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Las mujeres que abortamos

La historia de Rocío

Hace unos meses me había enterado de que estaba embarazada. No lo podía creer, tenía ganas de matarme de llorar y de romper el mundo, fue un momento en el que sentía que decepcionaba a mis viejos, a mis hermanos menores que yo, y a todos los demás. No dejaba de llorar, mi situación que creía un problemón me hizo pensar en segundos en querer matarme, no sé, fue terrible, parece exagerado pero de un momento a otro es así. Me hice un test de embarazo que mi mamá me hizo comprar para sacarnos las dudas, y si, resultado positivo, mi madre me ayudo llamando a farmacias, consultado por alguna pastillas, pero no, calculando yo ya estaba de dos meses y algo y nada me servía. Pasaron unos días, mi tía me acompaño a su médico y nos dio una opción de ir hasta Mar del Plata donde un médico muy bueno me podía dar una solución. De la plata por suerte no teníamos problemas porque siempre tuve ahorros de trabajar en verano, entonces fuimos y hablamos con el médico, que me dijo que lo que podía hacerme era una aspiración. Mientras pasaba todo esto, yo me sentía sola, tenía miedo, y en este momento escribiendo me pongo a llorar. Mi novio que no estaba al lado mío, solo para no gastar más plata, mucho no me ayudaba y mi madre si o si viajaba para quedarse con mis hermanos menores. Esto me paso 4 días antes de cumplir 19 años, siempre vi como los cumpleaños deprimentes y este fue el peor. A las 11 de la mañana teníamos que estar con toda la plata junta en el consultorio, pero nos faltaban 2mil pesos más que me los presto mi amada tía. Llegamos y me pusieron unos óvulos para que mi útero se dilatara muy suavemente. Después de las 3 y media de la tarde empecé a sufrir los peores dolores que jamás me hubiera imaginado, mi útero se dilataba de a poco y se me bajaba la presión horriblemente, me dolía la cabeza, traspiraba, tenía hambre y no podía comer, hasta que me quede dormida; mi mamá y mi prima –que nos 1 En La Carpa Roja apostamos al reconocimiento del trabajo de las mujeres, por lo tanto, si te gusta algo de lo que encuentres aquí, dale crédito.


prestaba su apartamento- estaban ahí acompañándome. A las 5 de la tarde teníamos que estar en el consultorio, a mi me estaba bajando un poco de sangre y muy bien no entendía el porqué aunque era obvio. Llegamos, me hicieron sacarme mi ropa interior y quedarme en bata y me pidieron que me sentara en el inodoro; cuando lo hice empecé a sangrar, toda la vergüenza de mi cuerpo que tenía, ese día la perdí de miedo. Me hicieron recostar en una camilla, mis piernas todas llenas de sangre, con un foco de luz que me partía la vista, las chicas del consultorio que eran un amor, una estaba embarazada, y me hablaban diciéndome que me quedara tranquila que todo iba a salir bien. Yo tenía miedo de morirme, una me preguntaba de qué color me había teñido el pelo mientras me anestesiaban, yo dije púrpura, una me puso una de sus manos en mis ojos y me dormí, me dormí tranquila deseando despertar. Cuando para mi habían pasado horas, y solamente fueron 10 minutos, desperté con la luz apagada y ya todo había pasado, me taparon y me volví a dormir tranquila sabiendo que todo había salido bien; al rato me llevaron a una habitación y me recosté hasta que vino mi mama y me vestí, me dieron unos medicamentos. Hacia frio y estaba lloviznando. Fuimos a una estación de servicio sin hablar, tomamos una chocolatada caliente y yo sangraba, el baño estaba cerrado así que nos fuimos. Había tomado una ducha y todavía lloraba, no sé porque lloraba, en ese momento todas las cosas me dolían, una semana sin hacer fuerza, una semana sangrando, y muchas semanas más llorando. Soy muy sensible, me tocó el alma todo esto. Hasta el día de hoy que me acuerdo y no lo puedo creer, releí un par de cosas que yo escribí en todos esos días, y tenía la idea de un pobre bebé que no pudo nacer, pero por hoy se que no era un bebé, y que lo que hice fue una decisión mía y me siento bien con eso, y si alguien dice que sólo me preocupe por mí, es así, porque yo era la única dueña de mi cuerpo, y no estaba preparada ni quería ser madre por más que haya cuidado a mis hermanos menores desde que tenían 2 meses, no, yo no quería ser mamá. En ningún momento estuve sola aunque me haya sentido sola por el hecho de ya no saber qué hacer. Mi mamá hace mucho también había abortado cuando yo tenía 12 años, pero ella aborto estando 2 En La Carpa Roja apostamos al reconocimiento del trabajo de las mujeres, por lo tanto, si te gusta algo de lo que encuentres aquí, dale crédito.


