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IGNACIO G.

C A R T E L L E

CAFÉ FRIO

EN PAPEL


CAFÉ FRIO EN PAPEL


IGNACIO G. CARTELLE

CAFÉ FRIO EN PAPEL


Cartelle, Ignacio Gabriel Café frio en Papel - 1era edición Campana, Buenos Aires, Argentina - Año 2018 60 p - 210 mm x 148 mm Ilustraciones por Anabella Bonasso y Nicolás Malizia 1. Narrativa ilustrada.

Impreso y encuadernado Artesanal. Todos los derechos reservados © No se permite la reproducción parcil o total, el almacenamiento. el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del editor. Su infracciòn esta penada por las leyes 11.723 y 25.446 de la República Argentina.


Arranqué a escribir de muy chico, casi diría que fue una locura. Primero empecé con canciones, me faltaba ritmo, pero aún así, amaba escribir, me sacaba muchas mochilas que tenía encima. En un arrebato de incoherencia lo dejé, una persona me hirió lo suficiente como para creer que no valía lo que hacía, pero también fue una persona la que me empujó a volver al papel, y desde ese día jamás me fui.


Café o Cerveza

E

ntre tantas tontas sonrisas que vibran corazones, una vibró medio segundo más. Palabras labradas en juergas de sábados tomaron rehenes a papeles amarillos, me obligan a escribir, escribirte en blanco pero en viejos papeles; la delicadeza de poder decir me gustan tus ojos es un paralizador de mentes, traba piernas y renglones, esconde lo sencillo en el escritorio, en ese cajón que todo se pierde pero está ahí, ¿Café o cerveza? Estaré intentando vender cigarrillos en un hospital, o gritar gol en un partido ajedrez y el que no arriesga no gana se escucha, el que pierde paga y regala futuro dejando sin pasado al perdedor. ¿Se explica?, tengo estadísticas en borrones entintados; tu nombre escupe mi conciencia y me deja sin almohada, tu sonrisa me da el aire pero decide cuando respiro, sin pretextos, sin títulos malditos pre-definiendo el texto y dejando todo a la corazonada del cobarde que creyó que ser valiente es blandir espadas contra dragones, hasta que tus ojos cruzaron tempestades de nieves y en parpadeos nacían estrellas. Solo ahí el

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valiente recordó que es ser cobarde, es la sensación de sentirse vulnerable, que las piernas tiemblen, que nada responda y el pensar quede en segundo plano. ¿Café? A veces amargo, temiendo que el dulce se convierta costumbre y con el tiempo lastime. Dicen que todo pasado fue mejor pero mi pasado está encadenado a un sótano, lo miro y se ríe, lo alimento y me muerde, una relación de amor odio, jamás cambiará, pero así lo quiero y así me formó, le doy gracias y lo visito para no olvidarme quién soy, para saber quién fui, para intentar crear el qué quiero ser. ¿Cerveza? De vez en cuando, pero no mucho, no quiero mentirme más de lo normal. No es amor, no es locura, es mi inspiración que recae en tu cintura haciéndome parecer un idiota, es perder dignidad en cada trazo de palabras, es ver lo celeste de tus ojos y tu sonrisa que no paran de dispararme en suspiros. Quiero romper papeles y morirme de amor, que si de paz se trata sea escuchar tu voz en buenos días´, que abrazar sea rutina infinita, que besar sea cura en días de lluvia sin paraguas. Si la vida nos cruzase ¿Café o cerveza?

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Texto Infinito

Subiré a la cima de mis miedos y gritaré tu nombre; corazón, deja un segundo de latir no puedo oírla con tanto ajetreo que desatas. Basta de incógnitas refinadas, me dijeron que te deje papel, pero no puedo abandonar lo único que me amó de verdad, la palabra. Subiré a la cima de mis miedos y gritaré lo más fuerte que pueda tu nombre, el eco se volverá un sabio afrontando las migrañas que padezco por no ser común, se volverá la salvación, se volverá un olvido para que me pueda perdonar por no quererme un poco más, espero que mi Yo no me guarde rencor en el futuro. Me leerás, o eso espero, si no fue agradable volver aquí, enfrentándome a la desidia de vivir en un mundo donde el pensamiento colapsa en sentimientos vanos y el futuro siempre será mañana; acomplejado de transitar este presente, porque siento no estar pisando la baldosa correcta, la sensación de que sabes que estás mal, pero aún así no puede negar tu existencia frente al espejo. Es mi complejo de escritor involucrando el

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corazón en cada oración, luchando por lo que siento, sonriendo aunque quiero acostarme sin darle lugar a que el sonido de tu nombre vuelva a escucharse. Amor... ¿Te amo? ¿será que lo que tanto negué está palpándose y no lo quiero reconocer? Si fuese así; lo siento, lo intenté, pero como todo mis intentos se quedó en el trayecto perdido. No hablaré de mi, de mis sombras, será tuyo el resto. Me topé con la sonrisa de Afrodita entre medio de los colores que se mezclaban con tu piel y tu pelo algo azul, tus ojos color café, tu sonrisa color poesía. No hay futuros inciertos, solo pocos aciertos que no intentamos en el futuro, por el maldito y cruel miedo de volver a sufrir. Será que mi instinto masoquista me arrastra hasta la punta del tintero, dibujo el borde de tus labios mientras me cosquillean los dedos, es como rozar lo imperfecto porque cuando llego a tu lunar, ¡Dios!, ese lunar, no hay perfectos suficientes que atesoren entre sus letras la sensaciones sin nombres que me produces. Mil veces digo te quiero y mil veces sonrío, entre tus curvas, tu caminar, tus manos, tus aciertos, tus ideas, tus modos y modales, trago saliva y el papel solo te dibuja, retrata la sensación de volverse indestructible oliendo tu perfume, escuchando tu voz entre los sonidos tristes de rutinas infinitas. Subiré a la cima más alta y gritaré lo más fuerte que pueda tu nombre, gritaré y gritaré, como un niño perdido entre la muchedumbre de pisadas grises, subiré y me sentaré, murmurando tu nombre, murmurando tu sonrisa, pidiéndote perdón por intentarlo y no tener un límite, pidiéndote perdón por no querer que te vayas, pidiéndote perdón una y otra vez. Si las letras temblaran podrían reflejar cómo me siento en este momento, la felicidad, la tristeza, la duda, todo en un mismo lugar. Yo quiero conquistar el mundo invitándote un café, ya he dicho esa frase, pero esta vez prometo que algún día lo haré, me armaré de los valores que me hicieron falta siempre

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y lo haré. Todo lo que dije, que me arrepentía de haberte hecho saber cómo me sentía, fue la última mentira que pude decir para no llorar, no podría arrepentirme de algo que me hizo tan bien, de algo que me dio los textos más hermosos, que me dio lágrimas sinceras, que me hizo verme; no podría arrepentirme de ti, si lo dulce y lo más lindo recorre el marco de tu cara y se me cristalizan los ojos. Eres el primer mar que conozco que nunca temí, la serenidad mezclando la tormenta en sus ratos más amargos. Hoy no hay gracias, porque ya no me sirve una simple palabra, aunque me faltan textos; lo siento, no puedo abandonar esto, sería olvidarte, sería olvidar sentimientos y no estoy preparado para tanto, porque lo que hoy me lastima y me hace llorar, es lo que cuando veo puedo conquistar a toda la galaxia, puedo decirte te quiero, gracias, perdón y todo pero en silencio, adentro mio. Quiero que este texto sea infinito, que lo leas y siempre encuentres algo nuevo, que sepas lo mucho que te quiero, o te quise, depende de cuando llegues a verlo. Quiero que este texto sea único, que responda preguntas, que te haga sonreír así yo ya no me encuentre más, que te haga levantarte así ya no tengas más fuerzas. Quiero que este texto sea infinito, que lo leas y siempre sepas, que aunque sea un idiota sin remedio, te querré hasta lo más fuerte que me de el corazón.

