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Capítulo 5. Dolor de una perdida No oía nada. Todo era silencio. Parecía una pesadilla. Una pesadilla donde no podía hacer absolutamente nada, como si estuviera atrapado sin poder moverme y sin poder ver. Es como si estuviera flotando en el oscuro espacio, sin nadie y con mucho frío. Al rato, empecé a escuchar voces que parecían lejanas… -

¡Hey! ¡Está allí! ¿Quién…? ¿Es un sueño… O estoy muerto? ¿Hay alguien? Si es así… Seas quien seas… Por favor… Libérame de aquí. ¿¡Qué le ha pasado!? Ha sido atacado… Un mago… La noche… ¿Quién… sido?... Él… Juan… hablar… Cada vez los escucho menos… ¿Quiénes sois? ¿Por qué no me salváis? No os vayáis. No me dejéis solo… Tengo miedo… Salvadme… ¡Por favor!

Entonces volvía a estar todo en silencio. No sabía qué me estaba pasando… Tenía tantas preguntas y ni una sola respuesta. No podía dormir ya que los ojos ya los tenía cerrados. No podía hablar ya que esto era como un sueño interminable… Tiempo después, me conseguí despertar. No estaba muerto, o al menos eso creía, ya que no estaba en mi casa. Aunque pude ver mis cosas recogidas al lado de la cama donde estaba acostado. Aún no podía levantarme debido a las heridas que aún me quedaban. Por lo que veía, alguien había estado cuidando de mí. La casa no parecía la de Juan, parecía más alguien de mayor edad. O al menos eso creía al ver las antigüedades de porcelana. Entonces dejé de pensar. No quería hacerlo, lo único que quería era que todo hubiera sido un mal sueño y que me pudiera despertar a la mañana siguiente o que solo hubiera sido una ilusión creada por mi subconsciente. Así que cerré los ojos y deseé despertar de esta pesadilla. Así pasaron un par de horas, hasta que al final se escuchó cómo se abría la puerta de la casa. Pensé que por fin había llegado alguien y que ese alguien sería Juan, pero por desgracia, no fue así. La persona que entró en la casa y posteriormente en mi habitación era una mujer bastante mayor. -

¿Quién es usted y qué quiere de mí? – Dije bastante serio. Hola Infernage, ¿cómo te encuentras? Me llamo Asun y estoy cuidando de ti mientras te recuperas de las heridas.

En ese mismo momento, me acordé de que todo había sido culpa de Tyran. Los ojos se me inyectaron en furia y me fui a levantar impulsivamente para ir y vengarme, pero Asun me detuvo enseguida.


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¡Déjame! ¡No dejaré que se salga con la suya! ¡Suéltame! ¡No puedo dejarte ir! ¡¿Es que quieres morir?! ¡No moriré! ¡Esta vez me llevaré mis espadas! ¡No dejaré que la torture de ese modo! ¡Lo mataré! ¡Lo mataré! ¡¡Lo juro!!

El dolor de las heridas no me permitió hacer más esfuerzos y me detuve. -

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Estás herido y no te has recuperado aún. Tus heridas han sido bastante profundas. Si vuelves a intentar luchar contra él en el estado en el que estás, morirás. Él es uno de los tres magos de la ciudad y es el más poderoso de los tres, no podrás tú solo contra él. ¡Tsk! – Suspiro – Juro… que entrenaré y me convertiré en alguien más fuerte. Y entonces podré matarle. Lo juro… Ahora lo que tienes que hacer es descansar y recuperarte para poder vivir. Deja las venganzas que traen muy malas cosas, créeme. – Dijo mientras iba a salir de la habitación. - ¿Quieres algo de comer? Te puedo hacer una sopa caliente, que está empezando a llegar el invierno y se nota bastante el frío. No tengo mucha hambre… Juan me ha dejado a tu cargo. Sabe quién te ha intentado hacer eso. Ese es el motivo de que tus cosas estén aquí en mi casa. A partir de ahora, vivirás aquí, así que acomódate.

