Issuu on Google+

Un cine que nació como contrapoder

Era una noche fría de pleno agosto, la fábrica no parecía la misma, era una gran caja vacía y decepcionada. No estábamos todos los obreros que éramos, pero si éramos todos lo que en ese momento sentíamos una apasionada asfixia, por el día a día. Eran días difíciles, el general de vacaciones, la desocupación latente pero no estábamos reculando solo tomábamos carrera. Delante de mi estaba el Rubén, hasta hace poco ayudante de cátedra, no se sabe que buena estrella estuvo de su lado que lo hizo safar de la noche del 29. A mi derecha Juan hasta hace poco un tipo sencillo y sin problemas con ese laburo, iba a tener una vejez tranquila y asegurada como todo

empleado público. Pero desde hace un tiempo es ese tipo con la cara transfigurada que parece que cien trenes le han pasado por encima, pero en realidad sabemos que lo único que lo atraviesa, como si esto fuera escaso, es la incertidumbre de saber cuando será el día que pueda cumplir horario fijo y tener un sobre estable al mes. Más allá, compungido y muy callado, pero atento, el compañero Alfonso que solo tenia en mente que mensaje dejar luego de la proyección. Lo que íbamos a ver es una película de Getino y Solanas, expectante me predisponía a mirar la proyección cuando me tocan el hombro… Tipo: - ¡Flaco! ¿Te enteraste del libro que habla de Rosendo? Cualquiera: - No. ¿Que libro?, respondí.

Tipo: - Parece que decidieron compilar las notas que Walsh publicaba en el semanario. Cualquiera: - ¿No me digas? Tipo: - Así es, y eso no es todo me comentaron que junto con este tipo como se llama… (Mira hacia arriba con la mano en el mentón y trata de traer a su memoria el nombre de la persona)-…. ¡Dardo! ¡Dardo Cabo! Cualquiera: - ¿Quien es ese? ¡Dardo Cabo este periodista, hijo de Armando Cabo… el metalúrgico! Cualquiera: -¡Ah si, si… el dirigente! Tipo: - Si ese mismo… como te decía Rodolfo, Dardo, el Lauchón Mendizábal y Caride están tramando algo groso. Y su cara reflejaba algo de preocupación y mucho de venganza…

En ese momento un reflejo ilumina mi cara, hay uno que pide silencio, el murmullo cesa, nosotros también nos callamos y comienza la película… Esta es una situación cualquiera de tipo cualquiera un día cualquiera que tenía que ponerle el pecho a una época como ésta…

Contexto Histórico

Corre el año 1966. El poder político esta en manos de sucesivas dictaduras de


Onganía, Levingston y Lanusse, que imponen una represión general, intervenciones universitarias y censuras varias hasta 1973. Apuntando a una posible estabilidad económica bajo el rótulo de Krieger Vassena, Onganía intentaba promover un régimen nacionalista. Con Perón fuera del país, pero vigente en la formación de agrupaciones peronistas lista para el ataque, se conforman grupos guerrilleros como Montoneros. Como un aire denso la política penetra en todos los ámbitos culturales y artísticos del país, acrecentado la idea de un cine político que Fernando Birri con “Tire Die” y “Los Inundados” venia gestando. Previniendo la relevancia que tenia el medio de comunicación en la sociedad, el gobierno de Onganía fue el propulsor de la ley 17.741 de Fomento de la Actividad Cinematográfica y de la ley

18.019 que imponía un régimen de calificación de películas dejando afuera todas las producciones del Grupo Cine Liberación y luego, el Cine de la base. "¿Cómo hacer para contarles a quienes nacieron en la fabulosa década del 60 lo que fueron esos años épicos y violentos, liberadores y represivos y llenos de rupturas, sueños y utopías? ¿Cómo poder transmitirles lo que significó para nosotros esa época en que teníamos menos de treinta años y desafiando miedos y prohibiciones nos lanzamos a la más hermosa y difícil de nuestras “aventuras” como fue concebir y realizar LA HORA DE LOS HORNOS…?”, Fernando Ezequiel Solanas (1989).

mucho más que ser un simple espectador. Mi presencia formaba parte de una participación, pero estaba en la terrible duda de no saber que pensar. Tal vez por miedo, tal vez por vergüenza, nadie comento nada al respecto. Aunque esa imponente frase y el nombre de su autor repercutían en el pensamiento de todos y nos dejaban inquietos en la silla…

(“Todo espectador es un cobarde o un traidor.” Frantz Fanon)

Surgimiento del cine militante

A lo lejos

en una pancarta pegada a la pantalla una frase me llamaba a la atención y me puso nervioso por sentir que estar en ese lugar representaba

Esta pancarta representa uno de los objetivos que el cine militante que surge en esta época quiere lograr. Con Fernando Solanas y Octavio Getino como iniciadores de un cine que no se queda con la

mera expectación y aspira de el, una herramienta revolucionaria e intervencionista, el cine comienza a fijar los caminos de la clandestinidad desde el rodaje, a la proyección y distribución de las películas como “la hora de los hornos” (1968), “Operación Masacre” (1972) y “Los traidores” (1973) como las principales obras representativas del Tercer Cine. Ese cine que esta afuera del circuito comercial, afuera del cine de autor, en los márgenes del sistema, encontró en la clandestinidad la única manera para expresarse. Con Cuba como modelo, desde el Grupo Cine Liberación, los objetivos son claros: la contrainformación, el cine como herramienta política de países no liberados y con ello la transmisión de una verdad nacional que creen subversiva. A diferencia de Raymundo Gleyzer, quien concibe al cine como instrumento político para


la revolución obrera, Getino y Solanas lo piensan como liberación de los pueblos del tercer mundo intentando llegar a todo el público posible y no solo a las masas obreras como proponía Gleyzer. La violencia es vista como único medio para el cambio revolucionario y la toma de poder. Tanto el Cine de la Base propuesto por Gleyzer como el Cine Liberación intentaban transmitir una verdad que los medios oficiales no ofrecían y la revolución armada como el único camino al poder. “La hora de los hornos llego a ser vista antes de su estreno comercial – que tuvo lugar tras el regreso definitivo de Perón en 1973- por mas de doscientas mil personas”. Octavio Getino 1984.

La vida se magnifica cuando uno pone especial atención en la mirada del otro y también la miseria diaria es magna y te hace sentir como en unas de esas pesadillas donde corres y

corres y jamás salís del mismo lugar o esa angustia del abismo infinito. No voltear la cabeza hacia la realidad de ver nuestra identidad pisoteada me hace pensar en dar un fin a esta puta situación cueste lo que cueste. En ese preciso instante se siente un ruido ensordecedor y todo se hace confuso no se muy bien de donde venían los golpes ni quien me los propinaba, mi reacción inmediata fue escabullirme, pero ellos eran muchos, demasiados… Había polvo de escombro que no te dejaban respirar el dolor era uno solo A lo lejos se escuchaba, no se si era Alfonso o el flacuchito que se sentó solo, que yo particularmente desconocía. El Gritaba: - ¡Vende patrias de mierda ¡Quien les batió donde estábamos! Algunos lograron escapar yo sentí un culatazo en la nuca, algo mojado y después la nada misma…

Hoy amanecí junto a algunos de lo que estaban anoche en este lugar oscuro, húmedo y frío. Parece que la miseria nos quiere acompañar un tiempo más y que ni siquiera no da tiempo a reaccionar. Las cartas están echadas, la jugada no salía a nuestro favor, pero me quedan claras las palabras del general: “La revolución no tiene plazos”.

Natalia LujánMaría de los Ángeles Martínez.


Cine Base