como de 6 meses y casi se muere, me lo conto cuando yo tenía 15 y en ese momento entendí porque dormía todo el día cuando nos fuimos de “vacaciones”, creo que esa experiencia horrible que paso hizo que sea más abierta de cabeza y cuando se entero que estaba yo embarazada me ayudo y estuvo conmigo hasta lo último. Ya pasaron casi 9 meses de todo eso y bueno empecé a leer mas, a informarme, a leer sobre la menstruación, sobre mi querido útero, gracias a todas las páginas dedicadas a las mujeres que hay YO HOY Y TODOS LOS DÍAS ME AMO Y RESPETO MI CUERPO.

Agradezco a La Carpa Roja por toda su información que me regalaron, cada vez que me junto con amigas yo me pongo a hablar de diferentes temas y enseño lo que aprendo, decidí mandarles este mensaje contándole mi experiencia de un aborto, que por suerte a mi me toco hacerlo en buenas condiciones y tenía el dinero necesario, aunque a todas lamentablemente no nos pasa así. Sé que el aborto no es maravilloso, maravilloso sería tener el derecho libre de elegir si lo hago o no cuando yo quiera. Les deseo a todas las mujeres que siempre sean libres y que luchen por las cosas que nos corresponden. Disculpen mi carta, escribir sobre esto me costó, siempre recordar esto me cuesta, al momento de tener relaciones me cuesta; por suerte tengo una pareja que me entiende y que me espera y que me respeta cuando digo – NO. Es difícil al principio, yo ahora me siento bien, estoy terminando la escuela, y siempre para adelante!

La historia de Verónica

Mi nombre es Verónica y he pasado por dos abortos. Uno por decisión propia y otro porque así sucedió. Es extraño pasar por esas dos experiencias, que al ser las mismas, las condiciones son diferentes. Me explico:

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Cuando me quedé embarazada la primera vez, hace ya 5 años, yo estaba en un momento de la vida donde no me creía capaz de afrontar la maternidad (estaba por empezar una maestría con beca, fuera de mi país) y realmente por más que pensaba de qué manera podría compatibilizar la maternidad con el estudio, en mi cabeza no habían posibilidades; simplemente no encontraba posibilidades o soluciones. Entonces, tenía que sacrificar una de las dos responsabilidades que se veían próximas, y al no ser la maternidad la opción más buscada por mí (contrario a la beca en el extranjero) decidí abortar; todo esto con el apoyo incondicional de mi pareja. En fin, la decisión estaba tomada y nunca me había sentido tan segura de una decisión; sin embargo, ese período de mi vida fue extraño pues tenía pesadillas en las que me atacaban niños, tenía una cantidad horrible de estragos, no soportaba casi ningún tipo de olor en el ambiente, vomitaba por todo. No sé si fueron las condiciones de mi entorno pero estar embarazada era lo peor que mi cuerpo había sufrido, en ese entonces.

Por otro lado, una vez que la decisión fue tomada con mi pareja, no sabíamos a dónde recurrir. Descubrimos que en el país donde vivimos no hay ningún lugar donde uno pueda obtener información segura, digo, profesional que te pueda orientar. Así que empecé a leer todo lo que encontraba en internet: los pros, los contras, los riesgos, las opciones. Me encontré con un submundo atemorizante donde prima es el desconocimiento y los estereotipos es decir, las opciones de mujeres que "tienen de derechos a abortar sobre otras" (no sé si me explico, hay una especie de permisión social frente al aborto únicamente cuando las condiciones son re jodidas para las mujeres, y ese no era mi caso). O los casos donde de plano el aborto no es opción porque si no te vas en contra de tu naturaleza, una asesina, etc. etc. y por tanto las autoridades te pueden encarcelar.

En fin, yo lo tenía claro. Así que me animé a hablar con una muy buena amiga sobre el tema y claro, después de recriminarme de que "si no quería tener hijos porqué no me cuidé" (nota: lo hice 4 En La Carpa Roja apostamos al reconocimiento del trabajo de las mujeres, por lo tanto, si te gusta algo de lo que encuentres aquí, dale crédito.


pero el sistema usado en ese entonces -condón- falló). Bueno, después de eso me dijo que su doctor, conocido por años, no tendría problemas en hacerlo que ella había sufrido un par de abortos en su intento de ser madre y que después de unas pruebas -no sé si genéticas- la idea era que si no estaba su bebé perfecto, él le ayudaría con el aborto.