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Conmigo

Surqué la galaxia entera buscando lo correcto, me terminé por encontrarme, me estreché la mano con una sonrisa vacía; me dijo que no hay males de piedra y no hay amores de cristal. Comprendí que las desgracias retornan en forma de enseñanza, en un plato de sopa caliente, en un abrazo que rompe cadenas. Faena del escritor escupiéndole al silencio del papel, serán mis días grises que se están coloreando poco a poco, ya no cuesta ¿Saben?, aprendo de mis errores para cometerlos en el futuro nuevamente y ya no llorar, las lágrimas las dejaré para el alma indicada. Trenes que viajan a la velocidad de un te amo sincero, el avión surcando lo más alto del cielo y tus problemas se ven más pequeños con cada metro que sube. Estuve en el abismo; cuando tocas fondo todo te parece bonito, los gestos buenos, o malos ya no los distingues, aprendes a quererte porque tí mismo y no puedes fallarte. Sencillo el trazo de las letras, la cursiva chueca pero sin faltas de ortografía, ya no más, la

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sonrisa viene cargada con balas de alto calibre, hoy me quiero, hoy puedo ser invencible. Aunque caiga y tropiece con la misma falta de lucidez de hace tiempo, aprendí a poner las manos para levantarme. El amor es un acto suicida que todos cometemos para volver a renacer en otros labios, así roto esté el sentir, volver a vivir el momento no tendrá jamás un precio. Surqué la galaxia entera buscando la verdad, me terminé por encontrarme, me abracé como si hubiese vuelto a la vida, la reacción cuando se da por terminada una guerra. Rompí tantos pensamientos entre paredes, que hoy los estoy volviendo a armar, junto los recuerdos y me coso cicatrices con ellos, es el tatuaje que llevo, nunca tan grande, nunca tan bonito. Habrá que crecer para aprender me han dicho, yo no crezco; crecen mis años y mis ideas, hoy estoy intentando que crezca mi alegría a la par. Feliz de haber caminado el infierno, nunca es tarde para empezar de nuevo con la misma mano de cartas, pero sin miedo. El mareo de escribir sacando las pesas de mi cabeza es similar a caminar sobre la arena en primavera, ni muy caliente, ni muy frío. Me sobraron motivos para dejar la vida como la conozco, me sobraron aún más para quedarme, los malos tragos se toman solos aunque alguien te acompañe. Así me siento libre, sin estrés, mi sonrisa con dientes desalineados se muestra en la calle, y aún más importante, se muestra frente al espejo. Dejo las palabras fermentando; este texto cada día me sabrá mejor, como una cerveza con amigos, como un café solo, como mi mundo conmigo mismo.

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Alquimia Lírica

Tomé besos que tenía guardados en un cajón, abracé lo imposible mientras el viento me soplaba pocos recuerdos con tu perfume. Inhibido tengo el corazón; suelto más la lengua que el alma, un cursi que se perdió en café, whisky y cigarrillos, uno de por ahí, que tiene una guerra constante en la cabeza, que sonríe y sabe mentir, que se preocupa demasiado intentando que no le importe nada. Salí de aquel septiembre, de aquella primavera, tengo abriles en ritmos tibios, paso mas tiempo pensando en que decir que probando ser feliz y así termino, escribiendo retoques de canciones que nunca tuvieron un bemol para su Blues. A veces me avergüenzo de mí mismo, cuando me miro al espejo, cuando sonrío, cuando escribo. Resurgí en malas decisiones, una tras otra, a poco me creo loco por sonreír cuando te pienso, a poco me deprimo cuando miro como pasa el tiempo. Me

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sinceré en un papel y desde ese día duermo más que tranquilo, el que diga lo contrario que venga sin miedo, yo me lo escribo. Terminé textos pensando jamás volver a escribir; recibí elogios, insultos y opiniones irrelevantes, creí que en las últimas palabras me faltaría el aire. Pero aquí sigo, tomando notas de mi vida; escribo cifrando vidas, puliendo la mía, masacrando tintes que pensaron que sería una moda pero vuelvo cada tanto a darme más vida suicidándome en cada frase. Sin principios no hay finales felices, pero es más real. Vivo de cuento en cuento, de historias, de miradas que me juzgan, de miradas que me quieren, de besos que me llevo cada noche, de besos que se despidieron en trenes, de besos que imagino y me recuerdan la sensación por la que arranqué a escribir cuando era chico. Años de alquimia lírica para que puedas sentir lo que escribo, a veces lo logro, a veces me explota en la cara. Se convirtió en mi panacea que logra matarme un poco más, muero en cada texto para vivir más tiempo; le arranco las agujas a los relojes, hago flotar las cosas, vuelvo a cada instante en donde fui feliz, en donde te vi por primera vez, donde te besé y las estrellas murieron de la envidia. Soy un cursi escondido tras una pantalla, un informático que soñó escribir un libro, alguien que dice mañana cuando tiene que arrancar el gimnasio, pero así soy y así vivo. Trato de ocultarme y cambiar la jugada, mi genio me canta truco en la cara y tiene cartas marcadas. Soy un cursi que escribe entre líneas, un cursi que nadie lee, un idiota que espera tranquilo que un abrazo los mitos descongele.

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Cafeomancia literaria

Todos tenemos un poema cifrado esperando a la persona que sepa interpretarlo. Secciones de vida que nos representan un déjà vu; creemos tener la respuesta, sin embargo, el miedo al amor nos hace reyes sin reino. La borra del café se lee; practico cafeomancia literaria por frases sepultadas bajo tierra de otros años, bajo distintas borras de café. Secretos de sombras que se ubican tras el iris; fuerte y de un solo sorbo sentencia la calamidad de vivir acompañando la felicidad del otro sobreponiendo la suya. Amargo pesar del intento, saber que busca lo que tiene en la mano y aprieta el vacío del alma esperando que caiga un par de palabras que le soplen su aroma, que endulcen el centro de sí mismo. Yo lo llamo poeta, pero se apellida Ristretto.

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Lungo de compañía sabia y pocos instintos; la retórica oculta lo banal, acordando apaciguar las tempestades de charlas delicadas, de dudas y misterios no resueltos. El ente que aparece cuando menos lo esperas, cuando la necesidad de la palabra colapsa en las manos sobre la cara y el llanto desgarra lo más fino. Anécdota de bar, de ilusiones que murieron sin comienzo. Lo dulce de un beso exento de lo cursi del momento; canela con detalles de luz, espuma con ganas de más, con un sabor distinto al resto. Refleja la calma; historias con metáforas pertinentes, solo mirando por la ventana, la gente que camina con, o sin rumbo, sumido en la felicidad porque es la única que no te rinde cuentas. Movimiento de caderas, delicado pero a la vez poco sutil. Capuccino. Suave, sin miedo, duerme entre los cristales del silencio; lagrima le dicen porque seca las tormentas, calma ansiedades mientras nutre paz interna. El Yin y el Yang, la melancolía de sabor recuerdo con sonrisa impregnada, nostalgia con poco perfume y sin intensidad; pero el gusto de conocerla sobrepone las cadenas que nos cuesta romper por nosotros mismos. El andén se tiñe de grises en épocas de carnaval, la guitarra que suena sin público, el tren que parte sin pasajeros. Así se describe, Espresso, rutina del día a día, cansado y con mala cara, pero lo más sincero que existe. Amigos comparten sus hazañas, sus pesares, dudas y miedos, el escucha y aconseja desde lo bajo, intenso para algunos, otros lo cortan para no sufrir, pero aún así, su verdad, no puede ser negada; compañero y enemigo, el sabio que escupe sus años hacia el olvido. Practico cafeomancia literaria, el arte de escribir el sentimiento y que lo sientas propio. No seré ninguno y seré todos los destinos, los caminos de peregrinos que acudieron al olvido como salvación, los escritores que murieron en los intentos

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de escribir la gloria, de vivir del amor; seré el redentor de tu corazón y que tu sonrisa no muera sin ver el sol, seré lo que siempre tuve que haber sido, café frío en papel.

