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Guía para seguir y orientar por el camino de la ORACIÓN CRISTIANA

CONVERSIÓN TESTIMONIO

MI CAMINO DE CONVERSIÓN

CUARESMA

CON LA MÚSICA DE LA PALABRA

ESCUELA DE ORACIÓN

TÚ ERES MI DIOS

RECURSOS ORANTES

LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO BUSCANDO LA HERMOSURA

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En este fascículo han intervenido, además de los autores citados, el Equipo de la Revista dirigido por el P. Pedro Tomás Navajas, ocd.

Dep. Leg. BU-213-1983 ISSN: 1336–1441

Dirección Pedro Tomás Navajas pedrotomas@montecarmelo.com Diseño y composición Germán Delgado estudio@germandelgado.es Edita Editorial MONTE CARMELO Tel. +34 947 25 60 61 · Fax. +34 947 25 60 62

En el nombre del PADRE, del HIJO y del ESPÍRITU SANTO ¡Qué alegría al encontrarnos de nuevo, gracias a ORAR, en esta cita mensual de oración y amistad, de compromiso y comunión! ¡Qué alegría al saludarnos todos los Amigos y Amigas de ORAR con un saludo de paz y de alegría! ¡Qué alegría al hablar de oración y al orar juntos! Dios nos bendice. ¡Bendito y alabado seas, Señor! ORAR es un pequeño, pero significativo, signo de comunión para todos nosotros. Gracias a la revista, nuestro reloj orante marca la misma hora y nuestros lazos de amistad se van estrechando. De desconocidos que éramos, nos vamos haciendo amigos y compañeros (los que comen el pan juntos, los que oran juntos) gracias a pequeños detalles compartidos. La revista ORAR es un camino de ida y vuelta. Por eso, todo lo vuestro, lo de cada uno y cada una, es muy importante. Acogemos con delicadeza y respeto vuestra situación personal, incluimos en

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nuestra tienda de encuentro a todas las personas que lleváis en el corazón. A los orantes nada humano les es ajeno. En este número de ORAR queremos hablar de la CONVERSIÓN, una realidad de ayer, de hoy y de siempre. Lo hacemos muy conscientes de que la verdadera conversión no es fruto de nuestro esfuerzo, sino obra y regalo del Espíritu; Él remueve nuestras cenizas, enciende el fuego y nos descubre el rostro amoroso del Padre. Todas nuestras fuentes están en Él. Damos gracias a todas las personas que han colaborado en este número de ORAR y han puesto su granito de arena para mostrarnos que la oración es una experiencia de conversión. “Convertíos, porque está cerca el reino de Dios” (Mt 4,17). Las palabras de Jesús resuenan en medio de la ciudad como un estallido de alegría. Jesús no se conforma con quitar las cuerdas que mantienen trabados nuestros pies, nos regala unas alas y nos


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TESTIMONIO MI CAMINO DE CONVERSIÓN JUAN MANUEL COTELO

DÍA A DÍA CON LA PALABRA TIEMPO DE CONVERSIÓN

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TÚ ERES MI DIOS POR QUÉ ORO Y CÓMO ES MI ORACIÓN

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V CENTENARIO NACIMIENTO DE SANTA TERESA PARA VOS NACÍ

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LA CONVERSIÓN DE SANTA TERESA DE JESÚS

invita a volar susurrándonos una y otra vez: ¡no temas! Sabe que si vencemos el miedo, aunque comencemos a volar torpemente, llegaremos a hacerlo como las águilas. Dios nos conoce mejor que nadie y confía en nosotros más que nosotros mismos; nos invita a navegar no por una estrecha ría sino por mar abierto, nos empuja suavemente a desplegar las velas y nos regala el viento del Espíritu, nos propone olvidarnos del timón y dejarlo en sus manos, solo Él conoce el camino. Podemos aceptar o renunciar, pero ¿quién se conforma con el blanco y el negro cuando ha contemplado el arco iris? ¿Quién desea seguir viviendo a medias cuando se le regala una vida en plenitud? La conversión es la aventura más fascinante que podemos emprender en la vida. No consiste solo en alejarnos del pecado, sino también en entrar en lo que somos por gracia, por vocación. Somos amados y, por ello, originales, nuevos. Somos presencia amorosa de Dios en lo más entrañable de nuestro ser, “ojos deseados que llevo en mis entrañas dibujados”, que decía san Juan de la Cruz. El hecho de que la conversión sea fascinante, no significa que sea fácil. “Mudar costumbre es muerte” y “no es menester poco ánimo para no tornar atrás”, decía santa Teresa de Jesús. Los miedos se hacen grandes en nuestro interior, taponan el agua de nuestro manantial, nos impiden avanzar hacia esa toma de conciencia de lo que cada una y cada uno de nosotros somos. Por eso, para caminar por las sendas de la conversión, necesitamos mucho ánimo

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ORAR CON EL PAPA EVANGELII GAUDIUM

EL PAPA FRANCISCO NOS HABLA DE CONVERSIÓN LA UNIDAD: UNA CONVERSIÓN SIEMPRE PENDIENTE

RECURSOS ORANTES EN BUSCA DE LA BELLEZA MIS PALABRAS ORANTES PARA TI CONSULTAS Y RESPUESTAS QUÉ LE SUGIERE ESTA IMAGEN

y alegría: “Procúrese andar con alegría y libertad”, nos recuerda la Santa de Ávila. La conversión no tiene como finalidad mirarnos en el espejo para vernos perfectos y, desde ahí, separarnos de los demás despreciándolos -Jesús dirigió una parábola a los que, teniéndose por justos, despreciaban a los demás (cf Lc 18,9)-. No se trata de compararnos y medirnos con los demás, diciendo en los adentros: “afortunadamente, yo no soy como ése”. Gracias a Dios, la conversión no es eso. La conversión es tener la certeza de que cada ser humano es un tesoro -“cristiano, recupera tu dignidad”, decían los santos Padres-, es dejar que Otro limpie nuestra mirada, es aprender a vivir y a mirar a los demás con ojos nuevos, es entrar en la fascinante aventura de nacer de nuevo. Lo más grande que nos podemos contar unos a otros es la experiencia de conversión, nuestro paso de las sombras de muerte a la luz de la vida, de la superficialidad a la hondura, de la pasividad a la creatividad, del individualismo a la comunión. “Antes de irte, dinos lo que sabes”, le pedían los jóvenes al Abbé Pierre cuando recorría los barrios de París. “Estoy a la puerta llamando; si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos… lo sentaré en mi trono, junto a mí” (Ap 3,20-21). Si oís esta voz de Jesús, no dejéis de abrir de par en par la puerta del corazón. Que Dios os bendiga a todos. ¡Feliz camino hacia la vida nueva! Pedro Tomás Navajas, Director de ORAR pedrotomas@montecarmelo.com

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TESTIMONIO  MI CAMINO DE CONVERSIÓN

JUAN MANUEL COTELO

MI CAMINO DE CONVERSIÓN Me encanta la escalada, el alpinismo y el parapente. En mi último vuelo aterricé en un árbol. Mi mujer dijo “no me gusta este deporte”. Y se acabaron los deportes de riesgo. 3 huesos rotos, 3 hijas, 8 mudanzas por España y Estados Unidos. Y muchos viajes a Rumania y México, donde he aprendido el significado extremo de la palabra “hospitalidad”. Tras pasar por 8 universidades (2 como alumno, 6 como profesor) ya sé cuál es mi escuela favorita: la vida misma. Para escribir, dirigir e interpretar –que a eso me dedico, a contar historias– no hay mejor centro de formación. ¡Y gratis! He trabajado en programas informativos, concursos, musicales, humor, economía, teatro, dibujos animados… con productoras pequeñas y grandes, para canales masivos o selectos, en España y USA. En cine, he dirigido un largometraje (“El Sudor de los Ruiseñores”), un documental (“La última cima”) y varios cortometrajes. Recientemente he dirigido otro largometraje: Marys-Land (Tierra de María). Como actor suelo estar entre “los buenos”, gracias a que los directores de casting no me han visto enfadado. Me has podido ver en muchas series españolas: “Siete Vidas”, “Policías”, “Compañeros”, “Periodistas”, “Café Express”, “Hospital Central”, “El Comisario”, “Aída”, “El Internado”, “Vida en Marte”…

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Pero hoy, el mejor resumen de mi vida, es otro: “El Reino de los Cielos es semejante a un comerciante que busca perlas finas y, habiendo dado con una perla de gran valor, va y vende todo cuanto tiene y la compra” (Mt.13, 45 – 47). Y ahora la comparto contigo a través de INFINITO + 1. Sólo dejaré esto por algo mejor. Si sabes de una historia que merezca la pena ser contada, mejor que la historia de amor entre Dios y los hombres, no dejes de contármela.

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Asumo el reto de escribir sobre “la conversión”, tal como me piden los responsables de la revista “ORAR”, confiando en que algo de lo que escriba sirva de estímulo a algún lector. Así lo pido en este instante al Señor, fuente de todo don. Sin su luz, no me veo capaz de comprender ni explicar una realidad que escapa a mi control y que me sorprende, día a día, desde hace varios años.

Asumiendo de antemano esa limitación, así como la ayuda generosa del Cielo, no renuncio a acercarme, aunque sea de puntillas, hacia su conocimiento. Tal vez una sencilla metáfora me ayude a avanzar, más que una definición: me veo como si pretendiera domar un enorme caballo salvaje, sobre el que estoy cabalgando, sin comprender cómo he llegado hasta aquí. Y sospecho que cualquiera que haya experimentado su propia conversión, puede afirmar lo mismo. Si la conversión espiritual fuera un proceso que se pudiese planificar, organizar y ejecutar, sería fácil explicar lo vivido... pero no es así. Al menos, en mi caso y en el de tantas personas que conozco. Primero sucede -está sucediendo- y sólo después de experimentar el inicio de esta transformación, desea uno entender el “fenómeno”. Por eso, créanme si les digo que hoy contemplo mi propia vida más como un espectador, que como un protagonista. Constato que en mis manos tengo la libertad permanente de frenar mi propio crecimiento, de tirar de las riendas con fuerza y bajarme de este caballo cuando quiera, pero he descubierto que, si avanzo, es gracias a Otro más grande que yo, que me lleva. Sólo Él conoce con exactitud el diagnóstico de mi alma. Sólo Él sabe si mi percepción de la realidad se ajusta o no a la verdad. Teniendo en cuenta estas limitaciones, y sin pretender agotar el tema, ignoro si soy capaz de aportar una chispa de luz... pero allá voy, confiando en la ayuda del Cielo y en la buena voluntad de los lectores, que espero me disculparán si no lo consigo. Muchas gracias.