Así que inmediatamente nos fuimos a buscarlo, no quería que pasara más tiempo pues tenía aproximadamente dos meses de embarazo (ya que con el feto más grande se corren más riesgos al abortar). Después de explicarle el tema al médico, este nos dijo que no había problema y que por 900 dólares en una semana me podría intervenir en una clínica privada. Hicimos el pago, confirmamos la cita y fuimos la siguiente semana.

El día anterior tenía que introducir un par de pastillas (no sé si para la gastritis o algo así) en mi vagina, lo más profundo. Eso, de acuerdo al doctor, y a lo que había leído, causaba sangrado y contracciones. Cuando llegó el día, estaba nerviosa y fui a la clínica. Me ingresaron, durmieron y cuando me desperté en la habitación mi esposo estaba junto a mí. Estaba bastante tranquila y la verdad es que no sentía ningún tipo de dolor, ni molestia. De hecho, recuerdo que fuimos a comer y luego, por la tarde, asistí a una reunión de trabajo con total normalidad (el doctor me dijo que podía reintegrarme a mis actividades con precaución y cuidado). De hecho estaba sorprendida que las cosas fueran tan fáciles.

Pasó el tiempo y justamente a finales del año pasado, decidimos con mi pareja que estábamos listos para asumir la responsabilidad que implica ser padres. Fuimos a clínicas y consultorios puesto que, por cuestiones médicas yo había dejado hace más de un año de inyectarme el anticonceptivo y no me quedaba embarazada. Finalmente, después de que me hicieran un montón de pruebas (algunas de ellas muy dolorosas), ver muchos doctores y escuchar muchos diagnósticos poco convincentes (a 5 En La Carpa Roja apostamos al reconocimiento del trabajo de las mujeres, por lo tanto, si te gusta algo de lo que encuentres aquí, dale crédito.


cerca de los miomas, pero esa es otra historia) un doctor me dijo que todo estaba normal y que simplemente no habíamos coincidido con el momento exacto para concebir.

De hecho así fue, puesto que al poco tiempo del último diagnóstico me quedé embarazada. Esta vez el embarazo se veía diferente, los dos estábamos felices y emocionados, con ganas de devorar todo lo que encontráramos sobre el tema. Mi cuerpo respondía totalmente bien este nuevo estado, no tenía estragos y lo único que tenía de diferente es que tenía muchísimo apetito. Avisamos a la familia, a algunos amigos y estábamos muy contentos. Resulta que en mi primera cita médica, al mes de embarazada, me hicieron pruebas y todo estaba normal; me dieron cita para el siguiente mes, muchas vitaminas, ácido fólico y esas cosas.

Al mes siguiente, en el control médico las pruebas indicaban que las cosas no iban bien. El embarazo se había detenido justamente a los dos meses y el médico me indicó que tenía que practicarme un legrado (es decir abortar). Esta vez yo estaba aterrada y mi pareja también, no entendía por qué razón esto estaba sucediendo si habíamos seguido a pie juntillas los consejos del médico, los amigos y los libros. Pero teníamos que continuar, esta vez el aborto fue en una clínica privada bastante bonita. Me dieron una habitación, me prepararon para la intervención, entré al quirófano, estuve en una sala de recuperación aproximadamente una hora, después me pasaron a una habitación, por la noche me dieron el alta y tres días de reposo médico. Pasados esos días, el recuerdo de lo sucedido se avivaba con un dolor de ovario que quedó desde que la intervención, de acuerdo al médico eso era algo totalmente normal después de un legrado.

Yo me encontraba confundida (¿qué había pasado?), triste y muy pero muy adolorida en mi ovario izquierdo. Me tomó tiempo asumir que un coágulo de sangre había taponado algún conducto que impidió que el feto creciera (de acuerdo al médico ese fue el resultado que arrojó la muestra que 6 En La Carpa Roja apostamos al reconocimiento del trabajo de las mujeres, por lo tanto, si te gusta algo de lo que encuentres aquí, dale crédito.


tomó). Cuando miro en retrospectiva se que fueron dos momentos totalmente distintos, procesos distintos pero también la manera de sentirse y vivirlo.

Me explico: yo se que en mi entorno lo socialmente aceptado es y será mi segundo aborto. Es sobre lo único que puedo hablar y claro, como esta segunda experiencia fue totalmente distinta (yo digo que triste) la gente te anima, te consuela y no te juzga (como sí lo harían en el primer caso). En mi segundo aborto la decisión la tomó un médico, un experto, una tercera persona, ajena a la familia quien decidió que era lo más conveniente para mí y mi cuerpo (sí, corres el riesgo de que te de una septicemia, pero sólo ellos deciden, tú no tienes que decidir u opinar -en mi caso yo necesitaba que el legrado se aplace un día para resolver algunos temas de la oficina pero el médico decidió que eso no era posible).

