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LUNASCOPIO Una mirada colectiva a La Luna Casa y Arte 29 de septiembre de 2012

(Adelanto sin editar. Proyecto en construcci贸n)


De los planetas, La Luna y otras astralidades Joel Barraza

Cierto es que no me conmueve en demasía saber el inminente cierre de La Luna. Pero sí es cierto, que si me detengo a pensar en “La Luna que me tocó a mí”, me quedaré sorprendido ante la correntada de imágenes de las bailadas del último viernes de mes, de los libritos con la programación mensual que después fueron afiches doblados en las más ingeniosas formas hasta alcanzar el tamaño de bolsillo. Imágenes de las célebres camareras, de los talleres de enseñanza, los festivales de jazz, las lecturas de poesía, las muestras de danza contemporánea, los sketches de Cabaré, las películas cult, y para no cansarlos tan temprano, me detendré con los deliciosos coqueteos y tropicalísimos romances entre lunáticos. Recién llegado de Río de Janeiro después de veinticinco años de ausencia. El último trecho Managua-San Salvador. Fin de línea. Miedito anidado en lo más hondo desde el momento en que decidí regresar. Las historias de la guerra. ¡Y lo que había dejado atrás en un día de enero de 1974: mi inquietud de adolescencia bajo la sombra de un robusto y provinciano autoritarismo gubernamental y cultural! A la semana, la invitación a conocer La Luna. Mi hermana estaba ansiosa para que yo viera que sí, sí había vida en La Luna de San Salvador y que con esa presencia satelital, la inquietud se validaba a sí misma y los recelos podían ser desafiados con el bullicio de las reuniones, mientras 3


la siempre “nada comercial” música de fondo retorcía y aceitaba la conspiración creativa y artística. La Luna marcaba el ciclo de buena parte de las mareas de nuestro calendario social. Era el Facebook de los 90 en San Salvador de los inquietos, de no virtualidad, de los que regresaban y tenían mucho que hacer o hablar, pues en esos tiempos la mayoría regresábamos de algún lugar. Luna de encuentros. Estamos hablando de una Luna a lo largo de más de una década de mareas. Así, fueron incontables las cervezas consumidas como ingeniosos fueron los nombres de los cocteles (nombres que eran un atentado a la gravedad terrestre). Hubo almuerzos vegetarianos, poesías, músicas originales tocadas en estreno. Numerosas fueron también las bandas de rock, pop y canción latinoamericana, numerosos los amigos vascos, los de ONGs, los de la cooperación internacional; en fin, todos Los Cheles y Chelas (como manda el nuevo figurín de género). Pero también estaban las tribus de Bichos, las matinés dominicales para los peques, los covers y los que se quedaban en el murito esperando que alguien los pusiera adentro. Hubo Luna del Centro, de la Feria, Lunapalooza, La Almohada, socios de inicio y de después, señales de “No a las drogas”, generaciones inquietas que se alejaron y le dejaron espacio a otros igualmente inquietos, reclamos de vecinos por el constante y a veces raro desfile de poetas, músicos, socialites, izquierdosos, algunos de derecha que nunca faltan aunque no se les invite, o por eso mismo; y por supuesto punks, metaleros, hip hop, break dancers y los almidonaditos de camisas manga larga de rayas, que no faltan y que muchas veces resultan ser los más ausentes de gravedad. No me conmueve el fin de La Luna, quizá porque entre todas esas Lunas yo tuve la mía y mi Luna se acabó mucho antes que la de otros. No acostumbro a llorar algo o a alguien querido más de un par de veces bien lloradas. Pero eso sí, “La Luna que me tocó a mí”, como a otros que he querido, a esos no los olvido.

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La primera vez que vi a La Luna fue como que si ya hubiera estado allí Morena Elizabeth Bejarano de Herrera

La primera vez que vi a La Luna fue que como si ya hubiera estado allí (un déjà vu o como se llame). Me sentí en mi casa. No recuerdo bien cómo conocí a la Bea, pero sí sé que siempre admiré su espíritu mágico; cada vez que ella entraba a un lugar, todo cambiaba, un giro total, alegría infinita, la Luz que siempre me irradió fue tan penetrante que me convertí en una hija de La Luna por decisión propia; además, ella siempre me dijo que le gustaba mucho lo que yo hacía (era integrante del teatro de la ues). Sabía que ese lugar y esa mujer eran parte de mi vida. Yo estaba destrozada por la famosa guerra y no tenía un porqué para vivir (aunque ya tenía dos hijos, no encontraba mi ser interior), allí aprendí a trabajar, a crear, a dar sin tener miedos, aprendí que la vida se vive con pasión, a ser madre, allí encontré el amor de un hombre que hasta el día de hoy da la vida por mí y que también es parte de esa casa, ese centro galáctico, de toda esa magia. Con los años aprendí a tener “autoestima”, porque un día en la cama de un pick-up descubrimos, Beatriz y yo, que la tenía chiquita ja, ja, ja, ja, (la autoestima por supuesto). Allí aprendí a ser mujer, todos los días quería ir y crear algo diferente, había mucha ropa vintage, y yo siempre me la llevaba a mi casa sin permiso de nadie porque me apropiaba de ella y después, claro, la usaba para un personaje en nuestros eventos de sombras; allí aprendí a jugar con fuego. En ese lugar decidí ir al Rainbow 5


Gathering de la primera luna llena del año en 1998 en San Pedro Guatemala; después de un toque, creo que fue jazz, nos fuimos Bea, Rafael y yo a encontrarnos con seres de otras galaxias. Llegamos por la tarde y tuvimos que caminar como dos horas porque el Carlangas nos dijo que ya conocía el lugar, aunque yo más bien creo que nos perdió. Pero bueno, lo que les quiero contar es que nunca olvidaré que a la medianoche los duendes empezaron a tocar sus Digeridos cuando de repente apareció la bruja mayor con su hermoso sombrero y una escoba (ja, ja, ja, ja, ja), a la luz de la primera luna llena del año. Magia pura eso es ella y por eso todos los artistas que han pasado por allí, nos sentimos hijos de La Luna. Yo jugaba con Abril por el día mientras Bea descansaba un ratito para seguir en la lucha, “para hacerse oír, uno tiene que sufrir” y ella ha demostrado que su lucha no fue en vano, cuando me acuerdo de todo el arte que allí se fusionó, me dan ganas de volver y traer nuevas propuestas, pero sé que tiene que terminar para darle paso a una nueva etapa; me dolió mucho dejar mi país, pero más me dolió dejar de ir a La Luna, donde, llegara o no llegara la gente, allí estaba mi amiga, creyendo en su luz... haciendo su sueño realidad, dándole un sí a cualquier locura que le trajeran a enseñar; para ella todo tenía sentido, todo es bello y único y así fue como apliqué mi vida en este país tan frívolo y extraño; dándole su lugar a cada ser es como logramos coexistir, somos felices en la medida en que hacemos a otros felices, eso aprendí en mi Luna querida de amores y de ilusiones. Al llegar aquí, trabajé de enfermera, de cocinera, de mesera, de cuidadora de ancianos, de secretaria ejecutiva, de archivadora de información, pero nunca en 11 años pude volver a actuar, hasta hace dos meses que me encontré con el maestro Carlos Velis y le conté de mi ansia de volver a las tablas y que mi ilusión era presentarme de nuevo en La Luna y, para nuestra sorpresa, un mes después: el anuncio de su cierre nos tocó tan adentro que dolía mucho hasta para respirar; las lágrimas se salían solas; parecía que la derrota por fin había llegado y todo lo que quería era ir y abrazar a esa guerrera y decirle que estaba con ella; así que decidimos ir y presentarnos para cerrar una etapa. Decidimos fundar Blue Moon Theatre con Hugo Fajardo, Carlos Zamora, el maestro Carlos Velis, Víctor Najarro, mi amado Rafael Herrera y yo. Aventarse es de locos, de Lunáticos diría yo y con orgullo 6

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emprendemos una lucha que mi hermana empezó hace 20 años y que ha dejado huellas muy marcadas y hondas, huellas que gritan por quedarse y seguir por un camino fino pero que siento que llegará a 20 años más de Lunas de amores de arte y de ilusiones salvadoreñas alrededor del mundo En esos días conocimos aquí a unos pioneros tratando de hacer algo parecido a La Luna; por cinco años han tratado de promover el arte salvadoreño en este pedacito llamado Los Ángeles y es bello cómo me recuerda a mi amiga, a sus luchas, a sus logros; y les conté a ellos de La Luna, de todo de la magia y nos han ofrecido un espacio para traer arte de Sivar, para que nuestros hijos que están creciendo aquí, tengan su luna. Incluso están pensando en llamarlo La Luna de Los Ángeles. Bueno, bien dicen que cuando uno tiene una idea el universo se confabula para hacerlo realidad. Hoy tenemos que aceptar que La Luna, nuestra Luna se cierra para darle paso a otras Lunas en otros países, en otras vías lácteas, en otros mundos, pero con el mismo amor y con las mismas energías con las que Beatriz Alcaine empezó su sueño, su amor... su Luna. Betuna, la hija de La Luna.

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Hija de La Luna

Chana Boekle

Entrar a ese lugar mágico, era para mí un escape del caos de la ciudad, de la represión cultural, donde las normas establecidas se difuminaban, donde podía expresarme en todos los sentidos. Entraba a La Luna. Efectivamente me sentía como lo que imagino hoy que sentía Neil Armstrong al pisar ese lugar inexplorado. Este sentimiento se repetía sábado a sábado, pero las expectativas, curiosidades y energías iban aumentando semanalmente. Mi pequeño cuerpo de niña se quedaba boquiabierto en medio de un gran salón. Mi mente borraba a cualquier persona, ruido, distracción; y se maravillaba con aquel techo blanco y negro a cuadros, con un escenario en lo alto, y sobre todo con las paredes pintadas de todos los colores y formas. Lentamente volvía a incluir a todas las demás cosas, personas, sonidos y olores que se encontraban ahí, y veía a una mujer que irradiaba luz y energía. Siempre tenía una sonrisa para regalarme a mí y a tod@s l@s demás lunachiquit@s de ese sistema lunar. Nunca sabía que esperar de esta mujer tan especial. No sabía que nos iba a proponer. Un día podía ser teatro, otro pintura y otro que eligiésemos nosotr@s mism@s que hacer. Tampoco sabía cómo iba a vestir ese día. Disfrutaba viéndola cada semana con unas prendas que emanaban alegría. Podía ser un pañuelo de colores brillantes, un collar tan grande como jamás lo había 8


visto, un pantalón lleno de pintura o tal vez unos anillos de formas muy divertidas. Era siempre un misterio, que ansiaba por descifrar. Veía a esta mujer, tan alegre y cariñosa, pero que al mismo tiempo se confundía en cuanto a espíritu entre tod@s l@s lunachiquit@s. Analizándolo hoy, me doy cuenta que en aquellos días aunque me fascinaba ir a ese lugar tan bello y disfrutaba de todo lo que este lugar y esta mujer, que es la personificación de este satélite, tenían que ofrecer; era mucho más que una tarde de juegos con mis amig@s, era mi primer encuentro con la libertad de expresión, con la explosión de creatividad, con el arte. En esos días mi mente empezaba a sembrar las semillas de la locura artística, que hoy están dando sus frutos. Empezaba a crecer espiritualmente. La mamá lunar, nuestra mamá lunar, la reina de este pequeño sistema lunar anti sistemas, lograba sacar de nosotr@s la parte más artística y a nuestr@ niñ@ realmente libre. Siempre lo lograba, debido a su sencillez al hablar, a su interés y empatía con sus lunachiquit@s y a sus ganas de luchar hombro con hombro junto a nosotr@s para lograr la verdadera libertad. Recuerdo muy bien el día que nos propuso (porque en este lugar mágico no se nos imponía, se nos daba a elegir) pintar un muro. No podía entender como un adulto, nos daba semejante oportunidad de expresarnos, con lo que antes era una actividad para tod@s nosotr@s prohibida: “manchar las paredes”. Eran este tipo de actividades que me hacían disfrutar de mi niñez, de crecer, de sentirme parte de esta casa a la cual yo quiero tanto y de sentirme parte del universo. En esta casa tan importante para mí, viví cosas que lastimosamente no tod@s l@s niñ@s tienen la oportunidad de vivir. Era plenamente feliz. Todos mis pequeños problemas de mi aun pequeño mundo los dejaba en la puerta de la casa, y entraba con la mente más abierta que nunca dispuesta a probarlo todo. De no haber sido por esta mamá lunar, probablemente nunca me habría querido sumergir de lleno en el mundo del arte. No habría conocido esa parte de mí, que muchos desconocen. Esa parte que nos hace a cada un@ tan especial, que nos UNA MIRADA COLECTIVA A LA LUNA CASA Y ARTE

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hace capaces de pensar por nosotr@s mism@s y de explorar la manera en que nos queremos expresar. Viendo hoy a tod@s es@s lunachiquit@s, que ya no somos tan chiquit@s, se podría decir que es casualidad que la mayoría, hasta donde yo sé, tarde o temprano se han desenvuelto en diferentes ramas del arte. Un@s en el cine, otr@s en el canto, en la difusión musical, en el teatro, etc. Yo no creo que sea casualidad, creo que todo vuelve a nuestras raíces. Vuelve a estas tardes creativas en La Luna Casa y Arte. Nuestra luna, nuestra casa con mucho arte. Es por eso que hoy le doy gracias a esa mujer tan importante en mi vida. Gracias por enseñarme lo que soy capaz de crear. Gracias por demostrarme que las normas convencionales del arte están hechas para romperse. Gracias por abrirme la mente. Gracias por ser mi primer punto de referencia en cuanto al arte y la imaginación. Gracias por enseñarme tantas cosas, que nadie se había tomado el tiempo e interés para hacerlo. Gracias por ser como sos. Pero sobre todo gracias por tu cariño, por tu tiempo y por tus ganas. Sos un ejemplo a seguir. Una verdadera luchadora. Espero que algún día me arme de ese valor que vos tenés para decidir dedicar mi tiempo a lo que más me llena, el arte. Con el mayor de los cariños, tu eterna lunachiquita, La Chana.