EL PUNTO DE PARTIDA: ¿CONVERSIÓN... YO? Hasta hace pocos años, la palabra “conversión” tenía para mí, sobre todo, un significado económico. Se convertían las pesetas en euros, y los euros en pesetas. Sí... también conocía el concepto de “conversión espiritual”, pero como algo francamente excepcional, que viven algunas

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Es más... ¡me consideraba todo un defensor de la fe! Si la situación lo exigía, no ocultaba mi condición de cristiano ante otros. Si alguien faltaba al respeto o se burlaba de la Iglesia en mi presencia, se topaba con mi defensa frontal, que podía llegar a ser agresiva, bajo la forma hiriente de la ironía, de la ridiculización de los argumentos contra-

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personas, muy pocas. De hecho, a mis 40 años, había conocido solamente dos casos de personas adultas que se habían “convertido”. Los consideraba casos raros, extraordinarios, asombrosos, dignos de mención. “Convertirse” significaba, hasta donde yo sabía, que una persona adulta aceptara la doctrina de la Iglesia, se bautizara y empezara a practicar: ir a misa, confesarse, boda religiosa, etc. Y como yo ya estaba bautizado desde niño... ya me había casado en la Iglesia, ya había bautizado a mis hijas, ya iba a misa y ya rezaba a diario... la conversión era un concepto ajeno totalmente a mi vida. Celebraba que se convirtieran “ellos”... pero yo no necesitaba conversión alguna, puesto que ya era católico practicante, habituado a rezar.

rios. Mi cabeza orgullosa y mi lengua afilada competían de modo tajante, cortante, humillante y vencedor. ¿Necesita conversión alguien así? No... ¡claro que no! “Ellos” eran los que debían convertirse, no yo, católico ejemplar, con sobresaliente en teoría religiosa, capacitado para dar lecciones a los demás. “Ya le gustaría a Dios tener a tantas personas como yo.” Por supuesto no lo pensaba así, explícitamente... pero lo cierto es que, en la práctica, vivía mi fe con una autocomplacencia vanidosa que hoy veo retratada en algunas palabras de Jesús, que golpean suavemente mi conciencia: “Hipócritas”, “ciegos”, “sepulcros blanqueados”, “cargáis sobre los demás unos pesos que vosotros mismos no lleváis”, “hasta las prostitutas os adelantarán en el Reino de los Cielos”, “porque no eres frío, ni caliente, sino tibio, estoy para vomitarte de mi boca”, “me diréis: Señor, Señor, ¿acaso no hemos profetizado en tu nombre y hemos expulsado demonios en tu nombre? Y os diré: no os conozco.”

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No son las únicas palabras duras que la boca dulcísima de Jesús dedicó a quienes cumplen rigurosamente la ley, pero tienen el corazón frío y las manos vacías de gestos de amor al prójimo. Sin entrar en matices, lo cierto es que veo en esta descripción un fiel retrato de mi pasado, que aún hoy me persigue, en una guerra sin tregua contra el “hombre viejo” que fui, que aún soy, que se resiste con fuerza a morir para siempre. Un hombre viejo que no es demasiado malo, ni demasiado bueno, sino “normal”, decente, aparente... y se conforma con ese estatus, renunciando a alcanzar la santidad, a pesar de creer en ella. Un hombre viejo que contempla a los santos como a seres excepcionales, como a héroes alejados de sus posibilidades actuales de crecimiento. Un viejo que cree en la posibilidad de que haya personas santas... no tiene la menor duda teórica al respecto... pero acepta cómodamente que él no lo es ni jamás lo será. Un viejo que mira con admiración y envidia a los santos, como se mira a los mejores deportistas: les aplaude, les elogia, incluso les procura imitar con todas sus fuerzas... ¡y ahí está el problema! Porque sus fuerzas no son muchas y, por tanto, se agota. Así sucedió, en mi caso: un buen día que no tiene fecha, me quedé sin fuerzas. La constatación de mis debilidades, de mi curriculum de pecador, tan alejado de la teoría preciosa de que la santidad es posible para todos, me llevó a esta conclusión práctica: “¿La santidad? Una preciosa meta, destinada solamente a los mejores, a los admirables, a algunos seres especiales.” Y con toda humildad -una falsa y cómoda humildadtiré la toalla. “Confórmate. No aspires a más. Ya eres bueno, no es poca cosa.” Insisto: hasta hace poco no habría aceptado esa descripción de mí mismo, pero la realidad es que pasé de vivir un cristianismo estoico que confía en las fuerzas humanas para alcanzar la virtud, a un cristianismo conformista y cómodo, manifestado externamente en la acumulación de actos piadosos previstos por la ley y en la argumentación teórica sobre la fe. Ambos modelos, falsos. Consecuencia: por la vía de los hechos, renuncié al sobresaliente en amor y me conformé con alcanzar un aprobado en leyes... “de lo más humilde”.

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SORPRESA: UNA EMBOSCADA EN MI PROPIO TERRITORIO Toda sorpresa es, por definición, una realidad desestabilizadora. Vas por la vida, tranquilo, y de repente sucede algo que rompe tu rutina. ¡Sorpresa! La gran sorpresa, en mi vida, fue descubrir que una persona a la que conocí... una persona vulgar y corriente... “exudara” santidad. Sí, santidad. No empleo la palabra como sinónimo de ninguna otra, ni como algo metafórico, poético, sino como expresión concreta de aquello que trasciende a la capacidad del hombre, algo que tiene origen divino, pero que se manifiesta a través de lo humano: santidad, la acción de Dios en un alma, eso fue lo que capté en él, sin buscarlo. Ese tipo no era, según mis esquemas estrechos, candidato a santo. ¡Ni en sueños! Su curriculum estaba plagado de basura y su perfil no se acercaba al prototipo de persona de éxito. Pero su historia de transformación interior y exterior me sorprendió tanto, que derribó de golpe un muro de prejuicios. Y como me dedico a contar historias, procurando sorprender al espectador... decidí entrevistarle, convencido de que también los espectadores se sorprenderían. Confieso que mi intención era, al principio, solamente “periodística”: compartir un relato interesante, curioso, digno de ser conocido por muchos. Mi vida personal no estaba en juego. Eso creía. Se llamaba Juango y era de Medellín, Colombia. Fue educado en una familia católica, pero siendo joven le dio la espalda al tesoro que había recibido de sus padres. La educación de su hogar fue reemplazada por los mandamientos de la calle, donde imperaba la ley del más fuerte. Sus nuevos maestros, pandilleros y pequeños delincuentes, le enseñaron a aparentar seguridad, a beber hasta emborracharse, a dar rienda suelta a las apetencias carnales, a imponerse sobre el resto a base de gritos, puñetazos o navajazos. Y como fue buen alumno, pronto llegó a ser jefe, educador de otros. En su habitación, las imágenes de Jesús y de María, fueron sustituidas por símbolos satánicos. Al principio era un simple juego, un estilo rebelde de hacer las cosas, como si las formas feas


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…algo que tiene origen divino, pero que se manifiesta a través de lo humano: santidad, la acción de Dios en un alma, …

no tuvieran nada que ver con el fondo que ocultan. Al final se alejó gradualmente de Dios, corriendo en sentido contrario. Y cuando yo le conocí... ¡era sacerdote! Un sacerdote joven, simpático, que derrochaba bondad y alegría con su mirada... Una mirada atractiva, pacífica, serena, sincera, que luego he visto en tantas personas. Aunque lo que más me impresionó fue verle rezar. Espontáneamente, pensé: “cómo me gustaría rezar así.” Juango accedió inmediatamente a mi petición de entrevista, pero le puse dos condiciones. Primera: sin reloj. Hablaríamos largo y tendido, sin saber cuánto tiempo duraría la conversación. Así trato de evitar la precipitación frecuente en la prensa, que impide al periodista escuchar lo que oye, reflexionar, descubrir el fondo de las cosas y aprender. Me gustan las entrevistas largas, aunque me obliguen a dedicar mucho más trabajo, no sólo durante la grabación sino, sobre todo, después, en un largo proceso de digestión. Segunda condición: sin miedo a la verdad. Si Juango se atrevía con preguntas incómodas, empezaríamos a hablar. Y si esperaba preguntas complacientes, no. Le advertí de que le plantearía mis propias dudas sobre la fe, sobre su historia de conversión, así como las dudas de mis amigos, que no tienen

fe, pero sí deseos sinceros de comprender: ¿Por qué te arrodillas ante un trozo de pan? ¿Cómo estás tan seguro de que alguien te escucha, cuando rezas? ¿Por qué perdonas a esa persona, eso que ha hecho? Y muchas dudas más que surgieron de modo espontáneo, al hilo de la conversación. Juango aceptó mis condiciones y empezó así el maremoto de mi propia conversión, sin que yo pudiera sospecharlo. Protegido por mi cómodo papel de “interrogador”, no me di cuenta de que cada una de sus respuestas rebotaban sobre mi propia conciencia. Conclusión: acabé siendo yo el interrogado, por mis propias preguntas. Y los cimientos cómodos de mi vida cómoda de fe, se tambalearon, hasta caer derribados. La teoría aprendida y predicada perdió su peso. Descubrí que esto no va de quién sabe más, ni de quién habla más, ni de quién piensa mejor. Las únicas preguntas con valor real son aquellas que Dios nos hace a cada uno, de modo íntimo e indescriptible: “¿Me amas? ¿Y en qué se manifiesta tu amor? ¿Cuánto amas a los que yo amo, a todos aquellos con los que te cruzas en tu vida? ¿En qué se nota que les amas?” Descubrirme a mí mismo con una mente llena de argumentos, pero con unas manos vacías de actos de amor, provocó en mí un vértigo terrible. Y así empezó, sin que yo lo planificara ni deseara, mi propia conversión.

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“Quiero cambiar, quiero cambiar, quiero cambiar... pero ya he experimentado que no puedo. ¿Existe una receta eficaz, también para mí?” Es difícil explicarlo. Tal vez, imposible. Como explicar un enamoramiento. Sucede y punto. Se acepta o se rechaza, pero no se llega a comprender. Has de escoger: huir de la llamada que sientes, evitando eso tan hermoso que te atrae, o aceptar un amor que es superior a ti, fuerte, incontrolable... pero que nunca se impone. Es una invitación, una seducción, una conquista... Podemos agotar los términos, sin lograr encerrar la realidad en ninguno de ellos. Verdad, paz, alegría, bondad, amor, serenidad, fortaleza, sentido... son las palabras que ahora me vienen, para definir lo que uno capta al principio del camino, como destinos que merece la pena alcanzar. Cualquiera de esas metas, por separado, tiene tanto magnetismo, que el esfuerzo es mayor para quedarse quieto, que para empezar a caminar en su búsqueda. La conversión nace de una luz muy fuerte, que te permite ver que estás en el lugar equivocado, pudiendo estar en otro más hermoso. Ya tienes el anzuelo en tu garganta. Si te dejas arrastrar por el hilo invisible del pescador, te irá bien. Pero si te empeñas en quedarte donde estás, vas a sufrir, porque la atracción es tan poderosa... que sientes que has nacido para ese destino. La conversión espiritual, la transformación total desde la fealdad a la belleza, es la única opción del ser humano. No hay otra. No hay otra. Hemos nacido para lo más bello, lo más grande, lo más bueno, lo que da sentido a toda la realidad, lo eterno. Quedarnos a distancia de nuestro destino natural, en un estado enfermizo, acomodado, drogados por la rutina, es traumático. El proceso de conversión es el proceso de permitir que Otro nos arrastre hacia Sí, es el proceso de perder el control de la propia vida, confiando en Alguien que es más listo, más bueno, más poderoso y nos ama más que lo que nos amamos a nosotros mismos. A menor resistencia, mayor avance. En mi caso, ese proceso se inició con Juango... o, mejor dicho, con él experimenté, conscientemente, un terremoto interior que venía precedido de muchas sacudidas que dejé pasar de largo, posiblemente desde el día en que nací.