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Palabras en tiempos de lluvia

Éramos dos, fuimos mucho, nos dimos tan poco, nos quedó todo. Una noche, sin mediar palabras, se cruzaron nuestras almas, convirtiéndonos en algo más, en algo más que presos de un amor. Se fundió a negro un corazón, que sin hallar una explicación se dejó caer, se dejó estar, se dejó morir. Dame una caricia, dibújame tu pasión sobre mi espalda, muérdeme, apriétame, déjame marcas que duelan, pero exciten. No me dejes libre, que no se vivir, necesito que me marques el camino, que resaltes mis defectos y que jamás digas mis virtudes. Necesito un silencio a gritos, que me pegues y me hagas sentir vivo, que estoy respirando con dificultad y ya no me importa nada, será porque te necesito, porque me trabo en dos palabras, porque no serás lo mejor de la vida, pero eres la mía.

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Estoy cayendo de espaldas, no quiero mirar el suelo. Me encontré con deudas verbales, paradigmas mentales, encrucijadas y trabas emocionales. Paredes que me demostraron que la vida no siempre es rosa, que las malas costumbres al tiempo pesan, que dejarte ir no fue crecer, si no demostrar mi cobardía, mi orgullo. Hice promesas que jamás cumplí, demostré e hice cosas que estoy arrepentido. Que un olvido no se olvida, que olvidar no significa nada más que acostumbrarse, resignarse al nunca, vivir en el no seré aquel. Escribí verdades con sangre; escupiendo tinta me alejé del mundo cuando me di cuenta, solamente escribía tu nombre. Busco ser feliz, me estoy dando cuenta, que no se como hacerlo. No creía en nada, tu sonrisa fue la luz entre tanta oscuridad. La perspectiva cambió, aunque abrí ventanas, tengo miedo de correr las cortinas, de creer que todo sigue igual. Lo sé, vivo en un pasado, es lo que me mantiene aquí, en mi nunca jamás. Exploté tantas veces, quebrando en lágrimas, que no recuerdo si es por ti, o por mi. Miles de pensamientos in situ, mirando estrellas, esperando encontrar alguna señal de que volverás, que te encontraré por algún sitio. Tanto el tiempo y el destino se transformaron en mis enemigos, uno quiere verme morir lento, el otro hacerme sufrir a cada instante. Léeme, son mis besos a distancia, la manera más sutil de tocarte, de llegar a donde ningún aventurero llegó, que es a tu corazón. Muéstrame cuantos pares son tres botas y te regalaré el sol, una flor y el resto de mis días.

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Escribo

Escribir dejó de ser un pasatiempo, pasó a ser algo que me apacigua lo más profundo del pecho, cuando no puedo respirar, en el momento que siento que ya nada puede salir peor, tengo esto, una brecha entre lo real y las miles de historias inimaginables que jamás podría vivir. El viaje de los sueños que se esconde cuando dejo de mover los dedos, cuando el teclado escupió su último pedazo de misericordia. Es el regreso hacia el pasado mirando por un agujero muy pequeño el futuro, siendo un trotamundos de lo desconocido, apiadado entre papeles que nunca me animo a releer, sostenido por el umbral de recuerdos frescos que me hacen llorar y reír. Manipulando realidad camino por la piedras que una vez me quebraron; en un tramo irregular escapo para ver lo que nunca vi, sonrío, lloro, sufro el miedo y la felicidad, conozco personas, historias, cuentos, fábulas, muestro el placer de vivir en lo que siempre quisiste, porque puedo.

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Tras el pacto de una pantalla, o un papel, de pixeles, o tinta, de bolígrafo, o teclado, juré volver cada vez que sea necesario, con sonrisas, lágrimas, hoy me toca volver sin nada, buscando lo que creí haber olvidado, que es la alegría de sentirse libre por el tiempo que dure. Son solo unos instantes, pero son los más felices, o lo más tristes, es el sentimiento llevado al extremo, con llanto, el pecho que desborda, el tratado del perdón para el que una vez se sintió el más débil, el redentor que espera lo inesperado en cada trazo de lo que puede no llegar a existir. Hoy no hay amores, poesías de remedio, canciones sin estribillo ni el famoso te extraño, esto es un homenaje a lo que muchos llaman escribir, para mi es el pase a vivir mil vidas, tratar a lo desconocido sin alfileres, buscar las verdades y transcribirlas en las mentiras que podrían llegar a ser. Luchar con gigantes y morir en el vacío, para revivir de astronauta, o escritor en un café escribiendo el premio nobel literario. Es el sonido del silencio que abruma y calma, el olor a café y la tierra mojada. La lluvia en percepciones de incógnita, el silbido de un viejo escuchando la radio, la mano de una madre que seca las lágrimas del niño lastimado; es ver a la palabra pegando en el corazón, rozando los sentidos que pensabas que no tenías, es la piel de gallina y el gol en contra, orgullo y perdón, odio con amor y las metamorfosis del iris cuando te está por explotar la felicidad. Gente: si vieran, si me vieran como escribo esto, como me tiemblan las manos y la mente por momentos se me queda en blanco, mientras sonrío a las 5 de la madrugada, entenderían lo que se siente quedarse hasta tarde para dormir tranquilo. Hoy no me tocó vivir una de las miles de vidas, hoy viví la mía propia. Ya está amaneciendo, mañana no será otro día, mis días pasan en cada frase de lo irracional al borde de la cordura. A mi me gusta, así vivo, así respiro. Así escribo.

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Anónima, no llores

De vértices y directrices creemos que todo tendría que tener un porqué, consecuencias de una búsqueda de felicidad inequívoca, la felicidad es errada y equívoca, por eso nos lastima en algún momento y seguimos sin entender el porqué nos duele. Amar sin preámbulos es altruismo; monógamo con las letras, formé mi propio libro con faltas de ortografía y frases fuera del renglón, lo leí llorando, cuando el amor es verdadero el dolor abre los corazones con miedos. No siempre perder es encontrar algo mejor, por eso vivo lo que quiero y lo que quiero lo vivo con cada segundo, nada me asegura un final feliz, pero tampoco me asegura un final. Tocamos fondo solo para respirar nuestro propio ser, nos pesan las ideas para no flotar, las pesas no son más que los pavores de crecer. No hay dos sin tres, yo prefiero uno más uno; aprecio tus defectos, acepto tus líneas de vida mal dibujadas, solo porque tu voz me llena el alma si la lluvia me hace llorar un día más.