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Hasta La Luna siempre

Carlos H. Bruch

Seguramente tengamos hoy el impulso de recordar. Invito a no caer en esa tentación tomando en cuenta los dos conceptos que han orbitado alrededor de los metros cuadrados de la casa que ya debería estar pasando a ser el santuario del verdadero cambio salvadoreño: fases y magia. Esas dos cosas bastan para vivir plenamente a cualquiera que pretenda ser libre. Y que haya aprendido que ya no existen ni izquierdismo ni derechismo. Que solo hay adelantismo. Y es hacia ahí donde debemos apuntar. Fases y magia. Ninguna implica ni volver a vivir lo recorrido o repetir, sino cambiar y avanzar y si es necesario inventar, crear una ilusión. Que de ahí parte todo. Por eso descarto llorar hoy porque se cierra una fase que igual que las del astro que lleva su nombre es una pura –pero no por ello vanaimagen, un reflejo de algo mucho más intenso. La luna que fundaron personas con corazones brillantes, almas inquietas y mentes infrenables no desaparece, pasa a una etapa de re invención. Yo lo sé. Algunas de esas fases ya vividas son las que escribo a manera solo de documento personal estando hoy lejos de mi país. Porque fue estando ahí, en La Luna, que una noche me di cuenta que yo tampoco servía 11


para quedarme quieto, ni solo soñando, ni menos creyendo que la magia acaba algún día. La primera de las fases fue esa en la que tímidamente se comenzaron a juntar quienes sentían la necesidad de ir dejando atrás el regocijo estúpido de haber hecho una guerra. Y que al momento de cruzar el umbral donde los recibía sentado San Simón fumón se despojaban de uniformes, armas y escudos físicos y mentales de tanto año de odio. Y una vez adentro –como hechizados- sentían y entendían muy bien que la única paz del ser humano es la que se esculpe con canto, pintura, literatura y tolerancia. Baile y humor, luces y sombras. Saltos, teatro y títeres. Fuego, pero del que no quema sino del que sirve para guiar cuando la vida se pone oscura. Rock, jazz, ska, Beethoven y Sabina. Mejía Godoy y Cerati. Schafik y Rodrigo Ávila. Reginas de Cardenal y líderes homosexuales. Intelectuales y muchos otros locos. Feministas y sumisas (aunque de ahí salían liberadas!). Tatuaje y Opus Dei. Cerveza y Zangolotes. Ahí fueron llegando poco a poco a comienzos de los noventa quienes hartos de tanta bala ya fuera en el monte, en los cuarteles, en despachos de gobiernos o en el frío destierro un día se reunieron, se dieron la mano, se sonrieron, se abrazaron y comenzaron a aprender de qué se trata el amor cuando se dejan de seguir ideales ajenos. Fue en esa Luna donde reivindicamos lo salvadoreño que siempre hemos sido. Eso que El Poeta Nuestro gritó hasta su muerte que somos y siempre seremos: jodiones y querendones. Fue ahí donde un grupo de jóvenes artistas incluidos los hijos bohemios de Freddy Cristiani pintaron por primera vez de colores los muros de la intransigencia que antes estaban manchados de sangre y que desde entonces pasarían a ser solo el soporte de las expresiones artísticas para unirnos. Y no más para separarnos. Fue también ahí donde llegaron años más tardes otros jóvenes ya de otra fase a contarnos a gritos y lágrimas contenidas por más de un año sus frustraciones tras haber sido conejillos de india de un desquiciado y megalómano director de la policía que los había zampado presos bajo los graves cargos de estar viviendo su juventud en libertad. Presentándoles pruebas circunstanciales tan torpes como bailar capoeira que fue descrita como un baile satánico (el pobre imbécil veía diablos donde 12

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no había cuando realmente los tenía ahí mismo en su propio partido político). La verdad se impuso y dejó en evidencia que lo único tóxico había sido la mente de quienes aun pretendían frenar a la juventud cuando ésta le demuestra al mundo que tiene más fuerza que muchas tormentas juntas. Fue ahí a la Luna donde una noche llegó uno de los hijos del editor de periódicos Altamirano a celebrar junto a unos amigos mi cumpleaños. Sin saber quizás -o tal vez muy a sabiendas- que su padre un tiempo atrás había llamado lupanar a la casa del arte y había arengado a la alcaldía a que la clausuraran. Otro cuete soplado del hacedor de guerras inventadas por sus medios y compinches. Fue en La luna donde ví logros de muchos, lagrimas de algunos y desencantos amorosos míos y de otros pocos. Fue por eso que junto a la Bea nos quedábamos divagando, chambriando, maquinando y soñando hasta que ya pasaba el sereno pitando. Desde entonces se comenzó a escribir el guión de la gran telenovela kitsch salvadoreña “El precio del encule” que algún día verá luz (quizás cuando se acabe tcs, la casa de la anticultura y el no arte salvadoreño…) Planeta-Luna-San Salvador-Centroamérica que ha orbitado en la casa donde dio sus primeros pasos en la vida la Beatriz Alcaine y por eso quiso después, cuando dejó sus propias guerras, que fuera ahí donde comenzara su paz y la de muchos. Y donde a punta de sueños, mucho sudor y magia promovería los primeros pasos de todos los que creemos que nuestra cultura se basa en la innovación y en romper paradigmas y no en la involución y en romper vidas. Alemania, septiembre de 2012.

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Que La Luna se va, pero nos deja lo mejor de sí Carlangus

“Van cerrar La Luna!”, así me dijo mi hermano hace un par de semanas y aunque ya algún rumor me había llegado por aquí, recibir esta triste noticia de un familiar cercano no la hizo menos triste. Y es que hasta mi hermano que no es un “selenita” de los de siempre se lamentaba de lo que significa perder La Luna….la pérdida de algo irreparable e irrepetible. Pero yo prefiero en estos casos ver el lado positivo, todo lo bueno y mágico que nos ha dado en estos 20 años ese rinconcito de la calle Buenos Aires… desde que llegué por primera vez en el 94, no tardé en darme cuenta de lo especial y diferente que era aquel espacio. Este espacio que tuvo una influencia en mi vida como la propia luna sobre el mar, ya que mi vida cambio ahí tanto personalmente como musical y profesionalmente; fue ahí donde empecé mi carrera de sonidista. Desde la primera vez que toqué en el escenario lunar (no me pidan fechas exactas que pa´eso soy muy malo pero me suena que fue en el 96), recibí un apoyo único que alimentó siempre el motor de mis proyectos por muy locos que fueran. Y es que no era algo único en mi caso, sino más bien el modus operandi de un espacio abierto a la magia y la imaginación. Eran los 90 y la Bea nos animaba a producir música dándonos espacio para interpretarla. !Era increíble!, “no hay otro sitio que te anime a crear y exponer tu trabajo como La Luna.” Desde ese momento y con esa visión nacimos muchos, muchos grupos 14


con música original “cultivada en casa” que usando el escenario lunar como plataforma, logramos transmitir mensajes, hacer cantar y bailar, compartir y crear recuerdos con un público nuevo (como nosotros) que rapidamente hicieron suyas nuestras músicas y tambien hicieron suya a La Luna. Nombrar a todas las bandas que nacieron o pasaron por el escenario lunar sería arriesgarse a dejar alguna por fuera, sería como querer contar todas las divertidas anécdotas de su barra, en el patio, de cuando diluviava y caía una catarata frente al escenario, de cuando llegaba el cam, anécdotas incluso en los baños…je, je… La Luna nos ha dado lo que nos ha dado y lo sabemos cada quien con su cada cual y sinceramente espero que sean para todos más cosas positivas que negativas como es en mi caso. Claro que sentimos algo de tristeza, más que por no poder volver a ella, por los que nunca tendrán la oportunidad de vivirla. Yo es que no concibo mi aventura musical sin una raíz como La Luna. Ahí aprendí y compartí con músic@s excelentes con los que entablé amistades a un nivel de hermandad muy especial. No imagino que senderos hubiera transitado sino hubiera partido de La Luna. Así que gracias a La Luna Casa y Arte, gracias por todo. !Gracias infinitas a la Bea! Gracias por enseñarme, por permitirme experimentar y aprender, por rodearme de “lunaticos” que como yo, orbitan gracias a ella. Y un adiós a todo lo que encierra La Luna, a su magia, a esas noches bohemias llenas de sorpresas y música, de amig@s, a las tardes con una suprema bajo el almendro en el patio antes de una prueba de sonido, un adiós especial al zangolote (famoso en todo el universo), a los ladrillos de choco y a la sopa azteca. Un abrazo gigante a todos los que contribuyeron a que La Luna funcionara. Que La Luna se va, pero nos deja lo mejor de sí: su magia y su imaginación. Nos deja esa esperanza en el futuro, esa visión de crear y no parar, esa luz se nos va pero es parte del cambio de fase que tanto nos maravilló siempre. Es momento de celebrar lo grande que es, ha sido y será La Luna. Agur. Carlangus.

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222. Luna nueva Cuento Harry Castel (Jennifer Valiente)

El hada miró en derredor… hacía pocos minutos el último espíritu se había esfumado con el eco de la última de doce campanadas y ahora la casa estaba completamente vacía, respiró profundamente el aire de los últimos veinte años y en medio de la madrugada, una ráfaga de viento trajo de golpe una multitud de imágenes, sonidos, rostros, canciones, suspiros, adioses, bienvenidas, medias palabras, vacíos envases, cosas idas, memorias. En el centro de la casa todo se arremolinó en un torbellino que se iba encogiendo cada vez más, hasta que el hada lo tomó en la palma de su mano y pudo ver en un instante, uno por uno todos los días pasados, porque las hadas tienen mejor vista que los humanos. Entonces el hada le dio el beso de las buenas noches a su torbellino y elevando las manos lo dejó perderse en el cielo que poco a poco se iba iluminando. Con las primeras luces del alba, el hada terminó de empacar todo en un capullo de violeta y muy contenta, emprendió el viaje.

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Mi paso por La Luna

Olga Castro

Tenía 8 años la primera vez que entré a La Luna de la mano de mi mamá que también llevaba a mi hermano a ver un show de títeres. Ella trabajaba ahí desde hacía ya varios meses. Era un sábado en la tarde, y nunca imaginé que esa era la primera de las miles de veces que acudiría a ese lugar en los próximos 15 años y que significarían tanto las cosas que viviría en esa casa que me puso tantas veces cara a cara con el arte y la vida. Una de las cosas que más recuerdo, fue a los 15 años, cuando por primera vez me subí a un escenario, aun recuerdo el micrófono frente a mi rostro, y mi respiración acelerada, los latidos de mi corazón resonaban como bombas constantes en mis oídos, y las gotas de sudor que se deslizaban por mi frente me dificultaban pensar con tranquilidad, la primera nota salió temblorosa rascando mi garganta, pero a medida que pasaron los segundos, empecé a sentir una extraña tranquilidad y confianza… en esos instantes, mientras “November Rain” se deslizaba por mis labios, me di cuenta, que eso era lo que quería hacer el resto de mi vida. El largo e infinito camino de la música, empezó para mí ese día cuando luego de esa motivadora experiencia, empecé a dedicarme al canto con mayor formalidad y constancia. Mis padres han dedicado más de una década de sus vidas a La Luna, 17


en este lugar conocieron a miles de personas increíbles y descubrieron todo un mundo lleno de experiencias y sensaciones interesantes e inigualables, poco a poco ellos nos llevaron a este mundo y esa ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado. En La Luna canté por primera vez con la banda a la que pertenecía, en ese escenario me subí cientos de veces, con mi hermano a la derecha con su guitarra siempre, vivimos experiencias increíbles, buenas y no tan buenas, frente a ese pedestal de micrófono escuché aplausos y silencio, desde esa tarima vi cientos de rostros a través del tiempo y pasé muchos de los mejores momentos de mi vida. Cada instante que recuerdo La Luna y su escenario, viene acompañado de muchas emociones, sería imposible para mí, describir en esta página, cada uno de los momentos que pasé en ese lugar, fueron miles de veces que atravesé sus puertas, y sin darme cuenta, cada vez que lo hacía estaba dando un paso más hacia mi autorrealización, cada paso que di en el piso lunar me acercó cada vez más a mi destino, las experiencias que viví ahí me definieron como individuo, las personas que conocí ahí, ahora son mis amigos, el esfuerzo que entregué al público desde ese escenario, me llevó a conocer muchos otros lugares, me enseñó que “nunca es suficiente”, me inspiró a seguir, a dar lo mejor de mí, me ayudó a mejorar cada vez, conocí grandes artistas que sigo respetando con admiración, aprendí a creer en nuestros artistas nacionales, descubrí que no tenemos que envidiarle nada a nadie, que tenemos la madera para ser un país reconocido por la calidad de sus artistas. Me enteré también de las cosas que no hay que hacer y a tomar el ejemplo de los que se esfuerzan y se comprometen con la calidad, sobre todo, a respetar los pocos espacios en los que podemos expresarnos. Ahora, a mis 23 años, mi vida se encuentra girando y girando, el tiempo ha transcurrido y con él muchas cosas han ido cambiando, se que pronto empezaré una nueva etapa de mi vida, ya a punto de graduarme de la Universidad y con miles de proyectos en mente, me encuentro en un período de planeación y constante ejecución, en el que estoy obligada a luchar más fuerte y alcanzar objetivos. A pesar de los cambios que se dieron y se avecinan en mi vida, La Luna siempre estuvo ahí, y yo estuve en ella y seguirá aquí en mi mente y en mis recuerdos como el lugar en el que mi vida se puso en escena 18

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muchas veces, el contexto donde surgieron grandes momentos, el punto de encuentro donde no solo conocí personas, si no también me encontré a mí misma, un lugar con el que siempre voy a relacionar a mis padres… en fin, La Luna cerrará sus puertas al público, después de 20 años de abrir puertas a la imaginación y al arte, se va de un espacio, pero se queda en nuestros recuerdos, cuando las luces se apaguen y quede el silencio, estaré convencida que cada final significa un nuevo comienzo. Gracias a La Luna por iluminarnos por tanto tiempo.