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Después de Juango conocí a Mariasela, a María José, a Tim, a Alexandra, a Quique, a Irene, a Rubén, a Ricardo, a Paul... y hoy, siete años después de aquel primer encuentro fortuito con un converso, son incontables las personas que conozco, que están viviendo la experiencia revolucionaria de la conversión. Cuando eran dos o tres, pensé que haberles conocido en tan poco tiempo era “casualidad”. Pero un día recordé algo que había leído años atrás, dicho por el escritor Tom Wolfe: “la casualidad es el disfraz que utiliza Dios, para conservar el anonimato.” Hoy estoy convencido de que Dios


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Desea vivir tu propia conversión... y presenta a Dios tu deseo. Confía en que te escucha, en que te atiende con más que interés, ¡con verdadero amor! Tu conversión va a suceder, ya está sucediendo. Es Él quien ha puesto en ti ese deseo de alcanzar la mayor belleza posible. Pero no impone su voluntad. Espera que, cuando detectes la belleza, la desees. Y Él te la va a dar.

puso y sigue poniendo a todas estas personas en mi camino, para mi propio crecimiento espiritual. Cada una de ellas es una nueva llamada, una invitación más a mi transformación. Y si al principio los veía “desde fuera”, como un espectador mira a los animales exóticos de un zoo, sin mezclarse con ellos, o como se contempla un paisaje hermoso al que se saca una foto para el recuerdo, hoy los veo como mi propio alimento, como parte fundamental de mi vida. Su ayuda me llega a veces por medio de una conversación cara a cara. Otras veces, es una carta o un mensaje por Internet. Otras, por telé-

fono. A veces, es un libro que cae en mis manos, que abro como si fuera un cofre sucio, envuelto en telarañas, pero que al abrirlo resulta estar repleto de joyas. Recibo sin cesar el regalo de conocer a personas en proceso de transformación. De ahí que le pida al Señor muchas veces, con toda la fuerza de mi alma, ante la presencia de estas personas que arrojan luz sin saberlo: “¡Ayúdame a ser como Bob Esponja! ¡Permíteme absorber, para crecer por dentro y para después dar!” Es tanto lo que recibo... tanto lo que quisiera dar... y, a la vez, ¡es todo tan sencillo!

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Sospecho que podría teorizar sobre la conversión durante horas, pero lo importante es que cada uno de nosotros pasemos del aprendizaje teórico a la vivencia personal, íntima. ¿De qué sirve la receta de un plato sabroso, si no lo vas a degustar? La conversión no acontece por suerte, sino que hay una clave garantizada para que suceda: el deseo de que suceda. Jesús nos pregunta a cada uno, lo mismo que a aquel que llevaba 38 años enfermo: “¿Quieres curarte?” Nunca obliga. Es Él quien practica la curación, pero solamente a partir de nuestro permiso. Por eso me animo a dar este consejo: desea vivir tu propia conversión... y presenta a Dios tu deseo. Confía en que te escucha, en que te atiende con más que interés, ¡con verdadero amor! Tu conversión va a suceder, ya está sucediendo. Es Él quien ha puesto en ti ese deseo de alcanzar la mayor belleza posible. Pero no impone su voluntad. Espera que, cuando detectes la belleza, la desees. Y Él te la va a dar. Eres suyo, por eso te atrae, hasta que tú digas “¡basta!” Segundo consejo: nunca le digas “¡basta!” Dile, en cambio... “Más, quiero más, mucho más, quiero todo, te quiero a Ti y no me conformo con menos. Que sea lo que quieras, cuando quieras, como quieras, donde quieras, con quien quieras... pero que sea hasta el final, no dejes a medias tu obra en mí.” Jesús nos sana de todas las heridas y, como es humilde y elegante, nos permite pensar que hemos hecho algo nosotros para nuestra propia curación: “Vete en paz. Tu fe te ha sanado.”

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LA INICIATIVA ES DE DIOS. AL PRINCIPIO Y DURANTE TODO EL PROCESO Mi idea equivocada era que los conversos se convertían porque un día decidían convertirse. El peso de la conversión estaba en la inteligencia y en los esfuerzos del hombre. Dios era como el emperador en el circo romano: un espectador que alzaba o inclinaba su pulgar, sin intervenir. Ya intervino hace mucho tiempo... pero se fue, a observar resultados. Por eso, a los conversos atribuía la iniciativa, la ejecución de cada paso y el mérito último de la conversión. Hoy, en cambio, constato que toda conversión es por iniciativa divina y por su acción constante en cada alma, de modo exclusivo. Es Dios, persona viva, activa, cercana y enamorada, quien sale al encuentro de su amado, cada uno de nosotros, que con demasiada frecuencia nos resistimos a recibir y aceptar su amor gratuito. La conversión empieza a ser eficaz cuando nos rendimos al amor recibido. No sucede cuando las personas hacemos algo por Dios, sino cuando Dios hace algo por las personas. La transformación no se logra cuando luchas con todas tus fuerzas, ¡sino todo lo contrario! ¡Cuando sueltas tus armas y dejas que actúe Dios! Aceptas que eres creado, deseado, esperado, perdonado, acompañado, ayudado... y descubres que no puedes corresponder al amor que recibes, aunque desees hacerlo. Se acerca la transformación.


El misterio del mal es demasiado grande para nuestra inteligencia. No podemos comprenderlo, ni vencerlo con nuestras fuerzas, pero sí con la ayuda de Dios. Como el daño que hemos sufrido en nuestra naturaleza es tan grande, necesitamos que Dios mismo, más fuerte que cualquier mal, nos limpie, para resucitar nuestra belleza original, aquella pureza con la que fuimos creados. Por nuestra parte, todo lo que hemos de hacer es levantar los brazos hacia Él, pidiendo que nos lave. Como un bebé desnudo que permite a su padre lavarle completamente, sin ofrecer resistencia.

TESTIMONIO  MI CAMINO DE CONVERSIÓN

La mirada ya no está puesta en tus posibilidades de lucha, sino en sus opciones de conquista. Si dejas que Dios actúe en ti, Él inicia tu transformación. “Te basta mi gracia.” Pero si pretendes transformarte a ti mismo, sólo construirás tu desesperación o tu propia gloria, una peana desde la que mirarás a los demás por encima, sintiéndote mejor que ellos. Te convertirás en un egoísta, pagado por la vanidad. “Ya has recibido tu recompensa.”

Con nuestra docilidad, con nuestra fe en su capacidad, aceleramos nuestra conversión. Sé que dejo tantos aspectos preciosos e importantes sin mencionar... pero debo obligarme a concluir, aunque sea de modo precipitado. No se me ocurre un modo mejor, que recordando una sencilla oración, que expresa con pocas palabras el misterio de la acción de Dios en el alma. ¡Si lo hubiera pensado al empezar a escribir, me habría ahorrado tantas palabras! Gracias, querido lector, por tu paciencia. Si lo que he escrito te ayuda, dale gracias a Dios. Reza por mí, rezo por ti. No estamos solos, crecemos en equipo, unidos a Jesús, Dios y Hombre. Si he logrado aturdirte con demasiadas palabras, te propongo que descanses repitiendo esta oración de María, que condensa la clave de toda historia de conversión: “que se haga, en mí, según tu palabra.” Así como Jesús se hizo Hombre en María a través de esa oración, podemos pedirle que crezca en nosotros, hasta reemplazar con su presencia vigorosa al hombre viejo que ha de morir.

Que se haga, en mí, según tu palabra

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DÍA A DÍA CON LA PALABRA

Tiempo de CONVERSIÓN CON LA MÚSICA DE LA PALABRA EQUIPO DEL CIPE

El Espíritu, que es la llama de amor viva. El Padre, que es misericordia entrañable. Jesús, que es la palabra de vida. Nos invitan a caminar hacia la Pascua como pueblo universal, con el evangelio en el corazón y en los labios, con el pan y el vino en las manos. Para vivir y ser una eucaristía, para que el mundo crea y se escuche en toda la tierra la melodía de la ternura de Jesús, el hombre nuevo, para que todos los pequeños de la tierra salten de alegría abrazados por el abrazo de las bienaventuranzas. Día tras día pondremos la semilla de la Palabra en nuestra tierra, confiando en la promesa de Jesús de que dará mucho fruto. Creemos que brotará un árbol fecundo al borde de las aguas y todos los pobres se sentarán a su sombra: árbol fecundo de la cruz, vida, solidaridad, comunión, reconciliación, justicia, paz, AMOR. Mientras, peregrinamos rezando, esperando, celebrando la fiesta de Dios en nuestra tierra. página 14


MARZO MIÉRCOLES DE CENIZA

DÍA A DÍA CON LA PALABRA

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Cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara (Mt 6,17) Los caminos que regala el Espíritu son gratuitos y aparecen con un cierto aire de anonimato. Nacen en lo escondido y solo Dios los ve, en lo escondido.

Saber que tú me miras me basta. Libérame, Señor, de la búsqueda del aplauso.

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MARZO JUEVES

“El que pierda su vida por mi causa, la salvará” (Lc 9,24) Sólo quien vive enamorado se entrega con libertad y se humaniza más en la propia entrega. Así vive Jesús y así quiere que vivan sus amigos.

Cuando sé para quién vivo, amo la vida. Enséñame, Jesús, tus caminos.

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MARZO VIERNES

¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? (Mt 9,15) Dios lo hace todo para que seamos felices. Jesús compara su convivencia con nosotros con un banquete de bodas. Con Jesús la fiesta ha comenzado.

Tú estás en mí. Mi interioridad se llena de tu alegría.

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MARZO SÁBADO

Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa (Lc 5,29) Jesús se encuentra a gusto: en torno a una mesa, en clima de alegría, está naciendo una pequeña comunidad modelada por el Evangelio.

Gracias, Jesús, por el don de la Eucaristía, hogar amplio de comunión. página 15


DÍA A DÍA CON LA PALABRA

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MARZO MIÉRCOLES

Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del Hombre para esta generación (Lc 11,30) El movimiento migratorio de millones de seres humanos, buscando el pan para sus hijos, es una señal. Para esta generación, Jesús es una señal.

PRIMERA SEMANA DE CUARESMA

ABIERTOS AL ESPÍRITU

Donde tú estás, Jesús, siempre hay una señal de vida y esperanza.

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MARZO

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MARZO DOMINGO

Le dijo Jesús: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto (Mt 4,10) Después del combate, vienen la alegría y el nombre nuevo, llega una paz que cura las heridas, una solidaridad insospechada, la adoración.

Te adoro. Tú haces brotar fuentes de vida. ¡Vámonos a ver en tu hermosura!

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MARZO LUNES

Señor, ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? (Mt 25,38) Jesús se identifica con todos los que están en los márgenes. Lo que hacen unos seres humanos por otros tiene un gran valor.

Dame ojos para verte, Jesús, en los inmigrantes y en los que están desnudos.

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MARZO MARTES

Vosotros rezad así: Padre nuestro (Mt 6,9) El nombre nuevo de Dios, Abbá-Padre-Madre, sabe a ternura, a misericordia, a bondad. ¡Qué buena noticia para todos los pobrecitos de la tierra!

Padre nuestro, Madre de todos/as. Gracias a ti todos somos hermanos/as.

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JUEVES

Si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden? (Mt 7,11) Dios está apasionado por el ser humano. Cada hombre y cada mujer son el centro de su amor y de su vida. Está deseoso de darles cosas buenas.

Confío en ti, Padre, te expongo mi necesidad y me quedo aguardando.

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MARZO VIERNES

Vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda (Mt 5,24) Lo primero es ponerse a bien con el otro/a, hasta descubrir que es hermano/a. Lo primero, antes que el culto, es la buena relación con los que viven contigo.

Señor, hazme oír la música de la reconciliación en mi corazón.

15

MARZO SÁBADO

Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian (Mt 5,44) Dios no discrimina a los que no le quieren, a los que le insultan y tratan mal. Sobre todos “sin distinción” hace salir el sol y hace caer la lluvia.

Dejo que afloren las personas que no me caen bien. Las pongo ante ti.


MARZO MIÉRCOLES SAN JOSÉ, ESPOSO DE MARÍA

SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA

LA GLORIA DE DIOS ES QUE EL HOMBRE VIVA 16

MARZO DOMINGO

Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle (Mt 17,5) Habla la voz del Padre, la voz de un amor infinito, de una entrañable ternura. Nos pide que escuchemos a Jesús, que le dejemos entrar en el fondo de nuestras vidas.

Abro mis oídos para escucharte, Jesús. Abre Tú mi mente, para entenderte.

Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo (Lc 6,36)

LUNES

La compasión es la forma de mirar que tiene Dios. Es su forma de curar toda herida. Su compasión es inagotable.

