la que su familia desplazó a balazos para adueñarse de sus tierras, a la joven que se vestía con hermosos vestidos y cuidaba su cabello, a esa Candy con aspiraciones, idónea, hermosa y empoderada. Un día tras escribir un rato, empecé a sentir mis piernas dormidas, me levanté y me puse a caminar por la celda, ese lugar era tan agobiante, que necesitaba salir de ahí. Reposé mi frente sobre la reja, cerré mis ojos y mis manos apretaban muy duro el hierro. Pasó un rato y mis manos se tornaron rojas, mis labios se sentían rígidos, haciendo tanta fuerza empecé a sentir como mis dientes se astillaban, el espacio entre los barrotes de la reja empezaba a aumentar, finalmente la fuerza que hice me permitió separarlos por completo logrando que mi cuerpo pasara por ese espacio. No me percaté si había guardias, salí y caminé por el pasillo mientras los otros internos dormían. Escuché a los guardias cuchichear a lo lejos, caminé por el corredor que era largo y oscuro, entonces me quité los zapatos para no hacer ruido.


A lo lejos se veía una puerta roja y aceleré el paso. Al llegar miré la cerradura y recordé cómo escapaba de la casa de mi abuela cuando era niña. Me mordí la uña del dedo meñique, era la más larga que tenía, la moldeé hasta que quedó filosa, me agaché y mis ojos quedaron a la altura de la chapa, inserté la uña en la cerradura e hice mañas hasta que logré abrir la puerta. Los rayos empezaban a entrar, olí el aire, estaba tan fresco, cómo extrañaba el aire fresco. Cuando la puerta se abrió empecé a caminar, caminé por días, a medida que avanzaba sentía cómo variaba el clima, la geografía. La gente por el camino me regalaba plata y comida. Después de tanto caminar, finalmente logré lo que deseaba, de lejos olí la arena y el mar, estaba en la playa. Corrí desesperadamente con los ojos llenos de lágrimas. Cuando sentí la arena me deshice de mis zapatos, era tan tibia, caminé un poco más, esta vez más lento para no perder la sensación, las olas sonaban dulcemente, cuando llegué al mar me detuve y pensé que finalmente estaba en mi hogar.


Este proyecto fue posible gracias al generoso pueblo de los Estados Unidos, a travĂŠs de su Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID). Los contenidos son responsabilidad de la FundaciĂłn Cuerpos en Resistencia y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de los Estados Unidos.

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