Una cosa clarísima en los dos casos: quienes tienen dinero pueden acceder a un aborto, explicación y guía médica. Información.

La sociedad está completamente ciega a una realidad, yo creo que no quiere escuchar sobre lo que pasa en ella. Que hay mujeres que tienen que decidir sin culpas, ni riesgos, ni prejuicios sobre la maternidad; sobre el tipo de madres que desean y pueden ser. No es suficiente ser madre por concebir y parir... es decir, voy al plano de los afectos. Una madre que no quiera serlo, que se vea obligada a asumir las consecuencias de sus actos no es lo mismo que una madre que espera y ansía ser madre (o pregúnteles a sus hijos) la verdad es que se siente muy distinto.

Dije al inicio de este relato que por este medio quería exorcizar mis demonios. Eso porque en este momento no se si quiero volver a ver un médico, que me digan lo que tengo que hacer para ser madre, pasar por exámenes y más pruebas como conejillo de indias (sin ningún tipo de 7 En La Carpa Roja apostamos al reconocimiento del trabajo de las mujeres, por lo tanto, si te gusta algo de lo que encuentres aquí, dale crédito.


consideración por lo que siento). Tengo miedo de que vuelva a pasar lo de mi segundo aborto y, cuestionarme, como algún momento lo hice del "porqué no aproveché hace 5 años". Por el momento, seguimos sin utilizar anticonceptivos y aunque el tiempo pase y las posibilidades sean menores conforme vamos aumentando años mi pareja y yo esperamos que algo bueno suceda.

La historia de K Casi nunca he contado esta historia, no por tristeza ni cuestiones morales sobre lo que pudo haber sido (y es que en eso además nunca he pensado mucho), sino más bien por un sentimiento puro y llano de vergüenza. Me da pena admitir que fui tan irresponsable con mi cuerpo y con mi vida. Ahora me río, no porque la historia sea divertida, sino como mecanismo de defensa. Tenía 20 años y estudiaba la universidad lejos de mi ciudad y mi familia. Desde los 18 había iniciado mi vida sexual siempre protegiéndome con pastillas anticonceptivas que mi mamá me había “recetado”. Para ese momento estaba en una relación de noviazgo estable. Y para no hacer la historia demasiado larga les diré que dejé de tomarme la pastilla durante un mes en un viaje que realicé. Sólo un mes (después de casi 2 años de tomarla ininterrumpidamente) hizo falta para que a mi regreso y reencuentro con mi novio quedara embarazada, a pesar de haber vuelto a iniciar mi dosis de pastillas anticonceptivas de manera normal. La noticia me cayó después de un par de días de mareos matutinos y cuando decidí hacerme la prueba el shock no fue divertido, me sentía estúpida porque algo así me había pasado a mí, ¡yo que siempre me cuidaba! La idea de seguir con el embarazo y tener un bebé me cruzó por la mente muy poco, yo quería seguir mi vida de estudiante y tener hijos no estaba incluido en mis planes. Mi

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novio sí, él siempre quiso tener hijos. Me tocó a mí convencerlo de que teníamos muchos planes por delante y muy poco de lo que se necesita, a mi juicio, para iniciar una familia. Con la noticia acudí a mi confidente de siempre, mi mamá, quien me recomendó tés de orégano y dosis extras de pastillas anticonceptivas. Yo no estaba dispuesta a arriesgarme a esperar para ver si funcionaba y decidí realizarme un aborto. Aunque tenía el apoyo de ella (y su ayuda $) asumí el asunto como mi responsabilidad y que pagaría con los pocos ahorros que mi novio y yo teníamos. Lo siguiente era buscar un médico que realizara estas cirugías, casualmente teníamos un amigo que había embarazado varias veces a novias y amigas y tenía un “doctor de cabecera” para esos asuntos. Otro amigo me platicó de un médico al que había acudido con su novia para realizarse un aborto, sonaba muy bien, dentro de un hospital reconocido, pero con el dinero que teníamos ni soñar con esta opción. Total que fue el “doctor de cabecera” el elegido. Nuestro amigo nos hizo la cita y acudimos una tarde a su consultorio. Nunca he sido de visitar a doctores, pero esto salía un poco de lo que yo tenía en mente al visitar una clínica, más aun si era para realizarme un aborto quirúrgico, la mayor intervención médica que he tenido hasta ahora. El médico sólo se limitó a preguntar fechas de mi menstruación y a decirme que probablemente tenía mes y medio de embarazo. Ese día solo acordamos el precio y la fecha, sin más, ninguna revisión, ninguna explicación del procedimiento, nada… No recuerdo el costo, pero habrá sido ¿$3500? No lo sé, segura si estoy que no pasó de $5,000. Unos días después tenía la cita para ir a realizarme el aborto. Mi novio me acompañó. En cuanto entramos a la clínica el doctor me hizo pasar a un cuarto y ponerme una bata. El lugar no estaba sucio, pero recuerdo que simplemente no me daba confianza todo el asunto… el trato, las formas, la clandestinidad, no lo puedo expresar con palabras, pero jugábamos en esos días diciendo que el doctor no parecía médico, y que más parecía un mecánico el personaje que me iba a atender (y 9 En La Carpa Roja apostamos al reconocimiento del trabajo de las mujeres, por lo tanto, si te gusta algo de lo que encuentres aquí, dale crédito.