MARZO

Espíritu divino, despierta en mi corazón la ternura y la compasión de Jesús.

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MARZO JUEVES

18

MARZO MARTES

A Jesús le alegra esta imagen: los primeros, sirviendo; los grandes, abajo. Los dones no son de propiedad privada, son para servir a los demás.

Jesús, que aprenda a colocarme en medio de los demás como uno/a de tantos.

Hay noches que son de salvación. Cuando uno se abandona confiadamente en Dios, encuentra luz para el camino. Eso le pasó a José.

Había un hombre rico... y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal (Lc 16,19-20) Dios se vuelca con los mendigos, más aún, se hace mendigo del mundo por amor. Eso fue Jesús: un mendigo enamorado de todos los perdidos.

Renueva, Señor, las fuentes que inspiran mi vivir.

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VIERNES

Por último les mandó a su hijo (Mt 21,37) En Jesús, el Abbá lo ha dicho todo, lo ha dado todo. Hasta ahí llega su locura de amor. Jesús ilumina la oscuridad que el mundo lleva dentro.

Jesús, mi gran deseo es encontrarme contigo y amarte con todo el corazón.

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MARZO El primero entre vosotros será vuestro servidor (Mt 23,11)

Cuando José se despertó hizo lo que le había mandado el ángel del Señor (Mt 1,24)

Tu Palabra, Señor, dirige mi vida, alumbra mi noche, me sostiene y cobija.

MARZO

17

DÍA A DÍA CON LA PALABRA

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SÁBADO

Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y echando a correr se le echó al cuello, y se puso a besarlo (Lc 15,20) Cuando Dios nos ve llegar, se conmueve, le da un vuelco el corazón, echa a correr, se pone como loco a besarnos. “Todo lo mío es tuyo”, nos dice.

Lo que tú, Padre-Madre, haces por mí es increíble. ¡Cuánto me quieres!

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DÍA A DÍA CON LA PALABRA

26 TERCERA SEMANA DE CUARESMA

DEJAR LA AUSENCIA PARA ENTRAR EN LA PRESENCIA 23

MARZO DOMINGO

La mujer le dice: Señor, dame esa agua; así no tendré más sed (Jn 4,15) Junto a Jesús, fuente que mana vida y sacia toda sed, nace en el corazón de una mujer un fuerte deseo de vida. Un encuentro y un relato marcados por la alegría.

Te bendigo, Jesús, con mi alegría. Contigo, tomo mi vida agradecidamente.

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MARZO LUNES

Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra (Lc 4,24) Cuando quieren utilizar a Jesús, se abre paso con libertad. A su profecía no la acalla ningún poder, ni la compra ningún aplauso. La gracia es para todos.

Jesús, háblame con libertad, enséñame a ser libre.

25

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo (Lc 1,31)

MARTES LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR

Movida por el Espíritu, María elige la luz, acoge la vida. En María florece Jesús y lo ofrece para que sea el Dios con nosotros. ¡Qué belleza de maternidad!

MARZO

Gracias, Dios, por regalarme la vida dentro. Como para María, eres mi fuente.

MARZO MIÉRCOLES

No he venido a abolir la ley o los profetas, sino a dar plenitud (Mt 5,17) En Jesús se revela la plenitud del Espíritu, que se manifiesta como abrazo entrañable de toda debilidad humana.

Jesús, te ofrezco la pobreza de mi existencia. Llénala de tu amor.

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MARZO JUEVES

Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino ha llegado a vosotros (Lc 11,20) Hay que buscar a Jesús donde están los pobres, donde la gente sufre. Allí donde el mal es expulsado, se asoma la belleza de la nueva humanidad.

Te pido que venga tu Reino, Señor. Que tu Iglesia lo anuncie con alegría.

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MARZO VIERNES

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón (Mc 12,30) Si quieres saber si recibiste el Espíritu, pregunta a tu corazón si en él hay amor a Dios y al hermano. Quien te pide que ames va contigo, abriéndote el camino.

Mi oración, hoy, es amar, amar sencilla y gratuitamente, Señor.

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MARZO SÁBADO

¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador (Lc 18,13) Una oración pobre, que brota de una vida pobre, va en busca de la gracia. El abismo de una pobreza llama al abismo de la misericordia.

Abro mis manos vacías ante ti, Señor. Y Tú me amas con ternura.


ABRIL

MIÉRCOLES

CUARTA SEMANA DE CUARESMA

VIVIR LA AMISTAD CON JESÚS 30

MARZO DOMINGO

Creo, Señor. Y se postró ante él (Jn 9,38)

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MARZO LUNES

El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino (Jn 4,50) Jesús siempre está a favor de la vida cuando ésta está a punto de perderse. Un hombre cree en la palabra de Jesús y se pone en camino.

Confío en tu palabra, Jesús. Me pongo en camino. Nada es imposible para ti.

01

ABRIL MARTES

03

ABRIL JUEVES

Las obras que el Padre me ha concedido realizar dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado (Jn 5,36) Cuando se asoma la prueba, Jesús deja que hablen silenciosamente las obras que ha realizado. Las obras siempre son un testimonio mayor que las palabras.

Jesús, enséñame a callar y obrar, enséñame a testimoniar el callado amor.

04

ABRIL VIERNES

Yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz (Jn 7,28) A Jesús le brota en la noche la experiencia honda del Padre. Eso le da fuerzas, saber que el Padre es veraz y que él ha cumplido su voluntad.

Celebro vivir contigo, mi Dios, este instante. Te pido por los que más sufren.

Y dijo que era Jesús quien lo había sanado (Jn 5,15)

05

Era un inválido, no tenía palabra. Una dañina tristeza le invadió con los años. Pero Jesús pasó junto a él y, con su ternura, le quitó los miedos de siempre.

SÁBADO

Tú, Jesús, me has curado. Tú has llenado de agua mi fuente seca. ¡Qué alegría!

¡Qué confidencia tan bella de Jesús! El Padre no se ha alejado de nosotros. Con Jesús y el Espíritu sigue dibujando horizontes de vida para el mundo.

Padre-Madre, yo soy obra de tus manos. ¡Bendito seas!

Un ciego curado presta su voz a los orantes. La fe es respuesta agradecida a tanto don. En la adoración descubrimos quiénes somos y quién nos abrió los ojos.

Que el mundo descubra lo que es creer en ti. Creo en ti. Eres mi Señor y mi luz.

Mi padre sigue actuando y yo también actúo (Jn 5,17)

ABRIL

Jamás ha hablado nadie así (Jn 7,46) Jesús responde a la violencia con la paz y la bondad. Junto a él, las gentes sencillas gritan su testimonio: Jamás ha hablado nadie así.

Jesús, nadie me ha hablado al corazón como tú. ¿Qué quieres de mí?

DÍA A DÍA CON LA PALABRA

02


DÍA A DÍA CON LA PALABRA

09

ABRIL

MIÉRCOLES

QUINTA SEMANA DE CUARESMA

MIRAR AL SEÑOR, QUEDAR RADIANTES 06

ABRIL

DOMINGO

Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá (Jn 11,25) Las palabras de Jesús suenan a repique de campanas en día de fiesta. Jesús se pone en medio de toda muerte y de toda desesperanza, y convoca con voz potente a la vida.

Jesús, tú que das la vida en plenitud, llámame a la vida.

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ABRIL LUNES

Tampoco yo te condeno (Jn 8,11) Jesús no condena. Jesús es el que perdona. Y quiere que también sus amigos perdonen. Si se pierde la misericordia, se pierde todo.

En el silencio de la oración escucho tu llamada a ser signo de reconciliación.

08

ABRIL MARTES

El que me envió es veraz y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él (Jn 8,26) Esta es la forma que tiene Jesús de amar al mundo: comunicar el Evangelio que le ha oído al Padre y hacerlo con verdad.

Me fío de ti, Jesús. Tú eres la verdad. Llenas de sentido mi vida.

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Si os mantenéis en mi palabra... conoceréis la verdad y la verdad os hará libres (Jn 8,31-32) Mantenerse en la palabra de Jesús es un arte que enseña el Espíritu. En la Palabra se encuentra el gusto y el sentido de la vida, un camino de libertad.

Día y noche me siento acompañado por tu Palabra. Así vivo. Así amo.

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ABRIL JUEVES

Quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre (Jn 8,51) ¿Qué guardaremos en el corazón? Como el mejor de los tesoros guardaremos la palabra de Jesús, guardaremos esa mirada suya que hace huir a la muerte.

Tú, Jesús, siempre me acompañas, prolongas mi vida, eres mi horizonte.

11

ABRIL VIERNES

Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre (Jn 10,32) Mete mucho ruido el mal. Pero quien tiene limpio el corazón ve los milagros de Dios cada día y siembra cada mañana semillas de bondad y compasión.

Espíritu Santo, dame tu fuerza para regalar hoy la ternura que Tú me das.

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ABRIL SÁBADO

Aquel día decidieron darle muerte (Jn 11,53) Estremece toda sentencia a muerte. Emociona el amor de Jesús que vence el odio. Emociona su silencio, a la espera del grito triunfante de la vida.

Y tú, Jesús, decides darme la vida. ¿Cómo responder a tanto amor?


DÍA A DÍA CON LA PALABRA

SEMANA SANTA

VÁMONOS A VER EN TU HERMOSURA 13

ABRIL

DOMINGO DE RAMOS

Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado? (Mt 27,46) Abandono total y confiado de Jesús en medio del fracaso. Testigo de Dios en la hora difícil. A las puertas de la muerte, a las puertas de la Vida.

Pongo mis ojos en ti, Jesús. Tu muerte me da la vida.

14

ABRIL LUNES SANTO

María ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera (Jn 12,3) Este día viene marcado por el gesto de una mujer, que derrocha amor de lágrimas y perfume, amor silencioso, compasivo y valiente.

Me pongo ante ti, Jesús, y te entrego mi tiempo.

15

ABRIL MARTES SANTO

Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar (Jn 13,21) El amor de Jesús está llegando hasta el extremo. En el corazón de los suyos se asoma la negación. Tiene las horas contadas, pero sigue amando.

Te alabo, Jesús, en esta hora de tu amor traicionado.

16

ABRIL

MIÉRCOLES SANTO

¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego? (Mt 26,14) Hay un camino que va de la traición al perdón. Jesús nunca deja de mirar a sus amigos, espera una mirada de amor.

Jesús, te confieso mi pecado y me encuentro con tu misericordia.

17

ABRIL JUEVES SANTO

Los amó hasta el extremo (Jn 13,1) El amor de Jesús no se queda en palabras, ni siquiera en signos. El amor de Jesús se manifiesta en la entrega de la vida, en el amor sin límites.

Jesús, tú eres el Amor de los amores. Me amas y te entregas por mí.

18

ABRIL VIERNES SANTO

Tomaron a Jesús, y lo crucificaron (Jn 19,18) La Cruz lo llena todo. La Cruz es el amor que atraviesa la humanidad. La Cruz no es un fracaso. La Cruz es fuente de vida para todos.