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La victoria personal más amarga; estoy peleando contra mis ideas y sentimientos, mis ganas de crecer y mis ganas de morir en tus brazos. La tormenta me arruina la mano derecha, aunque no sea la zurda de Picasso, con ella dibujé mi futuro contigo, aún lo hago aunque los lápices se quiebren en tu sonrisa. Dejaría todo al azar, solo para darme dos minutos más en tus abrazos. Muero entre tus sábanas, entre las mías, si me tocas, si te toco, muero si te vas, muero sin ti sin más. No quiero poner mi vida en tus manos, pero pongo mi corazón sobre la punta de tu nariz para que no lo pierdas de vista, que más quisiera que nunca terminase el deseo de los defectos sin curar. Los remedios caseros jamás me fueron útiles, llorar y abrazar mi cara con las manos es el paso a la locura, porque te necesito apretándome la cintura. Hace años que ya no estoy, porque me escapé cuando te conocí y nunca quise encontrarme, porque me encuentro cuando te veo y me sonríes, porque me vuelvo a perder entre tus brazos que hacen reescribir lo eterno.

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Disbalance Voy armando premisas al compás de la lluvia; la ruptura de la esperanza que partió y yo saludando desde la estación. Busco precisión en cada verbo, en cada adjetivo busco perfección, busco la razón encarnada entre los textos, encuentro los pretextos para no alejarme de aquél corazón. Será una intuición que me trajo a tu puerto y yo sigo pensando que fue casualidad, la sinceridad amarrada en cada verso que escribo, arribo por las noches escuchando tu voz como canción. Me faltan rimas para expresar; escucho campanadas silenciosas, a veces pensar es triste y sonreír es jugar en modo experto. A los sucesos ocurridos entre tantos augurios que prometían en mi mismo un cambio abrupto, hoy pretendo arrancarme de la piel estas palabras, las únicas impropias que resumen un te quiero. Estoy gritando los silencios que nunca quise escuchar, aferrado a la desidia de escribir para callar, para amar al sentimiento entre la quietud del huracán, para amar al sentimiento entre la inquietud del mar. Explorar las maravillas de tu mundo para sincerarme con mi yo de hace cinco años, fue un acto suicida de un loco que se creyó quijote para conquistar molinos; tu sonrisa es un veneno, una morfina para la aflicción que muchos suelen llamar la vida. Y aunque jamás me puedas entender, tengo mi mente recreando mil futuros, ya no te sueño, o eso creo, pero aún es muy pronto para cantar victoria, ya que los destinos son inciertos, como cuando sopla el viento y tu perfume se impregna en mi pecho. Soy más del uno más uno, de caminar a la par, el niño que

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cree en los finales felices, en que los días grises se hicieron para cantar. Se me abre una puerta pero no te veo del otro lado, estoy decidiendo su paso; podría vivir abandonando lo que siento, incluso viviría con la salud de mis mejores épocas, pero no busco resignar y caer en el olvido. Quiero tener más cosas que escribir, quiero seguir llenando mis páginas con tu risa, no quiero soltar la mano del ángel que me está enseñando otra vez a vivir. Un sin ti es un mundo con barrotes, una niño sin su globo, un viajero sin destino que arribar. Exagero en cada instante, me vuelvo intolerante, me vuelvo insoportable, me convierto en lo que todo el mundo odia, me convierto en un niño que llora, me convierto en lo imposible para verte sonreír. Yo solo me alegro con mis propios textos; no producen nada, no significan nada, pero para mi lo significan todo. Soy ese que se dio por extinto, en cualquier momento moriré, dejaré de escribir para unirme a la masa, para abrazar la falsa felicidad que, a veces, busco mirando las terrazas de los edificios. Y así viviré; mataré al escritor, mataré mi preciado yo, porque ya nadie quiere unos versos, ya nadie se fija en el corazón. Pobre poeta creyéndose un soldado, si nunca llegué a tiempo en la vida, siempre tarde para el pastel, siempre temprano, pero sin paraguas, y a los minutos empezó llover. Es la paradoja del que sigue soñando, o mueres en el intento, o empiezas a quedarte ciego. Hoy busco paz y no voy a mentir, la encuentro cuando te escucho, cuando sonríes porque sí, cuando dices porque no. Más que esperar de alguien que miraba el cielo por las noches y pedía a la luna un pedazo de luz; anoche recordé cuando eso sucedía, ahora, puedo entender que ese pedazo, son las mil galaxias formando tu risa.

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Se alejó Se alejó, sin mirar atrás ni titubear en las pisadas, se alejó. Soplé la vela que tenía encendida en el pecho; recuerdo las palabras que tomaron trinchera en los momentos más necesarios, abusiva sensación de soledad, abusiva sensación de que ahora estaré mejor. Si, mejor, porque cuanto más se alejaba, más se desprendía mi reloj de la muñeca; aletargaba un cariño cauto, pero de qué sirve mirar el minutero si al fin y al cabo llegará, arrancándote todo lo que tenías guardado en la mochila. Mientras suspira mi cabeza en colores tenues, yo sigo escribiendo; escuché por ahí que “antes que sentir dolor mejor no sentir nada”, correcta frase para un barco que perdió el timón y necesitaba un tintero para dibujar un par de manos. Arrastro las palabras para hablar; lo más hermoso esconde la miseria entre sus dientes, una metáfora que no significa nada, un libro que le arrancaron la primera y última página. Se alejó, sin mirar atrás con paso firme, se alejó. Levanté un altar innecesario; quizás la salvación siempre estuvo en mi y fuiste un chivo expiatorio, las mentiras de bar jamás me apaciguaron la mente, por eso digo la verdad en cada frase que escupo, aunque sea por pura supervivencia. Puse en venta

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mi cabeza, mi razón de ser nunca estuvo de acuerdo con mis ideales, por eso siempre estuve roto, por eso siempre estuve completo conmigo mismo. Intenté miles de maneras, prefiero seguir jugando solo, no hay maneras para querer, tan solo es querer y disfrutarlo de mil maneras. Resalto en lápiz la frase ‘intenté miles de maneras ‘ porque jamás intenté más de una, nunca me fue necesario, o nunca había dolido tanto. Hoy mi paz la encuentro en tres sorbos de café frío, solo y sin azúcar, en premisas con destino y puerto desconocidos, en volver a encontrarme en el espejo como años anteriores, sonreírme, decirme - chico hiciste todo, solo descansa - y así vuelvo a reír como en los sueños de Peter Pan. Mi aura de grises toma color, soy escritor por hobby y supervivencia mental. La hipocresía la palpo en cada soplo de viento, pero ya no produce llanto, tan solo risas y búsquedas de nuevos vientos. Siempre le temí a la inmensidad del mar, sin darme cuenta que le tenía miedo a la calma que producía mirarlo, contemplar que lo más inmenso que tenemos es lo más tranquilo que podemos encontrar. Un cigarrillo toma cartas en el asunto, uno, dos, incluso podrían ser tres, respiro tabaco y bebo mi café, porque ya no busco que se enfríe. La frase “En la guerra y en el amor todo se vale” es la mentira más grande que escuché, porque no hay amor en las guerras y no tiene que haber guerras en el amor. Para mi, el amor es como un café, algunos lo prefieren tomar solo, otros acompañado. Tendré mis cinco minutos de fama en alguna boca que busque enterrar algún beso olvidado, quién sabe, el momento de lo eterno tan solo es un minuto más.