ahora que lo pienso ni siquiera estoy segura que si fuera un ginecólogo o un médico de verdad!!!). Con todo, y con miedo, me metí al quirófano, mi novio me acompañaba aun, el doctor le pidió que saliera para arreglar el pago antes. Hasta la llegada del anestesista fue la primera vez que alguien me preguntaba algo de mi historial médico (fumas?, te drogas?, eres alérgica a algo?), y nada más. Un rato después desperté, todo normal, salí bien, recuerdo que corriendo por la rampa, no sé si por quererme hacer la fuerte o porque me sentía liberada. Afortunadamente nada grave me pasó, mi historia no es el de una tragedia televisiva ni mucho menos. Entre que es ilegal y además poco bien visto por la sociedad y prácticamente un tabú, a mí me daba pena preguntar más, informarme, buscar otras opciones. Sigo a la fecha sin saber cómo fue el procedimiento, espero estar sana, sigo sin preocuparme mucho por mi cuerpo. He ido a consultas con mi ginecóloga y no parece haber nada extraño, aun así siempre me he preguntado si no hay algo que salió mal y no podré tener hijos nunca. Si una mujer como yo, con acceso a recursos ($$$, si no míos al menos prestados), apoyo e información tuvo que pasar por un proceso sumido en la clandestinidad y por lo mismo riesgoso, me entristece y alarma pensar en aquellas que no cuentan con lo mismo.

La historia de Gabriela Me llamo Gabriela, vivo en Montevideo y dentro de unos días cumplo 24 años. A los veintiuno quedé embarazada y aborté. Tomé dos pastillas de misoprostol que me costaron $1000. Me las mandó a mi casa por correo una mujer con la cual hablé por teléfono, a la cual nunca vi y a la que contacté a través de una amiga de mi novio que ya había abortado. En ese entonces todavía no era legal el aborto en Uruguay. Me adelanté dos años, aunque sospecho que si lo hubiera hecho ahora con la nueva legislación la historia no sería demasiado diferente.

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Quedé embarazada de mi novio, del que estaba y estoy profundamente enamorada, con el que llevaba casi un año de relación-es decir poquísimo tiempo-. Nos fuimos juntos de vacaciones y al mes de volver me di cuenta de que tenía un atraso. Ninguno de los dos tenía ganas en ese momento de tener un hijo. Yo, que desde niña me había imaginado siendo madre, no quería en ese momento darle un giro radical a mi vida trayendo otra vida al mundo.

Un sábado tomé las pastillas y expulsé el feto en el baño de mi casa. Nunca había sentido un dolor tan fuerte y desgarrrador en el útero. A la semana me hice una ecografía para controlar que todo hubiera salido bien y me enteré de que el aborto había sido incompleto. Me hicieron un legrado, otra vez sentí que me desgarraba por dentro. Después de unos días de reposo volví a la normalidad. Pero ya nunca más volví a ser la misma.

Recibí un trato bastante bueno de parte de los médicos que me atendieron en las diferentes instancias, salvo por una médica que me juzgó y me preguntó quiénes me habían asesorado, la que tenía un medallón con la virgen colgando al cuello. Recibí también apoyo de parte de algunos de mis familiares y amigos, pero sólo muy pocos, a los que me animé a contarles. La mayoría de la gente que me rodea no sabe nada de este episodio de mi vida. Es que hablarlo me cuesta, a pesar de que lo hice totalmente convencida. Me duele y me hace sentir vulnerable.