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El Templo de Ixchel (La Luna, Casa y Arte) Erick Eduardo Chicas Romero

La princesa Ixchel, la mas bella de todas, Unica en el cielo que ilumina sin reproches Nunca te olvides que contigo las horas Avanzan y superan lugubres noches. Recuerdo mi último concierto en La Luna, Casa y Arte, fue el 25 de febrero del 2012… Lo escribo y no me lo creo… “El Ùltimo”.   Yo siempre vi a la Luna, Casa y Arte como el escenario mas imponente de El Salvador, pero al mismo tiempo también como el hogar donde crecí, aprendí y desarrolle gran parte de mi vida como artista, adonde pase geniales noches escuchando la mejor música del mundo… Donde la realidad y el deseo de ser músico se encontraron y nunca mas volvieron a separarse…  Son ocho años de mi vida que JAMAS voy a olvidar… Recuerdo la primera vez que escuche hablar de la Luna, y por la forma en que mis mis amigos me describían este lugar era imposible el no querer estar ahí, había música, arte, rebeldía, letras, pinturas, y por sobre todas las cosas, me atrajo el deseo de encontrarme con esa parte misteriosa de El Salvador que no conocía. Y fue así, lleno de ilusiones que me aventure a entrar por primera vez a territorio selenita, estaba emocionado, sentía que era un rito especial, que entraba a un lugar que solo existía en mi 20


cabeza, mas sin embargo ahí estaba la luna casa y arte en todo su esplendor, con el escenario brillando, las paredes rebosando de color y alma. Yo podía sentir la música en el aire y escuchar los instrumentos esperando a ser tocados en el escenario, dispuestos en una tarima como obras de arte que me gritaban. Fue una noche que jamas voy a olvidar donde la música se fusiono en todos mis sentidos con este lugar que me deslumbro de forma tal que mi sueño esa noche fue el de algún día poder llegar a tocar mi música sobre ese escenario. Y eventualmente así paso, recuerdo la emoción y el peso en mis hombros por la responsabilidad que sentí al enterarme que AKUMAL iba a tocar en La Luna, fue una victoria personal tan grande el saber que por fin estaría en ese escenario que tiempo atrás anhele con todo mi ser, saber que seria parte de la historia de la música y arte de El Salvador, saber que estaría en el mismo escenario que conoció a Nativa Geranio, Ovni, Adrenalina, La Pepa, San Juan y Los Rufianes, Anastasio y Los del Monte, Las Tres Ramas Del Árbol, Adhesivo, El Ático, Bohemia, Broncco, Juan Mejía e infinidad de otros grupos que me dieron tantas alegrías. La Luna nos acogió desde entonces, nos ayudo a crecer, nos enseño a ser mejores, nos enseño a soñar y a luchar por esos sueños noche tras noche, arriba y abajo del escenario.  Ahora la Luna se convierte en algo mas, no se destruye, sino como toda la energía del mundo ahora se transforma, se vuelve eterna, etérea, se vuelve en muchas Lunas dentro de cada uno de los que tuvimos el placer de entrar ahí y ser parte de algo mas grande que todos nosotros… Mientras tenga música en mis oídos, sueños en mi cabeza y sonrisas en mi vida, La Luna, Casa y Arte estará presente ahí, dentro de mi, en ese templo que construí para Ixchel la diosa de la Luna, llena de amor, de luz, bella, fulminante y eterna. Akumal, desde México D.F.

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La Luna para las nuevas generaciones

David Córdova

¿En qué afecta a nosotros, los nacidos después de los Acuerdos de Paz, que La Luna cierre? Tengo 18 años, casi 19 y mi grupo de amigos también. Hemos ido, durante estos dos últimos años y desde que iniciamos la universidad, a las distintas actividades culturales de La Luna Casa y Arte. Desde la primera vez hasta ahora nos acogió una atmósfera de arte puro, algo así como un misterio. Uno ahí se siente capaz de entender por un rato la vida, sentirse un poquito trascendental aunque sea una noche. Una de las veces en las que más me sentí poseído por esa magia extraña de La Luna fue para el (re)encuentro de los poetas de la posguerra, los lunáticos, que le dicen. No recuerdo cuántas veces escuché un -­­­ acá pasé mi juventud- y varios -me trae tantos recuerdos-. Para aquel entonces sentí que no le pertenecía a La Luna, que ese lugar tenía demasiada historia y yo era demasiado joven para entenderla. Quise pertenecerle. De ahí que con mis amigas y amigos preferíamos pasar una noche de jazz o de rock a una discoteca, era más interesante una obra de teatro en la que después se pudiese disfrutar una cerveza que deambular por antros a los que seguramente sí pertenecíamos por categoría. Poco a poco nos volvimos luneros y gustaba el sabor de una plática en el patio mientras se compartía un cigarro, gustaba descifrar la estructura del lugar, la decoración, encontrar el secreto de ese olor a arte que cada vez se volvía más nuestro; gustaba que la gente comenzara 22


a reconocernos con una mirada o hasta una sonrisa. Después de un tiempo, nos sentimos esa nueva generación que disfrutaría de La Luna por largo rato y que le hablaría a los jóvenes de otros tiempos de lo bien que la pasamos. Entonces anunciaron que La Luna no es eterna. Al principio me molesté porque sentí que me arrebataron algo que aún no era mío del todo, que me estaban negando mi derecho generacional de deberle parte de mi juventud a un bar artístico capitalino, que no me habían dejado bailar lo suficiente para decir -lo bailado nadie me lo quita-. Pues, la última vez que fui a La Luna, en este marco de actividades de despedida, compartí una pequeña conversación con Beatriz Alcaine, cayendo la medianoche, tocado por las cervezas. Recuerdo a la perfección cada palabra que ella dijo con esa quietud propia de quien ha llegado a Ítaca. Comprendí tantas cosas que, por alguna razón, solo logro entender bajo los efectos de una noche así de hermosa. Comprendí que quizá sí le pertenezco a La Luna, quizá sí le pertenecemos de alguna manera los nacidos después de la guerra. Somos testigos de su cierre tal y como lo fueron otros de su cénit y ese es el regalo que debemos custodiar para los jóvenes de otros tiempos, que existió un maravilloso bar artístico capitalino en el que casi resolvías el trascendental misterio de la vida. Debemos decirle a quien nos precede que La Luna cerró porque lo que debía aportarle al arte y la cultura de este país ya lo había hecho hacía ratos y que su despedida no es sino una lección de la importancia del arte para comprender la existencia humana y sentir que las cosas son un poco más fáciles si existen lugares mágicos como ese, donde la luna siempre parece estar más cerca y el arte nos muestra su luminoso rostro que tanto se parece al nuestro.

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A nuestra Luna terrestre… Poesía Rebeca Dávila Dada

Me dicen que he llegado a La Luna. No creo, la trayectoria me pareció bastante corta. Entonces me pregunto: ¿Dónde estoy? Pregunto y me responden que en La Luna. No sé si es un sueño o una realidad. Pienso: La luna sería gris, volcánica, fría y desolada. Pero esta es lo opuesto. Llena de color, objetos, calor, música, arte y vida. Creo que prefiero esta. Entro y observo. ¿Serán extraterrestres o humanos? Sean lo que sean, se ven bastantes relajados y sonrientes. Yo diría, felices. No se supone que los extraterrestres sean así, pienso. Se parecen un poco a mí. ¿Seremos de la misma especie? Es allí que comprendo que no son extraterrestres…sino artistas. Bueno… unos artistas, otros aficionados, otros fans, otros simplemente son, lo que son, respondiendo a la tierra, al mundo, a la destrucción y a la construcción. Me siento, observo, quiero ver más, me siento seducida por el espacio, el ambiente, veo formas y colores en las paredes. Cierro los ojos y escucho a jóvenes músicos llenos de entusiasmo 24


debutar por primera vez sus rolas. Entre el olor a cigarrillo y el sabor del Polvo de Estrellas, veo venir a su creadora, ahora amiga, con su peculiar sonrisa y su usual pasión, decir: “Bienvenidos a La Luna, gracias por aterrizar aquí”. Más bien sería: -Bienvenidos a mi Luna”. Eso si es verdad…“su Luna”…pero ahora era…“nuestra Luna”. Mi Luna también...…mi Luna terrestre. Existo allí en ese momento, sin pensar, ni creer, que por muchos años por venir, La Luna Terrestre, nuestra Luna Terrestre, sería testigo de mis amores, mis alegrías y mis lágrimas…. Sin saber que entrarían en sus puertas filósofos, artistas, profesionales, vagos, políticos y comerciantes Salvadoreños, pero también Cerati, Sabina, la Pasquel, Bunbury y otros artistas del mundo. Ahora…muchos años después… comprendo que ese viaje, este viaje, por la Luna Terrestre, nuestra Luna Terrestre, por la Luna de la Bea, no fue un sueño sino una realidad, una dulce y divertida realidad, que es parte de mi ser hoy. ¡Gracias Luna, Gracias Bea!

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Para ti

Nanette Desroches

Para ti: 20 años de Luna... que inventada por tu fundadora de sueños renacentistas en lo contemporáneo celebras en tu apogeo,  una verdadera fiesta cultural y a tus 20 años de  energías cósmicas universales y de innovación mágica hacia el Arte y la Cultura se ha visto el renacer de una juventud y de una madurez nacional en donde el lenguaje sea este personal, familiar, popular o literario, intelectual, musical y espiritual o corporal ha dado brote a las ideas y a su intercambio, revolucionándolas en el dinamismo de su propia evolución por el renacer de un diálogo para la comprehensión de todas aquellas miradas que la vieron nacer, que la vieron cantar y bailar; que la oyeron rugir y que la vieron dormir y transformar. Luna, lunita, a tus 20 años de brillo histórico marcas con tu luz en el crepúsculo del Cielo todo ese júbilo de inventos creativos y de gozo en la marea,  albergando en tu seno ese espíritu de unión que te caracteriza tanto en la diversidad como en la similitud de las ideas juveniles y de antaño y de nuestros días para dejar plasmada en perspectiva, aquellas que todavía quedan por llegar.... Luna que hicistes brillar durante la mil y una noche el alma de tu existencia, alumbra esas miradas para que a través de sus energías 26


continúes evocando la originalidad de tu existir, de tu noche de luna llena en la que los poetas, los cantautores, no se cansen de escribir, no se cansen de cantar, de pensar; en la que los cuerpos no cesen de bailar y de expresar y en la que el diálogo no deje de revolucionar tu agenda cultural y tu historia. Luna, 20 años en la historia de una Patria que distraída por su entorno se estaba hechando a perder pero con tu brote lunar recogistes a tus crías para dejarlos pensar, para dejarlos crear y reiniciando tu ciclo lunar surgieron como estrellitas fulminantes, sus aspiraciones y deseos haciéndolos existir una vez más en la encrucijada del arte con un proyecto cultural en cuya visión comunicativa e innovadora a lo largo del espacio y del tiempo han dejado en nuestras vidas los sabores de querer ir siempre más allá, de querer ir siempre más allá.............! Suenen flautas, cornetines y chirimillas al son de la cosmovisión y de tu estela lunar...........! A los 20 años de la Luna.  Con cariño para Beatriz Alcaine, Madre y Novia de la Luna, del Sol y de su Esperanza!!!  Viva La Luna !!!! Que Viva !!!!!

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La Luna Casa y Arte y su fin de ciclo

Alfonso Fajardo

La Luna Casa y Arte nació en una época en la que los espacios artísticos y culturales eran prácticamente inexistentes. Era la época de la posguerra, época de optimismo que pronto se volvió en desencanto, en realidad gris. De aquella época, que yo recuerde, sobresalieron espacios como los de astac (Asociación Salvadoreña de de Trabajadores del Arte y la Cultura); el Teatro Nacional, con sus actividades continuas; Intercambios Culturales, con inversión de cooperación extranjera; el espacio del Patronato Pro-Patrimonio Cultural, de grata recordación. Por supuesto, los espacios anteriormente mencionados no se pueden comparar con el espacio de La Luna Casa y Arte en cuanto al giro comercial, pues mientras unos promovían determinado tipo de arte y cultura, La Luna Casa y Arte abría sus puertas a expresiones artísticoculturales que no necesariamente tenían cabida en foros tan solemnes y ceremoniosos. Ninguno de estos espacios recogía lo que La Luna Casta y Arte significaba y siempre ha significado: un espacio alternativo para la libre expresión de las artes y de la cultura, y además, un espacio de esparcimiento para la vida nocturna y bohemia. Con el tiempo, nacieron otros bares de similar enfoque, es decir, bares que mezclaban la vida nocturna, el arte, la cultura y la música. Bares como El Atrio y El Ocio se me vienen a la mente; pero estos espacios pronto cerraban 28


ante la sofocante realidad que no permitía la auto sostenibilidad que permitiese brindar una agenda artístico-cultural junto a una oferta de vida nocturna. Es aquí donde podemos asegurar que el cierre de la Luna Casa y Arte dejará un vacío tremendo dentro del arte y la cultura de El Salvador, pues actualmente existen bares que ofrecen productos similares a los de La Luna Casa y Arte, sobre todo a nivel musical, donde los conciertos de bandas nacionales ya sea tocando música original o tributos a otras bandas, constituyen un fuerte componente dentro de la oferta de éstos; pero ninguno de los que existen actualmente, brindan una oferta artístico-cultural como lo ha hecho La Luna durante veinte años. He aquí precisamente el valor agregado de La Luna frente a todos los bares que han proliferado en los últimos años en zonas como el Paseo del Carmen, la Gran Vía o la Zona Rosa. Abrir el espacio para los artistas fue una apuesta y una decisión valiente que Beatriz Alcaine supo sostener hasta estos días, hasta estas últimas consecuencias. Para un empresario, nada es más fácil que dedicarse a lo que en realidad le otorga ganancias, y ello es fácilmente verificable dentro de la oferta de vida nocturna actual de El Salvador, donde la mayoría de bares exitosos de hoy en día, se dedican casi exclusivamente a darle al consumidor productos pre-fabricados o enlatados como los siempre atractivos tributos y las bandas con repertorios repletos de “covers”. La Luna siempre fue más que eso y en su escenario desfilaron una gran cantidad de artistas de todas las ramas del arte: danza, teatro, literatura, cinematografía, fotografía, etc. Para quienes apreciamos una oferta que mezcle el arte y la vida nocturna, el cierre de La Luna representa, más que el fin de un ciclo, el triunfo de la frivolidad y el mercantilismo de nuestra sociedad actual. La proliferación de zonas como el Paseo El Carmen, atiborrado de bares donde la cultura es la gran ausente; la frivolidad del arte, que permite que cualquiera se autonombre artista; y la apertura de espacios dedicados a promover el arte, que no necesariamente ofrecen vida nocturna, han conspirado en lo que es una “tormenta perfecta” de la cual La Luna no ha podido salir. Los recuerdos de cualquier artista que haya estado en La Luna pueden describir a la perfección la diferencia cualitativa que brindó La UNA MIRADA COLECTIVA A LA LUNA CASA Y ARTE

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Luna durante su existencia. En lo personal, gran parte de mi juventud la viví disfrutando de la agenda Lunar, siempre tan atractiva. Allí me embriagué; allí escuché y leí poesía; allí escuché tributos a mis bandas favoritas como The Beatles, The Doors, Pink Floyd, Jimi Hendrix, Led Zeppelin, Deep Purple, entre otras; allí vi teatro, danza, cine. Allí nacieron, crecieron y se desarrollaron escenas alternativas dentro de la música como la escena Ska, el Reggae, el punk y, en los últimos años, la escena del Ska tradicional y el Rocksteady con bandas como Rudas Intenciones y Blue Beat Makers. Todo lo anterior, increíblemente, en un mismo espacio físico que reunía noche a noche a artistas de toda índole. Nadie puede darse el lujo de haber podido reunir en un mismo espacio físico a tanto artista, nacional e internacional, y ese ha sido el valor agregado que La Luna ha tenido durante tanto tiempo y el aporte que le ha ofrecido a la cultura de El Salvador. Mi último gran recuerdo lo constituye la presentación de la antología poética “Lunáticos”, en enero de 2012, un libro que reúne a la mayoría de jóvenes poetas de los años noventa en El Salvador, una noche que fue mágica por la solidaridad que hubo en el ambiente entre todos los que un día fueron jóvenes poetas. Una noche que se repetirá el próximo 26 de septiembre cuando se presente esa misma antología, corregida y aumentada, en lo que será la noche dedicada a la poesía dentro del mes de despedida de La Luna. La Luna Casa y Arte cierra su ciclo porque ya no existen Neil Armstrongs que vuelvan auto sostenible el camino; cierra su ciclo porque  fue luna llena que  vació su alma en El Salvador; cierra su ciclo porque este país es otro del que vio nacer, crecer y desarrollarse a esa maravillosa superficie plétora de sueños. Espero que no sea un adiós, sino un hasta pronto, Luna llena del delirio y la efervescencia.