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

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ESCUELA DE ORACIÓN

TÚ ERES MI DIOS Por qué oro y cómo es mi oración

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ESCUELA DE ORACIÓN

ÁNGEL MORENO, DE BUENAFUENTE

Soy sacerdote diocesano, ordenado en 1969. Llevo cuarenta y cuatro años como capellán del Monasterio de Buenafuente del Sistal, en la Provincia de Guadalajara, y a la vez soy responsable, con un equipo de sacerdotes, de catorce parroquias rurales. Desde 1982 soy Vicario Episcopal para la Vida Consagrada de mi diócesis, en la que actualmente hay doce monasterios contemplativos y veinticinco comunidades de vida religiosa. He cursado los estudios institucionales en los seminarios de Guadalajara y Sigüenza, y los amplié en el Instituto Superior de Vida Religiosa, de la Universidad de Salamanca, en Madrid. Defendí la tesis doctoral en la Facultad de Teología del Norte de España, en Burgos, sobre “La contemplación de la imagen de Cristo en Santa Teresa de Jesús”. Por diversas razones soy invitado a acompañar en días de Ejercicios Espirituales a sacerdotes, religiosas, comunidades parroquiales, y a dar conferencias, clases, cursillos…, tareas que posibilitan permanecer largo tiempo en la celda. Es tiempo que aprovecho para escribir y publicar las intuiciones y enseñanzas que voy recibiendo en mi contacto con muy diversas personas. Cada vez me confirmo más en el axioma que le escuché a Jimena Menéndez Pidal: “No hay maestro si no hay discípulo”. A mí me han hecho mis amigos, y las preguntas que me han hecho las numerosas personas que se han acercado hasta Buenafuente, en concreto para preguntarme por la vida espiritual. página 23


ESCUELA DE ORACIÓN

POR QUÉ ORO Durante un tiempo, sobre todo en los años de formación, la razón de orar obedecía a una exigencia disciplinar, mezclada con la necesidad de la relación teologal y el consejo de los directores espirituales. El “hay que orar” lo interpretaba más como ascesis que como mística; más como exigencia de conciencia, que como expresión gozosa. Aunque debo reconocer que, desde niño, tuve una tendencia religiosa. Al principio, mi estancia en Buenafuente estuvo enmarcada entre soledad, frío, desierto, pobreza, mientras vivía mis primeros años de ministerio. Me era costoso mantenerme en lugar tan deshabitado. Aunque debo reconocer que, después del primer año, siempre permanecí por voluntad propia. Y justamente por vivir en circunstancias humanamente tan adversas, la relación con la Eucaristía se convirtió en una necesidad de alteridad. Muchas tardes permanecía solo, en la iglesia románica del monasterio, con la mirada puesta en el parpadeo de la lamparilla que señalaba la presencia real de Jesucristo en el sacramento de la Eucaristía. Fueron jornadas en total soledad. El encuentro orante ante el sagrario me daba la conciencia de que no estaba solo al decirle a alguien mis sentimientos; y también de saberme escuchado por alguien, porque después comprobaba, por hechos providentes que me sucedían, cómo había sido atendida mi súplica. No obstante, se me hacía difícil madrugar con tanta inclemencia y más aún al no tener otra tarea pastoral en el lugar, pues allí solo vivían las monjas. El primer invierno se abatió sobre el lugar un temporal de nieve y de frío en los días de Navidad. Se llegó a los 23 grados negativos, y más de quince días permanecieron las carreteras heladas. Suele suceder que cuando no puedes hacer algo es cuando más necesidad te asalta de llevarlo a cabo. Al quedar aislado, se sufría mucho más el síndrome de soledad. No obstante, reconozco que el Señor siempre me dio fuerza para no sucumbir en el desierto.

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Un día, pasados ya los primeros años, estando en casa de unos amigos, al ver cómo el hijo mayor se levantaba a diario a las seis de la mañana para sacar una hora de estudio de música, y poder llegar después a la facultad a las ocho, de manera sorpresiva, me vino a la memoria el salmo 62, que se reza en las laudes del domingo de la primera semana: “Oh Dios, Tú eres mi Dios, por Ti madrugo”. Sentí un escalofrío, como un calambre de pies a cabeza, que selló para siempre la razón de orar. Desde entonces mi oración se define esencialmente como una relación con quien reconozco, sobre todo, como mi Dios y Señor. Y cada día, a pesar de que la noche anterior haya podido venir tarde a casa, me incorporo a la oración de la comunidad contemplativa, desde por la mañana, a las siete y media. He comprendido y he experimentado la razón de orar, el reconocimiento del Tú divino, el Tú esencial, que me identifica y me sugiere las distintas formas de relacionarme con Él. Santa Teresa define la oración como un trato de amistad con quien sabemos que nos ama. Es muy distinto orar como ejercicio ascético, que entrar en contacto con una persona. En un momento concreto de mi vida acudí a un maestro espiritual, que fue providente, ante una de las preguntas más existenciales que asaltan a lo largo del ministerio, cuando ves que los demás te estiman por encima de tu identidad profunda. En esa ocasión me recomendó unos ejercicios de concentración para adquirir el dominio propio, pero, quizá por falta de técnica, descubrí que tales ejercicios me ayudaban a centrarme en mí, pero me apartaban de una relación de alteridad, y aunque me servían para crecer en atención, era a costa de mantener un trato explícito con Jesús, por lo que sentí un poco la crisis teresiana, de avanzar en el campo espiritual, mas sin celebrar el encuentro creyente con el Señor. Esto me impresionó mucho y volví a la oración afectiva, centrado en la Humanidad de Cristo.


ESCUELA DE ORACIÓN

CÓMO ES MI ORACIÓN No deseo ser exhibicionista. En la oración, como en la vida íntima y personal, hay actos que permanecen indecibles. Como se suele decir, el secreto para el rey. La invitación que me hace Fr. Pedro Tomás, director de la revista “Orar”, con el argumento de que mi experiencia pueda servir de ayuda para otros, ha sido la razón que me ha movido a explicitar lo que para un creyente pertenece a lo más íntimo de su fe, la manera que tiene de tratar con Dios. Sé que hoy día, como ya afirmaba Pablo VI, se escucha mejor a los testigos que a los maestros, y a estos en cuanto testigos. Todos agradecemos haber conocido a quienes son ejemplo de algún don. Sin ponerme como modelo, traigo a mi memoria lo que decía San Pablo: “Ningún don es para provecho propio, sino para bien común.” Quiera el Señor convertir estas líneas en estímulo y ayuda para quienes buscan o desean mantener un trato orante con Dios.

Cuanto describo deseo que esté libre de pretensión vana. Solo Dios sabe la necesidad que tengo, diariamente, de su misericordia. A la manera de Samuel, que se presentó a Elí y después ante el Señor: “Esto escribo, porque me han invitado a hacerlo”, con la esperanza de ayudar a otros. Por motivos de estudio, como he dicho, me he acercado a la vida de Santa Teresa de Jesús; ella también puso en papel algo que era íntimo. En su caso, ha resultado ser una fuente inagotable de inspiración para otros y de sana llamada emulativa. San Ignacio de Loyola, leyendo el libro “Flos Sanctorum”, se decía a sí mismo: “Y yo ¿por qué no puedo ser como los santos?”. Así comenzó su conversión. Pido perdón por si mi testimonio pudiera parecer con deseos de protagonismo, cuando deseo que sea un ejercicio de acompañamiento espiritual para quienes quizá no conoceré, pero a los que tal vez pueda ayudar mi obediencia a la solicitud amistosa de los PP. Carmelitas.

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ESCUELA DE ORACIÓN

ACTOS DE AMOR En el ejercicio de la misión de Vicario Episcopal para la Vida Consagrada, con ocasión de una visita canónica a un monasterio, una de las monjas me confesó su modo de orar. Me llegó a describir que en su oración llegaba a hacer 4.000 actos de amor. Tal declaración me sorprendió, y le pedí que me explicara en qué consistía. Ella me dijo, que por ser tornera y por dormir poco, llegaba a decirle a Jesús, cada día, cuatro mil veces: “Te quiero”. Esta anécdota me produjo un gran impacto, y desde entonces son muchas las veces que me sorprendo yo mismo repitiendo cadenciosamente una especie de jaculatoria, a la manera del peregrino ruso: “Señor, te quiero”. “Señor, ten piedad de mí”. “Te adoro”. “Hágase tu voluntad”. “Bendito sea Dios”…

PERMANECER EN LA PRESENCIA DEL SEÑOR Me ayuda mucho la anécdota que cuentan del Cura de Ars, cuando le preguntó a un labriego de su parroquia por qué pasaba tanto tiempo cada mañana en la iglesia, a lo que respondió el buen hombre que él no sabía rezar. Entonces, el párroco le preguntó de nuevo: “Si no rezas, ¿qué haces tanto tiempo en la iglesia?” A lo que repuso el campesino: “Nada, yo le miro, y Él me mira”. Tantas veces, mi estancia orante en la iglesia es ante el Santísimo expuesto, y en mí permanece el recuerdo del labrador de Ars, aunque más bien la experiencia es que es Él quien me mira, y yo permanezco en su presencia. Estar, permanecer ante Jesucristo, hacerle el obsequio del tiempo, sin especulación ni interés concreto, solo por agradecimiento a su presencia permanente, por correspondencia a su opción de acompañarnos. ¡Cómo se serena la mente cuando acudes a la oración sin otro objetivo que el de estar con Jesús! Es conocida la recomendación que hace Santa Teresa a sus monjas de que tengan los ojos puestos en Cristo.

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Sabiendo que Él está deseando que le miremos. En este modo de orar cabe, también, apoyarse en alguna imagen, “bien proporcionada”, como diría la santa. Tengo el privilegio de contemplar en Buenafuente una imagen de Cristo que atrae poderosamente, por su fuerza y su ternura, por el derroche de amor que cabe contemplar en la herida de su costado. Los sentidos del cuerpo, puestos al servicio de la oración, ayudan para la experiencia espiritual. Saber ver y mirar, al mismo tiempo que trascender la mediación para tratar con Aquel que representa la imagen, es una enseñanza de la Iglesia y de los humildes y sencillos, que se acercan con amor a las representaciones de la Pasión de Cristo. Por tanto, debo reconocer que, en muchos momentos, la mirada a un icono, la contemplación de una imagen, acrecientan mi sensibilidad religiosa y mantienen mi relación teologal.

DE LA MANO DE LA PALABRA DE DIOS Mi oración se alimenta de la Sagrada Escritura, de la que puedo decir que es la fuente principal de mi trato con Dios. Cada día hago a modo de una breve lectura creyente de los textos litúrgicos, que después me servirá para la homilía. De este ejercicio brotan diversos sentimientos, súplicas, consideraciones, que se plasman después cada jornada en el diario vivir. No siempre llevo a la vida de manera formal un propósito, pero al familiarizarme con la Palabra, surge la luz al hilo de los acontecimientos, que los transforma en posibilidad teologal, de relación más consciente con quien sé que me acompaña y me cuida. Soy testigo de lo que aprovecha el conocimiento de las Escrituras, porque en un momento concreto acuden a la memoria expresiones y palabras, frases e imágenes de los textos revelados que favorecen una súplica, o ayudan en una consideración trascendente de los hechos que acontecen en el curso de los días.


ESCUELA DE ORACIÓN

LA ORACIÓN COMUNITARIA Debo reconocer que mi oración se ha fortalecido gracias al estímulo de la comunidad orante. Quizá depende de temperamentos, pero a mí me hace bien orar al tiempo de los que oran, y orar con ellos. Es muy distinto orar solo que tener delante el testimonio de hermanos, de aquellos que en silencio se mantienen fieles a la cita con el Señor. Jalonar la jornada con la obediencia a un horario para coincidir con otros miembros de comunidad y permanecer junto a ellos en oración me ha hecho bien y me ha mantenido en mi propósito de orar. Dentro de la oración junto a otros, la oración litúrgica me da un sentido de universalidad, de eclesialidad. Vivo con mayor realismo la pertenencia a un pueblo sacerdotal que tiene la misión de orar por sus hermanos. Un pensamiento de Olivier Clément me ha ayudado en los momentos de intemperie. El profesor converso decía que la oración de los monjes a altas horas de la noche o de madrugada se parecía al gesto entrañable de los padres que, ante el llanto de su hijo pequeño, se levantan para acunarlo, y el niño, al tener la seguridad de que no está solo, se vuelve a dormir. De manera semejante, la oración litúrgica se convierte en el gesto magnánimo para que a los que sufren o se sienten solos y tristes, les llegue una ráfaga de aliento.