Sé que le provoqué un daño irreparable a mi cuerpo, que me va quedar marcada esa cicatriz para siempre en el alma. Tengo que aprender a convivir con ese "secreto", con ese dolor invisible. Sé lo que es estar embarazada, tuve un montón de síntomas; ganas de orinar todo el tiempo, ganas de dormir todo el tiempo, me creció rapidísimo el pelo, se me hincharon las mamas. La biología de mi cuerpo me pedía seguir con ese embarazo y dar a luz, pero elegí contradecirla. 11 En La Carpa Roja apostamos al reconocimiento del trabajo de las mujeres, por lo tanto, si te gusta algo de lo que encuentres aquí, dale crédito.


A pesar de todo, no me arrepiento de la decisión que tomé. Pero me duele.

Una historia anónima Hace poco más de dos meses interrumpí un embarazo de cinco semanas. Nunca pensé que me vería en una situación así. Hasta antes de ese embarazo pensaba que el aborto era un tema de adolescentes calenturientas sin información; reconocía su derecho a una maternidad voluntaria pero, en el fondo, creo que había un prejuicio que las estigmatizaba como ignorantes e irresponsables. Enfrentarme como mujer adulta, con una pareja, madre de un hijo, con el sentimiento de no desear ser madre fue sumamente devastador. En el momento en el que me di cuenta de que un ser estaba creciendo en mí me sentí completamente rebasada, seca, incapaz, limitada, profundamente vacía y totalmente imposibilitada para criar. Nunca antes había experimentado una sensación de tanta escasez; no me había dado cuenta de la fatiga y la desesperanza tan honda que había construido. Meses antes estuve física y mentalmente enferma, dolida por una pérdida que no supe manejar; supuestamente todo había quedado atrás pero el dolor contenido se hizo presente con la confirmación del embarazo. Al ver que la prueba salió positiva me sentí débil y sola…y no pude, simplemente no pude verme nuevamente como madre. Decidí, sin ningún asomo de duda, que no quería ser madre en esas circunstancias y sentí físicamente que el corazón se me rompió en muchos cachitos ante esa certeza. Ahora voy levantando los pedazos poco a poco. En este tiempo he notado que no estoy vacía, que tengo mucho amor y mucha energía, entonces los pedacitos se van acomodando. Observo todo lo que ha sucedido y sé que nunca me había sentido tan rota, con una herida tan expuesta y con una fragilidad tan a flor de piel.

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A la distancia recuerdo todo el procedimiento, desde el momento en el que llegué a la clínica, pasé a la recepción y pagué la intervención. Recuerdo a las otras mujeres que estaban en la sala de espera, imaginé sus historias al ver sus rostros. Las otras dos mujeres con las que crucé miradas por al menos media hora evadían a las otras, miraban al suelo, al techo. Una de ellas iba sola, las demás estábamos acompañadas por hombres, seguramente las parejas de cada una. Había una televisión prendida, nadie la veía. La tristeza se ahondó pensando en que no podíamos consolarnos, compartir lo que estábamos viviendo, quizá sentíamos alivio y no nos atrevíamos a manifestarlo, o la mezcla de emociones era tan intensa y contradictoria que no es posible expresarla en palabras. Probablemente nunca hablaríamos de lo sucedido, se quedaría en la memoria como un suceso vergonzoso. Estar segura de interrumpir un embarazo no implica estar libre de todas las cargas que se han construido en torno al rol reproductivo de las mujeres. Después de hablar con la trabajadora social, una mujer amable y que hablaba en un tono que parecía de comprensión, volví a la sala de espera, ya no éramos tres, sólo estábamos dos mujeres y un hombre esperando a su compañera. Un rato después subí al consultorio, recibí algunas indicaciones de una enfermera. En el consultorio estaba otra mujer, no habló conmigo, no hizo contacto visual, hasta que me recosté en la mesa de exploración entendí que era la doctora que realizaría el procedimiento. Sólo se dirigió a mí para decirme que si me movía podía perforarme el útero. La enfermera se colocó a mi lado, tomó mi mano y me indicó que podíamos platicar para que me sintiera más relajada. Me preguntó si usaba tinte, cuánto tiempo había durado el recorrido para llegar a la ciudad, si hacía calor o frío…no supe cómo pedirle que guardara silencio, me dediqué a contestar, hasta que mejor opté por no contestarle nada. Al momento en el que hicieron la succión yo lloraba, sintiendo como mi cuerpo se rompía. Lloré por esa vida en potencia y por mí misma, lloré por mi hijo que seguramente había vivido meses viendo la incapacidad de su madre sin poder decir nada, me pedí perdón por esos meses de maternidad tan en la distancia. Mientras mis lágrimas fluían, la enfermera me preguntó en un tono que me sonó a burla “¿Por qué lloras? ¿Te dolió?”, allí, 13 En La Carpa Roja apostamos al reconocimiento del trabajo de las mujeres, por lo tanto, si te gusta algo de lo que encuentres aquí, dale crédito.