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La Luna Casa y Arte un lugar que abrió mi mente y ayudó a cambiar mi rumbo. Ana Yancy García

Cuando en El Salvador de los 90 tenías cerca de 15-16 años las opciones para salir, divertirte, hacer cosas diferentes eran pocas, poquísimas, casi nulas, en mi historia personal tenía además el agravante de haberme movido en ambientes altamente conservadores, viviendo la en la edad en que el mundo va moldeando tu carácter, te va diciendo qué es lo que debes hacer y que no, sobre todo si sos mujer: las “señoritas” no dicen malas palabras, no se sientan con las piernas abiertas, no fuman, no se toman una cerveza, no besan, no desean, no interrumpen, no opinan, no se maquillan tanto, no desobedecen a sus padres, no se masturban, no, no, no, no, no… en esos años justo estaba haciendo mi bachillerato en un lugar donde sólo estudian mujeres, para ese entonces mis grandes fantasías de adolescente se resumían en idolatrar al artista pop del momento, ir al cine de vez en cuando, y alguna que otra fiesta de 15 años (de hecho eran mis eventos más importantes, porque allí se reunían muchos chicos y podíamos estrenar ropa y bailar) además de soñar con graduarme, estudiar, trabajar, casarme y cumplir el deseo “típico” de: la casa, el perro, el coche, los niños y la vida perfecta… pero, para mi buena fortuna, como siempre puede suceder, una luz de cambio llegó a mi vida: esa luz llegó acompañada una de mis compañeritas del cole, una chiquitina y vivaz con quien me había encariñado un montón, aunque me parecía ser muy “loca” para mi edad y las cosas a las que yo estaba 31


acostumbrada: usaba dos aritos en la oreja, había tenido más novios que yo, se ponía colores extraños en la ropa, fumaaaabaaa! (huy) etc. Pues ella, pues mi amiga Amanda, me invitó un día a escaparnos para a ir a un lugar súper chivo que contribuyó mi forma de ver las cosas, por eso esta historia también me recuerda cuanta complicidad, aprendizajes, historias, cariño y locuras llegue a compartir al lado de mi amiga y entre otros, este espectacular lugar … “Mirá, la Bea es una mujer súper guapa, y usa una ropa preciosa” me decía, “Allí llega un tipo que ya está mayor, pero que le encanta a todas, está bien loco, y es bien guapo, lee las manos, lee el tarot, pinta, hace música… se llama Pedro Portillo, tenés que conocerlo” (nunca me leyó el tarot, por cierto) - Y no hay problema con que seamos menores de edad? -“Noooo allí es bien chivo, no pasa nada, que no te de miedo”… -“A mediodía hacen una almuerzos riquísimos, también vamos a ir”… y fuimos, y sí, eran riquísimos, siempre los extrañé, porque para mi gusto esos almuerzos duraron poquísimo. Así llegamos las primeras noches, no fueron muchas tampoco (porque me tocaba inventar tareas de escuela para escaparme e ir a dormir a casa de mi amiga) pero fueron suficientes para abrir mi mente y mi horizonte, las cosas no vienen solas claro, en esos mismos tiempos la vida que me estaba poniendo frente a mí el banquete de una de mis experiencia más bonitas y significativas: también me llevo a convivir y trabajar en un lugar bello y mágico: La Radio Cabal, cuya directora era la madre de Beatriz Alcaine: Margarita Herrera…una mujer que junto con el equipo de trabajo de la radio hicieron cosas pioneras, se dijeron e hicieron cosas, programas radiales en aquella radio en los años 90´s que en 2012 hacen radios nacionales y resultan “hoy” novedosas en la radiodifusión salvadoreña, en fin, la experiencia vivida en ese inusual, visionario y genial medio de comunicación, las personas con quienes conviví unos increíbles años de mi vida, (recordar que yo no había llegado ni a los 18) junto a la vida de estudiante de bachillerato y esa complicidad que nos hacía vivir locuras e historias con mi amiguita de cole (con quien también compartimos el feminismo aun ahora en nuestra vida de “adultas”) nos llevaban a ir a La Luna, a fingirnos adultas, a conocer el mundo, a bailar algunos viernes de salsa 32

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sintiéndonos las expertas más diestras en el arte del baile… a tomarnos nuestras primeras cervezas (que no me lea la PNC, por favor!!!), me hicieron ir poco a poco dejando atrás el sueño de la vida perfecta, de los preceptos impuestos a las mujeres, supe que podía hacer más de lo que las convenciones del mundo dictaban, supe que mi condición de mujer no me impedía ser la que quisiera y no se relacionaba a ningún rol en especifico, porque había espacios donde podía ir, aun teniendo 16-1718 y no tener miedo, y no sentirme extraña y poder disfrutar de cosas mágicas y divertidas…. La Luna un lugar que abrió mi mente y ayudó a cambiar mi rumbo.

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La Luna de mis primeras veces

Lauri García Dueñas

La primera vez que me tomé una cerveza en un bar cultural fue en La Luna Casa y Arte. Me la invitó el inolvidable Mario Lungo junto con su hija Irene. Sí, La Luna es un lugar de primeras veces. Mi primer rave, también con La Colocha, viendo a la Bea bailar una música que entonces no entendía. Recuerdo que alguien vestía de amarillo fluorescente. En nuestra prehistoria, leímos por primera vez con mi hermano Edgardo nuestros poemitas adolescentes. Un martes ya lejano; a la Bea le gustó. En las vacaciones del dos mil, trabajé como mesera en La Luna. Era ideal. Una noche un señor me dio una propina de cien colones ¡un auténtico tesoro para una estudiante! ¡Y podía escuchar gratis a todos los grupos! ¡Escuché a Los Torogoces de Morazán y a Yolocambá Ita! ¡Y bien ricas las cenas que nos hacían! Con la Bea, la Tita y la Mary nos disfrazábamos de carnaval, sombrereras al estilo ‘Alicia en el País de las Maravillas’. Por mucho tiempo conservé mis guantes grises de estrellas. Eran los tiempos en que me gustaba pintarme un ojo rosa y otro azul. Quique Rusconi me daba ride a ciudad Merliot, a la casa del Sabo, donde llegaba más allá de las tres de la mañana con los pies bien chucos por andar atendiendo las mesas en chancletas. 34


Un día me vine de trompa con un azafate lleno de cervezas Pilseners vacías por estar bailando en uno de los conciertos de jazz, pero con la suerte de que no se me rompió ninguno. Entraba a las 4 p.m., me tocaba arreglar las mesas y ponerles sus florecillas. Nunca se me fue un cliente sin pagar, a unos bichos los seguí hasta casi la gasolinera del bulevar de Los Héroes. En esos tiempos andaba con Raú, baterista de los Súper Pakito Chac, tal vez alguien me recuerde como la groopie más fiel de cualquier banda que haya existido en cualquier lugar del mundo. Fueron años excesivamente felices, tanto, que si me acuerdo se me aguan los ojos. En La Luna grabamos un videoclip de Los Pakito que nunca editaron ni proyectaron, pero que si alguien lo encuentra por ahí será una joya documental. Confieso que una noche bien bolos nos metimos con el Sabo a uno de los baños y… eso. Cómo bailábamos en las fiestas del mes con la Generación Latina. Un amigo mexicano me dijo que era lo mejor que había vivido en El Salvador. De esas fiestas, la Dinora y el Roberto Góchez se llevaban las palmas. Los tengo inmortalizados en mi memoria, bailando. No me olvido tampoco de las tardeadas de rock donde los papás jóvenes podían llevar a sus bebés. Recuerdo a uno de los niños en particular, que apenas podía caminar pero ya usaba lentes oscuros bien acá. El jueves 16 de agosto de 2012 presentamos Mientras más se grita menos se mata con la compañía mexicana Mirateatro y para mis compañeros también fue La Luna uno de los sitios que más les gustó de todo nuestro paisito. Tantas cosas. Cómo han pasado los años, dice la canción. Cuando supe que iban a cerrar La Luna casi me dio el patatús. Alguien me lo comentó y lo negué, hasta que recibí un correo ‘oficial’ con la noticia. Púchica. La Luna Casa y Arte permitió que muchos de los artistas salvadoreños presentáramos nuestro trabajo. Nos hizo conocernos. Crecer. Ante la falta de instituciones estatales que nos apoyaran, La Luna se convirtió en El Lugar. En La Casa de todos nosotros. De los amigos. UNA MIRADA COLECTIVA A LA LUNA CASA Y ARTE

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Lamento no estar en la fiesta de despedida. Me gustaría llegar con sombrero de Alicia. Le daría vuelta a los cajones buscando mis guantes grises de estrella. Y con los ojos llenos de lágrimas, sólo puedo decirte: Bea, gracias. Creo fervientemente en la propiedad mutante de la vida. Sé que esto no es un fin, más bien es un cambio. La Luna nos quedó dentro. Bien hondo. La Luna somos nosotros.

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Llegar a La Luna casa y arte fue descubrir un espacio diferente Diego Gené

Llegar a La Luna casa y arte fue descubrir un espacio diferente, “mágico”. Desde mi formación como clown en el Oval House de Londres no había vuelto a sentir esa sensación....Vale aclarar que el Oval House de hoy en día ya no es el lugar mágico de entonces.. La Bea nos abrió las puertas para exhibir nuestro montaje en el marco del festival centroamericano de teatro de 1999. Las dos presentaciones estuvieron tan cargadas de energía que nos valió una crítica de página completa en La Prensa Gráfica y volvernos famosos de la noche a la mañana por el comentario de una persona del público. Pero lo mejor fue un montón de adultos riendo a carcajadas como niños...en un espectáculo para niños..”La magia de La Luna y de Beatriz”... Un espacio alternativo...abierto a todas las tendencias artísticas y sus ejecutantes que haya existido por espacio de 20 años debe ser muy bueno....debe tener alma.... Cuando llevamos a nuestras niñas, niños y jóvenes de la Escuela de la Comedia y el Mimo de Granada a El Salvador...el que actuaran en la celebración del XX Aniversario de la Luna era muy importante. Además estábamos en el proceso de abrir nuestro Mimo Comedia Café y La Luna casa y arte es la inspiración que me movió para proponerlo....Y por supuesto esa “gran mujer” a quien tanto respeto y admiro!!! 37


Así como guardo tantos gratos recuerdos en el poco tiempo que viví el espacio...muchas y muchos sentirán la nostalgia cuando se cierren sus puertas....Pero seremos todas y todos los grandes afortunados de haber conocido La Luna... Salú Bea!!!!!

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¿Qué puedo escribir sobre La Luna?

José González

¿Qué puedo escribir sobre La Luna? Yo que la conocí cuando todavía era un jovencito de trece, catorce años. Todavía recuerdo esa noche en que me habían invitado a tocar. Era la primera vez que iba a tocar música en algún lugar que no fuera el abrigado y conocido ambiente de una fila en la sección de maderas de la sinfónica juvenil. Allá todo era más fácil, la música se la dictaban a uno desde la partitura, el tempo y las dinámicas se podían leer fluyendo desde la batuta del director y al final si uno de todos modos se equivocaba, era recogido solidariamente por la hermosa red de seguridad que conformaban las otras siete flautas que tocaban la misma voz que uno tocaba.  Esa era la noche de un día difícil en la escuela. Tenía entonces una profesora de matemáticas, que curiosamente en el recuerdo se parece un poco a algunas fotos de Janis Joplin. Yo no era su mejor alumno, digamos que mi inclinación por reforzar los lazos de amistad entre compañeros charlando y urdiendo travesuras a la misma hora de la clase de mate resultaba molesta para el feliz desarrollo del evento pedagógico. A mi esa mañana mi profesora me había advertido, que de seguir yo con mi cuota de pláticas en el aula, ella iba a hablar con mis papás, para que ellos me pusieran en orden.  Mi pequeño mundo adolescente se calyó cuando vi a Janis Joplin 39


sentada casi a la entrada de La Luna. A mi me había invitado a tocar un amigo de mi papá, quien tenía la interesante doble profesión de ser ingeniero civil y cantante de salsa. Yo a penas tenía un par de años de tocar flauta. Pero eso no fue impedimento para que el ingeniero de los pregones soneros me animará y me asegurara que no hacía falta tener miedo del escenario, que ya una vez subido ahí tocara las notas que iban con la escala, y que dentro de esos tonos me iba a encontrar seguro.  Recuerdo una tensión, un nerviosismo especial antes de que me tocara subir al escenario, un pequeño y falso deseo de que se olvidaran de llamarme. Luego la altura del escenario, ver hacia abajo, a la pista de baile y abrazar con los ojos la penumbra en la que se movían los adultos, los grandes, bailando al pulso de la conga y el timbal. Cuando me paré frente al micrófono las miradas me alcanzaron, y entre la oscuridad, la luz de color, el humo de cigarro y el polvo de estrellas, yo vi de regreso, devolví la mirada.  La improvisación fue bastante bien. Restaba aún salir sin que mi profesora me viera.  Eso no fue tan bien. De hecho fue un total fracaso. Cuando la puerta de salida se acercaba providencialmente, de un grupo que estaba parado a mi izquierda salió mi mentora. Yo, flanqueado por mis padres ya no me pude esconder. Tampoco fue necesario, porque luego de salir del aturdimiento pude darme cuenta de que en vez de regañarme o contarles a mis padres lo mal que me portaba en clase, la versión aritmética de Joplin me estaba abrazando sonriente y más amable que nunca. Felicitó a mis papás por tener un hijo flautista, a mi por tocar bien (a su criterio), dijo otras cosas lindas que ya no puedo recordar. En la próxima clase de matemáticas yo me contuve un tanto con mis pláticas e inventos y nunca más tuvimos un problema. Tampoco fue la última vez que toque en La Luna. A esa noche le siguieron muchas más, llenas de recuerdos hermosos y mágicos. Gracias Luna, gracias Bea, Quique y a cada miembro del equipo que hizo que todos pudiéramos conocer ese maravilloso espacio.  