Dicho eso, salió de la habitación y cerró la puerta. Cuando dijo lo de Juan, no me lo pude creer. ¿Juan lo sabe? ¿Sabe que Tyran es un asqueroso psicópata obsesionado con Lisa? Entonces, ¿por qué no hace nada? En ese momento recordé lo que me había dicho de los tres magos de la ciudad. Entonces lo comprendí. Juan no podía hacerle frente. Ni siquiera llevarle la contraria, sino lo mataría. ¿Hasta dónde sería capaz de llegar Tyran para poder tener lo que él quiere? Durante los próximos dos días, no comí absolutamente nada. Lo único que hacía durante esos días era mirar al techo o a la pared. Tampoco pude dormir. Si me dormía, soñaría con algo relacionado a lo que me había ocurrido y me despertaba en seguida. Al finalizar ese tiempo mis heridas mejoraron bastante. Asun me miró a ver qué tal estaban. -

Parece que te dejarán cicatriz, pero ya estás recuperado completamente. Voy a comprar algunas cosas con una amiga al pueblo vecino, ni se te ocurra salir de aquí. Volveré mañana por la mañana.

Dicho eso, Asun, salió por la puerta. A partir de lo ocurrido, me volví muchísimo menos hablador y mucho más serio. Después de que me hayan intentado matar por segunda vez, mi confianza en la gente se volvió a reducir, pero esta vez de manera muy drástica. Antes me costaba hablar con la gente, pero ahora me sería casi imposible.


Asun me dijo que me quedara en mi cuarto, pero no le hice caso y salí a escondidas. Había oscurecido, así que no debería tener problemas para que nadie me viera. Fui saltando de tejado en tejado gracias a la magia de sombras, hasta que llegué a un sitio en el que me paré. Sorprendido, en ese sitio vi a Lisa y a Tyran sentados en un banco como si fueran una pareja. Mi deseo de venganza se acentuaba cada vez más hasta el hecho de poder cometer alguna locura. -

¡Juro que te mataré, maldito cabrón de mierda!

Me propuse a saltar pero alguien me cogió por el hombro y me llevó lejos de ahí. -

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¡¡¡Suéltame!!! ¡¡¡Quiero matarle!!! ¡¿Es que no me oyes?! ¡¡He dich-!! – En ese momento me dio un buen puñetazo en el estómago haciendo que me callara al mismo tiempo que me soltaba en un tejado. - ¡¿Quién eres y qué quieres?! ¡Respóndem-! – Me puso un dedo en mi boca haciendo que me volviera a callar. ¡Ssshhh! ¡Cállate! ¿Es que quieres que te mate? Eres un mago muy descuidado y joven en el mundo de la magia. ¡¿Cómo?! ¡Ahora te vas a enterar! Idiota… Terranova mágica… Pilar terra. – En ese mismo instante, salió un pilar de tierra que me mandó por los aires. – Magia ninja, Enemy back. – Desapareció de mi vista y se puso detrás de mí, aunque era ya demasiado tarde para bloquearle… - Terranova mágica, Puño terra. – Un puño de roca pura salió del círculo mágico golpeándome completamente.

Volé de nuevo hacia el tejado bastante mal. Entonces me puso el pie encima de mi pecho. -

¿Te rindes ya? Si no puedes ganarme a mí, olvídate de ganarle a él. Sé lo que te hizo, llegué justo cuando te cortaron el pecho en dos. ¿Quién crees que llamó a la gente? ¿F-Fuiste tú el que llamó a la gente? ¡Correcto! Y ahora que ya estás recuperado, no intentes volver a suicidarte. ¿Entendido? … Sí. – Dije bastante serio. Bien, pues deja que me presente entonces.

Se quitó el pañuelo que le tapaba la cabeza y la mayor parte de la cara. -

Me llamo Sonia Meltic. Un placer. ¡¿Eres una chica?! – Dije bastante sorprendido. Sí, ¿qué pasa? ¿No te habías dado cuenta? – Dijo mirándome bastante seria y furiosa. E-E-Eh… ¡Sí! ¡Sí me había dado cuenta! Lo que pasa es que el pañuelo me confundió un poco. ¡No me vayas a pegar más! – Dije bastante asustado. ¡Ja ja ja ja ja! No te preocupes, no te voy a volver a hacer nada. Bueno, ¿y tú no te presentas o qué? ¿Eh? ¿Presentarme? ¡Ah! Perdón. Me llamo Infernage. Encantado de conocerte. Por cierto, ¿dónde vives? No te he visto nunca por aquí. Normal. No me junto con esos dos. Me niego a que Tyran me doblegue. – Dijo bastante seria. – ¡Tsk! Preferiría antes la muerte a estar con él. No sé por qué esa chica