CONCLUSIÓN Para mí, la oración debe tener la nota esencial del amor, y si orar es tratar de amistad, la amistad debe tener gestos de gratuidad, como hizo la mujer a los pies de Jesús, cuando derramó el frasco de perfume costoso a sus pies. Mantenerse en la presencia de Dios, alimentarse con su Palabra, adorar el Sacramento de la Eucaristía, invocar el nombre de Jesús, tener solidaridad con el clamor de los más necesitados y llevar todo ello a la oración, unirse a los que oran…, son las formas concretas con las que me relaciono con el Señor.

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V CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SANTA TERESA

Al igual que Santa Teresa pidió a su hermano y a otros amigos que le explicaran cómo entendían las palabras “búscate en mí”, que ella había escuchado en la oración, también desde la dirección de la revista ORAR hemos pedido a algunas mujeres que nos comenten el lema del Centenario: Para Vos nací. A este número traemos la respuesta de Catalina, una mujer joven, enamorada de Jesús.

PARA VOS NACÍ CATALINA DE CRISTO, CARMELITA DESCALZA DE FLORIDA (URUGUAY)

Cuando siendo novicia leí por primera vez esta poesía de nuestra Santa Madre, quedé asombrada por la gran conciencia que poseía de pertenecer a Jesús: “Vuestra soy, para Vos nací”.

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Desde entonces este estribillo ha resonado una y otra vez en mi vida de carmelita, haciéndose eco de la experiencia más honda de mi vocación.

compartimos todos los seres humanos –aunque la mayoría no acabemos de comprender del todo su alcance– ¡Señor, nos hiciste para Ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti! Recuerdo que cuando me preguntaban por qué razón quería ser monja, la única respuesta que encontraba en mi interior –aunque no siempre la decía– era: ¡porque Jesús quiere que sea sólo suya!

Enemiguísima de ser monja, al igual que Teresa, no entraba en mis posibilidades el ser religiosa. Hasta que el Señor, con su toque delicado, poco a poco fue despertando en mí aquella verdad que

¡Sí, Señor! Soy tuya, porque nací para Ti. Me pensaste y creaste en tu amor, Tú formaste mis entrañas, me tejiste en el vientre de mi madre… Tú conoces lo profundo de mi ser (Sal 139), soy tu propiedad.


V CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SANTA TERESA

Estoy convencida de que esto es lo más radical en mi vocación cristiana y que bien describe esta afirmación de nuestra madre “para Vos nací”. No tengo alegría más grande y confianza más segura que saberme de Cristo y que nací para ser UNA CON ÉL (1 Cor 6,17). Con el tiempo, en el Carmelo, fui experimentando más y más la necesidad de ser toda del Señor sin hacerme partes, como diría Teresa (C 8,1). Y también la verdad más profunda de mi identidad: SER SU PROPIEDAD. Siento que si no fuese su esposa no sé qué sería… Podría hacer muchas cosas, pero ser, únicamente una: ¡SUYA! Mi vida es Cristo, nací para Él. No tengo otro horizonte que el abrazo pleno con mi Dios. “Pues, ¿qué podría pedir una cosa tan miserable como yo? (…) Que os acordéis

que soy vuestra hechura y que conozca yo quién es mi Criador para que le ame más” (Ex.5). De esta experiencia, a mi parecer, se desprenden aquellas palabras con las que continúa el estribillo y que aparecen casi –me atrevo a decir– como una necesidad imperiosa de entregarse al Ser Amado: “¿Qué mandáis hacer de mí?” Y es que esta actitud de total DISPONIBILIDAD es la que autentifica nuestra adhesión al Señor. ¿Qué mandas, Señor, hacer de mí? Nací para Ti, por eso dispón de mí como obra tuya, ¡pues lo soy! “Haga su Majestad como cosa propia; ya no es suya el alma de sí misma; dada está del todo al Señor” (V 17, 2).

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La conversión de

TERESA de JESÚS

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V CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SANTA TERESA


V CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SANTA TERESA

Santa Teresa se convirtió en edad ya adulta, a sus 39 años: en 1554, cuando llevaba viviendo casi veinte de religiosa carmelita en el monasterio de la Encarnación, donde convive con una comunidad numerosa de más de cien monjas. Buena monja ella, pero “una de tantas”, sin definir con rasgos propios su vocación personal. Una más en el grupo.

TOMÁS ÁLVAREZ, OCD

Ella misma se recuerda como si viviera una vida doble: por momentos, vida de oración; pero muchos momentos más, vida anodina y pérdida de tiempo con amistades sin sentido religioso. Anegada en la rutina de lo cotidiano. “Como las muchas”, dice ella. A ratos, trabaja fuerte por definirse y personalizar su vida religiosa. Pero en vano. Lo cuenta en su autobiográfico Libro de la Vida (c. 8-9), escrito diez u once años después. Basta releer el comienzo del relato (c. 8, 12): “Buscaba remedio; hacía diligencias; mas no debía entender que todo aprovecha poco si, quitada de todo punto la confianza de nosotros, no la ponemos en Dios. Deseaba vivir, que bien entendía que no vivía, sino que peleaba con una sombra de muerte, y no había quien me diese la vida, y no la podía yo tomar; y quien me la podía dar tenía razón de no socorrerme pues tantas veces me había tornado a Sí y yo dejádole” . Hasta que de pronto, en ese paisaje desolado de su vida, irrumpe fortísimo el episodio de su conversión. Teresa lo recuerda (Vida c.9) como el hecho central de su existencia. Es una vivencia en tres tiempos. Ante todo, su conversión acaece en el encuentro personal de ella con Cristo. Encuentro aparente-

mente desencadenado por la presencia de una imagen emotiva del Ecce Homo, pero vivido real y personalmente en lo más profundo de su ser. No fue un encuentro externo, a distancia, sino íntimo, intenso, entrañable. Lo revive ahora al contárnoslo: “Acaeciome que, entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allá, que se había buscado para cierta fiesta que se hacía en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y arrojéme cabe Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle”. Basta subrayar dos o tres detalles del episodio: Teresa ve no ya la imagen, sino lo que el Cristo “muy llagado” padeció por nosotros. Viéndolo, la traspasa a ella, como si se le partiera el corazón. Y todo se le vuelve anhelo por el cambio de vida, suplicándole me fortaleciese ya ¡de una vez! A la vez, Teresa revive las conversiones de dos pecadores que, como ella, se encontraron con Cristo a mitad de la vida: primero, el episodio evangélico de la mujer pecadora, la Magdalena. Lo refiere así: página 31


V CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SANTA TERESA

Era yo muy devota de la gloriosa Magdalena y muy muchas veces pensaba en su conversión, en especial cuando comulgaba, que como sabía estaba allí, cierto, el Señor dentro de mí, poníame a sus pies…” como ella, asociándola a mi petición de perdón. “Mas esta postrera vez de esta imagen que digo, parece me aprovechó más, porque estaba ya muy desconfiada de mí y ponía toda mi confianza en Dios”. Auténtica empatía de Teresa con la pecadora del Evangelio, que le permite revivir y ahondar el encuentro de las dos con el Señor, al que Teresa siente tan entrañable como piensa lo fue el de la Magdalena en Betania o en el Calvario. (Teresa, como la piedad de entonces, funde en un solo personaje simbólico a la pecadora del Evangelio, a la María de Betania, y a la Magdalena del Calvario.) Y en segundo lugar, el encuentro con la conversión de san Agustín, narrada en vivo por él mismo en las Confesiones. A las manos de Teresa llega este libro del Santo ese año 1554, en que fue publicado por vez primera en versión castellana. Y Teresa, que es lectora ávida y asidua, lo lee apasionadamente, empatizando alternativamente con el Agustín pecador y con el Agustín santo. Revive el episodio de Milán como si también ella oyera la voz del niño cantor, que la invita a leer las palabras de otro convertido, Saulo de Tarso. Lo refiere así: “En este tiempo me dieron las Confesiones de San Agustín, que parece el Señor lo ordenó, porque yo no las procuré ni nunca las había visto… Como comencé a leerlas, paréceme me veía yo allí… Cuando llegué a su conversión y leí cómo oyó aquella voz en el huerto, no me parece sino que el Señor me la dio a mí, según sintió mi corazón. Estuve gran rato que toda me deshacía en lágrimas, y entre mí misma con gran aflicción y lágrimas… Paréceme que ganó grandes fuerzas mi alma de la divina Majestad, y que debía oír mis clamores y haber lástima de tantas lágrimas.” No sabemos en qué orden cronológico se sucedieron en el alma de Teresa esos tres o cuatro encuentros experienciales: con el Cristo “muy llagado”, con la Magdalena, con Agustín y con el apóstol Pablo. Lo que sí resulta patente es que página 32

en ella da un vuelco la vida. Extrañamente, ahora pasa a ser ella misma. Entabla una auténtica relación personal con Cristo. Vive en verdad su consagración religiosa. Y desde el punto de vista de sus dispersivas relaciones sociales, recupera la libertad, y ésta le permite marcarse a sí misma nuevo rumbo. Para ella la conversión tiene fundamentalmente dos componentes: la componente ética con el cambio radical de vida y costumbres; y la componente cristológica: Cristo presente en su vida como referente fundamental. Pero en orden inverso. Ante todo, Cristo en persona se le ha convertido en la razón de su vida consagrada y de toda su vida, no como un factor más, sino como una persona presente y motivante.Y desde Él surge la “determinada determinación” en su cambio de conducta. Si Teresa se ha convertido de mala o mediocre en buena carmelita, o de buena en mejor, se debe a que su relación con Cristo ha pasado de meramente teórica a profundamente real y vivencial. Él le ha cambiado la vida. Por eso, en el relato autobiográfico, terminado el capítulo de la conversión, irrumpe inmediatamente la experiencia mística de Teresa, como una novísima manera de vivir su oración, de expresar su fe, de entablar relaciones con los hermanos, con la Iglesia, con el mundo… Y esta nueva situación ocupará el resto de su relato autobiográfico (otros 31 capítulos), que ella concluirá con expresiones como ésta: “¡Qué hace, Señor mío, quien no se deshace toda por Vos! ¡Y qué de ello, qué de ello, qué de ello –y otras mil veces lo puedo decir- me falta para esto! Por eso, no había de querer vivir…, porque no vivo conforme a lo que os debo. ¡Con qué de imperfecciones me veo! ¡Con qué flojedad en serviros! Es cierto que algunas veces me parece querría estar sin sentido, por no entender tanto mal de mí. ¡Él, que puede, lo remedie!” (Vida 39,6). Así se ve a sí misma la Teresa convertida. Incluso, ha cambiado de nombre. Ahora es “Teresa de Jesús”.