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Es un relato de amor

Julia González

Es un relato de amor. Lo que viví, lo que añoraba…simplemente que alguien entendiera lo que soy y lo que fui y lo que quisiera ser…no soy artista, no soy conocida… simplemente La Luna me quiso conocer, aunque no lo crean (digo, La Luna), ella me entendió, paso a paso. Primero por lo superficial, cual es el “vestuario” que quisiera ponerme ése día, sin ser teatrera… y en dónde encajaría para tal…la respuesta: La Luna, y dije superficial, y aunque no le crean, porque sé que para algunos o la mayoría con “eso” se visten todos, todos los días, pero no yo. Por qué? Quien responde?… yo! Pero quien me conoce sabe que La Luna sabe…y me entiende… es ese momento estrafalario en tu vida que queras conocer….es ése momento…. no importa para los demás, sólo para ti, es expresión, sí, eso es La Luna, un momento de tu vida que probablemente no sea el mejor de tus momentos, ó mejor aún, sea el mejor de tus momentos… No, no soy artista pero viví lo mejor de mi creatividad en ella… Por amor, por trabajo, por deseo o por instinto… Y me fotografiaron, y estuve allí, y vivo allí….cada fin de semana sudaba su camiseta sin ser catalogada, solo sudor, por el baile, por su concepto, por lo que fuera…y muchas veces con personas extranjeras, quería que dijeran: sí, eso es El Salvador, sí todo lo demás, y esto!…. 41


Con artistas furtivos, con colores extraños, con vicios en el baño… Y sí sude, cada viernes de salsa, bailando sin parar y desechando problemas o consumiéndolos, o encubriéndolos… no sé, pero quedó en mí y en La Luna…y bailé, sí baile con desconocidos, lo admito, pero quién no? Y viví extrañezas y viví trabajo y soñé….y sigo viviendo y pensando desde lejos, hoy voy a ir a La Luna….sin la gente, sin la música…sin… sólo conmigo, lo demás, es lo demás…. Es un momento placentero, es un aquí, estoy y éste es mi lugar! Y conocí victorias, soledades, descubrimientos, escándalos, y dichas…todo eso no pasó así nomás…sin un ente dirigiéndolo… la Bea…y siempre involucrada y siempre preguntando y siempre en ti, lleno de colores, sabores y gente conocida y desconocida…. Es un espacio, que para muchos nos llenaba un vacio… Pero como es un relato de amor, debo confesar que allí se escribió mi fin, el proceso y el acto seguido… y hoy estoy bien. Y hay recuerdos que me hacen sentir apegada a La luna, y gente que me relaciona a La Luna, sin fotos ni reservaciones, sólo el momento… Hoy estoy lejos y vivo un relato de amor y descubro lugares parecidos y me alegro de sentir sólo por un momento como si estuviéramos allí…y no puedo pensar ningún momento en mi país sin La Luna… Son sólo menos palabras de las ochocientas que pedías, pero es más…lo que recuerdo, lo que viví y lo que sentí se vuelve a quedar en éste relato de amor…

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Generación Latina

Fernando Granados

Trabajamos casi 20 años en La Luna, fue súper el esfuerzo para tener esta permanencia, decenas de músicos compartiendo con nosotros, muchos que se fueron del país y algunos que ya no están con nosotros, todos contribuyendo para lograr la sonoridad peculiar de Generación Latina, cientos de horas de ensayos personales y en grupo, gestiones, grabaciones, reuniones para soñar y hacer sonar una Banda de 12 músicos cuyo objetivo principal era llenar de alegría La luna, a nuestros amigos a nuestro publico, en 20 años siempre llenamos de alegría y de buena vibra la luna…y así termino la historia…llegaron los tiempos de la crisis economía y siempre la gente llegaba a bailar con G.L …pero no consumían mucho!!?… la gente nunca nos abandono hasta bajo la lluvia, apagones y después de los terremotos llegaban a bailar, en dos décadas muchas generaciones de jóvenes y no tan jóvenes aprendieron a bailar salsa con nosotros, disfrutaron y se enamoraron de la salsa y del son…increíble mil gracias salser@s, amigos y amigas, Bailadores… nosotros estuvimos presentes en la Historia de la música de San Salvador en la luna, en los mejores tiempos… nos retiraron 3 meses antes de este cierre, como un presagio , sin ningún razonamiento, más que bajaron las ventas!!..., hay que hacer una evaluación de la historia y del final feliz, de las gestiones que se hicieron y de las que se dejaron de hacer tales como; tratar con mas sensatez y respeto a los artistas 43


entre muchas mas… para que esto sucediera, la historia no puede ser un cuento, hay que analizar la historia con fidelidad y razón… ahora como siempre nosotros seguiremos produciendo y contando trozos de emoción, de imaginación, de historia, en los escenarios, en las calles, en los bares ..Porque el arte es la extensión del hombre en la naturaleza y este se procura en la soledad de la incomprensión en muchos casos (Van Gogh), y San Salvador no es la excepción…. ahora les deseamos lo mejor y éxito en sus proyectos futuros, sabemos del potencial que se tiene, hay que mejorar algunos aspectos, pequeños detalles que al final determinan, nosotros al igual que todos los artistas con los que compartimos el escenario continuaremos con el mandato que la naturaleza y la vida nos ha dado, seguir haciendo lo nuestro escribiendo poesía, música, bailando, actuando y cantando en esta expedición… en nuestro propio barco el cual ya ha zarpado desde hace muchos años y navega con éxito gracias al puerto que nos dio espacio en nuestros inicios, un abrazo a todos los Lunáticos de ayer y de siempre… Lo que brilla con luz propia nadie lo puede apagar…

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Anécdotas de un par de lunáticas

Ana Virginia Guardado Peña

La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Es buena como hipnótico y sedante y también alivia a los que se han intoxicado de filosofía. Un pedazo de luna en el bolsillo es mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama, para ser rico sin que lo sepa nadie y para alejar a los médicos y las clínicas. Se puede dar de postre a los niños cuando no se han dormido, y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos ayudan a bien morir. Pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohada y mirarás lo que quieras ver. Lleva siempre un frasquito del aire de la luna para cuando te ahogues, y dale la llave de la luna a los presos y a los desencantados. Para los condenados a muerte y para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas. Jaime Sabines. Desde hace unos 18 años, acudo a La Luna con alguien que tiene prohibida la entrada a las salas de reuniones. Una amiga especial que aprecio y conservo hasta hoy en día: la Imaginación. Cada visita a La Luna ha sido una experiencia maravillosa. En 45


este lugar, la Imaginación y yo construimos edificios con ladrillos de chocolate, en ellos habitan músicos y mimos que, durante sus paseos por la vía láctea, llenan recipientes con polvo de estrellas para decorar sus trajes. En los talleres sabatinos para niños, descubrimos que un monotipo no era un mono estampado en una camisa; pero que si queremos, puede llegar a serlo. Nueve o diez años después, disfrutamos juntas del lado oscuro de la luna, durante los tributos a Pink Floyd, claro. Y al ritmo de Any colour you like, coloreamos mi primera historia de amor. Después de incontables performance sobre los escenarios de La Luna, nos dimos cuenta que nos gusta más estar detrás o frente a ellos. Pero en ese proceso fuimos malabaristas, duendes, estrellas y otros personajes que dejaré a su imaginación (hay que sacarle el jugo a esa amistad). En los cráteres de La Luna nos refugiamos de la música de las discotecas y de los terrícolas que querían bajarnos la Adrenalina y desprendernos el Adhesivo que nos permitía recorrer, junto a ella, la órbita lunar. Nos gustaba dedicarnos a ver cómo una Araña salía de El Ático para subirse en Las Tres Ramas de Árbol que daba sombra a los teatreros, mientras ensayaban para su Match nocturno. La hemos pasado tan bien en La Luna que no sabía cómo darle a la Imaginación la noticia que recibí hace unos meses. Me dijeron que ya no podremos ir a La Luna, que pronto se oscurecerá porque el astro que la iluminaba ha dejado de brillar. Con mucha tristeza, le conté a la Imaginación lo que pasaba y me confió un secreto que les compartiré: ni La Luna ha sido eclipsada, ni su astro mayor ha dejado de brillar. La Luna está llena y debe continuar con sus fases; pero seguirá siendo satélite, iluminando el camino de las lunáticas, como mi imaginación y yo, y de todas las selenitas comprometidas con un proyecto liberador que parta de la transformación cultural. Y estoy segura que quienes anhelamos eso, llevaremos toda nuestra vida un frasquito con aire de La Luna en nuestros bolsillos.

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Ser la madre de Beatriz Alcaine

Margarita Herrera

Ser la madre de Beatriz Alcaine es el regalo más grande que me ha dado la vida. Su honestidad, creatividad, valentía, respeto y amor por los demás, no tienen límites. Esa especial manera de ser siempre ella misma se palpa en el proyecto de la Luna Casa y Arte donde, a lo largo de veinte años ha dado lo mejor de si. Abrir espacios  para fomentar la  creatividad de músicos,  cantautores, pintores, fotógrafos, poetas, escritores, actores, cantantes, bailarines o representantes de cualquier otra expresión del arte y de la cultura, incluyendo la callejera, es uno de los sueños que ha hecho realidad. Un sin fin de veces me ha embargado la emoción al escuchar el significado que ha tenido en sus vidas ya de adultos, su presencia en los talleres creativos de la Luna para niños y niñas  de toda condición social.  El éxito de  Beatriz no es tangible,  ni económico, va muchísimo más allá. Se traduce en la  autoestima, en la confianza en si mismos, en el desarrollo artístico  que  ha llevado o no, a la fama a muchos hombres y mujeres que encontraron en La Luna Casa y Arte un lugar para crecer.  Sin duda alguna, elevar de esta manera  la calidad humana y artística de tantas y tantas personas de todas la edades, de todos los barrios, de muchos rincones del interior del país, es el gran aporte de mi hija Beatriz para esta nación que es la dueña de su amor.  

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Últimos días en la Luna

Miguel Huezo Mixco

El país se queda sin su Luna. Beatriz Alcaine ha anunciado que se acerca el fin del ciclo de uno de los proyectos culturales y empresariales más emblemáticos de la posguerra. La Luna Casa y Arte, fundada por un grupo de visionarios artistas y gestores culturales, llega a su fin este mes. La mayoría de ellos provenían del exilio. Su apuesta era reanimar el ambiente cultural de la capital salvadoreña. Echar luz sobre las tinieblas que la guerra había arrojado sobre la ciudad y sobre los ánimos de muchos artistas y creadores. Ellos sabían bien que en medio de la oscurana vivían seres de luz: músicos, poetas, artistas, actores y actrices, bailarines, mimos y comediantes dispuestos a dar lo mejor de sí para ayudar a crear un espacio innovador, atrevido, donde la cultura de la posguerra pudiera germinar. El proyecto se hizo realidad en 1991. Las notas de Beatriz Alcaine recogen un dato revelador: más de 600 artistas y creadores pasaron por ese lugar brindándole al público lo mejor de sí. Pero eso no fue todo. En La Luna, la firma de la paz, en 1992, se hizo convivencia. Allí se produjeron algunos de los primeros encuentros no formales entre los antiguos enemigos enfrentados a balazos. Las paredes de La Luna fueron testigos de insólitas conversaciones que ayudaron, en medio de la música y los tragos, a crearle una temperatura amigable a la transición 48


que vivía el país. Por sobre todo, La Luna fue un lugar divertido. Un espacio de encuentros y reencuentros. Fue una prueba, también, de la vitalidad artística que permanecía oculta debajo de la gran roca del conflicto armado. Fue un lugar desde donde se podía mirar hacia adelante con esperanza. No es casualidad que La Luna cierre sus puertas en este ciclo. Los ánimos y condiciones que la hicieron posible dejaron de existir. Ahora hay más desánimo que ilusión. El desencanto no es reciente. La crisis no es nueva. Sin embargo, Beatriz Alcaine y sus colaboradores supieron resistir. Nunca se cruzaron de brazos. La Luna supo reinventarse en los últimos años. Beatriz misma, que trasladó sus cuarteles hasta Barcelona, vivió estos últimos años una existencia anfibia entre Europa y Centroamérica.  Pero todo lo que comienza termina, y Beatriz, buena bruja, sabe que no hay nada peor que los apegos, y estoy seguro de que el fin de este ciclo se convertirá para ella en una enriquecedora escuela. En una histórica carta, girada por los cuatro puntos cardinales se nos hace saber que septiembre del 2012 será el último mes de La Luna, completando un “ciclo de dos décadas con alegría, celebrando la magia que ha producido”, dice. Beatriz no es de las personas que se cruzan de brazos. Podemos estar seguros de que pronto tendremos noticias de sus nuevos emprendimientos. Como muchos otros, yo también conseguí establecer una peculiar relación con La Luna. Fue un espacio cómplice y una entrada a una dimensión desconocida. Mi espacio se hizo más ancho y denso gracias a La Luna. He vuelto, hace algunos meses, después de mucho tiempo. Descubro con satisfacción que allí siguen pululando seres extraordinarios provenientes de otros mundos. Ellos --artesanos, metaleros, punkis y poetas recién nacidos-- extrañarán la luz del satélite natural más grande de nuestro el Sistema Cultural. Ayer miércoles, tocó a los poetas lanzar su último y emotivo aullido. El sábado 29 será la Gran Fiesta de Adiós. La del hasta siempre. “La vida no es esperar a que pase la tormenta, es aprender a bailar bajo la lluvia”.