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Insomnio, tabaco y café

Tengo la coartada perfecta para no dormir; te sigo esperando, rogando porque te aparezcas y me abraces aunque sea una última vez. Son tantos otoños con moños de etiqueta que perdí la cuenta de las veces que desperté y partiste. No quiero escribir un te extraño entre la densa niebla, pero siento que es la única manera de hacerme escuchar, callar fuertemente los gritos de silencio, mientras miro con ternura tu foto y lágrimas de papel te recuerdan con medias risas entre anécdotas e historias. Lo siento, mira que lo intento, me someto a tratar de seguir, a vivir cada segundo del día como si fuese el último que me toca transcurrir, pero me está saliendo mal. La ebria soledad, que molesta entre noches cálidas, no tiene el significado de estar solo, simplemente que no estás tú. El péndulo se rompió desde que no estás, los días duran como dolor de muela, o terminan en lo que dura el para siempre de los quince años, en un minuto mi reloj ya no funciona y al

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siguiente atrasa dos, y así vivo sin sintonía, a destiempo del tempo que marcaba un Status quo cuando escuchaba tu risa. ¿A qué clase de viento tengo que soplarle mis secretos para escucharte hablar? No existen negativos que se puedan revelar, que me hagan sentir tu calor otra vez, tus insultos de kermés, tu sencillez y como el pecho se me inflaba cuando te nombraban. Tengo un nudo en la garganta que me enreda las manos, me trastabillo con los renglones, pero intento retratarte palabra a palabra. La sonrisa que ocultaba un pasado de alfileres y los mil intentos de que todo salga bien aunque de principios te manejabas. Yo se que me leerás, de alguna manera. El insomnio, el tabaco y el café me estarán acompañando hasta ese día, ese día que yo sepa que estás bien, que ya no hay cosas que decirse, ni perdonarse. Me decidí escribir te extraño en una botella y dejarla a la orilla del mar. Todo pasa, todo se lee, todo se escribe.

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Chance

Un marcapasos en el bolsillo me encuentra titubeando las palabras en el papel, no es que no lo necesite, pero me termina por señalar los defectos que creí eran virtudes. Estamos en un mundo del revés; los que más sienten están más solos, los que se sienten solos están rodeados, el que habla de revolución está tomando un whisky en la suite privada, la más cara. Y así me encuentro y me pierdo constantemente, escribiendo acostado esperando respuestas con miedo a salir a buscarlas, y aunque te quiera encontrar entre tantos me gustas que le grito a mi almohada, sé que no somos dos personas sintiendo lo mismo, soy uno sintiendo y tú viviendo. Son frases ya dichas que se vuelven a repetir para no perder la costumbre, te quiero y aunque no te necesite, me haces mejor en cada sonrisa que le das al aire. Tú lo sabes y yo lo sé, acá no hay uno más uno igual a tres, pero que bueno sería que fuese así, porque tus ojos me revientan el pecho y tú voz

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me reconstruye el alma, más que nada eres lo real rozando lo irreal, un enjambre de buen gusto para conversar, alguien con quien matar el tiempo haciendo que pase sin más. Podría convertirme en Shakespeare o Neruda y tomarles la posta solamente hablando sobre ti, pero que hace un ingeniero queriendo ser un escritor, el que sabe que todo es exacto encontró un relativo cuando pestañeas, entre el tiempo y las ganas de seguir mirándote. Tu cuerpo aunque no sea perfecto es el lugar donde quiero morir en un abrazo, curar el sentimiento que me habían destruido por haber sido muy bueno o muy crédulo. Sabes; las poesías se cuentan solas, cuando miras al cielo de noche y la estrellas se acercan, o cuando tienes un recuerdo que te saca una risa disimulada, eso es una poesía, pequeño fragmento de felicidad escondido entre lo que muchos llaman vida.

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365 Razones

Me senté y enfrenté adversidades; junto con un papel y la palabra defendí lo indefendible, creé utopías, gobiernos aristócratas donde la fortuna fue el amor, la moneda de cambio una sonrisa y la pena máxima morir triste. Superé las trabas de renglones; fumé más ideas que cigarrillos, hice retroceder el tiempo con solo mover las manecillas. Escribí pensamientos que huían despavoridos, molinos en forma de tinta donde me convertí en Quijote. Broté en mentiras, mientras masacraba el lápiz con verdades que nadie quiere oír. Perdí el sentido, el camino, mi norte. Rompí los gritos de mi cabeza ahogando al silencio de un pasado sin escribir; tropecé más veces de las que late un corazón, hice borrón y cuenta nueva, pero me quedé con una copia, para no olvidar quien soy. Salté los arpegios de voces que solo buscaron hundirme. Me topé con paredes para derribar, otras para acariciar y otras para reflexionar. Maldije mirando al cielo, al de enfrente y al

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espejo. Vi la ruta perdiéndose en el horizonte, junto con el sol que saludaba a la luna. Escupí hacia arriba y aprendí a nunca volver hacerlo. Demostré que lo más importante no es una cara bonita, si no, lo que puede esconder detrás de ella. Estallé de felicidad, también de furia y de lágrimas. Me mostraron que las oportunidades pueden darse dos veces, pero la segunda siempre es más amarga; que un beso no es amor, que el amor dura un día, un mes, o una vida. Guardé silencios cuando las preguntas no paraban de caer. Hablé cuando nadie pidió mi opinión y pedí opiniones sin estar preparado para ellas. Besé bocas que me dejaron un sabor amargo, otras que fueron cocaína, otras que simplemente fueron como viento. Tomé decisiones de las que me arrepiento, otras que salvaron lo que soy. Traté con diablos camuflados de princesas y con ogros que solo buscaban un poco de afecto. Tatué mi corazón tantas veces, que ahora está negro. Me imaginé en tantas vidas que empecé a olvidarme de vivir. Resurgí entre ríos de tinta, respirando aire caliente, chocando con realidades que ahora son ficciones. Creé los monstruos más temibles mientras estaba en la oscuridad, mientras que ángeles como luces me tendieron la mano luchando contra ellos. Burlé a la muerte y me aseguró que volvería. Luché con el alma a mi lado, a veces perdimos, a veces ganamos. Aprendí que todos los días son nuevas razones para levantarse, cueste lo que cueste. Aprendí a dar una caricia esperando el golpe más fuerte, que los dolores no duelen en la piel, si no, adentro. Que de los miedos nacerán verdades y de las verdades nosotros mismos con otra piel más ligera.

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Invitándote un café Su esencia, su piel, la terminación de sus ojos, su sonrisa, su pelo, la manera que se ríe, que se enoja, sus caprichos, su mañas, su cariño, su rabia, su malhumor, su felicidad, su perfume, su manera de caminar, de vestir, de hablar, de ser, de soñar, de caer a la realidad en un segundo, de hacerme sentir libre por un par de horas, de devolverme la sonrisa a cada instante que la veo, sentada o mirando al horizonte, cuando la veo tomar su capuchino, quejarse de mi cigarrillo, de que soy histérico, gruñón, viejo. Abrís puertas de tinieblas cerradas bajo miles de candados con solo hablarme. Amo derretirme en tus ojos, cuando me ves, porque se que estoy ahí, adentro de ellos, soñando ser un pirata navegando en la forma de tus labios, buscando el tesoro más preciado del mundo, que son tus besos. Mueves mi corazón, lo tomas en una mano mientras lo haces girar con la otra como una pelota de basketball. Ruego jamás acabe esta sensación, esto que me hace escribir, vivir, soñar, respirar sentimientos. ¡Tómame, sujétame fuerte, quiero romper el espacio tiempo con un beso que surque de punta a punta al universo, que exploten miles de galaxias cuando se chocan nuestros labios, que se vuelva a reescribir la historia del mundo cuando nos miramos, que rozar tu piel sea escrito en pentagramas, que

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las notas broten, que la música invada el momento, que seamos nosotros mismos, nosotros mismos seremos el momento donde ya no exista nada, donde mirar alrededor no signifique más que voces, simples pasos de andares, lo único que valdrá serán nuestras manos, tomándose fuerte, mientras nos miramos jugando indiscretamente! Ya no existirán, dudas, secretos, retos. Mi sueño se habrá cumplido y despertaré contigo, y será ese momento donde empiece a vivir de verdad. Ya no se como puedo explicarte lo que eres, lo que me haces sentir. Llegará el día donde consiga conquistar al mundo, que sea mío, que baile y se ría conmigo, que tenga paz, que deje de llorar, de sufrir, que siempre este feliz, lograré hacerlo cuando me acepte un café, si, ella es mi mundo, lo moldea y le da vida, razones, alientos de esperanza. Quiero que sepas, que sabes que te hablo a ti y que pase lo que pase, aquí estaré, aunque suene extraño, prometo no dejarte, así como tu lo estas haciendo, día a día, con mis arranques de locura, haciéndote poner incómoda a todas horas. Perdóname, mi corazón tiene mejores cartas en la mano que mis razones, siempre gana, es él, el que te habla todos los días, diciendo verdades en forma de corazón y las mentiras en forma de sonrisa, cuando me condenan tus historias. “La esperanza es lo último que se pierde” Sigo firme a ello, la perderé cuando tus ojos dejen de enamorarme, tus labios de mirarme, tu sonrisa de besarme. - Mi sueño es conquistar al mundo. -¿Y cómo planeas hacerlo? - Invitándote un café.