ORAR CON EL PAPA

EVANGELII GAUDIUM

El Papa Francisco nos habla de CONVERSIÓN

INÉS DE JESÚS, CARMELITA DESCALZA EN EL CARMELO DE SEVILLA

Querido Pedro: Me pides que escriba sobre lo que nuestro Papa Francisco dice de la CONVERSIÓN en su Evangelii Gaudium. Pero, como sabes, sus palabras admiten poca glosa, ¡son claras como el agua, y fuertes, y bellas...! Y no nos llaman precisamente a hablar ni a escribir, sino a VIVIR. Haré, entonces, lo que el artista joyero cuando enlaza las preciosas perlas, aunque quizás torpemente no acierte a hacerlo de modo apropiado ni advierta destacar las más bellas y valiosas. página 33


ORAR CON EL PAPA

Pero antes de hacerlo, me permitiré ilustrar brevemente el fenómeno de la conversión –entendida como “apertura”, expresión que utilizó el Concilio y que el Papa repite muchas veces en su Exhortación–, valiéndome de una imagen familiar: la de la hierbecilla que nos llena de asombro cuando crece y da su pequeñita flor entre las piedras. Porque si la vida no necesita más que ¡un resquicio! para brotar y florecer, también al DIOS DE LA VIDA le basta la mínima apertura de nuestro ser para entrar y convertir, Él, nuestro erial en un pequeño o grande jardín. “Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, –dice el Papa– y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos”. (3) Los que hemos tocado el vacío de una existencia intrascendente que, sin fundamento divino se desdibujaba y perdía el horizonte hasta vaciarse de significado, sabemos que ha bastado “un pequeño paso” para recibir con alegría el regalo de su amoroso abrazo. ¡Alegría! El Papa Francisco nos invita a vivir una “nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría” (1). Y desea que esta evangelización sea conversión que alcance a todos: a los cristianos comprometidos, a los bautizados pero sin una pertenencia cordial a la Iglesia, a los que no conocen a Jesucristo o lo han rechazado. (14) El cristiano comprometido está siempre llamado a la conversión, a “una permanente reforma de sí por fidelidad a Jesucristo”. (26) ¡Y a “convertirse en mensajero para los demás”! (4); los bautizados que no participan de la vida de la Iglesia, también están invitados a “una conversión que les devuelva la alegría de la fe y el deseo de comprometerse”. (14) En cuanto a los que no conocen a Jesucristo o lo han rechazado, el Papa pide a los cristianos que les anuncien el Evangelio “sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino

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como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable” (14). Es la idea que expresa al hablar de la reforma de estructuras que exige la conversión pastoral, orientada a favorecer “la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad” (27); o lo que sugiere a los sacerdotes para sus homilías: “partir de algún hecho para que la Palabra pueda resonar con fuerza en su invitación a la conversión…” (155) “Salgamos, salgamos –insiste el Papa– a ofrecer a todos la vida de Jesucristo”. (49) ¿Cuál es la situación de la que urge salir y convertirse? El Papa Francisco la describe magistralmente de este modo: “Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien”. (1) Pero, ¿cómo salir, cómo recuperar los valores perdidos? El Papa nos propone un camino, nos señala una tarea: ¡Volver a Jesús! “¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido!” (3) Escuchar, gozar, palpitar, recobrar, redescubrir, volver, tocar, lanzar. ¡Cuántos verbos, cuánta acción, cuánta vida! ¡Y cuánto desafío!


ORAR CON EL PAPA

¡Cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia y nos lance a comunicar su vida nueva! (264)

Convertirse significa para la Iglesia, según el llamamiento del Papa, nada menos que entrar en un “proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma” (30). “Espero –escribe–, que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están.” (25) “…Urge –nos dice– recobrar un espíritu contemplativo, que nos permita redescubrir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva.” (264) Desde el punto de vista del compromiso social, nos recuerda que Dios creó las cosas “para que todos puedan disfrutarlas”. De ahí que la conversión cristiana –dice citando a Juan Pablo II– exija revisar “especialmente todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común”. (182) Pero las circunstancias son adversas, “el ambiente no ayuda”, podríamos argumentar. Y el Papa nos respondería con este bellísimo texto sobre la fuerza germinal de la resurrección de Cristo: “Creámosle al Evangelio que dice que el Reino de Dios ya está presente en el mundo, y está desarrollándose aquí y allá, de diversas maneras…”, “Como la buena semilla que crece en medio de la cizaña (Mt 13,24-30), y siempre puede sorprendernos gratamente. Ahí está, viene otra vez, lucha

por florecer de nuevo. La resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de esta historia, porque Jesús no ha resucitado en vano. ¡No nos quedemos al margen de esa marcha de la esperanza viva!” (278) El Papa Francisco nos habla en esta Exhortación sobre la conversión pastoral y misionera, la conversión del papado (32), la conversión espiritual (171), la conversión de los corazones (230), y nos muestra con sus gestos y palabras, con el lenguaje de su cercanía, con su derroche de ternura, y su alegría al contacto con unos y otros, que la Iglesia es, como María, una madre siempre atenta, que se empeña en la conversión de sus hijos para que a todos llegue la alegría de la fe vivida y comunicada. A María “la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas… a la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno, la que camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios… A Ella, “que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura”, (286) “le rogamos –dice el Papa– que con su oración maternal nos ayude para que la Iglesia llegue a ser una casa para muchos, una madre para todos los pueblos, y haga posible el nacimiento de un mundo nuevo.” (288)

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ORAR CON EL PAPA

Una foto que habla más que mil palabras

LA UNIDAD: UNA CONVERSIÓN SIEMPRE PENDIENTE “Cuando somos generosos en acoger a una persona y compartimos algo con ella —algo de comer, un lugar en nuestra casa, nuestro tiempo— no nos hacemos más pobres, sino que nos enriquecemos”. página 36


ORAR CON EL PAPA

“Hine ma tov umá naím shébet ajim gam iájad” fue la canción que entonaron junto al Papa, el fragmento de un salmo que reivindica lo “bueno y lindo” que es “que los hermanos se sienten juntos”. Es una de las canciones más significativas para el pueblo judío y expresa lo bueno que es estar todos reunidos. Francisco los recibió como a sus hermanos. Un momento inolvidable fue cuando hicieron todos un lejaim o brindis por la vida. Los asistentes quedaron sencillamente maravillados. Calificaron el momento como “un punto de inflexión muy importante” y le desearon a Francisco “que Dios lo bendiga y le dé salud”. “Ya nada será igual. Dentro de lo que es mi vida es algo inolvidable”, manifestó a la Agencia Judía de Noticias uno de los participantes. “Tiene una trascendencia mundial la presencia de la comunidad judía con el Papa.” “Este día jamás podrá ser superado”, “todavía no tomamos conciencia de lo que pasó” y “fuimos parte de un encuentro histórico” eran las afirmaciones que repitieron una y otra vez los asistentes.

Estas palabras del Papa, de nuestro querido Papa Francisco, pronunciadas en la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, las hace vida para que nosotros también las hagamos vida. Hace unos días el Papa Francisco, en la residencia de Santa Marta, compartió un almuerzo con quince dirigentes de la comunidad judía argentina, quienes disfrutaron de una comida kosher y cantaron en hebreo. Una sencilla mesa compartida ha supuesto un hito en la historia del diálogo interreligioso. Este encuentro tiene una significación mucho más profunda y trascendente de lo que imaginamos. Es la primera vez que se sirve comida kosher y que se canta en hebreo en el Vaticano.

Cualquier padre sueña con que todos sus hijos se amen. “¡El Señor nos espera a todos, nos acompaña a todos: está con todos nosotros¡” Para hacer ese sueño realidad Dios nos ha dado un Espíritu de Amor que nos habita, cada pequeño paso puede suponer un gran avance. Jesús extiende su amistad a todos, sin rechazar a nadie. Todos los que amamos a Jesús formamos en su seguimiento como una gran comunidad de amistad. Por ello, tenemos una contribución que ofrecer para curar las heridas de la humanidad: sin querer imponernos, podemos favorecer una mundialización de la solidaridad, que no excluya a ningún pueblo, a ningún ser humano. “Que todos sean uno” (Juan 17,20) ¿Y tú? ¿Qué pequeño paso estás dispuesto a dar? ¡Ánimo! No estás solo ni sola; caminamos contigo.

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RECURSOS ORANTES

EN TUS MANOS ME ENTREGO, SEÑOR En tus manos me entrego, Señor, haz conmigo lo que quieras. Me has hecho para Ti. No quiero pensar más en mí mismo. Quiero seguirte. ¿Qué quieres que haga? Seguiré tu camino. Sea lo que sea -dolor o alegría- lo quiero hacer. Te ofrezco los deseos, las debilidades, los planes que me apartan de Ti y me inclinan sobre mí mismo. Señor, Tú has sido admirable conmigo, durante toda la vida. En adelante no me abandonarás. Lo sé, aunque no tengo derecho alguno ante Ti. No me dejes seguir mi camino sin pensar en Ti. Haz que todo lo examine ante Ti, que busque tu voluntad en cada decisión y tu bendición en cada acción. Como el reloj de sol actúa por el sol, así quiero yo moverme por Ti, si Tú quieres llevarme y guiarme. A Ti me entrego totalmente. Amén. Cardenal Newman página 38


RECURSOS ORANTES

BUSCANDO LA HERMOSURA JOÃO REGO. OCD

Sentado delante de las teclas de su piano, un músico buscaba las notas perdidas. ¿Donde estarían? ¿Cuáles serían? En su mente resonaba un poema bellísimo que había leído. Era divino. Lo sabía de memoria. Deseaba vestirlo de música. Una música que fuera casi tan bella como el poema. Pero ¿cuáles serian las primeras notas de esa melodía? ¿Por cuál empezar? Durante días y días buscó, intentó. Hasta las escribió. Pero ninguna le convenció. Al día siguiente las borró. Se cansó. Pero no desistió. Cierto día, se encontró con un amigo que le habló y le mostró una música nueva de un músico nuevo. Estaba entusiasmado y fascinado con la belleza de aquella música. Le regaló el disco y le invitó a escucharla juntos. Verdaderamente, aquella música era bellísima, de una belleza tan nueva y tan antigua. Durante días, sentado en su piano, fue escuchando, tocando y descubriendo la belleza de cada parte, de cada música del nuevo disco. “¡Es divino!” – decía en su interior – “¡Qué hermosura!”. Durante esos días, se encontró sumergido en la belleza de esa música, estudiándola, descubriendo los encantos secretos, escondidos entre las notas. Y así se pasaron semanas. Una mañana, al sentarse al piano, después de tocar una de sus músicas preferidas, volvió a buscar las notas perdidas. No había desistido de buscarlas. Sus dedos tocaron las teclas del piano y por fin ¡encontró una! ¡y luego otra y otra! ¡Ya tenía las notas

que buscaba! Las primeras notas de la melodía que vestiría el poema. ¡Qué felicidad! Las tocó una y otra vez. “No hay duda” – pensó para sí – “¡son estas!” En los días siguientes, una tras otra, fue encontrando las demás. Ahora era mucho más fácil. Es que en la música unas notas llaman a otras. Así, poco a poco, pudo vestir el poema con una música tan bella como él. Un músico, sin saberlo o no, es un buscador de la Hermosura. Cada nota ardorosamente buscada, encontrada y escrita entre cinco líneas, es signo de la Belleza. Un signo que apunta más lejos, más adentro. Esa es la música que busco, fuera y dentro, porque creo que es esa la que nos acerca a la “Hermosura que excede a todas las hermosuras”. El ser humano, de hoy y de ayer, posee una sensibilidad especial para lo bello. Muchos, a través de la belleza de una catedral, de una pintura, de un canto, de una poesía o de un paisaje, se han acercado a Dios, o Dios a ellos. Por eso, escribir un poema, pintar un cuadro, componer un canto, además de ser una experiencia espiritual, puede ser un gesto profundamente evangelizador. Y más hoy día, en el que hacen falta nuevos lenguajes para hablar de Dios. Al buscar las notas de un canto nuevo, eso es lo que busco. Que la música ponga en comunicación, en relación de amistad, al hombre y Dios. Y con ella el hombre le cante a Dios y Dios le cante al hombre.