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La Luna de mis pretextos

Paola Lorenzana

La Luna ha sido un pretexto para sobrevivir en medio de la decepción frente a la pérdida de esperanza es tan especial para mí, como para la gente a mi alrededor. Es importante por lo que he hecho y descubierto allí pero también es importante como un llamado a los sueños y a la convivencia con el arte en este país. Pero parece que en este período donde la esperanza era mayor, es cuando debe cerrar su ciclo y con ese ciclo quedan escritos los momentos: Mi primera noche de danza, primer escenario extraño a los de confianza y que se convirtió en mi casa. El primer matrimonio de una de mis mejores amigas. A mis hermanas las acompañó a través de mi pasión y la de mi madre por la Luna.…Los 15 años de mi hermana Nathalie, sus colochos al aire y sus amigos con Adrenalina, el babyshower que le organicé a mi hermana Geaninna cuando esperaba a Javier, mi sobrino. Mis noches de encuentros y desencuentros con el amor, la música y el arte. La luna será el tiempo y será recuerdos… Noches de disco en mano Baile sonoro Estrellas de una noche 50


Poemas de media tarde Mujeres intervenidas contra el silencio Luna será nostalgia, será costumbre olvidada piel sudorosa y asientos llenos de codorniz, vino y ladrillos Luna serás pretexto Serás un cuento Serás mi cuento… Cuento de preadolescencias consentidas De danza que camina De amores compartidos De mi historia de amor y serás tiempo. Luna sos piel y serás recuerdo.

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Pedacitos de La Luna

Gabriel Otero

1991 Vestían de hadas, mariposas o luciérnagas: leotardo, mallas, falda de crinolina blanca y zapatillas de ballet, se veían divinas, cualquiera alunizaría de inmediato en el lado oscuro del Pabellón de las Artes solo para fisgonearlas a placer. Ellas eran las selenitas del Bar Café La Luna: Verónica Vides, Camila Sol y Beatriz Alcaine, quienes además de atractivas eran artistas, en toda la extensión de la palabra, porque el adjetivo ha sido secuestrado, desde hace tiempo, por actricitas y actorcitos con el ego televisivo exacerbado, como si cualquier actuación por su sólo hecho de existir debiese ser considerado arte. Algunas de las hadas con alas de mariposa o luciérnagas con varitas mágicas de hada regresaban del exilio, me las presentó Horacio Castellanos Moya, el entrañable y polémico encantador de palabras y serpientes, quien por esos días tendría un par de años de haber publicado su novela La diáspora, ficción interpretada como verdadera por algunas cofradías de izquierda y cuya lectura significaba una bomba de proporciones épicas que estallaría sobre la pregonada e intachable moral revolucionaria. Ahí estábamos en un salón en forma de L en el que no cabían más de diez mesas, sin saber, habíamos asistido al nacimiento de un suceso: La 52


Luna iría navegando los nueve cielos. El del Pabellón de las Artes fue el primer local de La Luna, aunque su esplendor se gozó en el de la colonia Buenos Aires, el Bar Café un concepto novedoso de palabras y de imágenes en San Salvador, era algo así como un manicomio dirigido por los locos donde eran posibles cualesquiera de las sinestesias. Ese ánimo burlón que permeaba La Luna era algo que compartíamos en otras iniciativas jamás vistas, eran los meses finales de 1991 y en el suplemento cultural Tres Mil recién publicábamos un número de caricatura política: El Pravda-Times, reproducido de La Jornada de México, que era una carcajada a la solemnidad del comunismo y al fallido golpe de Estado contra Mikhail Gorbachev en la Unión Soviética pero que en El Salvador representaba algo más que mentarle la madre a los sectores recalcitrantes. Se avecinaba el fin de la guerra y La Luna instalada en su sitio definitivo se convertiría en erial de la creatividad, el ligue y la imaginación. Del whisky en los crepúsculos La casa era amplia como las que se construían antes, Óscar Soles jugaba en sus paredes a ser el dios de los colores, los otros socios y adeptos de La Luna explotaban sus talentos: recuerdo a Álvar Castillo detrás de su teclado eléctrico, a Julito en la barra en el rol de confidente de borrachos solitarios, a Gracia Rusconi y Carmen Elena Trigueros colmando de bebidas a los anhelantes, a Quique Rusconi y Jaimito Aquino riéndose porque volaban las moscas, a Pedro Portillo de exótico curandero de almas y a la siempre omnisciente Beatriz Alcaine pendiente de todo lo que pasaba. Me convertí en asiduo de La Luna, a cada cliente le hacían sentir la calidez de ser el único porque al entrar y sentarse ahí se corría el riesgo de descubrirse a si mismo. A principios de 1992 nos reunimos Beatriz Alcaine, Ricardo Lindo, Horacio Castellanos Moya y yo para discutir lo que nos dio por llamar los Crepúsculos Literarios, pretendíamos crear un espacio para la expresión y discusión de la literatura y presentar libros. Estos eventos estarían programados los jueves a las cinco de la tarde, la hora adecuada para beber la malta milagrosa y hablar para lo que nacimos. UNA MIRADA COLECTIVA A LA LUNA CASA Y ARTE

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Nos fuimos turnando como moderadores y el experimento trascendió lo que nos habíamos reinventado, tanto que nos dio por escribir editoriales en el Tres Mil algunos sábados, de modo que hay textos de Horacio, Ricardo y míos cobijados en la nube institucional del anonimato. De los Crepúsculos Literarios evoco exactos: la aparición pública del libro Contracorriente de Jacinta Escudos con el vozarrón de Leonardo Heredia como comentarista y ella leyendo absorta “Hiroito mi amor” y el agarrón de antología que tuvimos Otoniel Guevara y yo cuando debatimos sobre la llamada Generación de la Guerra, cuestión irrelevante de por si, lo valioso vino minutos después cuando una desconocida me plantó un beso dulce con la que amanecí celebrando la luz del sol en su cama. Y los caballeros, por supuesto, para nombres y otros temas nunca hemos tenido memoria. Poli poli policía Todo hombre es culpable hasta probar su inocencia, así funciona en el Tercer Mundo aunque sea lo contrario, nos apañaron con la vileza de la represión en el coche, nos revisaron los bolsillos buscando sustancias prohibidas y otras yerbas, nos dijeron que les valía un carajo que fuéramos sutanito y perencejo, nos deslumbraron con sendas lámparas las retinas. Nos bajaron a empujones para celebrar la paz en el país, por suerte sin culatazos, “los vecinos se han quejado de los bolos escandalosos” nos dijeron y casi casi nos subieron a la patrulla de no ser porque salieron todos los que estaban en La Luna. Nunca he pisado la cárcel.

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Gracias a La Luna, que me ha dado tanto

Carlos Federico Paredes Castillo.

A donde iremos los lunáticos sin una Luna q nos arrulle..! Para mí, una niña de aproximadamente 8 años en aquella época, fue una experiencia muy bella el poder participar en un curso de verano en la Luna, Casa y Arte en la cual recibí junto con mis compañeros, clases de teatro, música , y pintura y ayudamos a decorar las sillas y mesas con las que la luna abrió sus puertas a sus primeros clientes.. Fue una experiencia que nunca olvidaré, un intercambio cultural y artístico muy bello. Nunca pensé que la Luna llegaría a ver sus 20 años cuando desde el primer momento estuvo en peligro de cerrar sus puertas, pero me alegra el hecho de poder decir que crecí con la luna y ahora a mis 28 años, me da tristeza pensar que ese lugarcito, que le abrió las puertas a una diversidad de artistas, ahora las cerrará y que en El Salvador no hay otro sitio que se le compare.. Carmen María Paredes Umaña Para mí la Luna fue un lugar de encuentro con generaciones diferentes de la mía. No solo hablo de gente mayor, la cual acudía por las noches a la bohemia, al cigarro y a la cerveza, departía con historias de las cuales aprendí una visión de mundo, de lucha, de tiempos recién terminados 55


y otros por comenzar. La Luna también me dio un verano alegre con niños y niñas, a pesar que yo ya era mayorcito!!!, pero me integré a aquella Luna de Verano y le metimos a cursos de expresión corporal, teatro y música en compañía de mis hermanos, la hija de Gracia Rusconi, Andrés Hasbún, Alejo Lungo... y otros que ahora se me escapan. Fue una experiencia inolvidable. Saludos a la Luna!!!! Federico Alejandro Paredes Umaña Para mí la experiencia en la Luna fue una manera de conocer gente nueva y hacer nuevos amigos, aprendí de la organización teatral y exploré mi creatividad mediante la pintura en sillas. El ambiente bohemio y la música eran gran parte del proyecto de la luna. Muy buenas memorias que son parte de mi niñez. José Manuel Paredes Umaña A mis cuarenta años de edad, se firman los acuerdos de paz, la convivencia con la madre de mis hijos llega a su fin, y, en ese marco de eventos, traumáticos los dos, se abre La Luna, Casa y Arte. En la vida de la pareja , nos debatíamos por intentar evitar que los efectos de la separación impactara la seguridad en sí mismo de los niños, asi mismo evitar que su autoestima se viera dañada. Tanto año de guerra, con zozobra, inestabilidad económica, separaciones físicas, cambios de país, cambios de vivienda, cambios de escuela para el hijo mayor, eran parte de la historia que en ese momento dejaba caer con todo su peso pasando la factura a la relación humana de los padres. Muchas fueron las situaciones enfrentadas, de tipo cultural, de maneras de ver la vida, de influencias de la postguerra que dañaron la base en la que se había construido la pareja. Mis noches luego de la separación, añoraban el retozo previo al sueño con los hijos, en un ambiente de unidad familiar. Otro efecto muy grande en una separación familiar es y era en mi caso la pérdida de los detalles del crecimiento de los hijos en una base diaria de relación. Las noches vacías, en soledad, eran suplidas por mí acudiendo casi 56

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sin falta a La Luna, Casa y Arte donde encontraba siempre personas que podían contarme de mis hijos, que además teníamos en común una parte importante de la vida personal y política de los últimos doce años. También La Luna permitía que mi espíritu se viera regocijado con las expresiones culturales de teatro, música, conferencias, películas que eran parte del menú. El sueño era más fácil de conciliar. Por otro lado debe destacarse que el servicio en La Luna era cálido, siempre con una luz encendida en las mesas con una candela que simbolizaba solidaridad, cariño, atención, compañía. Adicionalmente La Luna, Casa y Arte era un colectivo muy atractivo, Beatriz, Camenche, Gracia María, Oscar, Tito, Julio y en cada etapa, incorporaciones de nuevos socios al equipo de dirección del proyecto. Todos ellos dando de sí para que los comensales sintiéramos el ambiente muy parte de cada uno de nosotros. También con ellos las personas que atendían las mesas que poco a poco fueron variando pero que siempre los nuevos o nuevas mantenían el mismo perfil, la misma filosofía, la excelencia en el servicio. Por cierto destacaba la belleza del personal femenino en cada etapa. En La Luna compartí con personas muy queridas entre ellas Maria Elena y Rebeca. Finalmente, visitaba la Luna, Casa y Arte para ver a Beatriz, a José Manuel y a Margarita, sus padres, personas todas muy queridas para mí. Un agradecimiento por todo lo que significó para nosotros. Carlos Federico Paredes Castillo

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La Luna

Michel Peraza

Fui mojado. Sabía de un sitio en El Salvador porque mi amigo Gerardo Sibrián, con quien en ese entonces (1998) alternábamos en los estudios de dideca, él grabando Manyula con Extinción y yo en mi primer intento de hacer algo en un estudio; me contó de lo mágico del lugar, de Bea, de lo bien que me sentiría en su tierra… me habló de La Luna. Pasaron algunos años y con Casa Comal ya activa, se le ocurrió a Elías, Rafa y Bea, hacer un “Puente Cultural”, hicimos las mochilas, escondimos los estupefacientes, se hicieron las llamadas, y los cheros nos esperaron con un San Salvador maravilloso del que no me olvidaré jamás. Hugo Fajardo y los chicos de Adrenalina, los Octavios, los El Tracher (según yo, el mejor intérprete de Hendrix de por vida), Beatriz misma con Abril a cuestas, todos. Fue impactante el parecido con mi tierra, me devolvió recuerdos de cuando era un niño precoz por los años 80 y junto a la primera banda de covers con quien toqué, solíamos ser invitados por las autoridades locales a los campamentos de salvadoreños mutilados y exiliados que había en el Cacahual. Me hice amigo de los compitas ahí, claro. Aunque la gente que conocí en este viaje era muy diferente a los del campamento. Desde pasar la frontera sobornando a una oficial de aduanas ya me sentía como en casa, el calorón, el tumbao del chero cuando platica, el desenfado, el chancleteo constante; era como estar en la Habana de 58


repente, después de varios años añorándola. Invadimos el sitio desde un jueves todo el fin de semana con un movimiento artístico envidiable: nuestro concierto, lindo, Byron Campos en el drums y Mario Flores con su bajo, respaldado además por todos esos músicos locales allí, tan geniales y tan hermanos, Carlos Balter me prestó su Telecaster para el show y en el aire se podía tocar la vibra. Un día después con Viernes sonando, entre el público conocí a Paola y me cambio la vida ahí mismo. Me enamoré perdidamente de ella primero, después de su familia toda, y por esto mi relación se afino estrecho con El Salvador. La Luna fue una suerte de embajada, una puerta muy muy ancha. La Luna fue el abrevadero de un portal generacional centroamericano. La Luna siempre va a estar llena para quienes vivimos sus tiempos. Con todo el cariño.

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La Luna

Tania Pleitez

La primera vez que fui a La Luna, le llevé un regalito a Beatriz Alcaine. No sé si ella se acuerda o si aún lo conserva. Era un dibujo de la Siguanaba que yo había hecho junto a un poema. Le llevé el regalo porque me habían dicho que ella era alguien especial y que su lugar era el único en San Salvador donde de verdad se sentía el arte vibrar. ¿Cómo no llevarle un regalo a alguien que había logrado eso en esos primeros tiempos de la posguerra? A partir de entonces, empecé a ir cada lunes, a la proyección de películas. Así, pude ver El acorazado Potemkim, de Serguéi Eisenstein, La insoportable levedad del ser (en esos años leía mucho a Kundera), Ese oscuro objeto del deseo de Buñuel, y otras más. Ese fue mi espacio, a veces compartido, a veces no, pero nunca falló en darme las energías y la materia que necesitaba para hacerle frente a la semana laboral, pero sobre todo a un entorno que me veía como bicha rara porque quería dedicarme a escribir. Esos fueron momentos inolvidables, porque me animaron poco después a salir de ese medio, de mi concha, para encontrar mi vocación. Gracias Luna Casa y Arte.