con las piernas abiertas, terminé de romperme. Me tapé la cara y lloré por mí, por la enfermera y sus preguntas, por la doctora que probablemente sentía culpa y por eso optaba por la frialdad y el trato impersonal, por las mujeres que habían pasado por esa cama, por todas las que nos hemos sentido rotas y solas y “malas” madres y “malos” seres humanos y débiles y carentes...y lloré también por todas las personas que nos ha inculcado que debemos sentirnos así por no vivir el deseo de ser madres. Me indicaron que me vistiera y que pasara a un cuarto contiguo. Allí en el espacio amueblado con sillones reclinables había otra mujer, nos miramos de reojo, no nos hablamos y ambas permanecimos con la mirada baja. A los pocos minutos ella se fue. Otra enfermera llegó a ofrecerme un té, me pusieron una bolsa con agua tibia en el vientre y una caja de pañuelos desechables en la mesita de junto. La enfermera se fue y lloré por un largo tiempo. Lloré por mis pérdidas anteriores, por todas las circunstancias y decisiones que me habían llevado a este momento. Lloré con aceptación y compasión hacia mí misma. Cuando me cansé de llorar agradecí por el momento, por esa experiencia de vida tan intensa, le agradecí a esa vida en potencia y le pedí que siguiera su camino, le dije que entendía que la vida y la muerte eran mucho más complejos de lo que suponemos y que si teníamos que encontrarnos yo trabajaría intensamente para que nuestro re-encuentro sucediera en otros términos. Finalmente, agradecí por la vida de mi hijo y entendí que se puede ser madre y agradecer la vida y, al mismo tiempo, no desear otro hijo. No estoy segura de lo que creo, pero sé que todo eso que sentí y pensé en esos momentos afloró desde lo más hondo de mi ser. Un día después, con el sangrado y mi cabeza ocupada en todo lo sucedido, tuve que ir a decirle a una persona amada que podía irse, que no tenía que continuar en coma sufriendo y muriendo lentamente por nuestra necedad de preservar la vida a toda costa. Ese fue el cierre de un mes que me pareció interminable.

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Hoy que me siento más entera, estoy consciente de todo lo que tengo que trabajar, aprender y cuestionar y agradezco la posibilidad de que la vida me presente tantas posibilidades de aprendizaje. Sé que no quiero ser madre y sé que estoy a cargo de que eso no suceda. Cuando ocurrió el embarazo había hecho un cambio de método anticonceptivo que, evidentemente no dio buenos resultados. Volví al método anterior y considero seriamente operarme. No me siento mal por no querer ser madre nuevamente, la maternidad es un acto tan sagrado, que todas las mujeres deberíamos poder elegir si queremos ser madres y en qué términos y circunstancias queremos hacerlo.

La historia de Inés Hace seis años interrumpí un embarazo no deseado. Mis condiciones no eran favorables para parir y criar un hijo. Estaba terminando la tesis de licenciatura, no tenía trabajo, había terminado una relación de pareja y no sabía qué iba a ser de mi vida. Desde que lo supe estuve segura de que no podía ni quería tenerlo. Ocurrió una noche en la que salí de fiesta con mis amigos, conocí a un chico y me acosté con él. Un par de semanas después empecé a sentir una revolución hormonal: lloraba mucho, sentía una tristeza infinita y no entendía porqué, no había una razón en específico por la cual llorar de la forma en la que lo hacía. Sí, mi vida parecía incierta, pero eso tampoco era malo, se me abrían un montón de posibilidades y podría elegir lo que yo quisiera, podría ir donde yo eligiera. Los retrasos en mi menstruación eran frecuentes, ya que unos años antes había padecido de ovario poliquístico. Pero en aquella ocasión el retraso llevaba ya más de dos semanas. La posibilidad de estar embarazada cruzó mi cabeza, pero preferí esperar, intentaba relajarme ya que creía que de esa forma mi menstruación volvería. Una semana después empecé a tener unos antojos muy extraños y

