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TEORÍA DE ROLAND BARTHES por: Ingrid Gallardo Ometecuhtli y Omecihuatl, el Señor y la Señora de la Dualidad en la religión azteca, tuvieron cuatro hijos. Cuatro encarnaciones del Sol. A ellos les encomendaron la tarea de crear el mundo, de dar vida a los otros dioses y finalmente a la raza humana que los adoraría. Cada hermano representaba un orden, un tiempo, un espacio, un punto cardinal y un color. El rojo se llamó Xipe Totec. El negro, Tezcatlipoca. El azul, Huitzilopochtli. Y el blanco, Quetzalcóatl. Quetzalcóatl, a quien los hombres también llamaron “gemelo precioso”, fue el dios civilizador y de los sortilegios. Inventor de las artes, de la orfebrería y del tejido era, por su enorme sabiduría, de piel y barba blancas. También fue llamado “Señor de todo lo que es doble”. A diferencia de su hermano azul, Huitzilopochtli, que era un dios guerrero y reclamaba continuamente derramamientos de sangre, o del negro Tezcatlipoca, que era amo y señor de la noche, Quetzalcóatl no deseaba sacrificios humanos en su honor. Su reino era el claro atardecer. Cuando los hermanos comenzaron su tarea, cuatro mundos, cuatro soles y cuatro humanidades fueron sucesivamente creadas y destruidas. La primera humanidad fue devorada por tigres. La segunda, convertida en monos. La tercera, transformada en pájaros. La cuarta, convertida en peces. Quetzalcóatl, acompañado de una de sus encarnaciones gemelas llamada Xolotl, descendió a los infiernos, de donde alcanzó a robar una astilla de hueso de una de las humanidades anteriores para crear la nuestra, rociándola con su propia sangre. El Señor de la Morada de los Muertos no pudo detenerlo, ni aun arrojando a su paso bandadas de codornices. Los demonios nunca dejaron de intentar engañarlo para que ordenara sacrificios humanos y justificara las “guerras floridas” que reclamaba su hermano Huitzilopochtli. Pero el amor de Quetzalcóatl por los hombres no le permitió sacrificar en su nombre más que animales, culebras, pavos o mariposas, todos ellos consagrados al Sol. El mito se encuentra originalmente el el Popol vhu, es un libro maya para Barthes en el estudio de la mitología, ve el significante como una forma, a la que él puede darle su propio significado. Analizando este mito, la forma que tomaría para darle un significado seria centrarnos en sus creencias sobre la creación. Los cuatro dioses encarnados que eran: rojo se llamó Xipe Totec., El azul Huitzilopochtli, El negro, Tezcatlipoca Y el blanco, Quetzalcóatl; como podemos darnos cuenta en parejas son colores antónimos, el significante como menciona Barthes muchas veces no coincide con el significado, se apoya en objetos equivalentes pero no iguales. Al  nombre de Quetzalcóatl, ellos le daban el significado de “gemelo precioso” y luego lo llaman “Señor de todo lo que es doble”, entonces no existe un significado concreto aquí se cumple la equivalencia pero no la igualdad, en donde equivalen al mismo nombre pero los significados no son iguales. Los sistemas semiológicos pueden ser en este mito también las cuatro humanidades. Se puede notar que ellos creen en un o varios seres que son los encargados de crear,  sabemos que es un mito pero no sabemos que significado tenía exactamente para ellos, nosotros podemos asociarlo al momento de la creación que Dios hizo en el principio, ya que  hace mención de que toma la astilla de  un hueso de una de las humanidades anteriores para crear la nuestra, y puede ser que esa haya sido uno de los sistemas semiológicos [las cuatro humanidades] en donde ellos expresan lo que ellos entendieron la creación como lo que es para nosotros ahora lo que ocurrió en el Génesis.  La primera humanidad fue devorada por tigres. La segunda, convertida en monos. La tercera, transformada en pájaros. La cuarta, convertida en peces. Sus significados podrían ser la creación que menciona la Biblia de los animales marinos, terrestres, los animales aéreos; y la que fue devorada por tigres puede se la separación de las masas de agua tierra y cielo; y para culminar se toma la astilla de  un hueso de una de las humanidades anteriores, como la creación del ser humano.      


Barthes