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A mí que me entierren con La Luna

Mario Noel Rodríguez

A la Bea I Hay un barcito en Xela en el que lloré, no por el humo del cigarrillo, sino por algo que hoy contaré. Era 1997, por las calles de Xela no solo el delicioso frío, sino la eterna paranoia que nos había dejado la recién finalizada guerra. Yo sentía que en la mesa de al lado detectives grababan lo que el poeta borracho decía. El propietario era un chelón colorado y sonriente, suizo por donde se mirara. Yo hablaba en la mesa de la poesía escrita por los poetas que regaron con su sangre la tierra temblorosa. En la mesa estaba Mario Monteforte Toledo con quien nos tuteábamos como dos viejos amigos. De la mesa contigua se levantó una chelita a cantar “Hojas muertas” en francés, misma que cantaba en español Quique Guzmán. El propietario se acercó a ofrecernos otra botella de vino, momento que aproveché para decirle que en San Salvador había un lugar tan acogedor como el de él. Se llama “La Luna, le dije. El suizo jaló una silla, se acomodó entre un poeta chapín y una periodista, y me dijo que ya había escuchado hablar muy bien de ese lugar y sabía que su propietaria le había dado un toque muy vanguardista, muy de los tiempos que los salvadoreños estábamos viviendo. En ese momento me sentí orgulloso de la Bea Alcaine, de su sueño loco, de su lunita lunera 61


cascabelera, y algo patriótico, que a la fecha no logro definir, se me subió a la cabeza y dije a lloriquear. Mario Monteforte Toledo, dio un bostezo que casi nos traga a todos. Ese año Mario cumpliría 90 abriles. II Desde pequeño me dijeron que mi astro era la luna y que cualquier cosa extraordinaria que me sucediera, algo tendría que ver la manzana pedorra en su nocturnal reino. Nací un 18 de julio, que según el santoral tuve que haberme llamado Camilo, claro, como Camilo Minero, mi amigo. Voy a enumerar algunas cosas que me pasaron y tengo la fuerte sospecha que algo tuvo que ver la señorona de queso. 1. Jugando futbol me quebré un pie ocho días antes de casarme. Incómoda luna de yeso, no de miel. 2. Gané en dos ocasiones el codiciado Premio Hispanoamericano en Xela, Guatemala, con los libros: “Estado Vallejo” e “Irakundia”. 3. La noche en que contaba a mis hermanos chistes de Cristo, se desprendió de la pared el cuadro del Corazón de Jesús y me cayó en el pecho. Mis hermanos son testigos. Sicomagia, diría Alejandro Jodorovski. 4. En un paro del transporte decretado por la guerrilla en 1983, me salvé de ser asesinado por la Policía Nacional. Esa historia la conté en un artículo periodístico. 5. Estuve muerto durante dos horas en mayo de 1992. Hecho que cambió radicalmente mi vida. El neurólogo mencionó algunas posibles causas. A una amiga colombiana, poeta y medio gitana, le relaté estos hechos y qué pensaba de la presencia de la luna en mi vida. Me dijo que debía sentirme privilegiado de tener a la luna en el centro de mi existencia; que a la luna había que respetarla, como debe hacerse con una diosa hechicera de mucho poder. 62

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III Si Federico García Lorca pidió que cuando muriera lo enterraran con su guitarra, yo quiero que cuando yo muera… que me entierren con la luna.

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Gritarle al viento

Luis M. Salazar

Recibí la noticia de su cierre el 3 del presente mes. Sentí un apretón en la boca del estómago y un arrebato en el corazón. Era como si alguien abría el libro de mi vida y me anunciaba que pronto arrancaría una buena centena de páginas de mi pasado. Y hoy, desde el otro lado del Atlántico, no hay nada que yo pueda hacer para impedirlo. Nada – salvo recordar aquellos años lunáticos y recapitular, negro sobre blanco, lo que para mí significó, fue y siempre será La Luna Casa y Arte. ¿Por dónde comenzar? Tal vez con las palabras irrefutables de Heráclito: “Nada es permanente a excepción del cambio”. La Luna, a lo largo de su existencia, fue regida bajo ese antiguo aforismo griego. De un día a otro, el escenario, la barra, los cuadros, las mesas y lámparas – todo cambiaba de ubicación. Incluso el siempre presente y sereno San Simón. Lo mismo ocurría con las propuesta artísticas. Música. Teatro. Danza. Poesía. Pintura. Y otros tantos espectáculos y eventos difíciles de clasificar. Asimismo, el espacio se adaptaba a las nuevas demandas que músicos, artistas y clientes hacíamos, y respondía – o trataba de responder – a las quejas de los vecinos y a las amenazas de las autoridades locales. O sencillamente, y lo más probable era que, a la Bea se le antojaba cambiar la geografía de La Luna y – ¡bum! – esa noche uno entraba a una Luna nueva. En fin, aquel pequeño satélite estuvo siempre a merced del cambio. Y pienso que aquella soltura y naturalidad con 64


que Beatriz acogía e impulsaba el cambio, a brazos abiertos, mantenía, protegía y vigorizaba lo más importante en aquel lugar – ese je ne sais quoi que hizo de aquella casa convertida en café/bar el epicentro del arte alternativo en El Salvador. La Luna abrió sus puertas al público en 1992. Poco después posé pie en ella por primera vez. Y durante los próximos siete años, fue un segundo hogar para mí. Allí llegué a formar parte de una comunidad de músicos y artistas que buscábamos dejar nuestra huella en la escena local. La competencia era dura, pero fraternal. Compartíamos escenario. Nos prestábamos instrumentos. Celebrábamos los triunfos de unos como de otros. Cuando a Jardín de Huesos nos robaron amplificadores e instrumentos del cuarto de ensayo, bandas amigas tocaron con nosotros en La Luna; el “cover” en su totalidad ayudó a reponer el equipo. Fue una muestra de solidaridad y de generosidad que no olvido. Juntos cambiamos las reglas del juego musical al que habíamos ingresado – cada uno por nuestro lado y por nuestras propias razones – . Y en el camino hice amistades que marcaron mi juventud, amigos y amigas a quienes recuerdo con aprecio. En 1999 salí de la órbita de La Luna y de El Salvador. Por lo cual, mi Luna es La Luna de los años ‘90. Y no creo equivocarme al decir que la Luna de mis recuerdos es la misma – o se parece mucho a la – de aquellos de mi generación que crecimos a la sombra de una guerra civil que recién acababa en el ‘92. ¿Qué nos ofreció La Luna durante aquellos años de posguerra? Libertad. Libertad, para ser lo que queríamos ser a nuestros 18, 19, 20- y tantos años de edad. Libertad, para decir lo que queríamos decir, no importando el medio de expresión utilizado. Y esa libertad, tan inusual en nuestro país, fue vista y descrita por muchos como magia. En realidad, la magia nació a raíz de aquella libertad que respirábamos en La Luna. Tal vez no la definíamos así; tal vez por que no teníamos punto de referencia alguno. Pero al menos intuíamos que había algo allí que no lográbamos encontrar, que no existía, fuera de su órbita. El abrir La Luna y declararla espacio dedicado al arte y la cultura, en El Salvador, en aquellos años, era gritarle al viento. Beatriz elevó su voz y gritó, durante 20 largos años. En su obstinado afán por apoyar UNA MIRADA COLECTIVA A LA LUNA CASA Y ARTE

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e impulsar las artes de El Salvador y la región, me permitió a mí dar a conocer la música de Jardín de Huesos, y seguidamente mi trabajo como pintor. Más importante aún, me brindó su amistad y, durante los ‘90, reímos y bebimos y cantamos y bailamos en aquel café/bar donde todo era posible. La recuerdo jugando con fuego – literalmente – sobre el escenario lunar. La veo haciendo malabares con dos antorchas encendidas: una sucesión de formas efímeras brillan en la oscuridad de aquella Luna llena. Las llamas arden en el aire, iluminando las caras de un público que vitorea y aplaude y se deja llevar por el encanto del momento. París, Francia.

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LA LUNA

Clara Soto

Esta Luna de la Bea (como la llamamos de cariño!) tan nuestra como tan de ella, nunca necesitó del sol para brillar. La Luz de La Luna de la Bea siempre fue y sera la luz que ha brillado en el corazón de sus creadores que con mucho trabajo, imaginación, amor, fe y el maravilloso Don de querer compartir, animar, nutrir almas sedientas de arte, se unieron para brillar en la bóveda celestial de nuestro querido El Salvador. Nadie se escapo de su encanto! Cuando en San Salvador parecía no haber alternativa para los buscadores de identidades artísticas y culturales (dormidas o desaparecidas en algún colegio del montón) La Luna naciente apareció en el horizonte alumbrando caminos, abrazando espíritus, alimentando esperanzas, criando hijos ajenos y repartiendo gozo a manos llenas! La mayoría sabemos poco de todos esos proyectos a nivel nacional e internacional en los que se embarcaron nuestros queridos Lunáticos! Que hermosa esta idea de juntarles y exhibirlos para que vivan para siempre en la memoria de nuestro lindo País. Mi predicción es que no habrá ocaso para nuestra Luna. Hay demasiados Lunáticos como para dejarla ir. Millones de semillas sembró La luna en su andar de 20 anos. Muchas ya cumplieron su ciclo y sus frutos ya circulan por doquier. Otras... están en proceso! 67


No nos quedaremos sin nuestra Luna... la llevamos adentro de nuestro corazón! Mi propuesta es recordarla cada Septiembre en los futuros anos dedicándole una semana de Lunática celebración. Día y noche , al aire libre, acampando, todas las artes, todas las musas, espíritus olvidados, almas iluminadas. La Luna. La Luna de la Bea. La Luna de nuestro corazón.

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Luna de fin de siglo

María Tenorio

Su existencia me la anunció en 1992 Francisco Domínguez, amigo y colega: Mari --me dijo-- van a abrir un lugar que se llamará La Luna. Imaginate qué chivo, cuando vayás allí dirás “Vamos a La Luna”. Me pareció juguetón el nombre del lugar, como los de esos bares que se llaman La Oficina o La Biblioteca. Lo que no imaginé en aquel momento, hace veinte años, es que ese bar-café me seduciría hasta el punto de convertirse en mi sitio nocturno favorito, tanto así que mi fiesta de bodas se celebraría en ese “espacio abierto al tiempo, la magia y la imaginación”. Frecuenté La Luna religiosamente los fines de semana y de manera ocasional entre semana, durante los noventa. Se hizo tan mi casa que ha sido el único antro al que me he atrevido a llegar sola. Me encantaban las pinturas que aparecían en sus paredes, los móviles que reclamaban viento, las sillas y las mesas pintadas a mano o decoradas con recortes de revistas. Incluso llegué a portar un carnet que me acreditaba como “Amiga de La Luna” y decía ser válido “toda la vida”. Era muy útil pues servía para no pagar la entrada. Recuerdo haberlo recibido luego de la boda, en julio de 1995. Estética lunar La Luna generó un espacio propio a una estética que mezclaba lo bohemio, lo urbano, lo jipi y, sobre todo, lo juguetón. Esa estética alternativa, que 69


huía de la seriedad, al dar nuevos y cambiantes significados a las cosas cotidianas cuestionaba la rigidez de los conceptos que prevalecían en el mundo de afuera. En ese sentido, significó una ruptura radical con la recién terminada guerra donde, dependiendo de donde estuvieras, unos eran buenos y los otros, malos. En La Luna las cosas podían ser no de otro modo, sino de otros miles de modos. Recuerdo, por ejemplo, que en el menú los sandwiches se llamaban “brujas de arena” o sand witches. También inolvidables son los programas mensuales que, en distintos formatos, anunciaban las actividades culturales de cada día. Siempre estaban impresos en blanco y negro y sus diseños eran hechos a mano, con dibujos y detalles creativos. Ningún otro sitio hacía nada parecido. Los selenitas ¿Quiénes estaban detrás de todos y cada uno de los detalles creativos, artísticos o juguetones que aparecían en todos lados? No olvidaré un desnudo estilo Matisse que decoraba las paredes de un baño de mujeres habilitado en la entrada, que luego desaparecería para nunca más volver. Ese ha sido mi favorito de todos los tiempos lunares. De tanto llegar conocí a la Bea Alcaine, a la Gracia Rusconi, la Carmen Elena Trigueros y a la Daniela Heredia, selenitas por naturaleza; me hice amiga de Julito Molina, el encargado de la música. Conocí también a Pedro Portillo, quien más de una vez me leyó el tarot. Tito Hasbún fue otro amigo que hice allí. Escuché la música de Carlos Walter, Neto Buitrago, Hugo Fajardo, Carlos Romero y tantos otros que habrán sido la tortura de los vecinos de la calle Berlín. Renovarse y morir La Luna renovó la escena nocturna capitalina, convirtiéndose en un polo de atracción para quienes buscaban diversión y para quienes producían arte. Muchos conceptos desarrollados en su espacio lo trascendieron y dieron fruto en otros bares, restaurantes y cafés. Lo creativo-juguetón fue adoptado, sin miedos ni complejos, por otros sitios. Hoy le ha llegado el momento de despedirse. Nos lo anunciaron así, en un comunicado, los selenitas que la han mantenido en pie durante 70

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los últimos años. No solo mi matrimonio acabó en divorcio. La Luna cierra su ciclo este septiembre tras veinte años de posguerra.