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Sin pero ni cómo

El sol está saliendo y yo pensando en esa risa, desvelando a las palabras hasta que alguna sea el adjetivo perfecto para describir desde tus ojos, hasta la comisura de tu boca. Siempre caminé mirando para atrás; hoy tus piernas hacen que me gire y trate de revivir a Shakespeare, entonces voy soltando tinta al aire y veo como empiezan a formar tu nombre, una y otra y otra vez. Jugamos a ser conocidos que se encontraron en un tren y fingieron ser dos extraños, dolió y no sabes como. No sabes cuanto escribo en tu nombre; me dejaste frases para leer entre líneas, pero me dijiste que cierre los ojos para hacerlo, que me tomé mi tiempo y cuando esté listo escriba hasta que mi mano ya no sienta la diferencia entre la pluma y el papel.

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Estoy sentado intentando reencarnar al amor, solo se dibuja tu sonrisa y a su vez también la mía. Te quise enseñar que amor no se escribe con peros, ni cómos, y es sinónimo de libertad y felicidad. Me llevo mal con las matemáticas, nunca supe discriminar la mente del corazón, creo que por esa razón te retrato entre faltas de ortografías, solo para verte con algún defecto. Molesto a los cuadernos para que me expliquen como hacer para olvidarte, porque ya no se como demostrarte que cuando caminas para mi es arte, es Mozart tocando un Rock and Roll, Bécquer escribiendo una canción, Picasso pintando un graffiti en el vagón de una estación. Y mientras tantas cosas dijimos, yo sentí más de lo que podía decir, tropecé con tus besos y me enamoré, te odié y luego me reí, solo busqué tu abrazo, pero así como un cigarrillo, pestañee para secarme las lágrimas de felicidad y ya no estabas, porque con una frase todo termina y fueron más importantes las ideas que lo que se puede sentir con mirarnos y sonreír. El sol está saliendo y yo pensando en esa risa, en ese fin sin historia.

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Insistir Tracé rectas hacia lo desconocido mientras afrontaba el papel en vorágines que sacudían escrúpulos. Llevo una lógica insana que apacigua la verdades que no quiero cruzar y me hundo en vasos sin agua, porque no necesito que me expliquen mis defectos, yo creé mis propios demonios y con ellos hice un pacto de silencio a cambio de arrancarme las palabras de la piel. Cruzo tormentas de arenas con una sonrisa, esperando el oasis para limpiar la mente. Cierro los ojos y allí te encuentro, tu eres mi tormenta de arena, tu eres mi oasis. Aprendí a no insistir, a no expresar la virtud del sentimiento a cambio de respuestas que nunca consiguieron sus preguntas adecuadas. Salen frases expulsadas a la velocidad de la luz como una bala rozando el infinito, atravesando el lienzo, impactando en la tinta, haciendo llorar al corazón. No veré el tiempo pasar si camino junto con el, aprieto las manos si te miro, miento si te escucho y no sonrío, no será amor aunque roza una alegría maniática, apuntando con el dedo hacia el miedo, haciendo sonar el piano sin teclas. Intento vivir con calma, abrazando una soledad que yo mismo le di vida y murió el día que tu ojos miraron el centro de mis pupilas; el día que vi tu sonrisa junto con tu lunar, tus mejillas, tus locuras y cicatrices en el alma. Puedo verlas, porque tengo

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las mismas pero con otros colores, con otros olores, con otras caras, con otros amores. Jamás aprendí de la paciencia, si lo siento lo digo, si lo digo ya es tarde; las palabras caen y echan raíces, son las únicas que pueden recorrer una distancia más larga que el universo, que es llegar al corazón de una persona y hacer metástasis de felicidad, o tristeza. Escribo como si fuese mi diario íntimo abierto al público, soy transparente, así soy. Si escribir en tu nombre fuese delito, sería un acosador, una víctima y victimario de fantasías apresuradas que pudieron tener su cuarto de hora en el momento justo, pero las saqué antes y así me llaman loco, persona sin cordura, y es que la verdad tienen razón. Cuantas mentiras le habré dicho al papel, cuantas mentiras te habré dicho para que te rías, cuantas mentiras me habré dicho para no mirarte, para no pensarte. Juego a ser escritor, a que soy un tipo intelectual, a que soy una persona interesante y, en realidad, es todo lo contrario, la única verdad en todo esto es que este escritor no escribe, dibuja su idea perfecta de vida e intenta poder llegar al corazón, al mío quizás, o al tuyo que estás aquí leyendo. Moriré sin apenas haber escrito la mitad de lo que me hubiese gustado, tengo una lluvia en la nuca que me gustaría sacar algún día, se le llama el miedo a crecer, el miedo a lo que otros digan de mi. No soy el mejor, no soy alguien a quien admirar; solo intento tocarte sin estar ahí y a veces lo logro, y a veces te aburres a mitad de camino, y es porque así soy, porque me repito, porque mis temas son casi iguales, porque la gente cambia, madura y yo sigo siendo un niño, un niño que cree que algún día te fijaras en el. Aprendí a no insistir más, si pasa bienvenido sea, y si no, me quedaré en este andén, mirando el horizonte, esperando mi tren.

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La triste Belleza Rompe estándares, traga penas, limpia miedos, quita dudas; el humo del cigarro es el amigo más fiel que te consigues, nunca falla, siempre está, aunque haga daño, jamás te dejará ni en tus ratos más amargos. Enfermé, la fiebre me nublo y no podía escribir. Deliré de mil maneras en mi cama; te imaginé acostada junto a mi, cuidándome, abrazándome y aún sabiendo que todo era mentira, yo sonreía y lloraba al mismo tiempo. Ya no me conozco ni yo; me pesan las escamas de nadar contra la corriente, me duelen los huesos de cargar con mil cien atardeceres. Tengo mis sueños y para serte sincero solamente estás en uno, pero podría ser el más importante. “Otra vez te enamoras, como siempre” así me han dicho el ayer. Ya he aprendido lo que es el amor, aunque no lo esté me río y dejo que todo fluya, no soy quien para explicar mis cicatrices y purgar mis pensamientos. Escribo fácil para que nadie me entienda, metáforas que rozan la incoherencia literaria y la lógica. Ojalá fuese tan bueno, no aprendí jamás la costumbre de leer, soy un escritor sin lectura, solo expongo lo que siento, lo que pienso; invento mis universos en base al poco conocimiento del idioma que me proveyeron los años. Cualquiera puede escribir, mejor dicho, cualquiera podría ser escritor si dejase de escribir con la cabeza, si dejase de pensar en lo que la gente quiere leer. Nadie quiere leer algo repetido pero nadie quiere leer lo que piensas, porque es fácil, lo difícil es dejar de sentir vergüenza a lo que