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se ha ido con él. – Dicho eso miré hacia abajo. – Por lo que veo ha jugado con tus sentimientos, ¿verdad? Preferiría… - Dije mientras apretaba mi puño derecho. – No hablar del tema, por favor. Vaaaale… Me acabas de confirmar que sí, no te preocupes, no te voy a hacer más preguntas sobre ese tema. Te sugiero que vuelvas a casa y que descanses, y también te sugiero… Que no te vuelvas a acercar a ese cabrón, nunca. ¡Tsk! Tú eres mucho más poderosa que él, ayúdame por favor. ¿Que yo soy más poderosa que él? Estarás de coña, ¿no? No. ¡Ja ja ja ja ja ja ja ja! ¡Qué gracioso eres! ¿¡Por qué dices eso!? Parece que apenas conoces la ciudad. Bien, pues déjame que te explique. – Dijo mientras se sentaba en un bordillo. – Esta ciudad no es muy conocida, por lo que apenas vienen turistas. Al no venir turistas y ser bastante ricos en materiales, vienen los ladrones y mercenarios en muchas ocasiones a causar problemas. La milicia que hay aquí es muy poca, por tanto, la seguridad de la ciudad es bastante frágil. Aunque normalmente tenemos suficiente con la milicia, hay veces que no, y no podemos recurrir a nada más. Es por eso que se pidió ayuda a los gremios cercanos. Pero ninguno aceptó. Unos pedían demasiado dinero, otros no querían poner en peligro a la seguridad de sus miembros y otros no se molestaron ni en contestar. Así que un día, se pusieron de acuerdo los de la ciudad a llamar a un mago de un clan bastante profesional y entrenar a unos cuantos chavales. Y así se hizo. Se consiguió que un mago bastante poderoso viniera sin pedir nada a cambio. En un principio, los niños ascendíamos a los cuarenta, pero al final del entrenamiento, sólo quedábamos tres. ¿Y qué les pasó a los demás? Pues que se fueron. Unos porque no les gustaba la magia, otros porque sus padres se negaron a continuar y otros porque directamente no querían quitar tiempo de sus estudios. Al final, los tres que quedábamos eran Tyran, Rick y yo. Al terminar el entrenamiento, el mago nos puso un duelo entre cada uno de nosotros para ver cómo estábamos. Para que veas, yo no pude ganar a ninguno de los otros dos, mientras que Tyran consiguió ganarnos a los dos por separado. De los tres magos que éramos, ahora solo quedamos dos. ¿Qué le pasó al otro? ¿Es que no lo adivinas? ¿Quién te intentó matar únicamente por ser un mago y estar con su chica? Tyran. – Dije con una furia bastante intensa mientras apretaba mis puños. ¡Bingo! Por eso me escondo de él y por eso avisé lo más rápido que pude a la gente para que te ayudase y te escondiera. Así que… te pido por favor… que no arruines mis esfuerzos. – Dijo bastante seria. Está bien. Haré lo que dices. Menos mal. En cuanto a los estudios, hay más de una escuela, así que ten por seguro que no te lo encontrarás, pero, por si acaso, déjate crecer un poco el pelo. Dudo que te reconozca con el pelo largo. Antes… - En ese momento, se me cambió el tono de voz, la actitud y la forma de mirar. Todo se volvió tranquilo y depresivo en mí. – Solía dejarme el pelo largo. Mi maestro…


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Me dijo que me lo cortase para que… - Traga saliva – él no me reconociera. Pero… Si dices de que por aquí no pasan turistas, haré lo que me pides. Está bien, ahora vuelve a tu casa y descansa. Yo me mantendré oculta. Te sugiero que vengas mañana al monte Olympus sobre las cuatro de la tarde. Te puedo instruir si quieres. Vale. Gracias. Bueno. – Dijo mientras se volvía a poner el pañuelo. - ¡Nos vemos mañana! ¡Sí!

Entonces se fue saltando por los tejados. -

He notado… Tu cambio de actitud. Con eso me acabas de decir que ese “él” fue alguien que mató a tu maestro e iba a por ti. Dudo que venga a este pueblo. No te preocupes y olvida eso… Infernage, ¿eh? Me gusta tu nombre.

Me dispuse a volver a mi casa a descansar como me pidió Sonia. Y así lo hice.


El dolor de una pérdida