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está oscuro. No hay luces. Tengo miedo. Nos acompañan otros botes (una incursión de ataque, al parecer). Temo a los animales. Dormimos sobre sucias y malolientes pieles de animales. Estamos de exploración. Tengo zapatos extraños, como sacos... atados a los tobillos... hechos también con pieles de animal. (Larga pausa.) Siento en la cara el calor del fuego. Los míos están matando a los otros, pero yo no. No quiero matar. Tengo el cuchillo en la mano. De pronto comenzó a gorjear y a respirar trabajosamente. Informó de que un combatiente enemigo la había aferrado desde atrás, por el cuello, para degollarla con un puñal. Vio la cara del asesino antes de morir: era Stuart. El aspecto del hombre era diferente, pero ella sabía que se trataba del mismo. Johan había muerto a los veintiún años. Luego se encontró flotando por encima de su cuerpo y observando la escena de abajo. Se elevó hasta las nubes, perpleja y confundida. Pronto se sintió atraída hacia un espacio «diminuto y cálido». Estaba a punto de nacer. —Alguien me tiene en brazos —susurró, lenta y soñadoramente—, alguien que ayudó en el nacimiento. Lleva un vestido verde y delantal blanco. Y un sombrero blanco, doblado hacia atrás en las esquinas. Las ventanas del cuarto son muy extrañas... tienen muchas secciones. El edificio es de piedra. Mi madre tiene el pelo largo y oscuro. Quiere abrazarme. Tiene puesto un camisón extraño... áspero. Duele frotarse contra él. Es agradable estar al sol, abrigada otra vez. Es... ¡es la misma madre que tengo ahora! En la sesión anterior, yo le había indicado que observara con atención a las personas importantes de cada vida, por si podía identificarlas con las personas importantes de su existencia actual. Según casi todos los escritores, los grupos de almas tienden a reencarnarse juntos una y otra vez, para elaborar el karma (deudas para con otros y para con uno mismo, lecciones que hay que aprender) a lo largo de muchas vidas. En mis intentos de comprender ese extraño y espectacular drama que se desplegaba en mi tranquilo y penumbroso consultorio, sin que el resto del mundo lo supiera, yo quería verificar esa información. Sentía la necesidad de aplicar el método científico, el que había utilizado rigurosamente en los quince años de investigación previa, para evaluar ese curiosísimo material que emergía de los labios de Catherine. Entre una y otra sesiones, la misma Catherine se iba volviendo más y más psíquica. Tenía intuiciones con respecto a personas y acontecimientos que resultaban acertadas.

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Profile for Ines Miranda

muchas vidas muchos maestros  

obra sobre la reencarnacion

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