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puedan llegar a decir de lo que sientes, dejar de tener miedo a llorar mientras escribes, dejar de sentir por un instante y dejarlo en el papel. Así me convertí en un intento de escritor, conociendo a una persona que me empujó por un acantilado, que dijo que jamás sería alguien, y tuvo razón, no soy alguien, seré un intento defectuoso de mi mismo, pero al menos ya no intento descifrar lo que quiere decir mi sombra. Algún día todo acabará y cuando todo eso pasé aquí estaré, contándote al oído las infinitas anécdotas que el mundo dejó. Quien entiende lo que siento, lo compadezco, mejor sería que no lo hicieses y fueses la persona más feliz, como lo es ella, que aún teniendo sus infiernos en carne viva, vive cada segundo con adrenalina, sin miedos, con lágrimas que se convierten en cristales y florecen en una nueva sonrisa. Te admiro, realmente lo hago. De todos los males que habré hecho en mi vida pasada, algo bueno tuvo que resultar de todo eso, te conocí, aunque a veces me arrepienta por las noches, aunque a veces tenga celos del viento que me susurra que es el único que puede tocarte, eres una de las mejores personas que he conocido, tu perfume que me tranquiliza, tu risa que escucho hasta cuando no suena, tus ojos que al pestañear detienen lo relativo del tiempo. Pensar que a estas alturas tendría que haberme olvidado de todo y que mi vida siga como lo era antes, pero te conocí y ya nada es como antes; te olvidarás de mí en un tiempo, yo me olvidaré de ti aunque tarde un poco más, y se que aunque nuestros nombres queden con la frase de “Yo conocí a una persona que...”, sé bien que las huellas no se borran, porque no se puede borrar lo que una vez nos tocó el alma.

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Forzar la cerradura Creí que había perdido, que superé una etapa más del montón, eso creía mientras caía al vacío desde mi última vez aquí. Supuse y me inventé trabas, porqués, motivos incoherentes de racionalismo, ese aquel “no sigas, no sirve, no vale nada, madura”. Creí haberme encontrado, pero aquí estoy, de nuevo perdido, una sensación que no se explica; pensar en que tu depresión sobrepasa el corazón y se vuelca hacia el papel para jamás volver de la misma forma, esa sensación creí que la había olvidado, que la magia ya no existía. Me estoy sacando las contracturas de malos sueños, de malos días, de malos genios, de malos pensares, trazando un equinoccio entre tinta y corazón, una medida que hace llorar cuando suena una guitarra con la melodía justa, desafinando en textos, tartamudeando el corazón, alineando sentimientos. Todos tenemos secretos, candados, llaves perdidas esperando a que alguien las encuentre, que venga él o ella y diga “Disculpa ¿Tienes hora?” , “Perdón ¿Tienes fuego?”, “¿Aquí pasa el autobús? En mi caso no fue así, no hubo llaves, no hubo secretos, llegó forzando una cerradura que la tenía escondida entre falsas risas y esperanzas mentirosas, no hay amor, no

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hay roce, no hay labios chocando entre la oscuridad recreando galaxias, hubo un puño y mi alma siendo atravesada por los que muchos pueden llamar luz o esperanza. Visto de esta manera suena ilógico, pero jamás entenderían la mente del que piensa en no pensar, intentando actuar por instinto y que a veces falla, siguiendo mal un camino y dejando todo por querer ser como el resto, por intentar hacerse un lugar en lo que se dice sociedad. Me abrí hacia lo conocido y dejé de desconocer para agruparme a la multitud, pero sin vino ni velas llegó ese brindis de locura, solo sus palabras, ella y mi felicidad abriéndose camino hacia el llanto que pude contener. - Aquí estoy - susurro mi corazón mientras mi cabeza aceleraba procesos algorítmicos para no pensar más nada, pero no hay cerebro que aguante cuando el sentimiento de atravesar barreras es incalculable, cuando sueños y emociones estallan como fuegos artificiales en el cielo, cuando tu niño interno te despierta y grita - ¡Es hora de empezar de nuevo! - No hay caminos malos cuando aprendemos a caminar, solo caminos equivocados cuando dejamos de sonreír. Saqué mis fantasmas del papel, dejé que suene esa guitarra, afiné un piano con polvo de dudas, pesares y lo sacudí; de este mundo vengo, de esta tierra nací, de esta forma voy creciendo, escribir me convirtió en lo que soy. Seguiré creando mundos, mis mundos, y sé que me volveré a perder, pero comprendí que no estoy solo, que jamás estoy solo, porque tengo esto, mis textos aferrándose a mi piel, recreando las utopías que me harán único donde quiera que esté.

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Dejar Me levanté de la cama, no pude conciliar el sueño. Escuchaba el grito desesperado al tono de un - ¡Escribe! - ¿Pero qué? ¿qué puedo escribir a estas alturas? Ya me mostré, ya salté al vacío aquella vez, ya fumé más de la cuenta y mi café se enfrió, una vez más. Bicho raro, si, eso es lo que siento cada vez que hablo con la gente, la diferencia es abismal, aunque me digan - Todo está bien - sé que no es así, simplemente lo sé. No sirve la experiencia acaparada por los años si no puedes aprender de ella, cuando la gente que confiabas te traiciona, cuando personas que creías irreemplazables se convierten en mero humo de tu cigarrillo que fumas a solas, cuando lágrimas son las acompañantes de un vals monótono empiezas a tener intranquilidades, intentan mentirme cuando ya lo sé, es mi experiencia, es mi cicatriz, soy lo que me hicieron, a veces doy gracias, a veces fumo en mi nombre. Tengo las ojeras de cien noches de desvelos, la risa cansada de tanto fingir, por eso ya no sonrío e intento generarlas. Pienso más en ti de lo que te podrías imaginar, miento más de la cuenta, mi lengua dice basta pero mi corazón no se calla. Que insensato, malcriado corazón ¿Ya no hemos sufrido lo suficiente? ¿cuál es el motivo de seguir intentándolo en silencio? ¿por qué seguimos escribiendo? La respuesta es simple, porque tu nombre aparece entre líneas siempre, aparece tu risa en cada

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falta de ortografía, aparece tu aroma en cada punto, aparecen tus ojos en cada verso y por qué evitar seguir, si es hermoso, porque aquí te tengo, aquí te recuerdo, aquí me desmiento e intento pasar desapercibido. Nunca podré estar a tu lado, pero tu esencia me acompaña en cada parte de estos textos, en cada sílaba que se marcan en los renglones y en las miles de estrellas que bajan a adornar este papel. Ya lo he dicho, pero me encantaría ser alguien más. A veces dejar de ser el gracioso y ser el intelectual, dejar de ser el escritor y convertirme en modelo de revistas, dejar de ser yo y por un día ser lo que tu quisieras mirar. Manejas el tiempo, cuando te ríes el tiempo se detiene, o al menos el mío. Ya se pasará, solo dame tiempo, ya te encontraré un defecto, ya harás algo que me enojé, ya se me pasará solo, pero cada segundo hasta ese día se vuelve eterno, cuanto más te intento dejar de pensar más te pienso, más siento tu risa en el sonido de las gotas de la lluvia, o tu perfume con el viento. Sigo de pié; no seré lo mejor, tendré el alma de un señor de muchos años con el cuerpo de un joven, pero aquí estoy. Mentiría una vez más diciendo que haría ejercicio por mi salud, no, la verdad sería que intentaría todo, aún sabiendo el desenlace. Soy denso, discúlpame, prometí no hablar más del tema, pero aquí ya no habla Ignacio, habla mi corazón, habla el escritor, habla el niño con el miedo a otro golpe, el niño con el miedo a mirarte partir. Tengo una canoa, una balsa como Litto Nebbia y me iré a naufragar, tal vez sería lo mejor, no te olvidaré, pero sí me olvidaré y así estaría salvando el mundo, un alma, un corazón, una sonrisa que no quiero verla dejar de brillar.