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RECURSOS ORANTES

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1 Letra: Teresa de Lisieux Música: João Rego Letra: Teresa de Lisieux Música: João Rego

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RECURSOS ORANTES

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RECURSOS ORANTES

MIS PALABRAS ORANTES PARA TI

Un nuevo libro de oración CARMELO HERNÁNDEZ GALLO, OCD

Preséntate. Soy Carmelo Hernández Gallo, 58 años. Nacido en la ciudad de Burgos. Casi cuarenta años en la Orden del Carmen Descalzo. En América Latina 32 años. Y en Burgos estos últimos 3 años. ¿Qué necesidades percibes en las personas en relación con la oración? Hay gentes que oran, pero otras no sienten la necesidad de orar. Un aspecto importante es que las personas descubran toda la riqueza espiritual que llevan en su interior y que se descubre en la oración. Pasar más allá de una oración de petición, a un encuentro con Dios. Hay gentes que quizá no oran porque piensan que es muy complicado o para unos pocos y no es así; la oración es para todos. ¿Cómo evangelizar el mundo de la oración? Primeramente con el testimonio de los que creemos que es necesario orar. Uniéndola con la vida

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cotidiana. Desde lo que nos presenta Jesús en el Evangelio, haciendo que ‘Marta y María’ vayan juntas, como decía Santa Teresa de Jesús. Presentando lo hermoso del encuentro con Dios y animando para superar las dificultades. Orando unos por otros, en grupo, ‘haciéndonos espaldas’, logrando que la oración nos haga amigos de Dios. ¿Qué te ha movido a escribir un libro de oración? Después del primer libro que escribí, ‘Itinerario para orantes’ (Burgos, 2003), pensé en seguir en esa línea, ofreciendo no tanto pedagogía sobre la oración, de la que ya hay muchos y muy buenos libros, sino otros aspectos diversos que entran en ella y que, quizá no sabemos o no podemos integrar, o nos parece que son muy distintos y no tienen nada que ver, por ejemplo: Jesucristo y el mundo; la contemplación y el compromiso en la vida; el silencio y el ruido, la religiosidad y la secularización.


RECURSOS ORANTES

CARMELO HERNÁNDEZ GALLO

¿Qué aporta de novedad tu libro? Aquí podríamos decir aquello de la Biblia “No hay nada nuevo bajo el sol” (Eclesiástico 1,9). Pero creo que lo nuevo es el modo de presentar esos elementos a los que aludí anteriormente. No son aspectos contrapuestos, como si hubiera que elegir uno u otro, sino que se pueden sintetizar; un lugar y modo de hacerlo es precisamente en la oración contemplativa. El lenguaje he tratado que fuera cercano, sencillo y asequible, sin grandes tecnicismos, con algunas citas de autores y documentos de la Iglesia, que refuerzan o aclaran las ideas que presento. Resúmenos el mensaje que quieres transmitir. Sencillamente tratar de mostrar que la oración contemplativa no es para unos pocos privilegiados, sino que es para todos. Y que para ser orantes de calidad, no necesitamos entrar en una burbuja al margen de nuestra vida. Que el encuentro con Dios es algo sencillo, que se da en las almas que se hacen pequeñas, como nos recordaba Santa Teresita. Y que no le tengamos miedo al silencio, que el encuentro con Dios nos da fuerza y nos anima para poder ser sus testigos en la vida de cada día, con alegría, con creatividad. Es posible y necesario ser orantes en el mundo que vivimos. ¿A quiénes va dirigido tu libro? A religiosos y religiosas, a sacerdotes y a todos los que tienen un compromiso ministerial en la Iglesia (catequistas, animadores de comunidades, líderes de grupos). A los que ya llevan años en su vida de oración y necesitan apoyos para seguir porque por momentos pueden sentir cansancio, desaliento, desorientación, dificultades de diversos tipos; en segundo lugar a aquellos que quisieran comenzar y no saben cómo; y tercero animar a otros que quizá no lo han pensado anteriormente, pero que cuando se encuentren con este libro, puedan sentir la curiosidad, el deseo de iniciar este camino. Y a todos decir que el encuentro con Jesús no nos defrauda. Gracias. Carmelo. Muchas gracias.

MIL PALABRAS ORANTES PARA TI

Autor: Carmelo Hernández Gallo ISBN: 978-84-8353-577-6; 246 pp. PVP: 14 €

Dirigido a todas las personas, a cristianos que quieren vivir con alegría y calidad su testimonio como seguidores de Jesús, a aquellos que buscan el agua para saciar su sed interior, a aquellos que buscan una mirada que les llene de ánimo, como es la mirada de Dios que nos embellece porque nos ama

editorial

MONTE CARMELO PEDIDOS Apartado 19 • 09080 BURGOS Tfno. 947256061 Fax: 947256062 E-mail: pedidos@montecarmelo.com www.montecarmelo.com


RECURSOS ORANTES

Consultas y Respuestas DIÁLOGO DE UN NIÑO CON DIOS Estimado Padre: Soy una catequista suscriptora de ORAR. Recuerdo que un buen día, yendo de viaje, paré en la hermosa Villa Ducal de Lerma, ahí cerca de Burgos. La Providencia quiso que escuchase, en una especie de encuentro de oración para chicos, el diálogo de uno de los chavales con Dios, basado en el Padrenuestro. Creo recordar que hablaba él, y le respondía -como “en off”nada menos que el Papá-Dios. Pero no recuerdo más. ¿Podría conseguirme de algún modo el texto de ese Padrenuestro dialogado? Muy agradecida. Carmen González

Amable catequista: ¡Encantado, se lo envío! Se trata de un texto original de un genial pedagogo marianista, y burgalés por más señas: P. José Mª Arnáiz. Nuestra misma editorial, lo ha incluido en un reciente libro titulado “100 PADRENUESTROS”. Selección y eco pastoral, se entiende, del que pronunció Jesús. Dicho texto es como sigue:

NIÑO:

Santificado sea tu nombre

DIOS:

¡Un momento!, ¿qué quieres decir con eso?

NIÑO:

DIOS: NIÑO:

Padre nuestro que estás en los cielos

DIOS:

Sí, ¿qué quieres?

NIÑO:

¡Oye! No me interrumpas, ¡estoy rezando!

DIOS:

Pero ¿no me has llamado?

NIÑO:

Yo no te he llamado

DIOS:

Entonces, ¿por qué has dicho “Padre nuestro”?

NIÑO:

DIOS:

página 44

Yo no quiero llamar a nadie, yo sólo estoy rezando Bueno..., sigue.

NIÑO:

DIOS:

NIÑO:

¡Déjame en paz! Yo no quiero decir nada, yo estoy rezando.... Pero, cuando se reza se habla con alguien y se le quiere decir algo. Tú ¿con quién estás hablando y qué le quieres decir? ¡Anda! ¡pues es verdad! ¿Qué quiere decir “santificado sea tu Nombre”? Es muy fácil. Eso significa que los que rezáis así habéis aceptado el ser hijos y pareceros a mi Hijo Jesús, que siempre hizo el bien a los demás. Así es como se santifica a los demás. ¡Oye! Ahora ya voy entendiendo esto de rezar. Yo nunca lo había pensado así. Bueno... Yo estaba rezando. ¡voy a seguir!


(Le s recordamos que pue den en viarnos su consulta o c ar ta d e opinión o sug erenci as )

NIÑO:

DIOS: NIÑO:

Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo

DIOS:

¿Quieres decir eso de verdad?

NIÑO:

Pues claro

DIOS:

Y ¿qué haces para que sea verdad?

NIÑO:

DIOS:

NIÑO:

DIOS:

Hacer, hacer.... Nada...., eso lo tendrás que hacer tú. Yo pienso que sería fenomenal que tú hicieras que aquí abajo hubiese tanta paz, tanta alegría y tanto amor como debe haber allí arriba. ¡Claro que sería fenomenal!, pero... ¿sabes una cosa? Eso lo quiero yo hacer a través de ti. Tú puedes realizar aquí mi reino, llevando alegría, paz y amor a los demás. Esa es mi voluntad. Esto es muy complicado. ¡Deja de meterte conmigo! Yo estoy rezando, porque me han dicho que para ser bueno hay que rezar. Pero... Me parece que voy a dejar de rezar porque esto se está alargando mucho.

NIÑO:

DIOS: NIÑO:

DIOS:

NIÑO:

DIOS: NIÑO:

DIOS:

NIÑO:

¡Venga! No te canses, sigue rezando. DIOS:

NIÑO: DIOS:

NIÑO:

DIOS:

NIÑO:

DIOS:

Danos hoy nuestro pan de cada día. ¿Para qué pides el pan si ya lo tienes? Y además de pan tienes muchas cosas que no necesitas.

NIÑO:

Pero bueno.... ¿no es eso lo que dice “el padre nuestro”?... si estoy rezando, lo tendré que decir, ¿no? Sí, pero no basta con decirlo. Es necesario que otros que no tienen pan lo tengan. Así que comparte algo de lo que tú tienes con otros que no lo tienen.... Yo lo doy para todos... No te quedes tú con más de lo que necesitas. ¡Ozú! Cada vez me lo pones peor. No sigo. Tengo miedo de seguir Dios: ¿Miedo de qué? ¿de seguir rezando? Sigue, que estoy interesado por lo que viene después.

DIOS:

Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden ¡Claro que te voy a perdonar! Y tú, ¿perdonas a tu amigo? ¡Ni hablar! Me ha hecho una faena... Y me la pagará Pero... ¿tu oración, qué? Pues mi oración... Bueno.... Yo estoy rezando el Padre nuestro Sí, estás rezando; pero rezar no es sólo decir palabras, es vivir lo que dices. Bueno... ya me voy enterando. Es difícil, pero me estás convenciendo lo perdonaré. Esto es maravilloso. ¿Cómo te sientes? No muy mal del todo. Estoy un poco contento, pero no te vayas, que has prometido ayudarme. ¡No me voy, hombre!... Sigue tu oración, que todavía no has terminado. No nos deje caer en la tentación y líbranos del mal ¡Estupendo! Lo haré... pero tú déjame ayudarte y no te empeñes en hacerle más caso a tu comodidad, a tus caprichos, a tu egoísmo, a tu envidia, a tu... sólo a Mí. ¿De acuerdo? De acuerdo. Gracias, Señor, porque ahora sé lo que es rezar. Hasta ahora creía que si rezaba podía hacer lo que quisiera. Pero ahora me doy cuenta de que cuando rezo hablo contigo y no te puedo engañar y decirte una cosa y hacer otra. ¡Fenomenal! Ahora sí que puedes llamarme Padre. Ahora sí es auténtica tu oración y lo que me pides se va a realizar porque estás dispuesto a poner todo lo que puedas de tu parte.

NIÑO:

¡Buenas tardes, Papá Dios!

DIOS:

¡Buenas tardes, hijo querido! Atentamente. P. Juan.

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¿QUÉ TE SUGIERE ESTA IMAGEN? Queremos proponerles una vez más, queridos lectores, que nos cuenten lo que les sugiere esta imagen vista en clave espiritual. Con cada número venimos ofreciendo una nueva, y pondremos en común vuestras breves sugerencias sobre la foto anterior, si nos la envían antes del 15 de cada mes a nuestro e-mail: fdomingo@montecarmelo.com

Entre los comentarios enviados sobre la imagen propuesta en el pasado número de ORAR, a la vez que agradecemos a cuantos nos los enviaron, comunicamos a todos nuestros lectores que ha quedado elegido el siguiente:

Sólo al mirar esta foto, sentí que mi corazón se convertía en toda una paleta de colores suficientes como para pintar todo un arco íris de sensaciones y sentimientos. Ese mirar, sonreír y dialogar -¡tan empáticos!- mientras la joven ayuda y el mayor se siente ayudado, puede ser encuadre suficiente para que el mejor de los pintores lo traslade al lienzo, y el mejor de los galeristas, lo cuelgue en la selecta de sus exposiciones. ¿Título? “Voluntariado”. Señor, me dije: Que en mi reloj, mi agenda y mis calendarios, haya siempre un espacio suficiente para poder ejercer el oficio más bello del mundo: ¡Ser voluntario! Esto es, “ser una persona que, por elección propia, dedica una parte de su tiempo a ayudar positiva y desinteresadamente a quienes lo necesitan”. (Que es lo que parece está haciendo la joven de la foto).

Gracias y enhorabuena. Nos pondremos en contacto con Vd. para obsequiarle con uno de nuestros libros.


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