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Una luna eterna y sin medida

Mauricio Vallejo Márquez

La marea  es regida por  la luna. Desde que  el mundo  existe nuestro satélite resulta la brújula y la plomada de lo tiempos, rigiendo el estado de ánimo de los mares, el ciclo de los cultivos y los  calendarios  de judíos y musulmanes. La luna es un símbolo amado y lleno de respeto.  En San Salvador tenemos una luna que como el astro que se yergue en el cielo, se convirtió en el estandarte de múltiples disciplinas artísticas. En ella muchos neófitos aprendieron a profecionalizarse y a crecer, mientras que los mayores continuaban su camino. Otros, los  amantes  del  arte, acuerparon ese tesoro que requiere siempre del colectivo para sobrevivir. Y la Luna se convirtió en Casa, en el hogar para que en sus mesas fueran surgiendopoemas, canciones, cuentos, teatro, danza, fotografía, pintura, cine. Se transformó en el génesis de las artes en El Salvador y en el lugar en el que se centró el movimiento cultural de 1992 a 2012. No escribí mis primeras líneas en sus mesas, pero ahí surgieron muchos escritos e ideas que con  el tiempo  fueron tomando vida. Disfruté sin duda suentorno  y su gente, sus habitantes asiduos que todos los días le daba ese condimento especial a un lugar. Acostumbraba a llegar por las tardes junto a Rafael Mendoza López y allí encontrábamos a Pedro Portillo, que no sólo tocaba para la Pepa, también leía las manos y las cartas. En ese entorno rodeados de figuras, de lunas, de azul, blanco y negro dejamos que las tardes se convirtieran 72


en noches y esas noches fueran como el establecimiento: lunas eternas. Conocí mucho más de la historia de nuestro país e incluso acuerpe en su momento la iniciativa de La Luna del Centro, cuando el establecimiento de la Calle Berlín abrió su filial en pleno Centro de San Salvador. Después mis visitas fueron mermando y llegaba más a los eventos de poesía, que en un principio eran coordinados por el Taller literario El Cuervo, donde convergieron tantos poetas que llenaría muchas hojas enumerándolos. Ahí fui creciendo, así como mis coetáneos, hasta que un día la Luna era un lugar de nombre, de referencia porque la distancia, las fronteras y las ocupaciones me fueron alejando. Cuando la Luna, Casa y Arte cumplió 20 años, la visita del poeta hondureño Fabricio Estrada nos regresó a nuestra esencia, y en un recital en el que se reunió a la mayoría de poetas de la generación de posguerra volvimos a ser habitantes de la Luna, volvimos a alunizar y sentimos que el tiempo fue un sueño y que nuestra realidad estaba entre esas paredes, en esa música de fondo que rompe con todo lo que está afuera, esas formas que recuerdan al burlesque francés, el Dadá de  Tristán Tzara, al  surrealismo. Y sin importar las  influencias  es un entorno tan original que sólo Beatriz Alcaine puede brindar. Pasamos en ese momento a llamarnos Lunáticos porque habitamos ahí, porque nuestros versos surgieron en esas mesas y ese referente nos dio un lugar para sentirnos ciudadanos de ese mundo que algunos llaman locura y nosotros le decimos su nombre: arte. Es posible que en septiembre de 2012 despedimos la Luna Casa y Arte, es posible que le digamos adiós a ese local mágico que relacionamos con la música, la literatura y el teatro. Sin embargo esas horas que llenamos sus sillas, que nuestros oídos guardaron sus sonidos. Y cada uno de nuestros sentidos se hicieron parte de ella. La Luna Casa y Arte habita en nosotros para siempre, llenando en nuestras mentes una luna eterna y sin medida que cuenta un poco de lo que somos, de lo que fuimos. La Luna es parte de nuestra historia, y la historia si se conoce nunca muere.

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La Luna siempre creyó en el arte salvadoreño Carlos Velis

Corría 1990. Año de zozobras e incertidumbres. La segunda ofensiva en doce meses, había golpeado la periferia de San Salvador y puesto en jaque la niña de los cordones del gobierno de Cristiani, la Fuerza Armada. Hacía un año, el primer experimento de terreno neutral para la izquierda y la derecha, se había cerrado. Me refiero al bar El Camaleón, de Danilo Ávalos Castro, de grata recordación, donde la bohemia de la capital se reunía a olvidarse por un momento, del stress de la guerra, que ya duraba demasiado. Una joven delgada de ojos hermosos y cabello alborotado sobre los hombros, a la usanza de los hippies de los 70, entró en la palestra cultural. Junto con un grupo de socios y socias, abrió su proyecto, La Luna Casa y Arte. De inmediato, La Luna se convirtió en punto de referencia para la vida cultural y artística de San Salvador. Todas las manifestaciones del arte tuvieron cabida en su escenario. Muchos grupos musicales nacieron bajo su tutela. El ambiente de La Luna es único e irrepetible. Yo sólo lo podría comparar con los cafés del Greenwich Village de Nueva York. Es relajado, mágico, como un espejo donde uno se ve su mejor ángulo. Los primeros meses de los Acuerdos de Paz, en 1992, La Luna fue el territorio neutral, donde los antiguos enemigos se sentaban en mesas vecinas. Se veían de reojo, se cruzaban alguna palabra y, al calor de los tragos y la música, se descubrían sus similitudes. 74


En esos veinte años, cuántos artistas comenzaron en su escenario, cuántos hijos de artistas enternecieron a la audiencia con su voz de niño precoz, cuántos proyectos y planes se gestaron allí. Cuántos consagrados iban a parar a La Luna después de un concierto. Sabina, Serrat, Luis Enrique. La novela El asco de Horacio Castellanos Moya, ocurre entre sus mesas. Yo, que trabajo hasta la madrugada en mis cosas, iba muy poco a los reventones de La Luna. Mi hora favorita era las cinco de la tarde, donde estaba sola y podía disfrutar de una cerveza o un café, citarme con algún amigo, o someterme a la terapia del Tarot con Pedro. Aunque alguna vez salí de allí en horas de la madrugada. Mi mente ha borrado los sucesos para descanso de mi conciencia. Ahora, al cabo de veinte años, La Luna se transforma. Es el año de las transformaciones. Es cuando están ocurriendo todas las cosas, por una voluntad espiritual de la humanidad. Así mismo, el cordón rojo que nos unía a Betty Bejarano y a mí, por fin, después de muchas vueltas, apretó y nos juntó. Desde que hizo “La muerte y la doncella”, yo le rendía una completa admiración por su talento. Comenzamos un proyecto de montaje, como para el otro año, yo todavía pensándolo, porque no me gusta montar mis propios textos. Aunque es un texto de 1994, o sea que ya lo puedo ver a la distancia. Pero de pronto, nos enteramos que La Luna se cierra. Y una noche, en el chat de Facebook, la Betty, la Bea y yo, tomamos la decisión de estrenar La Juana en el cierre de La Luna. Lo mágico comenzaba a expandirse con una fuerza de un millón de megatones. Esa muchacha es genial. Texto, vestuario, plan de montaje, etc., todo lo parió de un solo. Jamás he dirigido a una actriz o actor que me permitió moldear su personaje como pintar un cuadro, o modelar una escultura, mis ideas estéticas y temáticas. Y la magia es contagiosa. Tres jóvenes músicos se sumergieron en el proyecto. Carlos Zamora hizo la música incidental, Hugo Fajardo, conguero y Víctor Najarro, guitarrista, la acompañan. Así nación Blue Moon Theatre, al influjo de la luna azul de agosto. El cónsul salvadoreño en Los Ángeles, ofreció la sede del Consulado para estrenarla el 14 de septiembre por la noche. La sala para tramitar pasaportes, por unas horas se convirtió en teatro. El lunes que llegué al UNA MIRADA COLECTIVA A LA LUNA CASA Y ARTE

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Consulado y vi aquella sala, tan diferente, no lo podía creer. Me pareció que había soñado. El sábado contagiamos a más personas, se presentaron en el Café Cultural, sobre la Vermont, una especie de Soyapango en el corazón de Los Ángeles. De Honduras, México, Nueva York, Washington, han llegado felicitaciones, muestras de apoyo, simpatías, etc. Quieren fotos, pero estamos tacaños para no romper el misterio del montaje, que sólo prometemos que es muy original. Así es la magia que inyecta La Luna Casa y Arte a los artistas, que siempre nos hizo sentir queridos, valiosos, fuertes. Ahora queremos saber qué va a ser del futuro de esta Luna que ahora cierra sus puertas, pero que no muere, como dice la Bea. Al fin y al cabo, La Luna es una diosa cíclica, mutante.

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En La Luna nació una flor            

Ishtar Yasín

En 1993 tuve la maravillosa oportunidad de viajar al Salvador, al Festival de Teatro Centroamericano con una obra llamada “Noche Cadabra” donde interpretaba ocho personajes de mujeres, entre ellas Lilith, Manuela Sáenz, Frida Kahlo, Mae West y una bruja quemada en la inquisición. Al final de la presentación se me acercó una mujer morena, con ojos penetrantes y rostro gitano, otra Lilith, pensé y ella sonrió y me dijo que quería invitarme a presentar mi obra en la luna. ¡La luna! Por un instante me imaginé actuando en ese planeta luminoso y femenino, flotando, pero ella me aclaró con una voz suave y dulce… “La luna…Casa y Arte”. La noche siguiente llegué a La Luna con mi baúl repleto de personajes y me recibió “Mashimon” con su traje negro, el cigarrillo en la boca y una botella en la mano, “Mashimon”, San Simón, el santo de los bohemios, de los artistas y los lunáticos, es decir, mi santo. El lugar era mágico: una antigua casa colorida de múltiples espacios, cubierta de pinturas, plantas y enredaderas, objetos misteriosos, y por supuesto decenas, cientos de lunas…Presenté la obra y fue muy emotivo, no había distancia entre el público y el rito, me sentía en mi casa junto a la Bea, una hermana ancestral que gracias a esa armonía cósmica que siempre triunfa, había reencontrado en esta vida. Desde ese día, o más bien, desde esa noche, cada vez que preparaba una nueva obra de 77


teatro regresé a La Luna. Fui con la obra de Irma Prego “Agonice con elegancia” y con otra obra de Ana Mendieta “Oración de tierra” y una última de Frida Kahlo “Árbol de la esperanza”. Después me dediqué por completo al cine, otro mundo, menos lunático quizás y ¿más solar?… guardé el baúl en un rincón de la casa y recordé esas palabras que siempre repito, de un director ruso que me dijo: “El teatro es el espacio que hace nacer una flor en el tiempo y el cine es el tiempo que hace nacer una flor en el espacio…” Así es, en La Luna nació una flor. Siempre recordaré esas maravillosas noches en San Salvador, en ese lugar que no existe en otra parte, escuchando y bailando con extraordinarios grupos de música, disfrutando obras de teatro, de danza, conociendo a otros artistas (guardo el recuerdo impactante de la maravillosa poeta Juana Pavón viviendo sus poemas con el cuerpo y el alma), siempre compartiendo, saboreando en la noche de los enamorados unas codornices en pétalos de rosa, soñando, viviendo el arte desde adentro, sintiéndome parte de esa familia lunar que viaja conmigo adonde sea, en el hondo corazón de la memoria.

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En La Luna, yo encontré oxígeno…

Ivan Zahinos (Dj Ivek)

Es difícil hallar un lugar donde todo cabe. Aparecí una noche, con una maleta llena de discos Balkánicos y miles de sueños por realizar, sueños a los que no les podía poner ni nombre, ni un principio, ni final. Sólo era eso, un hombre que buscaba compartir. Allí estaba Bea, con sus ojos traslúcidos, sus brazos abiertos y su corazón generoso. Todo se fue hilvanando, como un sinfín de planetas alineados, de sumas perfectas…eso fue, una sucesión de amaneceres y puestas de sol fantásticas, sin escollos, sin altos en el camino. Disfrutar de la magia de la radio, el mundo de salsa, el hechizo de regocijarse haciendo que la gente vuele escuchando buena música. Ahora, a seis mil kilómetros se me hace imposible describir todo lo que sentí, el placer de ir una y otra noche y gozar entre amigos, chilautear, rockanrolear, ronronear con el Flor de Caña, Jamaicar, Araujear con su bello pincel, Fernandear con su Generación, y sobre todo, platicar de la vida, del mundo, de cómo hacer de este un mundo mejor, del sueño Centroamericano, del Pulgarcito que pese al nombre, es capaz de dar cabida a tanto ser bendecido. Por si no lo sabían, La Luna tiene un tejado en el que el cielo Salvadoreño es el mejor profesor, y las charlas con Bea una lección de cómo vivir la vida viviéndola, no viéndola pasar, de cómo aprender a subir a la ola una y otra vez. De ahí que su sueño, veinte años de sueños 79


mejor dicho, haya sido y será siendo, alimento para tantos de nosotros. Me quedo corto si digo, que La Luna me dio mucho más de lo que yo dejé. Me quedo corto si digo, que La Luna le ha dado a El Salvador y a Centroamérica mucho más de lo que ha recibido. Pero, creo entender desde la distancia geográfica y temporal, que esa ha sido la visión de Bea, un ser que no entiende la vida sin ofrecer, sin compartir, sin deleitarse haciendo las cosas junto con la gente que quiere. La Luna, cual pulmón amazónico, ha sido una explosión constante, un persistente volcán que emanaba cultura, saber, belleza, arte, amistad, comunión, inspiración, oportunidades, gozo, diversión y en ocasiones bacanal…un satélite que ha hecho de sol para muchos, muchos que incluso no han sabido que estaban bajo su influencia. Por eso, en mi Luna, si se me permite la apropiación, había oxígeno. Un oxígeno que, los que hemos tenido la suerte de poder conocer El Salvador, falta en muchos rincones, en muchos valles y en muchas sierras, en muchos pueblos y en muchas ciudades. Sabiendo que no es más que un hasta pronto, no me queda nada más que brindar con todos ustedes una vez más: mil gracias Bea, eternamente agradecido…Larga vida al Sueño Lunar. Barcelona.

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Logo de La Luna

María Rosa Galdàmez

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Agradecemos a todas la personas que han autorizado que publiquemos sus materiales en Lunascopio. Igualmente han autorizado para que cuando el proyecto finalice, se descargue el material gratuitamente. Lunascopio es un proyecto de compilación de opiniones, testimonios, anécdotas, análisis sobre el legado de La Luna Casa y Arte. Coordinación Lunascopio: Erick Chávez Salguero. Diseño y diagramación: Carlos Clará. Agradecimientos especiales: Beatriz Alcaine. lalunaelsalvador@gmail.com

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LUNASCOPIO. Una mirada colectiva a La Luna Casa y Arte  

La primera versión de la compilación de opiniones, testimonios, análisis sobre el legado de La Luna Casa y Arte en El Salvador. (Adelanto d...

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La primera versión de la compilación de opiniones, testimonios, análisis sobre el legado de La Luna Casa y Arte en El Salvador. (Adelanto d...

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