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Amigo mio

Un amigo me invitó a tomar algo, me dijo que tenía que hablarme de algo serio. Sobre las 14:30 nos encontramos en un café. Pedí lo de siempre; café solo y sin azúcar, después de un sorbo pasó a contarme que era lo que le pasaba. - Me gusta una chica y no se que hacer - tenía un tono de amor y melancolía en cada palabra que soltaba - no se que hacer, te lo juro, a veces estoy mal y otras me siento feliz, parezco una montaña rusa - nos reímos; otro sorbo de café y empezó a jugar con la cuchara, jamás lo había visto así. Mi amigo es un poco especial, muestra sentimientos muy de vez en cuando; su respiración se transformó en un suspiro constante, es como si no estuviese en este mundo por momentos. - ¿Le has dicho lo que sentías? - es la pregunta clásica cuando hay temas así - Sí, lo hice, de muchas maneras - apretaba la cuchara como si se fuese a desatar una guerra en sus ojeras.

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Fueron dos segundos de silencio; se rió, soltó la cuchara y se acomodó en la silla - Sabes... Hay cosas que es mejor dejarlas así. Uno nunca sabe qué puede suceder; si es la correcta, capaz que no soy el indicado para ella tampoco. Podría ser que nuestros caminos tengan rumbos distintos y el algún momento tendríamos que soltarnos - Su voz había cambiado, firme como si estuviese convencido de cada palabra que dijo, pero sus ojos sentían luchando. Una charla típica de un café, el bullicio de la gente se confundía entre risas y cucharas que golpeaban la tazas, los autos que transitaban del otro lado de la ventana dejando el humo y el asfalto húmedo de las lluvias pasadas. Hicimos una pausa, yo miraba hacia los alrededores, tanta gente, tantas vidas que uno no conoce su camino, suspiró y volvió a soltar - no se que hacer, tengo miedo pero a la vez no, es como una bomba de tiempo a punto de explotar, pero no me alejo, me encantaría que me explote en la cara - Lo miré con cara rara y luego se rió. Tomo aire, lo mantuvo y suspiró de nuevo, se volvió a acomodar en la silla, con los brazos apoyados sobre la mesa, me miró fijo y me dijo - Vinimos a este mundo sin saber que carajo nos vamos a cruzar, algunos se van antes, otros tuvieron vidas de mierda, otros la siguen teniendo, algunos pudieron resolver el código enigma que nos presenta la famosa vida y ahora viven lo que siempre soñaron y nosotros aquí, con un café hablando sobre una chica - Que pensamiento profundo, le mantuve la mirada fija y le pregunté - ¿Qué le viste que te tiene tan raro? - No contuvo la mirada, sonrío y miro una servilleta, agarró un lápiz de su mochila y empezó a dibujar mientras me contaba - El problema no es lo que le vi, si no lo que le sigo viendo. Tiene una vida distinta, un camino alterno al que yo camino, si no nos hubiésemos conocido de esa manera jamás la hubiese visto si quiera, tenemos algunas ideas iguales y otras totalmente diferentes, somos como agua y aceite, pero cuando la veo sonreír, cuando me habla, cuando

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miente fingiendo estar bien, cuando la veo de espaldas caminar, es... algo difícil de explicar. - Estas enamorado - Fue lo primero que me salió decirle, esbozo una carcajada y me pasó a explicar - No, el amor es otra cosa, es un peaje que se tiene que pasar acompañado, no puedes enamorarte así porque sí, pero la verdad es que me gusta, la quiero, no la conocí hace mucho pero pareciera que fue hace tiempo, le conté cosas que jamás sabría un desconocido y sabe casi todas mis sombras. A veces me dan ganas de abrazarla, de besarla y otras me preguntó ¿Qué le vi? Luego sonríe, me habla, me mira, empieza a caminar y digo, claro, eso... - Atónito estaba, como una persona tan distinta podía llamarle tanto la atención, jamás serían compatibles - Creo que sería un error, no son muy compatibles - Levantó la vista, como buscando ayuda - Ese es el problema amigo, somos incompatibles a tal punto que somos totalmente compatibles, no todo lo igual termina por resultar bueno o perfecto, incluso con el tiempo uno acepta y adquiere ciertas costumbres del otro por más que antes las haya rechazado - ¿Por qué? No entendía su punto, nadie acepta lo que una vez rechazó, que locuras habla - Te pegó mal me parece - fue un chiste entre verdades - ¿Te parece? Aunque ella no lo ve así y podría ser que así sea mejor ¿Quién sabe? Puede ser que el futuro nos tienda una trampa y caigamos de nuevo juntos - Apretó la cuchara otra vez, pero con las dos manos, la miraba fija, hasta que le dije - Creí que te venía a salvar pero creo que tienes las cosas muy claras - La soltó y sus últimas palabras fueron - No amigo, yo te vengo a salvar a ti, si tu te salvas, yo me salvo Apareció el mozo con la cuenta del café, uno solo, volteo y miro mi reflejo en la ventana, sonreí antes de irme, esperando poder salvarlo, poder salvarme. Gracias viejo amigo, me hacía falta verme conmigo otra vez.

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Agradecimientos Quiero agradecer a las personas que pasaron y están en mi vida, esas personas que me inspiraron en varios de estos textos. Necesitaría un libro entero para darles mis más profundas gracias por todo, de corazón, una y mil veces, gracias. brindar mis agradecimientos a las personas que hicieron este proyecto posible. A mi amiga Anabella que sin ella trabajo no hubiese tenido un principio, a mi amigo Julián por el apoyo, por aguantarse los viajes para darle forma a esto. Quiero agradecer a mis padres por siempre haberme empujado en lo que me apasiona, que es escribir, y nunca dejarme solo, a mis hermanos por alguna manera ser parte de este libro también, a mis amigos que me prestaron sus oídos y corazón cuando más lo necesité.

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ÍNDICE Café o Cerveza Texto Infinito Conmigo Alquimia lirica Cafeomancia Literaria Palabras en tiempos de lluvia Escribo Anónima, no llores Disbalance Se alejó Insomnio, tabaco y café Chance 365 Razones Invitandote un café Sin pero ni cómo Insistir La triste Belleza Forzar la cerradura Dejar Viejo Amigo Agradecimientos

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10 13 17 20 23 28 31 34 37 40 43 46 51 53 57 59 62 65 68 71 76


Este libro es parte de mi, de mi corazón abierto de par en par. Escribo cada detalle de sucesos que me marcaron, huellas que fueron hermosas y le dieron sentido a estos textos. Intento expresar en palabras, en metáforas, a veces incoherentes, el amor, el miedo, la duda y el ordenado desorden a la que le llamamos vida. Café frío en papel tiene un significado más; café frío representa a mi Yo, un café frío que pocos toman con gusto, en papel hace alusión a la escritura. Esto es mi vida, mi día a día, mi manera de ver el mundo en una taza de café, en un papel, es mi manera de levantar la cabeza y poder mirar a los ojos de todos, una vez más.

Podes encontrar más textos de Ignacio en http://cafefrioenpapel.blogspot.com.ar/

Café frio en Papel - Ignacio Cartelle  

Proyecto de aula - Catedra Cichinelli

Café frio en Papel - Ignacio Cartelle  

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