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muy preciosos. Se me antojaban frituras de sabores específicos y bebidas que no había tomado en mucho tiempo. Ese mismo día hablé con un amigo y me convenció de comprar una prueba de embarazo y salir de dudas. Así lo hice y el resultado me desarmó: era positivo. Le llamé a una muy querida amiga y ella me acompañó en todo el proceso, desde comprar otras dos pruebas de embarazo, hasta ir al laboratorio a las pruebas de sangre y finalmente al consultorio de mi ginecóloga para que me orientara. Entonces, la interrupción del embarazo no era legal ni siquiera en el D.F. La doctora me regañó. Lo primero que me preguntó fue ¿porqué no te tomaste tu pastilla? Aclaro, que un par de años antes, ella me había recetado anticonceptivos orales para controlar mi ovario, pero, también me había dicho que era conveniente descansar periodos de entre dos y tres meses. Yo estaba en un periodo de descanso y el preservativo que utilicé simplemente se rompió. Recuerdo que entonces, el regaño de la doctora me pareció adecuado, y es que no podía creer lo irresponsable que había sido, que no me hubiera dado cuenta que el preservativo había fallado y mucho menos que estaba en días fértiles. La doctora también me hizo preguntas como ¿quién es el papá de tu bebé? A lo que yo respondía que era un embrión, no un bebé. Ahora, años después, me molesta la forma en la que me trató, sus comentarios estaban cargadísimos de moral y deber ser católico; entonces, aquel regaño me parecía “necesario”, pero nunca dudé de mi decisión. Salí del consultorio con los datos de un ginecólogo recomendado por mi doctora. Estaba aturdida, pero lista para dar el siguiente paso. Al día siguiente fui a ver a su recomendado. El trato del colega fue muy distinto, al parecer, practicaba legrados con bastante frecuencia y ya se sabía todo lo que había que hacer y dejar de hacer para que nadie se enterara de la identidad de sus pacientes. Me hizo sentir segura, me explicó de qué se trataba el procedimiento y que podría hacerse cuando yo quisiera, él recomendaba que fuera por la mañana, así, podría salir como si me fuera a la escuela y volvería por la tarde o noche sin que nadie sospechara. Toda esta clandestinidad fue lo que me hizo sentir vulnerable y sola. Una de las reglas más importantes de las sociedad en la que nací y crecí es mantener las 16 En La Carpa Roja apostamos al reconocimiento del trabajo de las mujeres, por lo tanto, si te gusta algo de lo que encuentres aquí, dale crédito.


apariencias, en se caso, hacer como que no había pasado nada, y eso, el doctor lo sabía perfectamente. Recuerdo que me dijo que “esto” pasaba todo el tiempo, que los en los hospitales privados más grandes de la ciudad ocurría a diario y que “nadie se enteraba de nada”, claro, pagando costos muy elevados. A mí me cobró $7000 pesos, recuerdo haber pensado que era mucho, pero estaba tan asustada que prefería pagarlo a buscar otra opción, además, estaba segura de que estaría a salvo, después de todo era una recomendación de mi ginecóloga. Afortunadamente tenía algunos ahorros y el resto lo conseguí a través de mis amigos. Tres días después llegué a una clínica privada acompañada de mi amiga. El doctor me esperaba en la entrada. No recuerdo lo que pasó antes de entrar al quirófano, pero yo estaba muy asustada. El procedimiento duró poco más de una hora. Al salir de la clínica me fui a casa de mi amiga, allí descansé y por la tarde volví a casa de mis padres, todavía sin creérmelo, pero profundamente aliviada. Una semana después tuve revisión con el doctor, para asegurarnos de que todo estuviera en orden. Todo esto ocurrió en menos de una semana, desde que hice las pruebas de embarazo hasta el legrado. Me sentí muy acompañada y querida, eso ayudó a sobre llevar el dolor indescriptible que pasé los días previos al aborto. No me atreví a decírselo a mi madre, mucho menos a mi padre. Hasta ahora no lo saben. Mi duelo duró lo que tenía que durar, nunca me arrepentí de mi decisión, ni dudé en ningún momento si era lo que yo quería, porque me era muy claro que en esos momentos no podía hacerme cargo de la vida de alguien más. Estaba tan segura de mi decisión que una vez que todo había terminado, llegué a preguntarme si estaba mal el hecho de no sentir arrepentimiento ni culpa. Me queda muy claro que fui una privilegiada y que si no hubiera sido por el dinero que tenía y el que logré conseguir, por la recomendación de mi ginecóloga y el acompañamiento de mis amigos seguramente la historia hubiera sido distinta. Me queda claro que las que tenemos recursos o medios 17 En La Carpa Roja apostamos al reconocimiento del trabajo de las mujeres, por lo tanto, si te gusta algo de lo que encuentres aquí, dale crédito.


para conseguirlos, abortamos y las que no, mueren. Mi historia no es un drama y muchos dirán que fui más que una chica irresponsable, una asesina. Pero fue mi decisión, yo soy la única que tiene certeza que no era el momento para tener un bebé.

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Aborto  

Historias de mujeres que han decidido interrumpir un embarazo